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En este numero:

- Declaración de académicos del Centro de Estudios Árabes a la comunidad universitaria chilena e internacional sobre la situación actual en Palestina
- Aylwin y el golpe. Por Enrique Villanueva
- Emotiva despedida a Teresa Izquierdo Huneeus

- Sumario completo



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2018 ¿Año de movimiento estudiantil? Por Andrés Donoso Romo

No hay como predecir si este 2018 tendremos un gran movimiento estudiantil en Chile. Cierto es que el gobierno entrante se siente muy cómodo con ese modelo neoliberal que tan agudamente se criticara en 2011 y cierto es también que son confusas, cuando no contradictorias, las señales que las nuevas autoridades han dado en relación a las últimas transformaciones en la educación superior. Pero aun con estos antecedentes a la mano, no es posible asegurar que este año tengamos otro gran movimiento estudiantil. Y es que aun cuando el signo político del ejecutivo sea un factor importante para explicar la emergencia de los grandes movimientos de este tipo, no es el único, ni tampoco el decisivo. Lo que sí se puede asegurar es que debido a que las razones de fondo que dieron sentido a los últimos movimientos –entre ellas acabar con el mercado educacional– no han sido resueltas adecuadamente, tarde o temprano se levantará otro gran movimiento estudiantil. Dicho con otras palabras, mientras persistan los graves problemas denunciados por el estudiantado, persiste también la posibilidad de que se alineen los factores que confluyen en la aparición de estas expresiones masivas de descontento social.

Pero que no se sepa cuando irrumpirá otro gran movimiento no significa que desde el mundo de la reflexión sistemática, de las humanidades y las ciencias sociales, nada se pueda decir al respecto. Quienes estamos familiarizados con las enseñanzas que legara el educador brasileño Paulo Freire sabemos muy bien que para transformar la realidad es necesario actuar de manera diferente y, si es necesario, movilizarse masivamente. Pero sabemos también que la acción en sí misma, independientemente de las características que esta adquiera, no es garantía de que se alcancen los objetivos propuestos. Debe haber una comunión permanente entre pensamiento y acción, y hoy, antes de que lleguen las urgencias del mañana, es un buen momento para el pensamiento.

Entre todas las posibles entradas que se pueden utilizar para pensar sistemáticamente sobre los movimientos estudiantiles, aquí se optará por una de las que ha estado más notoriamente ausente: la historia. Sí, porque pese a que en el 2011 la juventud movilizada fue consciente de que les precedieron otros grandes movimientos estudiantiles, pues estaban frescos en la memoria los sucesos de 2006, y pese a que una parte de la dirigencia estudiantil recordaba que otras grandes luchas se habían librado en el país durante las décadas de 1980 y 1960, la historia estuvo ausente en este movimiento. Ausente porque más allá de algunas pocas alusiones, no se sabía de la existencia de muchos movimientos que se empezaron a verificar en toda América Latina desde principios del siglo XX y menos aún de los puntos de contacto entre este cúmulo de movimientos. Siendo éste de los olvidos que queman, como diría Alfredo Zitarrosa, porque impedía que se tuviera conciencia de los errores y aciertos que se habían cometido en el pasado.

2018 año de movimientos estudiantiles

Este 2018 ofrece una oportunidad única para intentar remediar esta falta de espesor histórico que presentan los movimientos estudiantiles. Se cumplen cien años del movimiento argentino de 1918, el mismo que tuvo su epicentro en Córdoba e involucró a todas las universidades del país, y los cincuenta años de los movimientos de 1968, entre los cuales mucho se ha recordado al “Mayo Francés” y poco a los que se vivieron ese mismo año a este lado del mundo: el brasileño, el mexicano y el uruguayo. Por esto es que con seguridad este año veremos sucederse una serie de libros, revistas, columnas y encuentros donde se rememorarán estos acontecimientos. Y claro, aunque éstos no han sido los únicos grandes movimientos estudiantiles que ha conocido la región en estos últimos cien años, sí son algunos de los más relevantes. Lo cual es suficiente para asumir que estos actos conmemorativos sí pueden contribuir a darle mayor consistencia a la mirada histórica que se posee, más aún entre el estudiantado, sobre los movimientos estudiantiles.

