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Auge de las extremas derechas, su impacto en la salud pública y la calidad de vida en Chile. Por Alejandro Novoa Luengo

Durante gran parte del siglo XX, la salud pública se estructuró bajo un paradigma estrictamente biomédico, limitando su acción a la prevención de patologías y la reducción de la mortalidad. Sin embargo, la evolución de las ciencias sociales, la epidemiología social y la psicología del bienestar ha forzado un desplazamiento crítico: la salud ya no puede entenderse únicamente como la ausencia de enfermedad, sino como un estado integral indisolublemente ligado a las condiciones sociales de existencia (1). En este escenario, el concepto de calidad de vida emerge no solo como un indicador estadístico, sino como una categoría teórica fundamental para evaluar cómo las decisiones políticas impactan la experiencia vital y la percepción subjetiva de bienestar de la ciudadanía. En Chile, este vínculo entre lo político y lo sanitario adquiere una relevancia urgente ante el avance de movimientos de extrema derecha, cuya retórica y propuestas amenazan con reconfigurar la arquitectura institucional que sostiene la vida colectiva (2).

La calidad de vida como arena política

La investigación contemporánea reconoce que el bienestar humano no se agota en variables económicas o sanitarias objetivas; las personas evalúan su existencia a través de dimensiones subjetivas como la seguridad, la confianza institucional y el sentido de pertenencia. Según plantea la Dra. Graciela Tonon, la calidad de vida es una herramienta estratégica para comprender la relación entre ciudadanía y políticas públicas, pues el bienestar depende directamente del modelo de sociedad que el Estado promueve. Por tanto, la salud pública deja de ser una cuestión puramente administrativa para transformarse en una dimensión eminentemente política.

El acceso a derechos fundamentales: salud, educación, protección social o laboral, no constituye meras prestaciones estatales, sino que configura el "campo de posibilidades vitales" de la población y su experiencia cotidiana de bienestar. Cuando el Estado organiza la vida social sobre marcos de cooperación, el entorno se vuelve predecible y significativo, facilitando la homeostasis del bienestar subjetivo. No obstante, cuando el escenario institucional introduce incertidumbre persistente o antagonismos profundos, los mecanismos psicológicos que estabilizan la satisfacción vital se ven alterados. En este sentido, la cohesión social funciona como un auténtico regulador psicológico del bienestar; su deterioro tiene efectos epidemiológicos indirectos pero potentes sobre la salud mental colectiva.

La anatomía del fenómeno en Chile

El crecimiento de las extremas derechas en Chile no es un evento electoral aislado, sino el síntoma de una crisis de representación política y una fragmentación del campo ideológico tradicional. Estos movimientos se caracterizan internacionalmente por una amalgama de autoritarismo, xenofobia, misoginia y un marcado cuestionamiento del conocimiento científico (3). En el contexto chileno, autores como Kaltwasser y Díaz señalan que esta irrupción se vincula con tensiones culturales profundas sobre la identidad, el estatus y el reconocimiento social (4).

Un rasgo distintivo de esta nueva derecha populista es el uso de estrategias comunicacionales basadas en la posverdad y la promoción de políticas de coerción estatal (5). La evidencia empírica en el país muestra una creciente aceptación de discursos punitivos y valores autoritarios, especialmente en sectores que simpatizan con colectividades como el Partido Republicano. Desde la perspectiva de la salud pública, este clima de polarización actúa como un determinante social que fragmenta los vínculos comunitarios, factores protectores esenciales para el bienestar, y altera la percepción de seguridad cotidiana. La transformación política modifica la confianza institucional y la cohesión, impactando directamente en la satisfacción vital de las personas.

Necropolítica sanitaria y la jerarquización de la existencia

Uno de los conceptos más alarmantes para el análisis sanitario contemporáneo es el de la necropolítica sanitaria. Esta perspectiva, desarrollada por autores como Belardo (6), sugiere que ciertas orientaciones políticas redefinen implícitamente qué vidas merecen protección y cuáles pueden quedar expuestas a la vulnerabilidad. Bajo los marcos ideológicos de la extrema derecha, la salud tiende a desplazarse desde un derecho universal hacia un resultado de jerarquías sociales. Esta reorganización del criterio de protección implica que el Estado deja de orientarse a la reducción global del riesgo para tolerar niveles diferenciados de desprotección según grupos sociales. La desigualdad, por tanto, no es un efecto colateral, sino un mecanismo productor de enfermedad y un factor de deterioro de la calidad de vida. Cuando el debate público abandona la universalidad de derechos para adoptar criterios selectivos de pertenencia o mérito, la salud pública se tensiona entre la inclusión y una exclusión sistemática que redefine los límites de la ciudadanía y genera escenarios de vulnerabilidad diferenciada.

El caso del aborto: moralización frente a salud pública

El debate sobre el aborto en Chile ilustra con nitidez cómo las orientaciones ideológicas operan como determinantes de salud. La persistencia de restricciones legales y la ofensiva de sectores de ultraderecha contra las causales vigentes no eliminan la práctica, sino que la desplazan a circuitos clandestinos. Esto genera riesgos sanitarios evitables y una subnotificación epidemiológica que impide diseñar políticas preventivas eficaces y dificulta el registro de complicaciones (7).

Al transformar un problema sanitario en un asunto estrictamente moral, se produce una ausencia de protección estatal que impacta desproporcionadamente a los grupos más vulnerables. Este fenómeno ejemplifica la exclusión sanitaria en la que las decisiones legislativas determinan condiciones diferenciales de seguridad y bienestar, modelando las condiciones mismas de vida y muerte de determinados grupos sociales y afectando su expectativa vital (8).

