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CHILE NUEVO. Elecciones 2021 columnas y comentarios...

Chile: Gabriel Boric, presidente de la esperanza. Por Marcelo Solervicens,

23 de diciembre de 2021

En Chile la “esperanza le ganó al miedo” el 19 de diciembre. El electo presidente Gabriel Boric de una coalición otrora marginal, encarna un nuevo liderazgo donde se han volcado las esperanzas de un vasto arco iris de fuerzas políticas y movimientos sociales; de jóvenes; mujeres; diversidad sexual; de víctimas de la dictadura y del gobierno de Piñera, desencantados todas y todos con la clase política y los valores neoliberales.

De él se espera respuesta a las reivindicaciones contra las AFP, de mejorar el acceso a la salud y una educación de calidad, contra salarios de miseria y malas condiciones de trabajo, contra las zonas de catástrofe, contra la criminalización de las demandas del pueblo Mapuche y de la movilización, para que nunca más haya “un presidente que le declare la guerra a su pueblo.”

Las explicaciones de su victoria arrasadora de un millón de votos y en 11 de las 16 regiones del país, contra el representante de la derecha, José Antonio Kast, son variadas y el futuro aparece cargado de las esperanzas de un nuevo amanecer.

¿Como en 1988?

Para unos, su elección se asemeja a los resultados del plebiscito que puso fin a la dictadura, en 1988 (Eugenio Tironi). En efecto, en esa ocasión, el 55,99 % de los chilenos dijo «no» a la posibilidad de que Pinochet siguiera en el poder. Esta vez, 33 años después, un porcentaje semejante, 55.87% votó ahora por Gabriel Boric como presidente en lugar de un defensor de la dictadura cívico-militar (Servel).

Tras ella, el principal derrotado fue el intento reaccionario de la centroderecha que apoyo a José Antonio Kast, ya antes de la primera vuelta, abandonando su modernidad democrática y volviendo a su tradición oligárquica de defensa irrestricta de sus intereses.

Y es que el candidato del Frente Social Cristiano, no sólo recordó un pasado omnímodo, sino que además representó, pese a moderar su programa, la mantención del status quo y de seguir con la intransigencia represiva del presidente saliente, Sebastián Piñera.

Esa perspectiva, tanto en Chile como en el exterior, circula la interpretación que , ubica la victoria de Gabriel Boric, en sintonía con el conflicto entre populismos de ultraderecha y democracia liberal en el mundo (Meadway 2021). Una tendencia ligada al fin de una globalización neoliberal, crecientemente cuestionada desde la crisis económica de 2008 a 2011 (Bresser, 2009) y sin verdadera respuesta ante la crisis climática.

¿Una segunda transición?

Otros ven en la victoria de Boric, la esperanza de profundización de la democracia en sí, que animaron los últimos treinta años, lejos del conflicto entre fascismo y comunismo (BBC). Una segunda transición que esta vez sí termine con la democracia protegida que siguió conservando su imprenta neoliberal. Como se trataría de reformas de Estado, se plantea concitar amplias mayorías para “avanzar sin prisas, pero sin pausa” (Camilo Escalona)

Esta perspectiva reconoce la validez de las reivindicaciones del llamado “estallido social”, y la necesidad de realizar una serie de transformaciones de corte posneoliberal a través de la profundización de la democracia. Entre otros, la adopción de políticas públicas para vivir mejor; conseguir la reducción de las desigualdades provocadas por el mercado; propiciar un crecimiento económico que no deje nadie atrás, por la adaptación al cambio climático y renovar valores culturales, pasando de una sociedad patriarcal a una de paridad, con inclusión de los pueblos indígenas al carácter simbólico de la nación, el imperio de la dignidad gracias al cambio de la Constitución Ello es leído principalmente por observadores internacionales como la propuesta de Estado Bienestar que, a diferencia del Estado neoliberal, modere las desigualdades, en una perspectiva ligada ideológicamente a la socialdemocracia (Euronews)

Por un lado, Gabriel Boric en su discurso de victoria, “construir puentes”, porque los “avances van a requerir acuerdos amplios”. Muchos destacan que frente a la crisis económica global y un Congreso reacio a los cambios, no va a poder hacer nada sin negociar con la oposición en el Congreso y con los empresarios (El Dínamo). Algunos llaman a que nombre ministro de Hacienda a Nicolás Eyzaguirre, uno de “los viejos macucos de la Concertación” (Gamba). ¿Un proceso de transformación?

La elección de Gabriel Boric no fue una elección por su contexto y por lo que anuncia. Ella está ligada al resquebrajamiento de los valores neoliberales y el desencanto con el espejismo neoliberal (Adel Ruiz). Ella anuncia el carácter imparable de cambios porque se inscribe en la continuidad del ethos posneoliberal del “estallido social” de octubre de 2019.

En efecto, recordemos que siguen incólumes, la estructura económica, las desigualdades sociales y políticas públicas neoliberales. El actual motor del cambio no está solo en el Gobierno o en el Congreso, se agregó el sujeto social con evidente influencia política. Persiste el cuestionamiento transversal del statu quo de los jóvenes que saltaron los torniquetes del metro, los que agregaron sus demandas, quienes se organizaron en los territorios, quienes manifestaron pacíficamente o resistieron la represión y otras vertientes de la movilización social.

Tomemos solo un aspecto, para no alargar este análisis. El voto voluntario corresponde al enfoque neoliberal por excelencia del elector: se le considera un consumidor racional ante las ofertas de la política transformada en mercado (Downs, 1957). La mayoría electoral de Boric contradice esa percepción neoliberal: sus electores actuaron como un bloque social por los cambios con identidad colectiva y no por interés egoísta.

Su victoria inesperada, subvierte el orden neoliberal, al igual que el plebiscito por una Nueva Constitución en octubre de 2020 y la elección de una Convención Constitucional donde las posiciones neoliberales fueron reducidas a su mínima expresión, quedando sin derecho a veto.

Transforma en extraña la elección de un Congreso reacio a los cambios, e incoherente con el sentir de las mayorías expresado en tres escrutinios en un año. En realidad, lo que confirma es el impacto de un sistema rígido de democracia protegida por la complejidad del sistema de partidos y las reglas de voto.

El cambio constitucional: un próximo paso imprescindible

El apoyo de Gabriel Boric al funcionamiento autónomo de la Convención Constitucional, presidida por Elisa Loncón el 21 de diciembre, mantiene abierta la posibilidad de instalar una Nueva Constitución. Esa sigue siendo la condición necesaria y suficiente para liberar el potencial transformador de una democracia ligada a la sociedad.

Lo hermoso del discurso de victoria de Gabriel Boric en una Alameda donde se congregó una multitud semejante a la del 25 de octubre de 2019, es que recogió todas las aspiraciones del pueblo y prometió un gobierno con los pies en la calle.“. Incluida, fuera de libreto, la promoción de una democracia sustantiva que " no se reduce solamente al voto. Queremos una democracia en la que los barrios, las poblaciones, la sociedad civil tengan protagonismo, porque una democracia sin la gente no es realmente una democracia.”.

Creemos que ello implica el reconocimiento del fin del ciclo de separación sistémica entre clase política y sociedad. En vos del presidente electo: «Basta del despotismo iluminado que cree que puede hacer un Gobierno para el pueblo sin el pueblo”. Acogemos que la esperanza es que su gobierno, con el pueblo movilizado, salga al paso de los intentos reaccionarios que buscan desbaratar, el trabajo de la Convención Constitucional y mantener la democracia protegida con subterfugios teóricos neoliberales (Carlos Peña). La elección el cuatro de enero de la o del próximo presidente o presidenta de la Convención debiera consagrar una nueva constitución que interprete el sentir ciudadano. Una carta magna que fije los objetivos centrales de consenso y que no constitucionalice en leyes orgánicas temas que corresponden a mayorías simples en cualquier democracia liberal. Ello permitirá enfrentar las reformas necesarias para el siglo 21 liberando la democracia de protecciones oligárquicas.


DESPUÉS DEL BALOTAJE. POR MANUEL ACUÑA ASENJO

 

UN PRESIDENTE JOVEN

Algunos medios de comunicación han destacado que Gabriel Boric es el presidente más joven que ha tenido la República desde sus inicios, superando, incluso, a Manuel José Blanco y Calvo de Encalada—Manuel Blanco Encalada (si suprimimos los patronímicos de sus apellidos), militar de 36 años, de nacionalidad argentina— que gobernara Chile durante dos meses del año 1826.

Es, sin lugar a dudas, el presidente más joven en la historia del país. Pero no el gobernante más joven. Antes de él lo fue José Miguel Carrera Verdugo, que sólo contaba con 26 años cuando encabezó la primera Junta Nacional de Gobierno y, en segundo lugar, Manuel Rodríguez Erdoyza, cuando asumió en el carácter de Director Supremo de la nación por dos días, a la edad de 33 años. Pero no basta con decir aquello y hacer esas comparaciones. Las analogías no siempre son afortunadas y, las más de las veces, inducen a error. Y es que, a menudo, son anacrónicas, ectópicas o revisten ambos rasgos a la vez.

Gabriel Boric, sin lugar a dudas, es un gobernante joven. Representa la generación que ha reclamado para sí el derecho inalienable de dirigir la nación, y exige el relevo de aquella que la ha precedido. Sin embargo, no como expresión de un presunto conflicto generacional —como la mayoría de los analistas tiende a suponer—, sino como la manifestación del avance portentoso alcanzado por el desarrollo de las fuerzas productivas que ha exigido, a su vez, la modificación inmediata de las anquilosadas relaciones de producción vigentes, mantenidas por una ‘élite política’ incapaz de entender el nuevo mundo que emerge.

Pero Gabriel Boric es, aún, mucho más. Condensa en su persona las movilizaciones estudiantiles que comenzaran en 2006, con dirigentes —como María José Sanhueza, María Música y otros—, se reprodujeran en 2009 y 2011—con Giorgio Jackson, Camila Vallejo, Jorge Sharp, Carol Cariola—, y alcanzaran su máxima expresión en el estallido social de 19 de octubre de 2019 —expresadas en el salto de los torniquetes del Ferrocarril Metropolitano—, conducidas por los jóvenes estudiantes Victor Chanfreau y Rodrigo Pérez, entre muchos otros. Como lo señalara un cable de Agencia EFE,

 

“Esas revueltas estudiantiles son interpretadas precisamente como la antesala de la inédita crisis social de 2019, que se extendió durante más de un año con masivas marchas por la igualdad y por mejores pensiones, educación y salud”[1].

 

Por eso, sostenemos nosotros que Boric nace, se desarrolla y manifiesta en los movimientos sociales y, en especial, en los movimientos estudiantiles. Es producto de ellos. Y, en consecuencia, es un producto social. Por lo que podemos, hoy, asegurar que el presidente electo de Chile tiene un origen muy diferente al de los mandatarios que le han precedido.

 

APARECEN LAS DIFERENCIAS

Boric, sin embargo, no representa la esencia del estallido de 18 de octubre de 2019—que nació de la autoconvocatoria y autoorganización de los movimientos sociales—; no representa, igualmente, el interés político de ese vasto universo de independientes que continúa intentando hacer valer su derecho a participar en la gestión fiscal, organizando listas propias destinadas a disputar los cargos públicos a la ‘élite política’ vigente. Por el contrario, representa un ala del movimiento estudiantil que se asimiló al sistema vigente, que se institucionalizó, que se organizó a la manera dispuesta por la estructura estatal, es decir, organizando y construyendo partidos, y adecuando su funcionamiento al modelo establecido por la ley. Esa circunstancia explica que haya apoyado, a título personal, el Acuerdo Por la Paz de 15 de noviembre de 2019 en donde la llamada ‘élite política’ nacional opositora se unió a la gobernante y al propio Gobierno, para desarticular al movimiento social que amenazaba destruir la estructura estatal. Boric, en su búsqueda por formar parte de la misma, dio su apoyo a la ‘élite política’ entregando su voto a la propuesta parlamentaria de acordar la paz con el Gobierno. Y, en el frenesí legislativo que se produjo durante las semanas siguientes, apoyó —sin una minuciosa revisión—, algunos proyectos que buscaban paralizar las acciones de los movimientos sociales. No por otra cosa fue agredido en un parque santiaguino por manifestantes, molestos con su actuar y su presencia en ese lugar. No por otro motivo se distanció de su entrañable amigo Jorge Sharp, molestia que hoy parece estar resuelta ante la magnitud de las tareas que se avecinan a su gobierno.

 

UN DISCURSO MEMORABLE

Los medios de comunicación han comentado favorablemente el discurso del presidente electo; similar reacción han mostrado las conversaciones cotidianas. Sin desconocer la extrema sobriedad del contenido del discurso, nos parece necesario señalar al respecto algunas consideraciones.

Por una parte, debemos considerar un acierto la entrega de un mensaje conciliador, de paz y de esperanza a toda la población, un mensaje dirigido a todos los chilenos sin distinción de religión, política, sexo o condición social.Y, a la vez, haber brindado un resumen directo, conciso, esclarecedor, de las principales reivindicaciones sociales contempladas en su Programa de Gobierno. Pero esas consideraciones no nos eximen de formular algunas críticas que también estimamos necesarias mostrar. Especialmente, cuando, el primer discurso del candidato triunfante, contiene expresiones orientadas a

 

“[…] agradecer a todos los candidatos que participaron en esta elección, porque finalmente la democracia la hacemos entre todos, y necesitamos de cada uno. A Yasna Provoste, Sebastián Sichel, Marco Enríquez Ominami, Franco Parisi, Eduardo Artes y José Antonio Kast[2].

 

Es natural que la mención a alguno de esos nombres provocara repudio entre los asistentes. Porque no había necesidad de repetir, majadera e insistentemente,el nombre del último de aquellos. Nos recordó la desgraciada intervención de Patricio Aylwin en el Estadio Nacional, el 12 de marzo de 1990, revelando implícitamente la voluntad de eximir de responsabilidad penal y civil a los militares involucrados en las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura pinochetista[3].

El discurso no solamente ha de comentarse por esa referencia de claro tinte emocional sino, en primer lugar, por el peligro que entraña hablar de personajes cuya importancia política se encuentra en entredicho pues ni siquiera la propia representación política del empresariado tiene claro si ha de continuar considerando su conductor a quien fuera candidato del partido Republicano. Eso es así:nadie puede asegurar que Kast va a liderar el interés de todos los sectores empresariales ;y, en segundo lugar porque sujetos como Kast no son personas normales, son sujetos perversos, personajes ‘maleados’, que recurren a la mentira y a las peores prácticas a fin de alcanzar sus bastardos propósitos. Se trata de sujetos inmorales que han adoptado para sí la política ‘trumpista’, ‘fujimorista’ o ‘bolsonarista’, de denigrar como sea a su adversario para alcanzar sus objetivos. Son sujetos a los que ni siquiera hay que nombrar.

Por lo mismo, nos pareció ingenuo en el discurso insistir en que

 

“El futuro de Chile nos necesita a todos del mismo lado, del lado de la gente y espero contar con su apoyo, sus ideas y propuestas para comenzar mi gobierno. Sé que más allá de las diferencias que tenemos, en particular con José Antonio Kast, sabremos construir puentes entre nosotros para que nuestros compatriotas puedan vivir mejor. Porque lo que sí nos une es el amor a Chile y su gente”[4].

 

Con prescindencia del hecho que la palabra ‘pueblo’ se encuentra convenientemente reemplazada por el vocablo ‘gente’ —al más puro estilo concertacionista—, no creemos que el objetivo de un presidente sea la democracia en sí, la democracia sin apellido, la democracia pura, como si fuese un valor universal y excelso. No. La democracia —bien lo sabemos— admite innumerables clasificaciones, entre las cuales se pueden citar la democracia burguesa, protegida, participativa, proletaria, autoritaria, socialista, liberal, social, directa, indirecta, empresarial, económica, etc. Por eso nos parece necesario hablar de otros valores, tanto o más importantes que la propia democracia, como lo es, verbigratia, la participación ciudadana. Del mismo modo, tampoco creemos que el objetivo común de sujetos como el que fuera abanderado de la coalición ‘Vamos por Chile’ sea el ‘amor a Chile y a su gente’. Sabemos hasta la saciedad que las organizaciones políticas y sus líderes representan los intereses del grupo social al que pertenecen y poco o nada les importa la defensa de otros valores.

 

EL TRIUNFO DE BORIC ES EL TRIUNFO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

El triunfo de Boric es un triunfo gigantesco, maravilloso, admirable; pero no es el triunfo de la coalición de ‘Apruebo Dignidad’ solamente; tampoco el de esa coalición unida a los partidos de la ex Concertación. Tampoco es el triunfo de las posiciones de centro.Porque no deben confundirse los efectos con las causas, como lo hace el diputado del partido Liberal Vlado Mirosevic, cuando afirma que

 

»[…] la mayoría de Chile votó, en primera y segunda vuelta, por cambio graduales. Transformaciones que signifiquen conquistas reales para la gente [...] pero que se hagan en paz y gradualmente"[5].

 

El triunfo de Boric, repetimos, es el triunfo de los movimientos sociales que concurrieron a votar en masa para evitar el retorno del pinochetismo bajo una nueva conducción. Y este sentimiento era tan evidente que un articulista no vaciló en señalar, profundamente emocionado, al recordar esos momentos:

 

“[…] nunca me sentí tan parte de algo. Sin pertenecer a ningún partido ni a comando alguno tomé posición, como muchas y muchos amigas y amigos, desde el lugar que habito, desde mi propio topos y lugar de enunciación: la universidad. Intentando no caer en academicismos canónicos ni palabrería incomprensible, hicimos los puntos, dimos pelea y justificamos nuestro derecho a decir. Pocas veces sentí tanta solidaridad, amistad, proyecto. Todo de cara a una amenaza que se anunciaba persecutora y segregacionista”[6].

 

En un sentido similar se pronuncia otro comentarista cuando señala que fue decisiva

 

“La movilización de nuevos electores en las comunas más populares del norte minero y de la periferia de las grandes urbes: Santiago, Valparaíso y Concepción para detener el avance de una derecha pinochetista, que venía arremetiendo con agresividad contra esta nueva izquierda ‘ñuñoina’ que se mostraba atónita y confundida”[7].

 

Y esto es muy importante, porque a la coalición que apoyara su candidatura se suma un nuevo actor político: el movimiento social, que va a exigir, al igual que los otros segmentos del pacto, protagonismo no en el sentido de disputar cargos fiscales sino propuestas que vayan en beneficio de las grandes mayorías nacionales. Y es aquí donde creemos que no es inoportuno traer a la memoria un retazo de nuestra historia para prever situaciones que jamás han de manifestarse como si la historia se repitiera.

 

EL PUEBLO TE LLAMA GABRIEL

La política es una disciplina que acostumbra comparar prácticas y extraer conclusiones de las mismas. Pero la comparación exige el uso de analogías cuya selección raras veces resulta afortunada. Por el contrario, si bien es cierto que la generalidad de ellas termina en el carácter de anacronismo, no es menos cierto que también una buena parte de las mismas se muestra como —permítasenos emplear, aquí, un neologismo— ectópica, es decir, fuera de lugar, inadecuada.

Las palabras precedentes nos permiten incursionar en los peligrosos ámbitos de las analogías y recordar que, en 1946, un candidato a la presidencia de Chile, afiliado al partido Radical, hizo, también, un pacto con el partido Comunista (como lo ha hecho para estas elecciones el Frente Amplio FA con aquella colectividad). Se trataba de una alianzaque parecía tan sólida, y tan fuertes los lazos establecidos entre ambas colectividades, en sus mutuas relaciones, que el 20 de agosto de 1946, día del natalicio de Bernardo O’Higgins, en un memorable discurso pronunciado en la Plaza de la Constitución, se dirigió a la nación aquel candidato, visiblemente emocionado, exclamando:

 

“Yo les aseguro a ustedes que no habrá poder humano ni divino capaz de romper los lazos que me unen con el Partido Comunista y con el pueblo”[8].

 

Tremendas palabras que parecían estar escritas con fuego y que, meses antes habían sensibilizado la vena poética de uno de nuestros más insignes vates, el inolvidable Pablo Neruda, hasta obligarlo a vaciar tales emociones en un poema que, en una de sus partes principales, decía:

 

«Desde la arena hasta la altura,

desde el salitre a la espesura,

el pueblo te llama Gabriel,

con sencillez y con dulzura

como a un hermano, hermano fiel (…)”[9].

Pero esa alianza no duró mucho. A poco tiempo de comenzar el Gobierno de aquel presidente, las presiones internacionales hicieron que tales lazos se rompieran y un Congreso, ávido de represión, aprobara lo que en el transcurso de la historia pasaría a llamarse ‘ley maldita’. Neruda se alejaría de su patria, montado en un caballo, en dirección a Argentina, y su partido quedaría ilegalizado.

 

LA HISTORIA NO SE REPITE

La historia, no obstante, no se repite. Ni como tragedia ni como farsa. Porque nuevos actores hacen su entrada, en lugares y tiempos distintos, bajo otras circunstancias, respectos o formas diferentes. Por eso sabemos que aquella escena jamás volverá a suceder. Nuevos actores han hecho su ingreso a la arena política de la nación: jóvenes que han visto y conocido las perversiones del sistema y, de seguro, no querrán caer en los mismos vicios que criticaron y contra cuya práctica alzaron su protesta. Pero eso no evita que las dudas existan y se manifiesten. La confianza en las instituciones públicas se ha perdido por completo. Y cuando la confianza se pierde, puede asegurarse que jamás se recupera. Por eso, es bueno tener presente esos hechos. Y no olvidarlos.

Hoy, Boric ha sido electo como presidente; debe aprovechar estos meses en delinear su estrategia en la que el apoyo central ha de estar en un pueblo movilizado. Porque sus aliados de la ex Concertación y del Pacto por la Unidad no lo ayudarán lo suficiente. Al igual que intentara hacerlo Salvador Allende, deberá apoyarse en las organizaciones populares cuya constitución y desarrollo ha de promover desde ya.

Por eso, nos hubiera agradado enormemente que, motu proprio, la primera visita del presidente electo haya sido a la Convención Constitucional para confirmar el apoyo a la misma con su sola presencia, y que en su primer discurso hubieren estado presentes —o, al menos, se les mencionara—quienes, con su sacrificio y su empuje hicieron posible que nuestra nación haya emprendido un viaje sin retorno hacia los cambios: Fabiola Campillay, Gustavo Gatica, Victor Chanfreau, Rodrigo Pérez, Oscar Pérez, Mauricio Fredes, Mario Acuña, Alex Núñez, Cristián Valdebenito, y muchos otros más. Eso no ocurrió. Y queremos suponer que se ha tratado de simples lapsus, olvidos involuntarios, omisiones excusables o imprevistos que obligaron a ello. Pero nos alegra, sí, que la primera llamada telefónica que recibiera el nuevo presidente electo haya sido la de Elisa Loncón, presidenta de la CC, invitándolo a visitar la sede de esa corporación. O como lo expresa Andrés Kogan:

 

“[…] es muy destacable de parte del presidente Gabriel Boric, que la primera persona que haya llamado, luego de enterarse de los resultados de la segunda vuelta, haya sido la presidenta de la Convención Constituyente, Elisa Loncón, lo que es una muy buena señal de lo que vendrá en el futuro para el desarrollo del proceso en curso”[10].

 

HACIA LA INSTALACIÓN DEL GOBIERNO

Llegamos, así, al término de nuestro trabajo, preguntándonos qué puede suceder en los meses previos a su instalación el 11 de marzo.

Son esos días cruciales para el futuro del Gobierno que se instala. Para quienes han supuesto que los cambios anunciados se llevarán a efecto de manera radical, fuerza es decir que se sentirán defraudados; porque lo racional de esta nueva presidencia no es hacerlo todo ella sino preparar el camino para que otros puedan llevar adelante aquello que no pudo ser posible antes. Y eso debe quedar claramente establecido no en la labor del Gobierno que se instala sino en la nueva constitución. Por lo que resulta crucial, también, la estrategia que se construya a partir desde ahora. Un hecho está claro: el gobierno de Gabriel Boric no está enmarcado en un proyecto de largo plazo porque el período mismo que le otorga la ley no lo permite; es un gobierno que no tendrá mayoría en el Parlamento para llevar adelante los proyectos que piensa impulsar y tampoco ha involucrado a los sectores populares a participar en su gobierno, como debió hacerlo desde un principio. Desde este punto de vista, el destino que le depara es hacer, como lo señala un analista,

 

«[…] una conducción limitada por el tiempo y sin alcances estratégicos significativos en la instalación de una cultura que supere la que creó, en laborioso medio siglo, la ultraderecha y la ex Concertación”[11].

 

Es decir, de no adoptarse medidas importantes en el corto plazo, el gobierno del presidente electo no pasará de ser uno más de los muchos que se han sucedido a lo largo de la historia. Y eso no debe ocurrir. Tanto la posibilidad de proyectarse por un tiempo mayor como la colaboración de los sectores populares son materias que pueden resolverse en el corto plazo. Como asimismo el apoyo incondicional que debe prestar a la Convención Constitucional. Pero se requiere voluntad política para ello.

 

Santiago, diciembre de 2021.


[1] Agencia EFE: “De las luchas estudiantiles a La Moneda”, ‘El Desconcierto’ ,22 de diciembre de 2021.

[2] Discurso del presidente electo Gabriel Boric, 19 de diciembre de 2021.

[3] Discurso de Patricio Aylwin de 12 de marzo de 1990 en el Estadio Nacional, disponible en INTERNET. La alusión es al momento que dice ‘civiles y militares’ y al recibir un abucheo insiste con dureza: “Sí, señores, civiles y militares”.

[4] Id. (2).

[5] Redacción: “Diputado Mirosevic y futuro Gobierno de Boric: ‘La mayoría de Chile votó por cambios graduales’», ‘El Mostrador’, 21 de diciembre de 2021.

[6] Agüero Águila, Javier: “Boric presidente: no sé (de) escribir”, “El Desconcierto’, 20 de diciembre de 2021.

[7] Pérez, Joaquín: “Votación de sectores populares a favor de Boric frenó la arremetida pinochetista de Kast”, ‘Resumen’, 21 de diciembre de 2021.

[8] Discurso del candidato presidencial Gabriel González Videla de 20 de agosto de 1946. Archivo del autor.

[9]Poema “El pueblo te llama Gabriel”, tomado de las páginas de INTERNET.

[10] Kogan Valderrama, Andrés: “El cambio de época en Chile”, ‘El Clarín’, 23 de diciembre de 2021.

[11] Candia Cares, Ricardo: “¿Qué pasó el 18 de diciembre? Unas cuantas verdades que pueden parecer muy crudas”, ‘El Clarín’, 21 de diciembre de 2021.


El cambio de época en Chile. Por Andrés Kogan

El histórico triunfo de Gabriel Boric en la segunda vuelta presidencial en Chile, el pasado domingo 19 de noviembre, no solo es inédito porque después de 30 años se rompe el duopolio político que gobernó el país por tres décadas, sino también porque consolida un proceso constituyente en curso, el cual iba a estar fuertemente amenazado, en el caso de ganara el candidato de extrema derecha José Antonio Kast.

Si bien los resultados en primera vuelta parecían poco entendibles, dadas las anteriores votaciones en Chile, en donde las fuerzas transformadoras se impusieron ampliamente por sobre los sectores más conservadores del país (plebiscito constitucional y elección de constituyentes), la posibilidad de una restauración conservadora, luego de la segunda vuelta, queda completamente descartada.

De ahí que la alta participación total (55,65%) y votación a Gabriel Boric (55,87%), no solo lo convierten en el presidente más joven y con más votos en la historia de Chile (4.620.890), sino que quedará para la historia del país, ya que firmará, de aprobarse, la primera constitución legítima y redactada democráticamente en el país.

Ante esto, que Gabriel Boric entienda que su rol político es mucho más importante que el de otros presidentes elegidos anteriormente en Chile, al estar inserto en un momento de cambio de época para el país, planteando en su primer discurso como presidente electo lo siguiente: “Defenderemos el proceso constituyente, que es motivo de orgullo mundial. Es la primera vez que escribimos una Constitución de forma democrática. Cuidemos este proceso para que sea una Carta Magna fruto del acuerdo y no de la imposición" (1).

Siendo coherente con ese discurso, es muy destacable de parte del presidente Gabriel Boric, que la primera persona que haya llamado, luego de enterarse de los resultados de la segunda vuelta, haya sido la presidenta de la Convención Constituyente, Elisa Loncón, lo que es una muy buena señal de lo que vendrá en el futuro para el desarrollo del proceso en curso.

Asimismo, la visita de Gabriel Boric a la Convención Constituyente, dos días después de haber salido electo como presidente, hace una clara diferencia con Sebastián Piñera, quien no fue capaz de asistir a un espacio tan importante para el futuro del país, e incluso entorpeciéndolo y tratando de influir sobre él, con declaraciones sobre algunos contenidos que debieran tener la nueva carta fundamental (2).

Por el contrario, Gabriel Boric ha sido muy cauto en sus declaraciones sobre la Convención Constituyente, al declarar que no será pauteada por el presidente, porque sabe que su rol es de acompañar el proceso, respetando así siempre su autonomía y la capacidad de este órgano de poder funcionar de manera independiente del poder constituido.

En consecuencia, la responsabilidad que tendrá el nuevo presidente Boric es enorme, pero estará sostenida no solo por un partido político, coalición o sector determinado, sino por millones de chilenas y chilenos que exigieron ser parte de la construcción de un nuevo Estado, como también por cientos de organizaciones sociales que pusieron en el centro la defensa de los Derechos Humanos y de la Naturaleza.

Por lo mismo, el cuidado y apoyo ciudadano en los próximos meses hacia la Convención Constituyente es clave, ante la campaña de desprestigio de grandes medios de información y de una derecha en ruinas, que solo le queda denigrar a base de mentiras, al órgano más inclusivo, participativo, vinculante y universal que hemos tenido como país.

Podrán decir muchas cosas de la Convención Constituyente, pero es por lejos el espacio institucional que más se parece a Chile, en toda su diversidad. Como país nos mal acostumbraron con instituciones ilegítimas y autoritarias, hechas por y para las elites, dejando fuera a la gran mayoría, teniendo que subordinarnos así a normas y códigos jurídicos hechos a la medida de unos pocos.

Además, es muy destacable de parte de la Convención Constituyente, en lo que respecta a democracia participativa, las instancias previas a la redacción de la nueva carta magna, como lo son la Iniciativa popular de norma, encuentros autoconvocados, audiencias públicas obligatorias, cuenta popular constituyente, jornadas nacionales de deliberación, foros deliberativos, cabildos comunales, semana territorial, plebiscito dirimente y la consulta indígena.

En definitiva, somos testigos y parte de un proceso político completamente distinto e inédito a lo que hemos vividos como chilenos por siglos, y que seguramente romperá con un Estado secuestrado por las elites económicas nacionales e internacionales por siglos, desde la Constitución Portaliana de 1833 en adelante, la cual sentó las bases para imponer un orden en el país completamente excluyente y negador de la pluralidad existente.

1: https://www.youtube.com/watch?v=YJUpdDGpCfQ&ab_channel=T13

2: https://www.24horas.cl/convencionconstituyente/presidente-pinera-por-libertad-de-ensenanza-la-convencion-constitucional-debiera-fortalecer-y-no-debilitar-estas-libertades-y-valores-4991330


CHILE TELÚRICO. Por Ángel Saldomando

Es difícil poner en unas cuantas líneas la enorme carga simbólica y política que tiene el triunfo de Gabriel Boric a la presidencia de Chile. El país está marcado a fuego por una historia truncada, finalmente manipulada, para asentar un modelo social impuesto por la violencia clasista de la derecha y al que la centro izquierda se subordinó, primero políticamente, en un tímido social liberalismo y luego socialmente con su propio acomodo arribista. Se construyó así una vitrina de país, democrático “en la medida de lo posible”. Exitoso en lo económico siempre que no se mirara la desigualdad y la combinación de oligopolios con asistencia social que generaba una alta rotación social entre pobreza y subsistencia. Satisfecho y autocomplaciente, siempre y cuando no se expresara el sufrimiento, el malestar social y el relato hegemónico no tuviera respuesta critica. Hasta 2009 era imposible levantar el pesado velo que cubría la realidad, como me lo confesó una de las responsables de la política social del primer gobierno de Bachelet. Las élites vivían en su burbuja de acomodo y altos ingresos, creían vivir en Suecia porque tenían un volvo en el garaje. La mayoría estaba atrapada por el usurero consumo a crédito, desde medio kilo de carne molida hasta el ansiado televisor último modelo. Las tasas de depresión en la población, el alto consumo de tranquilizantes, la anomia social, la lumpenización de amplios sectores urbanos populares, el creciente desapego de las instituciones y la política, los datos duros de la corrupción y la colusión entre política y empresarios, las estadísticas adormecedoras de crecimiento y baja pobreza, el nivel de endeudamiento de los hogares, entre el 60 y 70% de los ingresos y la estabilidad económica basada en bajos salarios, precios altos y precariedad laboral, no existían en el relato exitoso. Muy pocos, me incluyo, comenzamos a observar que a partir de 2010 el velo se desgarraba. A partir de 2011 hasta 2019, se generaron conflictos estudiantiles, laborales, ambientales y territoriales que poco a poco se generalizaron configurando la expresión de un malestar profundo. Los sucesivos gobiernos: Bachelet, Piñera, Bachelet, Piñera, electos con baja votación y alto abstencionismo fueron las ultima representaciones impotentes del pacto, centro derecha - centro izquierda, para salvar el modelo. El malestar, ahora inocultable, se interpretó desde arriba “como una crisis de expectativas”. El país era tan exitoso que la gente quería consumir más y ascender socialmente y que la lentitud en ello generaba frustración. El estallido social de 2019 dijo otra cosa. Fue una síntesis de la ruptura con la historia manipulada, con el relato exitista, del hartazgo con el descaro de las elites impermeables a la precariedad de la mayoría, sobreviviendo en un modelo mercantilista ultra-liberal respaldado por una constitución salida de la dictadura. El ciclo político iniciado en 1990, entró en agonía en 2019. El estallido social derrumbó el pacto centrista, arrinconó a toda la generación política que administró el modelo, la derecha entró en pánico. Piñera, jefe de un gobierno moribundo, declaró que “el país estaba en guerra” ¿contra quién? No lo dijo, pero era obvio, contra las reivindicaciones de cambio. La centro izquierda de la vieja concertación daba manotazos de ahogado y también había oscilado entre subordinarse a la represión o apoyar la demanda de cambios. En la crisis se desataron fuerzas centrifugas, las alianzas se disolvieron y se liberaron núcleos duros pro cambios y anti cambios, pero no había nada alternativo, no existía una fuerza política con un programa que fuera alternativo. La izquierda por fuera del centrismo no había podido recomponerse en todos estos años, el partido comunista es una pequeña fuerza consistente y el moviendo estudiantil había generado una organización política, el frente amplio, también pequeña, discursiva y en torno a la nueva generación, que había logrado penetrar en el parlamento y en algunos municipios, mucho mas no había. Por la derecha, los intentos de generar una corriente política centrista más social y en distanciamiento de la herencia de la dictadura, calificada como una derecha popular, estalló. El pánico liberó a un sector duro, sin complejos en asumirse como continuador de la herencia pinochetista, el partido republicano de extrema derecha de Kast y marginalizó a los centristas. El país estaba en medio del vado, en la incertidumbre. La convención constituyente, salida del estallido, y la proximidad de las elecciones de fin de mandato, en todas las instancias institucionales, abrieron la oportunidad única de buscar una salida. Si el estallido se hubiera producido al inicio del mandato de Piñera, la crisis hubiera tenido costos y tiempos incalculables. El periodo que se abrió en 2019 abrió la posibilidad que el cuestionamiento del modelo se convirtiera en un proyecto político, pero no estaba claro quién y cómo lo construiría. La convención constituyente mostró que el sector pro cambios era mayoritario en ella, la pandemia congeló la dinámica social y las primarias en las viejas coaliciones centristas fueron cercanas al suicidio en medio del descrédito. Ello dejó el espacio para que el sector pro cambios se agrupara en apruebo dignidad que finalmente optó en la primaria por Boric como su representante. La derecha se atrincheró por descarte detrás de Kast cuando ganó la primaria en medio de rechinar de dientes y puñales ocultos. Las elecciones en frio, en medio de la pandemia, arrojaron un parlamento fragmentado, sin mayoría clara y un senado partido en dos. La primera vuelta presidencial dejó a Kast en primer lugar y a Boric en segundo. Un resultado casi incomprensible. En las municipales y de gobernadores el centro izquierda y los pro cambios eran mayoritarios y en las nacionales parlamentarias y presidenciales la derecha resistía con buenos resultados en el nuevo contexto, con un discurso de orden duro y de conservadurismo social disfrazado de anticomunismo primario. El resultado de la primaria presidencial creo pánico, esta vez en el sector pro cambios y en el centro izquierda. Todo lo que había de reservas se movilizó, las discrepancias se aminoraron en un esfuerzo más unitario, el programa se abrió considerablemente a otros temas, la participación electoral aumentó y Boric fue electo con una histórica mayoría, 55,87% contra 44,13 de Kast. El estallido social, el descontento y las ansias de cambios encontraron un canal político para expresarse. Es la buena noticia, las incógnitas y desafíos son múltiples. Hasta donde y en que se podrá avanzar, la agenda en salud, educación, ambiente, pensiones, economía es amplia, en un país tan corrido a la derecha. Está por verse si la mayoría política lograda se convierte en una alianza consistente. La cancha está lejos de estar despejada, la configuración de las dos cámaras, la capacidad de veto de la derecha y el poder económico, constituyen obstáculos de peso. Además, la vieja política buscará como reciclarse. Gabriel Boric Font, curiosa coincidencia con otro apellido, el de José Font líder de las huelgas de peones en la Patagonia, salido del extremo sur, de un movimiento social telúrico, con treinta y cinco años, presidente más votado del ciclo que se acaba, promete el relevo generacional y un nuevo país.


Boric, una gran oportunidad. Por Juan Pablo Cárdenas S.

