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Alcances discursivos de la despedida del presidente Boric al ex mandatario Sebastián Piñera. Por Jorge Brower Beltramin

Sin duda, el mes de febrero del 2024 nos trajo una noticia impactante, en el ámbito de la vida política del país. La tarde del martes 6 de febrero, en el sector del lago Ranco, (Región de los Ríos), en el sur del país, pierde la vida el ex presidente de la República, Sebastián Piñera, en un trágico accidente aéreo. Por razones que se investigan, su helicóptero, un Robinson 44 II cae al lago, muriendo por ahogo el ex mandatario, que piloteaba la nave. En el accidente lo sobreviven su hermana Magdalena Piñera, su amigo, el empresario Ignacio Guerrero y el hijo de este, Miguel Ignacio Guerrero. En el funeral, el Presidente Boric dio un discurso, al menos sugerente, sobre el cual queremos compartir algunas reflexiones.

El hecho inesperado y brutal genera una trama discursiva diversa, tejida por distintos sectores de la sociedad. Desde los relatos más asociados al propio accidente, pasando por otros orientados a su vida personal y empresarial, sin duda, los que han tenido más impacto corresponden a la discursividad que el mundo político ha desarrollado en torno a su gestión, como presidente y a su vida como líder histórico de la derecha chilena.

Dentro de ese campo discursivo, el de la mirada o perspectiva política, las palabras del Presidente Boric, en el funeral de Piñera, son las que han resultado más llamativas y también las más polémicas, para algunos miembros del oficialismo. Casi de inmediato, una vez terminadas sus palabras de despedida, voces enfurecidas de la izquierda más radical y del partido comunista, acusan al Presidente de negacionista, al no considerar las graves violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la “revuelta social”, en octubre del año 2019, siendo Piñera, Presidente de la República.

Más allá de las interpelaciones y las críticas a ultranza de este sector del Frente Amplio, lo interesante es lo que dijo el Presidente Boric, la densidad semántica de sus palabras y la elección de nuevas coordenadas en su ubicación, dentro del mundo político nacional.

En primer lugar, Boric reconoce en Piñera, a un demócrata desde el primer minuto de su vida pública. En esta aproximación, destaca su voluntad de entendimiento, la valoración del diálogo inter pares y el desarrollo de políticas consensuadas más allá de una mirada ideológica unidimensional. Subyace a esta postura permanente, la oposición del ex Presidente Piñera a la dictadura militar, cuestión que éste hizo pública desde que entró en la política contingente del país. En esa misma línea discursiva, Boric avanza en las discrepancias que tuvo con el ex Mandatario y que fueron resueltas, a través del diálogo democrático, entendido como único instrumento válido para resolver todo tipo de controversias internas y externas.

Este acercamiento a la figura de Piñera, establece cuidadosamente un clúster discursivo, dentro del cual instala dos núcleos semánticos, que amarran el sentido final de su despedida. Boric alude a la responsabilidad de ocupar el sillón de O’Higgins, como la experiencia de ejercer el poder, ejercicio en el que los errores parecen ser siempre más visibles que los aciertos. Sólo aquellos que han ocupado ese sillón, pueden entender a cabalidad las vicisitudes que implica y las largas horas de soledad, luego de las cuales se deben tomar decisiones que afectan a un país entero.

Desde esa posición, como Jefe del Gobierno, se aquilata de una manera distinta el ejercicio del poder, y esta experiencia impacta en la discursividad ideológica de Boric, al igual que en cualquier político, modificando en el plano enunciativo, la valoración del otro y el reconocimiento de la labor ejecutada.

Es en este tramo del discurso del Presidente Boric, en el cual expresa su posición actual respecto del tipo de oposición que su sector político, ejerció durante los mandatos de Piñera, en particular, al último de ellos. Para el Presidente, en un clima de vorágine política, tanto él como su conglomerado, presentaron querellas y recriminaciones que, en ocasiones, no fueron justas ni razonables.

En esta zona del discurso, entra en una reflexión evaluativa y conclusiva que puede aparecer, a primera vista, como contradictoria y hasta negacionista, según señalan algunos de sus correligionarios y afines en términos ideológicos. Sin duda, se trata de una sobrerreacción, de una falta de lectura comprensiva mínima del discurso, en el que antes, Boric había preparado el camino para darle un sentido acotado a lo que podría ser una conflictiva afirmación.

