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Cuando el territorio piensa; crítica del Homo Academicus y batalla por la universidad desde Lo Hermida en Chile. Por Alfonso Madrid Echeverria

Pensar la universidad exige devolverla a su condición histórica y política. No como una institución neutra dedicada exclusivamente a la producción de conocimiento, sino como un territorio en disputa. La ficción liberal de la neutralidad universitaria ha operado como uno de los grandes dispositivos ideológicos de la modernidad: presentar el saber como desanclado de las relaciones de poder que lo producen. En este sentido, la lectura de Pierre Bourdieu en Homo Academicus sigue siendo fundamental. La universidad es un campo de lucha; un espacio donde agentes, posiciones e instituciones disputan capital simbólico, legitimidad y autoridad intelectual.

Hay aquí, además, una dimensión que desde la Escuela Horizonte de Pensamiento Popular (EHPP) consideramos fundamental problematizar: el lenguaje académico como dispositivo de poder. No se trata solamente del contenido del conocimiento, sino de las formas de enunciación que lo legitiman. La saturación del discurso universitario con referencias europeas, genealogías teóricas cerradas, nombres consagrados y citas interminables, muchas veces opera menos como apertura del pensamiento y más como mecanismo de clausura. No porque esos autores carezcan de valor, sino porque la acumulación de esa autoridad citacional tiende a desplazar la experiencia concreta de quienes piensan desde otros lugares. En la práctica, ese tono académico exige tiempo de decodificación, adaptación lingüística y subordinación cultural, recursos que estudiantes, pobladoras y pobladores de territorios populares no siempre pueden ni deben invertir para validar su palabra.

Desde nuestra perspectiva, esto constituye una forma persistente de colonialidad del saber. La hegemonía de matrices europeas de pensamiento ha naturalizado la idea de que el conocimiento legítimo siempre llega desde afuera, desde el Norte, desde la academia centralizada, mientras los territorios quedan reducidos a fuente empírica o campo de observación. Pero los procesos actuales que emergen en territorios como Lo Hermida apuntan precisamente en dirección contraria: hacia una descolonización del pensamiento que parte de la geografía propia, de la memoria local y de la experiencia histórica situada. Descolonizar no significa negar toda tradición intelectual heredada, sino romper su monopolio de interpretación. Significa habilitar otras gramáticas, otras temporalidades y otras formas de nombrar el mundo.

Por eso, cuando afirmamos que el territorio no es objeto de estudio sino posición política, también afirmamos que el pensamiento no necesita pedir permiso a la academia para existir. La descolonización comienza cuando la palabra territorial deja de traducirse para volverse legítima y comienza a producir sus propias categorías de comprensión. En ese gesto, estudiantes, pobladoras y pobladores no sólo acceden al conocimiento: producen conocimiento. Y al hacerlo, disputan el régimen histórico que ha definido quién puede pensar, cómo se piensa y desde dónde se piensa.

Pero si seguimos a Bourdieu hasta sus últimas consecuencias, debemos dar un paso más: comprender que la universidad no es sólo un campo, sino también un territorio. Y es precisamente aquí donde nuestra reflexión, desde la Escuela Horizonte de Pensamiento Popular (EHPP) en Lo Hermida, introduce una diferencia política y epistemológica decisiva.

Para nosotros, el territorio no es un objeto de estudio.

No es un espacio externo que se observa, clasifica o interpreta desde la distancia académica. El territorio es una posición política desde la cual el mundo puede ser pensado de otra manera.

Esta afirmación altera radicalmente la lógica tradicional del conocimiento universitario. Porque supone desplazar el lugar de enunciación. Supone cuestionar quién produce saber, desde dónde se produce y para quién se produce. La universidad moderna ha construido históricamente una relación extractiva con los territorios populares: investiga, sistematiza y teoriza sobre ellos, pero rara vez reconoce en ellos una potencia autónoma de pensamiento.

Desde la EHPP sostenemos que el territorio piensa

Y piensa porque acumula historia, conflicto, memoria, organización y experiencia colectiva. Pensar desde Lo Hermida no significa convertir a Lo Hermida en tema; significa asumirlo como lugar de producción de conocimiento político.

La diferencia es radical.

Porque cuando el territorio deja de ser objeto y pasa a ser posición, la universidad pierde el monopolio de la legitimidad intelectual.

La reciente crónica del sociólogo Fabián Bustamante Olguín en Le Monde diplomatique Chile, al abordar la llamada “batalla cultural” en la universidad chilena, vuelve a poner en evidencia que la disputa universitaria es, en el fondo, una disputa por la producción legítima de sentido. Las intervenciones de la historiadora Magdalena Merbilháa, al denunciar la presencia de marcos críticos o de izquierda en la universidad, revelan involuntariamente aquello que intentan combatir: la universidad sigue siendo un espacio estratégico para la construcción de hegemonía.

Pero desde Lo Hermida la pregunta es otra.

No se trata solamente de disputar contenidos dentro de la universidad. Se trata de disputar el lugar mismo desde donde el conocimiento es producido.

Esa es la dimensión política central de nuestro trabajo en la EHPP.

Porque la batalla cultural no se libra únicamente en los programas de estudio, ni en las cátedras, ni en las publicaciones indexadas. Se libra también en la legitimación de saberes territoriales que históricamente han sido subordinados por la racionalidad académica.

Cuando decimos que el territorio es posición política, afirmamos que la periferia no es ausencia de pensamiento, sino otra forma de producción intelectual.

Una producción situada.

Una producción atravesada por la experiencia material de la desigualdad, pero también por prácticas históricas de resistencia y construcción colectiva.

La universidad, bajo su promesa universalista, ha tendido a convertir esa experiencia en objeto de interpretación. Nosotros invertimos ese gesto.

No interpretamos el territorio. Pensamos desde él.

Y ese desplazamiento modifica el sentido mismo de la práctica intelectual.

Porque pensar desde Lo Hermida implica asumir que el conocimiento no antecede a la lucha social, sino que emerge de ella.

No hay exterioridad.

No hay neutralidad.

No hay saber inocente.

Lo que la EHPP ha venido construyendo es precisamente esa politicidad del pensamiento: una práctica intelectual territorializada, popular y crítica que no busca reconocimiento académico como fin, sino transformación social como horizonte.

En ese sentido, pensar la universidad desde Lo Hermida no es preguntarse cómo la universidad puede incluir al territorio, sino cómo el territorio puede descentrar a la universidad.

Cómo puede interrumpir sus jerarquías.

Cómo puede fracturar su pretensión de universalidad abstracta.

Y cómo puede recordarle que el pensamiento no nace exclusivamente en sus aulas.

Porque, en definitiva, el problema de la universidad no es sólo qué enseña, sino desde dónde piensa.

Y mientras esa pregunta siga abierta, la batalla por el conocimiento seguirá siendo una batalla política.


Alfonso Madrid Echeverria, antropólogo, divulgador científico Escuela Horizonte de Pensamiento Popular Lo Hermida. Chile.

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