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Berlusconi. Por Ricardo Espinoza Lolas

¡Berlusconi, ha muerto!... “Il Cavaliere” se volvió inmortal por algo muy simple: él es expresión de una nueva Figura del Capitalismo. No quiero hablar del humano Silvio Berlusconi que acaba de morir en Italia a una edad de 86 años y que ha generado un funeral de Estado y mucha controversia sobre su figura, incluso en el ámbito de la moral, cosa que no me interesa analizar aquí, de un humano poderoso que al parecer se sentía más allá de cualquier normativa que lo quisiera ajustar en su preciso deseo: esa es la clave. Sobre esta figura, porque es una figura indiscutible al que se le realizaron desde varios juicios a films y documentales y atentados en su contra, en lo humano, demasiado humano de su hacer, no me interesa, repito, reflexionar, sino que lo que busco con esta breve crónica es poder mostrar, al lector, cómo su figura se articula con un modo nuevo de entender y vivir el capitalismo que se expandió más allá de las fronteras italianas y que nos constituye a todos en estos tiempos.

Cuando en las mañanas se toma desayuno en un bar italiano, por lo general, se hablan de dos temas, en especial, esto es una práctica muy usual entre los hombres italianos, de fútbol y de cómo hacer algún negocio que le permita ser feliz, pero algún tipo de negocio que no implique mucho trabajo, ni esfuerzo; o sea, es como emprender en algo que sin quitarme mucho tiempo, para hacer la rutina diaria del día a día, implique tener más dinero y poder para que la fiesta prosiga, un tipo de fiesta especial, esto es, como un modo de ser alegre, ganador, simpático, que genere un brillo, ante una corte imaginaria de la aristocracia social de tal o cual barrio de alguna ciudad o pueblo, para que las mujeres se fijen en ellos gracias a ese preciso brillo que ellos irradian. Esto es, “devenir un Berlusconi”, a saber, un hombre mercancía que es reconocido como exitoso en un mundo mercado porque “sabe vivir”, esto es, sabe acumular algún tipo de riqueza, sin, en apariencia, hacer nada que sea muy costoso y complejo para él, pero le funciona. Ese modo de ser de muchos hombres italianos que va de la mano con un modo de ser de las mujeres que se articulan con esos hombres es algo que se expande desde Italia por Europa y lo vemos en los madrileños, los parisinos, los vieneses y que luego se vuelve en un cierto fantasma que cabalga, como un jinete apocalíptico, por todo el planeta, en Los Ángeles, en Hong Kong, en Santiago de Chile, en Sídney, en Londres, en ciudad de México, en Seúl, en Tokio, en Moscú, en Bogotá, en Caracas, en Berlín, etc.

“El devenir Berlusconi”, que cuando fue presidente del Club de Fútbol de A.C. Milán y lo llevó a ser el ganador de muchas ligas, 29, se puede ver en muchos hombres y mujeres en todas partes de este pequeño planeta global e interconectado, por el propio capital, que no siendo necesariamente millonarios o grandes empresarios anhelan serlo de alguna manera (el trabajador más empobrecido y embrutecido por la explotación también lo anhela), trabajando en largas horas en determinadas empresas, emprendiendo una y otra vez con negocios que lo llevarán a la cima del éxito, soñando de alguna manera con ser feliz por medio de un éxito comercial, imaginando su vida en la cumbre misma del mercado, realizando todo tipo de estupidez que le permita verse ante el mundo (la corte inconsciente de la aristocracia que no existe), su mundo como alguien ganador y bello, no olvidemos que Berlusconi, además de estar siempre rodeados de mujeres muy jóvenes, se fue a la tumba con su cabello bien peinado y negro, los dientes y su dentadura blanca perfecta y con un bronceado permanente (ni el golpe que le dieron en su cara simbólicamente con el Duomo de Milán en el 2009 pudieron contra su “belleza” normalizada por el capitalismo ante el inconsciente popular).

