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Conflictos étnicos, sociales, económicos, Araucanía 1900-2014 del editor Jorge Pinto Rodríguez por Hans Schuster

Conflictos étnicos, sociales, económicos, Araucanía, del editor Jorge Pinto Rodríguez. Pehuén Editores S.A. 2015, impreso en Chile, 389 páginas.

Filosóficamente, la noción de conflicto étnico se define como una confrontación entre grupos que comparten la noción de territorio e identidad cultural, con rasgos físicos o históricos comunes, en donde el conflicto es motivado por la lucha de poder político, económico, territorial y reconocimiento cultural. Filosóficamente, representa una ruptura en la convivencia, donde el "otro" es percibido como amenaza o inferior, convirtiendo las diferencias en justificativos de exclusión, violencia estructural, estatal y simbólica que se manifiesta cuando la diferencia cultural se utiliza para legitimar la discriminación, la desigualdad o, en casos extremos el genocidio. El conflicto es visto no solo como físico y estructural (injusticia social) y simbólico (menosprecio del otro), de allí que se fomente una filosofía de la violencia donde el conflicto no surge de la diferencia en sí misma, sino de la dominación de una etnia por sobre la otra, o del temor a la pérdida de superioridad o seguridad, ya sea por la militarización territorial (Wallmapu- Franja de Gaza), sanciones comerciales (EE.UU. y el resto del mundo), o para politizar la identidad ("nosotros" vs. "ellos"), convirtiendo la pertenencia grupal en un instrumento de lucha por recursos, poder o dominio territorial. (Kast y su discurso en Bruselas intentó posicionarse como el líder de la resistencia conservadora del Cono Sur –veremos qué dice la motosierra de la verborrea anti “zurdos de mierda”- por eso fue a Europa para buscar aliados naturales como “Patriotas por Europa” que defienden un modelo de vida en contra de los otros, que no son europeos) esta visión genera conflictos que destacan la incapacidad de reconocer al otro como un par, convirtiendo la diversidad cultural en su base para la hostilidad permanente; el conflicto étnico viene a subrayar la tensión entre la identidad colectiva y la necesidad de una ética de convivencia intercultural que supere la imposición de una cultura dominante por sobre las otras culturas que comparten territorios, no necesariamente idiomas, formas de vida y cosmogonías que enfatizan la armonía con la naturaleza y las comunidades, donde el pasado, presente y futuro están conectados en una ontología de la reciprocidad (el "Buen Vivir"), a diferencia de la noción de conflicto étnico que está enfocada en el Estado o el individuo, de modo que la historia en occidente, es una narración de hechos, circunstancias, acompañadas del oprobio y múltiples genocidios.

Por el contrario, la noción de conflictos sociales es la lucha inherente e inevitable entre grupos con intereses, valores o recursos incompatibles, que, constituyen el motor del cambio estructural en las sociedades, por lo que ya no se trata de una simple disfunción. Basada en la tradición marxista y desarrollada por autores como Ralf Dahrendorf, que enfatiza la pugna por el poder y la justicia social ahora el conflicto es considerado como negativo y destructor ya que es un fenómeno estructural propio de la interacción humana y de la lucha de clases que propone el propio capitalismo, neo capitalismo, neoliberal, o como quieran llamar al mercantilismo cuyos intereses en pugna surgen cuando las necesidades, los valores o los recursos son incompatibles entre los grupos sociales y quienes poseen el poder policíaco-militarizado generan la violencia o las inestabilidades necesarias como mecanismo de estado bajo el supuesto que las naciones buscan un nuevo orden y no necesariamente la equidad, (Milei y su ley laboral que pone en tensión a todo el sistema) lo que implica el uso del poder, el estatus y los diversos recursos, donde los oponentes tratan de neutralizar o superar a sus rivales, y ya no es una cuestión sólo ideológica con mecanismos de negociación para transitar de la confrontación a la transformación constructiva, lo cual significa no reconocer la existencia de un diseño social predeterminado, que no será complaciente, aunque sí envuelto en conceptos falaces como; “regular la migración” , “aportar al progreso”, “ayuda internacional”, “apoyo tecnológico” – conceptos que serán utilizados para capturar la dependencia del otro-. Hoy por hoy, el caos –en especial el mercantil-, la guerra, la seguridad, el narcotráfico, la migración son buenos negocios, y estas perspectivas se pueden relacionar directamente con la teoría de juegos, la sociología del poder y el análisis crítico de la desigualdad.

