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Automóviles vs armamento. Por Alicia Gariazzo

Prefiero que los militares se gasten los fondos reservados del cobre en autos para la familia que en armamento para reprimirnos. Con los autos lo más grave que puede pasar es que nos atropellen y queden impunes, pero con el armamento ya sabemos todo lo que nos pueden hacer. También que la represión deja en el alma huellas imborrables, como las que tenemos desde 1973, tanto los que sobrevivimos, como los soldados obligados a matar a sus hermanos. Ni reprimidos ni represores queremos revivir tan espantosa experiencia. En las guerras, internas o externas, solo ganan los comerciantes, los que venden las armas, los que especulan o se apropian de los territorios o factores en pugna. Es tanta la claridad que hay sobre esto, que ya la guerra se ha privatizado y normalmente los países que se embarcan en provocaciones, funcionan con empresas encargadas de pagar un salario a los que van a la guerra.

Hasta mediados del Siglo XX la guerra parecía heroica, con ejércitos nacionales, defensa de principios y de ese concepto extraño e inasible llamado LIBERTAD. La más apreciada derrotó al nazismo inhumano, pero con la invasión norteamericana a Vietnam, donde se masacró a un pueblo indefenso que todavía sufre secuelas del napalm y el Agente Naranja[1], murió todo romanticismo. A medida que la guerra se fue privatizando, desaparecieron los sueños y la discusión sobre esta fue quedando en un interregno de mentira y secreto, predominando, como todo en el mundo actual, el interés por el negocio.

Hoy, la venta de armas es uno de los negocios más rentables del mundo.[2] La empresa norteamericana Lockheed Martin, la mayor fabricante mundial de armamento, gana cada año más de 34.000 millones de euros, cifra superior al PIB de 97 países, y cinco veces el presupuesto de ONU para misiones de paz.

La guerra también deja muertos, discapacitados y desplazados, en su mayoría los más vulnerables, no los dueños de las corporaciones. En 2015, ACNUR contabilizó 59,5 millones de desplazados de guerra. Todos los días vemos testimonios de las atrocidades que están ocurriendo en los países árabes, impulsadas y apoyadas sin pudor por los EEUU desde su invasión abierta a Irak. Lo que ocurre en el Congo promovido por las empresas en guerra por el coltan, mineral indispensable en la industria digital, es menos conocido.

Las empresas fabricantes de armas son privadas, pero hacen negocios con los Gobiernos y las FFAA. Linda Akerstrom, Directora de Desarme de la Sociedad Sueca de Paz y Arbitraje, lo denuncia informando que “incluso países con grandes problemas económicos siguen invirtiendo en armas y cita el caso de Grecia”. Alemania es el principal proveedor de armas a Grecia, que dedica el 4% de su PIB a fines militares, siendo la media de los países de la OTAN 2,5%. Åkerström admite que “armar a un país es la forma perfecta para crear conflictos” y añade que los países productores de armas hablan de crear empleo, apoyar la paz y la seguridad, pero facilitan las armas.

Se dice que Trump tiene acciones en Raytheon, la empresa que produce los misiles Tomahawk lanzados sobre la base naval Al-Shayrat en Siria. La operación no tuvo mayor sentido, pero las acciones de la empresa subieron considerablemente. En EEUU, centro de gravedad del negocio de la guerra, las donaciones de campaña de los contratistas militares son vitales para alcanzar la Casa Blanca. En 2013 los fabricantes de armas desembolsaron más de 137 millones de dólares para obtener el favor de los congresistas estadounidenses, según el Centro para Políticas Responsables, con sede en Washington.

