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Antecedentes de la Responsabilidad Social Universitaria en Chile, Por Guido Asencio Gallardo

En Chile se comienza a tomar conciencia del verdadero rol que la Universidad debe asumir ante la sociedad en el año 1967, donde se marca un gran hito histórico, representado con la toma de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Chile (FEUC) en dependencias de su casa central. Este hecho da inicio a un proceso conocido como la “Reforma Universitaria”, movimiento que se expandió radicalmente al resto del país, incitando a las otras universidades a la instauración de profundos cambios en la estructura formal universitaria.

Dentro de los ejes en que se sustentaba esta reforma, se pueden mencionar algunas de sus premisas como lo son: la masificación de la matrícula de la educación superior, la flexibilización de la malla curricular, la departamentización de las facultades, así como también la profesionalización de la planta académica. Con la llegada del golpe de estado del año 1973 y su intervención militar en las universidades, durante algún tiempo, se tuvo la intención de desvirtuar el sentido original de estas transformaciones, no obstante, la convicción social de la reforma universitaria reafirmó su postura, logrando prevalecer entre el sistema educativo que imperaba en esa época.

Con la clara intención de involucrar a las universidades con el mundo popular, se crearon estrategias que cambian la visión tradicional que se tenía de las universidades, sacando de la burbuja que tildaba a la universidad como “torre de marfil” (Vladimir Glasinovic, artículo denominado “La Reforma Voluntaria”), con una visión ajena a la realidad nacional y a lo que eminentemente aspiraba el pueblo chileno en esa época. Con esto surge la necesidad de pensar en una función que englobe la intención que tenía la universidad de llegar a la sociedad, la cual fue denominada “función de extensión”, que rápidamente fue institucionalizada en todas las universidades de la época, buscando consagrar el vínculo entre la universidad y la sociedad. Esta preocupación se vio reflejada en la construcción de infraestructura destinada a la generación de eventos artísticos y culturales, invitando abiertamente a la comunidad a participar en este tipo de iniciativas, no importando la calidad de “universitarios”, sino que estableciendo con el fin de establecer una bandera de lucha que apunte a la inclusión de la sociedad en variadas actividades artísticas y culturales pasando a constituir un pilar fundamental que coloque a las universidades en el centro de la participación ciudadana. Bastaron unos años, para evaluar la forma en que se estaban abordando las funciones que las universidades se habían planteado en un principio, para darse cuenta que, detallando cada una de las funciones, se presentaba la siguiente situación: por un lado la función de docencia que impartida desde un sillón teórico que no poca cabida tiene el pragmatismo, que termina por desvincularse de la realidad nacional; la investigación se centra en generar un conocimiento, más bien funcional aportando al desarrollo del país; respecto a la gestión universitaria, que está centralizada y burocratizada con una falta de conciencia ecológica evidente que termina por socavar la idea de ver a chile como un país desarrollado; y finalmente la función de extensión que se encuentra absolutamente separada a lo que son las demás funciones tradicionales (docencia, investigación y gestión), marcándose esta tendencia en las universidades públicas y privadas.

Luego de aunar una serie de esfuerzos por replantearse la forma en que la universidad, tiene el deber moral de entregar a la sociedad su esencia, de comprender la universidad como una responsabilidad de ser y crear, representada por sus funcionalidades tradicionales a lo largo del tiempo en que originalmente fueron creadas, incorporando a la extensión desde el año 2001, con el fin de organizar un evento que represente la oportunidad de unir los esfuerzos de las universidades en armonía con una misma idea que tiene como punto de encuentro, entablar la discusión sobre la Responsabilidad Social Universitaria en Chile, llamando a todos los actores sociales que deben tener una participación directa e indirecta en un proyecto de esta envergadura. Es así como en el año 2001 se organizó el Seminario denominado “Asumiendo el País: Responsabilidad Social Universitaria”, cuyo objetivo principal fue expandir en las universidades chilenas involucradas, el concepto y la práctica de la responsabilidad social, de cara a un proyecto país 2010, donde comienzan a estructurarse una serie de lineamientos que dan paso a la formación de la Universidad Construye País, institución que se encargó de difundir, investigar y aplicar la RSU en Chile, por intermedio de la institucionalización de la práctica social.

Para dar cumplimiento a cada uno de los objetivos planteados, es primordial hacer una síntesis de las problemáticas que enfrenta Chile a comienzos del siglo XXI, en distintos ámbitos, del quehacer político, social, económico y educacional que atañen a la RSU, retratando el camino trazado y los desafíos que quedan por hacer, para construir en Latinoamérica criterios globales que ayuden a entender que es tarea de todos, buscar consensos de nuestras realidades como países en vías de desarrollo, que enriquezcan nuestro capital social, marcando tendencias que sean un gran aliciente para seguir trabajando en torno a la RSU.

Para nombrar algunos de los logros más importantes de esta instancia, se puede mencionar a la institucionalización del concepto de RSU, la participación y animación de las autoridades superiores de las universidades, la creación de equipos multidisciplinarios de trabajo, creación de redes nacionales e internacionales y la instalación de la Vinculación con el Medio, como una forma de estandarizar sus procesos.. Todos elementos consagrados con una planificación que refleja una estrategia poderosa, para seguir trabajando, en la transmisión de conceptos que se conocían, pero que muchas veces no se practicaban por falta de conocimiento, tales prácticas se pueden traducir a justicia, participación, inclusión, desarrollo sostenible, etc., abordables desde la dimensión humana, viéndose reflejada en la formación profesional con énfasis en el compromiso social.

Finalmente es reconfortante destacar los esfuerzos y resultados que son producto de todos estos años de trabajo, en que no se ha desconocido que la riqueza del contenido esencial se centra en el ser humano y sus necesidades que requieren ser satisfechas, pero esto se vuelve una constante, que trabaja arduamente para en un futuro próximo se puedan involucrar muchas más universidades, comprendiendo que el establecimiento de la RSU es un proceso, tal vez, silencioso, esto no quita que sea revolucionario.

Guido Asencio Gallardo
Académico

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