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- Mónica, su nuevo libro y un recuerdo de Rodrigo. Por Manuel Acuña

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Gobiernos progresistas: El vaso ¿medio lleno o medio vacío? Por Ángel Saldomando

La, ahora puede decirse, larga fase temporal de gobiernos progresistas en América Latina, con reelecciones triunfantes en Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Venezuela, son explicadas como un desplazamiento mayor hacia políticas anti neo liberales o post neo liberales. Algunos describen esta situación como el triunfo de los progresismos contra una ultraizquierda impotente, abstracta y lejos de los intereses del pueblo, y contra una derecha neoliberal internacionalizada. El argumento se transmuta en una suerte de legitimación de lo que hay, con una defensa cerrada de los gobiernos progresistas y sus liderazgos en tanto presidencias, vengan los que vengan. Con ello el argumento es sin duda reductor y limitado.

América latina estaba tan mal con el neoliberalismo que las políticas que enderezaron el barco, recomponiendo el empleo, las políticas sociales, el relance de la reducción de la pobreza y la presencia pública en la economía fueron saludadas socialmente y políticamente en las urnas. Con ello el vaso quedó medio lleno. Unos 15 años después la sostenibilidad de estas políticas, la dependencia de los recursos naturales y una integración regional que cojea y la ausencia de un modelo de desarrollo distinto, muestra la parte vacía del vaso. De todos los presidentes el más franco en este sentido, sin retórica vanguardista, ha sido Mujica al reconocer que hicieron lo que pudieron con lo que tenían. Un pragmatismo bien entendido y en la buena dirección para mejorar la vida de la gente. La cuestión es que ahora se sienten los límites de esa fase y la exigencia de innovar se hace más presente. La reciente reunión de Unasur en Quito lo reconoce a su manera, la necesidad de dar un salto hacia una etapa de crecimiento que reduzca la dependencia de recursos naturales, industrialice y dote de infraestructura. El discurso desarrollista reconecta con la tradición más establecida en el pensamiento progresista de la región y de paso legítima las políticas nacionales con el objetivo finalista del progreso. La cuestión es que esta reedición de pensamiento no busca determinar el contenido, la selectividad y los impactos del buscado crecimiento. Es una suma lineal de inversiones y comercio en volumen que producirá desarrollo.

Detrás de este objetivo aparecen procesos y políticas que sólo aparecen progresistas por una suerte de bendición auto conferida del gobierno que enarbola esa bandera, de ser planteadas por una gobierno de derecha serían quizá calificadas por ellos mismos de neoliberales.

Hay que formular algunas preguntas.

¿Cuál es la política en relación a los recursos naturales?

¿Cuál es la intensidad capitalista del crecimiento proyectado o cómo puede desarrollarse una economía con diversas formas de propiedad, en que el mercado tiene su lugar, pero no es el eje de una modernización capitalista y dónde debe haber más bien sectores vedados al capital y sobre todo al transnacional, particularmente en servicios públicos y control territorial?.

¿Para qué queremos Unasur, el Mercosur y el Banco Sur? ¿Para financiar que tipo de crecimiento y desarrollo? ¿Cuál sería la diferencia en este caso entre la derecha y la izquierda? ¿Sólo la redistribución?

Las preguntas no son banales. En materia de recursos naturales no se ve nada nuevo, siguen aumentando las concesiones, el control territorial, la presencia de transnacionales y los métodos intensivos insostenibles. Las privatizaciones y los servicios públicos siguen siendo un mercado abierto, dónde además el estado no logra regular en todos los casos. La integración regional aparece cada vez más como una mera plataforma para posicionar en el comercio internacional, donde Brasil lleva el juego y todos buscan como engancharse con China como alternativa comercial.

Las consideraciones pragmáticas adquieren en esto todo su peso, lo malo es que se presente como progresos sustantivos, allí donde hay más bien mera adaptación y poco debate.

Esto tampoco es menor. En su último informe sobre economía y cambio climático la Cepal contradictoriamente con sus informes en otras áreas, afirma que el patrón de producción y consumo no es viable, el actual estilo de desarrollo es insostenible dice expresamente (página 11).

No se ve a los progresistas muy preocupados del problema. No hay mucha apertura para discutir ni el desarrollo ni la integración regional en un marco con parámetros distintos. El hiper presidencialismo discursivo y mesiánico de algunos tapa el sol con un dedo pero no aporta nada.

A la hora de las respuestas el progresismo neo desarrollista y el nuevo pragmatismo de la izquierda latinoamericana, bastante domesticado, ha echado mano al arsenal clásico, las diferencias de escala y recursos de los países permiten acomodarse más o menos con el relato, pero no reduce el problema.

Que los gobiernos por razones políticas no asuman el debate es comprensible, que los que tengan que abrirlo no lo hagan es inaceptable. El pensamiento crítico se vuelve apologético o una lucha de retaguardia, justo cuando es más necesario.

No parece haber espacio para pensar en procesos cuyas escalas, sostenibilidad e impactos sean otros que la acumulación intensiva en el marco de la globalización. Unasur puede ser un espacio para la integración pero no para cualquier tipo de integración, los criterios sobre esto no parecen estar muy claros. El riesgo es que un economicismo reductor, envuelto en una retórica de autonomía y fraternidad regional, encubra decisiones y procesos obsoletos sobre el desarrollo, en vez de replantear paradigmas y buscar vías de innovación y sostenibilidad. Unasur necesita abrirse más a los debates que cruzan sus propias sociedades y a la investigación, temperar el híper presidencialismo que exhibe, lo que podría convertirla en un cascarón burocrático, determinado por el capital, justamente al estilo de la Unión Europea.

 
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