La Secretaría General de la ONU se encuentra en proceso de renovación para un nuevo período. En ese escenario, Chile —bajo la administración del Presidente Gabriel Boric— ha manifestado interés en promover una candidatura consistente.
El proceso no es simple. Las reglas del Consejo de Seguridad exigen nueve votos favorables de los quince y la ausencia de veto por parte de los miembros permanentes: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China. Entre las postulaciones que ya circulan figuran Rafael Mariano Grossi (Argentina), Rebeca Grynspan (Costa Rica) e Ivonne Baki (Ecuador–Líbano), además de eventuales candidaturas provenientes de otros países.
Un escenario internacional tensionado
El contexto global no es neutro (nunca lo es). El Presidente Donald Trump ha sido particularmente crítico respecto del desempeño y orientación ideológica de la ONU, cuestionando su eficacia y promoviendo una política exterior más unilateral. Las discrepancias en torno al cambio climático y el retiro de Estados Unidos de diversos organismos multilaterales evidencian esa postura, más varias otras.
Con matices, también Rusia, Israel e India han manifestado reparos frente a lo que consideran posibles injerencias del sistema multilateral en sus asuntos internos. El multilateralismo atraviesa, por tanto, una etapa de tensión estructural, marcada por el resurgimiento de lógicas nacionalistas y decisiones que, en ocasiones (varias), se adoptan al margen de los consensos internacionales.
El debate interno en Chile
En el plano doméstico, el debate ha sido menos profundo de lo que cabría esperar para una definición de política exterior de esta magnitud. El oficialismo ha oficializado la candidatura anunciada el año pasado, sumando apoyos relevantes como los de Brasil y México. Su eje argumental apunta a fortalecer el multilateralismo, mejorando el diálogo entre Estados.
La figura de Michelle Bachelet constituye, sin duda, una carta de peso por su trayectoria internacional y reconocimiento global, particularmente tras su paso por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (antes dio forma a ONU Mujeres). Sin embargo, sectores de la derecha más dura han cuestionado su desempeño en ese cargo, especialmente en relación con su actuación frente a situaciones en Venezuela, Nicaragua y Cuba (sin perjuicio de los críticos planteamientos realizados en su momento).
No obstante, desde la centroderecha —como Felipe Kast y Manuel José Ossandón— han surgido voces que han manifestado disposición a respaldar su candidatura. Esta situación evidencia una fractura interna que se desplaza hacia estrategias de deslegitimación política, articuladas mediante críticas a la gestión gubernamental, cuestionamientos de carácter histórico y narrativas centradas en el deterioro económico.
El propósito de tales estrategias parecería orientarse a erosionar la legitimidad del gobierno saliente y a preparar el terreno discursivo para una nueva administración. Se configura así una tensión entre, por un lado, la defensa de una política de Estado que el gobierno saliente busca proyectar como continuidad institucional y, por otro, el cuestionamiento de su política interna impulsado por sectores de la derecha que asumirán el gobierno en marzo de 2026. Analíticamente, se podría afirmar que esta dinámica revela una contradicción difícil de sostener y políticamente inconsistente.
Las tensiones del gobierno saliente
El actual gobierno también enfrenta sus propias limitaciones. Si bien ha impulsado reformas relevantes, no todas las promesas programáticas se han concretado con la fuerza esperada. El caso del CAE es ilustrativo: la propuesta de solución se percibió tardía y más como declaración de voluntad que como reforma estructural consolidada. Ello ha incidido en la percepción ciudadana sobre la eficacia de la gestión.
Asimismo, decisiones de política exterior —como determinados posicionamientos respecto de Cuba— han tenido costos diplomáticos, evidenciando la complejidad del equilibrio entre principios internacional (solidaridad y reciprocidad) y pragmatismo en el escenario internacional actual (multilateralismo en asedio).
¿Por qué el apoyo conviene a Kast?
Desde una perspectiva estratégica, José Antonio Kast debiera comprender que respaldar la candidatura de Michelle Bachelet podría convertirse en una oportunidad política antes que en una concesión ideológica. Apoyar a una exmandataria en una candidatura de Estado permitiría proyectar una señal de continuidad institucional en política exterior, ámbito donde Chile ha mantenido históricamente consensos transversales. Lejos de ser un costo, podría transformarse en un activo de gobernabilidad, mostrando madurez republicana y compromiso con los intereses permanentes del país.
En particular, frente al reordenamiento del sistema internacional bajo una administración estadounidense más unilateral y un Estado chino que se impone globalmente, mantener una presencia influyente en la ONU podría ser funcional a intereses estratégicos chilenos, como la política antártica. El sistema multilateral —a través de sus mecanismos institucionales— ha sido un espacio relevante para respaldar el régimen del Tratado Antártico, del cual Chile es miembro originario y activo defensor.
Una definición de Estado
La pregunta de fondo es clara: ¿ofrecen las actuales tendencias de repliegue institucional mayores certezas para los intereses nacionales —incluidas las pretensiones en el continente antártico— o continúa siendo la ONU el espacio más eficaz para resguardar el multilateralismo que ha sustentado la política exterior chilena?
En ese marco, el eventual apoyo de Kast a Bachelet no sería simplemente un gesto político, sino una definición estratégica de Estado. No hacerlo podría interpretarse como un error que trasciende la coyuntura electoral y compromete la coherencia histórica de la diplomacia chilena, más, teniendo considerando las últimas señales estadounidenses hacia el futuro gobierno de derechas respecto del icónico cable submarino que gestiona Chile y China en función de la política exterior chilena demostrando la tensión global entre EE UU y China, en la que nuestro país deberá (ría) defender su autonomía enmarcado en el regionalismo abierto cultivado desde algunos años.
Hernán García Moresco, Magister© Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH
José Orellana Yáñez, Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Integrante del Centro para el Desarrollo Comunal Padre Hurtado.
