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Apolo y Dafne: Amor en tiempos de pandemia. Por Nicol A. Barria-Asenjo

Apolo y Dafne responden a una historia cruel y desdichada, a un destino que no fue elegido, una predisposición al fracaso total del amor, pero ¿no es esto lo que sucede en todo amor que hemos de intentar alcanzar? Sea como sea, el sentimiento nos ataca por la espalda y nos deja de rodillas en el suelo inmovilizados, dispuestos a todo con tal de alcanzar a quien sea nuestro objeto de amor. En las líneas siguientes se toma la historia del Dios Apolo y la Ninfa Dafne para aproximar al lector a través de estos dos personajes un dilema humano que corrompe todo en nuestros días y que incluso en tiempos de pandemia, persiste como tema recurrente entre las producciones de la literatura, a saber, el amor.

En el individuo, sin distinción de quien sea que se trate, persiste esa imposibilidad de obtener una totalidad, estamos irremediablemente predestinados a deambular con nuestro vacío, emerger desde una nada, para posteriormente ser corrompidos día a día por la complejidad del existir, la vida como un vagabundeo incesante e interminable, la vida como un correr con ojos vendados por el borde de un precipicio al cual finalmente seremos empujados por la muerte. “Todo el que desee atrapar las efímeras formas del placer al final se encontrará en las manos hojas y vallas amargas” escribía Bernini a los pies de la escultura del Dios Apolo con la Ninfa Dafne. Si la humanidad corre en círculos avanzando solo hacia un destino confirmado para todos, ¿Qué se espera alcanzar si las certezas ya están expuestas? ¿Qué se pretende atrapar? Y, por último, ¿en nuestros días impregnados de desesperanza es momento de hablar de amor y humanidad? Creo que sí. Creo que precisamente cuando el mundo entere parece estar detenido y nos vemos confrontados a reconstruir nuestras vidas, es el momento idóneo para sobre todo no olvidar el amor. Retomemos la historia de Dafne y Apolo, y recordemos uno de los diálogos iniciales, el cual desde mi perspectiva sirve para comprender -si es que el lector no ha tenido la fortuna de leer esta bella historia- esa carrera desenfrenada y fatal que emprende Apolo en la búsqueda de su amada Ninfa…. “El hijo de Venus le respondió: ≪Por mucho que tu arco, Febo, alcance todas las cosas, el mío te alcanzara a ti; lo mismo que los animales son inferiores a los dioses, tu gloria es inferior a la mía≫. Así hablo, y apartando el aire con el batir de sus alas, se plantó raudo en la umbrosa fortaleza del Parnaso y de su carcaj portador de flechas saco dos dardos de efectos opuestos: uno hace huir al amor, el otro lo provoca. El que lo provoca es 4de oro, con una punta aguzada que resplandece; el que lo hace huir es romo, y lleva plomo al final de la caña. El dios clavo este último en la ninfa Peneide, y con aquel hirió a Apolo hasta la medula, atravesándole el hueso. El uno se enamora rápidamente, la otra huye hasta de la palabra amante” (Ovidio, 2008. p.254) De esta manera, Apolo y Dafne quedarían inevitablemente destinados al fracaso total, mientras Apolo es atravesado por el amor, Dafne solo es tocada por el repudio de aquel enamorado.

La historia de Apolo y Dafne no está alejada de nuestros tiempos, desde la llegada de la pandemia del Covid-19 muchas historias están totalmente destinadas al olvido, a la muerte natural, al fracaso total. Si bien, ese destino no es impuesto por una flecha, si hay un ente que puede entregar una suerte de “destino”: el virus. Ese enemigo invisible que llegó para dejar en jaque a la humanidad entera y confrontarla con su vulnerabilidad, este virus que en cualquier momento puede atacar dejándonos con pocas opciones, también llegó para hacernos vivir el amor de otra manera, y quizás será el causante de que tengamos que reorganizar por completo las relaciones amorosas, citas, etc.

