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CHILE NUEVO. Elecciones 2021 columnas y comentarios...

En busca de la Sensatez. Por Gloria Clavero Aranda. Quillota, noviembre 2021. (Pensar con criterio propio, es un bien escaso en estos días.GCA)

Aunque el pueblo de Chile decidió por mayoría, aprobar la redacción de una nueva constitución, que tenga en cuenta, principalmente, la Justicia y el Equilibrio como ejes centrales de las nuevas normas, que regirán los destinos de Chile, este hecho, no dejar de ser puesto en duda, y malinterpretado por los intereses de la Casta, que no quiere ningún cambio que perturbe sus manejos.

Lo preocupante es, que en el mismo momento en que fueron elegidas las mujeres y los hombres, que actualmente integran la Convención Constituyente, se desató una “guerra sucia”, provocada por intereses partidistas, minoritarios, pero con Poder Político y Económico, en contra de esa nueva institucionalidad, pasando por encima de la decisión democrática de la ciudadanía. Guerra que se ha mantenido, a pesar de que hoy, venciendo, no sin conflictos, todos los obstáculos, la Convención funciona, y la mayoría de convencionales, con todas las diversidades presentes, empezaron a redactar la nueva Ley de leyes, respetando las normas, que ellas y ellos se dieron, para poder trabajar, regulando tiempos, intervenciones, propuestas y todo lo que sea menester, para avanzar...incluso, desplazándose a regiones, para recibir opiniones y propuestas de las gentes que viven lejos de los centros del Poder Político…

A pesar del trabajo demostrado por la Convención, existe un claro y enconado maltrato hacia las y los convencionales, descargado específicamente en la persona de la Presidenta Elisa Loncon, mujer, y Mapuche. Aún así, desgraciadamente, el tema constitucional, está quedando tapado, por todo lo que ha suscitado la segunda vuelta de las presidenciales. El miedo, sentimiento normal en épocas de crisis sistémica, está siendo, vilmente manipulado por parte de seres humanos malintencionados. Individuos interesados en su propio peculio, seres mezquinos, que utilizan las redes tecnológicas, trasmitiendo noticias absolutamente falsas, con el solo propósito de hacer del miedo, una emoción paranoica, que acreciente la inseguridad de la población…

De esta manera, la nueva constitución, está siendo relegada al desinterés. Los Mas Media, junto a sus hermanos menores, las Redes tecnológicas, que les llevan la delantera, cambiaron, momentáneamente, de sujeto y objeto político, apartando las noticias de la Constituyente, aunque día a día, está presente, cumpliendo las funciones para las que el pueblo la eligió.

Hay demasiada información manejada por intereses económicos y políticos. Y los representantes de los partidos, de todos los colores, poco hacen para desmentir la estupidez, de unos pocos, que dañan más aún, la mínima credibilidad institucional, perdida, no solo en el interior de nuestro país, sino también fuera, en el resto del mundo, que nos ve, por la misma ventana por la que irrumpe la barbarie de quienes sienten peligrar sus prebendas… Se desinforma tecnológicamente por las redes, pero también por algunos medios clásicos, “servidores del Poder Económico”. La realidad contingente, está “actuando”, sin control, poniendo la “bipolaridad política”, donde solo existe una verdad comprobada: El 19 de diciembre, dos candidatos compiten por la presidencia de la República.

Gabriel Boric, un joven de 35 años, integrado en “Apruebo Dignidad”. Un muchacho con una vida parlamentaria corta, procedente del Movimiento Estudiantil, que aterra a las Elites…

José Antonio Kast, un hombre inserto en el “Frente Social Cristiano”, movimiento antiquísimo, con larga historia en la Europa de las dos guerras mundiales, aunque aquí, hoy, se esté “volviendo” a poner de moda. Un señor con gran experiencia política, aprendida durante la Dictadura de Pinochet…

Con esta concisa información, me pregunto; ¿Acaso, cada mujer, cada hombre, en este país, no deberíamos sacar nuestras propias conclusiones, intentando entender lo que está pasando, pensando por nosotras mismas, por nosotros mismos, sin dejarnos manipular…?

¿Acaso no conocemos “nada”, sobre la Verdad Histórica de este país? ¿Acaso no sabemos “nada”, de lo que pasó, hace 45 años? ¿O, las gentes más viejas, ya lo olvidaron…?

¿Es posible que en estas elecciones, las más importantes, desde los años 90, no sepamos a que nos estamos enfrentando?

¿O ya ni siquiera nos queda el derecho a votar, con propia consciencia, sin la intervención de los intereses políticos de los de siempre, aquellos que vienen de los días del terror de la peor Dictadura habida en este país…?

El lenguaje, se pervierte, y pierde su valor original, con el uso desmedido de ciertos términos. Palabras como democracias, política, libertad, inseguridad, “seguridad ciudadana”, “control”, Dios, patria, orden, familia, cada día se desgastan más, y se repiten, sin saber, ni menos entender que significan... La especie humana tiene solo padres omnipotentes. Patriarcas arrogantes y prepotentes, que se han erigido en jueces y verdugos, que apartan, expulsan, torturan, incluso matan sin piedad, en algunos lugares del mundo, a quienes osan criticarles, o a quienes se atreven a plantarles cara, buscando justicia y equilibrio.

Hace demasiado tiempo que en Chile, el padre, patriarca empresarial, concentra y acumula capital, destruyendo todo a su paso… sin respetar los DDHH de la mayoría, extrayendo las riquezas naturales de la tierra, sin importarle la vida de las gentes sencillas, ni la vida de los seres de la naturaleza, que permiten la Existencia Humana… Hoy, en Chile, la prepotencia del padre padrone, el patriarca Patrón de Fundo, destruye los bosques nativos, desforestándolos, incendiándolos, arrasándolos, para convertirlos en terrenos aptos para la construcción a gran escala. Las empresas forestales y las inmobiliarias, son industrias capitalistas que sustentan y alimentan los deseos del padre, igual que las empresas mineras, que además, procuran grandes ganancias a capitales extranjero…Nos falta la madre, la que nutre y cuida, la que protege y escucha. La madre que enseña a tener en cuenta y a respetar a los demás, porque es condición fundamental para que los demás te tengan en cuenta y te respeten.

Hoy el padre, es el Poder Patriarcal de unos pocos, llevado a su extremo: la Dominación.

Hoy, la madre que nos falta, a la mayoría, es la Sensatez.


Problemas del SERVEL: ineficiencia y parcialidad. Por Alex Ibarra Peña. Dr. en Estudios Americanos.

En nuestra América encontramos una serie de reclamos en torno a las instituciones del Estado que deben asegurar las condiciones democráticas en los comicios. La importancia del SERVEL es significativa para la legitimidad de un proceso electoral. Por esta razón, es necesario que este organismo sea independiente del gobierno de turno, pero también de los conocidos intentos intervencionistas de las garras imperialistas en nuestros países.

La única tarea de este organismo del Estado debe ser asegurar el derecho al voto y la transparencia del proceso en el cual se manifiesta el poder popular desde su intención política. El próximo proceso de elección es considerado como uno de los más relevantes de las últimas décadas. Ninguno de los candidatos se presentaron como representantes de los Partidos Políticos del duopolio de la transición, esos partidos derrotados ya han tomado sus posicionamientos sobre cuál candidato apoyarán.

En las elecciones recientes el SERVEL se vio desafiado por varias cuestiones polémicas. Por ejemplo, el escándalo de intervención política del Fiscal Nacional que extrañamente y con toda la parafernalia de los medios, haciendo espectáculo, procedía a allanamientos en sedes y domicilios de algunos candidatos. Este tipo de maniobras políticas sensacionalistas en los días que constitucionalmente no puede haber campaña política son novedosas y van enturbiando la legitimidad democrática del proceso.

Otra cuestión que se vio en algunos medios de prensa fue aquellas mesas escrutadoras que dejaban a varios ciudadanos sin la posibilidad de ejercer su voto. Este tipo de problemas también son nuevos y podemos ver en esto cierta vulnerabilidad relacionada a la eficiencia del Servicio Electoral. Este tipo de situaciones dejan en duda la competencia de las autoridades del organismo en cuanto a que este hecho es una falta grave, pero peligrosa para la legitimidad democrática del proceso.

Algo menos observado ha sido la falta de guía en las filas de los votantes. El contexto de pandemia causa una mayor demora en la espera dados los aforos que deben respetarse en los centros de votación. Dado este contexto la organización es fundamental. Para las elecciones de la Convención Constitucional los aforos eran más restringidos y las condiciones sanitarias más riesgosas, a pesar de eso el universo de votantes fue mayor, sin haber grandes problemas en la organización que aseguraron un funcionamiento eficiente. ¿Por qué el proceso fue menos eficiente ahora? Es difícil comprender este punto, votaron menos ciudadanos, las condiciones sanitarias han mejorado y ya había experiencia previa. Finalmente, también hubo denuncias sobre errores en el conteo de los votos, aunque esto fue bastante excepcional. Esto también es un grave problema que afecta la legitimidad.

Hasta aquí hemos dado una serie de datos que desde la ineficiencia atentan contra un importante proceso democrático. Las críticas no han sido tan severas y considero que no se ha debatido sobre las responsabilidades de las autoridades del SERVEL, cuestión importante para asegurar un proceso legítimo en el próximo balotaje.

También se debe observar que más allá de estas ineficiencias graves, el actual Director del SERVEL, Andrés Tagle no da garantías de parcialidad dada su reconocida militancia en la UDI, partido político de la ultra derecha chilena. Esto agudiza el problema en torno al aseguramiento de las condiciones democráticas y de la transparencia. Esta cuestión es producto de esos pactos binominales acordados por el duopolio político heredero de la ilegítima Constitución de Pinochet.

Hay que estar muy atentos a este proceso electoral tan significativo en nuestra historia, es importante que en las elecciones venideras podamos expresar con una alta participación el derecho a voto. El SERVEL tendrá que estar a la altura del proceso, al servicio de los ciudadanos ajeno al intervencionismo político conservador que intenta negar el anhelo por las transformaciones políticas que los ciudadanos podrían demandar en las elecciones venideras.


Segunda vuelta presidencial y un aumento eventual de la cantidad de votos. Por Max Oñate Brandstetter, Cientista Político

«En una sociedad económica y socialmente desigual, una igualdad políticamente perfecta no es posible, porque gente con recursos diferentes, tiene impacto e influencia política diferente y el mero hecho de tener derechos no es eficaz sin los recursos para ejercer esos derechos. Varios grupos de interés, compran políticas a través del financiamiento de partidos...»
Adam Przeworski

Durante el proceso electoral de 2017, pensé en la victoria inevitable de Alejandro Guillier, no porque Piñera fuera del sector de la derecha y ya había sido Presidente, sino por las cifras de la primera vuelta y la tradición electoral de las segundas vueltas -al parecer- hasta entonces.

Ricardo Lagos escobar fue el primer Presidente de la República de Chile en ganar en segunda vuelta -la más estrecha hasta ahora- contra Joaquín Lavín, inaugurando los procesos de segunda vuelta electoral presidencial en Chile, donde siempre descendieron los votantes en segunda vuelta. La baja en la participación en segundas vueltas presidenciales se explica porque en primera vuelta se define la composición del parlamento, como también, las dos primeras mayorías que disputarán la presidencia. Esto señala que a mayor trascendencia electoral, aumenta la participación, y a menor trascendencia, disminuye, incluso a niveles considerables.

Elecciones del 2017: Con un total de 6.703.748 votos, teniendo un 53,82% de abstención electoral: Las candidaturas de la derecha (Sebastián Piñera 2.418.540 y JAK 523.375), obtienen un total de 2.941.915 votos.

Las candidaturas de centro-izquierda (Alejandro Guillier 1.498.040, Beatriz Sánchez 1.338.037, Carolina Goic 387.784, MEO 376.871, Artés 33.665 y Alejandro Navarro 23.968) obtienen un total de 3.658.365. En este contexto, el triunfo de la derecha era muy difícil, porque la única forma de ganar la elección, era convocando voluntades por fuera de los votos emitidos, incrementando la participación electoral, contrario a toda la tradición electoral en segunda vuelta, donde la torta a repartir es más pequeña y se produce entre los «votantes de siempre», pero ¿qué ocurrió entonces?

Los votantes aumentaron de 6.703.748 votos, a 7.032.523, sumando un total de 328.775 extras, en relación a la primera vuelta, contradiciendo la tradición política electoral de Chile, lo que produjo los siguientes resultados:

Guillier obtuvo 3.159.902 votos, perdiendo 498.463 votos, reduciendo su propia cantidad de votos en segunda vuelta, aparentemente se enmarca en la misma dinámica de los procesos electorales. Piñera obtuvo 3.796.579 votos, aumentando 854.664 votos y ganando la elección presidencial. Puede haber sucedido que votos de otras candidaturas se pasaron a Piñera en vez de Guillier. Podría explicarse también que hay votantes de recambio, es decir; que se retiran determinados apoyos en primera vuelta y son reemplazados por otra camada de electores, que tienen la preferencia inversa, siendo una posibilidad existente en los mecanismos electorales de voto voluntario.

En el contexto del aumento en la participación electoral en la segunda vuelta, en la medida que aumentan los sufragios, la derecha es quien obtiene la mayoría.

Elecciones 2021: Con una participación de 7.115.590, equivalentes al 47% del padrón electoral (que aumentó a 15.030.973), la distribución de votos, se compuso de la siguiente manera: Las candidaturas de derecha (JAK 1.961.122 y Sichel 898.510) obtienen un total de 2.859.632 votos. Las candidaturas de centro-izquierda (Boric 1.814.809, Provoste 815.558, MEO 534.485 y Artés 103.181) obtienen un total de 3.268.033 votos. Parisi 899.403 La candidatura de Parisi la instalo por separado de las candidaturas de la derecha, por razones propias de la distribución de votos, porque (pensemos que es de ese modo) la fidelidad del domicilio político, provocará la fusión electoral de las candidaturas.

Lo primero que hay que señalar, es el aumento de ciertas candidaturas de la elección anterior; donde Artés aumentó en 69.516 votos, respecto del año 2017, acercándose a 2/3 el aumento de su capital electoral, MEO aumentó 157.614 votos, sin crecer tanto en su porcentaje, como el caso anterior y finalmente JAK, quien aumentó de 523.375 a 1.961.122 votos, aumentando en 1.437.747 su capital electoral. Parisi tiene varias virtudes electorales, y formando parte del «ni izquierda ni derecha» como marketing, le permite reunir votos, pero ahora está en la difícil posición de tomar decisiones claves en segunda vuelta.

Todos los candidatos derrotados han tomado un riel electoral determinado, menos Parisi. Suponemos acá, que de cierta manera los candidatos tienen pleno y total control de todos sus votos, como para traspasarlos de forma íntegra a sus candidatos afines. De este modo, Parisi, quien se convirtió en «tercera mayoría» es quien tiene un rol clave en el desempeño de las elecciones de segunda vuelta electoral, una importancia gravitante, a la hora de evaluar quién ganará la próxima presidencia.

Escenarios posibles: Parisi decide apoyar a Kast, traspasando sus votos, generando un total de 3.759.035 votos, siendo electo Kast en dicho escenario. Parisi decide apoyar a Boric en las mismas condiciones, generando un total de 4.167.436 votos, superando levemente a Frei Ruiz-Tagle, quien ha sido electo presidente, con la cifra más alta de toda la historia de Chile y sin segunda vuelta.

Si el PDG decide abstenerse (en un 100%) Gana Boric, si deciden dividirse mitad y mitad, gana Boric; todo eso pensando que se retorna a la tradición electoral de las segundas vueltas y disminuye (o mantiene en último caso) el número de sufragantes.

Antecedentes y una breve reflexión: Estamos en la primera elección donde pasan 2 candidaturas que no están adscritas a las coaliciones, anteriormente dominantes, del eje derecha-izquierda, producto del desgaste del «socialismo-liberal», las candidaturas se alzan por sobre “el centro político”.

En el caso de la derecha, el candidato de la segunda vuelta se desmarcó del presidente en ejercicio actual y del listado oficialista, del mismo modo en que la derecha se desmarcó de Pinochet, permitiéndose ganar la presidencia en dos oportunidades.

La derecha abandona al candidato oficialista, para apoyar al candidato republicano, sin respetar sus acuerdos electorales. La concertación pierde por tercera vez consecutiva la presidencia, aunque es primera vez que pierde en primera vuelta.

A pesar de que la prensa utiliza constantemente una campaña de “retorno al centrismo para obtener votos” (de ahí se desprende la “moderación” del lenguaje político en estos días), exhibiendo un clima “polarizado”, incitando a buscar los votos de centro, siendo que lo que importa es la captura (o eventual neutralización) de los votos de Parisi.

Si aumenta la participación electoral en segunda vuelta, debería realizarse sin que se retiren determinados apoyos en primera vuelta, que potencialmente podrían ser reemplazados por otra camada de electores, que tienen la preferencia inversa.

Es necesario observar el gasto electoral en segunda vuelta, pues tengo la sospecha (como investigador) de que aumentará de manera directamente proporcional con el gasto electoral de las partes involucradas, como ocurrió durante el 2017.

La estrategia de Boric debe situarse no en “capturar las voluntades de centro”, esos votos están semi-declarados por parte de aquellos partidos tradicionales, ni menos en romper una posible colaboración con los votantes del “octubrismo”, como les encanta señalar a la clase política, sino en retener a los que ya votaron por dicha campaña y absorver (o neutralizar) los votos de Parisi. Caso contrario, es no entender nada los mecanismos políticos, donde “atacar lo extremo” y amplificar la cantidad de votantes, podría cimentar el triunfo de Kast, porque se generan las condiciones propicias para ello.

A veces, golpear la tabla por el lado equivocado, nos puede terminar dañando. Si la democracia se debe parecer al mercado para ser estable –como señala Przeworski- entonces la democracia electoral se desenvuelve como la competencia entre privados. ¿Es posible que una pyme le gane a una gran empresa e incluso a una transnacional? NO, y no es descabellado pensar en el despliegue electoral de la derecha, en momentos de aumento en la participación, y no se puede vencer “con convicción e ideas” el flujo del libremercado monopolizado, en reglas empresariales de la política, para el empresario y donde el éxito individual-empresarial es compatible en dicha relación comercial de dominación.

No se puede derrotar a un adversario electoral incrementando electores, donde ellos toman la iniciativa y el control, pero es curioso que la identidad derechista (anti comunismo, pluralismo limitado, autoritarismo, compatible con ser “demócratas”) se presente a sí mismo como plural y tolerante.

La campaña electoral de ambos lados, se planteará arrinconando y acusando a la respectiva contraparte de “extremo y totalitario”, buscando los votos “de centro”, apelando al aumento en la participación electoral en segunda vuelta (antecedentes del fracaso de la centro-izquierda) pero se debe tener en cuenta, que lo verdaderamente gravitante es el capital electoral de Parisi y el PDG, que pueden jugar un rol bisagra en el poder legislativo.