Lo mejor del candidato presidencial electo ha sido su discurso ante cientos de miles de sus adherentes en Santiago como en todas las ciudades y pueblos de Chile. Por más de un millón de votos, Gabriel Boric se impuso frente a José Antonio Kast, el postulante de la derecha, en un evento electoral en que participaron más de ocho millones de ciudadanos. Su triunfo fue contundente e inobjetable, aunque también debemos reconocer que el postulante derrotado alcanzó un apoyo sorprendente de más de un 42 por ciento, si se considera que su liderazgo proviene de su férrea adhesión al ex Dictador Augusto Pinochet. Que no se trata de un integrante de la derecha renovada y que, a todas luces, su propósito fundamental se proponía la mantención del actual orden institucional como de su decisión de “poner orden” en un país convulsionado por las demandas sociales y el desarrollo de la delincuencia. Esto es, aplicar mano dura, más intensa todavía que la ejercida por el mandatario saliente y para defender, más que reformar, las instituciones altamente cuestionadas por el pueblo. Ciertamente, estos comicios representan un antes y un después en nuestra historia. Caerá con Sebastián Piñera todo un andamiaje institucional y un conjunto de prácticas identificadas con una clase política corroída por la corrupción, el nepotismo y otros vicios practicados en las décadas de gobiernos pospinochetistas. Esto es por la Concertación Democrática, la Nueva Mayoría y otras denominaciones de centro derecha que hoy pasan a formar parte de nuestra triste memoria. Incapaces, como se demostraron, de haber derribado la Constitución de 1980, además de culpables de darle continuidad al régimen neoliberal y a parte fundamental de todo el legado del Dictador. Que se negara a acabar, entre tantas exigencias políticas y sociales, con el sistema previsional de las AFP, las criminales y excluyentes prácticas de la salud privatizada, como recuperar para Chile y en Estado nuestras riquezas fundamentales de la minería y otras áreas estratégicas de nuestra economía y patrimonio. De allí que pensemos que el apoyo a Boric en la segunda vuelta de figuras y colectividades tan añosas y desprestigiadas, más bien fueron un salvavidas de plomo en su campaña electoral, especialmente en el caso de la adhesión de un Ricardo Lagos y una Michelle Bachelet, cuyas militancias en el Partido Socialista en poco o nada difirieron de los mandatos de las administraciones encabezadas por demócrata cristianos y del propio Sebastián Piñera. Quizás se deba a ello la elevada abstención electoral de más de un 45 por ciento por la desconfianza que en muchos persiste de un cambio real después de los sucesivos desencantos. Si Boric se aboca a cumplir con lo expuesto en este discurso, Chile efectivamente daría un gran salto hacia la profundización de la democracia, la abolición de las discriminaciones, el pleno ejercicio de los Derechos Humanos, el reconocimiento pleno de nuestra realidad multicultural. Cuanto a la necesidad de fundar un desarrollo igualitario, en armonía con el respeto a la naturaleza, además de soberano ante las presiones del gran capital, los intereses foráneos y la voluntad de no pocos por perpetuar los privilegios en que hoy vive una ínfima minoría en desmedro de todo un pueblo que carece hasta de los derechos tan esenciales como un salario justo, una vivienda digna y una educación igualitaria. Pero no vaya a suceder que la realidad de un parlamento adverso induzca al nuevo mandatario a entrar en connivencia con la alta clase empresarial, las presiones dela Casa Blanca y las inapropiadas demandas por cargos públicos de parte del arcoíris de expresiones políticas que terminaron apoyándolo después de sus correspondientes derrotas en la primera vuelta electoral. Entidades y figuras que bien harían de jubilarse de la política y deponer su codicia por obtener cargos de “representación”. En este sentido, bien debe recordar el Presidente Electo, como ex líder universitario, a quienes se opusieron tenazmente a las movilizaciones estudiantiles, por ejemplo, que se proponían reforzar la educación pública y a ese sinnúmero de expresiones que fueron despertando en la sociedad civil. Qué triste sería, además, que, en política internacional, su gobierno siguiera postrado ante las inicuas presiones ejercidas contra otros gobiernos y regímenes de nuestra Región y del mundo que luchan, con errores o desaciertos, constituirse en naciones soberanas y más igualitarias. En este sentido, debiera imponerse el propósito de colaborar a la hermandad y solidaridad, liberándonos del tristísimo papel de nuestros representantes en la OEA y otras instituciones internacionales que se mueven al son de la gran potencia mundial. Para mantener su credibilidad, su gobierno paritario y popular debe destacar nuevos rostros y prácticas, además de alentar vivamente el trabajo de la Convención Constitucional para que dentro de los plazos convenidos nos ofrezca una nueva Carta Magna que, en lo esencial, le entregue a los chilenos la soberanía negada históricamente por todas las constituciones anteriores. Así como al Estado asignarle la iniciativa principal en materia económica, la propiedad y control de nuestros bienes fundamentales y la propia gestión empresarial. De tal manera que el agua y otros servicios esenciales no se constituyan en un lucrativo negocio más. Es preciso, por lo mismo, que el sistema electoral recupere el voto obligatorio de todos los mayores de edad, porque ya se ve que entre quienes no votan hay voluntades que vale rescatar para darle mayor legitimidad al que debe ser nuestro orden institucional. Si es que efectivamente Boric se propone que con él ingrese el pueblo a La Moneda. En este mismo sentido, reclamamos la presencia de un tema que estuvo ausente en toda la campaña electoral, en cuanto a que las nuevas autoridades puedan recuperar genuina autoridad sobre nuestras Fuerzas Armadas y de orden público. Para intervenir en sus abusivos presupuestos y erradicar también de los institutos armados aquellas vergonzosas prácticas de dispendio, corrupción y enriquecimiento ilícito con cargo al erario nacional. Es preciso que la reciente muerte de la viuda de Pinochet, sea para las nuevas autoridades un poderoso aliciente para sanitizar el mundo castrense. Una tarea que debe extenderse, necesariamente, a todos los tribunales y juzgados de la República, sistema que ha consagrado también una justicia para los ricos y otra para los pobres. Y cuyas impunidades y lenidad son una de las principales causantes de la delincuencia común que asola a todo el país. Y siempre se constituyen en un gran argumento para derribar gobiernos e imponer regímenes autoritarios.


CHILE, EL INICIO DE UNA NUEVA TRANSICIÓN POLÍTICA. UNA TAREA CENTRAL DEL GOBIERNO DE GABRIEL BORIC: DEMOCRATIZAR LA DEMOCRACIA.

Juan Carlos Gómez Leyton
Dr. en Ciencias Sociales y Política
Director Académico CIPPSAL

“Nuestro proyecto…. significa
avanzar en más democracia”
(Gabriel Boric, 19-12- 2021)

Hemos llegado al fin de un largo proceso electoral que termino con el triunfo del abanderado de la centro-izquierda, Apruebo-Dignidad, Gabriel Boric. Con él debiera iniciarse un nuevo período de la historia política y de la democracia en Chile. Cabe, entonces, preguntarse ¿qué período se inicia? Por cierto, ese período no tiene nada dibujado ni diseñado. Es un período abierto, en el cual todo puede ser posible. Ese es uno de los principales desafíos que tiene el gobierno de Gabriel Boric. Este período como el nuevo gobierno debieran ser la puesta en marcha de una nueva transición política. Una transición entre la “DEMOCRACIA PROTEGIDA” y la “DEMOCRACIA SOCIAL PARTICIPATIVA”; una transición entre un ESTADO NEOLIBERAL SUBSIDARIO a una forma de ESTADO SOCIAL DEMOCRÁTICO; una transición entre un ECONOMÍA DE LIBRE MERCADO AUTOREGULADO a una ECONOMÍA CON UN MERCADO REGULADO; una transición entre UNA ECONOMÍA EXTRACTIVISTA a UNA ECONOMÍA MINERA SUSTENTABLE Y RESPONSABLE CON LA NATURALEZA; una transición de la sociedad basada en los DERECHOS DEL CONSUMIDOR a una de DERECHOS SOCIALES, ECONÓMICOS Y LABORALES; una transición desde el PATRIARCALISMO a una SOCIEDAD PARITARIA, etcétera. O sea, las transiciones son múltiples. Esta nueva transición política e histórica es mucho más compleja y delicada que la anterior, aquella que impulsó el triunfo en el plebiscito sucesorio de 1988 de la opción “NO”. Esta fue una transición política entre un régimen autoritario a una democracia protegida que estaba normada y reglada por la Constitución Política de 1980. La institucionalidad política establecida por los autoritarios cerraba toda posibilidad de cambios profundos en la forma del Estado, del regimen político como de la estructura económica. Los Gobiernos electos democráticamente desde 1990 no tuvieron la voluntad política para abrir los candados que posibilitaban la democratización de la sociedad chilena heredada por la dictadura cívico-militar. Todo lo contrario, los gobiernos Concertacionistas (1990-2010) profundizaron, ampliaron y consolidaron las estructuras de poder de la forma de dominación neoliberal. Durante tres décadas la formación social chilena se transformó en la principal sociedad neoliberal y, hasta 2019, en un modelo para muchos países de la región latinoamericana. Desde esa fecha se trata de una sociedad neoliberal en crisis, agrietado, golpeado, pero aun vigente. Por tanto, la nueva transición política no se abre con el triunfo de Gabriel Boric sino con la Revuelta popular y ciudadana de octubre de 2019. Una de las principales demandas de la revuelta popular y ciudadana de octubre fue poner fin a las formas de Estado, Mercado y Sociedad, neoliberales. Más de dos millones se movilizaron el 25 de octubre 2019 y más de cinco millones de trabajadores y ciudadanos pararon el 12 de noviembre de 2019, exigiendo el fin del neoliberalismo en Chile. Ante esa poderosa demanda, como se sabe, la clase política gubernamental como opositora (el conjunto de los partidos políticos del orden) concordaron establecer el Acuerdo de Paz y Nueva Constitución del 15 de noviembre 2019, entre los firmantes de ese acuerdo estaba el hoy Presidente Electo Gabriel Boric. El Acuerdo consistió en “sacrificar” la Constitución Política del Estado de 1980 reformada en 2005 como una táctica específica que buscaba estratégicamente frenar la Revuelta popular y ciudadana de Octubre 2019. Si bien, el Acuerdo frenó de una u otra manera a la Revuelta, abrió una importante grieta en la dominación institucional del neoliberalismo, la posibilidad de cambiar la Constitución Política de 1980 reformada en 2005. Simbólica y políticamente esta posibilidad se transformó en medio de la pandemia de Covid-19, en el año 2020, en la gran tarea del movimiento ciudadano que se conformó en pos del 15 de noviembre 2019. Así fue ratificado en el plebiscito del 25 octubre de 2020, el 80% de la ciudadanía nacional se pronunció a favor de la opción de Apruebo, es decir, por cambiar la CP80/2005 y hacerlo a través de una Convención Constitucional (CC) elegida íntegramente por la ciudadanía. El 15 de mayo de 2021, con una menor participación electoral de la registrada en el plebiscito de entrada, fueron electos 155 convencionalistas. La elección de convencionalistas es, lejos, la elección más democrática de todas las que se han registrado desde 1989 a la fecha, incluyendo, la del domingo 19 de diciembre de 2021. Dicha condición democrática obedece a tres aspectos que no fueron considerados para la elección parlamentaria y presidencial de noviembre de 2021, a saber: 1.- Paritaria, es decir, la convención introdujo la condición de paridad entre hombre y mujeres en la composición de la CC. Igual número de mujeres y hombres. 2.- Escaños reservados para los pueblo originarios y 3.- La concurrencia de listas de independientes con bajos umbrales de ingreso.

Estas tres reglas establecidas para la elección de las y los convencionales produjeron una representación política radicalmente distinta a la que se habían registrados en los últimos parlamentos nacionales. registrándose una significativa derrota de los partidos políticos del orden, especialmente, los vinculados a la exConcertación (Democracia Cristiana, Partido por la Democracia, Radical Social Demócrata y, salvo relativamente, la situación el Partido Socialista de Chile), los partidos de la derecha, UDI, RN y Evoli, no logaron obtener un 1/3, para constituirse, como era su objetivo, en el principal obstáculo para la redacción de la nueva Constitución. Mientras los partidos de Apruebo-Dignidad, la alianza del Frente Amplio con el Partido Comunista de Chile y otros, recibían un importante apoyo electoral. Sin embargo, lo más relevante de la elección de la CC fue el arribo de los sectores independientes, especialmente, de las y los convencionalistas de La lista del Pueblo, entre otros grupos de independientes. La composición política y ciudadana de la CC abrió el 15 de mayo de 2021 un nueva coyuntura dentro de la gran coyuntura crítica abierta en octubre de 2019. En cierta forma la correlación de fuerzas manifestaba las tendencias que se habían observado en la Revuelta, aunque el predominio de sectores pro-liberales y capitalistas democráticos anunciaban que la CC no se perfilaba como un instrumento político para el cambio histórico estructural de carácter anticapitalista. La mantención de la regla de los 2/3 para la aprobación de las reglas y normas de la nueva Constitución refleja el predominio de los sectores “conservadores”. La CC, más allá, de los obstáculos y falta de apoyo logístico y político del gobierno de S. Piñera, hasta el día hoy, ha tenido mucha cautela y mesura política al proponerse los cambios institucionales que la sociedad chilena requiere, por ejemplo, para profundizar la democracia o para poner en jaque, efectivamente, el poder del capital neoliberal. Esta posición, tal vez, obedecía al hecho que la CC está controlada por el poder ejecutivo y el poder legislativo. Hasta hoy, diciembre de 2021, luego de cinco meses de trabajo la ciudadanía está a la espera de los primeros resultados sustantivos de la CC. La elección de Gabriel Boric, con un importante respaldo popular de 4.620.671 votos, con el 55,87%, de los votos válidamente emitidos, abre una nueva coyuntura en el hacer de la CC. Pero antes de pasar analizar ese punto, habría que decir, también, que si bien la votación obtenida por el candidato de Apruebo-Dignidad, es muy relevante en comparación con las últimas elecciones presidenciales, pues quebró la tendencia a la abstención, registrándose una participación récord desde la existencia del voto voluntario con un 55,65% del padrón de electoral situado en los 15.030.974. Dejando de lado la ficción electoral del Servicio Electoral, el apoyo social, ciudadano y electoral del nuevo presidente es de un 30,74%, considerado todo el padrón electoral. En otras palabras, hay un 70% de ciudadanos y ciudadanas que no votaron por Boric, un 24,28% lo hicieron por Kast; y un 45%, no lo hizo, no eligió. En otras palabras, no votaron ni por Boric ni por Kast. Tengamos presente, que el presidente Piñera, asumió su gobierno en marzo de 2018, solo con un 26.46% de apoyo ciudadano. O sea, el 74% de la ciudadanía era opositora o indiferente. Si bien, Boric, obtuvo una gran votación con una muy alta participación electoral, las oposiciones que se podrían construir a partir del 70% que no lo voto pueden ser muy significativas. Pero, también, de todos aquellos sectores ciudadanos, especialmente, los sectores populares, trabajadores, pobladores, la plebe, que en esta ocasión voto por él, como un mecanismo de frenar al protofascismo o el pinochetismo que representaba José Antonio Kast, el candidato de la derechas autoritarias y neoliberales nacionales. Es interesante constatar que la conformación de los tres tercios electorales ciudadanos que había identificado en finales de la década de los años noventa del siglo XX se mantienen con guarismos distintos pero allí están, a saber, la derecha pinochetista, autoritaria y neoliberal mantiene una adhesión relevante y preocupante, pues, su clara orientación antidemocrática es muy fuerte al interior de la sociedad chilena, ellos representan el 26,46% de la ciudadanía; la centro-izquierda, el progresismo socialdemócrata, de Boric, el 30,74% y los abstencionistas, especialmente, el abstencionismo estructural como el de los sectores subpolíticos; lo que he denominado, el partido de las y los no electores, que conformo en 1997, siguen siendo, mayoría nacional, con el 45%. Allí están los tres tercios. Por cierto, en esta oportunidad, las y los ciudadanos que entran y salen entre procesos electorales, fueron decisivos en la elección de Boric, pues, nuestros cálculos, nos decían que, para ganar en la 2V, debían ingresar sobre un millón de nuevos electores. E, ingresaron, 1.250.000 electores. En todas las regiones del país aumentó la participación. Pero, la más significativa, por su densidad poblacional y peso en el padrón electoral, fue la Región Metropolitana (RM). Aquí, las comunas populares, le dieron el triunfo a Boric. En la RM, Boric, partía con 892.528 votos que había obtenido en la 1°V, en la 2°V, obtuvo 2.063.327, o sea, 1,170,799 más. Estos nuevos votos se componen por los 294.981 obtenidos por Yasna Provoste, por los 256.694 obtenidos por Marco Enríquez-Ominami y, tal vez, los 51.162 de Artés. Que sumados subían la votación de Boric a 1.495.320. Por tanto, en la RM, Boric, sumo 568.007. En otras palabras, la RM aporto el 45.44% de los nuevos votos. Más allá de las estadísticas electorales que, por cierto, son centrales, para entender porque el candidato de Apruebo-Dignidad, obtuviera tan contundente victoria. Esos son los datos objetivos y duros. La pregunta de fondo que debiéramos formularnos: ¿qué hizo que un 1.250.000 ciudadanas y ciudadanos, decidieran votar por él? Muchas subjetividades, sensibilidades, emociones, etcétera. Pero, tal vez, la idea fuerza de que el “pinochetismo” o “el fascismo” se venía con Kast. Factor miedo. O, la esperanza, que con Boric era la posibilidad real y efectiva de que los cambios que la sociedad chilena requiere con urgencia se van a poner en marcha. Esa es la ilusión. Esa ilusión, entusiasmo y alegría que millones expresaron el domingo 19 de diciembre al caer la noche, puede ser solo un espejismo que puede desaparecer muy pronto si el nuevo presidente electo y su equipo no se ponen a trabajar de cumplir con los deseos, las ilusiones y esperanzas de los 4.600.000 ciudadanos que entregaron su apoyo la alianza Apruebo-Dignidad. Hace 32 años la ilusiones, las esperanzas y alegrías de más de aproximadamente 3 millones y medio de chilenos y chilenas que se entusiasmaron y apoyaron las promesas que Patricio Aylwin realizó en la noche del triunfo de la Concertación en las elecciones presidenciales de diciembre de 1989, se vieron frustradas. Y, si aceptamos como valido lo expresado en octubre de 2019 por la rebelión popular y ciudadana, que esta era una protesta colectiva, justamente, por el incumplimiento de la “promesa que había llegado la Alegría” y que todo fue en “la medida de lo posible”. Por eso, la consigna, “no son 30 pesos, sino 30 años”, expresa la vigencia de la principal “obra” del pinochetismo: la sociedad neoliberal. Cabe señalar que el “pinochetismo” no existe, ni es una doctrina política, ni siquiera alcanza para ser una forma de pensamiento político. Pinochet, no tenía esa capacidad intelectual. Era un tosco dictador. Pero, contó con la participación y el asesoramiento de un grupo de “intelectuales” como Jaime Guzmán E. entre otras, quienes elaboran y diseñan un nuevo tipo de regimen político de orientación autoritaria, a saber, la democracia protegida, vigente en Chile de 1989 hasta hoy. De un tipo de sociedad, la sociedad neoliberal, dominante desde los años ochenta del siglo XX. Y, de una cultura, centrada en lo individual. En fin, el “pinochetismo”, pervive en esas formas sociales, políticas, económicas y culturales. Y, para desgracia de todos, esas formas siguen vigente. Lo que Kast buscaba restaurar era la parte “operativa” de la dictadura cívico-militar, los mecanismos y los dispositivos de represión, vigilancia y control. Eso fue derrotado el domingo 19 de diciembre. Lo que está en duda, lo podemos expresar de la siguiente forma: el gobierno de Gabriel Boric, va a poner, definitiva, en marcha la desestructuración de la sociedad pinochetista, o sea, la sociedad neoliberal. Pues, la historia enseña que los gobiernos de la Concertación por la Democracia (Patricio Aylwin, 1990-1994; Eduardo Frei, 1994-2000; Ricardo Lagos, 2000-2006; Michelle Bachelet, 2006-2010) no lo hicieron. Todo lo contrario, consolidaron el padrón neoliberal. Tampoco, lo hizo la Nueva Mayoría (2014-2018) y menos los gobiernos de la derecha. Estamos nuevamente frente a la misma interrogante, el gobierno de Boric, va a comenzar a desestructurar el neoliberalismo en Chile. Esta es la gran interrogante. Pues, ningún gobierno progresista del ciclo (1998-2015) lo hicieron completamente, solo parcialidades muy superficiales. La estructura del poder neoliberal no fue tocada, salvo en Venezuela, algo en Bolivia. Como hemos dicho en otro lugar, la elección presidencial y parlamentaria de noviembre 2021 constituyó la última elección de la democracia protegida. Ayer 19 se cerró, tal vez, ese particular régimen democrático. Con el triunfo de Boric se abre la posibilidad de modificarlo radicalmente. Para ello se requiere que el nuevo presidente establezca una alianza política fuerte con la Convención Constitucional y, especialmente, con todos aquellos sectores que quieran modificar el actual régimen político. Dado que la distribución de fuerzas políticas que produjo la elección parlamentaria se traduce en un “empate catastrófico”, entre los conglomerados de derecha, por un lado, y la centro-izquierda, por otro; volverá, inoperante la gestión del próximo nuevo gobierno. Fundamentalmente, porque hasta que no se cambia la Constitución Política vigente, los quorum de votación son muy altos, se mantiene, los 2/3. El gobierno de Boric es completamente un “gobierno dividido”. Para quebrar ese “empate catastrófico” que beneficia a los sectores conservadores y reaccionarios del país. Es decir, la derecha en cierta forma logró en las elecciones parlamentarias recomponer su “poder veto”, los caminos para ello son dos, por un lado, la movilización social activa para hacer posible el gobierno de Boric. Y, en segundo lugar, la que anunciábamos más arriba, transformar a la CC que un instrumento político efectivo para el cambio político e histórico. Pensamos que la primera opción no será la elegida por Apruebo-Dignidad. Su posición política será por la desmovilización social y política de las ciudadanías en movimiento y buscarán afanosamente el diálogo y el consenso político con los grupos de poder y de oposición, en otras palabras, la negociación y la articulación de grandes acuerdos, inclusivos, pero, sin movilización ni gentes en las calles. En consecuencia, aquí se abre una estructura política de oportunidades, para impulsar el acuerdo al interior de la CC. En cierta forma el futuro político de los cambios institucionales que requiere Chile no depende del ascenso al gobierno de Gabriel Boric en marzo de 2022, sino que depende de lo que haga este, desde hoy hasta marzo 2022. Para ello como lo decía más arriba debe iniciar un trabajo directo con la CC con el objeto de impulsar resueltamente el cambio de régimen político para reemplazar la democracia protegida. Esa es la transición política fundamental. Si no lo hace, su elección no servirá de nada. El instrumento de ese cambio es la CC, quien debe procurar cambiar “sustantivamente” las instituciones políticas actuales. De acuerdo a las disposiciones establecidas en el Artículo 138. De las normas transitorias, del Capitulo XV de la Constitución Política de la República referido a la Reforma de la Constitución y del Procedimiento para Elaborar una nueva Constitución, entrega tres normas a la CC para impulsar el cambio del regimen político, esta son: “La convención podrá establecer disposiciones especiales de entrada en vigencia de algunas de las normas o capítulos de la Nueva Constitución. La Nueva Constitución no podrá poner término anticipado al periodo de las autoridades electas por votación popular, salvo que aquellas instituciones que integren sean suprimidas u objeto de una modificación sustancial.” He aquí la clave para transformación del actual régimen democrático protegido establecido en la CP80/2005. Son seis instituciones que si el gobierno de Boric y la CC quieren realmente realizar una exitosa transición política entre la democracia protegida y una democracia liberal progresista. Se deben cambiar: 1.- El régimen presidencial e instalar un régimen semi presidencial. Hay diversos modelos políticos de semi presidencialistas. La idea es reducir el “poder” del ejecutivo, en sentido que sea un poder equilibrado con el “legislativo”. Actualmente, el Presidencialismo es agobiante y reduce significativamente el poder del “legislativo”. En Chile todo se presidencialista. 2.- Terminar con un el Congreso Nacional bicameral establecer una sola cámara: la cámara de los representantes directos del pueblo. 3.- Establecer que todas las elecciones serán de carácter paritaria, con participación de los independientes y con escaños reservados para los “pueblos originarios”. 4.- Poner fin al monopolio de la representación por parte de los partidos políticos. Establecer que tanto los (a) los movimientos sociales, (b) las organizaciones ciudadanas territoriales y (c) los partidos políticos pueden presentar candidatos a los cargos de elección popular a nivel local, regional y nacional. 5.- Cambiar la forma de representación política: abandonar la representación por delegación y establecer la representación por mandato. 6.- Modificar la forma de calcular los apoyos electorales. Debe abandonarse la fórmula que no considera la totalidad de las y los ciudadanos si no solo los votos válidamente emitidos. Transformando de esa forma a las y los abstencionistas en actores políticos del sistema democrático. El abstenerse es también una forma expresar una opinión política. 7.- Y, por último, establecer, un quorum mínimo de participación ciudadana en los procesos electorales. Instalar estos siete cambios institucionales sustanciales en la nueva Constitución implicaría modificar radicalmente el actual regimen político: sería democratizar la democracia. Estas modificaciones debieran ser asumidas por el nuevo el presidente electo Gabriel Boric e impulsarlo a través de la Alianza Apruebo-Dignidad en la CC. Trabajar para unir las posiciones que hoy allí se expresan para aprobar ese conjunto de normas se requieren 102 votos. El presidente electo con sus nuevos aliados políticos contaría con 97 convencionalistas. O sea, con una posibilidad abierta para lograr varios de los puntos antes señalados. De lograr introducir algunos de esos cambios se podría estar modificando no solo el regimen sino, también y, sobre todo, los periodos de las autoridades electas en noviembre pasado. O sea, en otras palabras, la aprobación de la nueva Constitución debiera establecer y convocar a nuevas elecciones para que los representantes que ocupen los nuevas instituciones sean elegidos con reglas e instituciones democráticas y no con el resabio de las instituciones autoritarias. Estos cambios también van a tensionar la existencia de los distintos partidos políticos que apoyaron a Boric en el SV que se vieron beneficiados por las reglas y normas que rigen los torneos electorales de la democracia protegida. Todos aquellos que obtuvieron representación política tanto en la cámara de diputados o en la de senadores y que tienen representación en la CC, estarán dispuestos a votar y aprobar instituciones y reglas que, indudablemente, van a dejarlos en una situación más que incomoda. Estos partidos políticos que demandaron el voto popular para defender a la democracia estarán dispuestos a abandonar sus puestos logrados en función de la democratización de la democracia, me refiero a los partidos y grupos que conforman el Frente Amplio, al Partido Comunista de Chile, a los partidos Socialista, por la Democracia, Democracia Cristiana, Partido Radical, entre otros. Considero que esta es una de las primeras transiciones de las que anunciábamos arriba que debiera comprometerse el presidente electo Gabriel Boric. Y, pienso que esta será la prueba de su blancura, de su progresismo, y de su voluntad real efectiva de querer salir, primero del regimen político que durante 33 años estuvo al servicio de la dominación y la hegemonía neoliberal. Una primere señal que debiera dar Gabriel Boric es que no va a continuar con la democracia protegida. Para no referirnos a las otras que dicen relación con la patrón de acumulación neoliberal. Las grandes alamedas no están abiertas para que los hombres y mujeres libres la transiten, aunque el presidente electo cite una y otra vez, al presidente mártir Salvador Allende, estas aún continúan cerradas.

San Joaquín, 20 de diciembre de 2021.

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El fantasma del abstencionismo electoral ataca en segunda vuelta. Por José Orellana. Geógrafo, académico Escuela de Ciencia Política UAHC. Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH

Las segundas vueltas en Chile, está demostrado, tienen bien poco de novedoso. Están en el caso chileno signadas por abstencionismo electoral y la NO movilización que se esperaría existiese de un/a electora o elector que en primera vuelta votó por otro candidato, respecto del que pasó a la segunda vuelta, a propósito de cercanías política se refiere. Esta situación corre para ambos candidatos hoy día. Ocurrió también para Alejandro Guillier v/s Sebastián Piñera (aunque Piñera ganó con un alto porcentaje la primera vuelta, dada la fragmentación de primera vuelta en la Izquierda y la Centro Izquierda, posteriormente, Piñera no precisó de tantos votos para superar a Guillier, mientras que en la aritmética le podía dar a Guillier, políticamente nunca pudo remontarse, dado los muy tardíos apoyos que provinieron desde el Frente Amplio, fundamentalmente). La elección 2013 entre Michelle Bachelet y Evelyn Mathei, fue anómala, dada la trascendencia electoral y simbólica de Bachelet… la elección fue un trámite en primera y segunda vuelta (con elección de primarias entre medio). Por lo tanto, la elección estaba resuelta desde que se formalizaron las papeletas, junto los resultados en el Congreso. La elección del 2009 – 2010, en parte se parecen a ésta, donde se instala finalmente, Sebastián Piñera I, también con una importante fragmentación en la izquierda y centro – izquierda, fundamental, con la emergencia de MEO, el cual alcanzó el 20% de las preferencias, cuestión que no implicó posteriormente, en la aritmética de los votos de primera a segunda vuelta un trasvasije de esos votos a Eduardo Frei Ruiz Tagle. El fantasma del abstencionismo y el NO trasvasije de votos a las candidaturas derrotadas que se encuentran más cercanas a las que pasaron a segunda vuelta, podría relativizarse, dado el llamado que existió de todo el arco político derrotado de lo que fue la concertación, nueva mayoría y nuevo pacto social respecto de Apruebo Dignidad, quien pasó a segunda vuelta en un impensado segundo lugar (siempre se especuló que pasaría en primer lugar). Esto es inédito, ya que no hubo ninguna actitud de querer negociar… cayeron los apoyos automáticamente, ante la responsabilidad política de impedir la emergencia de continuidad de la derecha y, con un componente protagónicamente conservador v/s lo que representó Piñera y la alianza clásica de partidos integrados fundamentalmente por Renovación nacional y la UDI. Ahora no, quien lidera el tren de las derechas, es el Partido Republicano. Por el lado de las derechas, es raro, sobre todo respecto del José Antonio Kast y su partido. Ellos ya ganaron (incluso en el congreso), lo que ocurra hoy, aunque pierdan, es un triunfo histórico para un espectro muy conservador del país, hecho que viene a colocar al resto de las derechas en una condición expectante, no contra el fantasma comunista, consigna que se ha instalado en estos días, sino contra el fantasma conservador de derechas (hay conservadurismos de izquierda también). Han sido años de trabajo instalar la idea de una Derecha Social, la cual, no tuvo eco en el proceso electoral pasado, por lo menos en su primaria del sector, representada por Mario Desbordes entre otros.


Los seres humanos tenemos derechos, pero, también tenemos deberes. Votación de este domingo 19.

El progreso de un individuo, de una familia, de una nación, siempre, siempre está del lado del deber. Nunca lo está del lado de la apatía, la pereza, la desesperanza o la indiferencia. Una consigna repetida y repetida de los que no quieren que las sociedades cambien es: no vale la pena participar, nada obtendrás, todo va seguir igual. No obstante el cambio, la creatividad humana es lo único permanente. El escepticismo no es sabiduría es más bien renuncia, resignación. Los cambios, el progreso de la humanidad, serían inexplicables sin la existencia de los ideales, los principios y la esperanza. Gentil y respetuosamente: cada uno de los que tenemos más de 18 años de edad tenemos el deber de concurrir a votar. Una vida sin participar no es una vida.

Atenta y cordialmente:
Dr. Edgardo Condeza Vaccaro. _Presidente Movimiento por la Consulta y los Derechos Ciudadanos.

Concepción Chile.


Orden y seguridad sin cambio y cambio sin orden ni seguridad. Por Jaime Vieyra Poseck

Orden y seguridad parece que le estaría ganado la batalla a los cambios que, como tales produce, intrínsecamente, incertidumbre, desorden e inseguridad. La propuesta de orden y seguridad del ultraderechista, José A. Kast y la del cambio con incertidumbre del izquierdista, Gabriel Boric, son las dos alternativas polarizadas para los próximos cuatro años cruciales en la historia de Chile. Pero, ¿cómo hemos llegado a estos extremos en un país conocido por su moderación, contención y pragmatismo como su idiosincrasia política? Según mi opinión, hay una sólo respuesta: por la miopía política de la falsa autodenominada “centroderecha”. En efecto, durante 30 años la coalición centroizquierdista trató de democratizar la institucionalidad heredada de la dictadura para cometer los cambios estructurales que, por el fabuloso desarrollo económico-social, se pueden realizar. La segunda Administración Bachelet fue la última posibilidad de hacer los cambios con tranquilidad, orden y seguridad, teniendo mayoría en las dos cámaras. Sin embargo, la auténtica sedición del mercado ―con un lockout empresarial hecho y derecho―, apoyado por sus dos partidos corporativistas, se lo impidieron. Desde ese momento y con el triunfo de la “centroderecha”, esencialmente por el Frente Amplio otorgando un muy tardío apoyo al candidato de la centroizquierda, el estallido social se hizo inevitable. Además, la izquierda demonizó los 30 años de la Transición Chilena a la Democracia, sin reconocer el enorme desarrollo social y económico gestionado fundamentalmente por la centroizquierda, polarizaron el escenario político hasta dejarlo en manos de los extremos. Ni el orden y seguridad sin cambios, ni el cambio con incertidumbre que promete la ultraderecha y la izquierda, respectivamente, lograrán sosegar la vida política. Más bien, la propuesta de la ultraderecha acentuará el gigantesco malestar social y sólo garantiza un desorden público increscendo. La razón es sencilla: sin cometer los cambios estructurales, a saber, salud, educación, pensiones y vivienda dignas, vale decir, de calidad y garantizadas por un Estado social, no habrá orden público ni menos seguridad. Aunque use todos los recursos legales represivos del Estado democrático o nuevos ad hoc, como promete Kast, sin cambios estructurales no hay paz social. Por el otro extremo, la propuesta de Boric no permite una negociación transversal, la única forma de hacer cambios estructurales. Es una ilusión pensar que los dueños del dinero ―en manos de conglomerados que se cuentan con una mano― se sentarán a una mesa negociadora para crear un estado social que garantice los derechos sociales y económicos para las grandes mayorías, menos ahora que la centroderecha ha tomado el derrotero de la ultraderecha para continuar defendiendo los privilegios de una élite oligárquica que se quedó anclada política y socialmente en el siglo XIX con una economía del siglo XXI. Sin la inclusión de los grandes empresarios que son, en estricto rigor, los dueños de Chile y, por lo menos una parte de una derecha ciudadana y social modelo europeo inexistente en Chile, no hay cambio posible. La izquierda apoyada por la centroizquierda, o viceversa, no lo podrá realizar. Las grandes mayorías, que en mi opinión no son los que se manifiestan en la Plaza Italia-Dignidad, sino el millón y medio que llenó las “grandes Alamedas” el 25 octubre de 2019, en orden, paz y seguridad, tiene claro el futuro que quiere para Chile: un capitalismo inclusivo, social, democrático, modelo europeo, y no el ultraneoliberalismo norteamericano excluyente que continúa obcecadamente proponiendo ahora la ultraderecha. La cultura política chilena es europea; la norteamericana fue impuesta por la fuerza por la dictadura y está contra la idiosincrasia política de Chile. Pareciera que nos esperan cuatro años perdidos para Chile y las grandes mayorías, gane quien gane. Pero, sin duda, será mucho peor si gana la ultraderecha porque representa una involución en toda regla con la amenaza regresiva de los derechos civiles, sociales y humanos alcanzados con tanto sacrificio en estos 30 años, y la socavación de la Convención Constitucional, el único faro en medio de la tormenta política perfecta que padece Chile. Y no hay un plan B.


¿Qué esperar de Chile este domingo? Por Juan-Pablo Pallamar*

Sin duda, esta elección presidencial en Chile es, junto con el plebiscito constituyente del 25 de octubre de 2020, la más importante de los últimos 30 años. Es un escenario similar al proceso de salida de la dictadura. Un plebiscito ganado por el “NO” al régimen militar de Pinochet en 1988 y luego en 1989, un año después, una elección presidencial crucial para consolidar la voluntad popular de cambio hacia una democracia, por frágil que fuese. Destacamos tres diferencias en la presente elección: la posibilidad de extender la democracia, la amplitud de la convergencia de fuerzas democráticas y la juventud del candidato Gabriel Boric, el candidato del campo progresista.

Esta elección se inserta en una bifurcación por la profundización o no de la democracia. La explosión social del 18 de octubre de 2019 se canalizó hacia una asamblea constituyente (AC) inédita, elegida por voto popular, que podría sacar al país de un “neoliberalismo institucionalizado” por la vieja dictadura. Se buscará extender la soberanía popular especialmente al ámbito de la economía y los derechos sociales. Si bien a muchos les gusta olvidar, 1988- 1989 fue un período muy diferente, cuando la prioridad fue salir de la dictadura, velando por un mínimo respeto a los derechos humanos más fundamentales, como: las libertades políticas, partidistas y sindicales, el desmantelamiento del sistema de persecución contra opositores que detuvieron, torturaron, asesinaron y exiliaron a miles de chilenas y chilenos. La elección de este domingo no solo está ligada al plebiscito del año pasado, también incidirá en el plebiscito aprobará (o no) la Nueva Constitución presentada por la AC al país. El representante chileno del “bolsonarismo”, José Antonio Kast, ya ha advertido públicamente que si gana hará todo lo posible por revertir el proceso constituyente. Este no es un simple representante del conservadurismo tradicional, sino un proyecto de restauración autoritario que incluso ha cuestionado el derecho al voto de las mujeres.

Por otro lado, la amplitud de fuerzas democráticas que lidera Gabriel Boric en esta segunda vuelta, con la convergencia del Partido Socialista, la Democracia Cristiana y los ecologistas, no tiene precedentes en las últimas elecciones. La coalición entre el Frente Amplio y los comunistas no logró reunir apoyo entre las primarias y el resultado de la primera vuelta. Este hecho dejó a Boric en un difícil e inesperado segundo lugar. Aún no hay constancia de ninguna candidatura que, llegando en segundo lugar en la primera ronda, haya ganado la ronda final. La división de la izquierda es, nuevamente, nuestra gran lección, pero hoy, Gabriel es su principal aprendiz. Boric tiene 35 años. Su juventud inscribe su liderazgo en la revolución digital que trae profundos cambios políticos al mundo, desde el nivel local hasta la construcción de la identidad nacional y latinoamericana. El tercer lugar lo logró Franco Parisi, un economista liberal condenado por no pagar la pensión alimenticia en Chile, que hizo campaña digitalmente desde su casa en Alabama (EE. UU.), y que terminó de reventar la burbuja de jabón de las izquierdas. Así fue que, en esta segunda vuelta, la primera mujer presidenta de la Facultad de Medicina de Chile (de la que también fue presidenta Allende), de orígenes aymaras, la joven Izkia Siches, fue invitada por Boric a asumir el liderazgo de la campaña. Izkia había sido, sin afiliación partidaria, uno de los principales líderes de la oposición al actual gobierno durante las erráticas políticas de salud de Piñera en los largos primeros meses de la pandemia. Su incorporación ha representado una correa de transmisión entre las izquierdas democráticas que ha reposicionado la centralidad del tan criticado proyecto socialista democrático o socialdemócrata.

En definitiva, la convergencia y la juventud pueden y deben hacer historia este domingo. Porque, por el contrario, un resultado adverso volverá a significar en el continente, un país que desperdiciará una década, comprometiendo a toda una generación frente al desafío de cambiar la injusta realidad socioeconómica de grandes mayorías, hipotecando el futuro ecológico para las nuevas generaciones y dificultando la salida del riesgo medioambiental del que hoy pendemos de un hilo.

Las dificultades radican en las contradicciones de la política representativa (elitista) dominada por el sistema de consumo y su impacto en la decepción popular con la democracia: el 50% de los votantes en Chile, incluso en este efervescente proceso que atraviesa el país, no vota. Es difícil pensar que no será un resultado estrecho. Boric puede hacer historia porque parece comprender y reconciliar el deseo de cambio con la necesidad de convergencia. Pero la elección parece más abierta de lo que muestran los algoritmos (en las múltiples realidades que construyen). Todo apunta a que estará abierto hasta el día decisivo. Los jóvenes tienen la clave del cambio si deciden votar en masa. Pero el vector que podrá movilizar estas nuevas generaciones es la convergencia plural y programática.

* Chileno, cientista político y geógrafo, investigador de la Universidad Sorbonne Paris Nord, consultor internacional, especialista de América Latina.

16 de octubre 2021


Boric o Kast. Por Patricio Herman

Está claro que ambos candidatos, como buenos políticos profesionales, han modificado ablandando sus programas de gobierno para tranquilizar a los votantes del próximo 19 de diciembre. Ahora bien, en mi calidad de sujeto independiente, autónomo y pro mercado, además de crítico consuetudinario del corrupto establishment, porque conozco muy bien las recurrentes prácticas comerciales indebidas, muchas veces vía colusiones públicas-privadas, toleradas en la práctica por los jóvenes del Frente Amplio y los abuelitos de la ex Concertación, como también, y con falta de decoro, por parte de la Derecha, que se producen en los sectores del medio ambiente, transportes, patrimonio histórico, obras públicas, vivienda y urbanismo, en rigor no debiera sufragar ni por uno, a quien le endilgan ser comunista, ni por el otro, que lo llaman fascista y pinochetista.

Pero, como mi abstención importaría una irresponsabilidad ciudadana, tal como están las cosas, he adoptado la necesaria decisión de marcar en la papeleta la línea vertical sobre la línea horizontal impresa que tiene el nombre de Boric. Esta meditada decisión se ha tomado porque quienes han controlado las decisiones importantes de este país son mayoritariamente cercanos a quienes ostentan el poder económico. He estimado que existe la remota posibilidad de que con Boric habrá una administración del tipo socialdemócrata que se esforzará para no aceptar los abusos en los mercados, ello por la comprobada seriedad y competencia de sus asesores económicos.

Recordemos que la desigualdad extrema en nuestro país se ha mantenido por 120 años, según un informe de la Escuela de Economía de Paris, ver link

https://www.cnnchile.com/pais/chile-acumula-120-anos-desigualdad-extrema_20211207/

Declaro que no tengo ninguna relación con el comando de Boric ni tengo animadversión por Kast, aunque muchos de sus seguidores son un peligro para la democracia y porque están en contra del imperio de la ley en las inversiones, dejando en claro que en esta columna doy cuenta de los asuntos que conozco, por lo tanto, sobre cifras económicas los que tienen que hablar son los expertos en pronósticos en finanzas públicas.

Los excesos en el ámbito inmobiliario involucran a determinadas grandes empresas e inmobiliarias, ligadas al poder económico y a la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), pues para incumplir las normas se necesita buena asesoría y lobby feroz para convencer a los directores de Obras Municipales (DOM) que autoricen los proyectos irregulares, lo que estoy acreditando hace mucho tiempo en este medio y en otros donde no hay censura.

En nuestra majadera y auto asignada tarea para que se respete el Estado Democrático de Derecho, somos denunciantes habituales en la Contraloría General de la República y ocasionalmente, entre otros, en el Consejo para la Transparencia, en el Consejo de Defensa del Estado, en la Superintendencia de Medio Ambiente y en los tribunales superiores de justicia y como consecuencia de sus resultados, podemos aseverar que hay una marcada tendencia a establecer la impunidad.

Justificando mi decisión, a continuación, en forma sucinta, describiré solo algunos pocos obscenos casos de los miles que conocemos que no debieran repetirse, si quisiéramos que Chile sea un país digno y por lo tanto respetuoso de los marcos regulatorios que se ha dado:

1.- Todos sabemos que las riberas de los ríos son bienes nacionales de uso público y con motivo de las inundaciones producidas en el año 1982 por el desborde del río Mapocho, el MOP con los recursos monetarios de todos los chilenos redujo la caja de ese torrente a través de la construcción de gaviones y espigones para así evitar la repetición de esa desgracia en las comunas de Vitacura y Lo Barnechea. Con esa obra pública reparatoria mágicamente se amplió en 80 metros un terreno privado de unos 400 metros lineales, localizado al sur del puente Tabancura, cuyo «propietario» ahora desea levantar varias torres habitacionales, aprovechando que el gobierno de la época así lo permitió. Ello, pues el Fisco no inscribió a su nombre esa extensión territorial que en rigor es un área verde. Esta situación está publicada por el empresario Hernán Larraín en el medio de investigación Ciper, la que no ha sido desvirtuada por nadie.

2.- En diferentes medios digitales se publica la columna «Indecentes maniobras públicas para beneficiar a una minera extranjera» suscrita por el sociólogo Andrés Gillmore, de la Corporación Costa Carrera, en donde este profesional denuncia a Felipe Ward, en su calidad de ministro de Bienes Nacionales, quien actuó como un títere del ministerio de Economía, en una sesión en la Cámara de Diputados, con motivo de la creación del Parque Nacional Patagonia en la región de Aysén, pues según el denunciante, se describió en ese artículo cómo el gobierno de la época sucumbió ante las presiones de la empresa Equus, la que dentro de dicho parque, está explotando una concesión minera. Ningún órgano del Estado ha aclarado dicha situación.

3.- Lo ocurrido con el mall Parque Arauco emplazado en Las Condes, francamente no tiene nombre, debido a que la municipalidad le otorgó un permiso de ampliación de proyecto para construir estructuras de 50 pisos, en circunstancias que desde el año 2003 su Plan Regulador permite solo una altura máxima de 15 pisos y además su DOM incumple la norma de protección de las estructuras de acero con pinturas intumescentes, asunto reflejado en una columna anterior en este medio de prensa. Es lamentable que el Tribunal de Ética del Colegio de Arquitectos no se atreva a investigar las denuncias que se le han formulado a su Directorio sobre distintos casos ilegales.

4.- Con motivo de la construcción ilegal, durante el primer gobierno de Bachelet, de la planta termoeléctrica Campiche de la empresa AES Gener en un terreno no apto dentro de la comuna de Puchuncaví, 5a región de Valparaíso, dado que el dictamen de la Contraloría y un fallo de la Corte Suprema no se cumplían, denunciamos ese desacato ante la OCDE en Paris, Francia, solicitándole sanciones en contra del gobierno y de la mencionada empresa. Esa organización internacional trasladó la denuncia ante la Cancillería chilena para que respondiera y una funcionaria de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales, durante el gobierno de Piñera, respondió negando lo sucedido, comportamiento demostrativo de la cultura del engaño instalada en el ejecutivo.

Hemos sabido que 1020 arquitectos entregaron su apoyo a la candidatura de Boric en un reciente acto público y aunque entendemos que hay arquitectos que votarán por Kast, sin saber si se han organizado para brindarle su apoyo, conocemos a 3 de ellos que, de todas maneras, lo apoyan: a) José Ramón Ugarte, ex presidente del Colegio de Arquitectos, ex alto funcionario del Minvu y asesor estrella en Las Condes y Vitacura, quien se zafó de una denuncia en su contra entablada por la ex ministra Paulina Saball en el Consejo de Defensa del Estado, b) Fernando Marín, ex Vice presidente del Colegio de Arquitectos, quien logró ser entrevistado por el Diario Financiero asegurando a sus lectores que los guetos verticales contrarios a derecho en la comuna de Estación Central eran legales y c) Iván Poduje, mediático e importante actor inmobiliario, quien desde julio de 2020 continúa como miembro del Consejo de Concesiones, sin cumplir un requisito legal para gozar de esa posición, tal como quedó reflejado en una denuncia ingresada por un destacado ingeniero en la Contraloría.

El próximo lunes 20 de diciembre, según el resultado de la elección, la bolsa de comercio y el dólar tendrán variaciones sustanciales y este columnista continuará con su labor de fiscalización buscando erradicar las lacras que impiden el correcto desenvolvimiento de los mercados en los sectores de la economía señalados en el segundo párrafo de esta columna. En todo caso nos llama la atención que ninguno de los 2 candidatos haya expuesto en sus volubles programas de gobierno la urgencia que tiene el aumento del aporte de recursos a la Contraloría para que pueda disponer de una mayor plantilla funcionaria, como tampoco se han comprometido a terminar con las millonarias pensiones vitalicias que reciben los ex presidentes.

Si gana Kast, mis amigos y conocidos momios estarán felices y seguramente dentro del aparato del Estado continuarán campantes las prácticas que hemos estado cuestionando, pues ese candidato y sus expertos en negocios y finanzas abrazan abiertamente el neoliberalismo imperante que nos llevó al estallido social de octubre de 2019.

Si gana Boric, existirá la posibilidad de que en La Moneda se instale una administración proba y transparente que conduzca al país en la senda del crecimiento económico, con estabilidad y respetuoso de las leyes, con énfasis en erradicar progresivamente la inequidad y con mucha competencia en los mercados. En tal sentido, una infinidad de renombrados economistas de distintos países, les han brindado su apoyo a Boric y en una carta pública firmada, entre otros, por Joseph Stiglitz y Thomas Piketty, ellos expresaron «vemos en su programa esa apertura al futuro (.....) es una estrategia moderna para movilizar una agenda productiva, dinámica y sostenible»


LAS FFAA Y CARABINEROS DEBEN SER PARTE DEL PAIS JUSTO E INCLUSIVO QUE QUEREMOS.

Hace unas semanas entregamos una declaración a la opinión pública manifestando nuestra preocupación, por la intención de la ultraderecha de polarizar el pais lo que se ha agudizado en estas últimas semanas con el desarrollo de una campaña de guerra psicológica sin limitaciones, descalificando al candidato Gabriel Boric, esparciendo mentiras, fake news y anteponiendo como su caballito de batalla, un anticomunismo anticuado y enfermizo, el que a estas alturas, en las elites ligadas al poder, es antropológicamente cultural.

Vemos como la ultraderecha intenta presentarse como una fuerza política ridículamente desideologizada o con mala memoria, lo que es inaceptable, porque esta ultraderecha de hoy representa a la derecha que en su forma de pensar y en su práctica política es antidemocrática y es tributaria de tradiciones que fundamentan su rechazo al pluralismo político. Es la derecha que en el pasado fue la principal defensa del autoritarismo totalitario y que disfraza en un anticomunismo obsesivo, tal cual lo ha expresado el propio candidato ultraderechista, la persecución y el encarcelamiento de quienes son calificados de activistas de izquierda, lo que no es otra cosa que la persecución también obsesiva el enemigo interno, para lo cual utilizan a las FFAA y a carabineros.

Una ideología que también existe en las FFAA y Carabineros lo que representa un peligro para el futuro democrático de nuestro pais, en los últimos cincuenta años la doctrina de las FF. AA ha sido la Doctrina de la Seguridad Nacional, la que se ha reproducido ininterrumpidamente a través de la formación académica militar. Los Oficiales y suboficiales formados en las distintas escuelas matrices, son depositarios de un militarismo cuyo objetivo es político y que se proyecta como un superpoder entronizado en el Estado, aspirando a transformarse, llegado el momento, en un factor decisivo de control, mediante una metodología de guerra, de toda la vida nacional, como lo hicieron en dictadura.

Este militarismo que aísla ideológicamente a las FFAA de la sociedad, de sus intereses y preocupaciones, implica que, en un momento de conflicto social, como lo fue la rebelión social de 2019, se manifieste el desprecio del militarismo por las instituciones democráticas. Lo que quedo transparentemente en claro con las acciones y declaraciones de los mandos de carabineros, desautorizando a las autoridades del gobierno y, con las acciones represivas brutales que cometieron en contra de la población, violando los derechos democráticos y los derechos humanos de las personas.

La ultraderecha y como lo repite su candidato, estima que estos hechos no existieron, a pesar de las constataciones hechas por organismos internacionales y nacionales, quienes constataron la gravedad de lo sucedido, o, a pesar de los asesinatos y del daño físico y sicológico que causaron en cientos de jóvenes, incluyendo a quienes aún están en prisión sin acusaciones que justifiquen el encarcelamiento. Para la derecha la explicación es la misma que por años dieron a los crímenes cometidos por la dictadura, que eran “inventos de los comunistas” o que, y si existieron, solo fueron acciones aisladas e individuales de militares y carabineros.

Lo que se cierne sobre nuestra sociedad entonces, es el peligro de retrocesos en todos los logros sociales en los que se han avanzado y el retorno a los métodos dictatoriales violatorios de derechos y libertades, interpretando desde una óptica reduccionista los problemas y las realidades de la sociedad en su conjunto. Para la derecha en general, los conflictos y las contradicciones que emergen de las desigualdades sociales y económicas que son propias del modelo económico instalado a balazos en 1973, son amenazas que deben ser subsanadas por la fuerza militar, incluidas la intolerancia de la convivencia entre la política y el poder de la religión.[1]

Considerando estas premisas, es esperable, en un hipotético gobierno de ultraderecha, el nombramiento de exgenerales, de civiles militaristas, en cargos estratégicos de la administración del Estado, como sucede hoy en Brasil con el gobierno de ultraderecha de Bolsonaro, con lo que subyace el monitoreo por parte de las FFAA. hacia los actos del gobierno civil. Además de mantener y continuar fortaleciendo el militarismo, para reducir todos los actos de la vida social al lenguaje y a los mecanismos castrenses, el que se termina transformando, entre otros, en un ente que succiona los recursos económicos del erario público, como sucedió en dictadura con las ganancias del cobre, sin ninguna retribución a las arcas del Estado.

Creemos por lo tanto que terminar con el militarismo es hoy una necesidad urgente y un desafío para el próximo gobierno democrático, militarismo que no es solo patrimonio de los militares, este concierne también a los civiles, representado y cuidadosamente oculto por el actual candidato de la ultraderecha, quienes piensan que las soluciones a los problemas, y en general toda la vida social, se debe regir por el orden y la disciplina castrense.

El militarismo en las FFAA continua vigente, los gobiernos y los Ministros de defensa en los últimos años, aportaron bien poco a terminar con este flagelo atentatorio a la democracia, razón por la cual los intentos que se hicieron para vincular a las instituciones militares a los desafíos de la democracia fueron bien escuálidos. Por años vimos como Ministros de defensa fueron personajes políticos anodinos y bien afinados con los intereses de los mandos militares que terminaron corrompiendo a las FF.AA. y carabineros.

Quienes fuimos militares y nos opusimos al golpe de estado de 1973, afirmamos que el cambio fundamental en las FFAA hoy es uno doctrinario, para que los militares asuman como propios los desafíos democráticos, sociales y económicos que el pais requiere iniciar y mas aun con una nueva Constitución, que será representativa de los intereses de todos y todas las chilenas y chilenos, un hecho contradictorio de principio a fin con la candidatura presidencial de la derecha y de sus valores retrógrados.

La disyuntiva que enfrentamos los chilenos no es entre libertad y comunismo, como lo quiere caricaturizar la derecha, el dilema es entre el cambio y el estancamiento, entre un futuro para nuestras futuras generaciones o mantenernos sometidos al abuso, a las desigualdades sociales y económicas, a la corrupción, es entre la libertad, la democracia y el autoritarismo militar.

Esa es la disyuntiva, ante la cual es un imperativo ético ratificar nuestro apoyo al futuro gobierno de Gabriel Boric, uniendo voluntades, más allá de legitimas diferencias, para concentrar fuerzas que permitan derrotar a la ultraderecha e impedir el retorno al oscurantismo dictatorial, el que con valentía y esfuerzos superamos hace varias décadas atrás.

Hoy creemos que la democracia no es solo y como ha sido interpretada hasta ahora, como una alternativa del poder, esta vez no se trata de que unos ocupen el cargo de presidente y los cargos de gobierno. Hoy y ante las actuales circunstancias se trata de un cambio de estructura económica y social, un estado que garantice los derechos de las personas, ubicando los derechos humanos como eje transversal de la construcción económica y social, un cambio por el cual los chilenos y chilenas se levantaron el 2019, permitiendo el diseño de una nueva constitución.

Esta vez no hay un dogma que proteger, el modelo económico diseñado y que nos impusieron a balazos en 1973, no es el dogma que debemos acatar por encima de todo, esta vez no se puede repetir el esquema en el cual, los impulsores de estos dogmas y de las elites, son los que esperaban ocupar cargos para profitar de ellos y luego entregarlos a otros en los próximos periodos de elecciones.

Esta vez el futuro gobierno de Boric tiene el desafío y el deber de respetar al pueblo que le llevara a la presidencia, porque ya no se trata de solo elegir un presidente, sino que, de cambiar el modelo de pais que ya no queremos, respetando la voluntad popular concretando las promesas que se le han hecho a los chilenos y chilenas, con la verdad y sin tratar de imponerles nada.

Tal como hace cincuenta años una esperanza nos invita a soñar a todos y todas, involucrándonos en el sueño de conquistas que hagan de nuestras vidas una mejor y más plena. Hoy tenemos una nueva oportunidad para concretar estos sueños, y sobre todo, lograr la necesaria unidad para evitar que la ultraderecha llegue a la cumbre del poder y que, una vez instalada en él, repita y lleve a cabo las mayores crueldades ya conocidas por la historia.

 

Enrique Villanueva M.

  [1] La DSN no concibe una Iglesia comprometida con los grandes problemas estructurales y coyunturales del pueblo chileno, sino que, se declaró defensora de principios tutelares del orden, la autoridad, la defensa de la propiedad privada y, en general, con los postulados del conservadurismo. Cabe señalar que durante la dictadura la DSN promovió la llegada de otras confesiones religiosas, las cuales se convirtieron a la postre en importante base social de la derecha, con el propósito exclusivo de penetrar en aquellos sectores sociales más vulnerables económica y políticamente maleables y neutralizar su capacidad de organización por unas mejores condiciones de vida.


El proyecto de la izquierda nueva, lecciones para una elección. Por Cristopher Ferreira Escobar.

Imposible no mirar hacia atrás, o por lo menos así debería ser, ya que en lo recién pasado —y no sólo referido a la primera vuelta—, hay algunas lecciones importantes a recordar como experiencias vitales para esta elección y para cualquier cosa que se quiera analizar. La disposición del presente siempre se orquesta desde un punto anterior, muchas veces olvidado, ya sea porque no se construye sobre los triunfos o porque no se quiera servir de los errores. En ese entonces, y bien alejado de nuestro presente, pero que, dicho sea de paso, es algo contingente, pujante y pertinente, Alejandro Guillier pasaba a segunda vuelta y el Frente Amplio (FA) comunicaba no apoyar al candidato acogido por el Partido Socialista (PS) entre otros, sumando posteriormente —y raya para la suma, o la gota que rebalsó el vaso, da igual— la decisión de dar libre albedrío a sus partidarios, cual gesto de Dios noble y bondadoso a su creación; sólo que éste puede confiar en el hombre, incluso si se equivocan, en virtud de que su existencia no se ve amenazada por estos. A rasgos generales, estos hechos fueron errores. Ambos unidos por una misma línea: no compartir las mismas lógicas históricas, añejas y recalcitrantes, las que muchos ciudadanos ya despreciaban, pues la concertación había validado el modelo neoliberal y eso era fatal. Entonces, para no contaminar el alma, manteniendo la pulcritud y el espíritu intacto, había que dejar en claro y de manera pública la vuelta de espalda. La prueba de la blancura era esta, no se podía ser mayoría sin una Izquierda unida. El elemento erróneo en estas decisiones fue no ordenar el cúmulo de subjetividades de la masa partidaria, ya sea depositando el capital político en una persona o proyecto. De todas formas, y propio a nuestra estructura partidaria, el centro es el punto gravitante donde toda posibilidad tiene comienzo, cuestión que hoy se puede ver en las propuestas de Boric y Kast para la segunda vuelta. Pero retomando esta fallida prueba de la blancura, a propósito de mantener una imagen no contaminada con la sucia política, hay un problema, los más idealista serán los más ideales para la desilusión, ellos son los candidatos perfectos, porque se cumple la profecía autocumplida de cualquier acción, esta se inscribe en un marco exterior, donde la acción depende de Otros, lo que signifique para ellos, lo que se comprenda por ellos, lo que se comparta por ellos, etc., siempre se está capturado por ese espacio donde se habita con los Otros. De esta manera, y cuando pasa lo que no tenía que pasar, el problema fue del compañero por no se tan consecuente, por no seguir al pie de la letra el quehacer, por no saber tanto, por no saber interpretar adecuadamente, por ser vendido; en otras palabras, hablamos de las almas bellas, las que se resisten a la contaminación. Aquí está Artes, Parisi, Marcel Claude y el FA de aquel entonces. Por eso es vital abandonar toda pretensión de mis intenciones, mis fantasías y mundo privado en el espacio de la praxis. El momento del acto, es el momento de lo descontrolado. Hoy en día estos errores se ven claro como el agua, pues la pregunta obvia reside en el hecho truncado, es decir, en la imposibilidad de Guillier como presidente, y entonces, ¿qué hubiese sido del 18 O con sus consecuencias gravísimas ya conocidas si tuviéramos a él a cargo del ejecutivo? Pero más allá de esos errores graves, hoy en día vemos algo distinto, se dejó en claro, y eso incluye al PS, que había que cuadrarse con Boric, orientando el universo militante y afectivo a una causa de proyecto, aunque también estratégica, y eso conlleva a una lección importante para una elección: gobernamos o nos gobiernan. Lo bueno es que el FA, aunque no sea el mismo de aquel entonces, haya enfrentado esta elección, creo, con esa lección pasada. ¡Ya era hora!

Cristopher Ferreira Escobar.
Politólogo y director de la Fundación Politología. Centro de Estudios.


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¿Qué representa Kast? Por David Pavón-Cuéllar

Soy mexicano y vivo en México, pero estoy preocupado por la elección presidencial en Chile. ¿Cómo no voy a sentir preocupación cuando recuerdo todo lo que se nos vino encima tras el Golpe de 1973? No sólo dejamos de avanzar en la construcción de un mundo mejor, más justo e igualitario, sino que empezamos a retroceder por primera vez en varias décadas. Nuestras sociedades volvieron a niveles de concentración de la riqueza que creíamos definitivamente superados. También perdimos derechos por los que habían luchado varias generaciones de trabajadores. Nuestra gran derrota comenzó con el ataque del 11 de septiembre de 1973 al Palacio de la Moneda. Durante la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet, se redujo a los chilenos y a las chilenas a la condición de animales de laboratorio de un experimento que luego se replicó en todo el mundo. Los experimentadores fueron el propio dictador, el psicólogo Hernán Tuane, los Chicago Boys, los militares torturadores y muchos otros, y su objetivo fundamental fue simplemente destruir a los sujetos para que se convirtieran en objetos de aquello que los explota y que los oprime. El experimento fue tan exitoso, que ahora mismo hay demasiadas personas en Chile que votarán alegremente por lo mismo que se les debió imponer antes con violencia y sufrimiento, con decenas de miles de homicidios, torturas y desapariciones. Habrá quienes vean aquí el mejor ejemplo de la identificación con el agresor o del síndrome de Estocolmo. Otros y otras verán una expresión de la servidumbre voluntaria o del miedo a la libertad. Lo seguro es que existe el riesgo de que las elecciones chilenas sean ganadas por alguien, José Antonio Kast, que recoge el proyecto dictatorial pinochetista, que no duda en decir que él mismo votaría por Augusto Pinochet y que en el plebiscito de 1988 promovió el “sí” para la continuación de la dictadura. Desde luego que hay una minoría opulenta que sacará un beneficio directo de la victoria de Kast, pero es un hecho indiscutible que esta victoria causará un grave perjuicio en la inmensa mayoría del pueblo chileno. Para convencerse de esto, basta revisar los niveles de equidad y bienestar social en el régimen de Bolsonaro en Brasil y en otros gobiernos afines al propuesto por Kast. La victoria de Kast sería irracional en sí misma porque necesitaría los votos de sus propias víctimas. Estos votos pueden conseguirse ahora mismo, al menos en parte, gracias a la exitosa estrategia dictatorial de ideologización y de guerra psicológica, lavado cerebral, conducción psíquica y desintegración y reprogramación del psiquismo de los años 1970 y 1980. El éxito del experimento es el que amenaza con traducirse en la victoria de Kast. Esta victoria sería entonces un triunfo de la dictadura, un triunfo tardío, a través de la democracia, a través de ella y no a pesar de ella. Debe tenerse presente que la victoria de Kast significaría no sólo un paradójico triunfo democrático del espíritu dictatorial en Chile, sino el patológico gesto autodestructivo de un pueblo que votaría mayoritariamente contra sí mismo. También debemos recordar que este gesto no sólo sería local, no sólo tendría efectos dañinos para el pueblo chileno, sino que sería también un golpe como el de 1973, un golpe global contra otros pueblos. Al pertenecer a otros pueblos, tenemos derecho, entonces, a pedirle a cada chilena y a cada chileno que medite su voto, que no sea un animal de laboratorio, que no vote por Kast, que no vote así contra nosotras y nosotros fuera de Chile, que no vote contra la mayor parte de la humanidad. Los intereses de los seres humanos mayoritarios, los de abajo y los de en medio, resultan diametralmente opuestos a lo representado por Kast. ¿Pero qué representa Kast? Hay que decir, en primer lugar, que no representa lo que pretende representar. Su pretendida representación es una gran mentira. Desde luego que los políticos mienten casi por definición, pero Kast es él mismo una mentira. La encarna, la escenifica, la interpreta a cada momento. Como otros líderes de la actual ultraderecha, Kast representa la política de las fake news, de la desinformación, de la posverdad. Un día Kast ignora las estadísticas e inventa que hay mayor mortalidad materna donde el aborto es legal. Otro día funda su programa de gobierno en el negacionismo ante el cambio climático y no tarda en ser desmentido por los expertos. Kast ha difundido también una ficha clínica falsa de su contrincante para pretender que tiene problemas de salud mental. Ha difamado igualmente a la expresidenta Bachelet y a defensores de los derechos humanos. Una vez aseguró ante las cámaras que su padre no era nazi, pero hace poco se dieron a conocer documentos originales del gobierno alemán que demuestran que su padre Michael Kast se afilió al Partido Nacional Socialista en 1942. Lo que inquieta no es, desde luego, que el progenitor de Kast haya sido nazi. Lo inquietante no es ni siquiera que su hijo lo niegue. Lo que provoca inquietud es que el hijo no reniegue de su padre nazi, que no deplore su nazismo, que insista en el orgullo que le inspira y que además tenga una posición de ultraderecha y profese ideas tan próximas a las de los nazis. Todo esto nos inquieta especialmente porque no sabemos qué más puede haber tras los mentirosos discursos de Kast. Quizás la más infame de las mentiras de Kast haya sido aquella en la que aseguró en una entrevista que había visto imágenes de un fuego cruzado entre el famoso líder indígena Camilo Catrillanca y los carabineros que lo asesinaron. Luego se confirmó que esas imágenes no existían y que el comunero mapuche estaba desarmado cuando lo mataron al dispararle por la espalda. Kast calumnió así a un muerto, delatando no sólo su falta de escrúpulos morales, sino también lo que para él significan la vida, la dignidad y el honor de los pueblos originarios, de los pobres, de los de abajo. Después de calumniar al comunero mapuche, Kast prefirió seguir justificando la acción de los carabineros que lo asesinaron. Fue así como confirmó su racismo necrófilo, tan frecuente en la derecha oligárquica neocolonial de América Latina. De hecho, justificando a los carabineros, Kast reveló también su concepción pinochetista del poder gubernamental. Hace unos días, por cierto, confirmó esta concepción autoritaria y represiva al declarar su intención de interceptar comunicaciones y arrestar a personas fuera de las cárceles. Además de expresar abiertamente su devoción por la dictadura pinochetista, Kast ha confesado su admiración por Bolsonaro y por su defensa del régimen dictatorial militar brasileño. También celebró que Fujimori fuera indultado en 2017 por sus diversos crímenes, entre ellos algunos de lesa humanidad, como las famosas masacres de estudiantes y civiles pobres en Barrios Altos y La Cantuta. Kast dijo literalmente, como en un lapsus, que el indulto concedido a Fujimori era un “avance en justicia”, y esto “independientemente de los delitos horribles que hubiera cometido”. La noción de la justicia de Kast es bastante clara. Se trata de la impunidad y legitimidad de cualquier terror, violencia y brutalidad, siempre y cuando venga del gobierno y sea para los de abajo y los de en medio, pero no para los de arriba. Los gobernantes ni siquiera deberían ser importunados con la cárcel después de haber masacrado a su pueblo. El desprecio de Kast hacia los humanos mayoritarios adquiere tintes xenofóbicos en su proyecto de zanja contra los inmigrantes en la frontera norte de Chile. Sobra decir que la fobia no es ante los extranjeros, sino ante los extranjeros pobres. Y ya que hablo de fobias, además de la xenofobia y la aporofobia, Kast hace gala de su homofobia, sublevándose contra el matrimonio igualitario, contra cualquier ley favorable a la comunidad LGBT e incluso contra los colores de la diversidad sexual. El rechazo de Kast se dirige a todo lo que no sea heterosexual, rico y blanco. Si uno forma parte de la comunidad LGBT, lo mejor es que se esconda. Si uno es indígena como Catrillanca, puede ser impúnemente asesinado por la espalda. El asesinato impune también es justo cuando se dirige hacia estudiantes o civiles pobres como las víctimas de Fujimori. Los seres humanos mayoritarios les estorbamos a políticos de ultraderecha como Kast y los demás. Votar por esos políticos es votar contra nosotras y nosotros. Al final, tarde o temprano, todos y todas pagamos ese voto suicida.


Movimientos sociales por Boric y la nueva constitución. Por Andrés Kogan Valderrama

A solo días de saber quién será el nuevo presidente de Chile, los apoyos a ambos candidatos de parte de distintos sectores del país no se han hecho esperar, dado la importancia de la elección del próximo 19 de diciembre.

En el caso de José Antonio Kast, todos los partidos políticos de derecha se cuadraron rápidamente con el candidato del Partido Republicano (UDI, RN, EVOPOLI), mientras que por el lado de Gabriel Boric, todos los partidos de izquierda se han sumado sin condiciones al candidato de Apruebo Dignidad (PS, PPD, DC)

Si bien son apoyos que no sorprenden a nadie, dada la búsqueda de aquellos partidos políticos, muy deslegitimados socialmente, de reacomodarse en un futuro gobierno, por el lado de la sociedad civil organizada en cambio, ha sido enorme el apoyo que ha recibido Boric de parte de múltiples movimientos sociales en comparación a Kast.

Una situación que se evidencia con las organizaciones que le han dado su respaldo explícito a Gabriel Boric, como son los casos del Movimiento por el Agua y los Territorios (MAT), Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medio Ambiente (MODATIMA), Coordinadora Feminista 8M, Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), Fundación Iguales, Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), Movimiento de Acción Migrante (MAM), Coordinadora Nacional No + AFP, Coordinadora en Defensa de Nuestra Salud Mental, entre muchas otras.

Un llamado de esas organizaciones a votar por Gabriel Boric, que no solo tiene relación con las convicciones del candidato de Apruebo Dignidad o de su programa de gobierno, en lo que respecta a construir un gobierno feminista, ecologista, diverso, inclusivo y digno para todas las personas, sino también con cuidar un proceso constituyente en curso, el cual estará fuertemente amenazado, en el caso de que salga José Antonio Kast.

Por lo mismo, la amenaza para la democracia en Chile que representa Kast, es mucho mayor que lo que pasó con Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil, ya que lo que está en juego no es un gobierno conservador de cuatro años en el poder, sino un proceso histórico, que de ser revertido, generará mucha frustración, rabia, miedo, discriminación y exclusión.

Ante esto, el peligro del discurso abiertamente racista, clasista, homofóbico, pinochetista y negacionista del cambio climático de Kast, se vuelve mucho más peligroso en el contexto constituyente chileno, ya que es acompañado con la delirante idea conspirativa de que la quema del metro y el estallido social del 2019, fue organizado y financiado por el gobierno de Venezuela, el gobierno de Cuba, el Foro de Sao Paulo, el Grupo de Puebla, y ejecutado por el Partido Comunista de Chile.

No es casualidad por tanto, que la ultraderecha chilena hable constantemente de insurrección y de estallido delictual, planteando un escenario binario presidencial entre libertad, representado supuestamente por Kast, y comunismo , representado supuestamente por Boric, como si lo que pasó en el año 2019, pueda ser reducido a quemas, saqueos y narcotráfico.

Tampoco es casual que José Antonio Kast y sus seguidores, nombren a Gabriel Boric como el candidato del Partido Comunista, como si fuera un mero títere de este, sobredimensionando así su rol en la campaña y en la revuelta social misma, con el único objetivo de generar temor en la población.

De ahí que no sea ingenuo ese discurso, ya que no hay que ser de izquierda, para saber que las grandes movilizaciones que ocurrieron el 2019, fueron anti- partidarias y pacíficas en general, por lo que negarlo, es vivir en otro país, nunca haber asistido a alguna marcha en la vida o simplemente mentir con fines políticos, para invalidar así las demandas legítimas de los movimientos sociales.

Asimismo, la tesis conservadora de que lo que ocurrió el 2019 fue orquestado desde arriba, no tiene ningún asidero en la realidad. De hecho, por eso mismo el proceso constituyente chileno no ha podido ser cooptado por ningún sector de izquierda partidista de manera electoral, a diferencia de lo que pasó en los procesos constituyentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador, en donde caudillos políticos se terminaron apropiando del proceso de manera autoritaria.

Por el contrario, el proceso constituyente chileno ha sido desde abajo y muy transversal, yendo mucho más allá de las caricaturas del mundo más conservador, que lo atribuye a una maniobra política proveniente de una supuesta izquierda radical y anti-patriota que estaría detrás de todo desde las sombras para destruir al país.

Cabe destacar que los movimientos sociales en Chile han sido muy claros en su autonomía política, al igual que la Convención Constitucional, tomando distancia de las viejas estructuras partidarias, las cuales se negaron por décadas a escribir una nueva constitución de manera democrática.

Por todo lo señalado anteriormente, ante el explícito intento de José Antonio Kast de hacer fracasar la nueva constitución, en el caso de que sea presidente, muchas organizaciones, al igual que la mayoría de los y las constituyentes, saben que solo la candidatura de Gabriel Boric da garantías para continuar con este proceso, sin ningún tipo de intervención desde el gobierno, como él mismo lo ha mencionado en reiteradas ocasiones, a diferencia del candidato del rechazo.


Poder Económico Pobreza y Estupidez Política. Por Gloria Clavero Aranda.

Quillota, diciembre 2021

(El Estallido Social es el primer paso de la Rebelión de las Masas…)

Vale la pena reflexionar sobre lo que sucede en el lugar en que se fabrican los instrumentos de opresión y represión, en el momento en que la “masa” comienza a desmasificarse, y a reaccionar, conscientemente, cuando no encuentra salida frente a las Desigualdades producidas por el Poder Económico. A partir de ese preciso instante, un sentimiento inconsciente de miedo, que precede al desastre, se adueña de la mente de los Poderosos, les pilla, atrapándoles en su propio juego, con su propia maquinaria (viene de maquinar…). La complejidad actual de lo que sucede en las diferentes capas de la sociedad chilena, sobrepasa el Poder que produjo estos acontecimientos, y el miedo y la incapacidad de los legisladores, se hacen patente en los cambios que introducen en sus propuestas. Medidas apresuradas y “sin “sentido político”, no adecuadas al momento que la realidad social exige. La mayor Violencia Política, se produce en la coyuntura, cuando el Parlamento y el gobierno del Estado, en nombre de la “Democracia”, legislan, según sus intereses, en detrimento de la población contribuyente (gentes asalariadas, pensionistas, pequeños comerciantes, trabajadores y trabajadoras informales, mujeres sin salario que “cuidan” de la familia….). Al mismo tiempo que esto acontece, se agravan los conflictos políticos en el interior de los partidos tradicionales, lo cual se demuestra en la desobediencia hacia la dirigencia, que puede observarse en el Congreso de los Diputados y en el Senado, además de las declaraciones públicas de distintos miembros de un mismo partido, desmintiendo, o desapegándose de lo dicho por “sus jefes” … Como respuesta a la “presión social”, aparecen “leyes limosneras”, como el IFE, u otros parches, que pretenden solucionar la “pobreza endémica” que padecen la mayoría de las gentes chilenas. Los intereses de la vetusta Clase Política, pasan por encima de las necesidades y las demandas del pueblo llano, acentuando cada vez más las Desigualdades Sociales… Sin embargo, los políticos se aterran, se sienten acorralados y se vuelven discapacitados intelectuales, cuando la ciudadanía comienza a moverse, de diferentes maneras…. ¡Es la Economía, estúpidos!… Es cierto que mucha gente se queda en la estupidez, al parecer porque el miedo le puede, le quita el pensamiento, y con él, la dignidad. Pero también podemos comprobar, a lo largo de la historia del ser humano, que “todos los imperios, tarde o temprano, caen”. Nos referimos a que el Poder, no es algo que sea eterno…cambia de manos…puede humanizarse, o, puede destruir a la sociedad, y a quien lo detenta desde el control y la dominación……por esto, la masa, en ciertos momentos se cansa de ser masa, se abre, se diversifica, se organiza, adquiere conciencia…… y se despierta… Esto sucede, porque la ciudadanía de a pie, ya no tiene nada que perder, salvo su dignidad, su decencia y el respeto por los valores que los hacen sujetos responsables de su historia…Ya lo decía Gandhi, “con nuestro movimiento (se refería al movimiento social organizado…), primero molestaremos al Poder, luego no sabrán qué hacer con nosotros; más tarde nos tendrán Miedo…”. No son sus palabras exactas, pero creo que se acercan bastante a la realidad chilena actual. Volviendo a lo anterior, cuando la masa se despierta, y “estalla”, las leyes vigentes, comienzan a cambiar, se vuelven más represivas…. Es el miedo del Poder a la verdad social, que se hace presente más allá de los discursos grandilocuentes y las promesas no cumplidas. Cada día más pobres salen a las calles a buscarse la vida, de cualquier manera, en todas partes, en las plazas, en los barrios…. Gentes pobres que viven en el Estado chileno, que soportan las injusticias, que se toman terrenos baldíos y se instalan, buscando un lugar para vivir, armando una carpa, en el mejor de los casos, y como la necesidad tiene cara de hereje, en otros casos, construyendo un habitáculo de cartón, latas, ropa vieja y cualquier cosa que les sirva para resguardarse con su familia… Pero en Chile, los pobres no son solo los inmigrantes extranjeros que huyen de sus diferentes realidades socio políticas y económicas. Aumenta la gente autóctona que ha perdido su lugar de trabajo, gente a la que, entre otras cosas, no le alcanza el dinero para pagar el arriendo... La pobreza generalizada no es un “daño colateral” de la crisis por la Pandemia del Coronavirus y todas sus mutaciones. Esta metáfora, que nos ha querido vender la Clase Política, ya no sirve para tapar la estupidez de la Clase Dominante y su miseria humana e ideológica… Las personas de Clase Media se vuelven, cada vez más, asiduas a los Servicios Sociales, porque se están volviendo cada vez más pobres…

Cuando la Pobreza atraviesa la Lucha de Clases, instalándose en la Clase Media, ese solo hecho, por incuestionable, molesta al Poder, porque denuncia la falta de políticas sociales y DDHH básicos, poniendo encima de la mesa de la realidad, las injusticias y las desigualdades de todo tipo… En Chile, las evidencias de estos inmorales hechos, han sido demostradas por la Lucha de Clases. Dichas evidencias, desataron la fuerza de las masas populares en octubre de 2019. La presión social de las Gentes sencillas en el Parlamento de la Calle, fue la que produjo el Estallido Social, para luego, dar lugar a la Convención Constituyente, más allá del “negacionismo” de los acaudillados por los Poderosos…

El 19 de diciembre las gentes simples de Chile, decidiremos, si le damos el Poder de la Presidencia de la república al viejo caudillo pinochetista, con su idea nazi fascista de la Libertad amarrada al “Frente Social Cristiano”, procedente del Nacionalsocialismo de la Alemania Nazi, o, elegimos al joven que representa el Apruebo a la Dignidad de las personas, respetando el inmenso Deseo de Cambio de esas personas, que buscan el equilibrio, esperanzadas en la nueva Ley de Leyes, que está siendo redactada por las mujeres y los hombres que integran la Convención Constituyente, elegida por la mayoría del pueblo…

Es posible, que haya mujeres y hombres que no “están ni ahí” con las elecciones, por lo cual, no irán a votar. Los hay que anularán el voto, o votarán en blanco…lo importante es saber, que todas y todos, seremos responsables de lo que decidamos hacer y lo que decidamos elegir el 19…


YO SÍ TE CREO GABRIEL. A PROPÓSITO DE UNA COLUMNA EN LA TERCERA.

Juan Alejandro Henríquez Peñailillo
Profesor de Filosofía.
Integrante de #ConocimientosxBoric
www.juanhenriquez.cl

A propósito de una columna escrita en La Tercera donde el autor compara los daños que sufrió el metro de Santiago durante la revuelta y estallido social en 2019 con los bombardeos de la segunda guerra mundial. En sí mismo esa comparación es un despropósito, si recordamos el bombardeo al Palacio La Moneda el 11 de septiembre de 1973 y las verdaderas guerras o invasivos ataques aún existentes en Palestina o Siria, entre otros tantos lugares con miles de muertes en períodos posteriores a 1945. Recordemos que hasta el virus dio tribuna al actual gobierno, que busca continuidad en el otro candidato con el apoyo del ministro de educación por ejemplo, para hablar de una nueva guerra después de la ya inventada contra los distintos pueblos y naciones que conviven en Chile, siendo uno de los pocos países con fuerza militar permanente durante el prolongado toque de queda o con escenas grotescas en las calles cercanas a la Escuela Militar con jóvenes uniformados apuntando contra sus compatriotas (como ellos mismos nos llaman). Acusar al movimiento estudiantil de radical por saltar los torniquetes es, justamente, no comprender la importancia que tiene una educación liberadora, reflexiva, filosófica y crítica, por sobre una educación como bien de mercado que busca libertades individuales por sobre las colectivas y enfocada en desarrollar competencias laborales para reproducir el modelo económico que nos oprime con sus tarjetas de créditos regaladas en las poblaciones y patios universitarios, sin responsabilidad ni educación financiera alguna, al contrario, prometiendo una mejora en la calidad de vida que a la larga se transforma en todo lo contrario. Sí, te creo Gabriel, cuando propones una educación no sexista, intercultural, inclusiva y comprometida con los derechos humanos, para que nunca más nos olvidemos de tener memoria. Prefiero tu cambio de vestimenta y discurso más moderado que el discurso y programa sin memoria y con la demagogia característica de la ultraderecha. Te creo cuando abrazas a la Machi Linconao en vez de abrazar a los poderes fácticos y económicos que representó la visita a Estados Unidos. Y en la era digital, donde necesitamos una educación acorde a los tiempos y no una que mantenga a la ciudadanía desconectada de su rol participativo o que deja a los niños, niñas y adolescentes como objetos vacíos donde llenar con contenidos conservadores y no reconociendo que son sujetos de derecho, te creo Gabriel cuando propones garantizar el Internet como un servicio básico, dado que eso lo promueve en su categoría de derecho humano y promueve el derecho a la información y la libertad de expresión en entornos seguros por supuesto. La actual brecha digital no es más que la representación de los altos niveles de desigualdad social en el mundo virtual, según ya decía Pimienta en el 2008. Más aún, consideremos que está brecha tiene dimensiones que hay que atender de forma urgente para lograr una verdadera alfabetización y conexión digital asegurada por el Estado. Entre esas dimensiones está la desigualdad económica que impide igualdad de condiciones para acceder a una conexión de mejor calidad y velocidad, está la desigualdad territorial y geográfica porque las grandes ciudades aseguran, en parte, más conectividad que en los sectores rurales y más alejados de la capital. Está la desigualdad etaria que divide a las generaciones y no promueve el diálogo educativo entre ellas, o como propone otro programa al decir que el Estado debe hacer trabajar a las personas mayores por sobre su actual edad de jubilación. Y están las desigualdades de género, inclusión de la discapacidad y de la interculturalidad (migrantes sin sanjas en las fronteras-y pueblos indígenas con autodeterminación y plurinacionalidad). Todas estas dimensiones deben ser atendidas en el mundo digital, pero sobre todo en el mundo del día a día. Yo, sí te creo Gabriel, aun cuando no milito en partidos políticos, porque creo en los proyectos cuando se construyen de forma colectiva. Y eso no me volverá alguien acrítico en tu gobierno, porque serlo iría en contra de los principios de la Educación que promuevo.


La geografía electoral: pistas de lo que vendrá. Por Federico Arenas Vázquez y José Orellana Yáñez

INTERRELACIONES permanentes entre comunidades y entornos físicos (ríos, cuencas, subcuencas, cordillera, costa u otros) y/o humanos/culturales (ciudad, campo u otros) y a veces, con ambos (Patagonia, altiplano). Esta interrelación PRODUCE espacio geográfico, territorio o lugar, en distintas ESCALAS GEOGRAFICAS, interrelacionadas entre ellas generando, además, la necesidad de un análisis interescalar (ej. barrial, comunal, regional, nacional, internacional). Los procesos eleccionarios, en general, corresponden a un ACTO POLITICO ESPACIAL DE PODER, mediado por estas interrelaciones y que, además, se encuentran acompañadas de estímulos que provienen desde los mass media (radio, TV abierta, RR SS y otras), que mediados por técnicas de marketing político buscan influir, con más o menos verdad, a través de la comunicación política en la voluntad de las personas para votar. Este proceso también es DINÁMICO Y HETEROGENEO (el territorio), cambiando permanente en tiempo y espacio, a propósito de múltiples estímulos interescalares.

Ello, además, relacionado inmediatamente con las percepciones que tienen las personas respecto de sus inseguridades/seguridades que le proporcionan sus entornos, en su inmediatez (delincuencia, narcotráfico, movilizaciones sociales criminalizadas, o los desmanes sociales, en el mismo proceso de protesta social democrática y legitima), e inclusive en la lejanía, como podría ser el atentado de la torres gemelas en el 2001, o bien, lo que se dibuja en el sur de Chile con el denominado conflicto mapuche, o en el norte, con el proceso migratorio, donde ambos procesos no sólo impactan en la inmediatez de esos vecinas y vecinos de esos territorios, sino que también a quienes se encuentran alejados de esos entornos. Todo esto, además, tiene una canalización institucional, a través de la ley de partidos políticos (Nº 18.603/actualizada) y ley electoral (Nº 18.700/actualizada), las que permitieron los resultados ya conocidos en la última elección presidencial de primera vuelta, a partir de procesos políticos internos que se vienen dando desde hace algunos años. Esta institucionalidad coadyuva a la cristalización de las relaciones espaciales de poder, desde el acto electoral.

¿Qué esperar para la segunda vuelta?

Lo primero es leer adecuadamente cómo se manifestó el voto en cuanto resultados finales en los espacios geográficos, territorios y lugares. Los analistas de los comandos de cada candidatura, en estos momentos, deberían estar decodificando cómo el territorio, que son también las personas (podríamos decir, personas espaciales, territoriales o lugarizadas), podrían reaccionar hacia nuevos estímulos que les permitan revertir voluntades en un sentido u otro, movilizándose para ir al acto eleccionario del diecinueve de diciembre (a los que pueden sumarse otros que no votaron en la primera vuelta) y, desde ahí, lograr una síntesis argumental que permita una comunicación política asertiva, donde las técnicas marketing político seguramente se transformarán en un pivote replicador en todas las posibilidades tradicionales de una campaña electoral y, las no tradicionales de rrss para difundir el mensaje.

La segmentación de electoras/es (edad, sexo, trabajo, posición social y otros), tienen también concreción territorial o de lugar, reflejando así, tanto el territorio físico como el virtual (rrss), y obligando a la pre-ocupación de ambos comandos presidenciales para su despliegue propagandístico. Es preciso recordar que la geografía del poder en la elección presidencial (primera vuelta), tendría una relación con los resultados de la geografía del poder de la elección congresal y que ambas conviven con las “otras” geografías del poder, las que permitieron las elecciones de concejalas/es, alcaldesas y alcaldes y gobernadoras/es regionales, encarnando resultados y sensaciones muy distintas respecto de la última elección. A lo anterior, se suma, la geografía del poder de la Convención Constitucional, la que junto con todas las anteriores, no coincide con la elección presidencial de primera vuelta.

Este enigma electoral territorial de cara a la segunda vuelta presidencial debe ser explicado velozmente en un norte que extrañamente benefició a Franco Parisi y un sur que se puede entender de mejor forma si se aceptan los motivos que parecen más plausibles, y que terminan beneficiando a José Antonio Kast (JAK).

En esta segunda vuelta presidencial es prioritario decodificar la votación de Parisi… ¿Cómo la ecuación entre la incertidumbre del futuro que viene respecto del fenómeno migratorio, la delincuencia y la postergación proveniente desde el centralismo santiaguino, se encuentra con las regiones? El excandidato mencionado, operando desde la virtualidad del territorio, o deslocalizado gracias a las posibilidades que entregan los avances tecnológicos en las comunicaciones, lo tuvo claro e hizo muy poco, en su estilo, y ya solicitó al electorado del norte, más al de la Región de Biobío, no se pronuncien por ninguna de las candidaturas, forzando a que ambas extremen posiciones programáticas para persuadirlos, en lo específico… en la urna de votación[i].

Caprichosa e ingeniosa manera de instalar el desafío para los equipos electorales de Gabriel y JAK, a quienes no les bastará un llamado a través de los medios y las RRSS, sino un arduo trabajo a la escala 1:1, esto es, en terreno, lidiando con el escaso tiempo y las grandes extensiones territoriales, lo que sumado a un verdadero compromiso con la descentralización, en beneficio de las regiones y comunas de Chile y, a la búsqueda de un nuevo orden territorial para el país a partir de la concreción de instrumentos como la Política Nacional de Ordenamiento Territorial (PNOT) y los Planes Regionales de Ordenamiento Territorial (PROT), les puede permitir alterar la simple suma matemática de los resultados anteriores. Los frutos de un compromiso de esta naturaleza, podremos empezar a verlos desde el 19, sino, corresponderá esperar a una próxima oportunidad

[i]https://www.emol.com/noticias/Nacional/2021/11/28/1039727/parisi-llama-votantes-no-decir.html

Federico Arenas Vázquez
Doctor en Ciencias Económicas y Sociales, mención Geografía, Universidad de Ginebra, Suiza. Actualmente, Director del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile

José Orellana Yáñez
Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Académico de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia Humanismo Cristiano


MILITARES QUE NOS OPUSIMOS AL GOLPE DE ESTADO DE 1973, APOYAMOS EL PROGRAMA DE GOBIERNO DE GABRIEL BORIC

Con preocupación, observamos la polarización a la que la ultraderecha pretende llevar al país, diseminando mentiras, discursos de odio y expresiones derivadas de un anticomunismo enfermizo, negando y tergiversando la historia, reivindicando abiertamente a la dictadura militar, con un desprecio absoluto por las miles de víctimas de la represión, justificando groseramente los crímenes de lesa humanidad que cometieron miembros de las FFAA y Carabineros. Con esto lo que está haciendo la derecha es en primer lugar, reivindicar la violencia y el terrorismo de estado negándonos el derecho, que tenemos los chilenos y chilenas, a la no repetición de políticas terroristas, diseñadas y llevadas a la práctica y como forma de gobierno, durante la dictadura, intentando en segundo lugar, limpiar su responsabilidad en un periodo de nuestra historia en el cual se le hizo tanto daño al pais y a miles de familias de chilenos y chilenas.

Quienes fuimos militares y que nos negamos a participar en el golpe de estado de 1973, queremos alertar a nuestros compatriotas, que fue con estos discursos políticos de odio e irresponsables, que los mandos de las FFAA. y Carabineros de la época, arrastraron a las instituciones armadas a quebrar la democracia, a derrocar a un presidente democráticamente elegido por el pueblo y a cometer actos tan repudiables y violentos como todos los crímenes y la tortura latamente denunciados y comprobados, así como, el destierro obligado para miles de nuestros compatriotas, cuya extrema violencia se puede simbolizar en el acto aberrante y cobarde, como fue el bombardeo a La Moneda.

En esa época los sectores económicos que se vieron afectados por los cambios sociales y económicos profundos, que proponía el programa de la Unidad Popular, que vieron afectados sus privilegios e intereses, no aceptaron la decisión soberana expresada democráticamente por el pueblo en las urnas de votación, organizando la conspiración, las campañas de terror y odio que terminaron con el golpe de estado. Tal como lo están haciendo hoy, estos sectores políticos, económicos y empresariales, principalmente a través de El Mercurio y en campañas en el extranjero, decían que Chile iba hacia el comunismo, que el gobierno de Allende estaba poniendo en riesgo la democracia y la libertad de los chilenos y chilenas.

En la práctica esa supuesta “amenaza totalitaria y comunista” fue el programa de la Unidad Popular, el que, en líneas generales, transformaba el empleo en un derecho de los trabajadores y trabajadoras, reafirmaba el derecho a la sindicalización y a la huelga, el derecho a la educación y a la cultura. El derecho de los trabajadores y trabajadoras a participar de los órganos de dirección en las instituciones de previsión y de seguridad social, así como, en las empresas del sector público, en los consejos directivos.

Allende planteo al pais todo esto y de manera trasparente y por eso fue elegido para gobernar, ubicando en el centro de su programa la construcción de la nueva economía, para terminar con el poder del capital monopolista nacional y extranjero y del latifundio, proponiendo un área estatal fuerte, manteniendo un área mixta y un área privada, una transformación que se inició con la nacionalización de las riquezas básicas, la gran minería del cobre, hierro y otras, integrando este sector de actividades nacionalizadas el sistema financiero, la banca privada y en general, aquellas actividades que condicionaban el desarrollo económico y social del país.[1]

Cuarenta y ocho años después de haber vivido estos procesos, reaparecen los mismos discursos, promovidos esta vez, por quienes se resisten al agotamiento de un modelo económico neoliberal instalado a balazos por la dictadura en 1973 y respaldado por una constitución ilegitima. Un modelo económico y de país que en estas cuatro décadas les permitió a unos pocos acumular y concentrar, para su beneficio, la riqueza de todo el pais, hoy día el 33% de la riqueza está concentrada en el 1% más rico de la población, mientras el 50% de los hogares de menores ingresos solo tiene acceso al 2,1% de la riqueza neta [2].

Son estos sectores económicos y las elites políticas que les representan, quienes oponen la férrea decisión y disposición a mantener el “statu quo”, a proteger el modelo económico de las desigualdades estructurales, el que facilita su existencia y legitima el sistema de dominación. Un modelo económico que se reduce para la mayoría de chilenos y chilenas a un “sálvese quien pueda y rásquese con sus propias uñas”, que se alimenta de las desigualdades que genera, del abuso y de la corrupción.

Pero Chile necesita y exige cambios, así lo expresaron los chilenos y chilenas en las manifestaciones multitudinarias de octubre de 2019, un proceso de rebelión social que le abrió paso a la Convención Constitucional cuyo mandato popular es el diseño de una nueva constitución para Chile. Un proceso de rebeldía liderado por una joven generación de chilenos y chilenas que de manera continua reclamaban por las injusticias y los abusos del sistema, por derechos sociales y económicos, por un educación de calidad y gratuita, por los derechos de la mujer cuyo rol es determinante en el nuevo chile por construir. [3] 

En este contexto político y social adherimos y apoyamos el programa que representa el candidato Gabriel Boric, porque es un programa de gobierno que se identifica y asume el desafío de ejecutar las transformaciones que ha exigido el pueblo en las calles, cuyo énfasis principal es la superación del modelo económico neoliberal.

A diferencia de la derecha, la que rechazó el mandato popular y democrático para diseñar una nueva constitución, el gobierno de Gabriel Boric garantiza que la nueva carta magna se implemente, porque los ejes centrales de su programa coinciden con que los derechos humanos y los derechos de las personas son su columna vertebral. Así como la propuesta de un nuevo Estado social garante de los derechos ciudadanos, lo que es una condición imprescindible hoy, para llevar a Chile a nuevas formas de producción que den cuenta de los avances de la innovación y la ciencia y garanticen el desarrollo sostenible, para resolver las desigualdades estructurales socioeconómicas, territoriales, el abuso del medio ambiente.

Son estos cambios profundos, imprescindibles para el desarrollo futuro y sostenible de Chile en los próximos años, los que provocan la ira de la derecha y de las elites económicas y políticas que han profitado de la desigualdad, el abuso y la corrupción, cambios que al igual que hace 41 años son tergiversados, polarizando al país e intentando poner la falsa disyuntiva de “si votas por la derecha votas por la tranquilidad la paz y el desarrollo de Chile. Si votas por la izquierda votas por el comunismos, la violencia, la anarquía y el caos”.

Quienes nos opusimos valientemente al golpe de Estado en 1973, en las FFAA. no queremos que la historia se repita, con un gobierno autoritario de ultraderecha que promete seguir los mismos pasos de la dictadura y del terrorismo de estado, tal cual lo dice su programa, creando una «Coordinación Internacional Anti Radicales de Izquierda» para que los gobiernos de América Latina trabajen de manera conjunta a fin de «identificar, detener y juzgar agitadores radicalizados».

No queremos la reedición del enemigo interno, concepto aun vigente en nuestras FFAA. y carabineros, el que significa imponer el uso de la fuerza militar para defender intereses de los poderosos, así como, naturalizar la odiosidad, la persecución de trabajadores y trabajadoras, de intelectuales, de estudiantes, de campesinos, de hombres y mujeres comprometido y comprometidas con un cambio social, por un país más justo y soberano.

La ultraderecha sabe que no llegara al gobierno, sabe que la mayoría del pais no está dispuesto a repetir épocas de violencia y odio de clases, en las que a nombre del anticomunismo y del orden, se violaron impunemente el derecho de las personas, el derecho a la vida y sabe, que el modelo económico que diseñaron durante la dictadura ya no es viable, que es rechazado por la mayoría de chilenos y chilenas, por lo que su objetivo hoy, es acumular fuerzas para obstaculizar un futuro gobierno de Gabriel Boric, e impedir, que el anhelo de la mayoría de chilenos y chilenas, de tener una nueva constitución se cumpla.

Por todo esto, sentimos como un deber moral y ético el manifestar nuestro apoyo al futuro gobierno de Gabriel Boric, porque el objetivo más importante hoy es unirse, más allá de legitimas diferencias, para concentrar fuerzas que permitan derrotar a un ultraderechista que representa la perdida de derechos logrados en los últimos años y pone en riesgo la implementación de la nueva constitución.

Lo que está en juego hoy son los cambios que Chile requiere vs. la amenaza que se cierne sobre todos nosotros y nosotras, que es el retorno del autoritarismo modernizado con el candidato admirador de Bolsonaro y de Pinochet.

Por la memoria de todos los hombres y mujeres, héroes y heroínas que perdieron su vida en la larga lucha por la libertad y la democracia en nuestro pais, entre ellos militares patriotas que fueron asesinados por negarse a participar del golpe de estado y en la represión a su propio pueblo, NO TENEMOS DERECHO A OLVIDAR ni a olvidarles

Por el contrario, debemos reivindicar su memoria y ejemplo, la imagen bondadosa de estos patriotas, hombres y mujeres, comprometidos y comprometidas con el sueño largo y aún inconcluso, que hoy la ultraderecha pretende neutralizar, de construir un pais más justo, inclusivo, que le brinde el máximo de felicidad e iguales oportunidades a sus ciudadanos y ciudadanas.

 

Militares Patriotas que nos opusimos y nos negamos a participar en el golpe de Estado de 1973

 

Enrique Villanueva M

Jaime Donoso P

Eduardo Gonzales B

Sergio Avila G

Eduardo Soto K

Jose Carrasco O

Ivar Rojas R

Rene Oliva Q

Osvaldo Cortez P

Edgardo Oñate

Jaime Contreras

 

 

 


[1] tales como la producción y distribución de energía eléctrica; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados, incluido el gas licuado; la siderurgia, el cemento, la petroquímica y química pesada, la celulosa, el papel. Parte importante de este proceso fue la Profundización y extensión de la Reforma Agraria, de manera simultánea con las transformaciones generales que se promovieron en la estructura social, política y económica del país, para terminar con el abuso del latifundio al campesino, agregando la defensa de la integridad de las comunidades indígenas, amenazadas por la usurpación, asegurando al pueblo mapuche y demás etnias las tierras suficientes, asistencia técnica y crediticia apropiadas. 

 

[2] Cuatro familias (Luksic, Angelini, Matte y Piñera) controlan el 47% de los activos de las empresas que cotizan en la Bolsa de Comercio de Santiago. Andrónico Luksic, Anacleto Angelini, Eleodoro Matte y el actual Presidente Sebastián Piñera representaban en conjunto el 9,16% del PIB en 2004 y el 12,49% del PIB en 2008. (Hacia un crecimiento inclusivo: Propuestas de política económica", editado por el economista Luis Eduardo Escobar)

[3] El Mochilazo (2001), la Revolución de los Pingüinos (2006), la Marcha de los Paraguas (2011); Niunamenos (2016); la Ola Feminista o Mayo feminista (2018). Son algunas de las movilizaciones, acompañadas por agrupaciones y organizaciones ligadas con la equidad de género, Derechos sexuales y derechos reproductivos, Diversidad Sexual e Identidad de Género, Cultura, Protección del medioambiente y la biodiversidad, derechos humanos y reivindicación de los derechos indígenas y de etnias olvidadas,


BORIC Y EL PLAN B

Estamos fritos.

Otra vez obligados a votar por un candidato presidencial que no representa nuestras esperanzas de ruptura con el neoliberalismo. Sin embargo, entre Kast, ultra derechista, y Boric socialdemócrata, no podemos equivocarnos. El 19 de diciembre votaremos para mantener a raya al fascismo y permitir que la Convención Constitucional proclame la nueva República.

Las izquierdas liberal y reformista consiguieron reagruparse en torno a la coalición Apruebo Dignidad. La Nueva Mayoría de los años 2014-18 renace con un nuevo socio: el Frente Amplio. La derecha a su vez ha rescatado de las cenizas al Chile Vamos piñerista, ahora bajo la batuta de Kast y su Partido Republicano. La izquierda revolucionaria, entretanto, vaga como alma en pena enredada en inútiles polémicas destinadas a fantasmales auditorios. La institucionalidad de la dictadura, entretanto, carcomida por la corrupción, permanece en pie debido a la ausencia de alternativa.

Por ahora no es posible hacer otra cosa que votar por Gabriel Boric. La abstención, el voto blanco o nulo no son escapatoria válida para la conciencia de los demócratas. Favorecen a Kast cuyas huestes llevaron el 2017 a Sebastián Piñera (y sus tres mil millones de dólares) por segunda vez a la Presidencia de la República con 36,64% de los votos. El peligro inmanente es que se repita el fenómeno y Kast gane con un porcentaje mínimo de votos y elevada abstención. La segunda vuelta (o balotage) es una elección distinta: se miden dos candidatos cuyos programas y discursos han sufrido mutaciones. La pesca de votos y el cambio de imagen está en pleno proceso haciendo oscilar la báscula de las encuestas.

La abstención es la gran amenaza al propósito de detener al fascismo encarnado por Kast. En la primera vuelta (21 de noviembre) votaron 7 millones 115 mil, o sea 47,34% de un padrón electoral de más de 15 millones. Kast ganó en 10 regiones, Boric en 4, Provoste en 1 y Parisi en 1. La victoria de este último en Antofagasta fue la gran “sorpresa” porque es una región simbólica del proletariado chileno. Cuna del movimiento obrero, de sus partidos y sindicatos, “Antofagasta hace mucho tiempo que dejó de ser sociedad, hoy es solo mercado”, afirma un sociólogo. Además advierte el apoliticismo y sentimiento anti inmigrantes que caracteriza a la región minera (1).

Se trata de un fenómeno de reversión socio-cultural que abarca todo el país. El modelo neoliberal ha utilizado las técnicas del marketing para lavar el cerebro de la población. El consumismo es la forma moderna de cohecho que permite al capitalismo regular la democracia. En Chile hay miseria y salarios de hambre. Más de 81 mil familias viven en 969 campamentos que carecen de servicios básicos como agua potable y alcantarillado. Hay un millón de cesantes y más de 600 mil jóvenes no estudian ni trabajan. La droga alcanza todas las esferas de la sociedad y domina territorios poblacionales incluyendo autoridades municipales, policiales y judiciales. La delincuencia es un azote que siembra el miedo azuzado por la TV que de la crónica roja hace el material central de sus informativos de mayor sintonía. Somos obedientes esclavos de 30 millones de celulares, 6 millones de automóviles e infinidad de electrodomésticos gracias al crédito. El primer trimestre de este año marca ventas récords de autos 0 kilómetros. Las campañas

on line de las grandes tiendas en los Black Friday, Red Days, Cyber Monday, Halloween, etc., guían el comportamiento de este enorme bazar en que se ha convertido Chile. Centenares de miles de vendedores ambulantes inundan calles y plazas. Es el oficio de los miserables al servicio de mafias que controlan calles y veredas. Se han desatado las compras de Navidad y los planes de veraneo en Brasil y Punta Cana -pagados en cómodas cuotas mensuales- que relegan a segundo y tercer plano las elecciones del 19 de diciembre. Los retiros de fondos previsionales y los bonos del Estado -Ingreso Familiar de Emergencia (IFE)- han inyectado miles de millones de dólares al consumo, reactivando el aparato productivo y comercial. El año cerrará con un aumento del PIB de más de 3 mil millones de dólares.

La adicción al consumo produce despolitización y una abstención electoral superior al 50%. Pone de manifiesto la abulia de partidos políticos y organizaciones sociales de superestructuras burocráticas que han abandonado el trabajo de organización y formación política en la base social. La política está reducida al parlamentarismo y a las rencillas de menor monta en espacios mediáticos. Simulacros de batallas, carentes de contenido de clase y que no conducen a ninguna parte.

Este escenario de la próxima elección presidencial plantea una difícil definición. No será fácil alcanzar el triunfo de Boric y su desteñido programa, salvo un sorprendente despertar ante el peligro fascista. La situación plantea la necesidad de un Plan B que debería contemplar dos variables:

a) Organizarnos para enfrentar un eventual gobierno de Kast en defensa de los derechos humanos y sociales; y

b) Organizarnos para construir de una alternativa popular durante el gobierno de Boric.

Apoyar en lo inmediato a la Convención Constitucional y abrir con la nueva Constitución una salida democrática y popular a la crisis institucional. La bancarrota de las instituciones civiles y militares se acentuará en un gobierno de Apruebo Dignidad y sus aliados, acosado por la derecha ahora liderada por el fascismo y enfrentada a las contradicciones entre izquierdistas liberales e izquierdistas reformistas.

MANUEL CABIESES DONOSO

1 de diciembre, 2021


El 9 de Termidor de la izquierda chilena. Por Marcelo Valenzuela Cáceres

El 9 de Termidor del Año corresponde al 27 de julio de 1794 de acuerdo al calendario que se impuso durante la Revolución francesa. En aquella jornada se desarrolló la caída del gobierno de Robespierre que puso fin a la fase jacobina (izquierda) de la revolución, dando paso al control político de los republicanos conservadores, llamados precisamente termidorianos.

La izquierda-jacobina de la Convención que era el parlamento francés de aquel entonces se hizo con el gobierno a finales de 1792 para hacer frente a la invasión que sufría Francia por la Primera Coalición (Prusia, Austria, Inglaterra y España) y al estallido de rebeliones «contrarrevolucionarias» en el interior del país.

En marzo y abril de 1794 fueron eliminadas sucesivamente las dos facciones que amenazaban al gobierno jacobino: la «ultra revolucionaria» fue eliminada en marzo y la contrarrevolucionaria en abril. Robespierre y sus partidarios imbuidos en su lógica política continuaron administrando con mano de hierro el gobierno debido a la guerra externa e interna que sufría la frágil I República francesa.

Sin embargo, el gobierno de Robespierre y sus partidarios era débil y su defenestración fue por el exceso de su purismo moralista, acusando constantemente a sus opositores políticos de contrarrevolucionarios (amarillos) en seguir al pie de la letra los dictados de los textos de Jean-Jacques Rousseau (sobre-intelectualización) y la exigencia a los políticos de una moral revolucionaria casi al límite religioso (confusión de la moral y la política).

El 26 de julio Robespierre habló en la Convención y con un tono moralizante y juzgador imputó de manera vaga a los enemigos de la República, las reservas morales de la revolución y anunció una nueva lista de traidores a la patria para llevarlos al Tribunal Revolucionario. Al día siguiente, 27 de julio (9 de Termidor), Louis Saint-Just subió a la tribuna de la Convención y leyó un informe, pero solo consiguió leer el primer párrafo porque fue interrumpido por un miembro del gobierno argumentando que su discurso iba a dividir aún más a este.

Posteriormente habló Jacques Billaud-Varenne quien acusó a Robespierre de degradar la Convención y de haber sido demasiado indulgente con los contrarrevolucionarios. Pero cuando Robespierre se dirigió a la tribuna para defenderse de las acusaciones se oyeron gritos de ¡Abajo el tirano! y no le dejaron pronunciar su réplica. La hechos se desencadenaron rápidamente, Robespierre y sus partidarios, fueron excluidos de la Convención, se refugiaron en el Ayuntamiento de París y fueron arrestados en la noche por el ejército enviado por la Convención, declarados fuera de la ley y guillotinado al día siguiente.

El 9 de termidor es reconocido por la historiografía de la Revolución francesa como el Golpe de Estado que provocó la caída de los jacobinos y la instalación de un grupo moderado-conservador en la República hasta 1799 y que fueron destituidos por Napoleón Bonaparte.

¿Qué podemos aprender de la caída de la izquierda en un periodo y tiempo completamente diferente a nosotros? La historia no se repite exactamente pero en ocasiones rima con alguna intensidad. Nuestra premisa es que las elecciones chilenas del 21 de noviembre de 2021 fueron el 9 Termidor para la izquierda chilena por diversos motivos:

Los puros. Los maximalismos son válidos cuando se tienen mayorías sociales y electorales variable que hoy no es el caso. En la política democrática las transformaciones se alcanzan con negociaciones, lobby y convencer a los adversarios. El maximalismo y el purismo ideológico puede ser una condición para los intelectuales orgánicos, la pastoral de parroquia y el culto evangélico pero no para los políticos que desean ganar elecciones. Los postulados maximalistas que enarbolaron los jacobinos franceses en sus declaraciones en el parlamento, en los clubs políticos y una política represiva que eliminó a las personas que no eran suficientemente revolucionarios, provocó el fin del predominio de la izquierda.

En el caso chileno, cierta izquierda debe terminar con esa constante exigencia de pureza ideológica que pide a otros sectores de izquierda ( progresista, liberal y socialdemócrata) y abjuración de cualquier idea que dañe su doctrina sobre-intelectualizada. Es más, los republicanos conservadores de 1794 valoraban la labor de Robespierre en la gestión de la guerra exterior que sufría Francia, pero la declaración de constantes listas de traidores que eran enjuiciados y condenados a muerte fue lo que desencadenó provocó su defenestración.

El Frente Amplio(FA) debe moderar esos certificados de pureza política y radicalidad en la lucha política, porque provoca desafección en los sectores moderados (centroizquierda). Para gestionar con eficacia un acuerdo político o ganar una elección se requiere sumar voluntades y no cumplir con una cartilla del “buen izquierdista”. Algunos sectores del FA confunden la política con la moral y eso se expresa en una izquierda que constantemente se encuentra clasificando a sus militantes en rojos y amarillos. Después del 21 de noviembre esa solicitud de pureza es una pérdida de tiempo, porque el color predominante de Chile en aquella jornada electoral fue el el azul del Partido Republicano (PR).

El cansancio de la “eterna revolución” o “el eterno estallido”. Los parlamentarios franceses de la época se encontraron agotados por las guerras externas e internas. Sumado a los anterior, las eternas movilizaciones de los clubs políticos y del Ayuntamiento de París. En el caso chileno ocurrió algo similar. Las personas que fueron a votar y que le dieron la mayoría relativa al candidato de la extrema derecha expresaron un agotamiento al Estallido Social y la constante movilización política que surgió en diferentes ciudades de Chile. Independiente de que mi percepción sea positiva a las movilizaciones sociales, un porcentaje importante de la población en Chile no esta de acuerdo con la “movilización permanente” y eso provocó un vuelco electoral a sectores políticos que alzan banderas de orden y seguridad policial .

Después de la revolución viene la contrarrevolución. La mejor enseñanza que nos deja el 9 de Termidor es que después de un proceso de movilización, agitación política y transformación viene la reacción conservadora. Creer que el 100% de las personas estarán de acuerdo con los cambios es una ingenuidad y una falacia que ofende a las probabilidades. Las personas sienten de maneras diferentes los cambios que se realizan o se prometen realizar. Por consiguiente, debemos considerar los miedos y las peticiones de los individuos que no votaron por un candidato de izquierda. Los termidorianos chilenos son contrarios a la movilización social como práctica y presentan tópicos de interés distintos a la izquierda: libertad económica, emprendimiento y seguridad pública.

Contar con las mayorías parlamentarias. En julio de 1794 Robespierre pierde la mayoría y los consensos parlamentarios que se beneficiaba por los conflictos internos y externos de aquel entonces. Las elecciones parlamentarias dejaron un parlamento fragmentado y con cierto predominio de la derecha. El futuro presidente no podrá desarrollar su programa de gobierno porque no cuentan con las mayorías para poder realizar los cambios exigidos en las movilizaciones y protestas. El giro conservador del electorado este 21 de noviembre obligará a privilegiar algunos tópicos del programa.

El repudio al líder. Robespierre hasta hoy simboliza los excesos de la revolución y es descrito por cierta historiografía como el autor intelectual del “Gran Terror”. Gabriel Boric es un buen líder, abierto y progresista de izquierda, sin embargo, cuenta con duros opositores que plantean una imagen terrorífica de su persona y aliados. Si ya existe un anti-kastismo también existe un anti-borismo. Sus opositores lo describen como una persona manipulada por el PC y se encuentra instalada la idea por los medios de comunicación que no maneja las cifras económicas. El tema en cuestión aquí no es identificar lo que es verdad o falsedad, sino comprender las percepciones que tienen las personas que no votan por el candidato de izquierda.

Los historiadores en general somos renuentes a homologar procesos históricos diferentes en búsqueda de similitudes. Sin embargo, el propósito que nos motiva en estas líneas es realizar una autocritica sobre lo que hemos vivido el 21 de noviembre pasado. El fracaso del FA al obtener el segundo lugar en la carrera presidencial deriva de una lectura errada de la sociedad y una pésima estrategia de transmitir su proyecto, debido a su inmadurez política.

El Estallido social no fue de izquierda ( tesis de Mirco Macari y Alberto Mayol) y el votante chileno privilegió en esta ocasión la seguridad pública y el orden policial. En esta coyuntura, sólo queda aprender del 9 de Termidor del año II y evitar los maximalismos discursivos, integrar a las personas que votaron por la ex Concertación y encauzar el movimiento social a la institucionalidad política (la Convención Constitucional chilena). Hemos sido críticos de los 30 años de la Concertación y el Piñerismo, sin embargo lo que se juega en esta elección del 19 de diciembre es defender los mínimos de una democracia: las libertades públicas, las pocas garantías sociales que existen, las diversidades sexuales y el feminismo. En definitiva, que en el caso que triunfe en las urnas el candidato de Apruebo Dignidad, este se debe transformar en el guardián y protector del proceso constituyente chileno y un muro de contención a las ideas de extrema derecha.


Los humanoides 2.0 por Luis Nitrihual Valdebenito

Para alguien que no es comunista y que mira con atención el panorama discursivo no puede dejar de sorprenderse por la penetración del discurso anticomunista en una parte importante de la élite de derecha. Imagino que también es así en una porción de la población, razón por la cual esta discursividad es tan frecuentemente utilizada. Se entiende que en una contienda tan reñida como la que estamos viviendo esto es un juego de posiciones y de “espanta cucos” de todos lados, pero escuchar a políticos como el recién electo rojo Edwards y tantos otros, es realmente alarmante.

Esta elección se encuentra claramente polarizada y nos retrotrae a los setenta. Escuchar el discurso del mismo Daniel Jadue, realizando explicaciones teóricas, sobre la base de un determinismo materialista y de clase que explicaría, supuestamente, la votación de Franco Parisi, es algo que debiera hacer pensar al propio alcalde y que podría explicar porqué no ganó la primaria. El mismo Marx se sorprendería de esto. Es de un simplismo absoluto. Pero claro, estas son cuestiones debatibles, las que al fin de cuentas los afectan a ellos mismos en sus posibilidades futuras. Lo más preocupante es el séquito pinochestista que rodea a José Antonio Kast. En mis tiempos de juventud me tocó compartir con personas que hablaban todo tipo de tonteras xenófobas, misóginas, machistas y violentas; eran tiempos de juventud y con un vino en la mano este panorama era bastante habitual. Cuando escucho a políticos como Edwards, Kaiser y tantos otros, me parece volver a esos tiempos. Es como si el tiempo no pasara por ellos. Es como si las luchas que han dado las minorías (algunas son mayorías numéricas) por ser reconocidas no hubieran ocurrido. Es como si las luchas por la igualdad femenina no sucedieron. Es como si en el espacio, ahora ya no del asado, sino el público, se pudiera decir cualquier tontera y esta debe ser respetada y hasta celebrada. Soy de los que piensa que no toda opinión es respetable. El ser humano es respetable en su individualidad, pero las opiniones no. Hay algunas que son sencillamente intolerables.

El intento de reescritura de la historia reciente por parte del pinochestismo, debiera preocupar a todos los liberales, incluida la derecha más centrista, pues se encuentran alimentando a un monstruo que luego les devorará. Por esta razón es que Evopoli aceptó a regañadientes apoyar a Kast, pero sin participar en su gobierno. Están en lo correcto, pues es un partido que busca el centro político y trata de alejarse de la dictadura. En un fracasado gobierno de extrema derecha serán llevados por el torbellino. El crecimiento de este sector extremo da cuenta que, en las sociedades, bajo ciertas condiciones históricas, lo intolerable puede volverse hegemónico – cuestión que comentaremos y analizaremos en otros textos¬ pero que tiene que ver, en alguna medida, con el infantilismo triunfante de la centro izquierda luego del 18O.

Lo comunistas son los judíos de la derecha pinochetista. Entiéndase esto como aquellos que causan todos los males de la sociedad; que explican porqué estamos enfermos y antes, supuestamente, estábamos sanos; que explica sus propios tropiezos en la presencia de estos otros que son radicalmente malignos. Los humanoides del golpista José Toribio Merino. ¿Dado que son tan malos, no sería mejor exterminarlos? Termina preguntándose uno luego de escuchar tanto discurso de este tipo. El peligro del pensamiento fascista es justamente que, al situar a un sector específico como la causa de los males, lo que procede luego es su ilegalización y relegación. Así ha ocurrido en todo tipo de fascismos, de izquierda y de derecha.

Pero si los comunistas fueron más moderados que muchos socialistas durante la Unidad Popular. Ellos se mantuvieron firmes en no apoyar las arremetidas izquierdistas e infantiles de quienes abogaban por avanzar aún más en la toma de fábricas, terrenos, etc. Incluso comunistas como Orlando Millas disentían de la vía cubana y los foquismos. Pero si los comunistas gobernaron con Bachelet y no se acabó el mundo. A esta altura ya parece un peligroso “casa bobos” este espantapájaros. Más funesto me pareció leer el programa de Kast y comprobar que allí yace el espíritu persecutor del pinochetismo y eso está ocurriendo ahora mismo.


En busca de la Sensatez. Por Gloria Clavero Aranda. Quillota, noviembre 2021. (Pensar con criterio propio, es un bien escaso en estos días.GCA)

Aunque el pueblo de Chile decidió por mayoría, aprobar la redacción de una nueva constitución, que tenga en cuenta, principalmente, la Justicia y el Equilibrio como ejes centrales de las nuevas normas, que regirán los destinos de Chile, este hecho, no dejar de ser puesto en duda, y malinterpretado por los intereses de la Casta, que no quiere ningún cambio que perturbe sus manejos.

Lo preocupante es, que en el mismo momento en que fueron elegidas las mujeres y los hombres, que actualmente integran la Convención Constituyente, se desató una “guerra sucia”, provocada por intereses partidistas, minoritarios, pero con Poder Político y Económico, en contra de esa nueva institucionalidad, pasando por encima de la decisión democrática de la ciudadanía. Guerra que se ha mantenido, a pesar de que hoy, venciendo, no sin conflictos, todos los obstáculos, la Convención funciona, y la mayoría de convencionales, con todas las diversidades presentes, empezaron a redactar la nueva Ley de leyes, respetando las normas, que ellas y ellos se dieron, para poder trabajar, regulando tiempos, intervenciones, propuestas y todo lo que sea menester, para avanzar...incluso, desplazándose a regiones, para recibir opiniones y propuestas de las gentes que viven lejos de los centros del Poder Político…

A pesar del trabajo demostrado por la Convención, existe un claro y enconado maltrato hacia las y los convencionales, descargado específicamente en la persona de la Presidenta Elisa Loncon, mujer, y Mapuche. Aún así, desgraciadamente, el tema constitucional, está quedando tapado, por todo lo que ha suscitado la segunda vuelta de las presidenciales. El miedo, sentimiento normal en épocas de crisis sistémica, está siendo, vilmente manipulado por parte de seres humanos malintencionados. Individuos interesados en su propio peculio, seres mezquinos, que utilizan las redes tecnológicas, trasmitiendo noticias absolutamente falsas, con el solo propósito de hacer del miedo, una emoción paranoica, que acreciente la inseguridad de la población…

De esta manera, la nueva constitución, está siendo relegada al desinterés. Los Mas Media, junto a sus hermanos menores, las Redes tecnológicas, que les llevan la delantera, cambiaron, momentáneamente, de sujeto y objeto político, apartando las noticias de la Constituyente, aunque día a día, está presente, cumpliendo las funciones para las que el pueblo la eligió.

Hay demasiada información manejada por intereses económicos y políticos. Y los representantes de los partidos, de todos los colores, poco hacen para desmentir la estupidez, de unos pocos, que dañan más aún, la mínima credibilidad institucional, perdida, no solo en el interior de nuestro país, sino también fuera, en el resto del mundo, que nos ve, por la misma ventana por la que irrumpe la barbarie de quienes sienten peligrar sus prebendas… Se desinforma tecnológicamente por las redes, pero también por algunos medios clásicos, “servidores del Poder Económico”. La realidad contingente, está “actuando”, sin control, poniendo la “bipolaridad política”, donde solo existe una verdad comprobada: El 19 de diciembre, dos candidatos compiten por la presidencia de la República.

Gabriel Boric, un joven de 35 años, integrado en “Apruebo Dignidad”. Un muchacho con una vida parlamentaria corta, procedente del Movimiento Estudiantil, que aterra a las Elites…

José Antonio Kast, un hombre inserto en el “Frente Social Cristiano”, movimiento antiquísimo, con larga historia en la Europa de las dos guerras mundiales, aunque aquí, hoy, se esté “volviendo” a poner de moda. Un señor con gran experiencia política, aprendida durante la Dictadura de Pinochet…

Con esta concisa información, me pregunto; ¿Acaso, cada mujer, cada hombre, en este país, no deberíamos sacar nuestras propias conclusiones, intentando entender lo que está pasando, pensando por nosotras mismas, por nosotros mismos, sin dejarnos manipular…?

¿Acaso no conocemos “nada”, sobre la Verdad Histórica de este país? ¿Acaso no sabemos “nada”, de lo que pasó, hace 45 años? ¿O, las gentes más viejas, ya lo olvidaron…?

¿Es posible que en estas elecciones, las más importantes, desde los años 90, no sepamos a que nos estamos enfrentando?

¿O ya ni siquiera nos queda el derecho a votar, con propia consciencia, sin la intervención de los intereses políticos de los de siempre, aquellos que vienen de los días del terror de la peor Dictadura habida en este país…?

El lenguaje, se pervierte, y pierde su valor original, con el uso desmedido de ciertos términos. Palabras como democracias, política, libertad, inseguridad, “seguridad ciudadana”, “control”, Dios, patria, orden, familia, cada día se desgastan más, y se repiten, sin saber, ni menos entender que significan... La especie humana tiene solo padres omnipotentes. Patriarcas arrogantes y prepotentes, que se han erigido en jueces y verdugos, que apartan, expulsan, torturan, incluso matan sin piedad, en algunos lugares del mundo, a quienes osan criticarles, o a quienes se atreven a plantarles cara, buscando justicia y equilibrio.

Hace demasiado tiempo que en Chile, el padre, patriarca empresarial, concentra y acumula capital, destruyendo todo a su paso… sin respetar los DDHH de la mayoría, extrayendo las riquezas naturales de la tierra, sin importarle la vida de las gentes sencillas, ni la vida de los seres de la naturaleza, que permiten la Existencia Humana… Hoy, en Chile, la prepotencia del padre padrone, el patriarca Patrón de Fundo, destruye los bosques nativos, desforestándolos, incendiándolos, arrasándolos, para convertirlos en terrenos aptos para la construcción a gran escala. Las empresas forestales y las inmobiliarias, son industrias capitalistas que sustentan y alimentan los deseos del padre, igual que las empresas mineras, que además, procuran grandes ganancias a capitales extranjero…Nos falta la madre, la que nutre y cuida, la que protege y escucha. La madre que enseña a tener en cuenta y a respetar a los demás, porque es condición fundamental para que los demás te tengan en cuenta y te respeten.

Hoy el padre, es el Poder Patriarcal de unos pocos, llevado a su extremo: la Dominación.

Hoy, la madre que nos falta, a la mayoría, es la Sensatez.


Problemas del SERVEL: ineficiencia y parcialidad. Por Alex Ibarra Peña. Dr. en Estudios Americanos.

En nuestra América encontramos una serie de reclamos en torno a las instituciones del Estado que deben asegurar las condiciones democráticas en los comicios. La importancia del SERVEL es significativa para la legitimidad de un proceso electoral. Por esta razón, es necesario que este organismo sea independiente del gobierno de turno, pero también de los conocidos intentos intervencionistas de las garras imperialistas en nuestros países.

La única tarea de este organismo del Estado debe ser asegurar el derecho al voto y la transparencia del proceso en el cual se manifiesta el poder popular desde su intención política. El próximo proceso de elección es considerado como uno de los más relevantes de las últimas décadas. Ninguno de los candidatos se presentaron como representantes de los Partidos Políticos del duopolio de la transición, esos partidos derrotados ya han tomado sus posicionamientos sobre cuál candidato apoyarán.

En las elecciones recientes el SERVEL se vio desafiado por varias cuestiones polémicas. Por ejemplo, el escándalo de intervención política del Fiscal Nacional que extrañamente y con toda la parafernalia de los medios, haciendo espectáculo, procedía a allanamientos en sedes y domicilios de algunos candidatos. Este tipo de maniobras políticas sensacionalistas en los días que constitucionalmente no puede haber campaña política son novedosas y van enturbiando la legitimidad democrática del proceso.

Otra cuestión que se vio en algunos medios de prensa fue aquellas mesas escrutadoras que dejaban a varios ciudadanos sin la posibilidad de ejercer su voto. Este tipo de problemas también son nuevos y podemos ver en esto cierta vulnerabilidad relacionada a la eficiencia del Servicio Electoral. Este tipo de situaciones dejan en duda la competencia de las autoridades del organismo en cuanto a que este hecho es una falta grave, pero peligrosa para la legitimidad democrática del proceso.

Algo menos observado ha sido la falta de guía en las filas de los votantes. El contexto de pandemia causa una mayor demora en la espera dados los aforos que deben respetarse en los centros de votación. Dado este contexto la organización es fundamental. Para las elecciones de la Convención Constitucional los aforos eran más restringidos y las condiciones sanitarias más riesgosas, a pesar de eso el universo de votantes fue mayor, sin haber grandes problemas en la organización que aseguraron un funcionamiento eficiente. ¿Por qué el proceso fue menos eficiente ahora? Es difícil comprender este punto, votaron menos ciudadanos, las condiciones sanitarias han mejorado y ya había experiencia previa. Finalmente, también hubo denuncias sobre errores en el conteo de los votos, aunque esto fue bastante excepcional. Esto también es un grave problema que afecta la legitimidad.

Hasta aquí hemos dado una serie de datos que desde la ineficiencia atentan contra un importante proceso democrático. Las críticas no han sido tan severas y considero que no se ha debatido sobre las responsabilidades de las autoridades del SERVEL, cuestión importante para asegurar un proceso legítimo en el próximo balotaje.

También se debe observar que más allá de estas ineficiencias graves, el actual Director del SERVEL, Andrés Tagle no da garantías de parcialidad dada su reconocida militancia en la UDI, partido político de la ultra derecha chilena. Esto agudiza el problema en torno al aseguramiento de las condiciones democráticas y de la transparencia. Esta cuestión es producto de esos pactos binominales acordados por el duopolio político heredero de la ilegítima Constitución de Pinochet.

Hay que estar muy atentos a este proceso electoral tan significativo en nuestra historia, es importante que en las elecciones venideras podamos expresar con una alta participación el derecho a voto. El SERVEL tendrá que estar a la altura del proceso, al servicio de los ciudadanos ajeno al intervencionismo político conservador que intenta negar el anhelo por las transformaciones políticas que los ciudadanos podrían demandar en las elecciones venideras.


Segunda vuelta presidencial y un aumento eventual de la cantidad de votos. Por Max Oñate Brandstetter, Cientista Político

«En una sociedad económica y socialmente desigual, una igualdad políticamente perfecta no es posible, porque gente con recursos diferentes, tiene impacto e influencia política diferente y el mero hecho de tener derechos no es eficaz sin los recursos para ejercer esos derechos. Varios grupos de interés, compran políticas a través del financiamiento de partidos...»
Adam Przeworski

Durante el proceso electoral de 2017, pensé en la victoria inevitable de Alejandro Guillier, no porque Piñera fuera del sector de la derecha y ya había sido Presidente, sino por las cifras de la primera vuelta y la tradición electoral de las segundas vueltas -al parecer- hasta entonces.

Ricardo Lagos escobar fue el primer Presidente de la República de Chile en ganar en segunda vuelta -la más estrecha hasta ahora- contra Joaquín Lavín, inaugurando los procesos de segunda vuelta electoral presidencial en Chile, donde siempre descendieron los votantes en segunda vuelta. La baja en la participación en segundas vueltas presidenciales se explica porque en primera vuelta se define la composición del parlamento, como también, las dos primeras mayorías que disputarán la presidencia. Esto señala que a mayor trascendencia electoral, aumenta la participación, y a menor trascendencia, disminuye, incluso a niveles considerables.

Elecciones del 2017: Con un total de 6.703.748 votos, teniendo un 53,82% de abstención electoral: Las candidaturas de la derecha (Sebastián Piñera 2.418.540 y JAK 523.375), obtienen un total de 2.941.915 votos.

Las candidaturas de centro-izquierda (Alejandro Guillier 1.498.040, Beatriz Sánchez 1.338.037, Carolina Goic 387.784, MEO 376.871, Artés 33.665 y Alejandro Navarro 23.968) obtienen un total de 3.658.365. En este contexto, el triunfo de la derecha era muy difícil, porque la única forma de ganar la elección, era convocando voluntades por fuera de los votos emitidos, incrementando la participación electoral, contrario a toda la tradición electoral en segunda vuelta, donde la torta a repartir es más pequeña y se produce entre los «votantes de siempre», pero ¿qué ocurrió entonces?

Los votantes aumentaron de 6.703.748 votos, a 7.032.523, sumando un total de 328.775 extras, en relación a la primera vuelta, contradiciendo la tradición política electoral de Chile, lo que produjo los siguientes resultados:

Guillier obtuvo 3.159.902 votos, perdiendo 498.463 votos, reduciendo su propia cantidad de votos en segunda vuelta, aparentemente se enmarca en la misma dinámica de los procesos electorales. Piñera obtuvo 3.796.579 votos, aumentando 854.664 votos y ganando la elección presidencial. Puede haber sucedido que votos de otras candidaturas se pasaron a Piñera en vez de Guillier. Podría explicarse también que hay votantes de recambio, es decir; que se retiran determinados apoyos en primera vuelta y son reemplazados por otra camada de electores, que tienen la preferencia inversa, siendo una posibilidad existente en los mecanismos electorales de voto voluntario.

En el contexto del aumento en la participación electoral en la segunda vuelta, en la medida que aumentan los sufragios, la derecha es quien obtiene la mayoría.

Elecciones 2021: Con una participación de 7.115.590, equivalentes al 47% del padrón electoral (que aumentó a 15.030.973), la distribución de votos, se compuso de la siguiente manera: Las candidaturas de derecha (JAK 1.961.122 y Sichel 898.510) obtienen un total de 2.859.632 votos. Las candidaturas de centro-izquierda (Boric 1.814.809, Provoste 815.558, MEO 534.485 y Artés 103.181) obtienen un total de 3.268.033 votos. Parisi 899.403 La candidatura de Parisi la instalo por separado de las candidaturas de la derecha, por razones propias de la distribución de votos, porque (pensemos que es de ese modo) la fidelidad del domicilio político, provocará la fusión electoral de las candidaturas.

Lo primero que hay que señalar, es el aumento de ciertas candidaturas de la elección anterior; donde Artés aumentó en 69.516 votos, respecto del año 2017, acercándose a 2/3 el aumento de su capital electoral, MEO aumentó 157.614 votos, sin crecer tanto en su porcentaje, como el caso anterior y finalmente JAK, quien aumentó de 523.375 a 1.961.122 votos, aumentando en 1.437.747 su capital electoral. Parisi tiene varias virtudes electorales, y formando parte del «ni izquierda ni derecha» como marketing, le permite reunir votos, pero ahora está en la difícil posición de tomar decisiones claves en segunda vuelta.

Todos los candidatos derrotados han tomado un riel electoral determinado, menos Parisi. Suponemos acá, que de cierta manera los candidatos tienen pleno y total control de todos sus votos, como para traspasarlos de forma íntegra a sus candidatos afines. De este modo, Parisi, quien se convirtió en «tercera mayoría» es quien tiene un rol clave en el desempeño de las elecciones de segunda vuelta electoral, una importancia gravitante, a la hora de evaluar quién ganará la próxima presidencia.

Escenarios posibles: Parisi decide apoyar a Kast, traspasando sus votos, generando un total de 3.759.035 votos, siendo electo Kast en dicho escenario. Parisi decide apoyar a Boric en las mismas condiciones, generando un total de 4.167.436 votos, superando levemente a Frei Ruiz-Tagle, quien ha sido electo presidente, con la cifra más alta de toda la historia de Chile y sin segunda vuelta.

Si el PDG decide abstenerse (en un 100%) Gana Boric, si deciden dividirse mitad y mitad, gana Boric; todo eso pensando que se retorna a la tradición electoral de las segundas vueltas y disminuye (o mantiene en último caso) el número de sufragantes.

Antecedentes y una breve reflexión: Estamos en la primera elección donde pasan 2 candidaturas que no están adscritas a las coaliciones, anteriormente dominantes, del eje derecha-izquierda, producto del desgaste del «socialismo-liberal», las candidaturas se alzan por sobre “el centro político”.

En el caso de la derecha, el candidato de la segunda vuelta se desmarcó del presidente en ejercicio actual y del listado oficialista, del mismo modo en que la derecha se desmarcó de Pinochet, permitiéndose ganar la presidencia en dos oportunidades.

La derecha abandona al candidato oficialista, para apoyar al candidato republicano, sin respetar sus acuerdos electorales. La concertación pierde por tercera vez consecutiva la presidencia, aunque es primera vez que pierde en primera vuelta.

A pesar de que la prensa utiliza constantemente una campaña de “retorno al centrismo para obtener votos” (de ahí se desprende la “moderación” del lenguaje político en estos días), exhibiendo un clima “polarizado”, incitando a buscar los votos de centro, siendo que lo que importa es la captura (o eventual neutralización) de los votos de Parisi.

Si aumenta la participación electoral en segunda vuelta, debería realizarse sin que se retiren determinados apoyos en primera vuelta, que potencialmente podrían ser reemplazados por otra camada de electores, que tienen la preferencia inversa.

Es necesario observar el gasto electoral en segunda vuelta, pues tengo la sospecha (como investigador) de que aumentará de manera directamente proporcional con el gasto electoral de las partes involucradas, como ocurrió durante el 2017.

La estrategia de Boric debe situarse no en “capturar las voluntades de centro”, esos votos están semi-declarados por parte de aquellos partidos tradicionales, ni menos en romper una posible colaboración con los votantes del “octubrismo”, como les encanta señalar a la clase política, sino en retener a los que ya votaron por dicha campaña y absorver (o neutralizar) los votos de Parisi. Caso contrario, es no entender nada los mecanismos políticos, donde “atacar lo extremo” y amplificar la cantidad de votantes, podría cimentar el triunfo de Kast, porque se generan las condiciones propicias para ello.

A veces, golpear la tabla por el lado equivocado, nos puede terminar dañando. Si la democracia se debe parecer al mercado para ser estable –como señala Przeworski- entonces la democracia electoral se desenvuelve como la competencia entre privados. ¿Es posible que una pyme le gane a una gran empresa e incluso a una transnacional? NO, y no es descabellado pensar en el despliegue electoral de la derecha, en momentos de aumento en la participación, y no se puede vencer “con convicción e ideas” el flujo del libremercado monopolizado, en reglas empresariales de la política, para el empresario y donde el éxito individual-empresarial es compatible en dicha relación comercial de dominación.

No se puede derrotar a un adversario electoral incrementando electores, donde ellos toman la iniciativa y el control, pero es curioso que la identidad derechista (anti comunismo, pluralismo limitado, autoritarismo, compatible con ser “demócratas”) se presente a sí mismo como plural y tolerante.

La campaña electoral de ambos lados, se planteará arrinconando y acusando a la respectiva contraparte de “extremo y totalitario”, buscando los votos “de centro”, apelando al aumento en la participación electoral en segunda vuelta (antecedentes del fracaso de la centro-izquierda) pero se debe tener en cuenta, que lo verdaderamente gravitante es el capital electoral de Parisi y el PDG, que pueden jugar un rol bisagra en el poder legislativo.

Para concluír: Los adolescentes que saltaron el torniquete no pueden votar, pero abrieron el proceso constituyente (en términos generales) y la política en su contenido actual, pero si ganara Kast, no hay otra lectura: la sociedad adultocéntrica se encuentra diametralmente opuesta a los procesos políticos del conflicto vivido (y por vivir) en Chile.

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¿Restauración conservadora en tiempos constituyentes en Chile? Por Andrés Kogan Valderrama

El sorprendente triunfo en la primera vuelta presidencial del candidato de ultraderecha José Antonio Kast, por sobre el candidato Gabriel Boric, no solo pone en jaque la posibilidad de un futuro gobierno de corte transformador en Chile, sino que pone en riesgo el mismo proceso constituyente en curso en el país.

La verdad es que cuesta mucho entender lo que pasó en Chile aquel día, ya que veíamos el ascenso de la ultraderecha negacionista como una amenaza que no llegaría tan pronto, considerando todo lo que ha pasado en el país y el derrumbe del gobierno de Sebastián Piñera, luego de la revuelta social y la instalación de la Convención Constitucional.

Si bien el porcentaje de votos alcanzado por Kast no es muy alto (27, 91%), el problema mayor es lo poco que sacó el candidato de Apruebo Dignidad (25, 83), el cual obtuvo prácticamente lo mismo que sacó en primarias (sumado a los votos de Daniel Jadue), lo que refleja que su candidatura convocó muy por debajo de lo que se esperaba.

Las causas de la baja votación de Gabriel Boric son seguramente múltiples y responden a distintos factores internos y externos de la campaña, pero lo que está claro, es que para obtener un triunfo en segunda vuelta el próximo 19 de diciembre, tendrá que inevitablemente ceder mucho de su programa de gobierno antineoliberal y hacer alianzas con sectores de izquierda más conservadores, como es el caso de los partidos de la ex concertación.

Asimismo, pareciera que también tendrá que dar respuesta al discurso impulsado por Kast, centrado en el miedo y en el orden público, en donde la delincuencia, el narcotráfico y la falta de certeza económica, pareciera que serán los temas que instalarán los grandes medios de información para los próximos debates entre los dos candidatos.

De ahí que Boric, haya entendido que la seguridad sea un tema central para las próximas semanas, y que esté adaptando su discurso de campaña, lo que obviamente es un riesgo, ya que puede ser visto como algo no creíble a estas alturas, pudiendo ser incluso contraproducente.

Por lo mismo, el haber sumado a Eduardo Vergara, como encargado de seguridad en su comando, es un acierto, considerando que no bastará con que hable del tema, en la medida que no plantee un discurso que se diferencie de la ultraderecha, cuestionando así fuertemente el populismo penal y la guerra contra las drogas de Kast, y proponga una alternativa sin complejos desde la izquierda, que vaya mucho más allá de lo punitivo (1).

Lo mismo con respecto al ámbito económico, el cual debiera volcarse al chileno y chilena promedio, los cuales han sido abandonados por un Estado negligente y abusados por grandes sectores empresariales, haciendo que las familias vivan completamente bancarizadas, a través del crédito, mientras el Estado goza de grandes reservas en el extranjero.

Ante esto, sería interesante incorporar también en el comando al economista de la Fundación Sol, Marco Kremerman, quien mejor que nadie en el país, ha desmontado empíricamente el mito de la llamada clase media (2), la cual no es otra cosa que una construcción de las elites, que ha permitido instalar un discurso del esfuerzo individual, de la meritocracia y del emprendimiento.

No obstante, más allá de estas estrategias de campaña para la segunda vuelta, lo que más debiera preocuparnos, en el caso de ganar José Antonio Kast la presidencia, no es su gobierno propiamente tal, el cual estará limitado al no tener la mayoría en el congreso, sino en el uso de su cargo para hacer una campaña desde el ejecutivo contra la Convención Constitucional.

El candidato del Partido Republicano ya ha manifestado explícitamente que de ser presidente, y no estar de acuerdo con el texto constitucional que se escriba, lo que seguramente será así, levantará la bandera del rechazo para el plebiscito de salida del año 2022 (3), siendo su gobierno un mero instrumento para una restauración conservadora.

Un escenario así, de confrontación entre José Antonio Kast y la Convención Constitucional, no solo le haría un daño gigantesco a la democracia del país, sino que podría generar un clima de violencia política de alcances insospechados, trayendo consigo mucha sangre y una fractura total en el país.

En consecuencia, Kast de manera irresponsable estará usando su cargo de presidente para destruir la paz social que tanto dice defender, pasando por encima todo lo que se está intentando construir institucionalmente para el país, dejando en evidencia que más que el bien en Chile, está preocupado de mantener el orden autoritario, haciendo fracasar el proceso constituyente, para mantener a cualquier precio la constitución de 1980.

Frente a todo lo señalado, el triunfo de Gabriel Boric el próximo 19 de diciembre, es mucho más que el triunfo de un candidato en particular, del Pacto Apruebo Dignidad o de un sector político determinado. Tiene relación con cuidar la convivencia en el país y la defensa de un proceso inédito, que fue llevado por millones de chilenos, que creyeron que se podía hacer una constitución de manera distinta, después de más de 200 años de historia.

1:https://www.theclinic.cl/2021/11/22/columna-de-eduardo-vergara-seguridad-y-orden-las-llaves-para-entrar-a-la-moneda-y-gobernar/

2:https://www.youtube.com/watch?v=l9wNlf8O1-c&t=906s&ab_channel=HolaChileLaRed

3:https://www.youtube.com/watchv=lTCiEhrn6SE&ab_channel=Pol%C3%ADticaChile


LA CONQUISTA DEL CAMBIO, ALGO IMPRESCINDIBLE. Por Luis Osorio

24 de noviembre de 2021

Todo cambio es posible cuando se es consecuente del efecto sobre lo positivo de su implicancia, no se trata de algo fácil, sino que representa una acción trascendente de mucha entrega y responsabilidad. Si el cambio implica beneficios sustantivos para las personas, tiene el significado de una repercusión social importante, la distribución del vivir bien y seguro, en un país verídicamente amable. Hay lazos comunicantes entre seguridad y condición de vida, en que la existencia del 1% más rico no aporta, sino que es una situación provocadora inserta en la desigualdad. El cambio entendido como transformación, es parte de las ideas cuando lo que da motivo a llevarlo a la práctica no se ha hecho bien, es la modificación de lo inadecuado, lo otro se mantiene o se adapta a nuevas necesidades. El estallido social, no surge de la nada, es consecuencia de una elaboración y de una mala forma de hacer las cosas, ello no se puede eludir como cuota de responsabilidad y explicación de hechos. Al escuchar en múltiples ocasiones sobre una verdad no desmentida, representada por ser Chile uno de los países más desiguales, de manera natural se coexiste en una incubadora de un conflicto social, al cual no se le hizo caso y da lugar a un crecimiento del conflicto como un espiral, que mientras más se demore en aparecer, estalla más fuerte y tensiona más. El siglo XXI, no ha sido tan conflictivo, aparte de algunos desastres naturales, como para no haber actuado en forma oportuna con cambios como se expresa en algunos sectores, con gradualidad. Veinte y un años es un tiempo suficiente para la acción con gradualidad, y si no se aplicó ese concepto en los gobiernos, va la interrogante de sí se puede seguir esperando. El abandono o más aún la omisión de la justicia social, de manera inevitable pasa la cuenta. Más aún, si se va a las raíces y al momento en que surge el modelo imperante, y las estructuras fuertes que se instalan sin ser modificadas, ya que son parte de la sostenibilidad del poder económico. No olvidando, los medios utilizados por la derecha de una extrema violencia que fueron los cimientos de los últimos 48 años. Un ejercicio retrospectivo en los acontecimientos, justamente provoca descontento, da una sensación de rabia y una indefensión, frente a lo que podría representar el alcanzar una vida digna. Eso está en el ambiente como algo latente, que no ha sido superado, va más allá de un acto eleccionario, es romper una inercia, quebrar un ciclo y partir con otro. Si imaginamos una figura con cuatro esquinas, éstas aún se encuentran disociadas, no con una relación directa y ello es altamente decidor, tiene consecuencias de observar situaciones que eran totalmente predecibles. Hay un proceso necesario que aún no se ha iniciado, por tanto, no es de extrañar resultados electorales recientes.

En una esquina, se encuentra el 18 de octubre de 2019, con demandas que no han sido atendidas; otra esquina tiene componentes de una crisis: mal gobierno, desconfianzas, negocios ostentosos del gobernante y agudización de problemas sociales en momentos de pandemia; la esquina del proceso constituyente, avanza pero tiene un alto grado de dependencia con el futuro aún no resuelto; finalmente la esquina que está instalada en el corto plazo, es el proceso eleccionario, que es parte de un ciclo anterior, dentro del cual la construcción del pasado en el cual todavía estamos insertos, obstaculizan mirar el punto de inflexión hacia un futuro transformador. Tampoco se abordó a tiempo, la baja participación en los procesos eleccionarios, por ese lado se propaga una visión de conveniencia de arrastre para apoderarse y perpetuarse en cargos de representación. De manera objetiva, la explosión social no proviene de ese mundo que de alguna forma cumple con la acción de ir a votar y estar ligado, a lo menos a través del sufragio con lo político. El mundo político, pero no en su totalidad, con el estallido social expresado en las grandes alamedas de cada ciudad, reacciona no de inmediato, sino que se acomoda y toma posición conforme a una coyuntura de esos días. Fueron meses, desde el último trimestre de 2019, muy movidos. El descubrimiento de lo que no se veía o no se quería ver, aparecía en todos los matinales; sucesivos intentos para rendir la PSU; una temporada estival inusualmente con harto movimiento y sólo la pandemia, inyecta una pausa relativa. Además, hubo diálogos en espacios públicos, que permitían avizorar nuevos augurios, pero faltó más. Pudiendo ser muy importante el proceso constituyente, en su manifestación actual y esperanzas que se generan por ese lado, es claro que surge de una acción de salvataje a Piñera. Dejando de lado esa visión objetiva, ya es una instancia que se ha ido validando con un reconocimiento, de transformaciones que pueden determinar un proceso de cambio, pero no inmediato y se sitúa en un largo plazo. Pero es un terreno en pleno desarrollo. Son otras las acciones que están más a la vista, las que deben ser entendidas, y relacionadas con la suma de leyendas contenidas en esos carteles y peticiones que aparecían en los muros, las que siguen en su estado de pendientes y/o postergadas por un plazo no menor. Naturalmente, a algunos les produce frustración y al no ver resultados, que podrían ser ínfimos en un gobierno de derecha, se instala la sensación de que nada se consiguió, la carga de los 30 años ha sumado dos más. La educación cívica, es deficitaria y las desconfianzas son crecientes, persiste una baja votación, según eso lo más probable es que parte de esos sectores sean más radicalizados en sus protestas, se pone en tela de juicio la motivación de ser parte de una sociedad, que se ha formado en una vertiente de un gran individualismo, constitutivo como eje que sustenta el modelo. La violencia que de todos modos sale a la palestra en estos tiempos, sin justificarla hay que entenderla. La peor es la que se encuentra categorizada como violencia de Estado, que es de gran magnitud y le resuelve los intereses e intenciones a un sector político, dando paso a un modelo neoliberal. Es la violencia con recursos públicos y la competencia de la institucionalidad armada, que interviene en lo político, generando un impacto profundo y negativo que se expanden hasta el presente. Cómo la derecha interpretara el asesinato de dos comandantes en jefe del Ejército; de Orlando Letelier en Estados Unidos; lo que quedó instalado en las muertes del Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda y del presidente de la república Eduardo Frei Montalva. Cómo la derecha interpretará la muerte de tantos otros chilenos durante la dictadura. Cómo entienden el ejercicio de la violencia y la destrucción del Palacio de la Moneda, con uso de aviones de la Fuerza Aérea de Chile A reglón seguido, luego de los hechos descritos tendrán el discernimiento de que la forma de vida que tenemos causadas por un modelo económico, son fruto de la violencia extrema, o es que acaso omiten. Se trata del medio para la imposición del poder y que abre un hito no resuelto, para ellos un método válido en resguardo de sus intereses. Otra vertiente, es la delincuencia y los saqueos como fenómeno social, de cuando un país no llega de manera oportuna a evitar que seres que nacen, finalmente lleguen a ese tipo de acciones, no políticas sino determinadas por carencias y trayectorias de vida no deseadas. La operación del narcotráfico, va por otro canal, una violencia desatada amparada por el poder del negocio. Son tres ámbitos diferentes, dos de las cuales están arraigados en situaciones de carácter nacional y en el no haber aceptado, que los historiales de violencia no se olvidan respecto al lugar de donde provienen y las extendidas consecuencias. Al parecer la derecha, cree que es una materia exclusiva bajo su tutela y libre disponibilidad. Pero es necesario dar un giro en 180 grados de una vez, que van hacia el sano cambio estructural en aspectos trascendentes, la posibilidad de recuperar confianzas, recién puede empezar, no había ninguna señal que permitiese vislumbrar en el período más reciente, cambios sustanciales. Se trata de invitar, a construir algo diferente. La desigualdad, la injusticia, la mala educación, la mala salud, etc. son construidas e intencionadas, y sus espacios opuestos también deben ser materias de construcción. Si algo es malo, hay que reestructurarlo en forma profunda; lo que no es tan malo, tiene opciones de mejoras; y lo que es bueno, determina la acción de mantenerlo. Con la premisa fundamental del beneficio de mayorías. Hay que otorgar un gran espacio de creatividad y colaboración para vivir bien. Es el punto de inflexión esperado, que redirecciona 48 años de historia. Conservando conquistas que pueden haber sido mínimas, en relación a la reformulación de las grandes estructuras. Se debe relevar el significado de futuro impregnado por la juventud, a ellos les pertenece, las lecciones provenientes de los menos jóvenes que se deben enseñar, van por el lado de cómo no se deben hacer las cosas y propagando lecciones de responsabilidad. Si podemos exhibir una desigualdad mayúscula, ello no es motivo de orgullo, es resultado de actitudes y formas desafortunadas de conceptos de sociedad de los gobernantes de un pasado actual y reciente. La partida debe ser altamente comprensiva de ese elemento que muchas veces portan los más jóvenes, me refiero a la mochila, y en esta ocasión es la que se ha impuesto por 32 años de un hacer mal las cosas, algo hay de rescatable pero muy poco, las fallas estructurales pesan más. La actitud debe ir por el lado que no sólo se debe plantear problemas, sino soluciones, con la premisa que habitamos el mismo territorio. Las expresiones de la vieja política deben quedar de lado, cuando hay una actitud de casi pasar la cuenta por segundas vueltas anteriores, mucho peor es haber formado una coalición de gobierno, y a medio camino llevar candidata propia, manteniéndose en forma inmóvil en cargos de gobierno, eso es un problema de gobernabilidad, lealtad y de dar paso a la derecha. La interpretación diferente, es signo que alimenta el descredito de la política y la extinción de partidos. Hay que reconocer que veníamos con muchas ataduras y en algún momento se tienen que romper, el trabajo que viene, es que aquellos que se sienten desencantados, se reencanten porque tenemos una oportunidad de darles motivos para que se vuelvan a contentar. Era un tiempo largo que los llevó a ese estado frente a la vida, ahora ya no sobran. A cada rato se abren ideas y se multiplican las esperanzas. Hay otros caminos inapropiados que son peligrosos. Las expectativas son grandes y se verán las bondades de los cambios dentro de un tiempo, la historia es así, estamos en un momento crucial que permitirá un país diferente. Hay mucho por descubrir y cada habitante, tiene una extensa geografía por recorrer. Aún estamos en el antes, y hay que saltar las vallas para llegar al después. Si alguien tiene una propuesta diferente en pro de la vida digna, es el momento que le vaya dando consistencia y sentido, echar a andar el pensamiento y proponer, las buenas ideas no se pueden desechar, pero es importante reconocer y aceptar las características del pasado, que permitan eliminar las malas practicas e incorporar las variables para un cambio de ciclo, un fin verdadero de la dictadura y un restablecimiento pleno de la democracia.


¿Kast o Boric? Entre la flexibilidad y la competencia o un nuevo modelo de relaciones laborales. Por Mauricio Muñoz (Sociólogo – Doctor en Ciencias Sociales)

La construcción de las sociedades pasa en gran medida por la forma en que se resuelve la organización del trabajo. La producción material y simbólica, así como los servicios, no se limita a los procesos estrictamente técnicos o económicos, sino que también se articula con el conjunto de interacciones, es decir, con las relaciones sociales de producción, que son un aspecto fundamental para tales procesos. Los candidatos a la presidencia, José Antonio Kast y Gabriel Boric, en sus programas de gobierno, tiene propuestas diferenciadas respecto al trabajo. Mientras el primero expresa un punto de vista contingente, enfatizando la necesidad de generar mayores niveles de “flexibilidad laboral” y “pago por productividad”, el segundo, con una mirada más amplia, plantea lo que se podría considerar un nuevo pacto sociolaboral, en base a la idea de “trabajo decente”. Así, Kast propone “modernizar” el Código del Trabajo para introducir la libertad de horario, el trabajo por hora y el teletrabajo; políticas para aumentar el empleo juvenil y femenino, subsidiando cotizaciones (pensiones); postergar el retiro de los mayores de 60 años; establecer en los contratos de trabajo indemnización a todo evento y promover modelos de gestión orientados a valorar el rendimiento por objetivos. El candidato pone énfasis en una flexibilidad unilateral o pactada en los contratos de trabajo, es decir, individualmente. Acota el incentivo de incorporación de jóvenes y mujeres a bonos de cotizaciones previsionales. Promueve la competencia al interior de los trabajadores. Este tipo de iniciativas tienden a precarizar las condiciones de trabajo, cuestión que redunda en menores niveles de productividad para las empresas, informalidad de los mercados laborales y pauperización de las condiciones de vida de las personas. Por otra parte, en su programa de gobierno, Boric propone incentivar la participación de los trabajadores en la sociedad y en la economía, mediante la ampliación de la cobertura de la negociación colectiva y el dialogo social; disminuir la jornada laboral a 40 horas semanales; revisar la normativa referentes al término de la relación laboral y la subcontratación; igualar las condiciones de empleo de hombres y mujeres; aumentar el salario mínimo, normar las gratificaciones y terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres Aunque hay varias cuestiones a revisar, como lo son la negociación colectiva ramal, que omite las particularidades territoriales y productivas, así como las bajas tasas de sindicalización; la aplicación efectiva -más allá de los empleados públicos- de la disminución de la jornada de trabajo; y la relativización respecto del subcontrato como forma de flexibilidad externa, discriminatoria y precarizante; consideramos que, las dimensiones planteadas por Boric, avanzan efectivamente en proyectar ciertos elementos que permitirían mejorar las condiciones laborales y productivas. No obstante, en ambos casos, hace falta territorializar las propuestas laborales. Es decir, adaptarlas según las realizades zonales o regionales del país. Al mismo tiempo, es necesario considerar realidades disimiles de las iniciativas empresariales, tanto en su tamaño (grande, mediana, pequeña o microempresa), como en su grado de formalización, tipo de negocio, procesos y productos. Si bien hay cuestiones estructurales o generales, en el país existen realidades económicas, culturales y laborales heterogéneas a considerar.


Elecciones en Chile: Peligros y desafíos para las Ciencias Sociales. Por Francisco Ramírez Varela

Luego de un proceso eleccionario general en Chile nos vemos enfrentados a una segunda vuelta electoral que enfrenta dos posiciones políticas, que difieren no solamente en la forma de ver la gobernanza política, sino que también en cómo entender la sociedad y las problemáticas sociales de la misma. Al mismo tiempo también difieren fuertemente en cómo enfrentan lo relacionado con la educación y, sobre todo, con el abordaje de la visión de la ciencia y en especial de las ciencias sociales. Es importante por ello, hacer un análisis de las diferentes propuestas, que no solamente representan las voluntades políticas de los candidatos, sino también reflejan su posicionamiento ante las ciencias sociales y el devenir científico.

Por un lado, nos encontramos al candidato de la extrema derecha, quien dentro de su programa y su discurso político refleja un distanciamiento de las propuestas alternativas y reformadoras de la educación, con énfasis en una visión de la ciencia sesgada y conservadora. Podemos notar dentro de su programa de gobierno, cuando aporta las miradas hacia la ciencia, en general son abordadas desde un abordaje en función de una perspectiva clásica, donde el énfasis es en aquellas ciencias llamadas puras - como que si las otras ciencias se merecieran el infierno de las ciencias impuras -, en donde se da un fuerte guiño hacia paradigmas positivistas.

De la misma forma, se plantea las ciencias desde una perspectiva centrada en la Investigación y el Desarrollo (I+D), pero dando énfasis en el apoyo e incentivo desde el sector privado (punto 227 del programa). A la vez cuando hace mención en su programa a la ciencia, hace referencia sobre todo al ámbito científico ligado al STEM (por sus siglas en inglés) es decir del ámbito de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, la cual no incluye en su nomenclatura las ciencias sociales, así como a las humanidades y artes. El mismo es utilizado solamente para hacer mención del apoyo a las mujeres en su carrera científica en esas áreas (punto 697 del programa).

Asimismo, destaca en varios apartados la necesidad del sustento de la ciencia y la evidencia empírica comprobable, lo que hace claro advertencia a una ciencia basada en el positivismo con adherencia a los principios fundamentales de objetividad, racionalidad y determinismo, a lo que se podría entender como una tradición racionalista occidental, donde se valida solo lo que las ciencias objetiva y empíricamente comprueban o demuestra. Esto trasciende las fronteras de lo netamente científico, traspasando a la educación, donde refiere revisar todo material científico educativo, validando el que tenga sustento en evidencia empírica comprobable, diferenciándolo de argumentos ideológicos sin sustento científico o racional (punto 772 del programa). De igual forma hace énfasis programático en desarrollar un plan de lectura formativa para colegios y universidades, entre otros ámbitos en las ciencias sociales (punto 250 del programa).

Por otro lado, encontramos el peligro del sesgo hacia las Ciencias Sociales, el cual es exaltado con la propuesta directa que vierte en su programa sobre terminar las operaciones de FLACSO en el país (punto 77 del programa), con todas las consecuencias que puede traer esto y dejando implícito una persecución de las ciencias sociales. No debemos de olvidar que la FLACSO es un organismo internacional dedicado a la investigación, docencia y difusión de las ciencias sociales desde y para América Latina. Se ha consolidado por décadas desde el punto académico como un lugar de encuentro y de discusión de las Ciencias Sociales. Dentro de sus propósitos y funciones se dedica al estudio y análisis de las diversas problemáticas sociales; aportando y contribuyendo con conocimiento a la construcción e instalación de políticas publicas y sociales. Pero también colabora brindando una perspectiva crítica y constructiva al desarrollo social de Latinoamérica.

Ya para el golpe de estado y la dictadura militar en Chile, sus instalaciones fueron cerradas, y sus miembros perseguidos, expulsados del país y muchos exiliados por el trabajo que realizaban desde las ciencias sociales. A ello se sumó después del golpe de estado la instauración de procesos de intervención y depuración en la Universidades, que instauraron procesos de contrarreformas por medio de la intervención militar de las instituciones, la persecución política y una nueva legislación. No debemos de olvidar que llevo a la clausura arbitraria e inmediata de diversas carreras de formación profesional de las ciencias sociales, como fueron por ejemplo trabajo social y sociología. Esto no solo sucede en Chile “en los países del Cono Sur las ciencias sociales—junto con otras disciplinas—fueron muy golpeadas por las dictaduras militares: centros de investigación y docencia clausurados; académicos y estudiantes encarcelados, expulsados o desaparecidos; funcionarios perseguidos” (Stavenhagen, 2014).

Ya el programa de la derecha advierte del peligro de la “ideologización” de la enseñanza y la investigación en las universidades, reflejando un sesgo ideológico en sí mismo. El creer que la ciencia tiene un único enfoque objetivo, en especial las ciencias sociales, es desconocer la historia y la trayectoria de las ciencias, al parecer se negara la revolución científica de Kuhn por su mera apología nominal que podría ser ideologizada. Es sin duda que el cambio y la división de paradigmas, ya nos advierte en una diversidad de posiciones que se deben de considerar frente a la ciencia, que son parte de una ideologización de la ciencia, pero en base a fundamentos y criterios epistemológicos y metodológicos. Refleja en si un desconocimiento del que hacer de las ciencias, y en específico de las ciencias sociales, de las cuales su labor investigativa no solo debe ser imaginado desde la generación de conocimiento científico, sino para que queremos generar dicho conocimiento científico.

Por la otra vereda, desde la coalición de izquierda que pasa al balotaje, el programa plantea diversas perspectivas que incluyen a las ciencias sociales. Este se centra en un enfoque de Investigación, desarrollo e innovación (I+D+i); es importante destacar que la diferencia sustancial entre ambos enfoques de I+D y el I+D+i, se basa en que el primero se fundamenta en el desarrollo desde un enfoque economicista, mientras que el segundo es una superación del anterior, al incorporar el enfoque de la ciencia aplicada en conjunto con la ciencia pura. Así mismo el programa hace énfasis en el mejoramiento en la formación y trayectorias laborales de la investigación en un modelo CTCI, de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (página 70 del programa); incentivando la inter y transdisciplinariedad, así como la diversidad de temáticas locales y la interacción de los investigadores, entendiendo así la ciencia desde un enfoque de la complejidad. En este sentido se plantea una serie de medidas, enfocadas en el aporte de la investigación y el conocimiento para generar transformaciones en un nuevo modelo de desarrollo, fortaleciendo así el aporte al área de ciencia, tecnología e innovación. Al mismo tiempo se propone la creación de una línea de trabajo especial para impulsar y fortalecer el desarrollo de las artes, humanidades y ciencias sociales, al que denomina Conocimientos 2030. Esta propuesta se basa en apoyar el desarrollo de proyectos consorciados de facultades de estas áreas entre distintas universidades (página 72 del programa). El programa contempla así mismo potenciar la docencia, la investigación, la creación, la interdisciplina, la vinculación con el medio y la innovación en estas disciplinas. Así mismo incluye la creación de un Instituto Público de Artes, Humanidades y Ciencias Sociales. Desafíos programáticos que desde las ciencias sociales deberíamos velar y apoyar en su consecución.

Si bien en ambos programas se ven marcadas diferencias, hay vacíos que también se deben de considerar y trabajar, que llevan a un modelo educacional en general que va en desmedro a las ciencias sociales y ciencias aplicadas en general. Los ejes programáticos también deben de hacerse cargo de elementos de base, como es por ejemplo lo dispuesto por la Ley General de Educación, la cual hace una división entre la formación humanista y la científica, imponiendo un sesgo en la formación que ya establece distingos entre lo que debe ser ciencia y que no. Hoy, a manera de ejemplo, las ciencias sociales no podemos pensarlas alejadas de elementos matemáticos y estadísticos que se refuerzan en esa área científica, al igual que las ciencias puras como la medicina, por ejemplo, no podemos pensarla desde una mirada social y critica. Así mismo enfrentamos a una selección universitaria, que nos refuerza este sesgo, ponderando una clase de conocimiento diferenciada según él área de formación profesional, creando pruebas especiales para esa área “científica”, mientras que generan pruebas de historia y ciencias sociales, donde se ponderan mayormente lo histórico y el dato duro historiográfico, sin desmerecer la historia.

Dentro de los grandes desafíos que se deben de asumir, es el deber de trabajar en conjunto por una educación científica que no solo sea de exclusividad disciplinar de la formación académica de la educación superior, sino que también hoy se debe de dar énfasis a la enseñanza de la investigación científica, con una mirada crítica, desde el ámbito escolar, que sea transversal y permanente en todas sus áreas y enfoques paradigmáticos. El desarrollo científico y del conocimiento debe dejar de estar solamente al servicio de una elite académica y en cómo llenar parámetros que no solo lleven a una certificación y acreditación de los centros de educación superior, sino que también son tendientes a la distinción del tipo de producción científica que es validado en condición de parámetros que normalmente se asocian a la ciencia dura y no a las ciencias aplicadas, sobre todo que responden a sistemas de financiamiento complementario de las universidades. Son estos sistemas de financiamiento ligados a la necesidad de producción científica, que también considere las ciencias aplicadas, los que se deben de revisar en conjunto, desde un futuro gobierno y la comunidad científica en todas sus áreas.

Es así que las ciencias y las ciencias sociales en particular, no solo deben de ser consideras programáticamente en propuestas presidenciales, sino debe de ser un trabajo permanente en el desarrollo social y económico del país.

Francisco Ramírez Varela es académico investigador, Trabajador Social, UDLA


El desafío político actual: disputar el campo del poder. Por Alex Ibarra Peña. Dr. en Estudios Americanos.

La disputa en el campo del poder suele parecer una cuestión ajena que sobrepasa a la ciudadanía que se compromete con la vía institucional. Nuestra historia tiene un antecedente significativo que alcanzó el triunfo electoral desde la participación popular junto a las fuerzas políticas y culturales que demandaban transformaciones profundas. Existía la conciencia de que la única manera posible de causarle fisura a la oligarquía que siempre busca la mantención de sus privilegios a costa de la dominación de los otros desde su discurso del orden y desde la violencia.

En el escenario actual hemos visto la escasa participación popular y la ausencia de la izquierda más radicalizada. Los males políticos del escepticismo y del relativismo siguen estando presente y si bien pueden ser también una posición política claramente permiten la continuidad del orden político que lamentamos. Este hecho es tan evidente que la derecha vio su oportunidad de agudizar sus ganancias incluso abandonando a su propio candidato volviendo a sus herencias más conservadoras estableciendo un nuevo retroceso democrático. Esta jugada vil de la derecha, aceptada por varios defensores públicos del status quo y los medios de comunicación más influyentes, será un nuevo hito de la irresponsabilidad política, incluso más grave que la reelección de Piñera, al menos tenemos una fuente de memoria en la historia que aunque no recurramos a ella, sigue siendo el principal instrumento para la justicia.

Creo que a la candidatura de lo que apenas podríamos llamar la izquierda «posible» le faltó la imaginación para escenarios políticos diferentes optando suavemente por un proyecto político que responde a la agenda instalada por el poder sometiéndose a la realidad que construyen los medios dominados por quienes ya sabemos. La primera vuelta presidencial y el nuevo escenario parlamentario fue una derrota para esta izquierda, pero sin duda también para la izquierda radical y para la clase popular. Las ganancias se las reparten los mismos y la pérdida sigue siendo también para los otros mismos, parece que poco hemos aprendido de las lecciones históricas.

En los debates de la mitad del siglo XIX, cuando los ideales de igualdad emancipatorios de la independencia se veían traicionados por las fuerzas políticas institucionalizadas de la República, Francisco Bilbao advertía sobre la importancia que tenía el protagonismo político del sujeto popular. La esperanza para las transformaciones sociales, estaban tanto en la clase popular como en una agudización política de la clase ilustrada. La clase social ilustrada aspira en su discursos a la radicalización, pero sus acciones se apartan por ese temor a la pérdida de los beneficios. El relato del temor se apodera de varias capas societales, pero es el discurso que ayuda a quienes más tienen, éstos son los que más temen a las transformaciones, de ahí sus estrategias en hacernos creer que todos perdemos.

A principios del siglo XX un ensayo escrito por un joven uruguayo publicaba su Ariel, texto que nos mostraba las bondades de una intelectualidad progresista que se diferenciaba de Calibán. Personajes del clásico la «Tempestad» nombre certero para una lectura del contexto electoral en el que nos encontramos. Volviendo a nuestra realidad tendría que decir que el arielismo es insuficiente para nuestros tiempos, la democracia de las élites ilustrada fracasa frente al poder real del ideario conservador de la derecha hegemónica que sigue instalada en el espacio del poder.

La democracia posible tiene que cruzar sus límites autoimpuestos, la izquierda radical debe asumir responsabilidad histórica frente al peligro al cual nos enfrentamos. Pero, lo más relevante es que la clase popular, los calibanes, asuman la conciencia de su protagonismo en las transformaciones necesarias que abren senderos hacia esos horizontes que anhelamos y que reclamábamos hace poco tiempo. Hoy estamos, como tantas veces, desafiados por la estructura de poder dominante, con escasas fuerzas para un gran triunfo, pero las grandes obras no son espontáneas y por mucha fe que tengamos, tampoco son milagros. Nos queda sólo el llamado a la conciencia de que cuando la historia nos ofrece una oportunidad no podemos traicionar nuestros deseos. la culpa no es una sensación agradable y siempre será mejor vivir sin ella. Esto tiene más sentido en los hechos que en los discursos.


Chile: en medio del vado. Por Ángel Saldomando

Elecciones hay, y por lo menos allí dónde son creíbles, es decir democráticas, se consideran el instrumento esencial en democracia para dirimir opciones, intereses, representación y correlaciones de fuerza. Su deterioro, pérdida de legitimidad, eficacia institucional, y eventual desaparición, conllevan en todo lugar la instauración de un poder autoritario. Aparece la disyuntiva de reponer estándares aceptables de democracia o arriesgar una guerra civil larvada, en diversas formas de conflicto social o abierta. En América Latina se considera que se vive el periodo democrático más largo de su historia, pero es evidente que hay distintas evoluciones según los países. Elecciones hay, pero se ha instalado una creciente decepción, frustración y baja credibilidad en la democracia. La visión regional muestra democracias fallidas, otras tensionadas y algunas, donde las elecciones son apenas un paréntesis, entre dos crisis. La cuestión de fondo es la calidad de las fuerzas que concurren, según ello, las elecciones más allá de su eficacia instrumental, pueden volverse un ejercicio del cual la sociedad se distancia. Los recientes eventos electorales en Chile combinan en parte estos elementos. En un país de cultura sísmica, podríamos decir que estamos viviendo un temblor hipócrita. Se trata de aquellos que mueven el piso, sordamente, uno se levanta y queda a la espera si cobrará más intensidad, hora de escapar o si terminará allí, momento de volver a lo suyo. Las elecciones de primera vuelta en Chile realizadas el 21 de noviembre ponían en juego la segunda fase de definición de la correlación de fuerzas institucional: Presidencia, parlamentarias y consejos regionales. La primera fase dirimió otro nivel institucional pero no menos importante, convención constituyente, gobernadores y alcaldes. Los resultados hay que ponerlos en contexto de un proceso que implica un fin de ciclo político, un estallido social que cuestionó un modelo económico y su manejo político y como consecuencia generó la debacle de las fuerzas que lo representaron. Sin embargo, el proceso dista mucho de ser lineal. Quienes imaginaron que el estallido social generaba un proceso imparable de cambio tomaban sus deseos por la realidad. El estallido llegó por saturación social y desgaste político, no porque hubiera movimientos alternativos estructurados, maduros y nacionales, capaces de convertirse en opción política. Entre ese momento en 2019, que parece tan lejano, pandemia de por medio, el movimiento se congeló. El malestar subsiste, pero en dos años hubo más fragmentación y desgaste político en todos los sectores. La convención constituyente expresó ambos momentos, emergió primero con fuerza como parte de la solución, pero luego, fue perdiendo centralidad y capacidad de crecimiento político, frente al trabajo de zapa de los sectores conservadores. Quienes imaginaron que el acuerdo político de noviembre 2019, entre los partidos del arco que había gobernado el modelo salido de la dictadura, que abrió el camino a la convención, era un pasaporte a la sobrevivencia han tenido un amargo despertar. Han perdido hegemonía, control y sobreviven, siendo la más penalizada la centro-izquierda de la ex concertación, la que cambió de nombre varias veces sin éxito. Arrastrando a sus pilares de otrora, partidos socialista, demócrata cristiano y por la democracia. La primera fase de 2019 a 2020 expresó en “caliente” el malestar en la elección de la convención y en los otros niveles institucionales en juego, los sectores descontentos y los que se distanciaban de los partidos del arco tradicional fueron mayoría, aunque con fuertes niveles de abstención que se reproducirían en la segunda fase, no baja de 52,66%. La segunda fase, expresó esta vez “en frío” la continuidad del desgaste, la desconfianza y la expresión de clivajes culturales, políticos, prejuicios y querellas internas que emergieron de descomposición y de la profundidad social. Hay por lo menos tres constataciones que surgen de este nuevo escenario. El abstencionismo se mantiene en la mayoría del padrón electoral, ello hace que las opciones se dirimen con bajas votaciones, lo que redunda en una suerte de vacío gravitacional, todo se mantiene flotando, pero podría caer. Kast pasa con 27,91% es decir un millón novecientos mil votos. Boric con 25,83% es decir un millón ochocientos mil votos. Sobre un padrón de quince millones. Los candidatos siguientes se distribuyen números alrededor de ochocientos mil votos cada uno para el tercero, cuarto y quinto. La crisis del centro, por el lado izquierdo y derecho del eje, pilar de la política y del modelo se desfondó y liberó descontentos y núcleos duros. La primera vuelta de la presidencial muestra que la derecha se atrincheró con Kast, por fuera del centro derecha, en los temas propios: mano dura, inmigración, libertad abstracta y anti cambios sociales barnizados de anticomunismo primario. Por la izquierda se afianzó el polo pro salida del modelo con Boric, apoyado por el frente amplio y el partido comunista, con una agenda ambiciosa pero demasiado tensionada. Los partidos tradicionales cedieron terreno frente al atrincheramiento y la polarización, pero la derecha en tanto espacio político resistió mejor en la cámara de senadores (ahora partida en dos) y en diputados, donde la centro-izquierda pierde la mayoría y se fragmenta. Lo que augura un difícil ejercicio para el ejecutivo de turno y para facilitar el trabajo de la convención que debe someter la nueva constitución a plebiscito el próximo año en octubre. El paso a segunda vuelta de Kast y Boric pone en evidencia sustratos profundos. El primero es hijo del pinochetismo y la derecha, insoluble en democracia. El segundo entronca con la histórica demanda de un país más justo, que el centro derecha e izquierda congeló en un modelo que nutrió el malestar, el daño cultural, ecológico, social y económico, de la sociedad. Pero las filiaciones, una peligrosa y la otra en estado potencial, no resuelven nada a priori. Ambas podrían derivar en una peligrosa escalada, ya sea de políticas autoritarias y antipopulares o de cambios inciertos sin resultados a la vista. La derecha ha logrado buenos resultados, en las zonas rurales del sur, mapuche y el norte presionado por la inmigración. Boric ha ido adelante en las zonas del centro y de la capital, populosas y populares. Lo que es claro es que la sociedad tiene un malestar profundo, una desconfianza en la política y las instituciones y sin resultados visibles para el ciudadano de a pie nada reducirá esto, dejando un amplio espacio para conflictos y espasmos de bronca. Los temas duros demasiado tiempo esquivados por el centrismo, simplificados por la derecha y poco elaborados por la izquierda emergente han desembocado en esta incertidumbre. Los problemas de donde y como modificar el modelo económico, como enfrentar la delincuencia, manejar la inmigración, las reivindicaciones mapuches y la exasperación que produce su criminalización, así como los derechos que amplíen la inclusión social, han producido una cacofonía más que proposiciones claras y orientadoras. Evidentemente esto no es una cuestión discursiva y conceptual, se trata de la calidad de las fuerzas que podrían hacerlo. Quizá ello abra un espacio para pensar que la política, las propuestas y su orgánica, ya no pueden concebirse como mayorías estables, organizadas de arriba abajo con definiciones ideológicas que abarcan el conjunto. Un marco de referencia común, sin duda, pero frente a diversos temas las mayorías pueden ser puntuales y dinámicas, exigiendo formas y espacios para realizarlas que desbordan las nociones clásicas de partidos, coaliciones y frentes. La ausencia de proyectos de sociedad llave en mano, requiere, tal vez, una construcción política y social distinta que las practicas sempiternas no dejan emerger. La redistribución de cartas es incierta dada la fragmentación del resto de fuerzas y lo inestable de los humores del electorado. La derecha dispone de poder de fuego mediático, empresarial y de manejo de expectativas, el polo pro cambios deberá jugar muy fino para ensamblar una alianza ganadora en medio de los escombros de la centro-izquierda y las desconfianzas cruzadas. Chile está en medio del vado, si retrocede los costos pueden ser inmensos, si avanza y no cruza abortará una posibilidad histórica y si lo logra tal vez un nuevo ciclo político pueda iniciar.


RECORDATORIO: LA LUCHA POR LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA EN CHILE TIENE HEROES Y HEROINAS

Gano la ultraderecha, un hecho real, pero que no es fácil de digerir; es cierto que es un triunfo de primera vuelta, que no es definitivo, pero aun así no es fácil de digerir, porque lo que ganó es el autoritarismo, es la defensa de la dictadura, es la reivindicación de Pinochet, es el menosprecio a la memoria histórica y es una ofensa a los miles de asesinados. Un escenario ante el cual, y más allá de las particulares visiones de cada uno y cada una sobre el porque está pasando esto, debemos salirle al paso a la derecha, a su discurso mentiroso que desde hace tiempo vienen repitiendo, de que “si votan por la centro derecha lo que se viene es la paz y la prosperidad y que si se vota por la izquierda nos espera el caos, la anarquía y el comunismo”. Tenemos que recordar a los desmemoriados y desmemoriadas que durante toda la historia de Chile ha sido la derecha la que ha perseguido, asesinado y perseguido a trabajadores, intelectuales, estudiantes, campesinos, a hombres y mujeres comprometidos y comprometidas con un cambio social, por un país más justo, soberano, en el cual las chilenas y chilenos sean los dueños de sus recursos naturales. De la misma manera, que es necesario recordarles que, durante la dictadura la persecución del enemigo interno, por el Estado dictatorial y las FFAA, con la anuencia del poder judicial, fue en contra de los partidos y movimientos de la izquierda chilena, Socialista, Comunista, MIR, MAPU, partido Radical, FPMR, quienes construyeron la resistencia en Chile y en el exilio, la que al final aportó decididamente a terminar con el terrorismo y la tiranía. Al parecer no solo la derecha sino que sus aliados, se han olvidado que LA LUCHA POR LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA EN NUESTRO PAIS, TIENE HEROES Y HEROINAS, algunos asesinados o asesinadas en cámaras de torturas, en fusilamientos extrajudiciales, otros miles fueron asesinados y cuyos cuerpos los hicieron desaparecer, también militares patriotas que fueron asesinados por negarse a participar del golpe de estado y en la represión a su propio pueblo y finalmente, fueron MILITANTES DE LA IZQUIERDA CHILENA QUIENES ENTREGARON SUS VIDAS COMBATIENDO EL TERRORISMO Y LA OPRESIÓN. Por ello y ante la campaña del terror y del anticomunismo enfermizo de la derecha, que es una máscara hipócrita para perseguir a los y las opositoras, ante la posibilidad de que nos gobierne la ultraderecha fascista, es un deber moral particularmente de la izquierda, unirse, para reivindicar valientemente nuestra historia, a nuestros héroes y heroínas, cuyo recuerdo nos exige no olvidarles, porque ellos y ellas entregaron sus vidas para construir un país soberano, justo e inclusivo. Recordarles en el sentido de que su memoria aporte a la no repetición del autoritarismo y del terrorismo de Estado en nuestro país, rechazando con fuerza estas nuevas ediciones del anticomunismo, las que encierran hipócritamente la violencia y la persecución política de todo aquel o aquella persona que piense distinto a quienes ostentan el poder. Para nosotros una generación que vivió y combatió a dictadura, que con su lucha aportó responsablemente a la libertad de Chile y, para las generaciones que hoy asumen esa historia como propia y continúan luchando por un Chile más justo, soberano, inclusivo, la memoria histórica no es un eslogan, por el contrario, es un libro abierto que en sus líneas nos exige consecuencia, valentía y no olvidar el pasado. Por eso es que debemos todos y todas establecer verdades ocultas convenientemente por tantos años y la principal de ellas es que la derecha chilena y sus aliados, que hoy hablan de paz y de condenar la violencia, NUNCA HAN RECONOCIDO SU RESPONSABILIDAD EN LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD QUE COMETIERON DURANTE LA DICTADURA, abusos que aún hieren el alma de los chilenos y chilenas. A la derecha, a las cúpulas políticas, militares y empresariales que diseñaron el modelo económico y de país que luego instauraron a balazos, nunca se les exigió responder por los crímenes que se cometieron en dictadura, por el contrario, se acordó con ellos, con estas elites militares, empresariales y políticas un tránsito pactado a la democracia a cambio de impunidad. Esta es una de las razones principales por la cual, y después de más de cinco décadas, nuevamente reaparecen en el escenario político, con los mismos argumentos autoritarios y violentos del pasado, señalando y culpando a un enemigo, el mismo de antes, el comunismo, que ya no existe, para declarar la guerra, cobardemente, a quienes amenazan su poder y sus privilegios. Este es un hecho real y por el cual, los chilenos y chilenas que no olvidamos nuestro pasado y la memoria de los miles de héroes y heroínas de la lucha por la democracia y la libertad, mantenemos un justificado rechazo a los dirigentes de los partidos de la concertación, porque de alguna manera u otra ayudaron a limpiar su imagen durante los últimos treinta años. Un rechazo que es objetivo a quienes han avalado el negacionismo y la tergiversación de la historia, imponiéndonos, a la sociedad en su conjunto, un manto de impunidad que intenta cubrir un pasado de esfuerzos, de sacrificios y miles de actos de heroísmo que permitieron recuperar la democracia, aunque a medias, que vivimos hoy en nuestro país. Ahora bien, todo este caudal histórico es el que debe movilizarse para no permitir la vuelta al autoritarismo, a la violencia represiva que persigue a quienes piensan distinto, pero en particular a la izquierda, que es su enemigo interno principal. Es una responsabilidad histórica de esa izquierda que escribió tantas páginas de lucha social en defensa del pueblo la que hoy exige reaccionar y ahora, porque la ultraderecha que asoma significa un retroceso político y en todos nuestros derechos, significa mantener y profundizar la militarización de la Araucanía, mantener el modelo de pais y de economía que construyeron a balazos en 1973, significa bloquear la nueva constitución y la decisión de un estado plurinacional de derechos, significa negar las reivindicaciones de la mujer, de la diversidad sexual, el aborto, el matrimonio igualitario, significa sacar de la discusión constitucional los derechos universales de la salud, la educación, entre otros, implementando su ideología xenófoba autoritaria y retrograda. Todo esto que se viene y avanza rápido nos debe hacer reaccionar, si para algunos o algunas la candidatura de Boric “es el mal menor” o, no cumple con los estándares o requisitos revolucionarios, todas estas discusiones son menores, frente a lo que se nos viene encima, un gobierno de ultraderecha en el cual se refugió la defensa del modelo económico neoliberal y la defensa de la constitución de Pinochet y Guzmán de1980. Tenemos enfrente a un enemigo, con todas sus letras y sin eufemismos, un enemigo que sabe jugar a la guerra psicológica, a las campañas de terror y que para derrotarlo se requiere movilización, compromiso y unidad. Las diferencia políticas con la izquierda joven que hoy fue capaz de levantar una candidatura que nace del movimiento social y que representa el cambio del modelo neoliberal, que quiere un cambio a la situación de vida de millones de chilenos y chilenas, que viene batallando consistentemente desde las movilizaciones estudiantiles, por el medioambiente y por los derechos del pueblo, esa candidatura con más o menos reparos, merece todo nuestro respeto. Porque son los jóvenes los que movilizaron a una izquierda y a un pais que estaba sumergido en el letargo del sueño concertacionista, son ellos y ellas los que saltaron las barricadas que iniciaron la gran protesta social del 2019, son ellos y ellas quienes pusieron nuevamente sobre la mesa, la necesidad de cambiar la constitución y gracias a ellos y ellas tenemos una Convención Constitucional para cambiar las cosas a favor del pueblo. Lo que puede separar a pocos o muchos de la candidatura de Gabriel Boric, de su manera de expresar las cosas o del sectarismo que también existe en algunos de sus dirigentes, pensando que la historia empezó el 2011, todo eso es salvable, pero participando, no solo criticando, construyendo al lado de este nuevo torrente movilizador alternativas políticas que den continuidad a lo ya iniciado. Si se continua pensando desde el sectarismo o desde el principismo que tanto daño hace e hizo a nuestra izquierda, pensando que lo nuevo que tenemos enfrente de nosotros contradice el pensamiento revolucionario, lo que hacemos es estancarnos, repitiendo errores del pasado, transformando en un dogma, con respuestas elaboradas para siempre e intentando de esta trinchera, interpretar los nuevos fenómenos y las nuevas respuestas que surgen en épocas como esta que estamos viviendo y que es distinta al pasado. Nuestra tarea es alentar y no subestimar el surgimiento de nuevos liderazgos que le han dado vida y continuidad al pensamiento revolucionario en Chile, por lo que es hora de andar por caminos que ayuden a revitalizar la pasión y el talento, sin sectarismos, para encontrar caminos que recorrer juntos y juntas, con un programa político, económico, social que con sus ideas ayuden a la libertad y soberanía de Chile, al bienestar de un pueblo que hoy despertó del engaño, para derrotar en la desigualdad social, la corrupción y el abuso de unos pocos que ostentan el poder y que viven del trabajo explotando la vida y la salud de la mayoría de chileno y chilenas. Aunque pasen los años y tal cual lo planteo Salvador Allende en su momento, las transformaciones sociales y revolucionarias sólo podrán realizarse si el pueblo toma en sus manos el poder y lo ejerce real y efectivamente, por eso no se trata de cambiar un gobierno por otro, lo que necesitamos hoy es un Gobierno con la decisión de realizar los cambios de fondo, construyendo un nuevo Estado, que garantice el ejercicio de los derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas y particular de una niñez olvidada. Las amenazas de la derecha, de que nos enfrentaremos a graves problemas económicos y que solo se pueden resolver dejando las cosas como están, manteniendo el modelo económico que diseñaron e implantaron a balazos en 1973, eso es mentira, Los problemas económicos y agudizados por la pandemia, se pueden resolver, porque Chile es un país rico y cuyos recursos están en pocas manos de quienes que concentran el poder económico, porque aquí lo que fracasó es justamente el modelo económico dominado por familias y sectores que gozan de privilegios de clase a los que jamás renunciarán voluntariamente.

Tenemos que avanzar y hoy el objetivo es derrotar a la derecha ultra, fascista, en las próximas elecciones, para alcanzar esta meta es necesario unirse en nuestra diferencias y similitudes, alentando la unidad del pueblo organizado el que con entusiasmo se movilizó hace menos de dos años. Porque la unidad no puede hacerse sólo por arriba, eso ya lo hemos vivido antes, sino que, en las bases del pueblo que quiere y necesita cambios, creando muchos cabildos, muchos comités para el cambio.

No hay que olvidar que apoyar al candidato presidencial en palabras de Allende, “no significa sólo votar por un hombre, sino pronunciarse en favor del reemplazo urgente de la actual sociedad”.

Enrique Villanueva M.

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LA DC, LA DECENCIA Y LA CONNIVENCIA. Por Paulina Morales A. Dra. en Filosofía

Dice Marx que la historia ocurre dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa.

La tragedia…

El 13 de septiembre de 1973 se reúne el Consejo Nacional de la Democracia Cristiana para analizar lo ocurrido dos días antes. Su directiva, encabezada por el expresidente Patricio Aylwin, elabora una declaración en donde responsabilizan a la Unidad Popular del golpe de Estado y la destrucción de la democracia. Poniendo énfasis en la defensa del orden constitucional y de la recuperación económica, olvida ese texto hacer referencia al bombardeo a La Moneda, al cierre del Congreso Nacional, o al fin de las libertades democráticas. Más aún, asume una postura de auto justificación señalando que «la DC lamenta lo ocurrido. Fiel a sus principios, agotó los esfuerzos por alcanzar una solución por la vía política institucional (…) posponiendo como siempre sus intereses partidistas al bien superior de la patria».

En respuesta a esa declaración, y en un acto de dignidad que hasta hoy se recuerda y valora, trece dirigentes democratacristianos redactaron y firmaron una declaración alternativa. En ella manifiestan su respeto ante la inmolación del presidente constitucional Salvador Allende. Asimismo, realizan una autocrítica respecto del rol jugado por su propio partido, asumiendo que «la falta de rectificación, quien en definitiva nos llevó a la tragedia, es responsabilidad de todos, porque el deber de mantener una democracia no puede ser eludido por nadie». Los firmantes de esta declaración, y bien vale destacarlos una vez más aquí, fueron Andrés Aylwin, Bernardo Leighton Guzmán, José Ignacio Palma, Renán Fuentealba Moena, Fernando Sanhueza H., Sergio Saavedra, Claudio Huepe G., Mariano Ruiz-Esquide, Jorge Cash M., Jorge Donoso, Belisario Velasco, Ignacio Balbontín y Florencio Ceballos. En 2018, en sus memorias tituladas Esta es mi historia, Belisario Velasco recuerda la gestación de aquella misiva y afirma que «sirvió de alguna forma para salvar los ideales, los valores democratacristianos».

La farsa…

Es 2021 y nos situamos en las antípodas de un gesto de esa estatura moral y política por parte de la Falange. El resultado de las elecciones presidenciales de este domingo nos encuentra, no sin estupor, con un candidato de la ultraderecha, José Antonio Kast, ubicado en la primera posición para enfrentar en segunda vuelta al candidato de izquierda Gabriel Boric. Estamos cerca del arribo al poder de un gobernante con claros rasgos neofascistas, lo cual no puede sino alarmarnos y movilizarnos a la acción. Sin embargo, la Democracia Cristiana, que ha salido quinta entre siete opciones presidenciales, y amén de la situación agónica que arrastra desde hace ya tiempo, ha decidido tomarse su tiempo, o, como se dice actualmente, entrar en reflexión. En efecto, una vez conocidos los resultados, su candidata presidencial Yasna Provoste ha sostenido que como partido y frente al avance de Kast “jamás podríamos tener una posición neutra de lo que esto significa para el país", para luego negarse a dar su apoyo a la candidatura de Boric, añadiendo que “va a ser muy importante en las próximas horas que es lo que le va a ofrecer al país”. O sea, en el fondo, todo dependerá de qué y cuánto se ponga sobre la mesa. Al parecer, a la candidata falangista no le bastó con afirmar por doquier en su campaña, malintencionadamente y hasta el hartazgo, que la candidatura de Boric representaba a la ultraizquierda, sabiendo perfectamente que esto no es cierto. A esta línea política, alta en posverdades y baja en escrúpulos, se han sumado en estas horas Matías e Ignacio Walker, quienes han expresado su disposición a votar en blanco.

Empero, si de ser justos se trata, hay que destacar la postura del senador DC Francisco Huenchumilla, quien fue contundente en señalar que “la DC no puede tener otra alternativa que estar a favor de los cambios, y eso es lo que significa la candidatura de Gabriel Boric (…) no corresponde colocar condiciones, y estar pidiendo cambios de programas, cargos o estar en la coalición, porque la primera condición es tener una posición ética frente al país”.