Apolo tras ver que Dafne, su amada, huía de él desesperada, al darse cuenta de que su amor solo recibía un rechazo total y hasta una suerte de repudió, resignado…. al ver que pese a los intentos no obtenía ningún fruto más que el total silencio y la huida, mientras corría grita con dolor y desgarro a su amada: “Mi flecha es certera, pero hay una flecha más certera que la mía, la que hirió mi corazón, hasta entonces libre. La medicina es invento mío, en todo el mundo soy considerado sanador, y el poder curativo de las plantas depende de mí. !Ay de mí!, que el amor no se cura con ninguna hierba, y las artes que aprovechan a todos no aprovechan a su dueño! ≫ (Ovidio, 2008. p.256- 257) Ese dolor que lo atraviesa tras aceptar con frustración que ese amor que lo carcome no es correspondido y, no tiene otra opción más que el rechazo hoy puede visualizarse en la violenta separación de muchos enamorados que tras los cierres de fronteras han quedado a la deriva, otros tantos que han quedado confinados de manera obligatoria sin posibilidad alguna de recurrir a su objeto de amor, un grupo que en la soledad recuerda con nostalgia los amores pasados, perdidos o desperdiciados. Y otro grupo de “nuevos amores” que inician en medio de este confinamiento. Si de algo hay certeza, es que, en tiempos de desesperanza, es inevitable aferrarnos al amor, el sentimiento no tiene contextos, no conoce de fin del mundo, ni de pandemias, solo emerge y llega para impregnarlo todo.

Jacques Lacan manifestaba “el amor es una forma de locura” y ¿cómo no serlo? Si bien, es una definición en lenguaje popular, no puedo pensar en otra definición más acertada, con la llegada del amor no queda otra vía más que aceptar la total derrota frente al sentimiento que nos paraliza en un pestañeo, dejándonos inmovilizados…. caemos rendidos, ciegos, y hasta un poco sordos, limitados para pensar o reflexionar, solo somos llevados por eso que nos guía a un lugar incierto, pero al que corremos sin frenos ni descanso. El amor. Tanto el amor como esta pandemia tienen elementos en común, ambos son enemigos invisibles, que no podemos ver ni tocar pero que sin duda llegan a cambiarlo todo nuestras vidas cotidianas, incluso son capaces de llegar a cambiar nuestra realidad.

Frente a la pregunta, ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo vivir y movernos frente la desesperanza de nuestros días, en los cuales no hay certezas, dónde el porvenir está impregnado de incertidumbre y cada paso que damos es una total interrogante? La respuesta es, nada. Así como en la historia de Apolo y Dafne, sea cual sea el resultado, y aún con el dolor que ese final puede significar, hay un final, hay un desenlace, hay una respuesta. Así como esa flecha fue enviada a estos dos personajes, así nos toca el mundo, así nos toca incluso esta pandemia que azota a la humanidad, con la limitante que solo modifica una parte, no todo La historia del Dios Apolo y la ninfa Dafne termina cuando esta última es transformada en un árbol -por voluntad propia- para escapar del amor de Apolo y aún así, el enamorado decidió cuidar de ella para siempre ¿No fue esta una gran sorpresa para quienes leímos este relato? Bueno, así mismo estamos en la vida, podemos esperar mucho, recibir diferentes flecas, pero el porvenir nos traerá opciones, variadas y desconocidas, en nuestras manos siempre queda una parte de nuestras vidas, la flecha fue capaz de tocar a Dafne, pero ella decidió su final, del mismo modo la flecha todo a Apolo, y él vivió su amor aún con la imposibilidad del mismo. Entonces, aun cuando hay una parte que no podemos controlar ni manipular, en nuestras manos siempre quedará la otra parte. Sin duda esta pandemia realizará muchos cambios, incluso algunos no llegarán al final, sea como sea, habrá opciones.

Referencias. Publio Ovidio Nasón (2008) “Metamorfosis, Libros I-V”. Madrid: Editorial Gredos

Jacques Lacan (1978) El seminario 1. Los escritos técnicos de Freud (1972-1973). Paidós.

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