Es vergonzoso lo que está ocurriendo en Chile en estos tiempos...
Cuando se observa y analiza cómo Elly Schlein, principal figura de la oposición a la primera ministra Giorgia Meloni, la defiende con firmeza y claridad en el Parlamento italiano, y, con ello, también a su gobierno, pese a ser adversarias políticas (esto es evidente en los debates que han tenido entre ambas), se advierte un gesto de grandeza institucional. Schlein no tolera lo que considera una falta de respeto brutal de Donald Trump hacia Meloni y, por extensión, hacia el pueblo italiano, ni acepta injerencias en la política exterior del país. En ese gesto se reconoce una primacía de la visión de Estado por sobre las diferencias ideológicas.
Sin embargo, lo ocurrido en Italia no se replica en otros lugares de este pequeño rincón de la galaxia. Por ejemplo, resulta muy difícil imaginar una actitud similar en la oposición de las derechas lideradas por Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal frente al presidente Pedro Sánchez y su gobierno en España. En Chile ocurre algo parecido al caso español, pero en sentido inverso. Aquí, ha ganado un gobierno de ultraderecha, no olvidemos que Chile tiene dos partidos que son formalmente de ese espectro político, y, para gobernar, al no contar con mayoría suficiente para gobernar en solitario, se apoyan en sectores de la derecha tradicional, algunos liberales e incluso ciertos socialdemócratas desorientados y perdidos (por llamarlos de alguna forma).
Para sostener su gobernanza, este tipo de proyecto ideológico de ultraderecha suele recurrir, como se ha visto en otros países, a la invención de una crisis sobredimensionada, exagerada o, literalmente, inexistente, con el fin de desplazar radicalmente el horizonte de sentido del país, tanto en lo económico como en lo valórico, bajo una ideología improvisada, chapuza y sin mayores escrúpulos (esto se ve a diario de forma constante mientras se suceden los hechos en poco más de un mes de gobierno de Kast). Este patrón, repito, no es ajeno a lo observado en otros países (Argentina, El Salvador, Estados Unidos, etc.). Aunque este modo de operar resulta, para muchos de NosOtros, predecible, no deja de ser preocupante por el daño radical que se genera. Sus efectos se perciben todos los días: los experimentan incluso quienes apoyan a esos sectores, y, en última instancia, terminan afectando al conjunto de la sociedad chilena y también a sus vecinos cercanos del mismo continente como lejanos.
Empero, todavía la cosa puede ser peor, cualitativamente, porque es más radical lo que sucede cuando no hay visión de Estado por parte de un gobierno entrante y, por ejemplo, no solamente no se apoya la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU, sino que además se hace todo lo posible, con alevosía, desde generar mentiras sobre ella hasta amenazar a funcionarios, para que fracase estrepitosamente. Y esto que sucede hoy en Chile, escribo este texto a la altura de abril de 2026, es realmente indignante. Estamos ante un gobierno miope e ideológicamente extremo que, junto a sus secuaces y cómplices silenciosos, hace todo lo posible para que una chilena brillante, realmente excepcional, expresidenta de Chile en dos periodos, no sea la secretaria general de la ONU.
Por tanto, ante este actuar del gobierno de Kast, nos acontece hoy como radicalmente un acto de traición a la patria y a cada uno de los chilenos, ya a los que no han dejado y forman nuestro pasado como pueblo, ya a los que están por venir; y, además, es una traición brutal al buen gusto de una tradición republicana y social y, también, al sano sentido institucional e histórico. Y todo lo que expreso en este breve escrito lo realizo sin contar el daño que le generan a la propia Organización de Naciones Unidas, a todos NosOtros, de que, por fin, se pueda contar con una mujer tan capacitada para el cargo y que expresa visiblemente una nueva dirección del organismo a la altura de los requerimientos que exige hoy en día este planeta tan golpeado por la arbitrariedad ideológica que daña de modo radical al humano y a la realidad en su conjunto.
En este momento tan especial para Chile y el mundo, queda claro que, independientemente de lo que ocurra con la candidatura de Bachelet, ella ya ha ganado en cierto sentido. Fue histórico para Chile ver a Bachelet, un martes 21 de abril de 2026, en la ONU mostrando su candidatura a 193 delegados de los países que la conforman. Ella ha triunfado por su forma de ser ante todos: con su dignidad y la mirada de quienes piensan en grande. Resulta evidente al escucharla que está profundamente comprometida con la construcción de una “Barca del Nosotros”, que nos invita y nos impulsa a generar una forma de convivir que vaya más allá de nuestras diferencias ideológicas.
Concón, 23 de abril de 2026
