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A días del inicio del proceso constituyente. Por Luis Osorio

Cuando faltan pocos días para que empiece a sesionar la Convención Constituyente, es conveniente terminar de precisar algunas cuestiones presentes y pasadas, con alta incidencia en el futuro.

Se trata de una cronología, que más allá de una línea en el tiempo en la historia, lo importante es ir reconstruyendo hechos que no son casuales y con el paso de varios años, permite observar engranajes de acontecimientos. No podemos quedarnos sólo con 30 años, momento en que se produce el estallido social, sino que se trata de 47 años que han marcado el tiempo. La Constitución del 80, hasta hoy vigente, es representativa no sólo de un golpe al Estado, sino que de la imposición de una estructura de sociedad base para una desigualdad de gran magnitud, y un quiebre a la democracia, entendiendo por tal no sólo la acción de votar de vez en cuando, sino que la participación efectiva y la decisión de mayorías, en función del bienestar de muchos.

Las generaciones más nuevas que hoy están en la primera línea de la política, podrán cifrar como hito relevante de un paso a paso en los cambios, el movimiento secundario del año 2006. En cambio, las generaciones más alejadas, podrán observar otros hitos que también son de importancia al momento del concluir sobre la historia, no se excluyen entre sí, se complementan.

Por un lado, si se concede 4 años de gracia a los gobiernos de la concertación, y contamos los tiempos desde 1994, el año 2006 los estudiantes de la época, habían pasado toda la enseñanza básica y media, en tiempos post dictadura, y ninguna autoridad de esos años se había cuestionado el gobernar con la ley orgánica institucional que normaba la enseñanza.

Al inicio de los gobiernos post dictadura, había muchas esperanzas de lo que vendría, hasta se creía en la alegría venidera, que nunca llegó. También bordeaba el año 2006, cuando el tiempo se había equilibrado con lo que duró la dictadura, por lo cual ese período de gracia concedido, ya no tenía sentido. Era un tema de voluntades y la adaptación de algunos a recorrer cargos públicos de la más variada índole, exhibiendo una expertiz multifacética, se movían entre ministerios de áreas muy diversas, el servicio público del alto cargo no era tal.

Se llega a octubre de 2019, a una demanda social contenida en el tiempo y que explota, abriéndose paso a un acuerdo de no tantos, y de los cuales pocos tenían conexión con la demanda que se expresaba de Arica a Magallanes. Mayoritariamente, era un acuerdo sellado entre los responsables de una situación muy adversa, con daño grande para el país.

Desde ahí en adelante, las cosas tomaban otro rumbo y sin pandemia, lo más probable, es que dado el estado de cosas y con los estudiantes retornando a clases el año 2020, nadie podía asegurar si realmente tendríamos un proceso constituyente.

Pero dadas las condiciones que se fueron dando, se llegó a tener plebiscito de entrada, que, siendo bien claros, en ninguna parte hablaba de una aceptación del acuerdo, el planteamiento era aprobar o rechazar la redacción de una nueva Constitución. Algunos, tratan de hacer ese primer acto electoral como la aceptación de las reglas del juego, pero de manera objetiva, post plebiscito, aún había aspectos no definidos como la incorporación de los pueblos originarios, que se fue agregando después, se plebiscitaba algo con algunas hojas que no estaban escritas.

Por otra parte, no hay que perder de vista una partida amarrada y que el proceso, tiene vicios de imponer condiciones de entrada, al provenir de una reforma de la Constitución anterior, transformándose en una carta fundamental que mandata, al nuevo texto que aún no existe.

Sin embargo, los procesos son dinámicos y con cuestiones mínimas, pero trascendentes se podría llegar a un viraje en el camino y en primer lugar modificar esos dos puntos de lo que para la derecha son las reglas del juego. Se instalará en algunos constituyentes, al momento de partir, algo totalmente atendible, respecto a como una nueva Constitución viene con una raíz desde la redactada en dictadura, es lógico de esperar alguna reacción en tal sentido. Se pasará por el momento que vuelve el tema constitucional, a su punto de origen, las demandas del 18 de octubre que encontraron un camino distractor de por medio y que aún no han sido atendidas.

Con la urgencia de lo demandado, y la agudización del problema social en medio de la pandemia, no se puede esperar que la redacción de la Constitución fluya, que finalice el proceso en todas sus fases, y se verá lo que se pueda hacer.

Tienen que empezar a operar caminos paralelos, porque la solución de problemáticas relevantes, aunque no tengan solución inmediata se deben comenzar a proyectar desde ya, algunas serán soluciones más rápidas que otras, y las de más largo plazo, se deben pensar y planear desde ya. En ningún caso se trata que el gobierno actual tome cartas en el asunto, ellos son parte de la génesis del modelo y de una convivencia a la cual nunca se debiera haber llegado. Le faltan sólo cuatro meses para entrar en retirada definitiva.

En algunos días más la carrera presidencial, no se podrá disputar tomando distancia de lo que ocurre en el proceso constituyente y en las organizaciones que se autoconvoquen alrededor de la Convención electa para su redacción.

Aún no se le ha tomado el peso por parte de algunos, a cómo construir el discurso de campaña en las presidenciales, cuando ya estén todas las cartas sobre la mesa. La derecha, utilizará el discurso de siempre y la campaña del terror; la izquierda utilizará un discurso de consecuencia; los independientes del pueblo, pondrán de relieve las demandas que vienen del estallido social; lo complejo va a ser para los que tienen responsabilidades y no lograron arrepentirse a tiempo de los acontecimientos actuales que podían venir, tal vez a inicios del siglo XXI, ni siquiera la firma del acuerdo les favoreció.

Por último, una advertencia, para que la tengan en cuenta, en el plebiscito de salida casi el 100% de los estudiantes de cuarto medio actuales, van a votar. El proceso constituyente, desde el 4 de julio entra a los colegios, en modalidad virtual o presencial. Será un eje principal de la clase de historia y de cabildos estudiantiles, sin excluir los elementos del período más moderno, en el cual el Estado nuevamente es parte de violaciones a los derechos humanos, y se entrelazan los hechos con la violencia también de Estado, de cuando partía la redacción de la Constitución del 80. Estamos en presencia de una cuadratura perfecta, pero esta vez con una esperanza de realmente alcanzar una democracia y la dignidad de muchos.

23 de junio de 2021

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