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En este numero:

- El tratado que Piñera quiere dejar amarrado
- La impronta dictatorial en la sociedad chilena actual
- Nueva relación entre Irán y Siria

- Sumario completo noviembre de 2013





Sobre el autor

Álvaro Ramis
Teólogo, especialista en ética aplicada.
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Página de inicio >> Noviembre de 2013

A cinco meses del término de su mandato
¿Cómo evaluar al gobierno de Piñera?

por  Álvaro Ramis

Las evaluaciones políticas “objetivas” no existen. La política siempre se mantendrá en campo de la razón práctica y de lo opinable. Pero podemos formular valoraciones políticas más o menos justas, dependiendo la pauta que utilicemos. Por eso, para juzgar al gobierno de Sebastián Piñera debemos encontrar un criterio justo que pondere su labor a partir de los objetivos y metas que él mismo se propuso. Pero tampoco nos basta con contrastar el programa presentado hace cuatro años con lo que efectivamente se ha realizado. Una lista de cumplimientos e incumplimientos programáticos tampoco da cuenta de las expectativas sociales satisfechas o frustradas, ya que un buen gobierno es mucho más que un conjunto de cifras o leyes promulgadas. Es preciso desentrañar si el proyecto político piñerista ha logrado llegar al puerto al que sus electores esperaban que llegara.

No sería honesto evaluar exclusivamente a partir de la popularidad. Existen gobiernos que han concluido con una adhesión bajísima, como el de Adolfo Suárez en España, que al cabo de unas décadas son objetos de una mayor consideración. Menos aún es un criterio fiable ligar la evaluación a la reelección del presidente o de su coalición. Churchill fue derrotado por Clement Attlee, candidato del Partido Laborista, en las elecciones de 1945. Ello no impide que el juicio histórico deba valorar su liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial.

Podemos encontrar un criterio justo en Michael Mann, quien sostiene que cualquier gobierno de derecha se sostiene en la fuerza movilizadora de tres grandes corrientes de opinión: el nacionalismo, la religión y la tecnocracia. El nacionalismo implica tener capacidad de impulsar la cohesión social sobre la base de un “nosotros” que se afirma frente a un “otro”, externo o interno, que es visto como un peligro o una amenaza. La religión es entendida como fuente de tradiciones que arraigan la convivencia en usos y costumbres que se entienden como “naturales” e inmodificables. Y la legitimación tecnocrática pasa por demostrar mayor capacidad técnica para administrar la economía y la política moderna...

Texto completo en la edición impresa del mes de NOVIEMBRE 2013
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