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Cartas de Paulo. Documental de Claudio Martínez Valenzuela por Hans Schuster

El cine y en especial el cine documental funciona como un potente complemento filosófico de la realidad, no sólo porque asume el rol de registrar, recortar y/o reinterpretar los hechos, allí donde la cámara no se limita sólo a reflejar el mundo de manera pasiva; el ojo puesto en el lente lo interroga, expone sus contradicciones ontológicas y propone nuevas modulaciones de lo que solíamos considerar como "verdad" o "evidencia". Esa es la dimensión ontológica del registro que espejea incluso la apariencia de lo real que se ampara en la promesa de capturar el mundo tal y como es. Sin embargo, la filosofía del cine —desde teóricos como André Bazin hasta Gilles Deleuze— demuestra que toda toma es ya una elección estética y ética, de modo que es una doble articulación de lo real. El celuloide o el archivo digital no duplican la vida, con suerte ofrecen un simulacro que aísla algunos fragmentos del tiempo, y ante la crisis de la objetividad, el cine documental revela que el archivo puro no existe y está lejos de no intervenir, el ojo de la cámara intercede, encuadra y, por lo tanto, interpreta aquello que decide mostrar, al margen del momento creativo de la edición en donde la duda metódica se hace presente, el genio cartesiano, enfrenta el momento del montaje que cuestiona la evidencia inmediata, obligando al espectador a dudar de lo que ve. El cine documental se acerca a la modalidad del ensayo filosófico que va más allá de la simple recopilación informativa, el cine ´documental se acerca a lo real que a su vez opera de manera ensayística, ya que debe generar más de una tesis al poner conceptos abstractos en carne viva a través de testimonios, silencios y el pulso del tiempo, como experiencia vivencial y con ello genera un tempo en que se traducen los problemas de la ética o la memoria colectiva con un formato sensorial que involucra el cuerpo y la emoción, haciendo presente una narrativa que hoy por hoy debe a su vez poseer una des-narrativización crítica, al estilo de los kinoks de Dziga Vertov, o Jean-Luc Godard que busca desarmar los tópicos mediáticos oficiales para exponer las estructuras profundas de la sociedad. Entonces el cine documental conjuga al archivo como síntoma, de modo tal que se pone el ojo en lo que se graba, para luego establecer la selección de lo filmado y lo que se omite, o se deja de contar, expone a su vez la ideología latente en la construcción de la historia.

El cine documental no es un espejo fiel de los hechos, sino más bien una construcción narrativa y estética que negocia constantemente entre la realidad y la ficción. Lejos de registrar una "verdad" pura, o “la verdad” es la cámara la que interviene, encuadra, edita y propone puntos de vista subjetivos sobre el mundo. La verdad, en el cine documental es una suerte de construcción, un registro audiovisual que se asume tradicionalmente como prueba de realidad, pero cada corte y elección de montaje manipula los hechos. De tal forma que la verdad en el cine documental no es el reflejo exacto del mundo, sino un efecto de credibilidad construido mediante discursos, testimonios y archivos. El cineasta asume una postura autoral que interpreta el material empírico en lugar de limitarse a copiarlo. El simulacro y el artificio ponen en juego lo falso y el falso documental (mockumentary) o las puestas en escena híbridas se exponen como la imagen que puede simular una autenticidad inexistente. Las teorías posmodernas sugieren que el simulacro reemplaza al referente original, volviendo a la copia más verosímil que el hecho real. Con ello se pone en jaque la confianza ciega del espectador en el testimonio visual y sonoro, que a su vez tensiona el concepto de memoria y el de archivo, sólo así el cine documental comienza a funcionar como un dispositivo de reparación, como un duelo o parte de un archivo para la memoria colectiva e histórica. Las imágenes del pasado se reactivan en el presente a través del montaje, dotándolas de nuevos significados políticos y sociales, de modo tal que funcionan como una herramienta de justicia simbólica que quiebra el silencio institucional, entonces aparece la alteridad y la mirada al otro, lo otro, aquello que estaba fuera de la mirada oficial y que ahora aparece con un guiño a la historia y la base conceptual conque el autor construye su discurso audiovisual. El cine documental implica una relación ética con el "otro" (el sujeto retratado), mediado por la cámara y el poder de imagen y encuadre de quien filma.

