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A tres semanas de la primera vuelta: Plutón y el agujero negro de la nueva política chilena. Por Pedro Salinas Quintana

Escena 1: El horizonte de sucesos.
Es la noche del 14 de noviembre y un joven en Irarrázaval, a eso de las 20 horas, agita solo en medio de la avenida una bandera del candidato de ultraderecha, Kaiser. Los bocinazos esporádicos son los aplausos de la escena. Vengo de juntarme con un amigo astrónomo que me ha regalado un libro sobre agujeros negros. En su definición más simple entregada por la NASA se definen como “una región del espacio-tiempo con una gravedad tan intensa que ni siquiera la luz puede escapar de su interior. Esta gravedad extremadamente poderosa es el resultado de una enorme cantidad de masa concentrada en un volumen diminuto, creando lo que se conoce como una “singularidad”. El límite alrededor de esta singularidad, a partir del cual la velocidad de escape necesaria supera la velocidad de la luz, se denomina “horizonte de sucesos”. Es el ‘punto de no retorno’: cualquier cosa que lo cruce, incluyendo la luz, queda atrapada para siempre en el agujero negro…”

Posteriormente el libro aclara que no se debe confundir con un “agujero de gusano” —ese atajo teórico entre dos puntos del espacio-tiempo— conocido como el “Einstein–Rosen bridge”. Mi impresión viendo a ese joven que no supera los dieciocho años es que nuestro viaje político es más definitivo que en un agujero de gusano: la política chilena ha sido engullida por una singularidad que ha desintegrado toda materia política conocida, lanzándonos a una realidad donde las viejas leyes de la gravitación partidista han dejado de aplicar. Llego a casa y tomo mi celular. Aparece una persona dedicada a la astrología, quien en redes sociales afirma que veremos cambios drásticos en la política chilena, todo esto es por la influencia de Plutón, el “no-planeta”. A nivel simbólico el planeta del karma, de la destrucción y la transformación.

El “big bang” político: La desintegración de las constelaciones conocidas.
Al parecer, la primera vuelta electoral de 2025 no solo ha desdibujado por completo aquel cosmos ordenado de la postdictadura propio de la era concertacionista de la política chilena. Más bien la ha arrasado con la fuerza de un Big Bang, uno impulsado por una participación histórica del 85.26% del electorado. Donde antes orbitaban bloques definidos -grandes conglomerados gravitando en órbitas predecibles- hoy flotan los escombros de un sistema que estalló en mil pedazos. Partidos esenciales como la Democracia Cristiana, ese bastión del centro político que en los gobiernos de Aylwin y Frei llegó a ser una de las grandes bancadas del Congreso con más de 30 diputados, hoy es apenas una nebulosa de color pálido desvaneciéndose en el cielo, confirmada por la pérdida de 13 escaños de su coalición.

Pero la desintegración no es solo numérica, sino moral e histórica. La imagen más brutal de este colapso la entregó, semanas después de la primera vuelta, el expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En un gesto que resonó como una detonación en el silencio de su partido, se reunió en privado con José Antonio Kast. En un comunicado, declaró que, pese a venir de “posiciones políticas distintas”, coincidían “en los temas esenciales” para el país. Este llamado a la unidad, proveniente del hijo de Eduardo Frei Montalva – víctima de un asesinato político ejecutado por los organismos de seguridad de la dictadura de la que Kast fue simpatizante activo–, no es un simple realineamiento. Es el “horizonte de sucesos” de la memoria histórica siendo traspasada y devorada. La reacción dentro del partido fue de estupor y rabia. El presidente de la DC, Francisco Huenchumilla, calificó el encuentro como una “lesión a la memoria histórica” y sugirió que Frei “anda buscando pretextos para irse definitivamente con la derecha”. El agujero negro, pues, no solo absorbe siglas y escaños; succiona los pilares éticos y las genealogías políticas que alguna vez dieron sentido a un mundo.

Mientras, en otras de las alas relevantes de la antigua concertación, el Partido Radical no solo ha anunciado su disolución, sino que ha comenzado el proceso más crudo y material posible: la liquidación de sus activos, cerrando con acta notarial más de 170 años de historia. Caminando por el barrio París – Londres se puede ver el gran letrero de venta de la sede política.

