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Aumenta el sobrepeso y la obesidad infantil: ¿sorpresa? por Alberto Moreno Doña

Los medios de comunicación se han hecho eco, en días pasados, del ultimo Mapa Nutricional Junaeb 2020 ( https://www.junaeb.cl/wp-content/uploads/2021/03/MAPA-NUTRICIONAL-2020-POR-RBD.xlsx ). En él se nos muestra cómo el sobrepeso y la obesidad infantil vuelven a aumentar y cómo las comunas más vulnerables son las más afectadas. Además, se nos señala que la actual pandemia ha ocasionado ciertos niveles de desnutrición, sobre todo en contextos vulnerados. El Director Nacional de JUNAEB, el Sr. Jaimé Tohá, llama la atención sobre el posible círculo vicioso entre vulnerabilidad y obesidad y su relación con la salud, la educación, la autoestima y otras dimensiones humanas. A partir de ahí, el Sr. Tohá señala la importancia de fortalecer los programas “Alimentación Escolar” (enfatizando la educación nutricional), “Contrapeso” y “Piloto de Obesidad”. Por otro lado, desde “Elige Vivir Sano” se señala la relevancia de seguir con medidas como: “implementación de huertos escolares, talleres de educación nutricional, instalación de puntos verdes, programas que contribuyen a mejorar la condición física de los escolares y aumento de espacios deportivos que van de la mano con mejoramientos urbanos y comunales” (https://www.junaeb.cl/archivos/63811).

Ya en el año 2019 escribí una columna de opinión donde dejaba constancia de que la obesidad infantil no es un problema sólo individual relacionado con el qué comer, cómo alimentarse, cuántos conocimientos se poseen acerca de los hábitos saludables, cuánta actividad física hay que hacer, etc…; sino que es un problema estructural y comunitario relacionado con el tipo de sociedad-cultura que habitamos.

Y en ese sentido, hay que señalar algunas características propias del Chile en el que viven los niños, niñas y niñes y desde donde es posible explicar la ‘naturalidad’ propia del avance constante y sostenible del aumento del sobrepeso y obesidad en los infantes. Ello justificaría, a mi entender, el no tener que sorprenderse por los datos del último informe. A la vez me permitiría decir que los datos seguirán empeorando, en los próximos años, a no ser que asumamos la necesidad de construir otro Chile en el que los niños, niñas y niñes sean tratados, verdaderamente, como sujetos de derecho y en el que asumamos que el criterio económico no puede ser la única lógica desde las que tomar decisiones y desde las que construir políticas públicas.

De fondo, lo que está ocurriendo es que la configuración de la vida infantil, en general, y de las ciudad, en particular, está siendo llevada a cabo desde una mirada adultocéntrica, desde una perspectiva economicista y desde unos principios políticos que niegan a las infancias.

Intentemos explicar la relación entre estas tres características y el tema de la obesidad. Los planes reguladores de las ciudades están discutidos, exclusivamente, por adultos. La imposibilidad ontológica de hacerlo como niño(a) requeriría de invitar a los propios infantes a ser parte activa de dichas discusiones. La razón es simple, que no superficial. Observar, conocer y aproximarse a la ciudad desde 120cm de altura, desde subjetividades infantiles, desde intereses focalizados en la infancia, etc…, permite otras configuraciones del espacio-tiempo urbano. No considerar a los niños/as/es en la configuración de esas ciudades hace de ellas espacios y tiempos donde las infancias son negadas, donde la libertad infantil no es considerada y donde los derechos infantiles son eliminados. No olvidar, por ejemplo, esa gran cantidad de espacios públicos-privados donde encontramos carteles del tipo: “prohibido jugar a la pelota”. Una sociedad que permite la apertura de malls, durante la pandemia, pero que no crea espacios y tiempos para que los infantes, junto a sus familias, puedan construir una vida más allá de la pantalla y del consumo, es una sociedad condenada al sobrepeso y la obesidad. Un país que privilegie los vehículos motorizados por sobre otros medios activos de transportarse es un país que le da más importancia al criterio económico por sobre el bienestar infantil.

Y desde aquí comenzamos a visualizar una serie de políticas-programas muy efectivos para otros contextos pero poco pertinentes para la realidad nacional. Implementar huertos escolares cuando un gran porcentaje de infantes viven hacinados resulta poco eficiente. Talleres de educación nutricional para niños-as-es de familias que son parte del 50% de trabajadores(as) chilenos(as) que gana menos de $380.000.- pesos chilenos mensuales (Durán y Kremerman, 2018), en un país donde el valor promedio de arriendo mensual de una casa en zona urbana asciende a $220.000.- pesos chilenos (Ciper, 2018) parece realmente sorprendente. Mejorar la condición física de niños(as) cuyas familias deben trabajar más de 10 horas al día y en donde no existe ningún tiempo de ocio parece, al menos, contradictorio, por no decir irrisorio.

Para disminuir los niveles de sobrepeso y obesidad infantil requerimos de políticas dirigidas, realmente, hacia el bienestar de los niños, niñas y niñes como sujetos de derechos. Ellos, ellas y elles deben hablar, deben conversar, deben opinar. En definitiva, deben decidir.

El Presidente nos dijo, hace un tiempo, que los niños, niñas y niñes iban a estar en primera fila. Lo que no nos dijo fue a la fila a la que se refería. Si hablaba de la fila del trato inhumano para con las infancias, no nos engañó.

Dr. Alberto Moreno Doña
Universidad de Valparaíso, Facultad de Medicina, Escuela de Educación Parvularia

alberto.moreno@uv.cl

https://albertomorenodona.com/

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