Durante los últimos días hemos conocido cifras alarmantes sobre la baja natalidad en Chile. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) presentó el estudio Panorama demográfico en Chile, a partir de los nacimientos y defunciones con las cifras de estadísticas vitales 2023-2025, que confirma una tendencia que se viene observando hace años: cada vez nacen menos niños y niñas en nuestro país. Las cifras son elocuentes. En 1993 se registraron 275.916 nacimientos. Treinta años después, en 2023, la cifra descendió a 174.057 nacidos vivos. Esto representa una disminución de 101.859 nacimientos, equivalente a una caída de 36,9%.
La pregunta que debemos hacernos es por qué ocurre este fenómeno. ¿Son las mujeres quienes ya no quieren tener hijos? ¿Es una realidad exclusivamente chilena? Si escuchamos a las mujeres y revisamos la evidencia disponible, la respuesta es mucho más compleja.
Las razones son múltiples: el aumento del costo de la vida, la dificultad para acceder a vivienda, la incertidumbre laboral, la escasez de redes de apoyo y las dificultades para compatibilizar trabajo y crianza. A ello se suma una oferta insuficiente de salas cuna y jardines infantiles. Actualmente, las salas cuna estatales están focalizadas principalmente en los sectores más vulnerables y el artículo 203 del Código del Trabajo sigue estableciendo la obligación de proveer sala cuna solo para empresas que cuentan con veinte o más trabajadoras.
¿Qué ocurre entonces con miles de mujeres que trabajan en empresas más pequeñas? Deben recurrir a alternativas privadas, cuyos costos pueden superar fácilmente los $400.000 mensuales, o resolver el cuidado mediante redes familiares que muchas veces ya no existen. Hoy muchas abuelas continúan trabajando, las familias viven en distintas ciudades y el cuidado sigue recayendo, de manera desproporcionada, sobre las mujeres.
La discusión sobre natalidad tampoco puede separarse de la discusión sobre desigualdad. El reciente Informe sobre Desigualdad de Ingresos en Chile del Observatorio Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia reveló que el 10% más rico concentra cerca de la mitad del ingreso nacional, mientras que el 50% de menores ingresos recibe apenas alrededor del 15% del ingreso total del país. En este contexto, tener hijos deja de ser únicamente un proyecto de vida y pasa a transformarse también en una decisión económica.
Chile enfrenta simultáneamente una crisis demográfica y una crisis de desigualdad. Y quizás no sean fenómenos independientes. Cuando amplios sectores de la población sienten que no cuentan con ingresos suficientes, tiempo disponible ni apoyos para criar, la decisión de postergar o renunciar a la maternidad y paternidad deja de ser individual para convertirse en una consecuencia de las condiciones sociales en que vivimos.
Lo interesante es que esta realidad no es exclusiva de Chile. El 31 de marzo de 2025, The New Yorker publicó en su portada la ilustración Upstairs, Downstairs, del artista hawaiano radicado en Brooklyn, R. Kikuo Johnson. La imagen muestra a una madre intentando subir y bajar las escaleras del metro de Nueva York con un coche y un bebé. La escena es simple, pero poderosa: evidencia cómo las ciudades, los sistemas de transporte y la organización social continúan diseñándose como si el cuidado fuera un asunto privado y no una responsabilidad colectiva.
La baja natalidad no es culpa de las mujeres. Tampoco se explica porque las nuevas generaciones sean menos comprometidas con la familia. La pregunta correcta no es por qué las mujeres están teniendo menos hijos. La pregunta es por qué seguimos esperando que las familias, y especialmente las mujeres, asuman solas el costo económico, laboral y emocional de criar.
Mientras cuidar continúe significando menos ingresos, menos tiempo, menos oportunidades laborales y menos seguridad económica, la crisis demográfica seguirá siendo también una crisis de cuidados y una crisis de desigualdad.
Alexandra Pardo Valenzuela Abogada – Especialista en Derecho Laboral y Políticas de Cuidado, infancia y maternidad.
