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Chile frente a su destino: llamamiento. Por Gustavo Gac-Artigas*

Siete días, número mágico, número mítico, siete son los colores del arcoíris, siete los cuerpos celestes que cambian de posición, siete dieron su nombre a los días de la semana, siete días faltan para que Chile se enfrente a su destino.

Hay elecciones cuyo resultado se prevé, hay elecciones que no son verdaderas elecciones, hay elecciones que no cambian nada, pero hay elecciones que marcan la historia, aquellas en que un pueblo se juega su destino. Las elecciones presidenciales en Chile este domingo son una de ellas.

El pasado quiere volver, pero no un pasado amable, el pasado de una dictadura a través de las alabanzas del presente, el negacionismo, esa víbora que intenta negar los crímenes de antaño para repetirlos en el futuro, ese velo que cubre el altar del templo para ocultar los campos de concentración, las torturas, las humillaciones, el hambre, el intento de destruir la dignidad del ser humano, cubrir la desigualdad imperante y las injusticias de una sociedad.

Frente a él, un futuro joven, no el del pasado, un futuro que supera el pasado, que corrige sus errores, que no cae en la tentación del revivir y acepta el desafío de construir, un futuro incierto que requiere de todas y de todos, que requiere de un diálogo que va más allá de depositar un voto, un diálogo que implica el respeto por la opinión de quien diverge, que se enriquece con la opinión que al diferir aporta.

Dos candidatos se enfrentan en este momento histórico: José Antonio Kast, representante de una extrema derecha dura que intenta cubrirse con el velo del olvido, un candidato que reivindica la dictadura, que llama al voto del fantasma Supremo, “si Pinochet estuviera vivo, votaría por mí”, un candidato que llama al orden y seguridad de los dictadores, vengan de donde vengan.

Frente a él, Gabriel Boric, 35 años, y no rasguemos vestiduras, “es muy joven”, “es inexperto”, “se formó en las marchas”. Produce temor el que sea la generación sin miedo, la que no conoció en carne propia la dictadura la que asuma las riendas del país. Atacan la juventud aquellos que callan frente a la entronización de viejos patriarcas, candidatos a repetir el pasado, candidatos de promesas no cumplidas, candidatos del statu quo y no del futuro.

Hoy, Chile se enfrenta a su destino y a la historia, la nueva historia, la de una sociedad que avance por el espinoso camino de la justicia social, del respeto a las mujeres, del respeto a los trans, del respeto a quien quiere alimentar a su familia pidiendo un salario que así lo permita, una sociedad que permita que los sueños no tengan un techo de cristal que los limite, pero también que las familias tengan un techo bajo el cual cobijarse.

Este domingo cada chileno se enfrenta a su destino, cada chileno es libre de votar por quien desee, nadie tiene derecho a decirle a otro por quién votar, eso es democracia. Pero enfrentados a un momento histórico, cada chileno tiene derecho a expresarse libremente, y yo me comprometo, al igual que lo hiciera 51 años atrás.

Voto, voto por el futuro, por el camino abierto y no por la espiral de la muerte. Yo, hombre de teatro, hombre de letras, poeta, uno mi voto al de las letras y al del canto, al del minero y al del campesino que siembra la tierra, al del pescador que saca el fruto del fondo del mar y al de la mujer que levanta su voz, al del erudito y al del estudiante que expande las fronteras del saber. Yo, por ti, mi tierra lejana, pongo mi voto al servicio de la juventud, voto y voto Boric.

* Escritor, poeta, director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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