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«Belleza inesperada» el retorno a la América profunda. Por Alex Ibarra Peña

«Belleza inesperada» es el título de esta exposición textil junto a otras materias como metales y hojas que reúne un número importante de cuadros de la artista Mónica de Pablo que permanece en exhibición hasta el 18 de noviembre en el Salón Hilda Chiang de la Universidad Católica Silva Henríquez ubicada en calle General Jofré 462 cerca de la Estación de Metro Santa Lucía.

La belleza sin duda es una cuestión que refiere a una experiencia humana de las más nobles que nos pueden suceder, esa sensación de sentirnos conmovidos por algo basta para poner en evidencia el valor de estar vivos. Pero, también la belleza nos sitúa en el campo de lo estético, a veces atribuido a la profundidad filosófica. Podemos repetir la pregunta del Pseudo Longino, ¿el artista puede producir la belleza? Por cierto, que el sentido de la pregunta es sólo retórico, ya que es evidente que el artista tiene ese don. Las obras que nos muestra Mónica de Pablo pueden ser vistas de esta manera cuando las vamos observando en el recorrido de esta colección.

Sin embargo, el arte también piensa y es en esto en lo que me detendré un poco más. En primer lugar, el relato sobre el origen de la producción de estos cuadros y en segundo lugar la importancia del reencuentro con nuestro ser americano, ese que algunos pretenden invisibilizar desde visiones racistas promovidas por los sectores ideológicos conservadores.

En relación a este relato de origen de la producción quiero poner de relieve lo «inesperado» tratando de traducir este concepto que va en el título de la muestra. El contexto a considerar es el Chile que mientras despertaba lo enceguecían, la orden del poder oligarca a la bota servil. Metáfora que sirve también para la comprensión de la fuerza popular transformadora disipada. Esos momentos del estallido eran un giro hacia nuestro origen más honesto que iba coloreando el «quiénes somos». Esa América que estallaba y que a la vez la seguían apagando, siempre con violencia. Al encierro del Estado de facto lo sigue el encierro pandémico y se amplifica la condena al no poder encontrarnos, obligados a colocar las manos lejos del otro arrancándonos la proximidad. Ese encierro de prohibiciones acentúa la necesidad táctil por la materia y así se va incubando esta prolífica producción que va contribuyendo a la visibilización de nuestro ser americano que es el otro punto que quiero remarcar.

Esta muestra nos llama a mirar con una materialidad mixta esta corporalidad que somos en nuestro territorio, este somos que el anclado racismo sigue rechazando desde ese engaño ideológico que pretende instalar el discurso de que no somos lo que creemos ser. La belleza de nuestra diversidad americana es presentada en el trabajo de esta artista en un trabajo construido desde el encierro, tal vez desde el silencio, que brota no sólo como un grito, sino que más bien como un canto, que por cierto es cantado por ella misma y por todos, uniéndonos a César Isella y Mercedes Sosa: «Salgo a caminar por la cintura cósmica del Sur, piso en la región más vegetal del tiempo y de la luz, subo desde el sur hacia la entraña América y total, pura raíz de un grito destinado a crecer y a estallar». Encontramos aquí una mirada inesperada, pero pensada tomando conciencia de lo que realmente somos y preguntarnos, como ha señalado Víctor Heredia, ¿qué hubiéramos sido si nos hubieran dejado ser?.

Alex Ibarra Peña
Dr. en Estudios Americanos.

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