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Armas en casas: Un mensaje equivocado. Por Carolina Guzmán Navarro

En su última intervención en debate presidencial organizado por Chilevisión, José Antonio Kast, líder del Partido Republicano y referente de la ultraderecha chilena, declaró abiertamente poseer un arma de fuego en su casa para uso personal. Más allá de la veracidad de su afirmación, lo preocupante es la señal política y cultural que instala: la idea de que la autodefensa armada es un camino legítimo y recomendable para los todos ciudadanos todos frente a la inseguridad.

Quien aspira a ser Jefe de Estado no puede minimizar los riesgos asociados a esta práctica. La evidencia es clara: en Chile, cerca del 8% de las armas inscritas en la Dirección General de Movilización Nacional han sido declaradas robadas, hurtadas o extraviadas, lo que equivale a más de 60 mil armas en paradero desconocido. Es decir, cada arma de fuego en casa no solo representa un eventual instrumento de defensa, sino también una potencial herramienta delictual en caso de robo o pérdida.

El mensaje del candidato republicano normaliza sin precaución del impacto de su declaración un círculo vicioso: más armas en los hogares, más armas disponibles para ser robadas, más poder de fuego en manos de organizaciones criminales o delincuencia común. Lejos de fortalecer la seguridad, la proliferación de armas particulares aumenta la inseguridad colectiva.

Además, plantear la autodefensa como solución plausible transmite una idea peligrosa y constante en su discurso: que el Estado no tiene capacidad de proteger y que cada ciudadano debe resolver la violencia por sí mismo. Fiel a su relato erosiona el principio básico del contrato social, que asigna al Estado el monopolio legítimo del uso de la fuerza.

Un candidato presidencial debería transmitir certezas basadas en políticas públicas, no atajos individuales que deterioran la convivencia democrática. En lugar de incentivar la tenencia de armas en hogares, el desafío está en fortalecer el control de armas, modernizar la persecución penal, profesionalizar aún más a las policías y trabajar en la prevención social del delito.

Cuando José Antonio Kast Rist declara tener un arma en su casa, no solo comparte una decisión personal: emite un mensaje colectivo. Y ese mensaje, en un país que hoy lucha contra el crimen organizado, es profundamente equivocado. La ciudadanía merece liderazgos que construyan seguridad desde la confianza en las instituciones y no desde la normalización del miedo armado.

Carolina Guzmán Navarro

Mg. Educación Pontificia Universidad Católica de Chile

Profesora de Historia y Geografía U. de Playa Ancha Ciencias de la Educación

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