Para concluír: Los adolescentes que saltaron el torniquete no pueden votar, pero abrieron el proceso constituyente (en términos generales) y la política en su contenido actual, pero si ganara Kast, no hay otra lectura: la sociedad adultocéntrica se encuentra diametralmente opuesta a los procesos políticos del conflicto vivido (y por vivir) en Chile.

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¿Restauración conservadora en tiempos constituyentes en Chile? Por Andrés Kogan Valderrama

El sorprendente triunfo en la primera vuelta presidencial del candidato de ultraderecha José Antonio Kast, por sobre el candidato Gabriel Boric, no solo pone en jaque la posibilidad de un futuro gobierno de corte transformador en Chile, sino que pone en riesgo el mismo proceso constituyente en curso en el país.

La verdad es que cuesta mucho entender lo que pasó en Chile aquel día, ya que veíamos el ascenso de la ultraderecha negacionista como una amenaza que no llegaría tan pronto, considerando todo lo que ha pasado en el país y el derrumbe del gobierno de Sebastián Piñera, luego de la revuelta social y la instalación de la Convención Constitucional.

Si bien el porcentaje de votos alcanzado por Kast no es muy alto (27, 91%), el problema mayor es lo poco que sacó el candidato de Apruebo Dignidad (25, 83), el cual obtuvo prácticamente lo mismo que sacó en primarias (sumado a los votos de Daniel Jadue), lo que refleja que su candidatura convocó muy por debajo de lo que se esperaba.

Las causas de la baja votación de Gabriel Boric son seguramente múltiples y responden a distintos factores internos y externos de la campaña, pero lo que está claro, es que para obtener un triunfo en segunda vuelta el próximo 19 de diciembre, tendrá que inevitablemente ceder mucho de su programa de gobierno antineoliberal y hacer alianzas con sectores de izquierda más conservadores, como es el caso de los partidos de la ex concertación.

Asimismo, pareciera que también tendrá que dar respuesta al discurso impulsado por Kast, centrado en el miedo y en el orden público, en donde la delincuencia, el narcotráfico y la falta de certeza económica, pareciera que serán los temas que instalarán los grandes medios de información para los próximos debates entre los dos candidatos.

De ahí que Boric, haya entendido que la seguridad sea un tema central para las próximas semanas, y que esté adaptando su discurso de campaña, lo que obviamente es un riesgo, ya que puede ser visto como algo no creíble a estas alturas, pudiendo ser incluso contraproducente.

Por lo mismo, el haber sumado a Eduardo Vergara, como encargado de seguridad en su comando, es un acierto, considerando que no bastará con que hable del tema, en la medida que no plantee un discurso que se diferencie de la ultraderecha, cuestionando así fuertemente el populismo penal y la guerra contra las drogas de Kast, y proponga una alternativa sin complejos desde la izquierda, que vaya mucho más allá de lo punitivo (1).

Lo mismo con respecto al ámbito económico, el cual debiera volcarse al chileno y chilena promedio, los cuales han sido abandonados por un Estado negligente y abusados por grandes sectores empresariales, haciendo que las familias vivan completamente bancarizadas, a través del crédito, mientras el Estado goza de grandes reservas en el extranjero.

Ante esto, sería interesante incorporar también en el comando al economista de la Fundación Sol, Marco Kremerman, quien mejor que nadie en el país, ha desmontado empíricamente el mito de la llamada clase media (2), la cual no es otra cosa que una construcción de las elites, que ha permitido instalar un discurso del esfuerzo individual, de la meritocracia y del emprendimiento.

No obstante, más allá de estas estrategias de campaña para la segunda vuelta, lo que más debiera preocuparnos, en el caso de ganar José Antonio Kast la presidencia, no es su gobierno propiamente tal, el cual estará limitado al no tener la mayoría en el congreso, sino en el uso de su cargo para hacer una campaña desde el ejecutivo contra la Convención Constitucional.

El candidato del Partido Republicano ya ha manifestado explícitamente que de ser presidente, y no estar de acuerdo con el texto constitucional que se escriba, lo que seguramente será así, levantará la bandera del rechazo para el plebiscito de salida del año 2022 (3), siendo su gobierno un mero instrumento para una restauración conservadora.

Un escenario así, de confrontación entre José Antonio Kast y la Convención Constitucional, no solo le haría un daño gigantesco a la democracia del país, sino que podría generar un clima de violencia política de alcances insospechados, trayendo consigo mucha sangre y una fractura total en el país.

En consecuencia, Kast de manera irresponsable estará usando su cargo de presidente para destruir la paz social que tanto dice defender, pasando por encima todo lo que se está intentando construir institucionalmente para el país, dejando en evidencia que más que el bien en Chile, está preocupado de mantener el orden autoritario, haciendo fracasar el proceso constituyente, para mantener a cualquier precio la constitución de 1980.

Frente a todo lo señalado, el triunfo de Gabriel Boric el próximo 19 de diciembre, es mucho más que el triunfo de un candidato en particular, del Pacto Apruebo Dignidad o de un sector político determinado. Tiene relación con cuidar la convivencia en el país y la defensa de un proceso inédito, que fue llevado por millones de chilenos, que creyeron que se podía hacer una constitución de manera distinta, después de más de 200 años de historia.

1:https://www.theclinic.cl/2021/11/22/columna-de-eduardo-vergara-seguridad-y-orden-las-llaves-para-entrar-a-la-moneda-y-gobernar/

2:https://www.youtube.com/watch?v=l9wNlf8O1-c&t=906s&ab_channel=HolaChileLaRed

3:https://www.youtube.com/watchv=lTCiEhrn6SE&ab_channel=Pol%C3%ADticaChile


LA CONQUISTA DEL CAMBIO, ALGO IMPRESCINDIBLE. Por Luis Osorio

24 de noviembre de 2021

Todo cambio es posible cuando se es consecuente del efecto sobre lo positivo de su implicancia, no se trata de algo fácil, sino que representa una acción trascendente de mucha entrega y responsabilidad. Si el cambio implica beneficios sustantivos para las personas, tiene el significado de una repercusión social importante, la distribución del vivir bien y seguro, en un país verídicamente amable. Hay lazos comunicantes entre seguridad y condición de vida, en que la existencia del 1% más rico no aporta, sino que es una situación provocadora inserta en la desigualdad. El cambio entendido como transformación, es parte de las ideas cuando lo que da motivo a llevarlo a la práctica no se ha hecho bien, es la modificación de lo inadecuado, lo otro se mantiene o se adapta a nuevas necesidades. El estallido social, no surge de la nada, es consecuencia de una elaboración y de una mala forma de hacer las cosas, ello no se puede eludir como cuota de responsabilidad y explicación de hechos. Al escuchar en múltiples ocasiones sobre una verdad no desmentida, representada por ser Chile uno de los países más desiguales, de manera natural se coexiste en una incubadora de un conflicto social, al cual no se le hizo caso y da lugar a un crecimiento del conflicto como un espiral, que mientras más se demore en aparecer, estalla más fuerte y tensiona más. El siglo XXI, no ha sido tan conflictivo, aparte de algunos desastres naturales, como para no haber actuado en forma oportuna con cambios como se expresa en algunos sectores, con gradualidad. Veinte y un años es un tiempo suficiente para la acción con gradualidad, y si no se aplicó ese concepto en los gobiernos, va la interrogante de sí se puede seguir esperando. El abandono o más aún la omisión de la justicia social, de manera inevitable pasa la cuenta. Más aún, si se va a las raíces y al momento en que surge el modelo imperante, y las estructuras fuertes que se instalan sin ser modificadas, ya que son parte de la sostenibilidad del poder económico. No olvidando, los medios utilizados por la derecha de una extrema violencia que fueron los cimientos de los últimos 48 años. Un ejercicio retrospectivo en los acontecimientos, justamente provoca descontento, da una sensación de rabia y una indefensión, frente a lo que podría representar el alcanzar una vida digna. Eso está en el ambiente como algo latente, que no ha sido superado, va más allá de un acto eleccionario, es romper una inercia, quebrar un ciclo y partir con otro. Si imaginamos una figura con cuatro esquinas, éstas aún se encuentran disociadas, no con una relación directa y ello es altamente decidor, tiene consecuencias de observar situaciones que eran totalmente predecibles. Hay un proceso necesario que aún no se ha iniciado, por tanto, no es de extrañar resultados electorales recientes.

En una esquina, se encuentra el 18 de octubre de 2019, con demandas que no han sido atendidas; otra esquina tiene componentes de una crisis: mal gobierno, desconfianzas, negocios ostentosos del gobernante y agudización de problemas sociales en momentos de pandemia; la esquina del proceso constituyente, avanza pero tiene un alto grado de dependencia con el futuro aún no resuelto; finalmente la esquina que está instalada en el corto plazo, es el proceso eleccionario, que es parte de un ciclo anterior, dentro del cual la construcción del pasado en el cual todavía estamos insertos, obstaculizan mirar el punto de inflexión hacia un futuro transformador. Tampoco se abordó a tiempo, la baja participación en los procesos eleccionarios, por ese lado se propaga una visión de conveniencia de arrastre para apoderarse y perpetuarse en cargos de representación. De manera objetiva, la explosión social no proviene de ese mundo que de alguna forma cumple con la acción de ir a votar y estar ligado, a lo menos a través del sufragio con lo político. El mundo político, pero no en su totalidad, con el estallido social expresado en las grandes alamedas de cada ciudad, reacciona no de inmediato, sino que se acomoda y toma posición conforme a una coyuntura de esos días. Fueron meses, desde el último trimestre de 2019, muy movidos. El descubrimiento de lo que no se veía o no se quería ver, aparecía en todos los matinales; sucesivos intentos para rendir la PSU; una temporada estival inusualmente con harto movimiento y sólo la pandemia, inyecta una pausa relativa. Además, hubo diálogos en espacios públicos, que permitían avizorar nuevos augurios, pero faltó más. Pudiendo ser muy importante el proceso constituyente, en su manifestación actual y esperanzas que se generan por ese lado, es claro que surge de una acción de salvataje a Piñera. Dejando de lado esa visión objetiva, ya es una instancia que se ha ido validando con un reconocimiento, de transformaciones que pueden determinar un proceso de cambio, pero no inmediato y se sitúa en un largo plazo. Pero es un terreno en pleno desarrollo. Son otras las acciones que están más a la vista, las que deben ser entendidas, y relacionadas con la suma de leyendas contenidas en esos carteles y peticiones que aparecían en los muros, las que siguen en su estado de pendientes y/o postergadas por un plazo no menor. Naturalmente, a algunos les produce frustración y al no ver resultados, que podrían ser ínfimos en un gobierno de derecha, se instala la sensación de que nada se consiguió, la carga de los 30 años ha sumado dos más. La educación cívica, es deficitaria y las desconfianzas son crecientes, persiste una baja votación, según eso lo más probable es que parte de esos sectores sean más radicalizados en sus protestas, se pone en tela de juicio la motivación de ser parte de una sociedad, que se ha formado en una vertiente de un gran individualismo, constitutivo como eje que sustenta el modelo. La violencia que de todos modos sale a la palestra en estos tiempos, sin justificarla hay que entenderla. La peor es la que se encuentra categorizada como violencia de Estado, que es de gran magnitud y le resuelve los intereses e intenciones a un sector político, dando paso a un modelo neoliberal. Es la violencia con recursos públicos y la competencia de la institucionalidad armada, que interviene en lo político, generando un impacto profundo y negativo que se expanden hasta el presente. Cómo la derecha interpretara el asesinato de dos comandantes en jefe del Ejército; de Orlando Letelier en Estados Unidos; lo que quedó instalado en las muertes del Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda y del presidente de la república Eduardo Frei Montalva. Cómo la derecha interpretará la muerte de tantos otros chilenos durante la dictadura. Cómo entienden el ejercicio de la violencia y la destrucción del Palacio de la Moneda, con uso de aviones de la Fuerza Aérea de Chile A reglón seguido, luego de los hechos descritos tendrán el discernimiento de que la forma de vida que tenemos causadas por un modelo económico, son fruto de la violencia extrema, o es que acaso omiten. Se trata del medio para la imposición del poder y que abre un hito no resuelto, para ellos un método válido en resguardo de sus intereses. Otra vertiente, es la delincuencia y los saqueos como fenómeno social, de cuando un país no llega de manera oportuna a evitar que seres que nacen, finalmente lleguen a ese tipo de acciones, no políticas sino determinadas por carencias y trayectorias de vida no deseadas. La operación del narcotráfico, va por otro canal, una violencia desatada amparada por el poder del negocio. Son tres ámbitos diferentes, dos de las cuales están arraigados en situaciones de carácter nacional y en el no haber aceptado, que los historiales de violencia no se olvidan respecto al lugar de donde provienen y las extendidas consecuencias. Al parecer la derecha, cree que es una materia exclusiva bajo su tutela y libre disponibilidad. Pero es necesario dar un giro en 180 grados de una vez, que van hacia el sano cambio estructural en aspectos trascendentes, la posibilidad de recuperar confianzas, recién puede empezar, no había ninguna señal que permitiese vislumbrar en el período más reciente, cambios sustanciales. Se trata de invitar, a construir algo diferente. La desigualdad, la injusticia, la mala educación, la mala salud, etc. son construidas e intencionadas, y sus espacios opuestos también deben ser materias de construcción. Si algo es malo, hay que reestructurarlo en forma profunda; lo que no es tan malo, tiene opciones de mejoras; y lo que es bueno, determina la acción de mantenerlo. Con la premisa fundamental del beneficio de mayorías. Hay que otorgar un gran espacio de creatividad y colaboración para vivir bien. Es el punto de inflexión esperado, que redirecciona 48 años de historia. Conservando conquistas que pueden haber sido mínimas, en relación a la reformulación de las grandes estructuras. Se debe relevar el significado de futuro impregnado por la juventud, a ellos les pertenece, las lecciones provenientes de los menos jóvenes que se deben enseñar, van por el lado de cómo no se deben hacer las cosas y propagando lecciones de responsabilidad. Si podemos exhibir una desigualdad mayúscula, ello no es motivo de orgullo, es resultado de actitudes y formas desafortunadas de conceptos de sociedad de los gobernantes de un pasado actual y reciente. La partida debe ser altamente comprensiva de ese elemento que muchas veces portan los más jóvenes, me refiero a la mochila, y en esta ocasión es la que se ha impuesto por 32 años de un hacer mal las cosas, algo hay de rescatable pero muy poco, las fallas estructurales pesan más. La actitud debe ir por el lado que no sólo se debe plantear problemas, sino soluciones, con la premisa que habitamos el mismo territorio. Las expresiones de la vieja política deben quedar de lado, cuando hay una actitud de casi pasar la cuenta por segundas vueltas anteriores, mucho peor es haber formado una coalición de gobierno, y a medio camino llevar candidata propia, manteniéndose en forma inmóvil en cargos de gobierno, eso es un problema de gobernabilidad, lealtad y de dar paso a la derecha. La interpretación diferente, es signo que alimenta el descredito de la política y la extinción de partidos. Hay que reconocer que veníamos con muchas ataduras y en algún momento se tienen que romper, el trabajo que viene, es que aquellos que se sienten desencantados, se reencanten porque tenemos una oportunidad de darles motivos para que se vuelvan a contentar. Era un tiempo largo que los llevó a ese estado frente a la vida, ahora ya no sobran. A cada rato se abren ideas y se multiplican las esperanzas. Hay otros caminos inapropiados que son peligrosos. Las expectativas son grandes y se verán las bondades de los cambios dentro de un tiempo, la historia es así, estamos en un momento crucial que permitirá un país diferente. Hay mucho por descubrir y cada habitante, tiene una extensa geografía por recorrer. Aún estamos en el antes, y hay que saltar las vallas para llegar al después. Si alguien tiene una propuesta diferente en pro de la vida digna, es el momento que le vaya dando consistencia y sentido, echar a andar el pensamiento y proponer, las buenas ideas no se pueden desechar, pero es importante reconocer y aceptar las características del pasado, que permitan eliminar las malas practicas e incorporar las variables para un cambio de ciclo, un fin verdadero de la dictadura y un restablecimiento pleno de la democracia.


¿Kast o Boric? Entre la flexibilidad y la competencia o un nuevo modelo de relaciones laborales. Por Mauricio Muñoz (Sociólogo – Doctor en Ciencias Sociales)

La construcción de las sociedades pasa en gran medida por la forma en que se resuelve la organización del trabajo. La producción material y simbólica, así como los servicios, no se limita a los procesos estrictamente técnicos o económicos, sino que también se articula con el conjunto de interacciones, es decir, con las relaciones sociales de producción, que son un aspecto fundamental para tales procesos. Los candidatos a la presidencia, José Antonio Kast y Gabriel Boric, en sus programas de gobierno, tiene propuestas diferenciadas respecto al trabajo. Mientras el primero expresa un punto de vista contingente, enfatizando la necesidad de generar mayores niveles de “flexibilidad laboral” y “pago por productividad”, el segundo, con una mirada más amplia, plantea lo que se podría considerar un nuevo pacto sociolaboral, en base a la idea de “trabajo decente”. Así, Kast propone “modernizar” el Código del Trabajo para introducir la libertad de horario, el trabajo por hora y el teletrabajo; políticas para aumentar el empleo juvenil y femenino, subsidiando cotizaciones (pensiones); postergar el retiro de los mayores de 60 años; establecer en los contratos de trabajo indemnización a todo evento y promover modelos de gestión orientados a valorar el rendimiento por objetivos. El candidato pone énfasis en una flexibilidad unilateral o pactada en los contratos de trabajo, es decir, individualmente. Acota el incentivo de incorporación de jóvenes y mujeres a bonos de cotizaciones previsionales. Promueve la competencia al interior de los trabajadores. Este tipo de iniciativas tienden a precarizar las condiciones de trabajo, cuestión que redunda en menores niveles de productividad para las empresas, informalidad de los mercados laborales y pauperización de las condiciones de vida de las personas. Por otra parte, en su programa de gobierno, Boric propone incentivar la participación de los trabajadores en la sociedad y en la economía, mediante la ampliación de la cobertura de la negociación colectiva y el dialogo social; disminuir la jornada laboral a 40 horas semanales; revisar la normativa referentes al término de la relación laboral y la subcontratación; igualar las condiciones de empleo de hombres y mujeres; aumentar el salario mínimo, normar las gratificaciones y terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres Aunque hay varias cuestiones a revisar, como lo son la negociación colectiva ramal, que omite las particularidades territoriales y productivas, así como las bajas tasas de sindicalización; la aplicación efectiva -más allá de los empleados públicos- de la disminución de la jornada de trabajo; y la relativización respecto del subcontrato como forma de flexibilidad externa, discriminatoria y precarizante; consideramos que, las dimensiones planteadas por Boric, avanzan efectivamente en proyectar ciertos elementos que permitirían mejorar las condiciones laborales y productivas. No obstante, en ambos casos, hace falta territorializar las propuestas laborales. Es decir, adaptarlas según las realizades zonales o regionales del país. Al mismo tiempo, es necesario considerar realidades disimiles de las iniciativas empresariales, tanto en su tamaño (grande, mediana, pequeña o microempresa), como en su grado de formalización, tipo de negocio, procesos y productos. Si bien hay cuestiones estructurales o generales, en el país existen realidades económicas, culturales y laborales heterogéneas a considerar.


Elecciones en Chile: Peligros y desafíos para las Ciencias Sociales. Por Francisco Ramírez Varela

Luego de un proceso eleccionario general en Chile nos vemos enfrentados a una segunda vuelta electoral que enfrenta dos posiciones políticas, que difieren no solamente en la forma de ver la gobernanza política, sino que también en cómo entender la sociedad y las problemáticas sociales de la misma. Al mismo tiempo también difieren fuertemente en cómo enfrentan lo relacionado con la educación y, sobre todo, con el abordaje de la visión de la ciencia y en especial de las ciencias sociales. Es importante por ello, hacer un análisis de las diferentes propuestas, que no solamente representan las voluntades políticas de los candidatos, sino también reflejan su posicionamiento ante las ciencias sociales y el devenir científico.

Por un lado, nos encontramos al candidato de la extrema derecha, quien dentro de su programa y su discurso político refleja un distanciamiento de las propuestas alternativas y reformadoras de la educación, con énfasis en una visión de la ciencia sesgada y conservadora. Podemos notar dentro de su programa de gobierno, cuando aporta las miradas hacia la ciencia, en general son abordadas desde un abordaje en función de una perspectiva clásica, donde el énfasis es en aquellas ciencias llamadas puras - como que si las otras ciencias se merecieran el infierno de las ciencias impuras -, en donde se da un fuerte guiño hacia paradigmas positivistas.

De la misma forma, se plantea las ciencias desde una perspectiva centrada en la Investigación y el Desarrollo (I+D), pero dando énfasis en el apoyo e incentivo desde el sector privado (punto 227 del programa). A la vez cuando hace mención en su programa a la ciencia, hace referencia sobre todo al ámbito científico ligado al STEM (por sus siglas en inglés) es decir del ámbito de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, la cual no incluye en su nomenclatura las ciencias sociales, así como a las humanidades y artes. El mismo es utilizado solamente para hacer mención del apoyo a las mujeres en su carrera científica en esas áreas (punto 697 del programa).

Asimismo, destaca en varios apartados la necesidad del sustento de la ciencia y la evidencia empírica comprobable, lo que hace claro advertencia a una ciencia basada en el positivismo con adherencia a los principios fundamentales de objetividad, racionalidad y determinismo, a lo que se podría entender como una tradición racionalista occidental, donde se valida solo lo que las ciencias objetiva y empíricamente comprueban o demuestra. Esto trasciende las fronteras de lo netamente científico, traspasando a la educación, donde refiere revisar todo material científico educativo, validando el que tenga sustento en evidencia empírica comprobable, diferenciándolo de argumentos ideológicos sin sustento científico o racional (punto 772 del programa). De igual forma hace énfasis programático en desarrollar un plan de lectura formativa para colegios y universidades, entre otros ámbitos en las ciencias sociales (punto 250 del programa).

Por otro lado, encontramos el peligro del sesgo hacia las Ciencias Sociales, el cual es exaltado con la propuesta directa que vierte en su programa sobre terminar las operaciones de FLACSO en el país (punto 77 del programa), con todas las consecuencias que puede traer esto y dejando implícito una persecución de las ciencias sociales. No debemos de olvidar que la FLACSO es un organismo internacional dedicado a la investigación, docencia y difusión de las ciencias sociales desde y para América Latina. Se ha consolidado por décadas desde el punto académico como un lugar de encuentro y de discusión de las Ciencias Sociales. Dentro de sus propósitos y funciones se dedica al estudio y análisis de las diversas problemáticas sociales; aportando y contribuyendo con conocimiento a la construcción e instalación de políticas publicas y sociales. Pero también colabora brindando una perspectiva crítica y constructiva al desarrollo social de Latinoamérica.

Ya para el golpe de estado y la dictadura militar en Chile, sus instalaciones fueron cerradas, y sus miembros perseguidos, expulsados del país y muchos exiliados por el trabajo que realizaban desde las ciencias sociales. A ello se sumó después del golpe de estado la instauración de procesos de intervención y depuración en la Universidades, que instauraron procesos de contrarreformas por medio de la intervención militar de las instituciones, la persecución política y una nueva legislación. No debemos de olvidar que llevo a la clausura arbitraria e inmediata de diversas carreras de formación profesional de las ciencias sociales, como fueron por ejemplo trabajo social y sociología. Esto no solo sucede en Chile “en los países del Cono Sur las ciencias sociales—junto con otras disciplinas—fueron muy golpeadas por las dictaduras militares: centros de investigación y docencia clausurados; académicos y estudiantes encarcelados, expulsados o desaparecidos; funcionarios perseguidos” (Stavenhagen, 2014).

Ya el programa de la derecha advierte del peligro de la “ideologización” de la enseñanza y la investigación en las universidades, reflejando un sesgo ideológico en sí mismo. El creer que la ciencia tiene un único enfoque objetivo, en especial las ciencias sociales, es desconocer la historia y la trayectoria de las ciencias, al parecer se negara la revolución científica de Kuhn por su mera apología nominal que podría ser ideologizada. Es sin duda que el cambio y la división de paradigmas, ya nos advierte en una diversidad de posiciones que se deben de considerar frente a la ciencia, que son parte de una ideologización de la ciencia, pero en base a fundamentos y criterios epistemológicos y metodológicos. Refleja en si un desconocimiento del que hacer de las ciencias, y en específico de las ciencias sociales, de las cuales su labor investigativa no solo debe ser imaginado desde la generación de conocimiento científico, sino para que queremos generar dicho conocimiento científico.

Por la otra vereda, desde la coalición de izquierda que pasa al balotaje, el programa plantea diversas perspectivas que incluyen a las ciencias sociales. Este se centra en un enfoque de Investigación, desarrollo e innovación (I+D+i); es importante destacar que la diferencia sustancial entre ambos enfoques de I+D y el I+D+i, se basa en que el primero se fundamenta en el desarrollo desde un enfoque economicista, mientras que el segundo es una superación del anterior, al incorporar el enfoque de la ciencia aplicada en conjunto con la ciencia pura. Así mismo el programa hace énfasis en el mejoramiento en la formación y trayectorias laborales de la investigación en un modelo CTCI, de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (página 70 del programa); incentivando la inter y transdisciplinariedad, así como la diversidad de temáticas locales y la interacción de los investigadores, entendiendo así la ciencia desde un enfoque de la complejidad. En este sentido se plantea una serie de medidas, enfocadas en el aporte de la investigación y el conocimiento para generar transformaciones en un nuevo modelo de desarrollo, fortaleciendo así el aporte al área de ciencia, tecnología e innovación. Al mismo tiempo se propone la creación de una línea de trabajo especial para impulsar y fortalecer el desarrollo de las artes, humanidades y ciencias sociales, al que denomina Conocimientos 2030. Esta propuesta se basa en apoyar el desarrollo de proyectos consorciados de facultades de estas áreas entre distintas universidades (página 72 del programa). El programa contempla así mismo potenciar la docencia, la investigación, la creación, la interdisciplina, la vinculación con el medio y la innovación en estas disciplinas. Así mismo incluye la creación de un Instituto Público de Artes, Humanidades y Ciencias Sociales. Desafíos programáticos que desde las ciencias sociales deberíamos velar y apoyar en su consecución.

Si bien en ambos programas se ven marcadas diferencias, hay vacíos que también se deben de considerar y trabajar, que llevan a un modelo educacional en general que va en desmedro a las ciencias sociales y ciencias aplicadas en general. Los ejes programáticos también deben de hacerse cargo de elementos de base, como es por ejemplo lo dispuesto por la Ley General de Educación, la cual hace una división entre la formación humanista y la científica, imponiendo un sesgo en la formación que ya establece distingos entre lo que debe ser ciencia y que no. Hoy, a manera de ejemplo, las ciencias sociales no podemos pensarlas alejadas de elementos matemáticos y estadísticos que se refuerzan en esa área científica, al igual que las ciencias puras como la medicina, por ejemplo, no podemos pensarla desde una mirada social y critica. Así mismo enfrentamos a una selección universitaria, que nos refuerza este sesgo, ponderando una clase de conocimiento diferenciada según él área de formación profesional, creando pruebas especiales para esa área “científica”, mientras que generan pruebas de historia y ciencias sociales, donde se ponderan mayormente lo histórico y el dato duro historiográfico, sin desmerecer la historia.

Dentro de los grandes desafíos que se deben de asumir, es el deber de trabajar en conjunto por una educación científica que no solo sea de exclusividad disciplinar de la formación académica de la educación superior, sino que también hoy se debe de dar énfasis a la enseñanza de la investigación científica, con una mirada crítica, desde el ámbito escolar, que sea transversal y permanente en todas sus áreas y enfoques paradigmáticos. El desarrollo científico y del conocimiento debe dejar de estar solamente al servicio de una elite académica y en cómo llenar parámetros que no solo lleven a una certificación y acreditación de los centros de educación superior, sino que también son tendientes a la distinción del tipo de producción científica que es validado en condición de parámetros que normalmente se asocian a la ciencia dura y no a las ciencias aplicadas, sobre todo que responden a sistemas de financiamiento complementario de las universidades. Son estos sistemas de financiamiento ligados a la necesidad de producción científica, que también considere las ciencias aplicadas, los que se deben de revisar en conjunto, desde un futuro gobierno y la comunidad científica en todas sus áreas.

Es así que las ciencias y las ciencias sociales en particular, no solo deben de ser consideras programáticamente en propuestas presidenciales, sino debe de ser un trabajo permanente en el desarrollo social y económico del país.

Francisco Ramírez Varela es académico investigador, Trabajador Social, UDLA


El desafío político actual: disputar el campo del poder. Por Alex Ibarra Peña. Dr. en Estudios Americanos.

La disputa en el campo del poder suele parecer una cuestión ajena que sobrepasa a la ciudadanía que se compromete con la vía institucional. Nuestra historia tiene un antecedente significativo que alcanzó el triunfo electoral desde la participación popular junto a las fuerzas políticas y culturales que demandaban transformaciones profundas. Existía la conciencia de que la única manera posible de causarle fisura a la oligarquía que siempre busca la mantención de sus privilegios a costa de la dominación de los otros desde su discurso del orden y desde la violencia.

En el escenario actual hemos visto la escasa participación popular y la ausencia de la izquierda más radicalizada. Los males políticos del escepticismo y del relativismo siguen estando presente y si bien pueden ser también una posición política claramente permiten la continuidad del orden político que lamentamos. Este hecho es tan evidente que la derecha vio su oportunidad de agudizar sus ganancias incluso abandonando a su propio candidato volviendo a sus herencias más conservadoras estableciendo un nuevo retroceso democrático. Esta jugada vil de la derecha, aceptada por varios defensores públicos del status quo y los medios de comunicación más influyentes, será un nuevo hito de la irresponsabilidad política, incluso más grave que la reelección de Piñera, al menos tenemos una fuente de memoria en la historia que aunque no recurramos a ella, sigue siendo el principal instrumento para la justicia.

Creo que a la candidatura de lo que apenas podríamos llamar la izquierda «posible» le faltó la imaginación para escenarios políticos diferentes optando suavemente por un proyecto político que responde a la agenda instalada por el poder sometiéndose a la realidad que construyen los medios dominados por quienes ya sabemos. La primera vuelta presidencial y el nuevo escenario parlamentario fue una derrota para esta izquierda, pero sin duda también para la izquierda radical y para la clase popular. Las ganancias se las reparten los mismos y la pérdida sigue siendo también para los otros mismos, parece que poco hemos aprendido de las lecciones históricas.

En los debates de la mitad del siglo XIX, cuando los ideales de igualdad emancipatorios de la independencia se veían traicionados por las fuerzas políticas institucionalizadas de la República, Francisco Bilbao advertía sobre la importancia que tenía el protagonismo político del sujeto popular. La esperanza para las transformaciones sociales, estaban tanto en la clase popular como en una agudización política de la clase ilustrada. La clase social ilustrada aspira en su discursos a la radicalización, pero sus acciones se apartan por ese temor a la pérdida de los beneficios. El relato del temor se apodera de varias capas societales, pero es el discurso que ayuda a quienes más tienen, éstos son los que más temen a las transformaciones, de ahí sus estrategias en hacernos creer que todos perdemos.

A principios del siglo XX un ensayo escrito por un joven uruguayo publicaba su Ariel, texto que nos mostraba las bondades de una intelectualidad progresista que se diferenciaba de Calibán. Personajes del clásico la «Tempestad» nombre certero para una lectura del contexto electoral en el que nos encontramos. Volviendo a nuestra realidad tendría que decir que el arielismo es insuficiente para nuestros tiempos, la democracia de las élites ilustrada fracasa frente al poder real del ideario conservador de la derecha hegemónica que sigue instalada en el espacio del poder.

La democracia posible tiene que cruzar sus límites autoimpuestos, la izquierda radical debe asumir responsabilidad histórica frente al peligro al cual nos enfrentamos. Pero, lo más relevante es que la clase popular, los calibanes, asuman la conciencia de su protagonismo en las transformaciones necesarias que abren senderos hacia esos horizontes que anhelamos y que reclamábamos hace poco tiempo. Hoy estamos, como tantas veces, desafiados por la estructura de poder dominante, con escasas fuerzas para un gran triunfo, pero las grandes obras no son espontáneas y por mucha fe que tengamos, tampoco son milagros. Nos queda sólo el llamado a la conciencia de que cuando la historia nos ofrece una oportunidad no podemos traicionar nuestros deseos. la culpa no es una sensación agradable y siempre será mejor vivir sin ella. Esto tiene más sentido en los hechos que en los discursos.


Chile: en medio del vado. Por Ángel Saldomando

Elecciones hay, y por lo menos allí dónde son creíbles, es decir democráticas, se consideran el instrumento esencial en democracia para dirimir opciones, intereses, representación y correlaciones de fuerza. Su deterioro, pérdida de legitimidad, eficacia institucional, y eventual desaparición, conllevan en todo lugar la instauración de un poder autoritario. Aparece la disyuntiva de reponer estándares aceptables de democracia o arriesgar una guerra civil larvada, en diversas formas de conflicto social o abierta. En América Latina se considera que se vive el periodo democrático más largo de su historia, pero es evidente que hay distintas evoluciones según los países. Elecciones hay, pero se ha instalado una creciente decepción, frustración y baja credibilidad en la democracia. La visión regional muestra democracias fallidas, otras tensionadas y algunas, donde las elecciones son apenas un paréntesis, entre dos crisis. La cuestión de fondo es la calidad de las fuerzas que concurren, según ello, las elecciones más allá de su eficacia instrumental, pueden volverse un ejercicio del cual la sociedad se distancia. Los recientes eventos electorales en Chile combinan en parte estos elementos. En un país de cultura sísmica, podríamos decir que estamos viviendo un temblor hipócrita. Se trata de aquellos que mueven el piso, sordamente, uno se levanta y queda a la espera si cobrará más intensidad, hora de escapar o si terminará allí, momento de volver a lo suyo. Las elecciones de primera vuelta en Chile realizadas el 21 de noviembre ponían en juego la segunda fase de definición de la correlación de fuerzas institucional: Presidencia, parlamentarias y consejos regionales. La primera fase dirimió otro nivel institucional pero no menos importante, convención constituyente, gobernadores y alcaldes. Los resultados hay que ponerlos en contexto de un proceso que implica un fin de ciclo político, un estallido social que cuestionó un modelo económico y su manejo político y como consecuencia generó la debacle de las fuerzas que lo representaron. Sin embargo, el proceso dista mucho de ser lineal. Quienes imaginaron que el estallido social generaba un proceso imparable de cambio tomaban sus deseos por la realidad. El estallido llegó por saturación social y desgaste político, no porque hubiera movimientos alternativos estructurados, maduros y nacionales, capaces de convertirse en opción política. Entre ese momento en 2019, que parece tan lejano, pandemia de por medio, el movimiento se congeló. El malestar subsiste, pero en dos años hubo más fragmentación y desgaste político en todos los sectores. La convención constituyente expresó ambos momentos, emergió primero con fuerza como parte de la solución, pero luego, fue perdiendo centralidad y capacidad de crecimiento político, frente al trabajo de zapa de los sectores conservadores. Quienes imaginaron que el acuerdo político de noviembre 2019, entre los partidos del arco que había gobernado el modelo salido de la dictadura, que abrió el camino a la convención, era un pasaporte a la sobrevivencia han tenido un amargo despertar. Han perdido hegemonía, control y sobreviven, siendo la más penalizada la centro-izquierda de la ex concertación, la que cambió de nombre varias veces sin éxito. Arrastrando a sus pilares de otrora, partidos socialista, demócrata cristiano y por la democracia. La primera fase de 2019 a 2020 expresó en “caliente” el malestar en la elección de la convención y en los otros niveles institucionales en juego, los sectores descontentos y los que se distanciaban de los partidos del arco tradicional fueron mayoría, aunque con fuertes niveles de abstención que se reproducirían en la segunda fase, no baja de 52,66%. La segunda fase, expresó esta vez “en frío” la continuidad del desgaste, la desconfianza y la expresión de clivajes culturales, políticos, prejuicios y querellas internas que emergieron de descomposición y de la profundidad social. Hay por lo menos tres constataciones que surgen de este nuevo escenario. El abstencionismo se mantiene en la mayoría del padrón electoral, ello hace que las opciones se dirimen con bajas votaciones, lo que redunda en una suerte de vacío gravitacional, todo se mantiene flotando, pero podría caer. Kast pasa con 27,91% es decir un millón novecientos mil votos. Boric con 25,83% es decir un millón ochocientos mil votos. Sobre un padrón de quince millones. Los candidatos siguientes se distribuyen números alrededor de ochocientos mil votos cada uno para el tercero, cuarto y quinto. La crisis del centro, por el lado izquierdo y derecho del eje, pilar de la política y del modelo se desfondó y liberó descontentos y núcleos duros. La primera vuelta de la presidencial muestra que la derecha se atrincheró con Kast, por fuera del centro derecha, en los temas propios: mano dura, inmigración, libertad abstracta y anti cambios sociales barnizados de anticomunismo primario. Por la izquierda se afianzó el polo pro salida del modelo con Boric, apoyado por el frente amplio y el partido comunista, con una agenda ambiciosa pero demasiado tensionada. Los partidos tradicionales cedieron terreno frente al atrincheramiento y la polarización, pero la derecha en tanto espacio político resistió mejor en la cámara de senadores (ahora partida en dos) y en diputados, donde la centro-izquierda pierde la mayoría y se fragmenta. Lo que augura un difícil ejercicio para el ejecutivo de turno y para facilitar el trabajo de la convención que debe someter la nueva constitución a plebiscito el próximo año en octubre. El paso a segunda vuelta de Kast y Boric pone en evidencia sustratos profundos. El primero es hijo del pinochetismo y la derecha, insoluble en democracia. El segundo entronca con la histórica demanda de un país más justo, que el centro derecha e izquierda congeló en un modelo que nutrió el malestar, el daño cultural, ecológico, social y económico, de la sociedad. Pero las filiaciones, una peligrosa y la otra en estado potencial, no resuelven nada a priori. Ambas podrían derivar en una peligrosa escalada, ya sea de políticas autoritarias y antipopulares o de cambios inciertos sin resultados a la vista. La derecha ha logrado buenos resultados, en las zonas rurales del sur, mapuche y el norte presionado por la inmigración. Boric ha ido adelante en las zonas del centro y de la capital, populosas y populares. Lo que es claro es que la sociedad tiene un malestar profundo, una desconfianza en la política y las instituciones y sin resultados visibles para el ciudadano de a pie nada reducirá esto, dejando un amplio espacio para conflictos y espasmos de bronca. Los temas duros demasiado tiempo esquivados por el centrismo, simplificados por la derecha y poco elaborados por la izquierda emergente han desembocado en esta incertidumbre. Los problemas de donde y como modificar el modelo económico, como enfrentar la delincuencia, manejar la inmigración, las reivindicaciones mapuches y la exasperación que produce su criminalización, así como los derechos que amplíen la inclusión social, han producido una cacofonía más que proposiciones claras y orientadoras. Evidentemente esto no es una cuestión discursiva y conceptual, se trata de la calidad de las fuerzas que podrían hacerlo. Quizá ello abra un espacio para pensar que la política, las propuestas y su orgánica, ya no pueden concebirse como mayorías estables, organizadas de arriba abajo con definiciones ideológicas que abarcan el conjunto. Un marco de referencia común, sin duda, pero frente a diversos temas las mayorías pueden ser puntuales y dinámicas, exigiendo formas y espacios para realizarlas que desbordan las nociones clásicas de partidos, coaliciones y frentes. La ausencia de proyectos de sociedad llave en mano, requiere, tal vez, una construcción política y social distinta que las practicas sempiternas no dejan emerger. La redistribución de cartas es incierta dada la fragmentación del resto de fuerzas y lo inestable de los humores del electorado. La derecha dispone de poder de fuego mediático, empresarial y de manejo de expectativas, el polo pro cambios deberá jugar muy fino para ensamblar una alianza ganadora en medio de los escombros de la centro-izquierda y las desconfianzas cruzadas. Chile está en medio del vado, si retrocede los costos pueden ser inmensos, si avanza y no cruza abortará una posibilidad histórica y si lo logra tal vez un nuevo ciclo político pueda iniciar.


