Siendo un país de alta producción de vinos, algunos de excelente calidad, algunos patrimoniales dado a las prácticas de elaboración tradicionales, una literatura desarrollada, manifestaciónes de expresión artística, viticultores honestos y concientes, notables enólogos, territorio y clima especiales; dado todo esto es casi incomprensible la carencia de una cultura en torno a este producto y su quehacer. Superar la imagen comercial relevando lo cultural es una tarea necesaria que incluso puede contribuir al consumo de este alimento.
El trabajo que hace la sommelier Rocío Alvarado, en estos días desde la "Barra del vino" en La Barra de Pikcles los días martes por la tarde noche es una contundente posibilidad para ir conociendo distintos productores y cepas, en un bar accesible a pasos de la salida de la estación de metro Irarrázaval en un sector que siempre ha reunido bares que disponen sus mesas a la camaradería y fraternidad. En este lugar se apuesta por la comida y los vinos de calidad, un espacio urbano que se comienza a recuperar.
Dejarse orientar el gusto hacia los vinos es un ejercicio de apertura a la curiosidad que permite liberarse de la homogenización instalada que invisibilizó esos sabores del vino que nos transmiten notas de nuestras frutas, aromas que nos trasladan a paisajes, transmitiendo una identidad que a veces duerme en la memoria. Notable es el trabajo de un movimiento de sommelieres que destacan como activistas culturales generando espacios que son propicios para las tertulias.
Espacios como estos traen los rincones de Chile invitándonos a un viaje por el cual comenzamos a recuperar la ciudad, la palabra y los sabores, potenciando un fortalecimiento cultural que nace en esa irrupción de la vida cotidiana en la cual transitamos a veces con monotonía. Notable trabajo que mantiene el respeto a eso que somos contribuyendo a la conformación de una identidad que no siempre reconocemos.
Recuperar nuestra cultura es un ejercicio de resistencia que permite salir del estado de aislamiento consecuencia de la trampa posmoderna, hacer la cultura propia que ayuda a recomponer el vaciamiento cultural del control biopolítico al cual nos condenaron, poniendo en ejercicio prácticas sanadoras a favor de una mejor convivencia.
Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra
