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Chile, ¿una esperanza fallida? Por Gustavo Gac-Artigas*

Primera pata de la cueca constitucional: en el mes de octubre del 2020 un 80% de la población votó por la necesidad de una nueva constitución que reemplazara a la heredada del dictador Pinochet.

En el mes de julio del 2021 se eligió una asamblea constituyente paritaria compuesta por 155 miembros, la mayoría de entre ellos, el 64% independientes.

En septiembre del 2022 el proyecto presentado por esta asamblea constituyente fue rechazado por la mayoría de la población, un 62%.

A decir verdad, los constituyentes se dieron el gusto y los gustitos tienen consecuencia y se pagan caro. Más que pensar en una constitución para Chile, redactaron una constitución para ellos, con viejos sueños, constitución poco clara, contradictoria, en definitiva, un proyecto que no interpretaba a la población sino a parte de la población, o mejor dicho a partes de la población, una constitución atada a lo contingente, no a futuro.

Segunda pata de la cueca constitucional: en noviembre del 2022 las diferentes fuerzas políticas llegaron a un acuerdo para despejar el camino hacia una nueva constitución, con un comité de expertos y 50 miembros elegidos por votación popular.

En ella el Partido Republicano, nuevo partido de una derecha nostálgica, a la derecha de la derecha, obtuvo el 35% de los votos, lo que se tradujo en la elección de 22 de los 50 miembros a los que hay que sumar 11 de los partidos de derecha tradicional y 17 de las fuerzas que apoyan al gobierno del presidente Boric.

Resultado, otro proyecto, que declara en la letra: Chile es un estado social y democrático, responde a la mayoría, pero entrampada en artículos letra chica, esta vez al gusto de la derecha, lo que conducirá muy probablemente a...

Tercera pata de la cueca constitucional:

confrontación entre la oposición y fuerzas de gobierno, derivando en otro rechazo, y se continuará gobernando bajo la constitución heredada de Pinochet, reformada más de 60 veces, es cierto, pero básicamente una constitución que el 80% de la población estima que hay que cambiar.

Aro, aro, aro, dijo doña Pancha Lecaros.

Si analizamos lo ocurrido, las cifras de la esperanza contra las cifras de la realidad vemos cómo una política confrontacional, estrecha, ciega, consciente de los deseos de un pueblo, pero donde prevalecen los intereses sectarios, personales, económicos, intereses de casta y no de pueblo, conducen al marasmo, al estancamiento de los sueños, a la desconfianza de la política, de las instituciones, a la desconfianza en los gobernantes, y abren el camino al aventurerismo o al regreso al pasado.

No entendieron, se trataba de una nueva constitución para Chile, para la gobernanza de un país entero, para darse las normas para construir, no destruir, construir un Chile más justo, más justo para todos, más seguro, más seguro para todos, ampliando los derechos, no restringiéndolos, derechos para todos, donde nunca más, el nunca más sea un compromiso de todos y Chile sea verdaderamente un estado social y democrático.

¿Y el 80% que quería una nueva constitución? se preguntará usted. Como siempre, se quedará esperando, esperando un nuevo proceso constitucional, o cansados, esperando un mesías, y yo tiemblo al pensar en lo que puede llegar si se apagan las guitarras, tiemblo ante la posibilidad de que nos gobierne un autócrata con todo el poder en mano si se apaga el 80% de las luces en el salón de baile y comienza una resfalosa.

* Escritor, poeta, dramaturgo y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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