Todas estas conmemoraciones pueden dejar algún aprendizaje, todas sirven para preguntarnos si hay puntos de encuentro entre las demandas de fondo que movilizaron al estudiantado, si hay similitudes en las formas de lucha que ha desplegado la juventud latinoamericana o si hay elementos comunes entre los resultados que uno u otro movimiento obtuviera. Sin embargo, el primer aprendizaje que debemos incorporar, el más importante, es que si este año 2018 tuviéramos en el país un gran movimiento estudiantil no sería el primero y tampoco sería el último. Nuestros abuelos tuvieron su movimiento estudiantil, nuestros padres tuvieron el suyo y nuestros hijos, probablemente, también participarán de alguno. Desestimar esta enseñanza solo beneficiaría a quienes temen a la historia y que son los mismos, dicho sea de paso, que una y otra vez se oponen a estos movimientos. La idea no es hacer de la historia un fin en sí mismo. Siempre hay que mirar hacia adelante, eso no está en discusión, pero hay que hacerlo con todas nuestras experiencias a cuestas. El no hacerlo sería más que un descuido, un error y, más grave todavía, una negligencia.

Y se seguirán sucediendo los grandes movimientos estudiantiles en Chile, y América Latina, porque siempre sus resultados se ubican en la zona de los grises, aún cuando ellos tiendan a entenderse como sendas victorias, como en Argentina en 1918 o en Uruguay en 1958, o rotundas derrotas, como en Perú en 1923 o en México en 1968. Es decir, el saldo de estos movimientos nunca es un triunfo o un fracaso absoluto, siempre se pueden evaluar desde diversos ángulos, muchos de ellos sensatos, que la mayoría de las veces arrojan estimaciones discordantes. Por ejemplo, cuando años atrás conversara con Óscar Aguilera, académico de la Universidad de Chile, sobre los resultados conseguidos por el último movimiento estudiantil, él me hacía hincapié, y yo asentía, en que era un logro que ahora los estudios de los/as estudiantes comparativamente más pobres se costearan con fondos públicos. Lo que permite comprender al movimiento de 2011 como victorioso. Pero cuando estudiaba los análisis que hacía Fernando Atria, académico de esa misma universidad, me daba cuenta que no podía juzgarse como triunfante a un movimiento que había conseguido fortalecer a ese mismo modelo neoliberal que tan agudamente criticara. Sí, porque cuando la gratuidad se otorga solo a un porcentaje del universo estudiantil (lo que en cualquier parte del mundo se conoce como becas), lo que se provoca a largo plazo es la profundización de la segmentación del sistema educacional, es decir, que los estudiantes pobres se eduquen en las universidades que cumplen solo con lo mínimo mientras los ricos lo hagan en instituciones que, por contar con una mayor cantidad de recursos, ofrecen mejores condiciones de aprendizaje[i].

Con todo, no sabemos si 2018 será año de movimiento estudiantil, nadie puede saberlo. Pero sí sabemos que tarde o temprano irrumpirán nuevos movimientos y que la historia ha sido una de las grandes ausentes en estas manifestaciones, y sí sabemos que 2018 es un año de conmemoración histórica de los movimientos estudiantiles en América Latina y que ya han aparecido algunos materiales relevantes que pueden ayudar a subsanar esta falta de memoria[ii]. De cada uno/a depende contribuir a darle mayor espesor histórico a una lucha que, todo indica, se mantendrá tan vigente como vigentes se mantengan los postulados neoliberales en el mercado, perdón, en el sistema educacional. Que nadie diga que no ha sido invitado/a.

Andrés Donoso Romo es antropólogo, Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Playa Ancha.

[i] Véase, entre otros textos, Fernando Atria, Derechos sociales y educación: un nuevo paradigma de lo público, Santiago de Chile: LOM, 2014.

[ii] Véase, por ejemplo, Renate Marsiske (coord.) Movimientos estudiantiles en la historia de América Latina (Volumen V), Ciudad de México: UNAM, 2017 [Obtener versión digital http://www.iisue.unam.mx/libros/?dd-product=movimientos-estudiantiles-en-la-historia-de-america-latina-v ].

 
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