RECORDATORIO: LA LUCHA POR LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA EN CHILE TIENE HEROES Y HEROINAS

Gano la ultraderecha, un hecho real, pero que no es fácil de digerir; es cierto que es un triunfo de primera vuelta, que no es definitivo, pero aun así no es fácil de digerir, porque lo que ganó es el autoritarismo, es la defensa de la dictadura, es la reivindicación de Pinochet, es el menosprecio a la memoria histórica y es una ofensa a los miles de asesinados. Un escenario ante el cual, y más allá de las particulares visiones de cada uno y cada una sobre el porque está pasando esto, debemos salirle al paso a la derecha, a su discurso mentiroso que desde hace tiempo vienen repitiendo, de que “si votan por la centro derecha lo que se viene es la paz y la prosperidad y que si se vota por la izquierda nos espera el caos, la anarquía y el comunismo”. Tenemos que recordar a los desmemoriados y desmemoriadas que durante toda la historia de Chile ha sido la derecha la que ha perseguido, asesinado y perseguido a trabajadores, intelectuales, estudiantes, campesinos, a hombres y mujeres comprometidos y comprometidas con un cambio social, por un país más justo, soberano, en el cual las chilenas y chilenos sean los dueños de sus recursos naturales. De la misma manera, que es necesario recordarles que, durante la dictadura la persecución del enemigo interno, por el Estado dictatorial y las FFAA, con la anuencia del poder judicial, fue en contra de los partidos y movimientos de la izquierda chilena, Socialista, Comunista, MIR, MAPU, partido Radical, FPMR, quienes construyeron la resistencia en Chile y en el exilio, la que al final aportó decididamente a terminar con el terrorismo y la tiranía. Al parecer no solo la derecha sino que sus aliados, se han olvidado que LA LUCHA POR LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA EN NUESTRO PAIS, TIENE HEROES Y HEROINAS, algunos asesinados o asesinadas en cámaras de torturas, en fusilamientos extrajudiciales, otros miles fueron asesinados y cuyos cuerpos los hicieron desaparecer, también militares patriotas que fueron asesinados por negarse a participar del golpe de estado y en la represión a su propio pueblo y finalmente, fueron MILITANTES DE LA IZQUIERDA CHILENA QUIENES ENTREGARON SUS VIDAS COMBATIENDO EL TERRORISMO Y LA OPRESIÓN. Por ello y ante la campaña del terror y del anticomunismo enfermizo de la derecha, que es una máscara hipócrita para perseguir a los y las opositoras, ante la posibilidad de que nos gobierne la ultraderecha fascista, es un deber moral particularmente de la izquierda, unirse, para reivindicar valientemente nuestra historia, a nuestros héroes y heroínas, cuyo recuerdo nos exige no olvidarles, porque ellos y ellas entregaron sus vidas para construir un país soberano, justo e inclusivo. Recordarles en el sentido de que su memoria aporte a la no repetición del autoritarismo y del terrorismo de Estado en nuestro país, rechazando con fuerza estas nuevas ediciones del anticomunismo, las que encierran hipócritamente la violencia y la persecución política de todo aquel o aquella persona que piense distinto a quienes ostentan el poder. Para nosotros una generación que vivió y combatió a dictadura, que con su lucha aportó responsablemente a la libertad de Chile y, para las generaciones que hoy asumen esa historia como propia y continúan luchando por un Chile más justo, soberano, inclusivo, la memoria histórica no es un eslogan, por el contrario, es un libro abierto que en sus líneas nos exige consecuencia, valentía y no olvidar el pasado. Por eso es que debemos todos y todas establecer verdades ocultas convenientemente por tantos años y la principal de ellas es que la derecha chilena y sus aliados, que hoy hablan de paz y de condenar la violencia, NUNCA HAN RECONOCIDO SU RESPONSABILIDAD EN LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD QUE COMETIERON DURANTE LA DICTADURA, abusos que aún hieren el alma de los chilenos y chilenas. A la derecha, a las cúpulas políticas, militares y empresariales que diseñaron el modelo económico y de país que luego instauraron a balazos, nunca se les exigió responder por los crímenes que se cometieron en dictadura, por el contrario, se acordó con ellos, con estas elites militares, empresariales y políticas un tránsito pactado a la democracia a cambio de impunidad. Esta es una de las razones principales por la cual, y después de más de cinco décadas, nuevamente reaparecen en el escenario político, con los mismos argumentos autoritarios y violentos del pasado, señalando y culpando a un enemigo, el mismo de antes, el comunismo, que ya no existe, para declarar la guerra, cobardemente, a quienes amenazan su poder y sus privilegios. Este es un hecho real y por el cual, los chilenos y chilenas que no olvidamos nuestro pasado y la memoria de los miles de héroes y heroínas de la lucha por la democracia y la libertad, mantenemos un justificado rechazo a los dirigentes de los partidos de la concertación, porque de alguna manera u otra ayudaron a limpiar su imagen durante los últimos treinta años. Un rechazo que es objetivo a quienes han avalado el negacionismo y la tergiversación de la historia, imponiéndonos, a la sociedad en su conjunto, un manto de impunidad que intenta cubrir un pasado de esfuerzos, de sacrificios y miles de actos de heroísmo que permitieron recuperar la democracia, aunque a medias, que vivimos hoy en nuestro país. Ahora bien, todo este caudal histórico es el que debe movilizarse para no permitir la vuelta al autoritarismo, a la violencia represiva que persigue a quienes piensan distinto, pero en particular a la izquierda, que es su enemigo interno principal. Es una responsabilidad histórica de esa izquierda que escribió tantas páginas de lucha social en defensa del pueblo la que hoy exige reaccionar y ahora, porque la ultraderecha que asoma significa un retroceso político y en todos nuestros derechos, significa mantener y profundizar la militarización de la Araucanía, mantener el modelo de pais y de economía que construyeron a balazos en 1973, significa bloquear la nueva constitución y la decisión de un estado plurinacional de derechos, significa negar las reivindicaciones de la mujer, de la diversidad sexual, el aborto, el matrimonio igualitario, significa sacar de la discusión constitucional los derechos universales de la salud, la educación, entre otros, implementando su ideología xenófoba autoritaria y retrograda. Todo esto que se viene y avanza rápido nos debe hacer reaccionar, si para algunos o algunas la candidatura de Boric “es el mal menor” o, no cumple con los estándares o requisitos revolucionarios, todas estas discusiones son menores, frente a lo que se nos viene encima, un gobierno de ultraderecha en el cual se refugió la defensa del modelo económico neoliberal y la defensa de la constitución de Pinochet y Guzmán de1980. Tenemos enfrente a un enemigo, con todas sus letras y sin eufemismos, un enemigo que sabe jugar a la guerra psicológica, a las campañas de terror y que para derrotarlo se requiere movilización, compromiso y unidad. Las diferencia políticas con la izquierda joven que hoy fue capaz de levantar una candidatura que nace del movimiento social y que representa el cambio del modelo neoliberal, que quiere un cambio a la situación de vida de millones de chilenos y chilenas, que viene batallando consistentemente desde las movilizaciones estudiantiles, por el medioambiente y por los derechos del pueblo, esa candidatura con más o menos reparos, merece todo nuestro respeto. Porque son los jóvenes los que movilizaron a una izquierda y a un pais que estaba sumergido en el letargo del sueño concertacionista, son ellos y ellas los que saltaron las barricadas que iniciaron la gran protesta social del 2019, son ellos y ellas quienes pusieron nuevamente sobre la mesa, la necesidad de cambiar la constitución y gracias a ellos y ellas tenemos una Convención Constitucional para cambiar las cosas a favor del pueblo. Lo que puede separar a pocos o muchos de la candidatura de Gabriel Boric, de su manera de expresar las cosas o del sectarismo que también existe en algunos de sus dirigentes, pensando que la historia empezó el 2011, todo eso es salvable, pero participando, no solo criticando, construyendo al lado de este nuevo torrente movilizador alternativas políticas que den continuidad a lo ya iniciado. Si se continua pensando desde el sectarismo o desde el principismo que tanto daño hace e hizo a nuestra izquierda, pensando que lo nuevo que tenemos enfrente de nosotros contradice el pensamiento revolucionario, lo que hacemos es estancarnos, repitiendo errores del pasado, transformando en un dogma, con respuestas elaboradas para siempre e intentando de esta trinchera, interpretar los nuevos fenómenos y las nuevas respuestas que surgen en épocas como esta que estamos viviendo y que es distinta al pasado. Nuestra tarea es alentar y no subestimar el surgimiento de nuevos liderazgos que le han dado vida y continuidad al pensamiento revolucionario en Chile, por lo que es hora de andar por caminos que ayuden a revitalizar la pasión y el talento, sin sectarismos, para encontrar caminos que recorrer juntos y juntas, con un programa político, económico, social que con sus ideas ayuden a la libertad y soberanía de Chile, al bienestar de un pueblo que hoy despertó del engaño, para derrotar en la desigualdad social, la corrupción y el abuso de unos pocos que ostentan el poder y que viven del trabajo explotando la vida y la salud de la mayoría de chileno y chilenas. Aunque pasen los años y tal cual lo planteo Salvador Allende en su momento, las transformaciones sociales y revolucionarias sólo podrán realizarse si el pueblo toma en sus manos el poder y lo ejerce real y efectivamente, por eso no se trata de cambiar un gobierno por otro, lo que necesitamos hoy es un Gobierno con la decisión de realizar los cambios de fondo, construyendo un nuevo Estado, que garantice el ejercicio de los derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas y particular de una niñez olvidada. Las amenazas de la derecha, de que nos enfrentaremos a graves problemas económicos y que solo se pueden resolver dejando las cosas como están, manteniendo el modelo económico que diseñaron e implantaron a balazos en 1973, eso es mentira, Los problemas económicos y agudizados por la pandemia, se pueden resolver, porque Chile es un país rico y cuyos recursos están en pocas manos de quienes que concentran el poder económico, porque aquí lo que fracasó es justamente el modelo económico dominado por familias y sectores que gozan de privilegios de clase a los que jamás renunciarán voluntariamente.

Tenemos que avanzar y hoy el objetivo es derrotar a la derecha ultra, fascista, en las próximas elecciones, para alcanzar esta meta es necesario unirse en nuestra diferencias y similitudes, alentando la unidad del pueblo organizado el que con entusiasmo se movilizó hace menos de dos años. Porque la unidad no puede hacerse sólo por arriba, eso ya lo hemos vivido antes, sino que, en las bases del pueblo que quiere y necesita cambios, creando muchos cabildos, muchos comités para el cambio.

No hay que olvidar que apoyar al candidato presidencial en palabras de Allende, “no significa sólo votar por un hombre, sino pronunciarse en favor del reemplazo urgente de la actual sociedad”.

Enrique Villanueva M.

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LA DC, LA DECENCIA Y LA CONNIVENCIA. Por Paulina Morales A. Dra. en Filosofía

Dice Marx que la historia ocurre dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa.

La tragedia…

El 13 de septiembre de 1973 se reúne el Consejo Nacional de la Democracia Cristiana para analizar lo ocurrido dos días antes. Su directiva, encabezada por el expresidente Patricio Aylwin, elabora una declaración en donde responsabilizan a la Unidad Popular del golpe de Estado y la destrucción de la democracia. Poniendo énfasis en la defensa del orden constitucional y de la recuperación económica, olvida ese texto hacer referencia al bombardeo a La Moneda, al cierre del Congreso Nacional, o al fin de las libertades democráticas. Más aún, asume una postura de auto justificación señalando que «la DC lamenta lo ocurrido. Fiel a sus principios, agotó los esfuerzos por alcanzar una solución por la vía política institucional (…) posponiendo como siempre sus intereses partidistas al bien superior de la patria».

En respuesta a esa declaración, y en un acto de dignidad que hasta hoy se recuerda y valora, trece dirigentes democratacristianos redactaron y firmaron una declaración alternativa. En ella manifiestan su respeto ante la inmolación del presidente constitucional Salvador Allende. Asimismo, realizan una autocrítica respecto del rol jugado por su propio partido, asumiendo que «la falta de rectificación, quien en definitiva nos llevó a la tragedia, es responsabilidad de todos, porque el deber de mantener una democracia no puede ser eludido por nadie». Los firmantes de esta declaración, y bien vale destacarlos una vez más aquí, fueron Andrés Aylwin, Bernardo Leighton Guzmán, José Ignacio Palma, Renán Fuentealba Moena, Fernando Sanhueza H., Sergio Saavedra, Claudio Huepe G., Mariano Ruiz-Esquide, Jorge Cash M., Jorge Donoso, Belisario Velasco, Ignacio Balbontín y Florencio Ceballos. En 2018, en sus memorias tituladas Esta es mi historia, Belisario Velasco recuerda la gestación de aquella misiva y afirma que «sirvió de alguna forma para salvar los ideales, los valores democratacristianos».

La farsa…

Es 2021 y nos situamos en las antípodas de un gesto de esa estatura moral y política por parte de la Falange. El resultado de las elecciones presidenciales de este domingo nos encuentra, no sin estupor, con un candidato de la ultraderecha, José Antonio Kast, ubicado en la primera posición para enfrentar en segunda vuelta al candidato de izquierda Gabriel Boric. Estamos cerca del arribo al poder de un gobernante con claros rasgos neofascistas, lo cual no puede sino alarmarnos y movilizarnos a la acción. Sin embargo, la Democracia Cristiana, que ha salido quinta entre siete opciones presidenciales, y amén de la situación agónica que arrastra desde hace ya tiempo, ha decidido tomarse su tiempo, o, como se dice actualmente, entrar en reflexión. En efecto, una vez conocidos los resultados, su candidata presidencial Yasna Provoste ha sostenido que como partido y frente al avance de Kast “jamás podríamos tener una posición neutra de lo que esto significa para el país", para luego negarse a dar su apoyo a la candidatura de Boric, añadiendo que “va a ser muy importante en las próximas horas que es lo que le va a ofrecer al país”. O sea, en el fondo, todo dependerá de qué y cuánto se ponga sobre la mesa. Al parecer, a la candidata falangista no le bastó con afirmar por doquier en su campaña, malintencionadamente y hasta el hartazgo, que la candidatura de Boric representaba a la ultraizquierda, sabiendo perfectamente que esto no es cierto. A esta línea política, alta en posverdades y baja en escrúpulos, se han sumado en estas horas Matías e Ignacio Walker, quienes han expresado su disposición a votar en blanco.

Empero, si de ser justos se trata, hay que destacar la postura del senador DC Francisco Huenchumilla, quien fue contundente en señalar que “la DC no puede tener otra alternativa que estar a favor de los cambios, y eso es lo que significa la candidatura de Gabriel Boric (…) no corresponde colocar condiciones, y estar pidiendo cambios de programas, cargos o estar en la coalición, porque la primera condición es tener una posición ética frente al país”.

Ciertamente, porque el arribo al poder de un gobierno de ultraderecha es claramente una nueva tragedia para este país y significará sin duda alguna un retroceso respecto de los avances en términos de derechos sociales y políticos durante estos 30 años. Querer ignorar la gravedad y urgencia del momento político que vivimos es de una enorme irresponsabilidad y pasiva complicidad. Un gobierno liderado por Kast significará indefectiblemente -entre otros- el resurgimiento de la protesta social, a la cual le seguirá una represión de proporciones insospechadas, probablemente mayor que la conocida post 18 de octubre. Proyectar un escenario sangriento de nuevas violaciones masivas a los derechos humanos no es para nada exagerado, al contrario, ingenuo sería creer que no ocurrirá y decir después que no lo vieron venir.

Por ello, en estas horas aciagas tiene sentido recordar aquella carta de la decencia que en 1973 escribieron esos trece militantes democratacristianos. Aquella carta surgió frente a la tragedia, cuya repetición (con todas las diferencias del caso) debe ser evitada hoy con total decisión. No habrá espacio para una nueva carta, porque de haberla, sería solo la farsa de una tardía respuesta frente a la debacle por parte de un partido carente de una real convicción democrática que no ha aprendido nada de su propia historia.

Estas horas urgentes demandan que esas voces que aún encarnan la integridad moral y política al interior de la Democracia Cristiana se pronuncien pronta y públicamente favor de la candidatura de Gabriel Boric y se comprometan en la lucha contra el avance del neofascismo en Chile. Quiénes son hoy los trece de la decencia es la pregunta qué queda en el aire. Descontando a Huenchumilla faltan doce nombres por conocer, aunque quizás sea demasiado ingenuo esperar llegar a los dos dígitos y esta DC en modo mínimos comunes solo alcance para completar los dedos de una mano. En fin, algo es algo.


