La respuesta a la frase del título podría ser “depende”. Pero una respuesta a medias suele ser una forma elegante de evitar la verdad. Omitir información no es neutral: es una estrategia para no comprometerse y dejar abiertas salidas futuras.
CIPER Chile ha demostrado que cuando se revelan hechos incómodos para el poder, lo mínimo exigible es responder con la verdad completa. Esa debería ser la regla básica de la convivencia democrática, especialmente para quienes ejercen liderazgo o aspiran a representar a la ciudadanía.
Hace pocos días el titular menos escandaloso decía “Se han roto las confianzas”… otros vociferaron respecto del quiebre a la tradición “republicana” sin serlo. Y todo producto de un cable que comunicaría a Concón con Hong Kong para aumentar la infraestructura de telecomunicaciones, cuyos principales beneficiarios serían las empresas de telecomunicaciones (no necesariamente chilenas), pues se evitaría la utilización de los actuales cables, que tiene EEUU con China. Ahorro para unos, control para otros, espionaje versus tecnología 6G como avance. Está trifulca como corolario de un gobierno que busca, con buenas intenciones, cerrar su ciclo, no obstante será auditado todo, según expresa un dolido Kast. Todo esto con mucho ruido, y poca información.
La difusión de información falsa o a medias, no es patrimonio exclusivo de un sector. Candidatos republicanos instalaron ideas sin respaldo al 2025, de supuestos embargos masivos a adultos mayores o que la Educación Sexual Integral facilitaría abusos. Cada sector tiene sus propios “troles”. Se debe recordar los ataques a Evelyn Matthei. El problema no es solo la mentira explícita, sino la media verdad que se instala y circula sin desmentido oportuno, sin el autocontrol que exige el rol en ejercicio.
Los hechos del presente cercano, nos muestran a las autoridades expresando sus verdades o medias verdades. Por un lado tenemos a un presidente saliente que fue objeto de fake news y tergiversaciones, con errores evidentes pero sin faltas a la verdad. Junto a un gobierno que salió a defender su gestión post elección presidencial y que será claramente convocado por los medios de comunicación para realizar los respectivos análisis y contrapuntos respecto de las nuevas verdades que el gobierno de Kast buscará imponer. La misma critica realizada al inicio de la gestión Boric, que indicaba a un equipo de gobierno autosuficiente, con superioridad ética, duró hasta conocido el caso Convenios. Es claro, lo vivirá Kast. La economía, si logra sostenerse en un escenario internacional incierto —con tensiones como las impulsadas por Donald Trump—, será presentada como éxitos propios y si hay problema, la culpa será de otros. Aunque la verdad indica, que los resultados demoran meses y no dependen solo de una administración. A este ambiente el nuevo gobierno vivirá los excesos de protagonismo entre ministros inexpertos. Pues más que la edad para ser ministro es la experiencia en el Estado. Sino la improvisación reinará y los mismos que ayer fueron vilipendiados, por el asesor estrella de Kast, serán lo que al final del día harán la pega, correctamente.
Muchos habrán visto o escuchado el discurso de Javier Milei en el Congreso argentino el 2 de marzo, donde propuso “rediseñar la arquitectura del Estado”, entre otros múltiples pero inciertos proyectos. Esto en un clima de fuertes agresiones verbales entre el Presidente y los Legisladores. Su llegada al poder fue precedida por una prolongada mala administración estatal (algo así como –la economía se cae a pedazos-) y que trajo como consecuencia una baja participación electoral, factores que favorecieron el crecimiento de La Libertad Avanza. Un escenario que, salvando diferencias, podría repetirse en Chile hacia 2029 con un eventual retorno de Franco Parisi, y un clima mediado por responsabilidades sin nombre. Y en el caso de la oposición a Kast, si no median acciones políticas claras, que vayan más allá del mero llamado a la “unidad” o de superar las medias verdades. Pues cuando la política no logra ofrecer certezas ni resultados concretos, el electorado busca alternativas disruptivas.
En Chile, la izquierda requiere renovación y claridad en sus objetivos. No puede quedarse en la autoflagelación, especialmente frente a un escenario post-neoliberal, pues el Estado se volverá un espacio de disputa central. Deben comprender que la masa electoral es ambivalente: desconfía del Estado, pero exige protección.
En una sociedad que valora el esfuerzo individual, el mérito y la obtención de bienes materiales, la discusión de ideas pierde terreno frente a la necesidad de soluciones inmediatas para la vida cotidiana. La verdad persistente indica que: la realidad social precede a la ideología. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida material la que moldea la conciencia.
Se debe tener claridad que la responsabilidad de la izquierda no desaparece, por la derrota; se debe transformar en acciones, más allá del WhatsApp o el Tiktok. El desafío consiste en reconstruir confianza ciudadana mejorando efectivamente las condiciones de vida, articulando proyectos colectivos sustentados en verdades verificables. Las mentiras pueden seducir al ingenuo, presentarse como gestos solidarios acompañando en momentos de dolor, pero suelen ser el recurso de quienes no ven el brillo o valor en otros, prometen lo imposible y apelan más a la emoción, que a la verdad.
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Hernán García Moresco. Diplomado en Big Data, Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública, Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemáticas y Computación, USACH.
