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Chile y la dimensión ética del cambio climático. Por Luis Carrasco Garrido

Con una larga costa, montañas, desiertos y una variedad de ecosistemas, la diversidad geográfica de Chile expone al país a una amplia gama de impactos relacionados con el cambio climático: aumento de temperatura, eventos climáticos extremos, escasez de agua y cambios en los ecosistemas, por ejemplo.

En el más reciente informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), Chile es mencionado 98 veces en el documento, 34 de ellas en directa relación a los fenómenos climáticos que enfrenta.

Las actuales condiciones existentes en este tema pueden provocar en el país desastres naturales cada vez más frecuentes y destructivos, cuyas manifestaciones posibles sean eventos extremos como sequías, inundaciones, olas de calor, deslizamientos de tierra y aumento del nivel del mar, entre otros.

Lo cierto es que una comprensión profunda de este contexto nos empuja a una mirada ética de lo que está ocurriendo. El cambio climático incontrolado puede hacer que la vida humana en la Tierra sea mucho más difícil de lo que es, si no imposible. Por las características de Chile, se trata de un aspecto que debe considerarse.

Y de allí la importancia de que los resultados y las recomendaciones del informe del IPCC sean considerados por los líderes políticos y la sociedad civil en el país para que se promuevan medidas efectivas de mitigación y adaptación al cambio climático. Esto podría incluir políticas y acciones destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, fortalecer la resiliencia de las comunidades frente a los eventos climáticos extremos y promover prácticas sostenibles en diversos sectores, como la agricultura, la energía y el transporte por nombrar algunos.

En general, la mención frecuente de Chile en el informe del IPCC destaca la importancia de abordar los desafíos del cambio climático en el país y trabajar hacia un futuro más sostenible y resiliente frente a los impactos climáticos.

Sin embargo, existen varias razones por las cuales las conductas pueden ser contradictorias o antiéticas en relación con el cambio climático y los desastres naturales. Por ejemplo:

 La falta de conciencia o la incomprensión de cómo las acciones individuales pueden contribuir al problema global.

 Influencias culturales y sociales. Si la sostenibilidad y la mitigación del cambio climático no se valoran o priorizan en una determinada cultura o grupo social, las acciones individuales pueden no reflejar una ética en línea con la lucha contra el cambio climático.

 Dificultades en la toma de decisiones. Las personas pueden enfrentarse a conflictos entre sus intereses inmediatos y los de largo plazo. Por ejemplo, elegir “opciones más convenientes económicamente” en lugar de opciones sostenibles en el tiempo.

 Para algunas personas, acceder a alternativas más sostenibles puede ser difícil debido a limitaciones económicas, falta de infraestructura o inexistencia de opciones disponibles en su entorno.

En tanto, otras personas son parte de la negación del cambio climático, aunque la evidencia científica respalda de manera abrumadora su existencia. Lo anterior puede llevar a conductas contradictorias o antiéticas al no reconocer la necesidad de acciones para abordar el problema.

Es importante promover una mayor conciencia, educación y comprensión sobre el cambio climático. Al proporcionar información clara y accesible, promoviendo la responsabilidad individual y colectiva y solicitando políticas y prácticas sostenibles, es posible ayudar a alinear las conductas de las personas con una ética adecuada frente al cambio climático.

Frente a un compromiso ético ineludible que tenemos todos con la vida justa y de calidad, es oportuno y fundamental preguntarse qué estamos haciendo para mejorar la condición actual y preguntarnos si estamos preparados para enfrentar las consecuencias del cambio climático si no lo hacemos.

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Luis Carrasco Garrido, director del Programa de Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático UTEM.

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