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Arte y nuevos movimientos sociales, a un año de la cristalización del horizonte utópico de lo venidero. Por Pedro Celedón Bañados

La sociología contemporánea viene identificando desde hace algunas décadas un accionar ciudadano que se diferencia de los grandes movimientos políticos y gremiales de los inicios de la revolución industrial, instancia en que se instaló globalmente el capitalismo moderno obligando a luchas y reivindicaciones que actualmente nos parecen tan básicas como un día de descanso para los trabajadores, jornadas laborales de 8 horas, impedimento del trabajo en la fabricas de los niños y varios otros requerimientos que a nivel mundial los asalariados tuvieron que obtener para vivir un poco más dignamente.

Todos esos movimientos de los siglos siglo XIX y XX tenían características similares, se desarrollaban desde reclamos específicos y para lograr sus modificaciones, los implicados reaccionaban desde organizaciones jerarquizadas entre las cuales la política partidista dio buenos resultados. En la actualidad ese escenario cambió radicalmente y los Nuevos Movimientos Sociales (NMS) operan desde una agitación rizomática (Deleuze- Guattari), lo cual implica una organización de elementos que no siguen líneas de subordinación jerárquica propias del patriarcado y de la modernidad. Los convocados son ahora quienes gestan sus llamados desde múltiples problemáticas y plataformas, sin intentar ni desear constituirse en la voz de una clase social específica, tampoco instalar una reivindicación gravitante, central o jerárquicamente prioritaria; no establecen una hoja de ruta definida desde el inicio por un pliego de peticiones (siempre) sectorial, como tampoco son liderados por gremios ni partidos políticos en particular.

Podemos citar entre estos nuevos movimientos sociales (NMS) a la primavera árabe (Túnez, Argelia, Arabia Saudí 2010-2013); los indignados (España 2011) ; los chaquetas amarillas (Francia, Bélgica Países Bajos, Italia, 2018-19) ; las manifestaciones en Ecuador y Colombia desde el 2019 y las de Chile desde el 2011 al presente, todas instancia que dan signos de estar cimentadas en pueblos que “despiertan” a la comprensión de que “la política , o la haces , o te la hacen” (Fuster).

Es evidente que si bien la pandemia ha generado una baja en la intensidad de los movimientos ciudadanos que se globalizaban el año pasado, esto solo puede leerse como un paréntesis, ya que no es necesario ser muy lúcidx para observar que definitivamente se inició el “efecto mariposa” (Norton) y que esos aleteos originales han ido provocando una cadena de reacciones que están desfondando al sistema neoliberal.

Aunque la prensa y los políticos más conservadores intenten minimizar su perfil categorizándolos como actos vandálicos de marginales, los NMS están poniendo en jaque una forma de mal vivir la vida que se sostiene en la permanente segmentación de las fuerzas consientes, la atomización de un individuo apolítico y desacralizado que fomenta su auto degradación de ciudadano (logro del estado-nación en sus orígenes) a mero consumidor, diferenciado fundamentalmente por las inclinaciones de su hedonismo y la capacidad o incapacidad de acceso a los bienes que ofrece el mercado. Instalados a un año de octubre 2019 en Chile, es posible vislumbrar que estamos ante una crisis sistémica y no solo de un descontento pasajero que se arregla con solucionar un par de reivindicaciones y fortalecer el orden público, como piensan los líderes políticos y empresariales que nos gobiernan en la actualidad. Aquí, aunque no se llegue en lo inmediato a una politicidad totalmente nueva y a un pacto social libertario como muchxs esperamos, es evidente que las bases estructurales del capitalismo crujen bajo demandas irrevocables de la ciudadanía en el área de la salud, las pensiones, la educación, el respeto por los pueblo originarios, la paridad de géneros, el cuidado del medio ambiente y la escritura inmediata de una nueva constitución política. El movimiento social al levantar al unísono estas y otras reivindicaciones ha generado un tiempo de conmoción en el cual como pueblo nos hemos instalado pasajeramente en lo impredecible y en desbordes de violencia, pero se ve que lo sustantivo y constante es el advenimiento de la conciencia de que somos un cuerpo social que desea diseñar un nuevo destino para este Estado-nación.

Insistiendo en metáforas generadas por Guattari y Deleuze, podemos leer el devenir del accionar ciudadano en Chile como la instalación de un pueblo en una “meseta” que nace articulada con otros escenarios en los que se ha comenzado a deshacer el discurso neoliberal sobrehilado en nuestras retinas a través del lenguaje y leyes que imponen la visión del capitalismo como única vía sensata, ética y moral posible para el bien estar y el progreso, lo que equivale a decir: el destino natural de la humanidad, ofendiendo a toda inteligencia que percibe este sistema de organización social y económico como una cosmovisión que está poniendo en riesgo la supervivencia de la especie.

