Hay historias que merecen ser traspasadas de generación en generación, no sólo para preservar el pasado, sino porque siguen siendo influyentes e impresionantes aun en el presente.
La historia del Colegio Jorge Rock Lara se remonta a 1939, cuando fue creado como Escuela 146. Pero incluso antes de convertirse en el establecimiento que conocemos hoy, existió una persona cuya visión quedó ligada para siempre a este lugar: Jorge Rock Lara. Fue químico y también se desempeñó como docente de Matemáticas y director de establecimientos educacionales de Viña del Mar y Valparaíso. El terreno donde posteriormente se desarrollaría la institución fue donado por él con una intención particularmente significativa: que allí existiera un establecimiento educacional dedicado a la enseñanza de química, botánica y otras ciencias.
El origen de esta escuela no se basa solamente en el levantamiento de un edificio donde enseñar. Desde el comienzo existió una idea mucho más amplia: crear un lugar para aprender, descubrir y acercarse al conocimiento.
El terreno fue utilizado siempre como establecimiento educacional. Con el paso de los años, la institución atravesó diferentes etapas, diferentes nombres y diferentes administraciones, hasta llegar al colegio que conocemos actualmente.
En 1987, conocida como Escuela Básica D-438 de Quilpué, recibió merecidamente el nombre Colegio Jorge Rock Lara, en reconocimiento a su trayectoria y a su aporte en el ámbito educacional.
Han pasado más de ocho décadas desde entonces. Sin embargo, hay algo que permanece intacto: el propósito de que en ese espacio los niños y jóvenes puedan encontrarse con el conocimiento, las ciencias, el arte y la comunidad. Y es justamente desde esa historia que nace esta carta.
Mi nombre es Allison Atenas, soy apoderada del Colegio Jorge Rock Lara y actualmente permanezco durante las mañanas en el CRA del establecimiento mientras mis hijas se encuentran en un proceso de adaptación escolar. A través de mi experiencia diaria en el colegio he podido conocer de cerca una realidad que me ha motivado a buscar apoyo fuera del establecimiento.
Encontré una comunidad educativa profundamente comprometida con sus estudiantes: desde su director, profesores, asistentes e inspectores, hasta quienes cumplen labores de apoyo y aseo. Es un equipo que está permanentemente presente y dispuesto a ir más allá de sus funciones para responder a las necesidades de sus estudiantes. Pero también es una comunidad que trabaja diariamente con recursos muy limitados. Faltan materiales, insumos y equipamiento, mientras que además existe una realidad familiar y social que muchas veces dificulta que los estudiantes puedan contar con todo el apoyo que necesitan fuera del colegio.
Uno de los espacios que me sorprende a diario es precisamente el lugar donde permanezco todas las mañanas: la biblioteca/CRA. Es un espacio utilizado por los estudiantes de forma permanente, pero su importancia va mucho más allá de los libros. La persona a cargo de la biblioteca ha logrado convertirla en un lugar de encuentro, confianza y contención. Recibe a los estudiantes, los escucha, conversa con ellos, comparte y, cuando es necesario, también les brinda apoyo emocional. Los estudiantes la esperan y la buscan porque saben que allí encontrarán a alguien que los reciba con cariño y paciencia. Ella misma suele decir que muchas veces los niños no van solamente a buscar libros: “van a buscar cariño”. Creo que esa frase describe de manera sencilla algo que he podido observar personalmente.
Al principio de mi estadía, muchos estudiantes se alejaban apenas me acercaba o simplemente me ignoraban cuando intentaba hablarles. Con el paso del tiempo comenzaron a quedarse, conversar y compartir conmigo. A veces estamos solamente la encargada del CRA y yo, y aun así los estudiantes se acercan y permanecen allí. Puede parecer algo pequeño, pero para mí habla de algo enorme: la confianza y el sentido de pertenencia que se ha construido en ese espacio.
