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Ack`cka`ya. Por Carlos Miranda Carvajal

La posición de lector con la que se puede o no entender la frase con la que se titula y se construye este diálogo muestra porque, en el Chile contemporáneo, muchos no tenemos nada que celebrar.

El ser indígena marca la vida y la marca desde las múltiples posiciones que tienen quienes, de distinta manera, tratan de borrar la existencia y el legado de las grandes civilizaciones indígenas de América, muchas de ellas soportadas por la geografía indómita del sur del mundo.

Lenguas, tecnologías agrícolas, formas de vida y saberes ancestrales son constantemente minimizados ante una sociedad post hispánica, que reconoce a una “madre patria”. En contrapunto a esta expresión las voces de los indígenas, que han logrado hacerse escuchar, se convierten en la voz de los indígenas oprimidos en sus comunidades, los indígenas que son desplazados de sus territorios por la explotación minera, a los que les roban el agua, los indígenas que fueron sacados de sus tierras y expuesto al mundo como parte de un zoológico humano y de los indígenas que simplemente, por esas cosas de la vida, esas que marcan, alguna vez se negaron a reconocerse como tal.

Son estas acciones, actitudes y estas formas de posicionar al indígena como inferior, las que hoy nos llevan después de tantos años a no tener nada que celebrar, y mucho menos conmemorar, porque el encuentro de los mundos, no fue un encuentro, fue una invasión, por que el día de la raza, sólo es el día en que recordamos que se nos impuso una superioridad racial.

Existen muchos ejemplos de cómo el poder político, la sociedad civil, la academia, la iglesia y el sistema escolar obligatorio, por poner algunos ejemplos, ejercen desde una posición de poder, diferentes formas de negación de las culturas indígenas, cómo olvidar cuando la diputada Nuyado recibió burlas en plena sesión por hablar en Mapudungun, o las muchas veces que Villalobos ha negado la existencia de este mismo idioma.

Hoy 12 de octubre, los indígenas no tenemos nada que celebrar, tampoco nada que conmemorar, sólo tenemos el recuerdo de que hace muchos años, como dijo Galeano, a nuestros abuelos les pidieron cerrar los ojos y al abrirlos ya no tenían lo que es de ellos. La diferencia es que nunca consideramos tener la tierra, siempre hemos sido y seguiremos siendo parte de ella, seguimos vivos, y en palabras de Añiñir, “somos los hijos, de los hijos, de los hijos, somos los nietos” , de aquellos que cerraron los ojos los que los tenemos mas abiertos que nunca, por que sabemos quienes somos.

“Yo soy”, este es el significado en español de la frase que da forma a este diálogo, está escrita en idioma Ckunza, el idioma de mis abuelos, de los cuales, por formalidades, no llevo el apellido, una mera formalidad, pero al saber quien soy, siempre lo puedo presentar.

Ack`cka`ya Likanantay.
Carlos Miranda Carvajal desendiente de la familia Toroco.
Profesor, Doctorando en Psicologia PUCV.

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