Veamos, el Presidente actúa como un demócrata y no como cualquier político que dice serlo. Más allá de la contingencia y las mezquindades propias del juego del poder, reconoce desde la experiencia de un gobernante, que en su rol de oposición emitió juicios y valoraciones inconsistentes frente a los hechos (no olvidemos que Piñera enfrentó un terremoto histórico por su magnitud y luego en su segundo período, la pandemia más grande de los últimos tiempos). Lo justo y lo razonable debió sintonizar o conectar con lo que realmente Piñera y su equipo de gobierno hacían, para superar adversidades históricas de gran complejidad.

Luego, el Presidente explicita sus diferencias ideológicas con su antecesor, ahora trágicamente muerto. En su despliegue discursivo, no se insinúa en ningún momento, adhesiones particulares a la visión política de Piñera y de su sector. En esta articulación semántica, Boric es particularmente cuidadoso, al mantener su discurso en el plano de la actuación de los gobernantes, bajo las reglas de un sistema político democrático, sin entrar en las diversas formas de instrumentalización que este sistema de gobierno ofrece.

Finalmente, el enaltecimiento de la persona, más allá de los roles que le tocó ejercer en esta vida, humaniza la despedida y con ello, pone a la ciudadanía frente a hombres que, con luces y sombras, se han volcado al servicio público para tratar de hacer de Chile un mejor país para vivir. Planteado así el mensaje, cualquier crítica menor, cualquier cuestionamiento a los detalles, resulta miserable y no toca el núcleo de sentido que el Presidente Boric elabora con gran talento.

Quienes forman parte del mundo político y del mundo de la comunicación, deben entender que, si bien es cierto, la retórica política contiene cargas ideológicas específicas y, por tanto, fija posiciones desde las cuales se desarrolla el juego democrático, dicha retórica y su materialidad lingüística por su propia naturaleza, no es estática ni rígida. Por el contrario, una vinculación saludable con los hechos, debiese tender a producir cambios de sentido, desde matices accidentales hasta cambios profundos o estructurales. Los giros discursivos, en el contexto de un mundo líquido, como señala Bauman (2002), caracterizan el escenario global en el que vivimos. La textualidad esclerótica que caracterizaba a las ideologías de la segunda mitad del siglo XIX (fundamentalmente el marxismo), no encuentran espacio en el mundo actual. Esto no significa que debamos renunciar a posiciones ideológicas bien delimitadas, pero el nuevo estatus de estas posiciones, las obliga a la apertura con otras visiones, debiendo ofrecer todos los conectores posibles para que el diálogo productivo sea fructífero. En esa línea, el discurso de despedida del Presidente Boric, dirigido al ex mandatario Sebastián Piñera, representa un buen ejemplo. Su texto/testimonio, es contenedor, humano y generoso. Posee todos los ingredientes que un líder político debiese tener, en los momentos históricos decisivos, para observar con holgura y amplitud, el destino de un país. Obviamente, su ejecución debe ir amarrada indisolublemente a la concreción de tareas más o menos urgentes, para el real desarrollo de un pueblo, de una sociedad.

La línea discursiva del actual mandatario, no sólo se adecua al contexto próximo de la muerte de su antecesor, sino que también recoge con inteligencia, variables contextuales que, como señala Van Dijk (1998) y yo en ese ámbito analítico (Brower, 2010), modifican la modalidad discursiva, desde condiciones de producción simbólica diferentes. La enunciación del discurso de despedida, elaborado por el Presidente Boric se establece, a nuestro juicio, desde un ejercicio cooperativo entre la generación de los contenidos finales comunicados y la realidad, el acontecer en el Chile de los últimos años, en particular, desde que asumió la presidencia de la República. Ese trabajo cooperativo, como bien señala Eco (1993), robustece la relación texto/contexto y presenta finalmente, un dispositivo discursivo denso semánticamente, pero que no se plantea como definitivo, ni tampoco como clausurante respecto de otras miradas.