Exponiendo las tensiones entre la voz propia del realizador y la voz ajena de los marginados, o aquellas comunidades retratadas en el discurso de la imagen en movimiento. De allí que el saludable cine documental cuestiona incluso si es posible representar las diferencias culturales sin exotizarlas o instrumentalizarlas. Desde esta perspectiva filosófica, el cine documental no es un mero espejo neutral de la realidad, sino un acto de epistemología y representación. Cuestionando la forma en cómo accedemos a la verdad, a la naturaleza de los testimonios y a los límites entre el hecho empírico y la construcción discursiva (según el análisis crítico de la representación). Es posible abordar la epistemología del cine documental, la imagen de lo “real” aquello que es utilizado y/o entendido como la “verdad” que se refleja en la ilusión de objetividad. Filosóficamente, se rechaza la idea de que un documento audiovisual sea un "dato crudo" exento de subjetividad. Ya la sola mediación de la cámara no capta la realidad pura, sino que es un recorte mediado por la mirada, el tiempo y la ética del realizador. Estableciendo allí un hacer en la construcción del saber: El cine documental funciona como un argumento sobre el mundo; propone más de una tesis y moldea nuestra comprensión de la historia y la memoria. En la ontología de la Imagen y el tiempo como huella de lo real, aparecen distintas corrientes como la de André Bazin, que considera a la imagen fotográfica y fílmica guardando un vínculo ontológico con el pasado; es una "huella" de algo que efectivamente existió ante la lente. Hay un tiempo rescatado. El cine documental desafía la fugacidad del tiempo al conferir presencia a lo ausente, operando como un archivo metafísico de la condición humana. Ética y Alteridad, se hacen presente en la mirada al "otro": Filosóficamente y en sintonía con Emmanuel Lévinas, se produce el encuentro con el rostro del otro en el cine documental que implica una responsabilidad ética ineludible. Generando a su vez una nueva dialéctica entre el poder y la autoridad, al representar la vida ajena, esto conlleva una relación de poder, ya que hay que decidir quién habla, cómo se muestran los hechos y qué narrativa se legitima como "verdadera” abriendo nuevos espacios para los debates sobre representación y la no ficción.

El cine documental en Chile nace a fines del siglo XIX como registro visual y evolucionó hasta convertirse en una herramienta clave de memoria social, destacando a nivel mundial con obras de Patricio Guzmán y Maite Alberdi que retratan la identidad y la historia política del país. Los primeros registros del cine documental (1896-1960) fue el primer género del cine chileno, usado para mostrar las cualidades de la tecnología cinematográfica. Las primeras vistas de ciudades y eventos oficiales se registraron desde 1896 en adelante. En las décadas de 1920 a 1950, las producciones pasan de ser simples tomas de la realidad a buscar un relato de la vida local y paisajes del territorio hasta la aparición del nuevo cine comprometido (1960-1973) que surge de un fuerte movimiento de cine político y social, ligado a las universidades y los sectores populares. Allí se consolida la figura fundamental de Patricio Guzmán, quien retrata los procesos de la Unidad Popular en cintas como La respuesta de septiembre. El género funcionó como un canal activo de debate ideológico y de transformación antes del golpe de Estado de 1973.

Dictadura, Exilio y Memoria (1973-1990) aquí el golpe cívico- militar frenó la producción local, obligando a muchos realizadores a trabajar desde el exilio. Patricio Guzmán dirigió la obra cumbre del periodo, la trilogía Nostalgia de la luz / [La batalla de Chile], enfocada en rescatar la memoria histórica y los detenidos desaparecidos. Patricio Guzmán continuó su poética sobre el territorio y la memoria con títulos como El botón de nácar y La cordillera de los sueños El cine documental se transformó en resistencia contra el régimen a través de registros clandestinos y de archivos enviados al exterior. A partir del 2000 hasta el 2026, el cine de no ficción recuperó fondos estatales y festivales que ahora se ven mermados por el componente ideológico del gobierno actual, que no sólo le temen a las artes, sino que las desprecian por su carácter de sátira, ironía y memoria.

