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Código de Hammurabi: una mirada actual desde la salud pública. Por Diemen Delgado-García

El Código de Hammurabi es uno de los conjuntos de leyes más antiguos conocidos en la historia humana. Fue creado durante el reinado del rey Hammurabi de Babilonia alrededor del año 1754 a.C. Este código es inscrito en una gran estela de diorita, una piedra ígnea, que fue erigida públicamente para que todos pudieran ver las leyes. El código tenía como objetivo principal establecer la justicia y regular la vida cotidiana en la antigua Babilonia. Contenía leyes sobre propiedad, comercio, matrimonio, esclavitud y delitos, proporcionando un marco legal integral para la sociedad de esa época. Es la primera compilación de leyes escritas que se conoce en la historia. Establece principios legales que regulaban diversos aspectos de la vida cotidiana, incluyendo la responsabilidad médica.

Si un médico realizaba una cirugía y el paciente moría o perdía un ojo, el médico perdía su mano. Esto refleja la gravedad del juramento hipocrático de "hacer no daño", que es fundamental en la ética médica hasta el día de hoy. También regulaba los honorarios médicos. Establecía tarifas máximas que un médico podía cobrar por procedimientos médicos específicos, lo que sugiere una estructura de tarifas temprana en la historia de la medicina. La ley 218 también establece que, si un médico cura la fractura de un hombre libre o le devuelve la vista, se le pagará diez shekels de plata. Esto indica el valor del cuidado médico y la compensación adecuada por servicios médicos exitosos.

El panorama de la salud pública después de la pandemia de COVID-19 se ha vuelto una preocupación global, donde se hace énfasis en la proporción de recursos y apoyo para las personas que sufren de ansiedad, depresión y otras condiciones de salud mental y física relacionadas con la pandemia. La mirada futura de aprendizaje es la inversión en sistemas de salud para mejorar la capacidad de respuesta ante futuras emergencias sanitarias, el desarrollo de planes de preparación y coordinación a nivel nacional e internacional, la inversión en investigación científica para comprender mejor los virus y desarrollar tratamientos y vacunas más efectivas, sin olvidar que las vacunas sean accesibles para todos, incluyendo países de bajos recursos.

Es imprescindible traer a la memoria, que los recursos médicos se centraron en la atención de pacientes con COVID-19, lo que llevó a la cancelación o reprogramación de citas médicas para pacientes con enfermedades crónicas, en algunos lugares, hubo escasez de medicamentos y suministros médicos necesarios para tratar enfermedades crónicas, las terapias y tratamientos que requieren visitas regulares al hospital, como la diálisis o la fisioterapia, a menudo se vieron interrumpidas o limitadas, se implementaron consultas médicas virtuales para reducir el riesgo de exposición al virus, permitiendo a los pacientes hablar con sus médicos a través de videollamadas, sin embargo, no todos los pacientes tenían acceso fácil a la tecnología necesaria para las consultas virtuales, las pruebas diagnósticas para enfermedades crónicas a menudo se retrasaron debido a la necesidad de priorizar las pruebas de COVID-19.

Lecciones aprendidas:

Aumentar la concientización sobre la importancia de continuar el manejo y tratamiento de enfermedades crónicas incluso durante situaciones de crisis.

Los proveedores de atención médica deben adaptarse rápidamente a las circunstancias cambiantes para garantizar la continuidad en la atención.

Los hospitales y clínicas deben asegurar que se sigan los estándares de seguridad y calidad en todas las áreas de atención médica.

La ética médica y el respeto por los derechos de los pacientes deben ser fundamentales en la formación y la práctica médica.

Establecer sistemas de supervisión y revisión de casos médicos para identificar posibles irregularidades y errores.

Asegurar que los profesionales médicos sean responsables de sus acciones, con consecuencias para la mala praxis.

Utilizar tecnología como registros médicos electrónicos y sistemas de alerta para evitar errores de medicación y diagnósticos incorrectos.

Promover una cultura de empatía y cuidado centrado en el paciente para garantizar que los pacientes se sientan valorados y escuchados.

Los colegios médicos y las organizaciones deben tomar medidas contra los profesionales que se involucren en mala praxis.

Finalmente, minimizar la mala praxis médica implica un enfoque holístico que involucre a médicos, instituciones de salud, autoridades reguladoras y pacientes. La educación continua, la ética médica y la comunicación efectiva son pilares clave para lograr este objetivo.

Diemen Darwin Delgado García MD. MPH. PhD
Académico de la Dirección de Investigación y Postgrado de la Universidad de Aconcagua.
Miembro del Proyecto Internacional SOFIA del Imperial College de Londres.
Director del Observatorio de Neumoconiosis de las Américas.

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