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Crisis capitalista y pandemia: algunas notas sobre Chile. Por Paula Vidal Molina

Al momento de escribir estas líneas, las muertes asociadas al Covid-19 en Chile alcanzaban las 509 personas de un total de casi 50.000[2] contagiados y seguramente, cuando el lector esté leyendo este comentario, habrán subido significativamente estas cifras tanto en Chile como en otros países, con casos dramáticos en países como Brasil, EEUU y otros de Latinoamérica. En este contexto, el 18 de mayo (exactamente 7 meses después del estallido social) surgieron protestas en la comuna de El Bosque en la Región Metropolitana[3], que mostraban las contradicciones profundas que cruzan nuestra sociedad, y que no se resolverán con canastas de alimentos, más médicos, bonos ni endeudamiento. ¿Qué está detrás de estas muertes y las protestas en el Chile del siglo XXI? La idea que me interesa plantear aquí es que estamos inmersos en la crisis estructural del capital o lo que otros han llamado una crisis civilizatoria, pero que en el caso Chileno, confluye también la crisis sanitaria, económico-social y político-institucional. Pero ¿Cómo entender las crisis?.

Cuando se habla de crisis civilizatoria, el venezolano Edgardo Lander, refiere a una nueva condición planetaria y que implica la imposible continuidad del «modelo industrialista, depredador, que identifica el bienestar y la riqueza como «acumulación de bienes materiales» y todo es pensado en términos de recursos para la producción económica y antropocéntricos. Según Lander, estos trazos se sostienen sobre conocimientos de matriz colonial y eurocéntrica, con unas ciencias sociales modernas de origen liberal que han construido como natural e inevitable este patrón civilizatorio[4]. En una línea similar, Enrique Dussel habla de la crisis del proyecto de la Modernidad, como fundamento de la crisis mundial de hoy, porque la racionalidad moderna se apoya no solo en la idea de la «centralidad» europea, esto es económica, social y cultural, sino también en su racionalidad o irracionalidad, violencia y dominación en su relación con el mundo colonial y la naturaleza, ambas serían características fundamentales de la modernidad concebida desde una perspectiva no eurocéntrica[5].

Siguiendo la concepción materialista de la historia- podemos decir que el capitalismo por su propia dinámica genera crisis, donde los colapsos pueden ser parciales o de aquellos que permiten la transformación de la sociedad, debido al debilitamiento del principio organizador de una sociedad o de aquellas relaciones societarias que determinan el alcance y los límites de la transformación política y económica[6]. Por su lado, Istvan Meszaros[7], dirá que a diferencia de la crisis coyuntural del sistema capitalista (que se desenvuelve y soluciona relativamente con éxito dentro de la estructura establecida, incluso siendo de una severidad importante como la crisis del 29), la crisis estructural, que estalló desde los años 70 después de la expansión en la postguerra, se define por afectar la propia estructura en su totalidad. Esto significa poner atención en la crisis del sistema del capital en su integralidad y sus rasgos son: 1.- posee un carácter universal en vez de restringirse a una esfera particular (como por ejemplo financiera o comercial, o un rubro particular de la producción), 2.- alcanza un objetivo global, en vez de orientarse en uno o algunos países, 3.- su escala de tiempo es continua y el modo de desenvolvimiento es reptante, en contraste con las erupciones y colapsos espectaculares y dramáticos del pasado como la crisis del 29. Nos dirá Meszaros, que la crisis estructural afecta a la totalidad del complejo social y en las relaciones entre sus partes constituyentes. Al estar todo el sistema en juego, aun bajo una aparente normalidad, sin embargo, es capaz de sustentarse solo de un modo destructivo o autodestructivo. Por ello, la crisis estructural del sistema capitalista posee como contradicción básica el que no puede separar el Avance de la Destrucción, el progreso del Desperdicio. La muerte por sobre la Vida, la destrucción por sobre la creación, como tendencia del sistema de metabolismo del Capital, que en ningún caso es emancipatorio.

Esto se expresa -por ejemplo- en las políticas militares y represivas, de austeridad y de pobreza, también en las políticas que promueven la devastación ecológica donde la gravedad del cambio climático, la extinción de especies, la deforestación, la destrucción de la capa de ozono, o la contaminación socio ambiental a escala planetaria, solo se comprende por la economía capitalista que está detrás de ella. Otro ámbito en que se expresa -y me voy a detener un poco más- es en el desempleo estructural, el cual se instaló después de la crisis de los 70 (cayó la productividad y por lo tanto, las tasas de ganancias, con lo que aumentó la inflación y el desempleo), provocando una reestructuración del sistema productivo impulsado por el consenso de Washington, aun cuando en Chile fue desde fines de los 70, que promovió la privatización de las empresas públicas y la seguridad social, la apertura al comercio mundial y la desregulación de los mercados, pero también tomó importancia la financiarización y globalización, se introdujeron reformas laborales, la flexibilidad y se buscó la reducción del salario real para compensar la caída de la tasa de ganancia. En este contexto, la crisis financiera del 2007-2008, en América Latina impactó en la caída del PIB y del precio de los comodities impactando en nuestros países como crisis económica, de legitimidad y crisis políticas, permitiendo que ascendieran al poder los partidos de centro derecha, mediante golpes e intentos de golpes de estado o a través de procesos electorales.

