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¿Pinochet en el museo? Una aproximación a los debates que se vienen: ¿cómo representar a los violadores de DDHH en espacios culturales y educativos? Por Daniel Rebolledo, Nathalia Rubio, Omar Sagredo y Maeva Schwend

Durante la mañana del miércoles 9 de mayo, la exposición temporal del Museo Histórico Nacional (MHN), “Hijos de la Libertad: 200 años de independencia” fue depuesta y Pablo Andrade, director de la institución, fue desvinculado de su cargo por orden del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. La muestra fue removida debido a la presencia en ella del ex dictador Augusto Pinochet, quien, en conjunto con otras figuras históricas, aparecía acompañado de una frase que resumía su idea de “libertad”. En el recuadro del ex gobernante de facto se leía: “La gesta del 11 de septiembre incorporó a Chile en la heroica lucha contra la dictadura marxista de los pueblos amantes de su libertad”.

Como parte de la comunidad de trabajadoras y trabajadores del patrimonio y la memoria, las y los autores de este escrito consideran necesario plantear críticas y reflexiones acerca del rol pedagógico de los museos y los ejes temáticos del pasado reciente, a partir de la controversial determinación de suprimir esta exposición. En específico, quisiéramos enfatizar tres asuntos relacionados tanto a la muestra en cuestión como al tratamiento que ésta recibió. Por una parte, es destacable la reacción ciudadana y gubernamental relativa al rechazo de la figuración de Pinochet en el espacio público. De manera transversal, institucionalidad, organizaciones de la sociedad civil y comunidad en general, expresaron su malestar respecto de la aparición del ex dictador en un sitio, considerado educativo y transmisor de la memoria nacional, como el MHN. Si bien, la respuesta pública puede ser cuestionable en tanto no consideró el sentido integral de la exposición, el espíritu cívico que la motivó es propio de una sociedad que aspira a no tolerar el olvido y/o la negación.

Por otro lado, la situación pone de manifiesto la complejidad que existe respecto de la creación de materiales, exposiciones y documentación en general, sobre nuestro pasado reciente. Entendiendo que las interrogantes “qué contar” y “cómo hacerlo” son las principales dificultades asociadas al abordaje de las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura cívico-militar, la figura de Pinochet (o de otros responsables del terrorismo de Estado), genera, además, otras controversias relacionadas a la pregunta acerca de dónde instalar a los perpetradores. En este sentido, la citada exposición del MHN, diseñada como la primera de tres muestras temáticas en torno a la conmemoración de la emancipación nacional, presentó una propuesta innovadora en términos de acercamiento a episodios históricos mediante el análisis de discurso. Abordando algunas de las más importantes representaciones, usos (y abusos) de la idea de “libertad” a lo largo de la historia del país, la exhibición contenía imágenes de líderes políticos, activistas y artistas nacionales, cuyas nociones sobre la libertad representaban diferentes corrientes culturales e ideológicas propias de diversas épocas.

Es posible cuestionar metodológica y técnicamente cómo se presentó la cita del ex dictador, o considerar que su posible lectura, desde fotografías sin contexto para quienes no asistieran a la exposición, podía inducir a una interpretación distinta a la que se esperaba, hiriendo la sensibilidad de familiares y víctimas de la dictadura cívico-militar. Sin embargo, y estando al tanto de que, bajo ningún punto de vista, la muestra destacaba positivamente a Pinochet, la presencia del ex dictador permitía, al menos, dos acciones reflexivas históricamente, desde una perspectiva pedagógica. Por un parte, identificar la utilización políticamente sesgada y convenenciera de la idea de libertad que la Junta Militar instaló en el imaginario colectivo, y, por otro lado, contrastar la concepción de libertad que promovió la dictadura cívico-militar con las nociones manejadas sobre este concepto en periodos democráticos. Ambas perspectivas, relevaban la función educativa y provocadora que debe caracterizar el ejercicio expositivo de los museos.

Desde esta última visual, tanto las declaraciones de Pablo Andrade en las que se reconocían desaciertos en el despliegue de la muestra, como el tiempo que ésta permaneció abierta (desde comienzo de abril), podrían ser considerados signos de un fenómeno socio-mediático: el tratamiento tendiente al sensacionalismo y la desinformación respecto de una propuesta histórica novedosa. Ejemplo de esta afirmación es que durante las últimas jornadas antes de su clausura, la exposición comenzó a recibir duros ataques debido únicamente a la presencia de Pinochet entre las figuras históricas seleccionadas. Las críticas se concentraron exclusivamente en la figura del ex gobernante de facto, desconociendo el sentido de su aparición en la muestra y el ordenamiento integral de ésta. Rápidamente, columnistas y medios de comunicación digitales comenzaron a analizar e informar sobre la polémica, reproduciendo parcialmente las voces críticas, facilitaron la precarización de la información acerca de la exposición y el crecimiento de reseñas relativamente desinformadas. La condena pública contempló, incluso, acusaciones de negacionismo o de incitación al odio, respecto de una muestra temática que buscaba precisamente, lo contrario.

Por último, en base a lo anteriormente expuesto, consideramos que las medidas adoptadas por la autoridad ministerial fueron apresuradas y descontextualizadas. Lo sucedido con el MHN representa un acto de censura que no sólo vulnera la autonomía creativa de los museos, sino que también daña los procesos internos de desarrollo y organización al remover a sus gestores. En este sentido, debemos recordar que el MHN durante los últimos años, ha realizado un interesante trabajo en integrar como parte de sus muestras temporales y actividades de extensión, la cuestión étnica, la igualdad de género y la visibilización de historias subalternas, comenzando una necesaria apertura, con toda la complejidad que conlleva, al recaer en esta institución la responsabilidad de “reflejar la realidad histórica de un país”, hasta ahora más bien oligárquica y centrada en la idealización del Estado-Nación. Esta decisión, compromete también el trabajo de años en la creación de un nuevo guión para el Museo, que se ha realizado participativamente con la comunidad y en la cual se apuesta por una nueva mirada crítica, donde se percibe el discurso histórico en su amplitud, reconociendo que su construcción debe ser fruto de los procesos culturales, históricos, sociales y económicos de nuestra realidad latinoamericana, no exenta de relaciones de poder y de sincretismo cultural.

En definitiva, esta situación resulta preocupante en relación al futuro de cualquier iniciativa museológica que apunte a fomentar el democrático ejercicio de debate sobre ideas y conceptos políticos. Especialmente de aquellos que nos permitan reflexionar en torno a los elementos constitutivos de la identidad nacional, incluyendo tanto a los actores que históricamente lucharon y defendieron la libertad, como a Pinochet que, a través de una cruenta dictadura, buscó destruirla. En un contexto donde aún se hace presente, por ciertos sectores, un negacionismo de la dictadura cívico-militar y sus crímenes, somos responsables no sólo de visibilizar y denunciar sus acciones y consecuencias, sino también la ideología de que se hizo parte. Sólo así nuestras nuevas generaciones, desde una visión crítica y comprometida, podrán valorar la importancia de la democracia, la defensa de los derechos humanos y el sentir del “Nunca más”.

Daniel Rebolledo, Antropólogo
Nathalia Rubio, Historiadora
Omar Sagredo, Politólogo
Maeva Schwend, Conservadora-Restauradora

 
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