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Actividad filosófica en las universidades confesionales en Chile. Por Alex Ibarra

Durante el periodo de la Colonia en Chile hubo una intensa actividad filosófica, estrictamente vinculada a las grandes congregaciones religiosas de los mercedarios, dominicos, franciscanos, agustinos y jesuitas. Dada nuestra escasa institucionalidad patrimonial poco sabemos de los contenidos de esta actividad filosófica. Se suele aceptar que existía, pero la documentación es exigua, desde esta perspectiva un texto relevante es «En torno a la filosofía en Chile (1594-1810)» del jesuita historiador Walter Hanisch Espíndola. Este escrito sigue siendo un texto importante considerando la poca literatura que aborde el desarrollo de la filosofía en aquellos siglos. Una de la tesis más relevantes es aquella que plantea la existencia de una variedad de filosofías escolásticas superando la reducción del tomismo incluso abriendo la posibilidad de reconocimiento a la escolástica de indias, con lo cual aparece una actividad filosófica que no sería mera imitación y reiteración de los comentarios de los «grandes maestros».

Siguiendo esas sugerentes ideas de Hanisch aparece una mayor justificación para comprender la originalidad de filósofos como el franciscano Alonso Briceño y el jesuita Manuel Lacunza. Sobre la obra de Briceño en la actualidad podemos destacar principalmente los trabajos aproximativos a su obra realizados por Mirko Skarica y algunos de sus discípulos que han contribuido a mantener viva la memoria por este autor. Pero, creo que han sido más relevantes los estudios sobre la obra de Lacunza el cual alcanzó una mayor internacionalización a partir de su obra mesiánica «La segunda venida del Mesías en Gloria y Majestad» la cual habría sido terminada a finales del siglo XVIII generando varias polémicas desde sus diferentes publicaciones. La obra de Lacunza ha tenido un reconocimiento continuo en círculos intelectuales, en el caso chileno, principalmente entre destacados historiadores como Mario Góngora, Jaime Eyzaguirre y Miguel Rojas Mix.

Los ánimos de transformaciones sociales y culturales propios del proceso de la independencia, insinuaba el establecimiento de una filosofía más laica con la instalación de dos grandes instituciones educativas: el Instituto Nacional y la Universidad de Chile. Sin embargo, la influencia social y política de la iglesia católica, mantuvo siempre una alternativa de formación educativa que permitió incluso la creación de la Pontificia Universidad Católica de Chile en las últimas décadas del siglo XIX. La figura filosófica más relevante de este siglo vinculado a una institución religiosa es Fray Camilo Henríquez uno de nuestros principales próceres de la independencia.

La expansión del Chile decimonónico también trajo consigo la llegada de nuevas congregaciones religiosas más afines a los proyectos modernizadores, este es el caso de la llegada de los Salesianos a Chile. Esta congregación se involucró de lleno colaborando en la formación educativa, dado el carácter de su misión integró una sólida formación filosófica en sus cursos de formación contribuyendo a la actividad filosófica no sólo en sus aulas, ya que distintos sacerdotes salesianos han contribuido en diferentes cátedras universitarias.

Hacia finales del siglo XX las políticas educativas facilitaron la expansión de las instituciones universitarias surgiendo nuevas universidades católicas en la capital y en provincia. En cada una de estas universidades se fueron formando distintos departamentos de filosofía que han sido protagonistas en las actividad filosófica chilena entre éstas la Universidad Católica de Valparaíso (ahora también Pontificia), Universidad Católica del Norte, Universidad Católica del Maule, Universidad de la Santísima Concepción y Universidad Católica de Temuco. Lo mismo sucede con el surgimiento de la privatización de la educación que abre la posibilidad a la fundación de distintas Universidades de congregaciones o vinculadas a éstas, por mencionar algunas la Universidad Católica Silva Henríquez, Universidad Alberto Hurtado, Universidad de Los Andes, Universidad Finis Terra, Universidad San Sebastián.

En varias de estas universidades hay una intensa actividad filosófica a partir de las distintas cátedras que se imparten y que muestran una constante presencia de formación en esta disciplina. Además, casi todas suelen tener actividades relevantes como coloquios y publicaciones que fomentan el desarrollo de la filosofía siendo partícipes de la actividad filosófica nacional. Este es el caso de universidades como Católica del Norte que mantiene un Coloquio de filosofía por más de veinte años u otros más nuevos como los que realiza la Universidad San Sebastián.

Estos Departamentos o Institutos no se limitan a hacer una filosofía confesional y han sido promotores de un cultivo crítico de la filosofía. Como es el caso del desarrollo filosófico en el interior del Instituto Teológico Salesiano vinculado con la Universidad Pontificia Salesiana de Roma desde el Centro de Estudios Juvenal Dhó, el cual siguió en la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas, y actualmente en el Instituto de Filosofía Juvenal Dhó de la Universidad Católica Silva Henríquez siempre asociado a la Congregación Salesiana interesada en el cultivo de la disciplina filosófica y el pensamiento crítico. Sería un error pensar que el estudio de la filosofía sea exclusivo de autores cristianos como Santo Tomás, Maritain o Kierkegaard, ya que también se recurre a autores como Kant, Hegel, Nietzsche, Wittgenstein, entre otros. Este Instituto además de sus cátedras ha realizado una serie de ciclos de conferencias en las que durante este año pandémico han participado Premios Nacionales como Marcos García de la Huerta y Elicura Chihuailaf, junto a otras figuras destacadas a nivel mundial como los filósofos Enrique Dussel, Walter Mignolo, Manuel Reyes Mate, Raúl Fornet-Betancourt, Alcira Bonilla, Eva Marxen, Francesca Gargallo, etc.

Como se puede observar mucha de la actividad filosófica chilena se da desde el interior de las universidades. La filosofía ha logrado un lugar de reconocimiento al interior de aquellas congregaciones religiosas que son parte de la tarea educativa del Estado. La contribución de las instituciones religiosas en la actividad filosófica chilena es una marca que va desde la Colonia hasta nuestros días siendo parte de una relación posible entre la filosofía y las instituciones abiertas a las ideas que contribuyen al pensar comprometido con los procesos de cada época asumiendo parte de su función social.

Alex Ibarra Peña.
Instituto de Filosofía «Juvenal Dhó».
Universidad Católica Silva Henríquez.

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