La noción filosófica de conflicto económico nos permite entender como una tensión estructural taxativa a la sociedad, derivada de la competencia por los recursos limitados, genera o mantiene la desigualdad de poder y la contraposición de intereses entre clases o agentes económicos. Más allá de lo técnico, esta perspectiva filosófica del conflicto económico analiza las contradicciones fundamentales —como la relación capital-trabajo—, la ética de la distribución y los fundamentos del valor, centrado en la lucha entre la burguesía y el proletariado, donde la plusvalía y el salario de subsistencia son el origen del conflicto, visto no solo como un problema material, sino como una contradicción social profunda. Los análisis críticos ponen en discusión el cómo "deberían" funcionar los modelos económicos y la economía, cuestionando la validez de los sistemas económicos actuales, sus límites ecológicos y su impacto en el bienestar humano. De allí que la teoría del conflicto, suele sostener que la sociedad siempre está en tensión debido a la competencia por recursos limitados y las estructuras de poder que definen quién obtiene qué, y para qué lo obtiene. De allí, también, que, en autores como Marx, se interprete la crisis económica no solo como una caída en la producción, sino como el momento en que se visibiliza la ruptura de la unidad de la producción y el cambio (compra/venta), revelando la esencia inestable del capital, buscando superar la visión puramente técnica de la economía (que solía ignorar las relaciones de poder) para examinar los fundamentos éticos, ontológicos y políticos que hay detrás de las crisis, la desigualdad y la pobreza.

Conflictos étnicos, sociales, económicos, Araucanía, del editor Jorge Pinto Rodríguez. Se compone de 7 capítulos, inicialmente se dan los nombres del comité científico internacional y de los consultores y evaluadores nacionales, luego una introducción “…La historia que se recrea en estas páginas da cuenta de un proceso doloroso para el pueblo mapuche y ocupantes nacionales y extranjeros, expuestos a los abusos cometidos por particulares que el Estado fue incapaz de evitar. …” (pág.18), El capítulo I- Campos conceptuales, perspectivas de análisis y ciclos históricos en el estudio del movimiento mapuche (1870-1990) de Igor Goicovic Donoso, -Capítulo II. Los orígenes del conflicto Estado-Pueblo Mapuche en el siglo XX, -Capítulo III, Colonos, ocupantes nacionales, campesinos y obreros de la Araucanía. 1900-1973 - Capítulo IV. La instalación del neoliberalismo y sus efectos en la Araucanía. 1950-1980, estos tres capítulos desarrollados por Jorge Pinto Rodríguez,- Capítulo V, Weuwaiñ: La invención de la tradición en la rebelión del movimiento mapuche (1990-2010) de Fernando Parican Padilla -Capítulo VI Movimiento mapuche y disputa Historiográfica. La obra Kuralaf,1986-1989 Sergio Caniuqueo Huircapan - Capítulo VII Genealogía crítica del conflicto entre el Estado de Chile y el Pueblo Mapuche a partir de las producciones de la prensa, las sentencias penales en los tribunales de la Región de la Araucanía y otros relatos. Hacia una historiografía de la exclusión mediática y jurídico social. Carlos del Valle Rojas. Y en los Apéndices está presente la documentación relacionada a diversos hechos descritos en los distintos capítulos.

La investigación da cuenta de momentos emblemáticos no sólo por la sangre mapuche derramada y la tortura en los allanamientos policíacos, los despojos ligados al capital financiero, local, nacional y transnacional, junto al despliegue político- militar, la cooptación clientelar, al tiempo que deja ver las organizaciones y los diversos proyectos, ligados a sus propias organizaciones, a la religión (católica y protestante) y las diversas matanzas (Suto y Fourrahue) y cómo se impone el modelo neoliberal, que cada cierto tiempo arde, en camiones y bosques foráneos. La documentación presentada da una mirada histórica argumentada desde Coz Coz, 1907, los desalojos, la marcación de Painemal con el fierro caliente en manos de Herman Michel, su odio “al indio” que era equivalente al de Benjamín Vicuña Mackenna o Eleodoro Yáñez, quienes forjaron la denigración que hasta el día de hoy mantiene intacta una parte de la ciudadanía. Sin embargo, en la medida que las artes y especialmente el teatro se hace cargo de mostrar los discursos frente a una época que es incapaz de responder de manera concreta con las comunidades indígenas, Las acciones de arte –dramático- vienen desde la dictadura con el Teatro Mapuche Ad-Mapu, y los posteriores momentos de diversas compañías que dan cuenta de la diversidad de los conflictos en las relaciones interétnicas cruzadas por la subordinación y explotación colonial. Aunque hoy en día el fenómeno del colonialismo inverso lo vive fuertemente Europa, que ya no tiene socios confiables ni E.E.U.U., ni Rusia, China en cambio adquiere cierta ventaja gracias a la política de aranceles de Donald –que terminaron pagando los propios norteamericanos de U.S.A.-, pero Europa necesita independencia de todo tipo, comenzando con la economía y el aumento del PIB en gasto militar, ya veremos qué pasa con las ultras europeas que, en su hastío, es hoy también anti Trump.

Hans Schuster. Escritor

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