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Argentina: La alegría no la perdemos, pero la tristeza aumentó. Por Nechi Dorado

Los argentinos acostumbramos a reírnos de nosotros mismos. En estos momentos, el peor que hemos vivido políticamente en democracia burguesa, mantenemos ese "humor negro", generalmente envuelto en ironía. Tomando en gracia las aberraciones a las que nos han expuesto los analfabetos políticos que apoyaron a delincuentes con genes delincuenciales, por el solo hecho de que “eran ricos, por ende, no robarían”.

Tan analfabetos políticos son, que no pensaron cómo alguien se hace rico, porque no jodamos, no existe fortuna que no haya sido amasada con sangre. Y eso lo sabe cualquiera, no lo supieron ellos, presos de su soberbia intolerante.

Pero pese a las demostraciones simpáticas que también son expresiones de bronca, que considero como una autodefensa que fuimos generando a través de tanto dolor como el que hemos padecido, históricamente, no dejamos de estar indignados, enojados, sacados, brotados, enfurecidos, encolerizados. La realidad nos empujó a ello, cada anciano sin medicinas nos obligó a ello.

Cada carenciado durmiendo en las calles con temperaturas bajísimas nos erizó la piel.

Cada fábrica cerrada nos sacudió las tripas.

Cada familia perdiendo el derecho al pan de cada día, nos soltó una lágrima, generándonos la duda de cuándo nos tocaría a nosotros o a nuestras familias.

Cada persiana de negocios baja para siempre, fue un derrumbe de esperanzas.

Cada joven muerto por balas del estado fue un luto para nosotros.

Cada dignidad asesinada, nos obligó a ello. A estar indignados, a llenarnos de odio aunque sigamos cantando.

Tal vez en cada broma, en cada meme, en cada risa, subyace nuestra bronca por no haber sabido construir la herramienta fundamental para los tiempos que sabíamos que irían a venir. Porque lo supimos hace rato, acá nadie nos ganó por sorpresa.

Y está a la vista ya que jamás, pero jamás, jamás, el capitalismo habría de ser la panacea que nos alejaría de todos los males que cayeron sobre la clase trabajadora. Ni lo será.

Tal vez en cada broma que vamos creando, nos protegemos del dolor que nos producen nuestras propias falencias, nuestro ego exacerbado, el eterno pensar “yo la tengo más clara que aquellos” o “marchamos pero solo si mi grupete, a veces ínfimo, es el primero para salir en las fotos”.

Hemos puesto de moda una estribillo; MMLPQTP mientras ese MM apretaba las clavijas y nos hundía cada vez más en el pozo de putrefacción en el que fuimos aprendiendo a nadar forzadamente. O sea, poca mella hizo la consigna en sus destinatarios.

Hoy festejamos una nueva moda, una cumbia pegadiza que se siente en determinados lugares y que está muy bien organizada, pero convengamos que la lucha contra los monstruos que nos atenazan no es suficiente con canciones voluntariosas, contagiosas, alegres.

Los argentinos mantenemos el humor, lo expresamos cada vez que se nos va ocurriendo una “travesura” nueva, mientras vemos como el país se va desangrando minuto a minuto.

Los argentinos somos alegres, memoriosos, queremos justicia, no olvidamos, pero de momento no sabemos cómo, de qué manera detener la estampida brutal que nos llevará puestos, porque nos sugieren “esperar al 12 de diciembre” pero nadie entiende cómo llegaremos, en qué condiciones de pauperidad, como si fuera un detalle menor.

¿Cuánto más hemos de perder hasta la próxima canción?

Así es como pedimos, cantamos, gritamos, ¡Qué se vayan! Pero somos incapaces de salir en una marcha que nos reúna a todos para sacarlos ya; movimientos sociales y partidos políticos, porque convengamos, estemos más que seguros, que si no los sacamos, no se irán, sino que seguirán apretando las clavijas para que suenen como corresponden, los acordes que tan bien han hecho sonar desde que la irresponsabilidad los sentó en el sillón de Rivadavia.

Sigamos cantando, sigamos riendo, sigamos haciendo uso de este humor protector, pero no nos olvidemos que se olvidaron de decirnos cuántas víctimas más debemos tener, los que sostienen “la gobernabilidad para que no se retiren cómo mártires”. Hasta eso es gracioso: Mártires serían los mismos que hundieron el país hipotecándolo a mas de 100 años.

¿Es que es tan difícil ver de qué lado están las víctimas, el material de descarte? Sigamos divirtiéndonos pero sin olvidar que seguiremos enmarañados en el capitalismo y desde allí jamás saldrá algo favorable para los trabajadores y que por más suave que parezca, es mentira que exista el capitalismo humanizado. Puede existir el mal menor, pero debo confesar que no me convence, el mal es malo aunque lo maquilles.

Sigamos manteniendo la alegría, sigamos sintiendo que no fuimos derrotados aunque de momento estemos tristes, pero no dejemos de pensar que estamos a principios de setiembre y faltan tres largos meses para una transición y cada día hay más niños en las calles pidiendo pan y no les dan ni un hueso.

Macri se va, nos deja el tendal,
Si no lo sacamos, no vamos a llegar…

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