Chile frente a su destino: primera vuelta de las elecciones presidenciales Por Gustavo Gac-Artigas*

El lenguaje, el miedo, los miedos, para ser preciso, los fantasmas del pasado, la imagen, la historia, el caudillismo, y un “ayúdeme usted, compadre”, ponen en juego una elección extremadamente –y perdonen el término– polarizada, donde se enfrentan dos candidatos separados por apenas un 2% y ambos muy lejanos a haber reunido el 50% necesario para triunfar: 27.91% Kast vs 25.83% Boric.

En el extremo derecho de la contienda, José Antonio Kast, un candidato que se atrevió a ensalzar al peor dictador en la historia de Chile, el general Pinochet, que levantó los fantasmas del pasado, que reivindicó una dictadura, que jugó con el miedo en un país en que cada barricada, cada bus incendiado, proyectaba las sombras del terror en los barrios pudientes que imaginaban, al igual que en el pasado, avanzar las hordas de los desarrapados hacia los barrios altos, que fantasmeaban con sus bien tallados jardines pisoteados por los pies endurecidos de los habitantes de las poblaciones marginales.

En ese extremo jugaba Kast con “el orden y seguridad”, el temor al extranjero, la visión del desencadenamiento de la violencia, las barricadas en llamas, los atentados, los buses quemados. Jugaba con los fantasmas que dividieron a Chile en la época de Allende y llevaron al país a un golpe de Estado. Jugó a avivar el miedo que hace olvidar el miedo, que silencia los gritos de los torturados, que reaviva el terror de las noches.

Es el pasado, sin ser el pasado, era enfatizar un supuesto enfrentamiento entre orden, sinónimo de democracia, y cambio, sinónimo de caos, y ese discurso se profundizará en la campaña hacia la segunda vuelta, la que decide, la que define.

Ese discurso llamará a aquellos que no votaron por la extrema derecha, y votaron por la moderación de una centroderecha o centroizquierda. Llamará a aquellos que, rechazando los partidos tradicionales, votaron por el caudillismo representado por Franco Parisi quien llegó en tercer lugar con un sorprendente 13.67%. Inesperado resultado para un candidato que se encontraba fuera de Chile y que hizo su campaña por las redes sociales, aquel que basó su campaña en la “antipolítica” –“Parisi, el poder de la gente” era su slogan–, aquel cuyos votantes, en su mayoría clase media baja, joven, pueden decidir la salida final, los hastiados de la vieja política.

Y, lo más terrible, esos llamados pueden tener éxito, el temor es un terreno fértil para los autócratas. ¡Cuántas dictaduras no comenzaron jugando con el miedo de unos para instaurar el terror sobre los otros!

En el otro extremo de la contienda, Gabriel Boric, 35 años –y la edad define–, representante de la generación sin miedo, aquella que nació tras la dictadura, que solamente la conoció a través del relato. Boric, quien, de triunfar en la segunda vuelta, haría historia al ser el presidente más joven en la historia de Chile.

Se enfrenta Boric a su juventud, su falta de experiencia, al haberse formado al calor de las movilizaciones, al surgir en brazos de los estudiantes –avecillas libertarias, cantó Violeta Parra. Se enfrenta a su triunfo en el seno de la izquierda al derrotar al Partido Comunista en las primarias y al llevarlo en su coalición como el principal aliado.

Enfrenta Boric el otro miedo, el temor al desorden, el temor a que lo dominen, el temor al partido único, el temor que se jugó antes del golpe de Estado, el temor a que el partido comunista como parte de un gobierno es el fin de la democracia.

Y, “ayúdeme usted, compadre”, durante su campaña tuvo que enfrentar desafortunadas, pero no del todo inocentes, frases del pasado como “crearemos inestabilidad porque perseguimos el cambio”, el apoyo a dictaduras como la de Nicaragua y el reconocer la parodia electoral de Ortega para entronizar una dictadura, el “ayúdeme usted, compadre” del Partido Comunista.

Frente a estas declaraciones el electorado del representante de la generación sin miedo tuvo que enfrentar el segundo miedo, el del vivir en el pasado, en las prácticas confrontacionales y amenazantes del pasado: “si Boris se desvía un centímetro del programa, seré su principal oponente”, dijo Jadue, el miembro del partido a quien derrotara en las primarias, “ayúdeme usted, compadre”.

En las próximas semanas Boric debe convencer a aquellos que votaron por la centroizquierda o la centroderecha de que las marchas no son una amenaza sino la expresión natural del deseo de cambio, que son un grito contra la desigualdad imperante, que los sacrificios no fueron en vano, que la esperanza marcha de la mano con el futuro, que Chile no está en llamas, que Chile desea florecer en los ojos de los niños, desea verse en los ojos de las niñas, desea recuperar la alegría sobre el odio, la justicia sobre la injusticia.

En las semanas que vienen Chile se balancea nuevamente en la encrucijada, se balancea entre los miedos, y la democracia sigue prisionera de los fantasmas del pasado, de los fantasmas del presente; el miedo de unos se encuentra en el miedo de otros y derrota la razón.

¡Ay cuándo!, cuándo será ese día en que la generación sin miedo construya su camino de esperanza enterrando los miedos que les heredamos.

No nos dejemos engañar, no se trata de escoger entre el orden o el cambio, falso dilema que puede llevar a la destrucción de la democracia. Se trata de sacudirse los fantasmas y el temor para avanzar y profundizar los valores democráticos, los derechos humanos, la justicia social, y ello es válido en Chile y en cualquier parte del mundo.

Chile está al borde de hacer historia o caer en el averno de la historia, Chile más allá de Chile nos llama a cada uno de nosotros a reflexionar sobre el futuro que queremos.

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.


Seguir buscando a Chile. Por Francisco Javier Villegas, Escritor chileno

Detrás del llamado a Elecciones Generales en Chile, este domingo 21 de noviembre, la población nacional se debate ahora entre aquello que se denomina “tener el poder para no tenerlo”, después de tantas movilizaciones por años de protestas, diluyéndose en los resultados que se exhiben desde el 99,9% de mesas escrutadas, y lo que realmente el país espera en el contexto de una múltiple incógnita. Sin embargo, por una razón u otra, la realidad se encuadra con lo predecible. O bien, los sentimientos de estar absolutamente conquistados, más algunos atisbos por buscar tensionar el sistema, en estos dos últimos años, a partir del estallido social de octubre de 2019, solo están originando, en la naturaleza de la sociedad, camaleónicas ideas en las formas de hablar y de escuchar, al parecer, porque el temor se ha vuelto a instalar en el país. Dicen que lo que tiene su razón también tiene su explicación. En todo caso, hay quienes han realizado un mejor análisis de este tiempo y no se origina, precisamente, desde el mundo de la intelectualidad; sino, que se plasma desde las personas sencillas, los hijos e hijas anónimos, algunos poetas fervorosos, también, y los seres que viven el día a día aguantando el vendaval de los arriendos, los gastos médicos, los pagos en los colegios, el cuidado de los seres mayores o el pago del litro de bencina. Ciertamente el efecto de tantas sospechas y discursos sin mayor claridad dejan un espesor bizantino y los politólogos o analistas se devanan los sesos dando explicaciones farragosas a lo sucedido en las elecciones. Pero, ya sabemos que lo inesperado es parte del entramado político y no ver las actuaciones del presente, más allá de la espontaneidad y las puras pasiones, es como sentir una burla a la misma cara de los electores o sentir puras adversidades en medio de la miseria humana difícil de comprender. El abanico de partidos que se pelea por gobernar al país ha mostrado su rostro. Un rostro sin rostro, pero con pasmosidad dominante. Un rostro con maquillaje, del pésimo. Sin embargo, las propuestas, aun las más radicales, solo parecen taponear lo que se quiso realizar con el estallido social y colectivo del 18 de octubre de 2019. Ya sabemos, desde el norte, que el desierto, por ejemplo, no puede seguir abundando más. Pero, la esterilidad está en todas partes. Y puede hacerse más profunda. La evidencia es clara. ¿Cómo la población, entonces, vota por un candidato que se encuentra en el exterior y que se dirige a aquellos que solo quieren escuchar la voz del candidato, pero, sin argumentos? Así, también, la evidencia se comparte. Y, parece, que no es un asunto de lógica o de excesivos raciocinios porque la comunicación es un arte y también es imaginada. Que este régimen esté agonizante no significa que no pueda perdurar hasta marzo de 2022 y aún más allá. Es decir, que no tenga otra justificación de ser, por muy absurdo que parezca, es como la nada; porque el envión dado a sus propios límites encuentra en los resultados la mayor expresión de que lo que está lanzado: las cosas básicas, las desorientaciones, la generación del miedo, las miradas vacilantes e insulsas. ¿Para qué, entonces, todo el movimiento social de cada semana en estos dos años? ¿por qué tantas muertes y daños oculares? ¿cuál es el sentido de tantos jóvenes presos que solo acumulan rabia y dolor en las cárceles del país? Es como decir, entonces, que vivimos en “un horizonte ausente” en plena desolación social. Es afirmar que estamos en una perplejidad emocional y que solo conseguimos quedarnos sin voz mientras reconocemos los resultados, y discernimos, entre el shock y la rabia, entre lo que significa el poder y ese temor de la humanidad chilena ante todo lo que sea afán de cambio para recibir lo nuevo como un objeto imposible de superar en lo cotidiano y tradicional de la vida. El filósofo coreano Byung-Chul Han sostuvo, en su libro Hiperculturalidad, la necesaria y urgente idea de que hay que orientar las cosas hacia un mundo diferente, aunque, de seguro, no seamos del todo libres ni alegres en un conservadurismo que obliga, también, a las diversas reacciones de la sociedad. Lo que origina, digo, un fuego profundo para aprovechar la crisis en una sociedad arcaica que solo bosteza migajas y la expresión de que relámpagos o meteoritos sociales son diferentes destinos porque flotan en la disyuntiva del Estado. Un Estado que, todavía, no está decidido para el cambio sino solo a las superficialidades e, incluso, más allá del abismo de nuestra torva realidad, apenas permite preguntarnos acerca de la controversia del ejercicio del poder. Ya sabemos, por lo demás, que la opinión pública, en su fuero interno y externo, siempre será de unos pocos y que la materialidad es lo que dice la elite. Buena prueba de lo anterior está presente en los medios de comunicación que otorgan publicidad y relaciones amenazadoras con sus audiencias. Con todo lo anterior, que hoy no se consiga diferenciar el desierto de las ideas con el sentido común, significa que estamos en un país de angustia, en una desarmante superficialidad de la vida social y política. A estas alturas, hemos quedado dispersos, como locos. Que nada nos sorprenda si nacimos de muchas catástrofes. Nos hemos acostumbrado, como un acto íntimo de indefensión, a los traumas y a la pasmosa vía de la no representación en un país que solo tiene breves y pequeños arranques de rebelión.


Reflexiones post primera vuelta. Por Luis Osorio

22 de noviembre de 2021

Por un buen tiempo, y tal vez por muchos años, las nuevas generaciones y las no tan nuevas recordarán la fecha del 18 de octubre de 2019, indistintamente asociada a la revuelta, estallido social o como se le quiera llamar. Es un momento al cual no se debería haber llegado jamás, si es que se hubiera tenido el entendimiento del impacto de la dictadura cívico militar, y sus consecuencias posteriores en muchos ámbitos, siendo lo más envolvente la imposición de un estilo de sociedad. El camino de ahí para adelante no en forma abrupta, pero nunca pausado en extremo, debería haber sido diametralmente opuesto. No deberíamos haber esperado un tiempo extenso para abordar el cambio de la Constitución y a la vez hablar de democracia, que realmente estaba ausente, esto afirmado desde la evidencia con la interrogante de cuál habría sido un tiempo prudente de convivencia con la Constitución del 80. Se trataba de llevar a la práctica desde el 11 de marzo de 1990, el ejercicio del pensar en un paradigma de justicia social, diseñarlo e implementarlo. No iba a rendir frutos de inmediato, pero sí podía abrir una puerta de entrada al siglo XXI, muy distinta. Al fijarse en ejes fundamentales de cambio, podría haber habido algunos de tránsito lento, como lo es el tema de las pensiones, otros un tanto más acelerado, aunque en ningún caso inmediatista, como lo es la salud. Pero como eje transversal, y de incidencia directa en el crecimiento y desarrollo de las personas, se encuentra la educación explícita abordada como país, que representará una gran intervención con repercusión en la forma de relacionarnos, por los efectos que tiene sobre el desaparecimiento de una mano de obra barata y la inserción en una sociedad del conocimiento bien distribuida, con efectos colaterales en la disminución de las desigualdades. Aunque también lo educacional, es un proceso que demanda un tiempo, no se trata de una cronología que tienda al infinito. El propósito es claro, una similitud importante de la educación que se imparte en lo público y en lo privado, con una intención de nivelar las diferencias sociales, y más aún equiparar las oportunidades atendiendo a eso que más de alguna vez se ha dicho, pero no repercute en la acción, la existencia de diferencias desde la cuna. El sistema educativo hay que observarlo de manera integral, tanto en la trayectoria de vida de una persona, como en la relevancia de la formación de los profesores y lo que ello implica. Se trata de un sistema que se retroalimenta a sí mismo, en caso que no se tengan en cuenta la más amplia gama de variables involucradas, la permanencia de factores inadecuados se vuelve una constante. El educar debe llevar a aspectos variados, la habilidad para discernir sobre lo socialmente justo, la realización según los intereses personales, el apego a la actitud ética de vida y atender a los aspectos que van por lo moral, alejados de lo que puede ser un juicio en lo legal. Debe interpretarse como una componente de crecimiento humano contrapuesto a la desigualdad extrema, incluso llegando al plano de hacer coincidir los deberes y los derechos, coexistentes en un país construido por muchos. Concebir el éxito, en un contexto creciente del ser que es parte de una sociedad, en que todos tienen un rol importante y colaborativo por ejercer. Permea lo expresado, en el efecto de llegar a situaciones de crisis, por haber dejado muchos aspectos postergados y con privilegios para unos pocos, un abandono importante de la condición de vida digna para las mayorías. Cuando se expresa en forma insistente, y ahora entrando en el plano eleccionario, la necesidad de cambios y transformaciones, hay que saber escuchar desde donde vienen esas expresiones y qué grado de responsabilidad se tiene en no haber efectuado esas modificaciones a tiempo. Está claramente identificado el sector al que, sin nombrarlo, se está haciendo referencia. Es mayor la responsabilidad, si el tiempo transcurrido entre los años que se toma la gobernabilidad y los años transcurridos a la fecha, son demasiados. Es un actuar con desidia y creyendo que fueron parte de una gran obra, más aún a esta altura no tendría razón ser tan relevante la necesidad de cambio y transformación, condicionado a que las cosas se hubieran realizado en un sentido de gran humanización en momentos oportunos. Eran tiempos, que el comportamiento cívico eleccionario, les daba una oportunidad en situaciones de segunda vuelta, sin condicionamiento alguno, sólo el creer que eran parte de una posible alternativa que en apariencia inspiraban confianza, pero que finalmente la historia fue demostrando lo contrario. No se trataba de hacer caso a un acuerdo cupular, ya que primaba una sensibilidad ciudadana natural, que ni siquiera ponía atención en los méritos de los futuros gobernantes. Se les otorgaba un mando de libre disposición. La encrucijada actual, se inserta en un proceso constructivo de muchos y que tiene amplio vínculo con un cambio generacional que está encima, al cual se le debe hacer caso. Después de una primera vuelta los caminos son dos y por primera vez en años, se confrontan visiones de sociedad diferentes, de las cuales cada uno debe tomar una decisión el 19 de diciembre, en menos de treinta días mediante. Ya hay presente una propuesta y definiciones ciudadanas que dieron lugar a esa propuesta y no a otras. El apoyo concitado, determina el respeto a esa decisión y la inteligencia de saber cuál es el camino inadecuado. Aunque la unidad, en ocasiones es importante, tal vez no es la palabra más adecuada en los tiempos imperantes, cuando ya se ha exteriorizado una campaña con mucho descredito hacia los adversarios, y desconfianzas en las transformaciones, situadas en escenarios en que los tiempos actuales determinan mayor rapidez, por efecto de lo postergado. Se suscita una tendencia a seguir la misma trayectoria de siempre, sin atender a los acontecimientos de los últimos dos años. Lo pertinente es una unidad con visión de un gran futuro, abriendo las puertas hacia el cambio, siendo preciso, impregnar alegría del atreverse a satisfacer expectativas maravillosas y que permitan atender las expectativas no resueltas, ahora a cargo de una savia nueva. Hay que darle partida al siglo XXI, en un estilo de sencillez y valoración de las personas, rompiendo cercos que se debe aceptar, venían impuestos desde la dictadura. Se trata de invitar a un proceso de reflexión, del cual exista el convencimiento de las raíces y efectos de un largo período de la historia. Es el efecto de no haber puesto atención en las consecuencias de la desigualdad y que llevan de manera inevitable a tener una mirada de cambios, finalmente la postergación en profundidad de los aspectos sociales, llevó a una ingobernabilidad, materializado en el actual gobierno, la extensión de la estructura dictatorial y todos los gobiernos post 1990, que hicieron caso omiso a las grandes expectativas de la década del 80, pero es posible y de justicia tomar una nueva senda. Si esperamos una patria justa para todas, todos y todes, no hay nada que temer y, además, es parte de una contribución a la humanidad, que también se encuentra algo degradada. Para el país, algo fundamental y para otros países un grano de arena. Apelar al buen sentido, sumado al entendimiento sin soberbia, y la claridad de que son los electores quienes deciden, observan y están atentos. Es una ciudadanía activa y no pasiva, la que concurre a sufragar. Los acuerdos pueden ser de alto nivel en lo político, pero en los tiempos actuales son los electores quienes resuelven el resultado de segunda vuelta, el protagonismo recae en las propuestas que permiten llegar a esa instancia, sin dar espacios en momentos de alta demanda por nuevos rumbos. Así, se debe apelar a la conciencia y la racionalidad, poniéndose en un rol autocrítico y abrirse a tiempos de grandes desafíos, decidiendo de si se es parte de una justicia social con un bienestar creciente. Se parte con un alto nivel de retardo, pero si no se da paso al cambio, estaríamos más atrás del statu quo que se había tomado como costumbre inadecuada. El escenario de un gobierno de ultraderecha, no estaría alejado de ser consecuencia de la forma en que se condujo al país, por décadas, aún es tiempo de enmendar. El reencuentro es posible, rememorar es primordial, para las generaciones al día de hoy no tan jóvenes, los puntos de encuentro y esperanzas mientras se convivía en régimen dictatorial. La construcción de futuro, se trata de una obra hermosa, se tiene que dejar sentir desde lo más profundo que aspiran los seres humanos para un bienestar de mayorías, y que se expanda a través de todo el territorio, en una geografía tan variada en que nadie sobra. Algo que inspira tranquilidad, es que, sin esperar ninguna conversación de líderes, ciudadanos partícipes de otras opciones que no prosperaron, ya se están sumando de manera incondicional con alta comprensión y altura de miras, de esa forma hay que seguir sumando. La vida digna, no tiene relación con la promoción de reformas que son un medio, el sentido del ser es el fin.


