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Crisis del sector cultural y las artes. Por Esteban González Pastenes

"La cultura es la única herramienta para construir libertad”
Antonio Quintana,
Fotógrafo del realismo social chileno (1904-1972)

La ruptura del espejismo del oasis neoliberal ha develado las condiciones estructurales paupérrimas sobre las cuáles se levantó la falacia del desarrollo y progreso.

En ese marco, la cultura y las artes no han estado exentas de este mecanismo deshumanizante. Los escasos fondos que disponen el Estado para el sector, están secuestrados por gestores y operadores que no fueron protagonistas ni testigos de un pasado histórico que dio identidad a los procesos sociales. Los que dirigen el arte y la cultura en Chile constituyen una casta funcional a sus intereses particulares y a lo que cada institución entiende por cultura. En términos generales, lo cultural ha dado la espalda a Latinoamérica, como si nuestro país fuera ajeno a la realidad de un continente en llamas.

El caso chileno fue abruptamente interrumpido por el golpe de Estado de 1973. De ahí en adelante comenzó la tragedia del oscurantismo atravesando la resistencia de los años 80 e intentando rematar en la década de los 90.

Los mecanismos de concursabilidad, en el financiamiento para proyectos culturales, han sido ejes de competencia y precarización, donde ha prevalecido el nepotismo y el clientelismo político; El actual Ministerio de las Culturas y la Artes se convirtió en una agencia de favores políticos de las distintas administraciones de la post dictadura. Las acciones autonómicas son cada vez más escasas y no han sido cuantificadas por este dominio oficialista que relega a los márgenes de la subsistencia a un amplio sector de trabajadores y trabajadoras profesionales, tales como técnicos de los distintos rubros que intervienen en los procesos culturales.

Además este modelo entrega como “alternativa” a la población una cultura basura televisiva o el acceso al negocio de las plataformas pagadas,lo que ha generado un embrutecimiento generalizado como consecuencia de la precariedad en que hoy nos encontramos los trabajadores y trabajadoras de la cultura y las artes.

Arrastramos un imbunche cultural híbrido, sin identidad aparente y que tiene sometida a la población a un oscurantismo intelectual sin precedentes. La gestión cultural de los últimos 30 años tiene secuestrada la administración de los fondos públicos, mientras el partidismo político y los allegados de turno profitan del pasado histórico cultural del pueblo. En Chile está demostrado que han sido los sectores populares quienes sacaron la cara por una identidad que tratan de demoler instalando una forma escuálida de una no identidad que es el producto de la corrupción de las coaliciones políticas neoliberales. Un ejemplo es la ministra de las Culturas y la Artes, Consuelo Valdés Chadwick que con sus secuaces realizan un evidente nepotismo en los cargos públicos.

Como trabajador profesional de la cultura, denuncio la falta de atención a la emergencia cultural que habla de displicencia y una falta de talento que atenta contra el derecho al trabajo digno, la seguridad social y una remuneración estable. El abandono al cual se ha visto expuesto el sector, es un atentado contra la creatividad y la libertad de desarrollo integral. La funcionaria Consuelo Valdés Chadwick percibe $9.121.809 brutos ,mientras cientos de trabajadores y trabajadoras de las artes y la cultura nos encontramos en total indefensión y precariedad.

El sector de la cultura y las artes ha sido invisibilizado teniendo un rango de cesantía que bordea el noventa por ciento a lo que se suma el nulo acceso a los planes “ de mitigación de la crisis”. No es posible que una persona, como Consuelo Valdés Chadwick, continúe a cargo de un ministerio que se dice de las culturas y las artes cuando en un año y medio no ha hecho absolutamente nada para ayudar a los artistas precarizados por esta crisis.

Un pueblo sin cultura es un pueblo esclavizado y sin identidad. Sin embargo, no podemos quedarnos en juicios y críticas, por el contrario -como propone el poeta Raúl Zurita-:

«Estamos volviendo, estamos reconstruyéndonos...cruzamos la noche juntos , no fue la dictadura lo que nos atomizó sino el neoliberalismo que nos hizo perder el sentido de los principios y valores comunitarios, lo único que no se debería haber perdido es el compañerismo, la solidaridad y fue lo primero que se perdió, estamos recomponiéndonos , el fascismo está presente y el periodo que se viene es muy duro, lo sabemos, tendremos que pasar esta vez la noche más que unidos, esta vez, tendremos que pasar esta noche del fascismo abrazados, el fascismo halaga al pueblo para concretar sus intereses, el fascismo no acepta otra ideología, otras formas. Como artistas, poetas debemos replantearnos, es desgarrador y al mismo tiempo es un llamado a la lucha, a la solidaridad»

El autor, Esteban González Pastenes, es trabajador profesional de artes escénicas y cultura.

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