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Cabeza de turco. Por Raúl López Muñoz

La crisis actual ha sido provocada por la pandemia y por la dupla Piñera-Mañalich. Ellos ocuparon el razonable argumento del peligro sanitario para intervenir en forma autocrática al país, y concretar desde la postergación del plebiscito hasta la promulgación rápida de leyes de emergencia de protección a las empresas, pasando por una manipulada ley para evitar el desempleo. Ahora el hambre, se suma al desastroso escenario económico y desnuda la verdad del mercado y la globalización, su inestable fragilidad.

El país está completamente subordinado a la evolución de la propagación de la enfermedad y a la respuesta del mermado sistema público de salud, que deberá enfrentar muchas muertes a destiempo. En este contexto, la figura del Ministro de Salud emergió con el liderazgo y las facultades legales para enfrentar la catástrofe sanitaria. El resto del gabinete fue relegado a las bambalinas, sin la relevancia y atención mediática de Mañalich, pero, por, sobre todo, sin el nivel de influencia sobre Piñera y sus decisiones.

La mediática figura del galeno inicialmente concentró la atención de la opinión pública, que esperaba ansiosa las pueriles discusiones con alcaldes, gremios de salud y otros personajes. Este manejo, quizás intencionado, utilizaba las polémicas artificiales para ocultar con un verdadero velo, el desastre que provocarían los contagios sin control. Hoy, ante el aumento de muertes, la nueva estrategia es endosar la culpa al comportamiento de las personas y distraer del pésimo manejo de Piñera y su asesor sanitario, porque ellos privilegiaron el desempeño económico por delante de la salud. En un contexto de exitismo político, se introdujo la ridiculez de las cuarentenas dinámicas, el llamado del retorno seguro y el rimbombante acuerdo nacional para la reactivación, que es finalmente, la consumación de los ya conocidos anuncios mediáticos, propios de una mente narcisista y megalómana como la de Piñera.

Desde el inicio de la pandemia, se ha vuelto una costumbre esperar los comunicados matinales del Mañalich, que dan cuenta de las personas recuperadas, infectadas y de muertos. El ministro lidera al gobierno y mueve a todo el Estado para minimizar los efectos de la pandemia, al paraguas de la función mandatada por las leyes y de su propio cargo. Hay que recordar que el rol de Jaime Mañalich es evitar la muerte. Pero hoy, ya superamos las 2.000 compatriotas muertos y nos obliga a evaluar la gestión ex-dure del ministro. Los resultados de la gestión sanitaria son insatisfactorios. La reducción de los contagios no se logra, las muertes van en aumento, la credibilidad del ministro en bajada y el sistema sanitario está colapsando. Lo concreto es que la estrategia no sirvió para evitar ni muertes ni la crisis económica y no sabemos el efecto sobre el futuro de país es incierto.

Hoy deberíamos compararnos, como decía el ministro Briones, con Nueva Zelanda. ¿Por qué son tan distintos los resultados del manejo de la pandemia? La respuesta es porque tenemos como presidente a Piñera y se siguen las estrategias de Mañalich; Ellos hacían sentir que las estrictas medidas de tiempos de guerra (con militares en las calles y suspensión de garantías constitucionales) lograban el efecto deseado, una falacia. Ahora, eso cambió, la responsabilidad de los contagios está siendo enrostrada al comportamiento de la población y no como consecuencia de un gobierno inepto y notoriamente desesperado. La dupla de un empresario y un médico no es virtuosa.

El gobierno y sus funcionarios políticos son incapaces de gestionar la emergencia, porque recargan a los hospitales, minimizan el rol de los alcaldes y por sobre todo no entienden que es sentir hambre. Las cajas de emergencia no saciarán por mucho tiempo, ni el hambre ni suplirán las fallas que ha tenido este gobierno, su presidente y su ministro.

El recurso lingüístico “cabeza del turco” se origina en tiempos de las cruzadas a Tierra Santa, donde la costumbre era castigar al enemigo exponiendo su culpa por todos los males y problemas. Con el tiempo, la práctica se incorporó al lenguaje corriente para individualizar en una persona, todo el problema y cortarlo de raíz. Entonces el significado político de la “cabeza de turco” es responsabilizar de la gestión deficiente a una víctima propiciatoria. En este caso, Piñera tiene a una, que podrá usar, manteniéndose relativamente intacto. Los resultados de la estrategia adoptada por Mañalich son evaluables. El todo poderoso ministro, utilizado astutamente por Piñera, muta al desconcertado médico, que culpa a los más vulnerables de no quedarse en casa, maneja datos (tema con prontuario), culpa a las malas predicciones y a las fiestas nocturnas por el estado de la pandemia. Por tanto, Mañalich es el “fusible”, el “chivo expiatorio” o la “cabeza del turco” de la estrategia adoptada.

La otrora intuición política del Mañalich se agotó y se ve obligado a bajar del pulpito de la soberbia, Jaime Mañalich debe mutar a buena persona, retirarse y dejar que el Estado recupere la efectividad y credibilidad en el manejo de la pandemia.

Por otro lado, nosotros deberemos seguir aguantando a Piñera, porque así manda la democracia. Porque elegimos a quien pasó de prometer tiempos mejores (arrebatados a una canción de Víctor Jara) a tiempos difíciles, que son sin duda ahora, consumación de los tiempos oscuros al cual nos ha conducido un nuevo gobierno de derecha.

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