Elecciones: ¿Ganó realmente el pueblo? Por Juan Pablo Cárdenas S.

Quienes fueron a sufragar el domingo lo hicieron en la convicción de que tendrían que volver a las urnas para dirimir entre los dos candidatos que obtuvieran la mayor cantidad de votos. Las encuestas, y no las manifestaciones populares, tenían resueltos los nombres que posiblemente irían al próximo balotaje y la prensa como la opinión pública se fue conformando con estas predicciones que, como se sabe, en Chile resultan muy poco certeras. Prácticamente, desde el comienzo de esta corta competencia se dio por seguros a algunos postulantes y se relegó a los que fueron considerados con muy pocas posibilidades. La ciudadanía se enteró casi a última hora de que los candidatos tenían programas de gobierno y ciertamente no fueron estas propuestas las que motivaron a los votantes. Se trató de una campaña centrada en nombres, más que en partidos o idearios. En candidatos que tampoco despertaron el fervor popular de otras contiendas del pasado, tanto así que muchos decían que había que votar por el que pareciera menos malo. Lo que es plenamente explicable por el enorme desprestigio de la política y la falta de credibilidad de sus partidos y caudillos. De aquí que los niveles de abstención (52%) de nuevo resultaran altos para un país que presume de democrático y del alto espíritu cívico de su población, lo que hace prever, en cualquier escenario, que el próximo mandatario no va a obtener un respaldo efectivo de más del 25 o 30 por ciento de los chilenos con derecho a voto. Tendremos un gobierno minoritario, con un parlamento que le será muy poco dócil, y con una enorme cantidad de expectativas sociales que lo más seguro es que vuelvan a encender la protesta social. Con el agravante de que la pandemia para nada está controlada, que las arcas fiscales simplemente no dan para resolver todas las demandas que siguen pendientes y con un Poder Legislativo al que le costará consentir con lo que se proponga el Ejecutivo. Todos los candidatos estaban advertidos que, de ganar, les costaría mucho gobernar. Así como les sería demasiado difícil hacer frente a los conflictos radicados en varias zonas del país, especialmente en la Araucanía. Que el fenómeno de la violencia y la delincuencia que realmente asolan al país, muy difícilmente podrían ser mitigados sin la posibilidad de que se avance efectivamente en justicia social y equidad, conceptos que de la boca para afuera están posicionados en todos los discursos desde la ultraderecha hasta la extrema izquierda. Sin que se resuelva, con urgencia, mejorar drásticamente los ingresos de los trabajadores y de las familias. Sin que las nuevas autoridades resuelvan acabar con las abusivas AFPs, se suba drásticamente el piso de las pensiones y la salud deje de constituir el lucrativo negocio de las isapres para garantizar la atención médica y hospitalaria a toda la nación. Es decir, se le dé curso a lo que se ha prometido transversalmente en las tres últimas décadas, sin avance alguno y con el agravante de que para, aliviar la crisis, se tuviera que echar mano de los escuálidos fondos de los futuros jubilados, con lo que sus expectativas de un retiro digno se hacen ahora más inciertas. Salvo la excepción conocida, ningún candidato prometió revisar en serio los gastos de defensa, que dan origen a una desigualdad flagrante entre uniformados y civiles. Ni siquiera se habló de reducir las adquisiciones de armamento, como muy poco se aludió a los innumerables casos de corrupción entre la oficialidad y las policías. Tampoco se prometió esta vez derogar el IVA a los libros, una vieja demanda burlada por todos los gobiernos. De esta forma, el debate sobre el destino del país a ratos pareció circunscrito a la posibilidad de dictar una nueva y más permisiva ley de aborto, a ponerle más reconocimiento legal a las relaciones entre parejas del mismo sexo como a otros asuntos que, siendo importantes, en realidad no están en las prioridades de una población que vive tantas carencias socioeconómicas y ahora se muestra aterrada respecto de la inflación que se hace sentir con ganas y puede perfectamente desembocar en próximos estallidos sociales. Se dijo que el país estaba altamente polarizado, que estábamos en peligro de elegir entre un nacionalsocialista y un marxista leninista, al grado que los candidatos de centro no demostraron mucho éxito en parecer morigerados y ganar a esos chilenos todavía impactados por lo que fue la dictadura pinochetista y lo que se le ha dicho respecto de los horrores que vive Venezuela, Nicaragua y Cuba. Para lo cual la prensa adicta al sistema miente y exagera a través de sus ignorantes y desinformados analistas, cuanto los mismos animadores de la televisión. Lo cierto es que más allá de sus “lugares comunes” y propuestas puntuales y de suyo demagógicas, todos los candidatos, salvo la excepción conocida, fueron de visita ad limina ante los grandes empresarios y más allá de las cámaras hasta sostuvieron con ellos sospechosas conversaciones bilaterales que no fueron advertidas por la prensa. Unos fueron a arrodillarse ante los hombres de negocios y otros en la esperanza de sensibilizarlos frente a las urgencias sociales del país, sobre todo para obtener recursos para financiar sus campañas. Ante ellos no se habló de expropiaciones ni de grabarlos con los justos impuestos que se hacen ahora imperativos. Y muy tibiamente se les reprochó respecto de sus nuevos actos de colusión evasión o elusión tributaria. Menos, todavía, se les exigió fortalecer el sindicalismo. Hasta hubo candidatos que en el pasado de manifestaron en contra del imperio del mercado y que esta vez guardaron sacrosanto silencio y, en las horas previas a la elección, el gobierno decidió desahuciar una licitación pública ganada por un grupo chino y alemán para confeccionar nuestras cédulas de identidad y pasaporte. Nada más que para agradar a los Estados Unidos, potencia ciertamente molesta y de la cual se temió represalias ante un acto soberano chileno. Todo esto a pesar de que la nación asiática es nuestro principal socio comercial. A lo anterior, agreguemos que hasta la expresión “neoliberalismo” desapareció de los discursos y debates presidenciales, salvo la excepción de aquel candidato que se atrevió a decir de todo, a sabiendas de que no tendría chance alguna de llegar a La Moneda. Vendrá ahora una segunda vuelta en que se exacerbarán los temores, se elevarán las descalificaciones y los candidatos -Kast y Boric- harán todo lo posible por ganar el apoyo de los perdedores, los que en conjunto sumaron más votos que cada uno de los contrincantes de la segunda vuelta. Se nos hablará del peligro que representa al triunfo del adversario y se nos retraerá a la época de Pinochet y de la Guerra Fría, cuando la inmensa mayoría de los sufragantes no vivieron aquello y en algunos casos apenas saben de oídas lo ocurrido tantas décadas atrás. Sin embargo, de verdad es que es muy poco probable que el nuevo Presidente pueda realmente dar paso a una “era nueva”, como se ha prometido y, salvo las consabidas fluctuaciones accionarias y del precio del dólar, todo indicaría que el país va a seguir gobernado por la clase política, como que el sacrosanto mercado seguirá siendo nuestro soberano. Con el aval de los gobernantes y de la casta militar o guardia pretoriana. Toda vez que ahora se impondrá un proceso de negociaciones cupulares que podrá borrar con el codo algunas de las buenas intenciones. Cuento aparte es lo que siga sucediendo en la Convención Constituyente si es que todavía se puede tener confianza en que podrá seguir ejerciendo libremente enfrente de un Gobierno y un Parlamento nuevo y empoderado, pese a su escasa representatividad. Después de una elección que, como de costumbre, fue altamente determinada por la propaganda electoral, el sesgo de los poderosos medios de comunicación y, hay que decirlo, un país muy desmotivado respecto de una democracia que no resuelve sus problemas. Más desigual, ciertamente, de un gobierno a otro. Cada día más convencido que es la calle y no el voto el que puede abrir sus anchas alamedas. De allí que sea tan alentador, la enorme mayoría que obtuvo la candidata independiente, Fabiola Campillay, una de las más severas víctimas de la represión piñerista.


¡LAS CULTURAS, LAS ARTES Y LOS PATRIMONIOS ALZAN LA VOZ

La cita en el Anfiteatro Bellas Artes comenzó pasadas las 9:00 de la mañana con la presencia de más de 120 representantes de las culturas, las artes y los patrimonios, organizaciones sociales y gremiales.

Al encuentro asistieron los voceros del candidato presidencial Gabriel Boric, Camila Vallejo y Giorgio Jackson, para dar una señal del compromiso de Apruebo Dignidad con el mundo de las culturas, las artes y los patrimonios.

En el encuentro se enfatizaron las principales propuestas del Programa de Apruebo Dignidad para las culturas, como el aumento al 1% de Presupuesto de la Nación, la reformulación de los mecanismos de financiamiento para las artes y la producción cultural, el fortalecimiento institucional y su expresión descentralizada y fuerte en regiones, el impulso nacional a la educación artística, así como la participación ciudadana en los procesos legislativos, como una nueva Ley de Patrimonios, de las Artes Visuales y Archivos, el trabajo decente para los trabajadores de la cultura, entre otras.

A pocos días para las elecciones más complejas de las últimas décadas, el encuentro relevó el papel central de la democracia cultural en el desarrollo del país y en el ejercicio pleno de los derechos sociales y culturales, corazón de una propuesta para Chile, que entiende a las culturas, las artes y los patrimonios como un eje transversal del bien vivir. Las culturas han sido uno de sectores más afectados por la pandemia del Covid dejando en evidencia las precarias condiciones que en Chile operan para la creación, difusión y circulación de las culturas, incluyendo sus trabajadores.

Al Anfiteatro Bellas Artes acudieron representantes de las artes visuales, escénicas, del cine, la música, la literatura, cultores de tradiciones de raíz folclórica y pueblos originarios, instituciones culturales, organizaciones gremiales así como los integrantes de la Convención Constitucional Malucha Pinto, Ignacio Achurra y Jorge Baradit. Además estuvieron presentes el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades Manuel Antonio Garretón, la ex Ministra de Cultura Claudia Barattini, la ex subsecretaria Lilia Concha y los artistas Isabel y Tita Parra, Daniel Muñoz, Chinoy, Jorge Coulon, Javiera Parra, Jorge Campos, Giorgio Varas, los Coros Ciudadanos, Jaime Lorca, Alicia Sherson, Gregory Cohen, Chamila Rodríguez y Julio Milostich, entre tantos otros que compartieron escenario y graderías para sellar el compromiso colectivo con las culturas, las artes y los patrimonios originarios y cultores.

“Estamos muy contentas y contentos de ser parte de este proyecto de Apruebo Dignidad que tiene un componente fundamental que es el mundo de las culturas, las artes y el patrimonio. Para nosotros no es posible empujar este proyecto de transformación social que venimos demandando y venimos peleando hace décadas desde las calles sin comprender que la cultura es pilar fundamental de ese proceso”, dijo la diputada y vocera de la candidatura del abanderado de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, Camila Vallejo, ante el encuentro desarrollado esa mañana. A su turno, el coordinador político de la campaña, diputado Giorgio Jackson, agregó que “nos enorgullece poder estar trabajando codo a codo con trabajadores y trabajadoras de la cultura en pos de objetivos que se han venido persiguiendo hace mucho tiempo (…) cuando estamos en el frenesí de una campaña electoral, ese cable a tierra que muchas veces es el mundo de la cultura nos ancla. Creo que va a ser fundamental no sólo para este proceso electoral, sino también para la realización de esas transformaciones y la disputa por la hegemonía cultural que muchas veces trata de poner al miedo, al terror, a la discriminación, por sobre la esperanza, la convicción, la igualdad”.

Ambos parlamentarios reafirmaron el compromiso con impulsar un 2% del Presupuesto de la Nación para las Culturas, existiendo un compromiso para un próximo período de cuatro años de llegar al 1%. “Pero ese no puede ser el límite, hay que avanzar hasta llegar al 2% de la nación”, complementó Giorgio Jackson.

¡HASTA QUE LA DIGNIDAD SE HAGA CULTURA


Por una nueva política electoral. Por Javier Velasco.*

El Chile neoliberal se fundó en la destrucción de lo común. Por un lado, privatizando los derechos sociales, para hacernos competir en vez de colaborar por la posibilidad de vivir bien. Por otro lado, quitándole a la sociedad su principal herramienta para transformar pacíficamente la realidad: la política.

La dictadura nos heredó un sistema político excluyente, a través del sistema binominal, el hiper presidencialismo y los quórums supra mayoritarios; pero además, un discurso anti-político donde el Estado, la gestión pública y la organización social son enemigos de la eficiencia, la transparencia y el bienestar. Pinochet hablaba contra “los señores políticos”, igual que lo hacen hoy Sichel o Parisi, y el legado de corrupción y desprestigio de la clase política transicional sembró una desconfianza que podría costar generaciones despejar.

Pero seamos claros: los malestares que produjeron el estallido social no provienen ni de la política ni de los partidos en general, sino de este sistema político que queremos dejar atrás, y de los partidos que trabajan para el interés del gran empresariado que se alimentó por décadas de nuestro esfuerzo y nuestra precariedad. La confusión entre ambas cosas es la principal esperanza de continuidad del régimen neoliberal.

Para revertir el discurso anti político del Chile neoliberal, traducir las demandas del 18 de octubre y atender las necesidades que develó la pandemia, las fuerzas transformadoras necesitamos dar señales claras de que es posible confiarle nuestro futuro a la organización colectiva. Fueron la desconfianza y el individualismo los que le abrieron el camino a Trump y Bolsonaro, millonarios xenófobos y machistas, que se mostraban como el antídoto al modelo del que forman parte central. Y es eso también lo que potencia hoy la figura de José Antonio Kast, quien no siendo más que un viejo político con delirios autoritarios, muestra su ultraconservadurismo como rebeldía, y su posición de extrema derecha, que en los últimos años lo ha distanciado incluso de la UDI, como independencia política.

Para defender nuestra sociedad de la nueva derecha autoritaria, debemos recomponer las confianzas y los vínculos entre las mayorías y las formas de organización que nos damos para la conquista del poder institucional. Eso sólo puede lograrse con una nueva forma de hacer política, que además de propuestas de gobierno y políticas públicas para el futuro, incorpore desde ya, nuevas prácticas que muestren nuestra convicción por construir una mejor. Esto debe reflejarse no sólo en la manera que desarrollamos nuestras relaciones personales y militantes, cómo producimos ideas o administramos nuestros recursos, sino también, en cómo hacemos campañas electorales.

Las vecinas y vecinos nos exigen en las ferias y los metros que no contaminemos con volantes que terminan en el suelo, que no ocupemos el espacio público con palomas que siempre terminan vandalizadas, y que no desaparezcamos hasta la siguiente elección, como los políticos de la Concertación y Chile Vamos. Pero elección tras elección volvemos a las prácticas que nos emparentan con la clase política de la transición, porque no tenemos espacio en los medios de comunicación tradicionales, y las brechas digitales y fake news, impiden que las redes sociales sean suficientes para alcanzar masivamente a la ciudadanía. Pero también, porque no hemos encontrado otras formas de hacer el trabajo que nos corresponde. Han sido las movilizaciones las que han sacudido nuestras formas de comunicarnos políticamente, y es así que hoy se vuelven cada vez más comunes, por ejemplo, los cabildos barriales, las discusiones en espacios públicos y en medios digitales alternativos, ganando espacio en las agendas electorales y desplazando las mecánicas desprestigiadas de las campañas tradicionales.

Es precisamente en este tipo de iniciativas, en el contacto con organizaciones sociales y en el trabajo cotidiano y permanente de nuestros representantes electos y candidaturas con las vecinas y vecinos de sus territorios, donde está la clave para superar la desconfianza y la decepción de las mayorías con la política partidista. Que buena parte de las candidaturas a los Consejos Regionales, como la mía, partieran teniendo que explicar en qué consiste el cargo al que postulamos, demuestra sin duda que se trata de una institución invisibilizada, pero además, que aquellos y aquellas que han ocupado esos espacios hasta ahora, no han sido capaces de abrir de manera efectiva su trabajo a las comunidades que representan, al punto que, tras casi una década de elecciones democráticas de COREs, nadie sepa qué hacen, ni qué tan importante puede ser su rol, por ejemplo, en la distribución de los recursos públicos.

El trabajo permanente con nuestras comunidades nos permitirá aprender de sus experiencias y mejorar con eso la institucionalidad. En estos meses he podido ver, por ejemplo, cómo en comunas donde hice campaña hay organizaciones que ya simplemente perdieron la confianza en la gestión de las autoridades, y decidieron no concursar más por recursos estatales, y en cambio, resolver con autogestión sus problemas cotidianos. No son las instituciones las que deben hacer que ese tipo de colectivos cambie de opinión; por el contrario, son esas organizaciones sociales las que deben transformar a las instituciones, y nuestro rol es precisamente darles el poder que les permita hacer evolucionar nuestra democracia y nuestra gestión de los recursos que producimos como sociedad.

Para todo esto, nuestro compromiso debe ser claro: ningún representante público de las fuerzas transformadoras que hoy se agrupan en Apruebo Dignidad, puede estar sentado los próximos cuatro años en un cargo, percibiendo recursos públicos, sin reunirse permanentemente a escuchar a las comunidades que representa, y sin hacer esfuerzos por convertir esas voluntades, en cambios que nos permitan vivir mejor.

El próximo ciclo electoral será un fracaso si nuestros discursos siguen tratándose de hacer una nueva política, mientras nuestras acciones siguen siendo las de los partidos del Chile de la transición. Hay que tomar riesgos, ser sinceros, cambiar nuestras prácticas cotidianas y nuestras tácticas electorales, y en definitiva ser capaces, en el tiempo que tenemos antes de las próximas elecciones, de probar con hechos concretos que es posible hacer las cosas de otra forma, para no repetir nunca más los vicios del Chile de la transición, en los puestos de poder y en las campañas electorales. En el despertar de Chile, los partidos políticos de izquierda tenemos el deber de restablecer la confianza de las mayorías en nuestras herramientas democráticas con acciones concretas. Queremos hacer una nueva forma de hacer política pero aún no encontramos una nueva forma de hacer campaña.

*Javier Velasco es abogado y candidato CORE por Convergencia Social


Las emociones en tiempos de elecciones… algunas perspectivas

por Hernán García Moresco, profesor de la Universidad Academia Humanismo Cristiano. Magister© Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH y José Orellana Yáñez, Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Académico de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia Humanismo Cristiano

“Me lo dijeron mil veces…” (canta Mara Barros, junto a Sabina) … continúa, “… ya estabas muy dentro de mi corazón”; dice la letra de esta sentida canción escrita por Rafael de León[i], en una época distinta, pero sus acordes y emocionalidad, resuenan en el presente, con una voz que estremece.

Mario Benedetti nos decía, “mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites”[ii]. Por ello, sentir la inescindible conexión con el otro, es amor; lo que en voz de Gabriela Mistral diría: “como una sola flor seremos, como una flor, y nada más”[iii]. Aunque el ser amado, nos deje, seguimos sintiendo ese aroma, esa necesidad de estar cerca y de escuchar su voz.