La madurez política del nuevo movimiento social chileno ofrece en forma constante señales del tránsito de nuestra sociedad hacia un nuevo territorio mental, en el cual, el ciudadano enriquecido por cinco siglos del desarrollo de la individuación (que consolidó un yo trascendente) ha descubierto el umbral para salir de la trampa neoliberal que lo impulsó hacia un yo incapaz de comprender que en definitiva la aventura humana es colectiva, o no es.

En los próximos meses el proceso Constituyente será una medida implacable para observar si caminamos en la ruta de la construcción colectiva de una tierra auto prometida, o retomamos el viejo truco del salvase el que pueda.

Aproximaciones a un arte inserto en el nuevo movimiento social chileno

En Chile, el horizonte utópico de lo venidero se ve reflejado en forma categórica en algunas manifestaciones artísticas y sobre todo en aquellas que han utilizado masivamente los espacios públicos para insertarse.

Una de las características de estas acciones de arte es su capacidad para transformar los espacio (físicos y electrónicos) en escenarios narrativos de lo imaginario y metamorfosear esa “vía dolorosa” de muchas de las manifestaciones artístico/políticas de antaño, en una “vía festiva” que no remite solo a la alegría sino a aquella instancia que según Byung-Chul Han permite que el presente se vea conmovido, vivificado, es más, fecundado, existiendo un juego de espejos entre su fuerza productiva y una parte del arte/político que se generó entorno al UP (tal vez por eso Patricio Guzmán ha decidido ahora realizar dos películas documentando nuestro presente).

En este texto centraremos nuestra mirada en tres performances/teatro (siguiendo la nominación de Instituto Hemisférico de Performance y Política) que han sabido condensar la energía vivificadora del nuevo movimiento social chileno.

Yeguada Latinoamericana

El trabajo de Cheril Linett (teatrista) irrumpió en Santiago de Chile con una performance de aires artonianos, articulando sólidamente la fértil provocación con un discurso de género desde un teatro que instala el desconcierto en la vía pública.

En su performance Yeguada Latinoamericana del 1 de Julio de 2017, día en que se celebra “el orgullo de ser tú mism@” (día internacional LGBT), a pesar de vestir para la performance un uniforme que replicaba al de la policía chilena (la cual es fuente directa de su poética y denuncia), la carga simbólica de sus presencias desbordó connotaciones puntuales cuando mostraron que poseían también colas de yeguas que salían de sus nalgas, teliomorfismo que convoca en este caso la memoria mítica en donde la fuerza del animal se entrecruza fértilmente con la sensibilidad, sabiduría y sensualidad del cuerpo femenino, invistiendo a la acción en un aura de ritual pagano, erótico y agresivo a la vez, el cual según Linett es “una invitación a desobedecer en manada disidente sexo-genérica y afectiva”.

Su performance las obliga a instalarse a escasos metros de algún grupo de policías y congelar los gestos y acciones de las ejecutantes, recurriendo a las fuerzas escultóricas de la detención y el silencio, dualidad que Jodorowsky celebra en el trabajo del Mimo. Desde allí confrontan mirando fijos a los ojos y exhibiendo sus muslos de animal exótico, situación que para los carabineros implicados es difícil de sostener. La tensión que se produce en ese instante es feroz. Los cuerpos semi desnudos hacen explotar las fronteras entre realidad y fantasía, ataque y seducción, acosada y acosador, construyendo un instante en que performer/público/policía, son las piezas de una delación: las situaciones límites de lo femenino expuesto en la calle al rigor del poder patriarcal. Durante micro instantes como espectador vemos desfilar en los cuerpos de las actrices, a las prostitutas, las sirvientas, las estudiantes, las mujeres originarias de nuestro continente, las campesinas, las dueñas de casa, las oficinistas, acosadas todas por hombres armados y desarmados dispuestos a demostrar su poder y supuesta superioridad, violándolas o golpeándolas en cualquier instante.

Pero esa articulación del deseo choca en este caso en la visión inquebrantable de un personaje fuerte y trascendente, las Centáurides, en cuyos cuerpos se concilia la lucha entre el instinto y la razón, la fuerza y la delicadeza, siendo en la mitología griega consideradas como eficientes astrónomas y expertas en artes de la adivinación. Este soplo mítico se entrelaza con una connotación mas política de sus figuras, convocando el zoomorfismo de un animal domesticado para reprimir a los pueblos en estos territorios, desde la conquista española hasta nuestros días.