Este y otros aspectos de la crisis estructural están vigentes debido a que -hasta antes de Enero del 2020- algunos indicadores a nivel global, daban cuenta que la tendencia de la concentración de la riqueza se mantenía e incluso esta empeoraba, pues según OXFAM[8], el 82% de la riqueza mundial generada el 2017 fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial. La OIT[9] planteaba que la tasa de desempleo casi no descendió entre el 2017 y 2018, ubicándose en un 5,5, estando más de 192 millones de personas en esta situación, y de aquellos que poseían trabajo, 1.400 millones, es decir un 42%, se encontraba en un empleo vulnerable y precariedad, con tendencia a crecer anualmente en 17 millones de personas entre el año 2018 y 2019. La pobreza laboral también es generalizada, que implica que el consumo per cápita de los hogares de más de 300 millones de trabajadores de países emergentes y en desarrollo es inferior a 1,9 dólares al día. En todo caso, el fenómeno empeora cuando se analiza el impacto en el grupo de mujeres, jóvenes y adultos mayores.

Para América Latina los datos se agravan después del último estudio de la Cepal[10], en contexto de la pandemia, donde señala que el aumento del desempleo alcanzará un 11,5% en la región el 2020, es decir a 37,7 millones de personas, la pobreza en la región aumentaría en 4,4 puntos porcentuales alcanzando a un 34,7%, incrementando en 29 millones las personas en situación y llegando a un 13,5% las personas en situación de extrema pobreza, lo que representa un incremento de 16 millones de personas. La desigualdad de género se acentuará y aumentará la sobrecarga de trabajo no remunerado de las mujeres.

Esto es solo una muestra para afirmar que la crisis estructural del capital como un todo está a la base de la actual crisis del Covid-19. Así, las consecuencias de la crisis de la pandemia están estrechamente relacionadas con las relaciones sociales capitalistas y la implantación de las políticas neoliberales. En ese sentido, la pandemia, en particular, pone de relieve las desigualdades, opresiones, explotaciones, marginaciones de cada sociedad, pero sobretodo, el fracaso del neoliberalismo porque la agudización y prolongación de la emergencia sanitaria está relacionada con las políticas de austeridad neoliberal que han destruido los sistemas públicos de salud que se derivan del desmantelamiento del Estado respecto a garantizar condiciones de vida para toda la población, pero si un Estado robusto para traspasar sumas enormes a la elite empresarial para evitar la parálisis en los circuitos económicos.

En el caso chileno, la crisis sanitaria confluye también con una crisis económico-social y político institucional, esta última se pone al descubierto a partir del estallido social del 18 de octubre del 2019 y que toma rasgos de una rebelión popular producto del malestar de la población acumulado durante décadas respecto del carácter restringido y tutelado de la democracia construida desde el golpe cívico-militar y el patrón de acumulación neoliberal que lo sostiene. La incapacidad del sistema político para procesar y conducir el descontento a través de la institucionalidad, tuvo como consecuencias la violación de los derechos humanos, por parte del Estado, que dejó a miles de heridos, decenas de muertos, mutilados y presos políticos, al recurrir a la estrategia de la guerra interna y la criminalización de la protesta social. En un intento desesperado por darle salida institucional a la crisis, la clase política, no solo creó una agenda social, sino que llamó a un acuerdo por la paz y la nueva Constitución que ya sabemos su deriva al día de hoy. La crisis político institucional se conjugó con la crisis económico social, que ya mostraba signos claros de desaceleración desde el 2013 en adelante no volviendo a alcanzar niveles de crecimiento del 5% anterior, y que desde la rebelión de octubre empeoró mostrando un escaso crecimiento del 1,2%, también mayor inflación, aumento del desempleo y empleo informal, del endeudamiento de las familias populares y aumento de la pobreza, gestándose un panorama económico social sumamente complejo.

Se mantuvo el descontento popular, la organización popular y la presión diaria en la calle desde Octubre a hasta la llegada de la crisis sanitaria derivada del Covid-19, dio una oportunidad única para que el gobierno rápidamente aplicara medidas de shock, con las fuerzas armadas, a través del miedo, la represión en las calles y confinamiento de la población, lo que permitió desmovilizar la presión social del 18 octubre y también aprobar decretos y medidas para enfrentar la crisis económica, con acciones que favorecen los intereses del capital y las empresas, en vez de a la clase trabajadora, ejemplo son las políticas con un enfoque individual, focalizado, de mínimo vital y que transmite el costo a las y los trabajadores, como es el Bono Covid[11] (destinado al 60% de la población más pobre) de aprox. 50.000 pesos o 70 dólares aproximadamente, la ley de protección del empleo[12] que permite a las empresas suspender las relaciones laborales sin haber despidos de los trabajadores con contrato, mientras continúan pagando una parte de las imposiciones y los trabajadores acceden al fondo de cesantía, por lo tanto, las empresas externalizan el costo de la crisis hacia los trabajadores y el ahorro que estos tienen para tiempos de cesantía. Asimismo, las medidas orientadas a nivel de las empresas, también van en desmedro de los y las trabajadores y un ejemplo de ello es la ley de teletrabajo[13] que puede intensificar el trabajo, pues se ha demostrado que se suele extender las horas totales y en el caso chileno, se puede ampliar tácitamente la jornada legal, sin reconocer las horas extraordinarias, por otro lado, borra la frontera física y temporal entre trabajo y familia o vida personal, lo cual, sin fronteras claras, las distracciones tienden a aumentar, tiende a generar conflicto de roles y mayor estrés que esto conlleva (Gutierrez, F.)[14].

