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Capacidad crítica más que control: educar para habitar las redes sociales. Por Cherie Flores Fernández

Capacidad crítica más que control: educar para habitar las redes sociales. Por Cherie Flores Fernández

Se discute a nivel parlamentario en nuestro país la prohibición al acceso de redes sociales para menores de 14 años, con el objetivo de protegerlos de los posibles efectos negativos que estas plataformas pueden generar en su desarrollo y bienestar.

Se trata, sin duda, de una preocupación legítima. Diversas investigaciones han advertido que el uso intensivo de redes sociales puede afectar el bienestar emocional de las personas, particularmente en contextos marcados por la exposición constante a contenidos idealizados, dinámicas de comparación social, desinformación y algoritmos diseñados para captar atención e incentivar la permanencia continua en estas plataformas.

Sin embargo, el debate no puede reducirse únicamente a la prohibición y al control de acceso. Actualmente, las redes sociales no son sólo espacios de entretención: se reconocen como ecosistemas digitales, culturales y comunicacionales en los que las personas -incluyendo niños, niñas y adolescentes- socializan, se informan, construyen identidad, expresan emociones y desarrollan parte importante de sus interacciones cotidianas. En muchos casos, estos contextos también operan como lugares de pertenencia, validación social y participación en comunidades.

En ese sentido, pensar que el problema se resuelve únicamente restringiendo el acceso resulta insuficiente, puesto que las redes sociales forman parte estructural de la vida contemporánea. Tarde o temprano, los menores accederán a ellas, ya sea de manera abierta o a escondidas. La pregunta, entonces, no debiera ser sólo cómo limitar el uso, sino también cómo prepararlos para desenvolverse de manera crítica, consciente y saludable en estos entornos.

Esta discusión no ocurre de manera aislada, sino que dialoga con la reciente promulgación de la Ley N°21.801, que regula y restringe el uso de dispositivos móviles en establecimientos educacionales. Ambas iniciativas reflejan una preocupación legítima por los efectos que las tecnologías digitales pueden tener en niños, niñas y adolescentes. Y aunque la citada ley incorpora referencias a educación digital y uso responsable de las tecnologías, el énfasis del debate público continúa concentrándose en la prohibición.

El problema central, sin embargo, no radica necesariamente en establecer límites, que pueden ser pertinentes en determinados contextos, sino que en el componente formativo que queda muy subordinado al enfoque restrictivo.

Alfabetización crítica

Y es que resulta urgente incorporar con mayor fuerza una mirada formativa dentro de esta discusión. Regular puede ser necesario, pero no suficiente. Si no entregamos herramientas para comprender cómo funcionan las redes sociales, cómo operan sus algoritmos, cómo circula la información y de qué manera determinados contenidos pueden influir en las emociones, la autoestima o la percepción de la realidad, sólo estaremos postergando el problema.

En ese sentido, es fundamental incorporar al debate la alfabetización crítica en redes sociales, entendida como el conjunto de competencias que permite analizar, interpretar y participar de manera reflexiva, ética y consciente en entornos digitales, comprendiendo tanto la circulación de información como los efectos emocionales que estas plataformas pueden generar en las personas.

Además, otro aspecto que no debe olvidarse es que este desafío no afecta únicamente a los menores. Muchos adultos también experimentan dificultades para relacionarse críticamente con las redes sociales, lo que ocurre porque hoy nos desenvolvemos en entornos digitales relativamente nuevos, para los cuales gran parte de la sociedad no recibió preparación previa.

De allí es que la alfabetización crítica en redes sociales no puede quedar fuera de una discusión de esta naturaleza. Las políticas públicas no debieran limitarse únicamente a restringir el acceso, sino también a promover procesos formativos que permitan desarrollar una relación más consciente, autónoma y saludable con los ecosistemas digitales contemporáneos.

En una sociedad tan mediatizada como la actual, se hace mucho más relevante remarcar la capacidad crítica por sobre el control permanente. Los niños, niñas y adolescentes de hoy constituyen la ciudadanía del mañana y enfrentarán entornos digitales cada vez más complejos, persuasivos y emocionalmente demandantes. Por tal motivo, más que aspirar a restringir el acceso, necesitamos avanzar hacia una educación que promueva autonomía, pensamiento crítico y una relación más reflexiva con las redes sociales y la información que circula en ellas.

Cherie Flores Fernández

Académica Departamento de Gestión de la Información UTEM

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