Ciertamente, porque el arribo al poder de un gobierno de ultraderecha es claramente una nueva tragedia para este país y significará sin duda alguna un retroceso respecto de los avances en términos de derechos sociales y políticos durante estos 30 años. Querer ignorar la gravedad y urgencia del momento político que vivimos es de una enorme irresponsabilidad y pasiva complicidad. Un gobierno liderado por Kast significará indefectiblemente -entre otros- el resurgimiento de la protesta social, a la cual le seguirá una represión de proporciones insospechadas, probablemente mayor que la conocida post 18 de octubre. Proyectar un escenario sangriento de nuevas violaciones masivas a los derechos humanos no es para nada exagerado, al contrario, ingenuo sería creer que no ocurrirá y decir después que no lo vieron venir.

Por ello, en estas horas aciagas tiene sentido recordar aquella carta de la decencia que en 1973 escribieron esos trece militantes democratacristianos. Aquella carta surgió frente a la tragedia, cuya repetición (con todas las diferencias del caso) debe ser evitada hoy con total decisión. No habrá espacio para una nueva carta, porque de haberla, sería solo la farsa de una tardía respuesta frente a la debacle por parte de un partido carente de una real convicción democrática que no ha aprendido nada de su propia historia.

Estas horas urgentes demandan que esas voces que aún encarnan la integridad moral y política al interior de la Democracia Cristiana se pronuncien pronta y públicamente favor de la candidatura de Gabriel Boric y se comprometan en la lucha contra el avance del neofascismo en Chile. Quiénes son hoy los trece de la decencia es la pregunta qué queda en el aire. Descontando a Huenchumilla faltan doce nombres por conocer, aunque quizás sea demasiado ingenuo esperar llegar a los dos dígitos y esta DC en modo mínimos comunes solo alcance para completar los dedos de una mano. En fin, algo es algo.


Chile frente a su destino: primera vuelta de las elecciones presidenciales Por Gustavo Gac-Artigas*

El lenguaje, el miedo, los miedos, para ser preciso, los fantasmas del pasado, la imagen, la historia, el caudillismo, y un “ayúdeme usted, compadre”, ponen en juego una elección extremadamente –y perdonen el término– polarizada, donde se enfrentan dos candidatos separados por apenas un 2% y ambos muy lejanos a haber reunido el 50% necesario para triunfar: 27.91% Kast vs 25.83% Boric.

En el extremo derecho de la contienda, José Antonio Kast, un candidato que se atrevió a ensalzar al peor dictador en la historia de Chile, el general Pinochet, que levantó los fantasmas del pasado, que reivindicó una dictadura, que jugó con el miedo en un país en que cada barricada, cada bus incendiado, proyectaba las sombras del terror en los barrios pudientes que imaginaban, al igual que en el pasado, avanzar las hordas de los desarrapados hacia los barrios altos, que fantasmeaban con sus bien tallados jardines pisoteados por los pies endurecidos de los habitantes de las poblaciones marginales.

En ese extremo jugaba Kast con “el orden y seguridad”, el temor al extranjero, la visión del desencadenamiento de la violencia, las barricadas en llamas, los atentados, los buses quemados. Jugaba con los fantasmas que dividieron a Chile en la época de Allende y llevaron al país a un golpe de Estado. Jugó a avivar el miedo que hace olvidar el miedo, que silencia los gritos de los torturados, que reaviva el terror de las noches.

Es el pasado, sin ser el pasado, era enfatizar un supuesto enfrentamiento entre orden, sinónimo de democracia, y cambio, sinónimo de caos, y ese discurso se profundizará en la campaña hacia la segunda vuelta, la que decide, la que define.

Ese discurso llamará a aquellos que no votaron por la extrema derecha, y votaron por la moderación de una centroderecha o centroizquierda. Llamará a aquellos que, rechazando los partidos tradicionales, votaron por el caudillismo representado por Franco Parisi quien llegó en tercer lugar con un sorprendente 13.67%. Inesperado resultado para un candidato que se encontraba fuera de Chile y que hizo su campaña por las redes sociales, aquel que basó su campaña en la “antipolítica” –“Parisi, el poder de la gente” era su slogan–, aquel cuyos votantes, en su mayoría clase media baja, joven, pueden decidir la salida final, los hastiados de la vieja política.

Y, lo más terrible, esos llamados pueden tener éxito, el temor es un terreno fértil para los autócratas. ¡Cuántas dictaduras no comenzaron jugando con el miedo de unos para instaurar el terror sobre los otros!

En el otro extremo de la contienda, Gabriel Boric, 35 años –y la edad define–, representante de la generación sin miedo, aquella que nació tras la dictadura, que solamente la conoció a través del relato. Boric, quien, de triunfar en la segunda vuelta, haría historia al ser el presidente más joven en la historia de Chile.

Se enfrenta Boric a su juventud, su falta de experiencia, al haberse formado al calor de las movilizaciones, al surgir en brazos de los estudiantes –avecillas libertarias, cantó Violeta Parra. Se enfrenta a su triunfo en el seno de la izquierda al derrotar al Partido Comunista en las primarias y al llevarlo en su coalición como el principal aliado.

Enfrenta Boric el otro miedo, el temor al desorden, el temor a que lo dominen, el temor al partido único, el temor que se jugó antes del golpe de Estado, el temor a que el partido comunista como parte de un gobierno es el fin de la democracia.

Y, “ayúdeme usted, compadre”, durante su campaña tuvo que enfrentar desafortunadas, pero no del todo inocentes, frases del pasado como “crearemos inestabilidad porque perseguimos el cambio”, el apoyo a dictaduras como la de Nicaragua y el reconocer la parodia electoral de Ortega para entronizar una dictadura, el “ayúdeme usted, compadre” del Partido Comunista.

Frente a estas declaraciones el electorado del representante de la generación sin miedo tuvo que enfrentar el segundo miedo, el del vivir en el pasado, en las prácticas confrontacionales y amenazantes del pasado: “si Boris se desvía un centímetro del programa, seré su principal oponente”, dijo Jadue, el miembro del partido a quien derrotara en las primarias, “ayúdeme usted, compadre”.

En las próximas semanas Boric debe convencer a aquellos que votaron por la centroizquierda o la centroderecha de que las marchas no son una amenaza sino la expresión natural del deseo de cambio, que son un grito contra la desigualdad imperante, que los sacrificios no fueron en vano, que la esperanza marcha de la mano con el futuro, que Chile no está en llamas, que Chile desea florecer en los ojos de los niños, desea verse en los ojos de las niñas, desea recuperar la alegría sobre el odio, la justicia sobre la injusticia.

En las semanas que vienen Chile se balancea nuevamente en la encrucijada, se balancea entre los miedos, y la democracia sigue prisionera de los fantasmas del pasado, de los fantasmas del presente; el miedo de unos se encuentra en el miedo de otros y derrota la razón.

¡Ay cuándo!, cuándo será ese día en que la generación sin miedo construya su camino de esperanza enterrando los miedos que les heredamos.

No nos dejemos engañar, no se trata de escoger entre el orden o el cambio, falso dilema que puede llevar a la destrucción de la democracia. Se trata de sacudirse los fantasmas y el temor para avanzar y profundizar los valores democráticos, los derechos humanos, la justicia social, y ello es válido en Chile y en cualquier parte del mundo.

Chile está al borde de hacer historia o caer en el averno de la historia, Chile más allá de Chile nos llama a cada uno de nosotros a reflexionar sobre el futuro que queremos.

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.


Seguir buscando a Chile. Por Francisco Javier Villegas, Escritor chileno

Detrás del llamado a Elecciones Generales en Chile, este domingo 21 de noviembre, la población nacional se debate ahora entre aquello que se denomina “tener el poder para no tenerlo”, después de tantas movilizaciones por años de protestas, diluyéndose en los resultados que se exhiben desde el 99,9% de mesas escrutadas, y lo que realmente el país espera en el contexto de una múltiple incógnita. Sin embargo, por una razón u otra, la realidad se encuadra con lo predecible. O bien, los sentimientos de estar absolutamente conquistados, más algunos atisbos por buscar tensionar el sistema, en estos dos últimos años, a partir del estallido social de octubre de 2019, solo están originando, en la naturaleza de la sociedad, camaleónicas ideas en las formas de hablar y de escuchar, al parecer, porque el temor se ha vuelto a instalar en el país. Dicen que lo que tiene su razón también tiene su explicación. En todo caso, hay quienes han realizado un mejor análisis de este tiempo y no se origina, precisamente, desde el mundo de la intelectualidad; sino, que se plasma desde las personas sencillas, los hijos e hijas anónimos, algunos poetas fervorosos, también, y los seres que viven el día a día aguantando el vendaval de los arriendos, los gastos médicos, los pagos en los colegios, el cuidado de los seres mayores o el pago del litro de bencina. Ciertamente el efecto de tantas sospechas y discursos sin mayor claridad dejan un espesor bizantino y los politólogos o analistas se devanan los sesos dando explicaciones farragosas a lo sucedido en las elecciones. Pero, ya sabemos que lo inesperado es parte del entramado político y no ver las actuaciones del presente, más allá de la espontaneidad y las puras pasiones, es como sentir una burla a la misma cara de los electores o sentir puras adversidades en medio de la miseria humana difícil de comprender. El abanico de partidos que se pelea por gobernar al país ha mostrado su rostro. Un rostro sin rostro, pero con pasmosidad dominante. Un rostro con maquillaje, del pésimo. Sin embargo, las propuestas, aun las más radicales, solo parecen taponear lo que se quiso realizar con el estallido social y colectivo del 18 de octubre de 2019. Ya sabemos, desde el norte, que el desierto, por ejemplo, no puede seguir abundando más. Pero, la esterilidad está en todas partes. Y puede hacerse más profunda. La evidencia es clara. ¿Cómo la población, entonces, vota por un candidato que se encuentra en el exterior y que se dirige a aquellos que solo quieren escuchar la voz del candidato, pero, sin argumentos? Así, también, la evidencia se comparte. Y, parece, que no es un asunto de lógica o de excesivos raciocinios porque la comunicación es un arte y también es imaginada. Que este régimen esté agonizante no significa que no pueda perdurar hasta marzo de 2022 y aún más allá. Es decir, que no tenga otra justificación de ser, por muy absurdo que parezca, es como la nada; porque el envión dado a sus propios límites encuentra en los resultados la mayor expresión de que lo que está lanzado: las cosas básicas, las desorientaciones, la generación del miedo, las miradas vacilantes e insulsas. ¿Para qué, entonces, todo el movimiento social de cada semana en estos dos años? ¿por qué tantas muertes y daños oculares? ¿cuál es el sentido de tantos jóvenes presos que solo acumulan rabia y dolor en las cárceles del país? Es como decir, entonces, que vivimos en “un horizonte ausente” en plena desolación social. Es afirmar que estamos en una perplejidad emocional y que solo conseguimos quedarnos sin voz mientras reconocemos los resultados, y discernimos, entre el shock y la rabia, entre lo que significa el poder y ese temor de la humanidad chilena ante todo lo que sea afán de cambio para recibir lo nuevo como un objeto imposible de superar en lo cotidiano y tradicional de la vida. El filósofo coreano Byung-Chul Han sostuvo, en su libro Hiperculturalidad, la necesaria y urgente idea de que hay que orientar las cosas hacia un mundo diferente, aunque, de seguro, no seamos del todo libres ni alegres en un conservadurismo que obliga, también, a las diversas reacciones de la sociedad. Lo que origina, digo, un fuego profundo para aprovechar la crisis en una sociedad arcaica que solo bosteza migajas y la expresión de que relámpagos o meteoritos sociales son diferentes destinos porque flotan en la disyuntiva del Estado. Un Estado que, todavía, no está decidido para el cambio sino solo a las superficialidades e, incluso, más allá del abismo de nuestra torva realidad, apenas permite preguntarnos acerca de la controversia del ejercicio del poder. Ya sabemos, por lo demás, que la opinión pública, en su fuero interno y externo, siempre será de unos pocos y que la materialidad es lo que dice la elite. Buena prueba de lo anterior está presente en los medios de comunicación que otorgan publicidad y relaciones amenazadoras con sus audiencias. Con todo lo anterior, que hoy no se consiga diferenciar el desierto de las ideas con el sentido común, significa que estamos en un país de angustia, en una desarmante superficialidad de la vida social y política. A estas alturas, hemos quedado dispersos, como locos. Que nada nos sorprenda si nacimos de muchas catástrofes. Nos hemos acostumbrado, como un acto íntimo de indefensión, a los traumas y a la pasmosa vía de la no representación en un país que solo tiene breves y pequeños arranques de rebelión.


Reflexiones post primera vuelta. Por Luis Osorio

22 de noviembre de 2021

Por un buen tiempo, y tal vez por muchos años, las nuevas generaciones y las no tan nuevas recordarán la fecha del 18 de octubre de 2019, indistintamente asociada a la revuelta, estallido social o como se le quiera llamar. Es un momento al cual no se debería haber llegado jamás, si es que se hubiera tenido el entendimiento del impacto de la dictadura cívico militar, y sus consecuencias posteriores en muchos ámbitos, siendo lo más envolvente la imposición de un estilo de sociedad. El camino de ahí para adelante no en forma abrupta, pero nunca pausado en extremo, debería haber sido diametralmente opuesto. No deberíamos haber esperado un tiempo extenso para abordar el cambio de la Constitución y a la vez hablar de democracia, que realmente estaba ausente, esto afirmado desde la evidencia con la interrogante de cuál habría sido un tiempo prudente de convivencia con la Constitución del 80. Se trataba de llevar a la práctica desde el 11 de marzo de 1990, el ejercicio del pensar en un paradigma de justicia social, diseñarlo e implementarlo. No iba a rendir frutos de inmediato, pero sí podía abrir una puerta de entrada al siglo XXI, muy distinta. Al fijarse en ejes fundamentales de cambio, podría haber habido algunos de tránsito lento, como lo es el tema de las pensiones, otros un tanto más acelerado, aunque en ningún caso inmediatista, como lo es la salud. Pero como eje transversal, y de incidencia directa en el crecimiento y desarrollo de las personas, se encuentra la educación explícita abordada como país, que representará una gran intervención con repercusión en la forma de relacionarnos, por los efectos que tiene sobre el desaparecimiento de una mano de obra barata y la inserción en una sociedad del conocimiento bien distribuida, con efectos colaterales en la disminución de las desigualdades. Aunque también lo educacional, es un proceso que demanda un tiempo, no se trata de una cronología que tienda al infinito. El propósito es claro, una similitud importante de la educación que se imparte en lo público y en lo privado, con una intención de nivelar las diferencias sociales, y más aún equiparar las oportunidades atendiendo a eso que más de alguna vez se ha dicho, pero no repercute en la acción, la existencia de diferencias desde la cuna. El sistema educativo hay que observarlo de manera integral, tanto en la trayectoria de vida de una persona, como en la relevancia de la formación de los profesores y lo que ello implica. Se trata de un sistema que se retroalimenta a sí mismo, en caso que no se tengan en cuenta la más amplia gama de variables involucradas, la permanencia de factores inadecuados se vuelve una constante. El educar debe llevar a aspectos variados, la habilidad para discernir sobre lo socialmente justo, la realización según los intereses personales, el apego a la actitud ética de vida y atender a los aspectos que van por lo moral, alejados de lo que puede ser un juicio en lo legal. Debe interpretarse como una componente de crecimiento humano contrapuesto a la desigualdad extrema, incluso llegando al plano de hacer coincidir los deberes y los derechos, coexistentes en un país construido por muchos. Concebir el éxito, en un contexto creciente del ser que es parte de una sociedad, en que todos tienen un rol importante y colaborativo por ejercer. Permea lo expresado, en el efecto de llegar a situaciones de crisis, por haber dejado muchos aspectos postergados y con privilegios para unos pocos, un abandono importante de la condición de vida digna para las mayorías. Cuando se expresa en forma insistente, y ahora entrando en el plano eleccionario, la necesidad de cambios y transformaciones, hay que saber escuchar desde donde vienen esas expresiones y qué grado de responsabilidad se tiene en no haber efectuado esas modificaciones a tiempo. Está claramente identificado el sector al que, sin nombrarlo, se está haciendo referencia. Es mayor la responsabilidad, si el tiempo transcurrido entre los años que se toma la gobernabilidad y los años transcurridos a la fecha, son demasiados. Es un actuar con desidia y creyendo que fueron parte de una gran obra, más aún a esta altura no tendría razón ser tan relevante la necesidad de cambio y transformación, condicionado a que las cosas se hubieran realizado en un sentido de gran humanización en momentos oportunos. Eran tiempos, que el comportamiento cívico eleccionario, les daba una oportunidad en situaciones de segunda vuelta, sin condicionamiento alguno, sólo el creer que eran parte de una posible alternativa que en apariencia inspiraban confianza, pero que finalmente la historia fue demostrando lo contrario. No se trataba de hacer caso a un acuerdo cupular, ya que primaba una sensibilidad ciudadana natural, que ni siquiera ponía atención en los méritos de los futuros gobernantes. Se les otorgaba un mando de libre disposición. La encrucijada actual, se inserta en un proceso constructivo de muchos y que tiene amplio vínculo con un cambio generacional que está encima, al cual se le debe hacer caso. Después de una primera vuelta los caminos son dos y por primera vez en años, se confrontan visiones de sociedad diferentes, de las cuales cada uno debe tomar una decisión el 19 de diciembre, en menos de treinta días mediante. Ya hay presente una propuesta y definiciones ciudadanas que dieron lugar a esa propuesta y no a otras. El apoyo concitado, determina el respeto a esa decisión y la inteligencia de saber cuál es el camino inadecuado. Aunque la unidad, en ocasiones es importante, tal vez no es la palabra más adecuada en los tiempos imperantes, cuando ya se ha exteriorizado una campaña con mucho descredito hacia los adversarios, y desconfianzas en las transformaciones, situadas en escenarios en que los tiempos actuales determinan mayor rapidez, por efecto de lo postergado. Se suscita una tendencia a seguir la misma trayectoria de siempre, sin atender a los acontecimientos de los últimos dos años. Lo pertinente es una unidad con visión de un gran futuro, abriendo las puertas hacia el cambio, siendo preciso, impregnar alegría del atreverse a satisfacer expectativas maravillosas y que permitan atender las expectativas no resueltas, ahora a cargo de una savia nueva. Hay que darle partida al siglo XXI, en un estilo de sencillez y valoración de las personas, rompiendo cercos que se debe aceptar, venían impuestos desde la dictadura. Se trata de invitar a un proceso de reflexión, del cual exista el convencimiento de las raíces y efectos de un largo período de la historia. Es el efecto de no haber puesto atención en las consecuencias de la desigualdad y que llevan de manera inevitable a tener una mirada de cambios, finalmente la postergación en profundidad de los aspectos sociales, llevó a una ingobernabilidad, materializado en el actual gobierno, la extensión de la estructura dictatorial y todos los gobiernos post 1990, que hicieron caso omiso a las grandes expectativas de la década del 80, pero es posible y de justicia tomar una nueva senda. Si esperamos una patria justa para todas, todos y todes, no hay nada que temer y, además, es parte de una contribución a la humanidad, que también se encuentra algo degradada. Para el país, algo fundamental y para otros países un grano de arena. Apelar al buen sentido, sumado al entendimiento sin soberbia, y la claridad de que son los electores quienes deciden, observan y están atentos. Es una ciudadanía activa y no pasiva, la que concurre a sufragar. Los acuerdos pueden ser de alto nivel en lo político, pero en los tiempos actuales son los electores quienes resuelven el resultado de segunda vuelta, el protagonismo recae en las propuestas que permiten llegar a esa instancia, sin dar espacios en momentos de alta demanda por nuevos rumbos. Así, se debe apelar a la conciencia y la racionalidad, poniéndose en un rol autocrítico y abrirse a tiempos de grandes desafíos, decidiendo de si se es parte de una justicia social con un bienestar creciente. Se parte con un alto nivel de retardo, pero si no se da paso al cambio, estaríamos más atrás del statu quo que se había tomado como costumbre inadecuada. El escenario de un gobierno de ultraderecha, no estaría alejado de ser consecuencia de la forma en que se condujo al país, por décadas, aún es tiempo de enmendar. El reencuentro es posible, rememorar es primordial, para las generaciones al día de hoy no tan jóvenes, los puntos de encuentro y esperanzas mientras se convivía en régimen dictatorial. La construcción de futuro, se trata de una obra hermosa, se tiene que dejar sentir desde lo más profundo que aspiran los seres humanos para un bienestar de mayorías, y que se expanda a través de todo el territorio, en una geografía tan variada en que nadie sobra. Algo que inspira tranquilidad, es que, sin esperar ninguna conversación de líderes, ciudadanos partícipes de otras opciones que no prosperaron, ya se están sumando de manera incondicional con alta comprensión y altura de miras, de esa forma hay que seguir sumando. La vida digna, no tiene relación con la promoción de reformas que son un medio, el sentido del ser es el fin.


Elecciones: ¿Ganó realmente el pueblo? Por Juan Pablo Cárdenas S.

Quienes fueron a sufragar el domingo lo hicieron en la convicción de que tendrían que volver a las urnas para dirimir entre los dos candidatos que obtuvieran la mayor cantidad de votos. Las encuestas, y no las manifestaciones populares, tenían resueltos los nombres que posiblemente irían al próximo balotaje y la prensa como la opinión pública se fue conformando con estas predicciones que, como se sabe, en Chile resultan muy poco certeras. Prácticamente, desde el comienzo de esta corta competencia se dio por seguros a algunos postulantes y se relegó a los que fueron considerados con muy pocas posibilidades. La ciudadanía se enteró casi a última hora de que los candidatos tenían programas de gobierno y ciertamente no fueron estas propuestas las que motivaron a los votantes. Se trató de una campaña centrada en nombres, más que en partidos o idearios. En candidatos que tampoco despertaron el fervor popular de otras contiendas del pasado, tanto así que muchos decían que había que votar por el que pareciera menos malo. Lo que es plenamente explicable por el enorme desprestigio de la política y la falta de credibilidad de sus partidos y caudillos. De aquí que los niveles de abstención (52%) de nuevo resultaran altos para un país que presume de democrático y del alto espíritu cívico de su población, lo que hace prever, en cualquier escenario, que el próximo mandatario no va a obtener un respaldo efectivo de más del 25 o 30 por ciento de los chilenos con derecho a voto. Tendremos un gobierno minoritario, con un parlamento que le será muy poco dócil, y con una enorme cantidad de expectativas sociales que lo más seguro es que vuelvan a encender la protesta social. Con el agravante de que la pandemia para nada está controlada, que las arcas fiscales simplemente no dan para resolver todas las demandas que siguen pendientes y con un Poder Legislativo al que le costará consentir con lo que se proponga el Ejecutivo. Todos los candidatos estaban advertidos que, de ganar, les costaría mucho gobernar. Así como les sería demasiado difícil hacer frente a los conflictos radicados en varias zonas del país, especialmente en la Araucanía. Que el fenómeno de la violencia y la delincuencia que realmente asolan al país, muy difícilmente podrían ser mitigados sin la posibilidad de que se avance efectivamente en justicia social y equidad, conceptos que de la boca para afuera están posicionados en todos los discursos desde la ultraderecha hasta la extrema izquierda. Sin que se resuelva, con urgencia, mejorar drásticamente los ingresos de los trabajadores y de las familias. Sin que las nuevas autoridades resuelvan acabar con las abusivas AFPs, se suba drásticamente el piso de las pensiones y la salud deje de constituir el lucrativo negocio de las isapres para garantizar la atención médica y hospitalaria a toda la nación. Es decir, se le dé curso a lo que se ha prometido transversalmente en las tres últimas décadas, sin avance alguno y con el agravante de que para, aliviar la crisis, se tuviera que echar mano de los escuálidos fondos de los futuros jubilados, con lo que sus expectativas de un retiro digno se hacen ahora más inciertas. Salvo la excepción conocida, ningún candidato prometió revisar en serio los gastos de defensa, que dan origen a una desigualdad flagrante entre uniformados y civiles. Ni siquiera se habló de reducir las adquisiciones de armamento, como muy poco se aludió a los innumerables casos de corrupción entre la oficialidad y las policías. Tampoco se prometió esta vez derogar el IVA a los libros, una vieja demanda burlada por todos los gobiernos. De esta forma, el debate sobre el destino del país a ratos pareció circunscrito a la posibilidad de dictar una nueva y más permisiva ley de aborto, a ponerle más reconocimiento legal a las relaciones entre parejas del mismo sexo como a otros asuntos que, siendo importantes, en realidad no están en las prioridades de una población que vive tantas carencias socioeconómicas y ahora se muestra aterrada respecto de la inflación que se hace sentir con ganas y puede perfectamente desembocar en próximos estallidos sociales. Se dijo que el país estaba altamente polarizado, que estábamos en peligro de elegir entre un nacionalsocialista y un marxista leninista, al grado que los candidatos de centro no demostraron mucho éxito en parecer morigerados y ganar a esos chilenos todavía impactados por lo que fue la dictadura pinochetista y lo que se le ha dicho respecto de los horrores que vive Venezuela, Nicaragua y Cuba. Para lo cual la prensa adicta al sistema miente y exagera a través de sus ignorantes y desinformados analistas, cuanto los mismos animadores de la televisión. Lo cierto es que más allá de sus “lugares comunes” y propuestas puntuales y de suyo demagógicas, todos los candidatos, salvo la excepción conocida, fueron de visita ad limina ante los grandes empresarios y más allá de las cámaras hasta sostuvieron con ellos sospechosas conversaciones bilaterales que no fueron advertidas por la prensa. Unos fueron a arrodillarse ante los hombres de negocios y otros en la esperanza de sensibilizarlos frente a las urgencias sociales del país, sobre todo para obtener recursos para financiar sus campañas. Ante ellos no se habló de expropiaciones ni de grabarlos con los justos impuestos que se hacen ahora imperativos. Y muy tibiamente se les reprochó respecto de sus nuevos actos de colusión evasión o elusión tributaria. Menos, todavía, se les exigió fortalecer el sindicalismo. Hasta hubo candidatos que en el pasado de manifestaron en contra del imperio del mercado y que esta vez guardaron sacrosanto silencio y, en las horas previas a la elección, el gobierno decidió desahuciar una licitación pública ganada por un grupo chino y alemán para confeccionar nuestras cédulas de identidad y pasaporte. Nada más que para agradar a los Estados Unidos, potencia ciertamente molesta y de la cual se temió represalias ante un acto soberano chileno. Todo esto a pesar de que la nación asiática es nuestro principal socio comercial. A lo anterior, agreguemos que hasta la expresión “neoliberalismo” desapareció de los discursos y debates presidenciales, salvo la excepción de aquel candidato que se atrevió a decir de todo, a sabiendas de que no tendría chance alguna de llegar a La Moneda. Vendrá ahora una segunda vuelta en que se exacerbarán los temores, se elevarán las descalificaciones y los candidatos -Kast y Boric- harán todo lo posible por ganar el apoyo de los perdedores, los que en conjunto sumaron más votos que cada uno de los contrincantes de la segunda vuelta. Se nos hablará del peligro que representa al triunfo del adversario y se nos retraerá a la época de Pinochet y de la Guerra Fría, cuando la inmensa mayoría de los sufragantes no vivieron aquello y en algunos casos apenas saben de oídas lo ocurrido tantas décadas atrás. Sin embargo, de verdad es que es muy poco probable que el nuevo Presidente pueda realmente dar paso a una “era nueva”, como se ha prometido y, salvo las consabidas fluctuaciones accionarias y del precio del dólar, todo indicaría que el país va a seguir gobernado por la clase política, como que el sacrosanto mercado seguirá siendo nuestro soberano. Con el aval de los gobernantes y de la casta militar o guardia pretoriana. Toda vez que ahora se impondrá un proceso de negociaciones cupulares que podrá borrar con el codo algunas de las buenas intenciones. Cuento aparte es lo que siga sucediendo en la Convención Constituyente si es que todavía se puede tener confianza en que podrá seguir ejerciendo libremente enfrente de un Gobierno y un Parlamento nuevo y empoderado, pese a su escasa representatividad. Después de una elección que, como de costumbre, fue altamente determinada por la propaganda electoral, el sesgo de los poderosos medios de comunicación y, hay que decirlo, un país muy desmotivado respecto de una democracia que no resuelve sus problemas. Más desigual, ciertamente, de un gobierno a otro. Cada día más convencido que es la calle y no el voto el que puede abrir sus anchas alamedas. De allí que sea tan alentador, la enorme mayoría que obtuvo la candidata independiente, Fabiola Campillay, una de las más severas víctimas de la represión piñerista.


¡LAS CULTURAS, LAS ARTES Y LOS PATRIMONIOS ALZAN LA VOZ

La cita en el Anfiteatro Bellas Artes comenzó pasadas las 9:00 de la mañana con la presencia de más de 120 representantes de las culturas, las artes y los patrimonios, organizaciones sociales y gremiales.

Al encuentro asistieron los voceros del candidato presidencial Gabriel Boric, Camila Vallejo y Giorgio Jackson, para dar una señal del compromiso de Apruebo Dignidad con el mundo de las culturas, las artes y los patrimonios.

En el encuentro se enfatizaron las principales propuestas del Programa de Apruebo Dignidad para las culturas, como el aumento al 1% de Presupuesto de la Nación, la reformulación de los mecanismos de financiamiento para las artes y la producción cultural, el fortalecimiento institucional y su expresión descentralizada y fuerte en regiones, el impulso nacional a la educación artística, así como la participación ciudadana en los procesos legislativos, como una nueva Ley de Patrimonios, de las Artes Visuales y Archivos, el trabajo decente para los trabajadores de la cultura, entre otras.

A pocos días para las elecciones más complejas de las últimas décadas, el encuentro relevó el papel central de la democracia cultural en el desarrollo del país y en el ejercicio pleno de los derechos sociales y culturales, corazón de una propuesta para Chile, que entiende a las culturas, las artes y los patrimonios como un eje transversal del bien vivir. Las culturas han sido uno de sectores más afectados por la pandemia del Covid dejando en evidencia las precarias condiciones que en Chile operan para la creación, difusión y circulación de las culturas, incluyendo sus trabajadores.

Al Anfiteatro Bellas Artes acudieron representantes de las artes visuales, escénicas, del cine, la música, la literatura, cultores de tradiciones de raíz folclórica y pueblos originarios, instituciones culturales, organizaciones gremiales así como los integrantes de la Convención Constitucional Malucha Pinto, Ignacio Achurra y Jorge Baradit. Además estuvieron presentes el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades Manuel Antonio Garretón, la ex Ministra de Cultura Claudia Barattini, la ex subsecretaria Lilia Concha y los artistas Isabel y Tita Parra, Daniel Muñoz, Chinoy, Jorge Coulon, Javiera Parra, Jorge Campos, Giorgio Varas, los Coros Ciudadanos, Jaime Lorca, Alicia Sherson, Gregory Cohen, Chamila Rodríguez y Julio Milostich, entre tantos otros que compartieron escenario y graderías para sellar el compromiso colectivo con las culturas, las artes y los patrimonios originarios y cultores.

“Estamos muy contentas y contentos de ser parte de este proyecto de Apruebo Dignidad que tiene un componente fundamental que es el mundo de las culturas, las artes y el patrimonio. Para nosotros no es posible empujar este proyecto de transformación social que venimos demandando y venimos peleando hace décadas desde las calles sin comprender que la cultura es pilar fundamental de ese proceso”, dijo la diputada y vocera de la candidatura del abanderado de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, Camila Vallejo, ante el encuentro desarrollado esa mañana. A su turno, el coordinador político de la campaña, diputado Giorgio Jackson, agregó que “nos enorgullece poder estar trabajando codo a codo con trabajadores y trabajadoras de la cultura en pos de objetivos que se han venido persiguiendo hace mucho tiempo (…) cuando estamos en el frenesí de una campaña electoral, ese cable a tierra que muchas veces es el mundo de la cultura nos ancla. Creo que va a ser fundamental no sólo para este proceso electoral, sino también para la realización de esas transformaciones y la disputa por la hegemonía cultural que muchas veces trata de poner al miedo, al terror, a la discriminación, por sobre la esperanza, la convicción, la igualdad”.

Ambos parlamentarios reafirmaron el compromiso con impulsar un 2% del Presupuesto de la Nación para las Culturas, existiendo un compromiso para un próximo período de cuatro años de llegar al 1%. “Pero ese no puede ser el límite, hay que avanzar hasta llegar al 2% de la nación”, complementó Giorgio Jackson.

¡HASTA QUE LA DIGNIDAD SE HAGA CULTURA


Por una nueva política electoral. Por Javier Velasco.*

El Chile neoliberal se fundó en la destrucción de lo común. Por un lado, privatizando los derechos sociales, para hacernos competir en vez de colaborar por la posibilidad de vivir bien. Por otro lado, quitándole a la sociedad su principal herramienta para transformar pacíficamente la realidad: la política.

La dictadura nos heredó un sistema político excluyente, a través del sistema binominal, el hiper presidencialismo y los quórums supra mayoritarios; pero además, un discurso anti-político donde el Estado, la gestión pública y la organización social son enemigos de la eficiencia, la transparencia y el bienestar. Pinochet hablaba contra “los señores políticos”, igual que lo hacen hoy Sichel o Parisi, y el legado de corrupción y desprestigio de la clase política transicional sembró una desconfianza que podría costar generaciones despejar.

Pero seamos claros: los malestares que produjeron el estallido social no provienen ni de la política ni de los partidos en general, sino de este sistema político que queremos dejar atrás, y de los partidos que trabajan para el interés del gran empresariado que se alimentó por décadas de nuestro esfuerzo y nuestra precariedad. La confusión entre ambas cosas es la principal esperanza de continuidad del régimen neoliberal.

Para revertir el discurso anti político del Chile neoliberal, traducir las demandas del 18 de octubre y atender las necesidades que develó la pandemia, las fuerzas transformadoras necesitamos dar señales claras de que es posible confiarle nuestro futuro a la organización colectiva. Fueron la desconfianza y el individualismo los que le abrieron el camino a Trump y Bolsonaro, millonarios xenófobos y machistas, que se mostraban como el antídoto al modelo del que forman parte central. Y es eso también lo que potencia hoy la figura de José Antonio Kast, quien no siendo más que un viejo político con delirios autoritarios, muestra su ultraconservadurismo como rebeldía, y su posición de extrema derecha, que en los últimos años lo ha distanciado incluso de la UDI, como independencia política.

Para defender nuestra sociedad de la nueva derecha autoritaria, debemos recomponer las confianzas y los vínculos entre las mayorías y las formas de organización que nos damos para la conquista del poder institucional. Eso sólo puede lograrse con una nueva forma de hacer política, que además de propuestas de gobierno y políticas públicas para el futuro, incorpore desde ya, nuevas prácticas que muestren nuestra convicción por construir una mejor. Esto debe reflejarse no sólo en la manera que desarrollamos nuestras relaciones personales y militantes, cómo producimos ideas o administramos nuestros recursos, sino también, en cómo hacemos campañas electorales.

Las vecinas y vecinos nos exigen en las ferias y los metros que no contaminemos con volantes que terminan en el suelo, que no ocupemos el espacio público con palomas que siempre terminan vandalizadas, y que no desaparezcamos hasta la siguiente elección, como los políticos de la Concertación y Chile Vamos. Pero elección tras elección volvemos a las prácticas que nos emparentan con la clase política de la transición, porque no tenemos espacio en los medios de comunicación tradicionales, y las brechas digitales y fake news, impiden que las redes sociales sean suficientes para alcanzar masivamente a la ciudadanía. Pero también, porque no hemos encontrado otras formas de hacer el trabajo que nos corresponde. Han sido las movilizaciones las que han sacudido nuestras formas de comunicarnos políticamente, y es así que hoy se vuelven cada vez más comunes, por ejemplo, los cabildos barriales, las discusiones en espacios públicos y en medios digitales alternativos, ganando espacio en las agendas electorales y desplazando las mecánicas desprestigiadas de las campañas tradicionales.

Es precisamente en este tipo de iniciativas, en el contacto con organizaciones sociales y en el trabajo cotidiano y permanente de nuestros representantes electos y candidaturas con las vecinas y vecinos de sus territorios, donde está la clave para superar la desconfianza y la decepción de las mayorías con la política partidista. Que buena parte de las candidaturas a los Consejos Regionales, como la mía, partieran teniendo que explicar en qué consiste el cargo al que postulamos, demuestra sin duda que se trata de una institución invisibilizada, pero además, que aquellos y aquellas que han ocupado esos espacios hasta ahora, no han sido capaces de abrir de manera efectiva su trabajo a las comunidades que representan, al punto que, tras casi una década de elecciones democráticas de COREs, nadie sepa qué hacen, ni qué tan importante puede ser su rol, por ejemplo, en la distribución de los recursos públicos.

El trabajo permanente con nuestras comunidades nos permitirá aprender de sus experiencias y mejorar con eso la institucionalidad. En estos meses he podido ver, por ejemplo, cómo en comunas donde hice campaña hay organizaciones que ya simplemente perdieron la confianza en la gestión de las autoridades, y decidieron no concursar más por recursos estatales, y en cambio, resolver con autogestión sus problemas cotidianos. No son las instituciones las que deben hacer que ese tipo de colectivos cambie de opinión; por el contrario, son esas organizaciones sociales las que deben transformar a las instituciones, y nuestro rol es precisamente darles el poder que les permita hacer evolucionar nuestra democracia y nuestra gestión de los recursos que producimos como sociedad.

Para todo esto, nuestro compromiso debe ser claro: ningún representante público de las fuerzas transformadoras que hoy se agrupan en Apruebo Dignidad, puede estar sentado los próximos cuatro años en un cargo, percibiendo recursos públicos, sin reunirse permanentemente a escuchar a las comunidades que representa, y sin hacer esfuerzos por convertir esas voluntades, en cambios que nos permitan vivir mejor.

El próximo ciclo electoral será un fracaso si nuestros discursos siguen tratándose de hacer una nueva política, mientras nuestras acciones siguen siendo las de los partidos del Chile de la transición. Hay que tomar riesgos, ser sinceros, cambiar nuestras prácticas cotidianas y nuestras tácticas electorales, y en definitiva ser capaces, en el tiempo que tenemos antes de las próximas elecciones, de probar con hechos concretos que es posible hacer las cosas de otra forma, para no repetir nunca más los vicios del Chile de la transición, en los puestos de poder y en las campañas electorales. En el despertar de Chile, los partidos políticos de izquierda tenemos el deber de restablecer la confianza de las mayorías en nuestras herramientas democráticas con acciones concretas. Queremos hacer una nueva forma de hacer política pero aún no encontramos una nueva forma de hacer campaña.