Tras la primera vuelta, el nuevo campo gravitatorio se definió de inmediato. En la misma noche de la derrota, Evelyn Matthei, candidata de la moribunda alianza “Chile Vamos”, y Johannes Kaiser, el libertario emergente, acudieron a reconocer el nuevo centro de gravedad: José Antonio Kast. Matthei, dejando atrás el abrazo lloroso con su estratega Juan Sutil, fue al comando de Kast a entregar un respaldo que tenía el peso de una capitulación. Cristián Monckeberg, figura precursora de “Chile Vamos”, en entrevistas posteriores, decretó el fin de su coalición y llamó a apoyar a Kast. Así, los fragmentos de la derecha explosionada comenzaron a orbitar, por decisión o por fuerza de la gravedad electoral, alrededor de la singularidad Republicana. Los datos son elocuentes: los Republicanos de Kast se posicionaron como el bloque más grande de la derecha en la Cámara, con alrededor de 30–32 escaños, superando por primera vez a la histórica UDI. Kast, consciente de este nuevo papel, cambió su eslogan a “Uno para todos, todos por el cambio”, en un intento por proyectar la atracción magnética de un sol y no de un agujero.

Slavoj Žižek perfectamente pudo glosar ese momento posterior a la primera vuelta con una expresión fiel a su estilo: "Lo verdaderamente aterrador no es la catástrofe, sino que la catástrofe ya ha ocurrido. Llevamos años viviendo en sus ruinas, pero solo ahora nos damos cuenta..." Y qué ruinas tan delirantes han resultado estas, donde un candidato libertario de apellido extenso, un nostálgico del orden y emulador de la política norteamericana, un gurú de las finanzas personales y una ministra de un gobierno impopular fueron los protagonistas primeros de la gran eclosión planetaria de la política chilena.

Boric: la promesa incumplida de la nueva política (o cómo la esperanza se convirtió en otro producto de consumo).
¿Cómo explicar la baja votación de la oficialista Jara, muy por debajo del umbral mínimo del 30% esperado? El gobierno de Boric se va con un enorme listado de escándalos y promesas no cumplidas. Se presentó cuando era candidato como el "primer gobierno ecologista" de Chile, pero los datos duros han mostrado una gestión con amplias dificultades y contradicciones medioambientales. Aprobó a un mes de asumir el proyecto “Los Pelambres” y su gestión fue criticada por lentitud y conflictividad, lejos de los hitos medioambientales de administraciones anteriores, como lo fue el trabajo de la dupla Mena-Canals en el Ministerio de Medioambiente en el gobierno de Bachelet 2.

Boric suma, además, los escándalos que envolvieron a Giorgio Jackson, su amigo más cercano —nombre ligado al “Caso Convenios” y al episodio del robo de 23 computadores en el Ministerio de Desarrollo Social—, episodios que erosionaron capital político y terminaron por forzar renuncias y procesos judiciales. Hoy Jackson, la figura más prometedora de la nueva política joven, ni siquiera figura en una papeleta. Sin duda, fue la primera víctima del agujero negro.

Lo del presidente oriundo de Magallanes fue un gobierno que lo prometió todo sobre la base de la sangre joven, pero que se despide con las mismas falencias de los gobiernos anteriores: baja popularidad (su aprobación cayó a cercana al 22% en 2025 según CEP), agenda incumplida y escándalos de corrupción.

Respecto del Frente Amplio, en el portal “Política Chile”, Pablo Ortúzar, Antropólogo y Doctor en Teoría Política de Oxford, autor del libro “Sueños de Cartón” afirma sobre el Frente Amplio (FA) y el Movimiento Estudiantil lo siguiente: “Ellos (el FA) hacen Stock de todas demandas existentes, los mapuches, los deudores habitacionales, los pescadores, lo que sea, pero cuando uno ve lo que es su gran bandera de lucha es el CAE y el financiamiento universitario. No es la educación. No les interesa en absoluto en la educación. Hemos visto durante el gobierno que es un tema al que no le ha prestado ni cinco minutos de atención. Ni la calidad, ni la preocupación por el conocimiento… Boric y sus amigos vienen de la política universitaria. No es gente que valore ni el conocimiento ni la educación, y eso se nota. No fueron muy excelentes en ese ámbito en ningún caso. Lo que si les importa es la educación mirada con ojos políticos y por lo tanto el movimiento universitario se alimenta de la frustración de los egresados y sus familias y en eso el CAE juega un rol central. Se crea un tipo de endeudados que resulta totalmente eficaz para salir a la calle y esa es la ola que levanta el Frente Amplio. Todo lo demás era olvidable, vendible, transable…”
Si atondemos a los bajos resultados en educación, las denuncias del caso Monsalve y otros escándalos administrativos, quizás es posible explicar una aprobación presidencial que según CEP su aprobación llegó a rondar el 30% en 2024 y cayó más adelante por momentos a cifras cercanas al 22% según mediciones de 2025. ¿Qué capital político traspasó Boric a Jeanette Jara? Probablemente uno equivalente al 26% que obtuvo la candidata del PC y por eso, no es de extrañar su explicito desmarque del Gobierno del que fue ministra.