Los documentales históricos son esenciales e incluyen obras maestras que definen el género como Nuit et brouillard (Noche y niebla-1955) de Alain Resnais sobre el Holocausto, Shoah de Claude Lanzmann, la serie monumental The Civil War de Ken Burns, The Act of Killing- 2012- sobre el genocidio en Indonesia, y Apocalypse: La 2e Guerre mondiale -2009- Serie francesa que narra el conflicto global usando material de archivo restaurado y coloreado con precisión. Son Obras Maestras sobre el Siglo XX.

La obra de Claudio Martínez Valenzuela “Desorden en la vía pública”-2017-. retrata la escena artística callejera en Chile, a través de la mirada de este singular personaje de Valparaíso, el Mimo Tuga. “La Otra Historia”-2019- testimonios, relatos y reflexiones de un grupo de vecinos del sector Santo Tomás de La Pintana, en la zona sur de Santiago de Chile. “Sembrando Identidad”-2021- historia de la Feria Nacional de Artesanía de Bahía Inglesa —levantada con esfuerzo por una agrupación de artesanas de Caldera y cómo los oficios construyen comunidad y memoria. “La Medida 29” -2023 - del Gobierno de Salvador Allende con la que se crearon 16 balnearios populares a lo largo del país asegurando el sueño de las vacaciones familiares para miles. El Golpe Cívico-Militar de 1973 impregnó aquellos lugares con un horror que contrastó ferozmente con los años anteriores. Una historia que transcurre entre la alegría y el dolor, en la eterna paradoja del Chile contemporáneo. “Trois éléphants passent… par Santiago” -2024- Compañía francesa Oposito participa en el prestigioso Festival Internacional Teatro a Mil, en una nueva aventura con sus amigos y compañeros del Bagad de Plougastel, recorriendo las calles de Santiago Centro, Cerro Navia, Pudahuel, Maipú, La Granja y Ñuñoa. “Cartas de Paulo”-2026- Paulo Freire a su amiga Isabel Hernández, impulsora del proyecto de alfabetización BiAlfa. Leer y escribir siguen siendo un acto de libertad. Estreno Nacional, 20 de agosto, 11:30 horas, Sala América, Biblioteca Nacional.

Entretanto, en el docureality de los personeros que son expulsados del gobierno, se suma Natalia Duco a la lista de exministras (una cada dos meses), aumentando en dos los subsecretarios y los seremis. Y no es que sea un problema de planificación, por el contrario, poco importan los ministerios que no sean; Hacienda, interior y seguridad, cuyo montaje tipo Netflix trasladó a la cárcel La Laguna de Talca a los capos narcos, mientras no se atreven a abrir el secreto bancario, porque ya la serie se apresta a mostrar los que caerán por redes de corrupción, que es vuelco de guión que falta en el arrastre de nuevos personajes, incluyendo a embajadores y otros asesores, parásitos, como los del Partido Nacional Libertario en las supuestas bromas del abuso sexual a menores y niños del espectro autista. Sin duda los componentes valóricos dejan mucho que desear, mientras la ultra derecha defiende el fallo al Carnicero Crespo y prepara sus indultos del horror. El docureality de la Moneda ya pasó a película de vampiros, por ahora se chupan la sangre entre ellos, y varios de los muertos vivientes todavía transitan por palacio a la espera que la justicia funcione. Es posible que la oposición empiece a clavar sus estacas, aunque por ahora ni siquiera se les siente el olor a ajo. Ya que no hay apuro porque el docureality tendrá capítulos para tres años y medio más, y así como va la ficción no logrará superar a la realidad.

Hans Schuster, escritor.

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