*Javier Velasco es abogado y candidato CORE por Convergencia Social


Las emociones en tiempos de elecciones… algunas perspectivas

por Hernán García Moresco, profesor de la Universidad Academia Humanismo Cristiano. Magister© Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH y José Orellana Yáñez, Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Académico de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia Humanismo Cristiano

“Me lo dijeron mil veces…” (canta Mara Barros, junto a Sabina) … continúa, “… ya estabas muy dentro de mi corazón”; dice la letra de esta sentida canción escrita por Rafael de León[i], en una época distinta, pero sus acordes y emocionalidad, resuenan en el presente, con una voz que estremece.

Mario Benedetti nos decía, “mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites”[ii]. Por ello, sentir la inescindible conexión con el otro, es amor; lo que en voz de Gabriela Mistral diría: “como una sola flor seremos, como una flor, y nada más”[iii]. Aunque el ser amado, nos deje, seguimos sintiendo ese aroma, esa necesidad de estar cerca y de escuchar su voz.

Filósofos como Jacques Derrida[iv] colocan el amor como asunto directamente político. Pues desde la perspectiva de la subjetivación o del principio de comunidad, es donde se encuentran esencias como la fidelidad, el compromiso, la hospitalidad o la ética.

 

Amar la nación como única forma de identificación, puede ser perverso. Amar la economía, amar la educación o amar presentarse como candidato una y otra vez, son formas presentes del amor de nuestr@s candidat@s. Amar es el impulso esencial de la vida, lo que supera el ámbito teórico, pues suma percepciones reales de nuestros sentidos, como el deseo de buscar el conocimiento, la felicidad y contemplar la verdad que hay en el otro.

 

Vemos que, así como la política, el amor también comporta pasión y a ratos desvarío, por problemas de salud o por malas interpretaciones, pero ambos son imprescindibles para el mantenimiento de la sociedad.

 

Desde la perspectiva sociológica, el afecto a la democracia es la percepción, que las personas tienen de la economía del país y la confianza en las instituciones[v] , tanto así que el PNUD, en el estudio de Auditoria a las Democracias[vi], muestra que poco más del 60% de la sociedad chilena, prefiere o adscribe a la democracia como forma de gobierno.

 

Por ello, existe un segmento social que no suspira por la democracia Institucional-electoral, no se identifica con ella y, por ende, no participa de sus decisiones. Pues, la democracia institucional-electoral, no ha logrado seducir a un porcentaje importante de la sociedad. Por ello, es deber de la democracia institucional-lectoral convocar, seducir, enamorar a quienes, miran para el lado, buscando otras formas de gobierno no democráticas (inclusive con rótulo de democráticas).

 

 

Las Candidaturas, Los Afectos y Los Silencios, Son El Resultado de Elección, Primarias y/o Consultas.

 

Sin ir muy lejos, Sebastián Sichel (por estos días) parece haber perdido el amor de su sector, pues ha generado supuestos públicos que logran alejar la identificación de quienes deberían haber sido sus adherentes, los que se identificarían con su proyecto.

 

Preguntémonos entonces, ¿basta ganar una primaria para absorber el amor, afecto, atención que otr@s tenían por Joaquín Lavín, Mario Desbordes e Ignacio Briones?; pues quienes se reconocían cercanos a sus pulsiones políticas y afectos, quienes coincidían con ellos en sentimientos y proyectos, deberían, sin mayores complejos, abrazar el proyecto de Sebastián Sichel. En esa línea, la UDI poco ayuda hacia ese ejercicio, pero Sebastián Sichel confiando mucho en su estrategia de independiente y autobiografía (más los zapatos de candidato), renunció a ese afecto, desde la soberbia de su estrategia, creyendo que los partidos lo necesitarían a él, asumiendo de facto estar por sobre ellos. Así, con dificultades evidentes, se han sumado hidalgamente Mario Desbordes e Ignacio Briones, mientras que, a Joaquín Lavín, lo socialdemócrata, parece, se le acabó.

 

Hasta ahora, pese haber sido derrotado estrepitosamente, por el invitado al postre en la mesa del Partido Comunista y el Frente Amplio, Daniel Jadue, es quien disciplinadamente ha cumplido su apoyo y compromiso democrático de las primarias. Nada más neoliberal que la política que parte y termina en su propia subjetividad y certezas.

 

Pero, por otra parte, la invitación desprolija que realizó en su momento el propio Daniel Jadue al Partido Socialista de Chile y, que luego ha estado reviviendo Gabriel Boric, no logra los efectos esperados, pues quien busca vía la presión, hacia quien podría estar debilitad@ para obtener favores o para alcanzar una relación paralela, busca construir dos almas y, el amor, no lo permite. Allí surge la paradoja entre la fidelidad y constitución que pregonan, poniendo como eje central la unidad, pero buscando dividir para gobernar. Tal como lo ha expresado Camilo Escalona en ocasiones, el presidente Salvador Allende, no opinó igual que su Partido, sin embargo, fue parte de su orgullo la lealtad de su militancia y el valor de su palabra[vii].

 

En este contexto, las almas de la derecha viven la misma seducción, por ello resulta natural, la invitación que realiza Sebastián Sichel a l@s adherentes que le siguen: “libertad de acción”. Frase utilizada, por estos días, no solo en las esferas de la política, esgrimiéndose la misma para no romper el matrimonio, la unión… ocultando de esta forma, lo indecoroso que es no cumplir la palabra. Ahí aparece la falta de estándar ético.

 

Es menester confesar que al intentar realizar una observación panorámica/rápida y buscar explicar conscientemente el amor y la política (sin las honduras requeridas), no alcanzamos a cubrir el todo (soberbio y pretencioso sería creerlo), pues vemos cómo en el presente se iría desenvolviendo esta relación, análogamente, en nuestra cotidiana realidad política. Lo que no deja finalizado o agotado el tema, obviamente por lo mismo antes dicho.

 

Pero, efectivamente hay un ámbito ético, tanto filosófico como antropológico, que incumbe a ambos (política y amor): la libertad y la unidad. Cómo convivir con el otro, su historia personal, con sus creaciones y frustraciones; cómo dejar que pueda expresar y no me avergüence de lo que apoyó o expresó, en otros años.

 

Somos una sociedad, un colectivo, donde vivir en solitari@, es una particularidad muy acotada (¿los ermitañ@s?), se busca alcanzar relaciones con otros, en definitiva. Materializamos compromisos, pues en una relación intersubjetiva[viii], cada uno debe exponer sus sentimientos, proyectos, emociones. El avance de un@s, no se logra, con el retroceso de los otr@s, la sociedad requiere de personas interesad@s en amar/concretar el bien común, esperando ellos obtener la entrega del apoyo colectivo, cuando esté desvalido. Es decir, se busca la reciprocidad ética alcanzando valores y principios como la fidelidad, cariño, confianza, honestidad, etc., que por muy ideales que parezcan, se necesitan urgentemente restituir, en una sociedad signada por el individualismo… lacerante.

 

Entre amor y política, convive la paradoja de dolorosas contradicciones, pues la metamorfosis del sentimiento donde se mezclan visiones idealizadas de libertad, pero en medio de una relación (electoral) es posible renunciar a todo por la ‘persona – proyecto’ que amamos o nos identificamos, lo que en campo electoral podríamos llamar: fidelización, acción que busca la conjunción creativa en los procesos electorales (como por ejemplo de las franjas de televisión) entre libertad e identificación con un proyecto o una persona, pero donde urge la innovación para pasar de la imagen al contenido. Es el cambio en la forma de expresar al otro el afecto o empatía, es cambiar la invitación de beber una copa Cabernet Sauvignon o Merlot, por un refrescante, vivaz, rojo intenso, Lambrusco.

 

Continúa la canción de Mara Barros, “no debía de quererte, y sin embargo…, te quiero”.

  NOTAS:

[i] Ver en https://www.eldiario.com.co/seccion-d/y-sin-embargo-te-quiero-cancion-de-rafael-de-leon/

 

[ii] Ver en https://www.poemas-del-alma.com/tactica-y-estrategia.htm

[iii] Ver en http://www.gabrielamistral.uchile.cl/poesia/ternura/rondas/Dame.html

[iv] https://17edu.org/deseo-y-comunidad-el-amor-como-categoria-politica/

 

[v]Ver en https://revistadesociologia.uchile.cl/index.php/RDS/article/download/47884/50543/

 

[vi] Ver en https://www.cl.undp.org/content/chile/es/home/library/diez-anos-de-auditoria-a-la-democracia--antes-del-estallido.html

 

[vii] Ver en https://opinion.cooperativa.cl/opinion/politica/el-compromiso-politico-en-salvador-allende/2021-09-13/100801.html

[viii] Ver en https://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/109842/Diaz%20Rodrigo.pdf?sequence=3&isAllowed=y

 


La Región de Los Lagos: ¿Azul y verde? Por Eduardo Ocampo Castillo

Es un fenómeno conocido por la opinión pública, que Chile atraviesa una grave situación tanto de sequía como de escasez hídrica para personas y comunidades. Según diversos estudios, más del 70% de la superficie está afectada por sequía, desertificación y suelo degradado. Al respecto, el país completo se indignó con el caso de Petorca, donde miles de personas viven sin agua potable. Pero, ¿qué pasa con el sur de Chile y la Región de Los Lagos? Resido en Puerto Montt, Región de Los Lagos, y para ilustrarnos acerca de la privación del derecho al agua no es necesario mirar tan lejos. A pesar de la imagen que se nos ha asociado, con un marcado azul y verde en nuestra geografía física y cultural, en nuestros territorios hay amplios sectores de la población a quienes se les ha negado este vital elemento. Y la causa no es natural, sino de orden político y económico.

Actualmente, en la Región de Los Lagos, decenas de miles de familias satisfacen sus necesidades sanitarias vía camiones aljibe. Situación que tiene que ver con un modelo de desarrollo que ha concentrado, en pocas manos, los recursos hídricos, mientras ha deteriorado sus fuentes para muchas y muchos. Lo que retrata a su vez, las incapacidades de las autoridades responsables de la gestión territorial, de un Estado subsidiario que secunda a los agentes privados en materias esenciales y que ha llegado tarde en las soluciones, infraestructura y servicios sanitarios en pleno siglo XXI.

La Vara, Alto La Paloma, son algunos de los sectores que hoy no cuentan con el servicio básico de alcantarillado en la gran urbe que es Puerto Montt. En Calbuco, Hualaihué y el archipiélago de Chiloé, la situación es aún más difícil. La situación que atraviesa el archipiélago de Chiloé obedece a múltiples causas. El ciclo natural del agua está alterado. Ese es el problema de fondo. Las grandes reservas de agua están siendo objeto de actividades productivas que están generando un daño, no sólo ambiental, sino también en la vulneración de los derechos fundamentales de miles de familias. Una de estas es la extracción del musgo pompón, importantes reservorios de agua. Frente a esto, debe existir una legislación que limite o, directamente, prohíba su extracción. No hay otra manera. Lo cual implica procesos de transición de algunas de las formas económicas locales, en diálogo con las comunidades y los conocimientos territoriales. Al mismo tiempo, desde ya largas décadas, retrocede el bosque nativo a manos de una industria forestal que va controlando más y más superficie para destinarla a plantaciones que traen consigo erosión y pérdida de suelo.

Otro punto a considerar en esta materia, tiene que ver con el negocio de los camiones aljibe. Ya que estamos hablamos de una gran cantidad de recursos fiscales destinados a actores privados encargados de dicha distribución. Es necesario fiscalizar lo que está sucediendo allí, ¿Qué tipo de intereses se están articulando? Siempre debemos estar alertas de que, a medida que haya una mayor privación de agua para comunidades y territorios, también habrá una mayor demanda para este mercado derivado de la crisis ecológica. Estas y otras, son materias fundamentales para las cuales las futuras legisladoras y legisladores que estamos por los cambios democráticos debemos comprometernos. Pero hoy en día, tener una posición desde la ecología política, implica inevitablemente superar un modelo de injusticias y desigualdades que se basa, en buena parte, en la sobreexplotación de los bienes comunes naturales. No basta con señalar, de manera demagógica, tan típica de los momentos electorales, que “estamos por el derecho al agua y proteger el medioambiente”, si nada se dice sobre los procesos de despojo y saqueo, del tipo de economía y desarrollo de las últimas 4 décadas, y de los intereses empresariales concentrados, que se encuentran tras de aquello. Dicho de otra forma, quien no se posicione sobre aspectos centrales del neoliberalismo, en su formato chileno, nada cambia.

Avanzar en el derecho humano y social al agua, en un Estado protagonista en la provisión de servicios e infraestructura sanitaria, y en una nueva relación entre los bienes comunes naturales, la economía y la sociedad, están vinculados a su vez, de forma clara, con la consolidación del proceso constituyente, la colaboración estrecha entre los movimientos sociales y delegadas y delegados de la Convención Constitucional que tienen un compromiso con los cambios democráticos, y, por supuesto, con un triunfo categórico del Apruebo Nueva Constitución en el plebiscito de salida y la habilitación de la misma. Lo cual, es parte de un momento crucial en el cual podemos dialogar e impulsar una nueva ruta de desarrollo que habilite un tránsito de las formas económicas vigentes hacia otras sustentables en un sentido de condiciones de vida dignas para toda la sociedad, y que enfrente el desastre ecológico en curso. Tránsito que no será fácil, dada la actual dependencia a las economías extractivas y concentradas, y que supone de mucha creatividad, voluntad y prudencia, para combinar herramientas de planificación territorial democrática, de fortalecimiento de los sistemas de generación de conocimiento, ciencia y tecnología, de ampliación de las economías de pequeña y mediana escala asociativas y ambientalmente responsables, de un mayor rol del Estado y de comunidades organizadas en la propiedad, protección de los bienes naturales y fomento de otras economías, entre otras posibilidades.

Por lo tanto, el programa y propuesta política que planteemos, y las decisiones que tomemos en el corto y mediano plazo en los procesos institucionales, resultan cruciales, más en medio de una inevitable resistencia de los grupos de poder que hoy encuentran en la ultraderecha su línea de defensa. Éxito del proceso constituyente y habilitación de una Nueva Constitución democrática avanzada, derecho humano y social al agua, más poder e instrumentos para la gestión territorial democrática, tránsito hacia formas económicas sustentables, son parte de la columna vertebral del proyecto de Apruebo Dignidad, que, más que ser el producto de una negociación entre partidos y movimientos políticos, recoge algunas de las principales aspiraciones que se han instalado en el espacio público a través de la movilización social, ciudadana y territorial durante las últimas décadas, y que hoy son sentido común de cambio.

De esta forma, si del azul y el verde se trata, es fundamental el avance de una nueva realidad y de un bloque territorial, social, político e institucional, robusto y mayoritario. Y para aquello, desde Apruebo Dignidad, junto a la candidatura presidencial de Gabriel Boric, y sus elencos a la Cámara de Diputadas y Diputados, al Senado y a los Consejos Regionales, nos ponemos a disposición.

Eduardo Ocampo Castillo Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas Candidato a diputado distrito 26


Tras una colosal y osada tarea. Por Juan Pablo Cárdenas S.

Los distintos programas presidenciales nos hacen ver la magnitud de la tarea que deberá cumplir quien resulte elegido. Difícilmente otro gobierno hasta aquí haya asumido tantos compromisos de cambio y en tan diferentes aspectos. Una tarea que resultará muy difícil y compleja si consideramos que ahora, por la pandemia, el país tiene menos recursos que antes y todas las demandas parecen tener la misma urgencia.

Desde luego habrá que ponerle fin al sistema previsional manejado por las AFPs, junto a la necesidad de implementar otro y hacerse cargo rápidamente del pago de pensiones dignas. Ello significaría varios puntos del PIB que necesariamente deben contemplar un rápido reajuste de las remuneraciones y el imperativo de crear cientos de miles de nuevos empleos conjurando, además, el fantasma de la inflación. Un fenómeno que los chilenos confiaban tener bajo control.

Se habla de reducir el gasto fiscal, pero de verdad son muy pocos los candidatos dispuestos sinceramente a ello, cuando lo que se busca es fortalecer el papel del Estado, devolverle iniciativa empresarial y hacer más eficiente su labor fiscalizadora para rebajar drásticamente los niveles elusión y evasión tributaria. Junto con reforzar el gasto en más policías y recursos disuasivos para hacer frente a la criminalidad, el narco tráfico y otras lacras que todos los postulantes a La Moneda se proponen acabar. En la salud, las metas de todos parecen muy ambiciosas con la propuesta de garantizarle a todos los habitantes el acceso a la atención médica y a los onerosos tratamientos, moderando también los precios de los medicamentos, formar a miles de nuevos especialistas y ponerle coto a la corrupción que en esta y otras áreas está tan entronizada. Solo a los objetivos educacionales habría que dedicarle otros varios puntos del PIB, si se llegara a concretar el pago a la deuda histórica con el magisterio, financiar el acceso a los establecimientos de miles de niños y jóvenes que se han ido quedando fuera del sistema, aunque se supone como obligación impartir al menos ocho niveles de colegiatura. Más nos vale no considerar en este balance las demandas de la educación superior, las millonarias deudas del Crédito con Aval del Estado que casi todos los candidatos de proponen condonar a fin de aliviarle el bolsillo de cientos de miles de familias. Una mala política pública que en su época muchos aplaudieron y ahora repudian.

A lo anterior, debemos suponer las dificultades del próximo gobierno si es que este se propone recuperar para Chile la soberanía, la explotación y beneficios de la gran minería del cobre y del litio, entre otras empresas estratégicas. Ya hay algunos observadores foráneos que muestran preocupación por las atrevidas propuestas de algunos candidatos, cuando además se les recuerda las acometidas que las transnacionales acostumbra ejercer cuando sienten amagados sus abusivos negocios.

Sabemos, además, que hay un sinnúmero de pendientes en materia de obras públicas, centrales energéticas, puentes, caminos y otras que deberán implementarse con recursos propios y no con el tan cuestionado sistema de concesiones puesto en práctica por los gobiernos anteriores y que significan una dura carga para los usuarios de las carreteras. Tal como el cobro de luz, agua y gas de manos también de empresas extranjeras. La futura administración no podrá soslayar las protestas de los transportistas y particulares destinadas a que se supriman los cobros de TAG en el tránsito de una región a otra. Con lo que el derecho a circular libremente por el país ha quedado seriamente en entredicho.

Debemos suponer que, en materia de reformas valóricas, como la aprobación del aborto libre vamos a tener que experimentar toda suerte de conflictos, así como respecto de los emigrantes que actualmente que siguen llegando por miles e, incluso, hasta son maltratados por quienes sienten amagados sus derechos laborales y otros. Con lo que habrá que asumir que en el pueblo chilenos prevalecen altas dosis de racismo y xenofobia. El rezago en cuanto a las aspiraciones por una vivienda propia y digna, como el encarecimiento del crédito inmobiliario, auguran que se intensifiquen las presiones ante las próximas autoridades. A lo anterior, sumemos la crisis hídrica, el imperativo de construir nuevos embalses para el consumo humano, animal y la agricultura, como emprender en serio la desalinización del agua del mar. Todo esto y lo anterior dando cumplimiento, por supuesto, al desarrollo sustentable, lo que es impostergable, pero indiscutiblemente oneroso.

Debeos considerar, asimismo, que Chile debe implementar una nueva institucionalidad y definir cuestiones tan importantes como las atribuciones del Presidente dela República, los parlamentarios y toda suerte de representantes políticos. Sin omitir decisiones importantes sobre el rol de nuestras Fuerzas Armadas y el acotamiento de sus efectivos y presupuestos multimillonarios. Se conoce, también, el temor generalizado de la clase política ante las oficialidades castrenses que, cada vez que lo han querido en nuestra historia, conspiran, dan golpes de estado y agreden brutalmente a la propia población nacional. Porque también sabemos que, en ellos, la vocación democrática y el respeto a los Derechos Humanos parecen muy ausentes. Es propio que durante las contiendas electorales los ánimos políticos se agiten, pero, más que en otras oportunidades, esta vez la pasión se ha desbordado y provocado constantes víctimas, desordenes y daño a la propiedad fiscal y privada. Asimismo, la propia lucha por los derechos de nuestras etnias está lejos de vislumbrar una solución, por lo que el escenario de confrontación en la Araucanía tenderá a agudizarse y extenderse, como poner en riesgo, además, a todas las otras demandas de nuestra población.

Quien se cruce la Banda Presidencial tendrá un enorme desafío y los perdedores podrán rápidamente olvidar sus respectivas derrotas.


Gabriel Boric y el fin de la transición en Chile. Por André Kogan Valderrama

El eventual triunfo del candidato del pacto Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, a solo semanas de la primera vuelta presidencial en Chile (19 de noviembre), ha generado como era de esperar, una feroz reacción de parte de los grandes grupos económicos y mediáticos del país, tildándolo de falta de experiencia, de extremo, de ignorante, sin conocimiento en economía y de tanto lugar común de la derecha tecnocrática neoliberal.

Incluso, ante la desesperación de estos grupos, dentro de un momento político completamente adverso a sus intereses, luego de las aplastantes derrotas que ha tenido la derecha institucional en las últimas elecciones, están levantando e inflando con cada más fuerza, la candidatura de ultra derecha de José Antonio Kast, representante del pinochetismo y del negacionismo, a través de un discurso de odio de manual, que busca la polarización del país, entre dos supuestos bandos (patriotas vs anti-patriotas).

El problema para ellos, es que más allá del intento descarado de posicionar a Kast en las encuestas, esta elección no es como cualquier otra, ya que más allá de que vuelvan a usar la básica estrategia de campaña del terror, de que llegado Boric presidente, nos convertiremos rápidamente en la Venezuela de Maduro o en un país dominado por la violencia de ciertos grupos no solo no es creíble sino que se desenmascaró completamente con la masiva revuelta social del año 2019.

Por lo mismo, resulta atemporal que Kast y los grandes grupos económicos crean, que se debe “recuperar” Chile, a través de una necropolítica del orden público, que niega derechos humanos básicos y propone la reducción del Estado al mínimo, buscando así proteger los privilegios de una elite que ha secuestrado la democracia por más de 30 años.

Planteo esto, ya que lo que se ha estado pidiendo es justamente lo contrario, más aún en este contexto de pandemia. Es decir, desconcentración del poder político y económico, fortalecimiento del Estado, apoyo real a las pequeñas empresas, fin a las AFP, derecho humano al agua, fin a la deuda universitaria, sistema universal de salud, reconocimiento de los pueblos indígenas, fin a las zonas de sacrificio, refundación de carabineros.

No ver aquello, es negarse a ver un proceso en curso sin vuelta atrás, en donde los movimientos sociales y millones de personas, llevaron a la clase política a generar las bases institucionales para que el pueblo decidiera si quería o no una nueva constitución, devolviéndole así la dignidad perdida con el golpe de Estado de 1973 y una transición democrática pactada, que fue más una transacción entre la derecha y una izquierda social de mercado.

Ante esto, el tremendo apoyo que está recibiendo Gabriel Boric, tiene relación con su propia lucha contra el neoliberalismo, al haber sido parte fundamental del movimiento estudiantil universitario del año 2011 contra el lucro en la educación, como vocero de la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), en compañía de dirigentes como Giorgio Jackson y Camila Vallejo, con quienes llegaría después a ser diputado.

Asimismo, el apoyo que ha recibido, tiene relación también con su propia procedencia de la región de Magallanes, la cual lo ha llevado a tener un discurso crítico del centralismo en Chile, el cual viene desde los inicios del Estado Unitario de Chile, en donde Santiago ha impuesto su orden y ha saqueado las riquezas naturales del resto de las regiones.

De ahí que haya tomado las banderas de la educación pública y la descentralización todos estos años en el parlamento, y se haya sumado a otras luchas también (feminista, disidencias sexuales, socioambiental, mapuche) formando primero el Frente Amplio y luego siendo parte del Pacto Apruebo Dignidad (Partido Comunista, Revolución Democrática, Convergencia Social, Comunes, Federación Regionalista Verde Social, Movimiento Unir, Fuerza Común, Acción Humanista, Izquierda Cristiana de Chile).

No es de extrañar entonces, que el plan de gobierno que propone Boric, se planteen demandas históricas, como un nuevo Modelo Económico Justo y Sustentable, Reforma Tributaria que apunte a los súper ricos, Sistema Nacional de Cuidados, Sistema de Seguridad Social, Transición Energética, Justa y Popular, Cultura de Cuidados Colectivos de Salud Mental, Plan Nacional de Derechos Sociales LGBTIAQ+, entre muchas otras (1).

No obstante a ello, se hace fundamental también en la campaña presidencial, darle mucho más énfasis a lo que está pasando en la Convención Constituyente en curso, la cual ya se encuentra trabajando en los contenidos, a través de distintas comisiones, para contrastar así la campaña de desprestigio de los grandes grupos mediáticos a este nuevo órgano democrático, en donde Kast ha sido uno de sus principales voceros.

Si bien se entiende que Gabriel Boric no quiere interferir en ese proceso constituyente, es fundamental mostrar el carácter histórico de lo que está pasando en Chile, y cómo esta elección presidencial es quizás la más importante de todas, ya que quien salga presidente será quien firme la nueva constitución, luego de ser aprobada por el pueblo en un nuevo plebiscito de salida.

En consecuencia, seremos testigos del fin de la constitución de Pinochet y la transición, la cual no se quiso cerrar por décadas, por lo que ahora es el momento de cambiar Chile y sumarse a este proyecto transversal y transformador de Apruebo Dignidad, encabezado por Gabriel Boric, dejando de lado purismos ideológicos e identitarios de ciertas izquierdas, que pareciera que tampoco entienden el momento histórico que estamos viviendo como país.

1: https://boricpresidente.cl/


Elecciones sin épica, ética ni estética. Por Juan Pablo Cárdenas. S.

Todos coincidimos en que las próximas elecciones presidenciales serán muy relevantes para el futuro del país, pero seguramente son las que menos han concitado interés en la población. Por cierto, menos atracción despiertan todavía los comicios parlamentarios, toda vez que está instalada una Convención Constituyente que, de convenir una nueva Constitución, seguramente va a imponer la necesidad de renovar a corto plazo el Parlamento y, acaso, el propio Gobierno.

No hay candidatos presidenciales que conciten gran fervor ciudadano. Ninguno de ellos ha consolidado real liderazgo y solo logran, en los mejores casos, interpretar a no más del 15 o 20 por ciento de los ciudadanos, la mayoría de los cuales, a solo tres semanas de los comicios, no marca preferencia por ninguno de ellos y una vez más podrían provocar una alta abstención electoral. Seis abanderados que, incluso, mantienen con dificultad el apoyo de sus propios partidos, cuando se han hecho públicas las disensiones internas en cuestiones tan importantes como la propuesta de un cuarto retiro de los fondos de pensiones o la posibilidad de dictar una amnistía o indulto general en favor de los detenidos del estallido social del 18 de octubre del 2019, como en sus incesantes réplicas callejeras en todo el territorio nacional.

Por supuesto que en ninguno de los candidatos puede descubrirse un proyecto histórico como los que se expresaban en el pasado. Por lo mismo es que no se aprecian diferencias sustantivas en sus discursos, salvo si se trata del postulante de la extrema derecha que hasta por su apellido se le imputa simpatía con el Nacional Socialismo de Adolfo Hitler. Por supuesto que al él ninguno de los otros competidores quisiera apoyarlo en una segunda vuelta electoral, en caso de que llegara al balotaje.

Lo que ha predominado en la campaña, sin embargo, son los más severos reproches a la consecuencia y trayectoria de cada uno. Incluso se ha sido descortés con la única mujer postulante, al tiempo que ella ha fustigado también muy severamente a los dos candidatos de la derecha. Sin cejar en sus críticas contra el actual Mandatario del cual prácticamente todos buscan mantener distancia habida la falta de popularidad con la que Piñera termina su gestión. Se prometió discutir con ideas, pero estas realmente no aparecieron, siendo reemplazadas por las descalificaciones mutuas en cada uno de los foros, como en la propia franja televisiva concebida para que unos y otros expusieran sus programas de gobierno, algunos de cuyos textos recién empiezan a conocerse y difundirse.

Ya sabemos que las promesas muy habitualmente son traicionadas después en La Moneda y las cámaras legislativas. Incluso con las intensas demandas de las protestas sociales se podría asegurar que un próximo gobierno le va a poner término al cuestionado sistema de pensiones o a las abusivas isapres que se enseñorean en la salud. Tampoco se ha expresado una seria decisión de mejorar los deprimidos sueldos de los trabajadores, más exiguos todavía con los altos niveles de cesantía, el enorme endeudamiento familiar y la desatada inflación que le ha hecho perder la esperanza de una vivienda propia a millones de chilenos.

Menos todavía los postulantes presidenciales hablan de cortar con los privilegios de la clase militar, rebajar sustantivamente el presupuesto para la compra de armamentos y, desde luego, castigar debidamente a los oficiales corruptos que se han apropiado de los gastos reservados. Habría n de tener para ello coraje y un sentido ético que realmente no asoma en esta contienda, salvo en las expresiones de algunos candidatos que saben muy bien que no tienen posibilidad alguna de alcanzar el poder.

Se promete también acabar con la delincuencia y barrer a los narcotraficantes, pero en realidad nadie se propone terminar con las causas de estos fenómenos que tienen en ascuas a las poblaciones y barrios de ricos y pobres. Por el contrario, lo que asoma en estos días son las espurias relaciones de algunos ediles con el crimen organizado, en una realidad que tiene alarmada a la Contraloría General de la República abocada a instruir constantes sumarios que no logran resolver los casos y condenar efectivamente a los culpables. Así como en pleno proceso electoral se suceden nuevas colusiones empresariales y transgresiones graves a los derechos de los consumidores en que se teme, como siempre, que no pase nada, salvo multar a algunos empresarios que ya han obtenido ilícitamente mucho más dinero que del castigo pecuniario que podría recaerles.

El tema “verde” es un común caballito de batalla electoral, pero hasta el final del actual gobierno se descubren proyectos ecocidas que involucran incluso al actual gobernante y a su familia. Sin embargo, a pesar del intento de algunos diputados, nada asegura que el Mandatario pueda ser destituido a pocos meses del término de su horrible gestión, pese al enorme daño que le ha ocasionado a la imagen internacional del país. En un feo y antiestético panorama, sin duda, en que el conjunto de la clase política se convierte de nuevo en protagonista y afila sus garras para hacerle frente a la propia Convención Constituyente, si es que a sus miembros se les ocurriera hacer carrera política para desplazarlos de los mejores puestos de la administración pública. Recordemos que un legislador o ministro de estado percibe un sueldo treinta veces por encima del salario mínimo que reciben millones de trabajadores.

La izquierda ya no pone énfasis en la justicia distributiva y prácticamente acota su discurso a las demandas sexuales y reproductivas de los jóvenes y las mujeres. Los Derechos Humanos aparecen ahora muy limitados y la necesidad de una nueva ley de aborto parece predominar en sus objetivos. Lo que, por supuesto, es bien aprovechado por el conservadurismo o la pacatería política, es decir, por los mismos que auspiciaron la dictadura de Pinochet y alentaron el terrorismo de estado y las violaciones sistemáticas a la dignidad de las personas. Incluidos ahora los inmigrantes cuyos modestos enseres son quemados por turbas de fanáticos que, curiosamente, dicen defender la vida.

Mientras tanto, en la derecha no se teme alentar de la boca para afuera el castigo a los malos empresarios, a los llamados delincuentes de cuello y corbata, pero estos saben que se trata de toda una impostura y no trepidan en otorgarle recursos millonarios a aquellos candidatos que después les serán dóciles operadores en los poderes del Estado. Aunque la Ley se los prohíbe, ahora, ya saben ellos como sortear las disposiciones, expertos como son en evasiones y elusiones tributarias, paraísos fiscales y otras triquiñuelas. A sabiendas, también, que todavía cuentan con poderosos y venales aliados en los tribunales de “justicia”.

Para colmo de lo anterior, en las últimas semanas un buen número de militantes y adherentes políticos ha decidido cambiar de candidato para volcarse en favor de los que las encuestas les asignan mayores posibilidades de ganar o imponerse en una segunda vuelta. Toda una serie de desafecciones oportunistas, especialmente bochornosas para los partidos, que demuestra la ínfima gravitación que estos mantienen en la opinión pública, después de convertirse en meras maquinarias electorales. Sin valores ideológicos e idearios más allá de mantenerse en el poder.


UN “GOBIERNO DE TRANSICIÓN” PARA FRENAR AL NEOFACISMO DE JOSE ANTONIO KAST. Por Juan Carlos Gómez Leyton

“El fascismo
no es un fenómeno
de la naturaleza
sino de la historia humana”

“El fascismo constituye la respuesta
de la burguesía a su propia impotencia
para imponerse sobre el proletariado”.

“Es la lucha de clases,
su amplitud y el grado de amenaza
para el orden, lo que da lugar al nuevo fascismo”.

La eminente «salida» de la carrera presidencial de Sebastián. Sichel, aunque siga en la papeleta nos estaría indicando el fortalecimiento de la candidatura de José Antonio Kast, abanderado del Partido Republicano, por parte de la «derecha toda». La cual se propone con esta decisión jugarse con todos los recursos y medios posibles a su alcance a no perder la dirección política de la sociedad neoliberal. Y, ha decido apostar por una salida rupturista con la democracia liberal usando los mecanismos de esta, este es el camino del fascismo histórico. Así lo hicieron los fundadores tanto del fascismo italiano como del nacionalsocialismo en Alemania. La ruta de los autoritarismos antidemocráticos de los últimas décadas en América Latina y el Caribe ha usado, también, los mecanismos electorales para llegar al gobierno y de esa forma restaurar las formas agrietadas de la dominación y de la hegemonía neoliberal. Los casos de Brasil y Ecuador, Bolsonaro y Lasso, son ejemplos, preclaros de esa situación.

Cabe señalar que ese camino es posible por la concurrencia de diversos factores políticos, entre el más importante es la nula comprensión política de parte de las fuerzas políticas progresistas del peligro que constituye la presencia de candidatos y organizaciones políticas protofascistas o autoritarias. En otras palabras, como he sostenido, en otros artículos, la restauración neoliberal en América Latina, en la última década, obedece más errores tácticos y estratégicos de las fuerzas antineoliberales que las virtudes de la derecha autoritaria y neoliberal. Aunque, los errores políticos de los sectores antineoliberales no nos deben obnubilar o cegar, para no pensar que el neoliberalismo no tenga apoyo social entre las ciudadanías latinoamericanas, que los tiene, los tiene.

Entonces qué hacer para que la sociedad chilena luego de la revuelta de octubre de 2019 no entre en esa ruta.

El problema central es que ninguna de las opciones que se presentan como alternativa a Kast o a una “derecha unida”, Gabriel Boric de Apruebo Dignidad; Yasna Provoste, de Nuevo Pacto Social, Marco Enríquez-Ominami del PRO y Eduardo Artés de UPA, tienen hoy la confianza política amplia de la ciudadanía nacional y, sobre todo, de los sectores políticos rebeldes de octubre. Las desconfianzas políticas son de diferentes tonalidades y razones que sería largo de detallar aquí. Pero, ninguno de ellos logra romper la indiferencia y la apatía que hoy expresa la ciudadanía sobre el proceso electoral en marcha.

El candidato de Apruebo-Dignidad genera rechazo y desconfianza entre los sectores más de izquierda de la alianza. Yasna Provoste, es la representante de la decadencia política concertacionista y, sobre todo, de la democracia-cristiana y, también, del Partido Socialista de Chile. Es una candidatura que se desfonda con una mayor lentitud que la experimentada por S. Sichel. La candidatura de MEO nació atrofiada y, por eso, se mantiene con dificultades en la carrera. Mientras la candidatura de Eduardo Artés, es una candidatura que apelando a todos los símbolos de la izquierda chilena no logra convencer a la ciudadanía. A pesar de hablar y reconocerse como un “octubrista”, carece de los apoyos sociales que le podrían posesionarse como una efectiva alternativa. Las debilidades de estos cuatro candidatos son evidentes. Sin embargo, tienen que fortalezas políticas que solo “unidas” podrían ser una alternativa efectiva para enfrentar y derrotar a Kast.

Para ello, estos deberían renunciar a pensarse -esto es, por cierto, algo muy complejo- como presidente único y liderar un gobierno de transición. O sea, la segunda vuelta presidencial, debiera asumirse como una posibilidad de conformar un GOBIERNO y no la elección de un presidente.

Ahora este gobierno de unidad política para la transición debiera comprometerse ante la ciudadanía, en cuatro puntos centrales y fundamentales, para avanzar en la perspectiva de los cambios planteados desde octubre de 2019. Aunque, sean, insuficientes desde el punto de vista de desmontar la dominación neoliberal contribuyen abrir espacios futuros para ellos. Pero, son una fórmula para frenar al protofascismo de Kast. La división de las políticas y sociales democráticas plurales y diversas solo pavimentarían el camino al autoritarismo. Estos puntos son:

(a) impulsar la transformación de la CC en una AC;

(b) apoyar la aprobación de la Nueva Constitución Política;

(c) constituirse en un Gobierno de la transición entre el régimen político de la democracia neoliberal a una democracia social, plurinacional, paritaria, antipatriarcal e inclusiva;

(d) convocar a nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias de acuerdo a las nuevas normas y reglas de la NCP.

Todo esto supone abandonar la idea de que en la segunda vuelta presidencial no se va a elegir solo a un Presidente, sino que se va a constituir un GOBIERNO NACIONAL DE TRANSICIÓN.

Para ello se requiere que los comandos políticos de los presidenciables concurran a una reunión en donde se establezca un acuerdo amplio para la constitución de ese gobierno de nacional de transición. Un gobierno que contemple la participación de todas las fuerzas políticas hoy en competencia más sectores sociales y políticos independientes. Un gobierno paritario con la participación de los pueblos originarios, etcétera. De lo contrario, el camino será: el Brasil de Bolsonaro; el Ecuador de Lasso; USA de Trump, o la Colombia de Duque; o la Argentina de Macri; etcétera.

Esta es la tarea política de hoy. Incluso es la tarea que los sectores rebeldes del «partido de las y los no electores» los cuales estarían dispuestos a apoyar esta iniciativa, solo si ese Gobierno de Transición, se compromete con los cuatro puntos señalados.

Pero la primera responsabilidad política la tienen los cuatro candidatos que se dicen representantes del cambio progresista, antineoliberal y, sobre todo, antifascista.

Juan Carlos Gómez Leyton
Dr. en Ciencias Sociales y Política
Director Académico CIPPSAL

San Joaquín, 27 de octubre 2019.
®JCGL/jcgl


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