Jeannette Jara: La órbita fallida y el giro agónico.
Lo de Jeannette Jara Román también es un punto aparte: cerró campaña vestida de blanco nupcial, con un decepcionante 26.8%, haciendo un discurso donde invocaba ideas de candidatos que alguna vez vilipendió. Acompaña por la “Cindy”, su amiga de infancia, saltando sobre el escenario con una bandera chilena, su invocación a una épica de la marginalidad y la segregación, no tiene sentido alguno en tiempos en que los comunistas usan IPhone’s y parkas North Face.

A sabiendas de que el piso electoral la colocó de inmediato en una posición de clara desventaja para el balotaje (la suma de los votos de Kast, Kaiser y Matthei superaba holgadamente el 50%), Jara, se lanzó a una búsqueda casi desesperada en un terreno ajeno. En su discurso de cierre aludió a varios de sus contendores políticos, en quienes veía (al menos en el discurso) fuentes de interesantes ideas para integrar en su gobierno. Sin embargo, claramente su objetivo no era el 0,66% de del Candidato Artés o el 1,2% de ME-O. Era el vasto e impredecible 19.7% conquistado por Franco Parisi. Ella misma lo admitió al reconocer que el gran ganador de la noche había sido el ex Académico de Economía. Lautaro Carmona, en tanto, presidente del PC, afirmó que la segunda vuelta era “otra elección”.

Consciente de una desventaja que no nivelaba a su favor, Jara apostó en la recta final, particularmente en el último debate del 1 de diciembre, por un tono marcadamente más agresivo. Abandonando radicalmente la retórica integradora de su discurso de primera vuelta, optó por atacar frontalmente a Kast, calificándolo de “peligroso” y “mentiroso”, buscando polarizar el escenario y movilizar a un electorado de centroizquierda aún adormecido. Fue un giro táctico agónico, un reconocimiento de que el camino del consenso amplio había fracasado y que solo una confrontación sin atenuantes podría, quizás, alterar la inercia gravitatoria que la arrastraba hacia una derrota que parece irremontable.

El misterio de Kast o el triunfo del hombre menos interesante.
Lo fascinante es que en este nuevo ecosistema planetario, un candidato con menos carisma que un cajero automático, y claramente, muchísimo menos carisma que Kaiser, como José Antonio Kast, pueda resultar exitoso electoralmente. Su fórmula es tan simple como efectiva: repite un guion una y otra vez sobre seguridad, narcotráfico e inmigración. En su discurso, se esfuerza por hablar claro, en tono moderado, cuidando especialmente la pronunciación de cada letra, como queriendo entregar un discurso bien masticado. Nada que lleve a la reflexión profunda o la necesidad de interpretación.

Sin embargo, para la segunda vuelta, Kast, cual computadora, recibió una actualización de software crucial: moderación. El mismo hombre que defendió a la dictadura de Pinochet, ahora evita cuidadosamente las polémicas valorativas y despliega un discurso de unidad nacional. El eslogan “Uno para todos…” es el reconocimiento táctico de que para cruzar el umbral del 50%+1 debe atraer a quienes aún ven en él a un extremista de derecha. El apoyo de Frei Ruiz-Tagle funciona, al respecto, como un sorpresivo escudo planetario, ante posibles ataques provenientes del caído centro político.

Este cálculo de moderación, sin embargo, convive con decisiones que revelan los fundamentos inquebrantables de su proyecto. A pesar del escándalo de las “colusiones de pañales” que salpicó a su entonces cercano colaborador, el economista y lobbista Cristián Quiroz, Kast no dudó en confirmarlo como parte de su equipo programático para la segunda vuelta. El mensaje es claro: la eficacia técnica y la lealtad política priman sobre cualquier consideración ética o reputacional. Es la consolidación de un realismo brutal donde los fines justifican, y absorben, cualquier medio. Sus argumentos, concisos y simples, están diseñados para un electorado donde, según PISA 2022, solo  66% de los estudiantes alcanza el nivel mínimo en lectura. Como diría Byung-Chul Han, “en la sociedad del cansancio triunfa lo igual sobre lo otro, la repetición sobre la complejidad”.