Con todo, las consecuencias que se derivan de esta crisis es que se instalan las tendencias que ya estaban en curso como son el aumento del desempleo, del empleo informal y de las formas de trabajo remoto y plataformización del trabajo, con un reforzamiento de las modalidades de explotación del trabajo precario en los sectores profesionales y no profesionales –como son los trabajadores delivery- y que impactará en el aumento de trabajadores precarizados y la desigualdad[15].

En este escenario de crisis económica, sanitaria y político institucional vemos que es el fracaso del neoliberalismo y da cuenta de la crisis estructural del capital. Por ello, Chile se enfrenta a una coyuntura histórica que desde el 18 de octubre de 2019 permitió abrir un camino que lleve hacia otro proyecto societario, en el sentido que siente las bases y afirme la Vida por sobre el capital, el colonialismo y el patriarcado, es decir, con un sentido postneoliberal y postcapitalista. Creo que este fue el sueño -hace 50 años- de Salvador Allende cuando llegó al gobierno en 1970 de la mano del pueblo y un Programa de justicia e igualdad social.

NOTAS: 

[1] La autora, Dra Paula Vidal Molina es académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

[2] ¿Quiénes están muriendo de covid-19 en Chile? Detalle de los más de 500 decesos registrados en el país. Disponible en https://www.emol.com/noticias/Nacional/2020/05/19/986680/Perfil-fallecidos-por-coronavirus-Chile.html

[3] Protestas en la comuna de El Bosque: Vecinos denuncian falta de alimentos en medio de cuarentena https://www.emol.com/noticias/Nacional/2020/05/18/986529/Protestas-incidentes-comuna-El-Bosque.html

[4] Lander, Edgardo (2009), “Hacia otra noción de riqueza” en Acosta, Alberto y Martínez, Esperanza (editores), El Buen Vivir-Una vía para el desarrollo, Abya Yala, Quito.

[5] Dirá que con estos supuestos transcurrieron los siguientes siglos donde el “yo europeo” produjo desde el siglo XVI un sistema capitalista (cuya racionalidad última es el aumento cuantitativo de la tasa de ganancia en cualquier inversión en el mercado que se efectúa gracias a la obtención de un plusvalor por parte del trabajador) con una ideología moderna eurocéntrica (como superioridad cultural, estética, moral, política, etc.), colonial (con la violencia conquistadora de sus ejércitos que justificaban su derecho de dominio sobre otros pueblos), patriarcal (porque el hombre blanco dominaba a la mujer en Europa y a las mujeres coloniales de color como en México), y el europeo se situó como explotador sin límite de la Naturaleza

Dussel, Enrique. Cuando la Naturaleza jaquea la Orgullosa Modernidad. Disponible en https://kairosnews.cl/enrique-dussel-cuando-la-naturaleza-jaquea-la-orgullosa-modernidad/

[6]Bottomore, T. (2012). Dicionário do Pensamento Marxista. Editorial Zahar. Río de Janeiro. Brasil.

[7] Mészáros, István (2009) La crisis estructural del Capital. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Caracas-Venezuela.

[8] OXFAM Internacional (2018). Disponible en https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2018-01-22/el-1-mas-rico-de-la-poblacion-mundial-acaparo-el-82-de-la

[9] Organización Internacional del Trabajo (2018). World employment social Outlook. Trends 2018. Génova. OIT (2017). Informe Mundial sobre Salarios 2016 / 2017 La desigualdad salarial en el lugar de trabajo. Génova. OIT (2017a). Panorama Laboral 2017. América Latina y el Caribe. Lima. OIT.

[10] El desafío social en tiempos del Covid-19. Disponible en https://www.cepal.org/es/publicaciones/45527-desafio-social-tiempos-covid-19

[11] https://www.chileatiende.gob.cl/fichas/77255-bono-de-emergencia-covid-19

[12] https://www.chileatiende.gob.cl/fichas/77784-ley-de-proteccion-al-empleo

[13] https://www.chileatiende.gob.cl/fichas/77354-ley-trabajo-a-distancia-y-teletrabajo

[14] Gutiérrez, F. (2020). La promesa engañosa de la ley de teletrabajo. Disponible en https://ciperchile.cl/2020/04/17/la-promesa-enganosa-de-la-ley-de-teletrabajo/

[15] https://www.cronista.com/apertura-negocio/empresas/Baja-adhesion-al-paro-de-repartidores-de-Glovo-Pedidos-Ya-Uber-Eats-y-Rappi--20200422-0004.html

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