Su manifiesto es bastante claro al respecto: “No seguiremos portando e inscribiendo en nuestras cuerpas ningún tipo de norma o mandato sexual. Por el contrario, decidimos tensionar y estallar en las fisuras de aquellas imposiciones naturalizadas y reproducidas como verdad. Nos rebelamos, escupimos y deformamos el “deber ser mujer” hetero-normada en Chile y Latinoamérica. Por ello, entre todas componemos una yeguada, caballada, existencia disociada, nos transformamos en animalas no humanas, no mujeres, recogemos lo primitivo, lo mitológico, lo fundante, para aparecer visibles, sujetas públicas, esparciendo el flujo indecoroso por las calles del ombligo de Santiago, bestias lúbricas, marchando, pisoteando decididas el cemento que dirige a los cuerpos productivos”.

Si bien este colectivo realiza sus performance una sola vez, las Centáurides han continuado desde diferentes estructuras narrativas confrontando problemáticas sociales y de género en diversos espacios públicos, incluyendo sesiones del Congreso Nacional, abriendo camino para la participación desde el arte en el movimiento social, lo que ha costado a sus integrantes caer varias veces presas.

Por un verano sin Piñera

Una de las performance con eficiencia de época evidente fue la realizada el 25 de nov. 2019 por Rocío Hormazábal (Chile1982), artista visual y teatrista que ha desarrollado un proyecto que apela principalmente a la desconstrucción del género y la imagen del cuerpo femenino diseñado para el consumo de la mirada patriarcal.

Basando su lenguaje crítico y poético sobre su propio cuerpo, Rocío ha venido instalando creativamente un discurso anti-gordofofia desde diferentes formatos expresivos (fotografía, fotomontaje, performance, teatro). La performance Por un verano sin Piñera realizada en la plaza de la Dignidad nos remite en forma directa a su proyecto Calendario Chica XXXXXL, dispositivo visual fecundado por la fusión del gesto teatral y fotográfico y que opera indistintamente en forma impresa como digital. Esta obra se compone de una serie de fotografías que ilustran cada mes del año 2019 con un autorretrato de Rocío, en donde instala al unísono una carga irónica y un lúcido erotismo desde su cuerpo ofrecido como modelo disidente del estereotipo femenino.

Por un verano sin Piñera se desplegó en las inmediaciones de estación metro Baquedano, epicentro infatigable de manifestaciones y de la visualización simbólica de estas. Su nombre cita en forma directa la campaña de una tienda de ropas que invitaba a “vivir el verano sin paleras” (2019-20) luciendo para ello cuerpos estereotipados de bellezas juveniles, tanto masculinas como femeninas.

Rocío Hormazábal extrae (literalmente) de las fotografía y de su propio calendario la imagen estridente de una veraneante en traje de baño, desplazando la imagen desde el plano impreso o digital, a la tridimensionalidad. Hace transitar a la imagen desde el estudio protegido en el cual fue capturado por la cámara, hacia el espacio incierto de un campo de confrontación urbana que ha costado lesionados, mutilados y vidas. La figura escultórica instalada sobre un plinto diseñado por una piscina plástica con agua incluida, es protegida por un quitasol, citando a las mujeres pintadas por los impresionistas del s. XIX. Finalmente cierra su discurso visual con un cartel en que el texto completa la imagen, recurso de larga tradición icónica colonial que sabiamente pone en circulación en las calles de esta colonia del neoliberalismo. Completan el sentido de la obra el contexto físico compuesto por el paisaje urbano deteriorado realmente por el continuo enfrentamiento ciudadano/policía, y el hecho de estar inserto en el día de la NO violencia contra la mujer, siendo también ese tiempo/elevado material semiótico de la propuesta.

Un violador en tu camino

Aunque se ha difundido en forma explosiva durante este año, es fundamental re-visitar aquí esta intervención de arte creada por Las Tesis, colectivo interdisciplinario de mujeres en la actualidad ampliamente conocido, compuesto por Sibila Sotomayor (artes escénicas), Daffne Valdés (artes escénicas), Lea Cáceres, (diseño de vestuario) y Paula Cometa (diseño e historia).

El grupo radica en el puerto de Valparaíso, ciudad desde hace años encendida por manifestaciones de arte rebelde y anti sistémico. Su objetivo poético había estado centrado en generar intervenciones de 15 minutos (aprox.) para participar con el teatro en los escenarios no convencionales que se multiplican. El contenido de esas acciones de arte se nutre de tesis desarrolladas por autoras feministas, las cuales son puestas en escena trasladando sus marcos teóricos al ejercicio práctico de la performance.