Parisi: La nube de escombros flotando con masa propia.
Pero el aspecto quizás más interesante como fenómeno social lo ha aportado un candidato con orgánica partidista equivalente a una PYME familiar —Franco Parisi—, que hizo de cada aparición en debate un divertimento con frases como “enchular a la vieja” y “ni facho ni comunacho”.

Su poder post-electoral se ha manifestado, curiosamente, en la negación. Ante la presión de Jara y Kast por un respaldo, Parisi se ha negado a darlo. Les ha dicho que se “ganen los votos en la calle” [BioBioChile]. Esta abstención deliberada lo convierte en el verdadero “rey maker” de este ciclo, pero uno que se rehúsa a coronar. Encarna el voto de rechazo absoluto que, al no encontrar un hogar definitivo, se convierte en una masa crítica flotante y mercantilizable. Este 19.7% es la incógnita más pura que ha dejado la explosión: una nube de escombros con masa propia, que altera la trayectoria de todos los demás, pero que se resiste a formar un planeta.

Epílogo para un país en gravedad cero: La síntesis imposible.
A pocos días de la batalla final, el escenario está claro. No estamos ante una dialéctica hegeliana donde los opuestos (el orden republicano de Kast y el progresismo poblacional popular de Jara) puedan encontrar una síntesis superior, una “alquimia política” que genere un nuevo Chile. Por el contrario, asistimos a la física de dos singularidades irreconciliables. La de Kast, que ha logrado, con cálculo frío, atraer hacia sí las ruinas del antiguo centro-derecha e incluso fracturas del centro histórico, prometiendo restaurar un orden mítico. La de Jara, que gira de manera cada vez más errática y agónica, incapaz de escapar a la atracción del agujero negro de la impopularidad de su propio gobierno, al estigma del PC y a la descomposición de su coalición.

Son dos agujeros negros en una danza fatal. Uno, el de Kast, ha incrementado su masa y gravedad de manera formidable, atrayendo hacia su horizonte de sucesos a quienes antes lo repudiaban. El otro, el de Jara, lucha por evitar ser desintegrado por las fuerzas de marea que ella mismo ayudó a crear. Pudiera ser que en la actividad política de los próximos años, independientemente de quien salga electa/o, no hay posibilidad de unión, solo de colisión o de aniquilación. La materia política que se precipita hacia uno, se pierde definitivamente para el otro.

El joven de Irarrázaval con su bandera de Kaiser, el expresidente Frei cruzando el Rubicón de la memoria, tal como lo hicieron otras figuras de su partido el 72, la candidata Jara cambiando su discurso en un giro desesperado, el frontman Parisi negándose a elegir: todos son partículas atrapadas en este campo distorsionado, donde la política ya no se trata de construir futuro, sino de sobrevivir a una fuerza gravitatoria que lo devora todo.

El agujero negro no distingue. No fue solo la DC o el histórico Partido Radical. El portal The Clinic publicó una gráfica en redes sociales mostrando los partidos que quedaron en posición crítica por no alcanzar el mínimo de 5% de representación parlamentaria. Algunos han tenido los últimos años un protagonismo sabidamente marginal, como Partido Popular, Partido de Trabajadores Revolucionarios, Partido Alianza Verde Popular, Partido Igualdad. Pero otros, como Amarillos por Chile, Demócratas, Partido Humanista o Evópoli, han tenido cierta relevancia por su irrupción en el periodo de los fallidos ejercicios por levantar una nueva constitución. En esta nueva dimensión, carente del poder gravitatorio en torno a un centro político que anteriormente organizaba y daba coherencia al cosmos, lo único claro es que el viaje de regreso a través del agujero negro ya no es una opción. Solo queda observar, en la oscuridad, el tenue brillo de los discursos, los programas de gobierno y las promesas de campaña siendo deformadas hasta el suplicio, antes de desaparecer para siempre, más allá del horizonte de sucesos de la política chilena.

Pedro Salinas Quintana. Psicólogo Clínico y Doctor en Filosofía. Académico USACH y Director de la Fundación Santa Sophia.

psalinasquintana@gmail.com /ig: ps.pedrosalinasquintana

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