Filósofos como Jacques Derrida[iv] colocan el amor como asunto directamente político. Pues desde la perspectiva de la subjetivación o del principio de comunidad, es donde se encuentran esencias como la fidelidad, el compromiso, la hospitalidad o la ética.

 

Amar la nación como única forma de identificación, puede ser perverso. Amar la economía, amar la educación o amar presentarse como candidato una y otra vez, son formas presentes del amor de nuestr@s candidat@s. Amar es el impulso esencial de la vida, lo que supera el ámbito teórico, pues suma percepciones reales de nuestros sentidos, como el deseo de buscar el conocimiento, la felicidad y contemplar la verdad que hay en el otro.

 

Vemos que, así como la política, el amor también comporta pasión y a ratos desvarío, por problemas de salud o por malas interpretaciones, pero ambos son imprescindibles para el mantenimiento de la sociedad.

 

Desde la perspectiva sociológica, el afecto a la democracia es la percepción, que las personas tienen de la economía del país y la confianza en las instituciones[v] , tanto así que el PNUD, en el estudio de Auditoria a las Democracias[vi], muestra que poco más del 60% de la sociedad chilena, prefiere o adscribe a la democracia como forma de gobierno.

 

Por ello, existe un segmento social que no suspira por la democracia Institucional-electoral, no se identifica con ella y, por ende, no participa de sus decisiones. Pues, la democracia institucional-electoral, no ha logrado seducir a un porcentaje importante de la sociedad. Por ello, es deber de la democracia institucional-lectoral convocar, seducir, enamorar a quienes, miran para el lado, buscando otras formas de gobierno no democráticas (inclusive con rótulo de democráticas).

 

 

Las Candidaturas, Los Afectos y Los Silencios, Son El Resultado de Elección, Primarias y/o Consultas.

 

Sin ir muy lejos, Sebastián Sichel (por estos días) parece haber perdido el amor de su sector, pues ha generado supuestos públicos que logran alejar la identificación de quienes deberían haber sido sus adherentes, los que se identificarían con su proyecto.

 

Preguntémonos entonces, ¿basta ganar una primaria para absorber el amor, afecto, atención que otr@s tenían por Joaquín Lavín, Mario Desbordes e Ignacio Briones?; pues quienes se reconocían cercanos a sus pulsiones políticas y afectos, quienes coincidían con ellos en sentimientos y proyectos, deberían, sin mayores complejos, abrazar el proyecto de Sebastián Sichel. En esa línea, la UDI poco ayuda hacia ese ejercicio, pero Sebastián Sichel confiando mucho en su estrategia de independiente y autobiografía (más los zapatos de candidato), renunció a ese afecto, desde la soberbia de su estrategia, creyendo que los partidos lo necesitarían a él, asumiendo de facto estar por sobre ellos. Así, con dificultades evidentes, se han sumado hidalgamente Mario Desbordes e Ignacio Briones, mientras que, a Joaquín Lavín, lo socialdemócrata, parece, se le acabó.

 

Hasta ahora, pese haber sido derrotado estrepitosamente, por el invitado al postre en la mesa del Partido Comunista y el Frente Amplio, Daniel Jadue, es quien disciplinadamente ha cumplido su apoyo y compromiso democrático de las primarias. Nada más neoliberal que la política que parte y termina en su propia subjetividad y certezas.

 

Pero, por otra parte, la invitación desprolija que realizó en su momento el propio Daniel Jadue al Partido Socialista de Chile y, que luego ha estado reviviendo Gabriel Boric, no logra los efectos esperados, pues quien busca vía la presión, hacia quien podría estar debilitad@ para obtener favores o para alcanzar una relación paralela, busca construir dos almas y, el amor, no lo permite. Allí surge la paradoja entre la fidelidad y constitución que pregonan, poniendo como eje central la unidad, pero buscando dividir para gobernar. Tal como lo ha expresado Camilo Escalona en ocasiones, el presidente Salvador Allende, no opinó igual que su Partido, sin embargo, fue parte de su orgullo la lealtad de su militancia y el valor de su palabra[vii].

 

En este contexto, las almas de la derecha viven la misma seducción, por ello resulta natural, la invitación que realiza Sebastián Sichel a l@s adherentes que le siguen: “libertad de acción”. Frase utilizada, por estos días, no solo en las esferas de la política, esgrimiéndose la misma para no romper el matrimonio, la unión… ocultando de esta forma, lo indecoroso que es no cumplir la palabra. Ahí aparece la falta de estándar ético.

 

Es menester confesar que al intentar realizar una observación panorámica/rápida y buscar explicar conscientemente el amor y la política (sin las honduras requeridas), no alcanzamos a cubrir el todo (soberbio y pretencioso sería creerlo), pues vemos cómo en el presente se iría desenvolviendo esta relación, análogamente, en nuestra cotidiana realidad política. Lo que no deja finalizado o agotado el tema, obviamente por lo mismo antes dicho.

 

Pero, efectivamente hay un ámbito ético, tanto filosófico como antropológico, que incumbe a ambos (política y amor): la libertad y la unidad. Cómo convivir con el otro, su historia personal, con sus creaciones y frustraciones; cómo dejar que pueda expresar y no me avergüence de lo que apoyó o expresó, en otros años.

 

Somos una sociedad, un colectivo, donde vivir en solitari@, es una particularidad muy acotada (¿los ermitañ@s?), se busca alcanzar relaciones con otros, en definitiva. Materializamos compromisos, pues en una relación intersubjetiva[viii], cada uno debe exponer sus sentimientos, proyectos, emociones. El avance de un@s, no se logra, con el retroceso de los otr@s, la sociedad requiere de personas interesad@s en amar/concretar el bien común, esperando ellos obtener la entrega del apoyo colectivo, cuando esté desvalido. Es decir, se busca la reciprocidad ética alcanzando valores y principios como la fidelidad, cariño, confianza, honestidad, etc., que por muy ideales que parezcan, se necesitan urgentemente restituir, en una sociedad signada por el individualismo… lacerante.

 

Entre amor y política, convive la paradoja de dolorosas contradicciones, pues la metamorfosis del sentimiento donde se mezclan visiones idealizadas de libertad, pero en medio de una relación (electoral) es posible renunciar a todo por la ‘persona – proyecto’ que amamos o nos identificamos, lo que en campo electoral podríamos llamar: fidelización, acción que busca la conjunción creativa en los procesos electorales (como por ejemplo de las franjas de televisión) entre libertad e identificación con un proyecto o una persona, pero donde urge la innovación para pasar de la imagen al contenido. Es el cambio en la forma de expresar al otro el afecto o empatía, es cambiar la invitación de beber una copa Cabernet Sauvignon o Merlot, por un refrescante, vivaz, rojo intenso, Lambrusco.

 

Continúa la canción de Mara Barros, “no debía de quererte, y sin embargo…, te quiero”.

  NOTAS:

[i] Ver en https://www.eldiario.com.co/seccion-d/y-sin-embargo-te-quiero-cancion-de-rafael-de-leon/

 

[ii] Ver en https://www.poemas-del-alma.com/tactica-y-estrategia.htm

[iii] Ver en http://www.gabrielamistral.uchile.cl/poesia/ternura/rondas/Dame.html

[iv] https://17edu.org/deseo-y-comunidad-el-amor-como-categoria-politica/

 

[v]Ver en https://revistadesociologia.uchile.cl/index.php/RDS/article/download/47884/50543/

 

[vi] Ver en https://www.cl.undp.org/content/chile/es/home/library/diez-anos-de-auditoria-a-la-democracia--antes-del-estallido.html

 

[vii] Ver en https://opinion.cooperativa.cl/opinion/politica/el-compromiso-politico-en-salvador-allende/2021-09-13/100801.html

[viii] Ver en https://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/109842/Diaz%20Rodrigo.pdf?sequence=3&isAllowed=y

 


La Región de Los Lagos: ¿Azul y verde? Por Eduardo Ocampo Castillo

Es un fenómeno conocido por la opinión pública, que Chile atraviesa una grave situación tanto de sequía como de escasez hídrica para personas y comunidades. Según diversos estudios, más del 70% de la superficie está afectada por sequía, desertificación y suelo degradado. Al respecto, el país completo se indignó con el caso de Petorca, donde miles de personas viven sin agua potable. Pero, ¿qué pasa con el sur de Chile y la Región de Los Lagos? Resido en Puerto Montt, Región de Los Lagos, y para ilustrarnos acerca de la privación del derecho al agua no es necesario mirar tan lejos. A pesar de la imagen que se nos ha asociado, con un marcado azul y verde en nuestra geografía física y cultural, en nuestros territorios hay amplios sectores de la población a quienes se les ha negado este vital elemento. Y la causa no es natural, sino de orden político y económico.

Actualmente, en la Región de Los Lagos, decenas de miles de familias satisfacen sus necesidades sanitarias vía camiones aljibe. Situación que tiene que ver con un modelo de desarrollo que ha concentrado, en pocas manos, los recursos hídricos, mientras ha deteriorado sus fuentes para muchas y muchos. Lo que retrata a su vez, las incapacidades de las autoridades responsables de la gestión territorial, de un Estado subsidiario que secunda a los agentes privados en materias esenciales y que ha llegado tarde en las soluciones, infraestructura y servicios sanitarios en pleno siglo XXI.

La Vara, Alto La Paloma, son algunos de los sectores que hoy no cuentan con el servicio básico de alcantarillado en la gran urbe que es Puerto Montt. En Calbuco, Hualaihué y el archipiélago de Chiloé, la situación es aún más difícil. La situación que atraviesa el archipiélago de Chiloé obedece a múltiples causas. El ciclo natural del agua está alterado. Ese es el problema de fondo. Las grandes reservas de agua están siendo objeto de actividades productivas que están generando un daño, no sólo ambiental, sino también en la vulneración de los derechos fundamentales de miles de familias. Una de estas es la extracción del musgo pompón, importantes reservorios de agua. Frente a esto, debe existir una legislación que limite o, directamente, prohíba su extracción. No hay otra manera. Lo cual implica procesos de transición de algunas de las formas económicas locales, en diálogo con las comunidades y los conocimientos territoriales. Al mismo tiempo, desde ya largas décadas, retrocede el bosque nativo a manos de una industria forestal que va controlando más y más superficie para destinarla a plantaciones que traen consigo erosión y pérdida de suelo.

Otro punto a considerar en esta materia, tiene que ver con el negocio de los camiones aljibe. Ya que estamos hablamos de una gran cantidad de recursos fiscales destinados a actores privados encargados de dicha distribución. Es necesario fiscalizar lo que está sucediendo allí, ¿Qué tipo de intereses se están articulando? Siempre debemos estar alertas de que, a medida que haya una mayor privación de agua para comunidades y territorios, también habrá una mayor demanda para este mercado derivado de la crisis ecológica. Estas y otras, son materias fundamentales para las cuales las futuras legisladoras y legisladores que estamos por los cambios democráticos debemos comprometernos. Pero hoy en día, tener una posición desde la ecología política, implica inevitablemente superar un modelo de injusticias y desigualdades que se basa, en buena parte, en la sobreexplotación de los bienes comunes naturales. No basta con señalar, de manera demagógica, tan típica de los momentos electorales, que “estamos por el derecho al agua y proteger el medioambiente”, si nada se dice sobre los procesos de despojo y saqueo, del tipo de economía y desarrollo de las últimas 4 décadas, y de los intereses empresariales concentrados, que se encuentran tras de aquello. Dicho de otra forma, quien no se posicione sobre aspectos centrales del neoliberalismo, en su formato chileno, nada cambia.

Avanzar en el derecho humano y social al agua, en un Estado protagonista en la provisión de servicios e infraestructura sanitaria, y en una nueva relación entre los bienes comunes naturales, la economía y la sociedad, están vinculados a su vez, de forma clara, con la consolidación del proceso constituyente, la colaboración estrecha entre los movimientos sociales y delegadas y delegados de la Convención Constitucional que tienen un compromiso con los cambios democráticos, y, por supuesto, con un triunfo categórico del Apruebo Nueva Constitución en el plebiscito de salida y la habilitación de la misma. Lo cual, es parte de un momento crucial en el cual podemos dialogar e impulsar una nueva ruta de desarrollo que habilite un tránsito de las formas económicas vigentes hacia otras sustentables en un sentido de condiciones de vida dignas para toda la sociedad, y que enfrente el desastre ecológico en curso. Tránsito que no será fácil, dada la actual dependencia a las economías extractivas y concentradas, y que supone de mucha creatividad, voluntad y prudencia, para combinar herramientas de planificación territorial democrática, de fortalecimiento de los sistemas de generación de conocimiento, ciencia y tecnología, de ampliación de las economías de pequeña y mediana escala asociativas y ambientalmente responsables, de un mayor rol del Estado y de comunidades organizadas en la propiedad, protección de los bienes naturales y fomento de otras economías, entre otras posibilidades.

Por lo tanto, el programa y propuesta política que planteemos, y las decisiones que tomemos en el corto y mediano plazo en los procesos institucionales, resultan cruciales, más en medio de una inevitable resistencia de los grupos de poder que hoy encuentran en la ultraderecha su línea de defensa. Éxito del proceso constituyente y habilitación de una Nueva Constitución democrática avanzada, derecho humano y social al agua, más poder e instrumentos para la gestión territorial democrática, tránsito hacia formas económicas sustentables, son parte de la columna vertebral del proyecto de Apruebo Dignidad, que, más que ser el producto de una negociación entre partidos y movimientos políticos, recoge algunas de las principales aspiraciones que se han instalado en el espacio público a través de la movilización social, ciudadana y territorial durante las últimas décadas, y que hoy son sentido común de cambio.

De esta forma, si del azul y el verde se trata, es fundamental el avance de una nueva realidad y de un bloque territorial, social, político e institucional, robusto y mayoritario. Y para aquello, desde Apruebo Dignidad, junto a la candidatura presidencial de Gabriel Boric, y sus elencos a la Cámara de Diputadas y Diputados, al Senado y a los Consejos Regionales, nos ponemos a disposición.

Eduardo Ocampo Castillo Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas Candidato a diputado distrito 26


Tras una colosal y osada tarea. Por Juan Pablo Cárdenas S.

Los distintos programas presidenciales nos hacen ver la magnitud de la tarea que deberá cumplir quien resulte elegido. Difícilmente otro gobierno hasta aquí haya asumido tantos compromisos de cambio y en tan diferentes aspectos. Una tarea que resultará muy difícil y compleja si consideramos que ahora, por la pandemia, el país tiene menos recursos que antes y todas las demandas parecen tener la misma urgencia.

Desde luego habrá que ponerle fin al sistema previsional manejado por las AFPs, junto a la necesidad de implementar otro y hacerse cargo rápidamente del pago de pensiones dignas. Ello significaría varios puntos del PIB que necesariamente deben contemplar un rápido reajuste de las remuneraciones y el imperativo de crear cientos de miles de nuevos empleos conjurando, además, el fantasma de la inflación. Un fenómeno que los chilenos confiaban tener bajo control.

Se habla de reducir el gasto fiscal, pero de verdad son muy pocos los candidatos dispuestos sinceramente a ello, cuando lo que se busca es fortalecer el papel del Estado, devolverle iniciativa empresarial y hacer más eficiente su labor fiscalizadora para rebajar drásticamente los niveles elusión y evasión tributaria. Junto con reforzar el gasto en más policías y recursos disuasivos para hacer frente a la criminalidad, el narco tráfico y otras lacras que todos los postulantes a La Moneda se proponen acabar. En la salud, las metas de todos parecen muy ambiciosas con la propuesta de garantizarle a todos los habitantes el acceso a la atención médica y a los onerosos tratamientos, moderando también los precios de los medicamentos, formar a miles de nuevos especialistas y ponerle coto a la corrupción que en esta y otras áreas está tan entronizada. Solo a los objetivos educacionales habría que dedicarle otros varios puntos del PIB, si se llegara a concretar el pago a la deuda histórica con el magisterio, financiar el acceso a los establecimientos de miles de niños y jóvenes que se han ido quedando fuera del sistema, aunque se supone como obligación impartir al menos ocho niveles de colegiatura. Más nos vale no considerar en este balance las demandas de la educación superior, las millonarias deudas del Crédito con Aval del Estado que casi todos los candidatos de proponen condonar a fin de aliviarle el bolsillo de cientos de miles de familias. Una mala política pública que en su época muchos aplaudieron y ahora repudian.

A lo anterior, debemos suponer las dificultades del próximo gobierno si es que este se propone recuperar para Chile la soberanía, la explotación y beneficios de la gran minería del cobre y del litio, entre otras empresas estratégicas. Ya hay algunos observadores foráneos que muestran preocupación por las atrevidas propuestas de algunos candidatos, cuando además se les recuerda las acometidas que las transnacionales acostumbra ejercer cuando sienten amagados sus abusivos negocios.

Sabemos, además, que hay un sinnúmero de pendientes en materia de obras públicas, centrales energéticas, puentes, caminos y otras que deberán implementarse con recursos propios y no con el tan cuestionado sistema de concesiones puesto en práctica por los gobiernos anteriores y que significan una dura carga para los usuarios de las carreteras. Tal como el cobro de luz, agua y gas de manos también de empresas extranjeras. La futura administración no podrá soslayar las protestas de los transportistas y particulares destinadas a que se supriman los cobros de TAG en el tránsito de una región a otra. Con lo que el derecho a circular libremente por el país ha quedado seriamente en entredicho.

Debemos suponer que, en materia de reformas valóricas, como la aprobación del aborto libre vamos a tener que experimentar toda suerte de conflictos, así como respecto de los emigrantes que actualmente que siguen llegando por miles e, incluso, hasta son maltratados por quienes sienten amagados sus derechos laborales y otros. Con lo que habrá que asumir que en el pueblo chilenos prevalecen altas dosis de racismo y xenofobia. El rezago en cuanto a las aspiraciones por una vivienda propia y digna, como el encarecimiento del crédito inmobiliario, auguran que se intensifiquen las presiones ante las próximas autoridades. A lo anterior, sumemos la crisis hídrica, el imperativo de construir nuevos embalses para el consumo humano, animal y la agricultura, como emprender en serio la desalinización del agua del mar. Todo esto y lo anterior dando cumplimiento, por supuesto, al desarrollo sustentable, lo que es impostergable, pero indiscutiblemente oneroso.

Debeos considerar, asimismo, que Chile debe implementar una nueva institucionalidad y definir cuestiones tan importantes como las atribuciones del Presidente dela República, los parlamentarios y toda suerte de representantes políticos. Sin omitir decisiones importantes sobre el rol de nuestras Fuerzas Armadas y el acotamiento de sus efectivos y presupuestos multimillonarios. Se conoce, también, el temor generalizado de la clase política ante las oficialidades castrenses que, cada vez que lo han querido en nuestra historia, conspiran, dan golpes de estado y agreden brutalmente a la propia población nacional. Porque también sabemos que, en ellos, la vocación democrática y el respeto a los Derechos Humanos parecen muy ausentes. Es propio que durante las contiendas electorales los ánimos políticos se agiten, pero, más que en otras oportunidades, esta vez la pasión se ha desbordado y provocado constantes víctimas, desordenes y daño a la propiedad fiscal y privada. Asimismo, la propia lucha por los derechos de nuestras etnias está lejos de vislumbrar una solución, por lo que el escenario de confrontación en la Araucanía tenderá a agudizarse y extenderse, como poner en riesgo, además, a todas las otras demandas de nuestra población.