Si Hegel vio pasar a caballo al pequeño Napoleón y con ello vio pasar, metafóricamente, ni más ni menos que a la razón y con ello el espíritu de la institucionalidad misma que construiría la Europa anhelada (lo cual no sucedió y el mismo Hegel, como Beethoven luego frustrados se opusieron al enano poderoso), nosotros vimos pasar por las redes sociales, las nuevas calles y plazas virtuales de este momento, por los medios de comunicación masiva, etc., a Berlusconi y en eso muchos anhelaron ser como él, sin decirlo con voz alta (porque es políticamente incorrecto decirlo), sino con la voz del inconsciente, la voz de una época, de un cierto nosotros homogéneo por la capitalización de nuestra subjetividad, que quiere ser famoso y brillar en este mundo escaparate y que todos te miren y, además, te encuentren “bello”. Con “Il Cavaliere” no se trata solamente de Capitalismo, sino que se trata de un modo de ser capitalista que en su chapuza, en su “caspa”, en su estupidez viene a construir una subjetividad del ganador a toda costa, estamos, ante la belleza y el poder. Nunca Trump podría ser un Berlusconi, pues no tiene ni ese modo de hablar y moverse ante las cámaras construyendo una imagen única, hasta el rudo de Putin quiso imitar en Moscú a su amigo: imitación burda (un mal James Bond), pero imitación al fin y al cabo.

Berlusconi fue expresión de un nuevo espíritu del Capitalismo que llegó para quedarse y que está, por ejemplo, en el núcleo mismo del pensamiento de Žižek, pues cuando el pensador esloveno nos decía a fines de los años 80 del siglo pasado en sus libros, conferencias, documentales, videos, columnas de opinión, etc. qué era y cómo operaba el Capitalismo en nosotros, lo que hacía era pensar el Capitalismo al modo Berlusconi, el que está muy presente no solamente en los empresarios eslovenos, sino en los propios trabajadores de dichas empresas y en múltiples lugares llamados de izquierda de la Europa oriental. Y, por eso, Žižek veía a este tipo de Capitalismo imparable pues era realmente constructor de ideología capitalista hasta en los nodos más radicales de la izquierda clásica planetaria: Venezuela, Bolivia, Cuba, Rusia, India, Brasil, México, China, etc. nada se podía resistir al embrujo italiano del Capitalismo de Berlusconi: “El Laberinto de Il Cavaliere”.

Este tipo de Capitalismo es más efectivo que todo lo que ha hecho por décadas USA con su imperio del mal, a saber, desde generar golpes de Estado, intervenir gobiernos, manipular la opinión pública, espiar y torturar a miles por medio de sus fuerzas militares y para militares, etc. El modo de ser Berlusconi no necesita ni ensuciarse las manos torturando a alguien, ni menos gastando dinero en invasiones o infiltrando agentes para desestabilizar algún gobierno “enemigo”, porque opera a nivel inconsciente y, además, de un modo que deseamos ser subjetivados de esa manera. Nosotros queremos ser como Berlusconi y ante ello todo se vuelve imparable y la maquinaria capitalista se expande a todos los territorios posibles por capitalizar.

El éxito de Marvel en estos tiempos no es por lo que creó Stan Lee, sino por lo casposo de los héroes como lo muestra su líder natural Tony Stark, el Berlusconi de los Avengers. Y eso se nos vuelve irresistible a menos que estemos, literalmente, curados ante este virus italiano más poderoso, expansivo y letal que el Sars-Cov-2. Y es interesante cómo lo ha despedido el pueblo italiano al espíritu de una época, con cariño y nostalgia, pues a él todo se le permitía porque él estaba sobre las determinaciones simbólicas que nos regulan. Él creaba las propias y las creaba con su deseo de capitalizarlo todo, o sea, su deseo de belleza y poder como expresión global. El trumpismo le debe mucho, así como muchas formas de neofascismo actual, desde Meloni a Kast pasando por los madrileños guiados por “Il Cavaliere Ayuso”. Y así Berlusconi se volvió un modo de habitar en el mundo capitalista imperial y, por lo mismo, tenemos que reflexionar en conjunto como desactivar, si es que se puede, ese modo de ser capitalista hoy. Yo creo que se sale de ese Laberinto solamente con la construcción de un NosOtros, esto es, tejidos humanos de unos con otros: tejidos sexuados, mortales, sociales e históricos que nos permiten levantarnos desde nuestros barrios y calles, ya empíricas como virtuales, como una unidad en la diferencia a baja intensidad y que desde esos cuerpos acoplados podemos generar valores de vida en la propia finitud de nuestra animalidad libre, pues cuando se experimenta ese placer nos damos cuenta de que el otro deseo capitalista era realmente una apariencia mortífera y repetida de una normalización por sedimentación histórica en un Laberinto muy pobre y cutre.

Viajando sobre el Océano Atlántico, 15 de junio de 2023.

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