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Bajo la nieve de Juan Pablo Riveros. Por Eddie Morales Piña

Como lectores estamos frente a un libro de poesía lírica que tiene una denominación sugerente, cuyo autor es el poeta Juan Pablo Riveros (Punta Arenas, 1945). En la portadilla está la información de que tiene el título de Ingeniero Comercial con mención en economía y que es autor de varios libros de creación literaria. La portada del texto en comento es muy simple y está en consonancia con el nombre de la obra. Una portada aséptica metafóricamente hablando. La imagen con que se presenta al lector el poemario es casi neutral, fría, como lo es un paisaje nevado donde aflora algo en la lejanía que no ha sido tapado aún por aquella. En un preludio -palabra que denota a aquello que precede y sirve de entrada-, el poeta Riveros afirma que lo que vendrá a continuación es “poesía de huellas bajo la nieve, como ominosos espectros”. De este modo, entonces, el lector/a tendrá la experiencia en el proceso de lectura una revelación poética de lo que ha estado oculto o cubierto bajo la nieve. Probablemente, la nieve forma un sustrato existencial en la experiencia del poeta tomando en cuenta de donde es originario. La nieve como parte del espacio tiempo del poeta. En realidad, cuando uno como lector accede a la poesía todo es posible de ser vivido en la lectura del lenguaje que se despliega.

En más de una oportunidad hemos afirmado que -precisamente- en la creación poético-lírica, el lenguaje es puesto en una forma distinta a la meramente comunicativa como instrumento que es para ponernos en contacto con los otros en sus múltiples funciones. La poesía emerge con una potencialidad inusitada como poiesis -creación- “a partir de la escritura que es una utilización particular y específica del lenguaje. La escritura es una etapa superior de la palabra hablada”, sostenía Manuel Jofré en uno de sus libros. Agregaba que “la poesía es creación del universo verbal”, en consecuencia, el poema es el lugar de la poesía en cuanto creación. De este modo, la creación poética se expresa en el texto que surge de un sujeto creador. El lector /a al entrar en dicha expresión lírica experimenta, a su vez, el sentido de lo poético.

La experiencia de lectura del texto de Juan Pablo Riveros nos lleva como receptores a la comprobación de que “la poesía está más allá del autor”, pues el lector/a reactiva en la posesión del texto el sentido profundo de lo expresado por aquel. Lo que estamos expresando deviene de la estética de la recepción donde el énfasis se pone -efectivamente- en el sujeto receptor del texto. Es por eso por lo que la poesía lírica es una modelización del lenguaje del creador cuya connotación en la experiencia lectora se abre a múltiples resonancias. La poesía de Juan Pablo Riveros nos ha provocado lo que Barthes llamó el placer del texto. El autor en el preludio señala al potencial lector expresamente la cartografía sobre la base conque construye la obra. Son tres segmentos donde el lector experimentará el sentido estético de lo expresado mediante un lenguaje directo y depurado con imágenes que se nos revelan desde la nieve que las oculta.

La primera instancia se llama Universo. Esta palabra tiene una denotación específica que ha estado presente desde el instante en que la humanidad comenzó a preguntarse sobre el espacio y tiempo, la materia y la energía. Es un vocablo que está asociado a las ciencias, pero también a la filosofía y a la teología. El propio poeta Riveros indica al receptor de que esta parte de la obra “cubre las interrogantes permanentes sobre la índole del cosmos, según lo entendía Anaximandro, quien lo descubre íntimamente”. En este segmento del poemario hay creaciones muy interesantes donde el hablante dialoga con aspectos físicos, matemáticos filosóficos. Probablemente algún lector/a podrá sentirse desconcertado por un metalenguaje proveniente de esos ámbitos como una ecuación, pero todo esto inserido en la creación poética: “¿Y si el macrocosmos no fuera/ sino el universo de lo infinitamente pequeño?”. En esta instancia, el poeta Riveros incorpora un texto poético mayor que adopta casi una estructuración retórica modo ensayo. Este es un género discursivo donde quien escribe analiza y expone ideas respecto a las realidades contingentes sean de cualquier naturaleza. El poema está pensado en una triada que llevan por título Tesla I, Tesla II y Tesla III. Los textos son sorprendentes, pues desarrollan estéticamente una especie de biografía de Nikola Tesla, quien fuera un ingeniero de origen serbio nacionalizado norteamericano.

Debo confesar que no estaba Tesla dentro de mi imaginario. Resulta ser que fue un importante inventor y que contribuyó al desarrollo de la electricidad de corriente alterna. Esto lo he googleado. El poeta Riveros como ingeniero poeta o poeta ingeniero, ha poetizado de manera realmente notable los momentos más significativos de la experiencia vital de Tesla y sus experimentos y las dificultades que debió sortear. Las instancias líricas a veces denotan el metalenguaje de las ciencias, pero al lector le suenan naturales porque están traspasadas por el sentido estético: “Yo quería iluminar todo el planeta. / Así la luz brillaría en torno al Ecuador/ como un anillo de Saturno”. Como lector este poema dividido en tres momentos nos muestra a un creador que destella como la luz de que hablaba Tesla.

El segundo segmento lleva por título Naturaleza. En este conjunto de poemas el receptor entra precisamente en uno de los espacios que conforman el universo terráqueo. En estos poemas el sujeto lírico dialoga, interpela y se sumerge en la naturaleza. Estamos en presencia de poemas que refieren al Oikos, a la casa común y a quienes estamos inmersos en él, especialmente a los hermanos menores y al entorno natural. Estos momentos líricos nos recuerdan a la ecopoesía, una corriente creativa que privilegia el cuidado la creación del día quinto: “Amadas, / menudas lagartijas/ ¿hay alguna posibilidad de compartir? / ¿Podríamos, hermanas, / otear confiadamente el horizonte/ y disponer de la gratuidad solar entre las plantas?”. Un cierto dejo lárico se deja entrever en más de un poema lírico: “Ahí donde estaban los juegos/ ahora hay un café. // No está el avión/ ni la cápsula espacial en las que volaban. // Ustedes no están. // Es como si el mundo/ se hubiera quedado a solas”. Por último, la tercera parte del poemario de Juan Pablo Riveros tiene por nombre Peregrinaciones. La imagen léxica indica en su denotación la idea del caminante, del romero o del peregrino. El poeta en el preludio nuevamente nos da una pista o clave de lectura de este segmento escriturario. Se trata de un andante por la ciudad que trae al presente de los recovecos de la conciencia y la memoria el espacio y el tiempo de la aldea.

De este modo, rescata la presencia del flaneur, el paseante, que peregrina contemplando el entorno con ensimismamiento o deleite, incluida la casa: “Cuando tengo mi casa ordenada, / y todo luce bien dispuesto. / O, más aún, / si el ambiente es grato y cordial, / ella, /sin aviso previo, visita mi hogar”. O bien un espacio social como la plaza: “Al llegar a cierta edad/ es bueno y hasta conveniente, / sentarse distraídamente en un banco de la plaza”. Lenguaje directo, pero trasmutado en la diáfana claridad de lo poético. En síntesis, la lectura de la obra Bajo la nieve de Juan Pablo Riveros nos deja en presencia de un poeta significativo y sugerente cuya luminosidad estética -como la luz que buscaba Tesla- nos deslumbra.

(Juan Pablo Riveros. Bajo la nieve. Concepción: Editorial UDEC. 2025. 149 pág.)

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