Quien se cruce la Banda Presidencial tendrá un enorme desafío y los perdedores podrán rápidamente olvidar sus respectivas derrotas.


Gabriel Boric y el fin de la transición en Chile. Por André Kogan Valderrama

El eventual triunfo del candidato del pacto Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, a solo semanas de la primera vuelta presidencial en Chile (19 de noviembre), ha generado como era de esperar, una feroz reacción de parte de los grandes grupos económicos y mediáticos del país, tildándolo de falta de experiencia, de extremo, de ignorante, sin conocimiento en economía y de tanto lugar común de la derecha tecnocrática neoliberal.

Incluso, ante la desesperación de estos grupos, dentro de un momento político completamente adverso a sus intereses, luego de las aplastantes derrotas que ha tenido la derecha institucional en las últimas elecciones, están levantando e inflando con cada más fuerza, la candidatura de ultra derecha de José Antonio Kast, representante del pinochetismo y del negacionismo, a través de un discurso de odio de manual, que busca la polarización del país, entre dos supuestos bandos (patriotas vs anti-patriotas).

El problema para ellos, es que más allá del intento descarado de posicionar a Kast en las encuestas, esta elección no es como cualquier otra, ya que más allá de que vuelvan a usar la básica estrategia de campaña del terror, de que llegado Boric presidente, nos convertiremos rápidamente en la Venezuela de Maduro o en un país dominado por la violencia de ciertos grupos no solo no es creíble sino que se desenmascaró completamente con la masiva revuelta social del año 2019.

Por lo mismo, resulta atemporal que Kast y los grandes grupos económicos crean, que se debe “recuperar” Chile, a través de una necropolítica del orden público, que niega derechos humanos básicos y propone la reducción del Estado al mínimo, buscando así proteger los privilegios de una elite que ha secuestrado la democracia por más de 30 años.

Planteo esto, ya que lo que se ha estado pidiendo es justamente lo contrario, más aún en este contexto de pandemia. Es decir, desconcentración del poder político y económico, fortalecimiento del Estado, apoyo real a las pequeñas empresas, fin a las AFP, derecho humano al agua, fin a la deuda universitaria, sistema universal de salud, reconocimiento de los pueblos indígenas, fin a las zonas de sacrificio, refundación de carabineros.

No ver aquello, es negarse a ver un proceso en curso sin vuelta atrás, en donde los movimientos sociales y millones de personas, llevaron a la clase política a generar las bases institucionales para que el pueblo decidiera si quería o no una nueva constitución, devolviéndole así la dignidad perdida con el golpe de Estado de 1973 y una transición democrática pactada, que fue más una transacción entre la derecha y una izquierda social de mercado.

Ante esto, el tremendo apoyo que está recibiendo Gabriel Boric, tiene relación con su propia lucha contra el neoliberalismo, al haber sido parte fundamental del movimiento estudiantil universitario del año 2011 contra el lucro en la educación, como vocero de la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), en compañía de dirigentes como Giorgio Jackson y Camila Vallejo, con quienes llegaría después a ser diputado.

Asimismo, el apoyo que ha recibido, tiene relación también con su propia procedencia de la región de Magallanes, la cual lo ha llevado a tener un discurso crítico del centralismo en Chile, el cual viene desde los inicios del Estado Unitario de Chile, en donde Santiago ha impuesto su orden y ha saqueado las riquezas naturales del resto de las regiones.

De ahí que haya tomado las banderas de la educación pública y la descentralización todos estos años en el parlamento, y se haya sumado a otras luchas también (feminista, disidencias sexuales, socioambiental, mapuche) formando primero el Frente Amplio y luego siendo parte del Pacto Apruebo Dignidad (Partido Comunista, Revolución Democrática, Convergencia Social, Comunes, Federación Regionalista Verde Social, Movimiento Unir, Fuerza Común, Acción Humanista, Izquierda Cristiana de Chile).

No es de extrañar entonces, que el plan de gobierno que propone Boric, se planteen demandas históricas, como un nuevo Modelo Económico Justo y Sustentable, Reforma Tributaria que apunte a los súper ricos, Sistema Nacional de Cuidados, Sistema de Seguridad Social, Transición Energética, Justa y Popular, Cultura de Cuidados Colectivos de Salud Mental, Plan Nacional de Derechos Sociales LGBTIAQ+, entre muchas otras (1).

No obstante a ello, se hace fundamental también en la campaña presidencial, darle mucho más énfasis a lo que está pasando en la Convención Constituyente en curso, la cual ya se encuentra trabajando en los contenidos, a través de distintas comisiones, para contrastar así la campaña de desprestigio de los grandes grupos mediáticos a este nuevo órgano democrático, en donde Kast ha sido uno de sus principales voceros.

Si bien se entiende que Gabriel Boric no quiere interferir en ese proceso constituyente, es fundamental mostrar el carácter histórico de lo que está pasando en Chile, y cómo esta elección presidencial es quizás la más importante de todas, ya que quien salga presidente será quien firme la nueva constitución, luego de ser aprobada por el pueblo en un nuevo plebiscito de salida.

En consecuencia, seremos testigos del fin de la constitución de Pinochet y la transición, la cual no se quiso cerrar por décadas, por lo que ahora es el momento de cambiar Chile y sumarse a este proyecto transversal y transformador de Apruebo Dignidad, encabezado por Gabriel Boric, dejando de lado purismos ideológicos e identitarios de ciertas izquierdas, que pareciera que tampoco entienden el momento histórico que estamos viviendo como país.

1: https://boricpresidente.cl/


Elecciones sin épica, ética ni estética. Por Juan Pablo Cárdenas. S.

Todos coincidimos en que las próximas elecciones presidenciales serán muy relevantes para el futuro del país, pero seguramente son las que menos han concitado interés en la población. Por cierto, menos atracción despiertan todavía los comicios parlamentarios, toda vez que está instalada una Convención Constituyente que, de convenir una nueva Constitución, seguramente va a imponer la necesidad de renovar a corto plazo el Parlamento y, acaso, el propio Gobierno.

No hay candidatos presidenciales que conciten gran fervor ciudadano. Ninguno de ellos ha consolidado real liderazgo y solo logran, en los mejores casos, interpretar a no más del 15 o 20 por ciento de los ciudadanos, la mayoría de los cuales, a solo tres semanas de los comicios, no marca preferencia por ninguno de ellos y una vez más podrían provocar una alta abstención electoral. Seis abanderados que, incluso, mantienen con dificultad el apoyo de sus propios partidos, cuando se han hecho públicas las disensiones internas en cuestiones tan importantes como la propuesta de un cuarto retiro de los fondos de pensiones o la posibilidad de dictar una amnistía o indulto general en favor de los detenidos del estallido social del 18 de octubre del 2019, como en sus incesantes réplicas callejeras en todo el territorio nacional.

Por supuesto que en ninguno de los candidatos puede descubrirse un proyecto histórico como los que se expresaban en el pasado. Por lo mismo es que no se aprecian diferencias sustantivas en sus discursos, salvo si se trata del postulante de la extrema derecha que hasta por su apellido se le imputa simpatía con el Nacional Socialismo de Adolfo Hitler. Por supuesto que al él ninguno de los otros competidores quisiera apoyarlo en una segunda vuelta electoral, en caso de que llegara al balotaje.

Lo que ha predominado en la campaña, sin embargo, son los más severos reproches a la consecuencia y trayectoria de cada uno. Incluso se ha sido descortés con la única mujer postulante, al tiempo que ella ha fustigado también muy severamente a los dos candidatos de la derecha. Sin cejar en sus críticas contra el actual Mandatario del cual prácticamente todos buscan mantener distancia habida la falta de popularidad con la que Piñera termina su gestión. Se prometió discutir con ideas, pero estas realmente no aparecieron, siendo reemplazadas por las descalificaciones mutuas en cada uno de los foros, como en la propia franja televisiva concebida para que unos y otros expusieran sus programas de gobierno, algunos de cuyos textos recién empiezan a conocerse y difundirse.

Ya sabemos que las promesas muy habitualmente son traicionadas después en La Moneda y las cámaras legislativas. Incluso con las intensas demandas de las protestas sociales se podría asegurar que un próximo gobierno le va a poner término al cuestionado sistema de pensiones o a las abusivas isapres que se enseñorean en la salud. Tampoco se ha expresado una seria decisión de mejorar los deprimidos sueldos de los trabajadores, más exiguos todavía con los altos niveles de cesantía, el enorme endeudamiento familiar y la desatada inflación que le ha hecho perder la esperanza de una vivienda propia a millones de chilenos.

Menos todavía los postulantes presidenciales hablan de cortar con los privilegios de la clase militar, rebajar sustantivamente el presupuesto para la compra de armamentos y, desde luego, castigar debidamente a los oficiales corruptos que se han apropiado de los gastos reservados. Habría n de tener para ello coraje y un sentido ético que realmente no asoma en esta contienda, salvo en las expresiones de algunos candidatos que saben muy bien que no tienen posibilidad alguna de alcanzar el poder.

Se promete también acabar con la delincuencia y barrer a los narcotraficantes, pero en realidad nadie se propone terminar con las causas de estos fenómenos que tienen en ascuas a las poblaciones y barrios de ricos y pobres. Por el contrario, lo que asoma en estos días son las espurias relaciones de algunos ediles con el crimen organizado, en una realidad que tiene alarmada a la Contraloría General de la República abocada a instruir constantes sumarios que no logran resolver los casos y condenar efectivamente a los culpables. Así como en pleno proceso electoral se suceden nuevas colusiones empresariales y transgresiones graves a los derechos de los consumidores en que se teme, como siempre, que no pase nada, salvo multar a algunos empresarios que ya han obtenido ilícitamente mucho más dinero que del castigo pecuniario que podría recaerles.

El tema “verde” es un común caballito de batalla electoral, pero hasta el final del actual gobierno se descubren proyectos ecocidas que involucran incluso al actual gobernante y a su familia. Sin embargo, a pesar del intento de algunos diputados, nada asegura que el Mandatario pueda ser destituido a pocos meses del término de su horrible gestión, pese al enorme daño que le ha ocasionado a la imagen internacional del país. En un feo y antiestético panorama, sin duda, en que el conjunto de la clase política se convierte de nuevo en protagonista y afila sus garras para hacerle frente a la propia Convención Constituyente, si es que a sus miembros se les ocurriera hacer carrera política para desplazarlos de los mejores puestos de la administración pública. Recordemos que un legislador o ministro de estado percibe un sueldo treinta veces por encima del salario mínimo que reciben millones de trabajadores.

La izquierda ya no pone énfasis en la justicia distributiva y prácticamente acota su discurso a las demandas sexuales y reproductivas de los jóvenes y las mujeres. Los Derechos Humanos aparecen ahora muy limitados y la necesidad de una nueva ley de aborto parece predominar en sus objetivos. Lo que, por supuesto, es bien aprovechado por el conservadurismo o la pacatería política, es decir, por los mismos que auspiciaron la dictadura de Pinochet y alentaron el terrorismo de estado y las violaciones sistemáticas a la dignidad de las personas. Incluidos ahora los inmigrantes cuyos modestos enseres son quemados por turbas de fanáticos que, curiosamente, dicen defender la vida.

Mientras tanto, en la derecha no se teme alentar de la boca para afuera el castigo a los malos empresarios, a los llamados delincuentes de cuello y corbata, pero estos saben que se trata de toda una impostura y no trepidan en otorgarle recursos millonarios a aquellos candidatos que después les serán dóciles operadores en los poderes del Estado. Aunque la Ley se los prohíbe, ahora, ya saben ellos como sortear las disposiciones, expertos como son en evasiones y elusiones tributarias, paraísos fiscales y otras triquiñuelas. A sabiendas, también, que todavía cuentan con poderosos y venales aliados en los tribunales de “justicia”.

Para colmo de lo anterior, en las últimas semanas un buen número de militantes y adherentes políticos ha decidido cambiar de candidato para volcarse en favor de los que las encuestas les asignan mayores posibilidades de ganar o imponerse en una segunda vuelta. Toda una serie de desafecciones oportunistas, especialmente bochornosas para los partidos, que demuestra la ínfima gravitación que estos mantienen en la opinión pública, después de convertirse en meras maquinarias electorales. Sin valores ideológicos e idearios más allá de mantenerse en el poder.


UN “GOBIERNO DE TRANSICIÓN” PARA FRENAR AL NEOFACISMO DE JOSE ANTONIO KAST. Por Juan Carlos Gómez Leyton

“El fascismo
no es un fenómeno
de la naturaleza
sino de la historia humana”

“El fascismo constituye la respuesta
de la burguesía a su propia impotencia
para imponerse sobre el proletariado”.

“Es la lucha de clases,
su amplitud y el grado de amenaza
para el orden, lo que da lugar al nuevo fascismo”.

La eminente «salida» de la carrera presidencial de Sebastián. Sichel, aunque siga en la papeleta nos estaría indicando el fortalecimiento de la candidatura de José Antonio Kast, abanderado del Partido Republicano, por parte de la «derecha toda». La cual se propone con esta decisión jugarse con todos los recursos y medios posibles a su alcance a no perder la dirección política de la sociedad neoliberal. Y, ha decido apostar por una salida rupturista con la democracia liberal usando los mecanismos de esta, este es el camino del fascismo histórico. Así lo hicieron los fundadores tanto del fascismo italiano como del nacionalsocialismo en Alemania. La ruta de los autoritarismos antidemocráticos de los últimas décadas en América Latina y el Caribe ha usado, también, los mecanismos electorales para llegar al gobierno y de esa forma restaurar las formas agrietadas de la dominación y de la hegemonía neoliberal. Los casos de Brasil y Ecuador, Bolsonaro y Lasso, son ejemplos, preclaros de esa situación.

Cabe señalar que ese camino es posible por la concurrencia de diversos factores políticos, entre el más importante es la nula comprensión política de parte de las fuerzas políticas progresistas del peligro que constituye la presencia de candidatos y organizaciones políticas protofascistas o autoritarias. En otras palabras, como he sostenido, en otros artículos, la restauración neoliberal en América Latina, en la última década, obedece más errores tácticos y estratégicos de las fuerzas antineoliberales que las virtudes de la derecha autoritaria y neoliberal. Aunque, los errores políticos de los sectores antineoliberales no nos deben obnubilar o cegar, para no pensar que el neoliberalismo no tenga apoyo social entre las ciudadanías latinoamericanas, que los tiene, los tiene.

Entonces qué hacer para que la sociedad chilena luego de la revuelta de octubre de 2019 no entre en esa ruta.

El problema central es que ninguna de las opciones que se presentan como alternativa a Kast o a una “derecha unida”, Gabriel Boric de Apruebo Dignidad; Yasna Provoste, de Nuevo Pacto Social, Marco Enríquez-Ominami del PRO y Eduardo Artés de UPA, tienen hoy la confianza política amplia de la ciudadanía nacional y, sobre todo, de los sectores políticos rebeldes de octubre. Las desconfianzas políticas son de diferentes tonalidades y razones que sería largo de detallar aquí. Pero, ninguno de ellos logra romper la indiferencia y la apatía que hoy expresa la ciudadanía sobre el proceso electoral en marcha.

El candidato de Apruebo-Dignidad genera rechazo y desconfianza entre los sectores más de izquierda de la alianza. Yasna Provoste, es la representante de la decadencia política concertacionista y, sobre todo, de la democracia-cristiana y, también, del Partido Socialista de Chile. Es una candidatura que se desfonda con una mayor lentitud que la experimentada por S. Sichel. La candidatura de MEO nació atrofiada y, por eso, se mantiene con dificultades en la carrera. Mientras la candidatura de Eduardo Artés, es una candidatura que apelando a todos los símbolos de la izquierda chilena no logra convencer a la ciudadanía. A pesar de hablar y reconocerse como un “octubrista”, carece de los apoyos sociales que le podrían posesionarse como una efectiva alternativa. Las debilidades de estos cuatro candidatos son evidentes. Sin embargo, tienen que fortalezas políticas que solo “unidas” podrían ser una alternativa efectiva para enfrentar y derrotar a Kast.

Para ello, estos deberían renunciar a pensarse -esto es, por cierto, algo muy complejo- como presidente único y liderar un gobierno de transición. O sea, la segunda vuelta presidencial, debiera asumirse como una posibilidad de conformar un GOBIERNO y no la elección de un presidente.

Ahora este gobierno de unidad política para la transición debiera comprometerse ante la ciudadanía, en cuatro puntos centrales y fundamentales, para avanzar en la perspectiva de los cambios planteados desde octubre de 2019. Aunque, sean, insuficientes desde el punto de vista de desmontar la dominación neoliberal contribuyen abrir espacios futuros para ellos. Pero, son una fórmula para frenar al protofascismo de Kast. La división de las políticas y sociales democráticas plurales y diversas solo pavimentarían el camino al autoritarismo. Estos puntos son:

(a) impulsar la transformación de la CC en una AC;

(b) apoyar la aprobación de la Nueva Constitución Política;

(c) constituirse en un Gobierno de la transición entre el régimen político de la democracia neoliberal a una democracia social, plurinacional, paritaria, antipatriarcal e inclusiva;

(d) convocar a nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias de acuerdo a las nuevas normas y reglas de la NCP.

Todo esto supone abandonar la idea de que en la segunda vuelta presidencial no se va a elegir solo a un Presidente, sino que se va a constituir un GOBIERNO NACIONAL DE TRANSICIÓN.

Para ello se requiere que los comandos políticos de los presidenciables concurran a una reunión en donde se establezca un acuerdo amplio para la constitución de ese gobierno de nacional de transición. Un gobierno que contemple la participación de todas las fuerzas políticas hoy en competencia más sectores sociales y políticos independientes. Un gobierno paritario con la participación de los pueblos originarios, etcétera. De lo contrario, el camino será: el Brasil de Bolsonaro; el Ecuador de Lasso; USA de Trump, o la Colombia de Duque; o la Argentina de Macri; etcétera.

Esta es la tarea política de hoy. Incluso es la tarea que los sectores rebeldes del «partido de las y los no electores» los cuales estarían dispuestos a apoyar esta iniciativa, solo si ese Gobierno de Transición, se compromete con los cuatro puntos señalados.

Pero la primera responsabilidad política la tienen los cuatro candidatos que se dicen representantes del cambio progresista, antineoliberal y, sobre todo, antifascista.

Juan Carlos Gómez Leyton
Dr. en Ciencias Sociales y Política
Director Académico CIPPSAL

San Joaquín, 27 de octubre 2019.
®JCGL/jcgl


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