De este modo, podemos ver que una lectura distante de aparatos ideológicos específicos, nos permite generar una perspectiva comprensiva, que reconoce en la condición natural del lenguaje, sus transformaciones y el consecuente cambio de sus estructuras de sentido. Si bien los hechos, el factum, son los que producen buena parte del tejido discursivo, incluido el que se refiere al acontecer político, siempre debemos tener presente que esos hechos serán resemantizados muchas veces, desde intereses e intenciones diversas. Lo que hoy nos preocupa y también nos ocupa, es que los corpus discursivos políticos e institucionales en general, no entren en una recursividad peligrosa e infinita, tomando una distancia cada vez más inabarcable con la realidad de los hechos.

En esa línea argumentativa, vemos cómo nuestros países en América Latina sufren diferentes flagelos que no hemos sido capaces de controlar, con una gestión adecuada para abordarlos y que ponen en peligro las democracias desde las que se gobiernan dichos países. De esta forma, la sociedad y los ciudadanos que la componen, van perdiendo los espacios públicos, la sensación fundada de inseguridad se hace transversal e inmoviliza a las personas. Esta, entre otras muchas cuestiones que no hemos sido capaces de resolver. En ese contexto, el discurso político aparece vacuo, repetitivo e incapaz de dar soluciones efectivas. La puesta en escena de la indignación de la clase política, plagada de una retórica flatulenta no conmueve a ningún auditorio.

Esta descripción final conecta con el discurso de Boric en el funeral de Piñera. Puede representar, más allá de la trágica muerte del ex Presidente, un cambio de perspectiva, un reordenamiento en el espacio político, desde el cual, sin perder las convicciones ideológicas propias, una nueva mirada sea acompañada de nuevas acciones para dar cuenta de las exigencias del país real, que pueden ser sintetizadas en una incertidumbre generalizada sobre el futuro y la calidad de vida de nuestros compatriotas.

Otra posibilidad, es simplemente que el Presidente Boric haya hecho uso de un buen manejo retórico, para mejorar sus credenciales dentro de la clase política nacional, en una suerte de aprendizaje para jugar un juego que no conocía bien, anteponiendo elementos ideológicos más dogmáticos que clausuran posibilidades reales de entendimientos entre sector distintos, aunque estos correspondieran a aproximaciones poco exitosas. Cualesquiera sean las razones de este discurso de despedida, debemos considerar su mensaje, su trama semántica, como una señal, ojalá de apertura y de encuentro democrático para resolver los problemas del Chile real.

Gabriel Boric es un hombre joven, que puede darse el lujo de usar estos años como un período de práctica, para aprender a ejercer el poder. Terminado su mandato presidencial, incluso podría desaparecer en su tierra magallánica y luego volver a la arena política contingente, con mucha más experiencia y mejor preparado para asumir el cargo de la primera magistratura de la nación. La política ficción acepta esa y otras posibilidades. Pero este no es el problema fundamental, lo que aquí importa es que las urgencias del país no disponen de mayor tiempo. Nuestra democracia representativa, parece vivir sus últimas horas y si no encontramos los instrumentos para dar gobernabilidad y gobernanza al Chile del futuro, se radicalizarán los movimientos sociales, los estallidos y revueltas, llevándonos a populismos inconducentes en un camino sin salida.

Referencias:

Bauman, Z. (2002). Modernidad Líquida. Fondo De Cultura Económica. Brower, J. (2010). El estatus semiótico-discursivo de la ideología: aportes para la re-lectura del discurso político. Revista Boletín de Lingüística (Scielo-Venezuela). Universidad Central de Venezuela. N°33. Cerda, Luis. (9 de febrero de 2024). Revisa el discurso completo del Presidente Boric en el funeral de Sebastián Piñera. La Tercera. https://www.latercera.com/politica/noticia/revisa-el-discurso-completo-del-presidente-boric-en-el-funeral-de-sebastian-pinera/JW4O4M47H5CYJB74QELTDRJRG4/ Eco, U. (1993). Lector in Fabula. Editorial Lumen. Lee, Lun. (7 de febrero de 2024). Así fue el día en que murió Piñera: desde el accidente en el Lago Ranco hasta las reacciones del mundo político. Interferencia. https://interferencia.cl/articulos/asi-fue-el-dia-en-que-murio-pinera-desde-el-accidente-en-el-lago-ranco-hasta-las Van Dijk, TA (1998). Ideology: A Multidisciplinary Approach. London: Sage.

Dr. Jorge Brower Beltramin
Profesor Titular
Departamento de Publicidad e Imagen
Facultad Tecnológica
Universidad de Santiago de Chile

jorge.brower@usach.cl

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