En diciembre de 2014 entró en vigor el Tratado sobre el Comercio de Armas de las Naciones Unidas, que demanda a los Estados miembros informar sobre la compra y venta de armas y prohíbe las exportaciones a países donde hay crímenes de guerra y de lesa humanidad. Un total de 130 países lo firmaron, pero aún no lo ratifica EEUU, país que abarca un tercio de las exportaciones militares mundiales y que presume tener 88 armas por cada 100 habitantes. En 2013 la Unión Europea estableció un embargo sobre la venta de armas a Egipto, pero en marzo de 2015 lo levantó y la administración Obama restableció su programa de asistencia militar, consistente en un cheque anual de 1.300 millones canjeable por armas hechas en EEUU.

Las exportaciones militares de Francia pasaran de 4.800 millones de euros en 2012 a más de 12.000 millones en 2015. En España “la industria pide reiteradamente el apoyo gubernamental para poder vender fuera”, reconoce Eva Cervera, directora de Edefa, el mayor medio hispano especializado en Defensa. Cuando Morenés fue Ministro de Defensa, las embajadas y consulados de España abrieron más de 37 agregadurías militares que impulsaron los contratos de la industria armamentista española. Al no existir instituciones independientes que controlen este comercio, los gobiernos pueden mantener en secreto lo que quieran, como en España, donde el Ejecutivo autoriza que el 20% de las exportaciones vaya a países en conflicto, entre ellos Israel, Arabia Saudí y Ucrania, destaca Jordi Calvo.

Es por eso que los patipelados, que somos la mayoría en Chile, deberíamos discutir sobre la existencia de nuestras FFAA.

En el caso de que las necesitemos, sea por seguridad externa o interna, deberíamos ponernos de acuerdo en las cualidades que debe tener el grupo de chilenos que posee todas las armas de guerra del país. En primer lugar no debería mentir, tener secretos, gastos reservados, ocultar nada de nuestra historia, ni cometer actos contra la humanidad.

Si no van a defendernos del enemigo extranjero, deberían cumplir tareas nacionales. Podrían encargarse de aquellas vinculadas a los desastres naturales, impedir el ingreso de la droga desde Perú y Bolivia por la Frontera Norte, preocuparse de la defensa de los más vulnerables donde se incluyera la ayuda y la solidaridad. Deberían producirnos admiración y respeto.

Un país que depende del precio del cobre, que vive de recursos naturales casi agotados, afectada por el cambio climático, con una de las poblaciones más viejas del mundo y cuya longevidad aumenta día a día, no puede tener unas FFAA tan ricamente financiadas para defendernos de una posible guerra inexistente.

Inexistente incluso para los propios mandos militares, ya que, como contaba un amigo experto en armamento, las armas de guerra de nuestras FFAA, por lo menos hasta 1973, no eran de largo alcance. No servían en una frontera, solo para la represión interna. Por algo se necesitaron aviones estadounidenses para bombardear La Moneda.

Según lo que nos enseñaron en Educación Cívica, en la época en que aún se impartía esta materia, el rol de las FFAA chilenas era defender la seguridad nacional, es decir a lo menos atemorizar al enemigo extranjero, pero tener armamento no es la única forma. Costa Rica abolió sus FFAA el 1 de diciembre de 1948, pese a ser calificado según la “cultura chilensis” como un país bananero. Este país, modelo de democracia, dirime a través del diálogo los conflictos con sus vecinos. No ha sufrido ninguno nunca con estos, pese a encontrarse en una zona muy especial y tener fronteras con Nicaragua, país que ha vivido guerras e insurrecciones.

Nos saldría más barato y saludable imitar este ejemplo, tener un buen trato con los países vecinos, llegar a acuerdos que nos favorezcan a todos, emprender acciones conjuntas para ser más fuertes frente a las grandes potencias. Ya no necesitamos el modelo actual de FFAA y ya no se requiere la represión interna, porque los poderosos lo tienen todo. Tampoco podemos costear Generales como Fuentealba. Salen muy caros.

[1] Producidos por Monsanto que hace negocios con Chile a través de la Bayer, que se enriquecen con la venta de semillas transgénicas

[2] Según fuentes proporcionadas por Internet

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