Y, sin esperarlo, este lugar también terminó influyendo en mí. Hace algunos años leí el Poema de los dones de Borges que habla sobre su ceguera y su amor por los libros. Volví a leerlo la semana pasada porque la encargada del CRA lo imprimió y me lo entregó sin siquiera saberlo, pero ahora el poema no hablaba de Borges, hablaba de mí, de mi vida en piloto automático durante toda mi vida (la ceguera y la noche) y cómo se apagó ese piloto automático en el CRA (mi propio paraíso).
Y quizás por eso esta carta me importa tanto.
Actualmente el colegio busca fortalecer el CRA y recuperar e implementar distintas actividades artísticas, científicas, deportivas y culturales, entre ellas talleres de muralismo, manualidades y creación artística, además de un pequeño museo dedicado a objetos y tecnologías de otras épocas y la continua ampliación y organización de la colección bibliográfica.
La profesora a cargo del CRA es profesora de Lenguaje y además se desempeña en otras áreas, entre ellas Teatro y Tecnología. También tiene el proyecto de impulsar un taller de literatura y escritura para los estudiantes. A pesar del esfuerzo y compromiso con que se desarrollan estas iniciativas, existen proyectos que no pueden concretarse por falta de recursos. Y ese nivel de compromiso no pertenece solamente a quienes están a cargo de una asignatura o de un espacio determinado: es algo que se percibe en toda la comunidad educativa. El director está constantemente en el patio, compartiendo con los estudiantes, jugando con ellos y participando de su día a día, desde los más pequeños hasta los estudiantes de enseñanza media. Los profesores realizan actividades que van mucho más allá de sus clases. Es habitual ver a distintos funcionarios involucrados en celebraciones, proyectos y espacios de encuentro con los estudiantes. Son profesores y funcionarios que constantemente inventan y reinventan iniciativas sociales, culturales y educativas, una y otra vez. Pero para transformar esas ideas en experiencias concretas hacen falta recursos. Muchos de esos recursos pueden parecer pequeños desde fuera, un pincel, un libro, una cartulina, una herramienta, un material para un taller, pero pueden significar muchísimo para un estudiante cuando se convierten en una oportunidad para crear.
Por este motivo, estoy buscando a todos aquellos que quieran colaborar mediante donaciones de materiales, equipamiento o recursos específicos que puedan ser destinados directamente a los estudiantes y a las actividades del establecimiento.
Entre los elementos que actualmente podrían ser de gran utilidad se encuentran:
Arte y expresión: Pinturas, pinceles y materiales para muralismo; insumos para talleres de estampado y manualidades.
Ciencia y exploración: Telescopios, microscopios, lupas y material de experimentación.
Música y cultura: Instrumentos musicales (nuevos o usados en buen estado), accesorios y materiales para mantención/reparación; libros y mobiliario para el CRA
Deporte y vida escolar: Balones, implementos deportivos, insumos de primeros auxilios y artículos de aseo/higiene.
Que un estudiante pueda pintar un mural, fabricar un objeto, estampar una polera, aprender una técnica, participar en un taller, encontrar un libro que le interese, escribir un poema, ver más allá de las estrellas y de la vida o simplemente contar con un espacio donde pueda crear y sentirse parte de algo también forma parte de su educación.
Por eso, cualquier aporte es significativo. No busco grandes donaciones para el colegio. Busco compromiso social. Y, aun cuando no exista la posibilidad de realizar un aporte material, agradecería sinceramente que, al menos, este pequeño gran colegio, sus funcionarios y sus estudiantes quedaran instalados en la mente de quienes puedan ayudar a visibilizarlo. Porque, parafraseando una idea que se ha repetido durante generaciones, para criar a un niño se necesita un pueblo. Y quizás también se necesita un pueblo para que una escuela pueda seguir creando las oportunidades que sus niños merecen.
Muchas gracias por leer esta carta y, especialmente, por considerar que detrás de cada libro, cada pincel, cada cartulina, cada herramienta, cada instrumento o cada objeto donado hay estudiantes que pueden transformarlo en aprendizaje, creatividad, experiencia y en un futuro que probablemente no tendrían de otra manera.
Atentamente y con cariño
Allison Atenas G.
Apoderada de la comunidad escolar