Desde la obra que tenían en proceso a mediados de octubre (2019) surgirá un fragmento que tiene como duración algo más de dos minutos (pudiéndose repetir las veces que sus ejecutantes lo sientan). Un violador en tu camino, es una acción coreográfica y coral que se realizó por primera vez frente a la segunda comisaría de carabineros de Valparaíso el 18 de noviembre 2019 en el contexto de una convocatoria al teatro callejero hecho por la compañía La Peste. En Santiago fue realizado con 2000 mujeres en la Plaza de Armas, el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, con lo cual el sitio especifico (zona cero de Chile) y el tiempo como material semiótico completaron el proyecto de arte.

El acierto coreográfico que se despliega sobre una base musical hecha por el colectivo, se expresa desde una danza de ritmo sincopada constructora de movimientos, acciones y figuras en que predominan las líneas rectas, favoreciendo un efecto visual duro y agresivo de compás marcial, el cual es interrumpido por una frase (secuencia de movimientos) de mayor soltura y sensualidad que se repite en diversos momentos (a modo de estribillo) encarnando la voz de las mujeres que ya no narran o denuncian como en los instantes anteriores, sino que se exculpan públicamente: “y la culpa no era mía, ni donde estaba, ni como vestía”…frase que se hace cargo de “la culpa” que en occidente posee fundamentos bíblicos, siendo un tema doloroso y serio a nivel mundial y uno de los costos adicionales que deben pagar las mujeres que, aún siendo víctimas de un abuso o violación se les señala reiteradamente como posibles incitadoras.

Liberase festivamente de la culpa en el espacio público y señalar sin ambigüedad alguna que “el violador eres tú” (apuntando directamente al público) es sin duda uno de los aspectos remarcables de este trabajo, y a nuestro juicio explica en parte el que se haya transformado en un referente del arte feminista a nivel internacional.

En la letra de la performance convergen dos fuentes muy distintas, por una parte fragmentos del himno de carabineros de Chile que en la actualidad son acusados de ejercer violencia política- sexual sobre las mujeres, violándolas incluso, y por otra parte, textos basados en las investigaciones de Rita Segato (1951), antropóloga social argentina, docente en la Universidad de Brasilia (Brasil) y reconocida feminista, quien ha analizado en sus obras los factores que estructuran la violencia sexual ejercida contra las mujeres, entendiendo a la violación como un mandato de la masculinidad fragilizada. Esta performance posee el carácter de arte de participación, con lo cual el gesto creativo del grupo es ampliado en el cuerpo de las ejecutantes, teniendo cumplimiento una de las principales búsquedas de movimientos artísticos/políticos/sociales, como el de los Situacionistas en las décadas 50/ 60.

Internet aportó con la viralización del evento puesto por el colectivo Las tesis a libre disposición, autorizando el uso de su texto, música y coreografía, para que otras creadoras se los apropien, lo tiñan del aliento de sus vivencias locales y realicen su performance adaptadas a sus territorios, demostrando que el sentir femenino ante la agresión patriarcal es un problema global.

Es difícil de seleccionar a nivel mundial una versión de esta performance, permitiéndome señalar aquí la realizada el 14 de diciembre (2019) por un grupo de diputadas turcas durante una sesión del parlamento, en honor a las mujeres que unos días antes habían sido apresadas por intentar realizarla en Estambul. En Chile creo que su presentación en el frontis del Estadio Nacional marcó un hito importante con la participación de 10 mil mujeres sénior, ejemplo luminoso en los que como espectador sientes que el arte está cambiando a la vida. El sitio especifico que completaba el sentido a la obra fue uno de los epicentros de la crueldad en los días inmediatos al golpe de estado de 1973, y el mayor campo de concentración que ha existido en la historia de nuestra república, batiendo también el nefasto record de ser el lugar en donde en el menor tiempo una mayor cantidad de mujeres fueron violadas por los militares durante sus reclusiones, situación que jamás ha tenido públicamente un gesto de arrepentimiento de parte de las fuerzas armadas, ni de los partidos políticos que lo propiciaron.

A modo de cierre me permito señalar que ha sido la expresión ciudadana de este nuevo movimiento social, cuya protesta está envestida de festividad, lo que ha logrado instalar en las calles las condiciones para que el arte trascienda su lenguaje estético y se ofrezca como vehículo de celebración de un “tiempo elevado”, al cual le es inherente “el esplendor de la eternidad y el valor de culto” (Nietzsche), señalando el horizonte de un tiempo que está por venir y que reclama ser construido en colectividad.

Pedro Celedón Bañados. Historiador del Arte
Este artículo fue escrito en febrero 2020 para ser publicado en revista Conjunto (Cuba) y reescrito el 19/11/2020

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