El impacto en la subjetividad y la cohesión comunitaria

Desde la teoría del bienestar, se entiende que la satisfacción vital es relativamente estable gracias a mecanismos homeostáticos. Sin embargo, esta estabilidad depende de la previsibilidad del entorno social. La polarización extrema tiende a erosionar la confianza interpersonal y la identificación colectiva, factores que median entre las condiciones materiales y la experiencia subjetiva de felicidad. En escenarios donde se disputa incluso la legitimidad del conocimiento científico, se altera la percepción de estabilidad cotidiana necesaria para la salud mental.

La evidencia indica que la percepción de apoyo social e integración comunitaria son factores protectores fundamentales. Por ello, el deterioro del clima social producto de discursos excluyentes incide negativamente en la salud pública al debilitar los vínculos que sostienen el bienestar. La calidad de vida en Chile funciona hoy como un indicador sensible del funcionamiento del sistema social, cuando la estructura de sentido compartido se debilita, el bienestar colectivo se deteriora incluso antes de que aparezcan efectos materiales observables.

Consecuencias de la fragmentación ideológica

El auge de estas corrientes no constituye únicamente una reacción circunstancial, sino una reconfiguración cultural profunda caracterizada por la resignificación de la identidad nacional y el cuestionamiento del pluralismo. Existe una normalización discursiva de posiciones excluyentes que, sin abandonar la institucionalidad, tensionan los principios democráticos fundamentales. Este proceso fragmenta la estructura de sentido compartida, alterando las condiciones psicológicas que sostienen el bienestar en la vida diaria.

La transformación del orden social se traduce en malestar cotidiano. La investigación sobre bienestar no es neutral, pues está ligada a la forma en que se organiza la vida social. En contextos de crisis de representación y reconfiguración del sistema partidario como el chileno, los cambios en la confianza institucional y la percepción de futuro son determinantes. La salud colectiva depende, en última instancia, de la estabilidad simbólica del orden social y de la capacidad de la sociedad para gestionar derechos y oportunidades de forma equitativa.

Hacia una síntesis del bienestar colectivo

El análisis desarrollado permite sostener que la calidad de vida constituye el punto de articulación definitivo entre salud pública y organización social. El bienestar de la población chilena no depende únicamente de la disponibilidad de recursos hospitalarios o sanitarios, sino del contexto institucional y comunitario en que se desenvuelve la vida diaria. Por ello, las transformaciones políticas no son fenómenos externos a la salud, sino sus determinantes estructurales.

En conclusión, el estudio del auge de las extremas derechas es inseparable del análisis de la calidad de vida y la salud pública contemporánea. Comprender la orientación política del Estado equivale a comprender las condiciones en las que la población vive, enferma y proyecta su futuro. Si la salud pública ha de cumplir su misión, debe integrar el análisis sociopolítico en sus marcos explicativos, reconociendo que la organización social condiciona la experiencia subjetiva de bienestar y la vida misma. El desafío para Chile radica en sostener la universalidad de los derechos frente a proyectos que proponen una vulnerabilidad diferenciada, pues la calidad de vida de una sociedad se mide, fundamentalmente, por el grado de integración y reconocimiento que es capaz de garantizar a cada uno de sus miembros. La salud pública, por tanto, debe redefinir su horizonte normativo para evitar que la protección colectiva se vea sacrificada ante criterios selectivos de pertenencia social.

Notas:

(1) Tonon, G. (2010). La utilización de indicadores de calidad de vida para la decisión de políticas públicas. Polis (Santiago), 9(26). https://doi.org/10.4067/s0718-65682010000200017

(2) Kaltwasser, C. R. (2019). La (sobre)adaptación programática de la derecha chilena y la irrupción de la derecha populista radical. Colombia Internacional, 99, 29-61. https://doi.org/10.7440/colombiaint99.2019.02

(3) March, S., Carrasco, J. M., Flores-Balado, Á., Muñoz-Haba, A., Pereira-Iglesias, A., & Zaragoza, G. A. (2025). Potential Global Effects of the Rise of the Far Right on Public Health. American Journal Of Public Health, 115(6), 873-882. https://doi.org/10.2105/ajph.2025.308016

(4) Díaz, C., Kaltwasser, C. R., & Zanotti, L. (2023). The arrival of the populist radical right in Chile. Journal Of Language And Politics, 22(3), 342-359. https://doi.org/10.1075/jlp.22131.dia

(5) Espinoza, A. A. S., & López, V. A. P. (2020). Posverdad como repertorio de acción: Disputa discursiva de la ultraderecha chilena en Facebook. Revista Temas Sociológicos, 27, 789-833. https://doi.org/10.29344/07196458.27.2502

(6) Belardo, M. (2025, 24 diciembre). «QUIÉN MERECE VIVIR»: LA NECROPOLÍTICA SANITARIA DE LA EXTREMA DERECHA GLOBAL. https://revistas.untref.edu.ar/index.php/ciudadanias/article/view/2807

(7) Sobre el aborto y la salud. Por Marcia Venegas y Claudia Santiago. Asociación Ginecólogas Chile. (2025, 22 octubre). Le Monde Diplomatique. https://www.lemondediplomatique.cl/sobre-el-aborto-y-la-salud-por-marcia-venegas-y-claudia-santiago-asociacion.html

(8) Tres causales contra la ultraderecha. (2025, 1 noviembre). Le Monde Diplomatique. https://www.lemondediplomatique.cl/2025/11/tres-causales-contra-la-ultraderecha.html Alejandro Novoa Luengo. Psicólogo, Doctorando PhD Psicología.

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