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Cuando la pulsión de muerte se viste de patria: el retorno del fascismo en Chile. Por Soledad Romero Donoso

Recuerdo con claridad lo que señalaba un psiquiatra amigo: las patologías sociales e individuales, para perdurar y sostenerse en el tiempo, deben actuar en su propio terreno. Solo dentro de ese terreno, y con nosotros atrapados en él, se perpetúan la inestabilidad y la locura. Eso pasa precisamente cuando se nos introduce en marcos ideológicos de segregación, odio, racismo y clasismo que terminamos reproduciéndolos de manera involuntaria y alienada.

Como plantea Foucault, a través de un entramado de discursos, mecanismos, prácticas y agentes, se instalan formas de ordenamiento, control y sujeción sobre la población. En este marco, el candidato J. A. Kast nos arrastra desde hace tiempo hacia su terreno de patología social: el fantasma de la “chilezuela”, la propagación de fake news y su ideal de familia heterosexual “bendecida” por la Iglesia, la patria y el orden. Todos estos conceptos han terminado instalándose en la sociedad chilena como un apartheid, que no está lejos de consolidarse aún más en las elecciones de noviembre del 2025.

Este proceso ideológico de control y alineación se enlaza con una derecha en curva ascendente, que ocupa territorios, controla el Congreso y logró imponerse como mayoría en el segundo —inadecuado y ya agotado— intento de Consejo Constitucional en 2023; y de manera simultánea con una ciudadanía desmovilizada e izquierdas diversas, fragmentadas y sectarias, que aún no logran proyectar con convicción política y respaldo popular, el país que queremos y necesitamos construir de aquí a 50 años.

Tras la Revuelta de octubre de 2019, surgieron con mayor fuerza los defensores de la moral conservadora y religiosa, de los rodeos, de las peleas de gallo. Anticomunistas acérrimos, pero también negacionistas del cambio climático —o “climatoescépticos”—; opositores a la globalización, al estilo de Trump; y quienes consideran a los organismos internacionales una amenaza “woke” que solo destina recursos a continentes definidos como zonas grises por los mismos que antes los saquearon y empobrecieron. Se reactivó además el fantasma de la migración económica —pues las demás formas de migración se toleran por razones de clase—, reinstalando el sentimiento nacionalista del “Chile para los chilenos”, al modo del “Alemania para los alemanes” de Hitler o del “Estados Unidos para los estadounidenses” de Donald Trump.

Las redes sociales se vieron oscurecidas por la proliferación de cuentas neofascistas, negacionistas y ultraderechistas, que hoy presentan características que deben ser analizadas e interpretadas con nuevas herramientas. Sin embargo, como muestra la comparación histórica nacional e internacional, siguen apelando a la misma narrativa: orden, moral, patria, nacionalismo, familia, tradiciones, ideología de género, identidad y raza. Con Kast y compañía, estamos frente a una narrativa que ha corroído el alma de Chile y que, en nombre de la seguridad, hace muy probable la llegada al poder de un ser humano que no cree en la diversidad -esencia misma de nuestra naturaleza- a través del voto universal y obligatorio; el mismo instrumento que legitimó las llegadas de las ultraderechas fascistas europeas, y con ello el arribo al poder de la pulsión de muerte que portan los grupos que lo apoyan.

Según un análisis realizado por CIPER, entre los distintos movimientos de extrema derecha presentes en Chile, el Movimiento Social Patriota se caracteriza por su oposición a la inmigración, el aborto, los derechos LGTB y el feminismo. En el plano político, su discurso aborda el nacionalismo, el capitalismo, la globalización y las críticas a los partidos políticos.

Este colectivo neofascista centra sus acciones en la publicación y difusión de ideas ultranacionalistas, ultraconservadoras y nacional-populistas. Parte de su militancia se trasladó posteriormente al Partido de la Gente, donde conforman el sector nacionalista liderado por el actual diputado Gaspar Rivas, quien fue presidente del Movimiento Social Patriota hasta el estallido social. En cuanto al movimiento neofascista Acción Identitaria, CIPER señala que sus perfiles se inclinan políticamente hacia la derecha, se autodefinen como libertarios y nacionalistas, declaran creer en Dios y amar la patria.

Muchos afirman ser constructores civiles y amantes de la naturaleza. Respecto al Movimiento Acción Republicana, vinculado al Partido Republicano, el análisis de redes muestra que promueven la patria y la familia como valores fundamentales, con expresiones como “soy un esposo feliz”, “soy esposo y padre”, al tiempo que resaltan su fe en Dios desde iglesias cristianas, tanto evangélicas como católicas.

Todas estas expresiones neofascistas, al igual que en la Alemania nazi, concentran sus esfuerzos comunicacionales e ideológicos en la construcción de un enemigo común: antes y hoy son y fueron los comunistas, la inmigración, presentada como una amenaza que “quita el trabajo” a los nacionales y atenta contra las tradiciones. A través de estos enemigos comunes, buscan captar la adhesión de los sectores más afectados por la inestabilidad económica, la inseguridad y las tensiones propias del lento proceso de aceptación y adaptación a la multiculturalidad. Consideran que la migración introduce estilos de vida distintos a los tradicionales y al tratarse principalmente de migración económica e ilegal, la acusan de ser responsable de la delincuencia y de la inseguridad nacional.

Por supuesto que Chile enfrenta hoy una escalada del crimen organizado, aunque las estadísticas lo sitúan todavía entre los países más tranquilos de la región. Nos sorprende a todos/as que la criminalidad haya adquirido nuevas características, pasando del lanzazo al secuestro y al descuartizamiento de cuerpos en enfrentamientos de bandas rivales. Sin duda, Chile padece el flagelo del crimen internacional que circula y muta en nuestra América Latina para abastecer de droga a los ciudadanos/as marginados de Estados Unidos y Europa, los grandes mercados de los grupos criminales.

También es cierto que el Estado subsidiario chileno no ha sido capaz de controlar las fronteras ni de impedir, mediante el Estado de Derecho, el ingreso de cerca de 336.984 personas, en su mayoría pobres y en situación irregular. Sin embargo, no podemos afirmar que todos y todas sean delincuentes. Lo que sí se puede señalar es que, al mismo tiempo, se ha permitido el ingreso de ladrones, asesinos, sicarios y personas con alta peligrosidad criminal. Según reportes de la prensa, el líder del Tren de Aragua, alias Estrella (Carlos González Vaca), ingresó legalmente a Chile con visa de turista en 2017 y posteriormente se le otorgó una visa temporal en 2019, durante el gobierno de Sebastián Piñera.

¡Brillante gestión migratoria contra el crimen organizado!

Por amor a la patria, la ultraderecha en Chile, también se manifiestan en contra del cambio climático y niegan su carácter antrópico, convicción que se vincula con su desprecio hacia los organismos internacionales y los acuerdos marco de la ONU sobre cambio climático. El Partido Republicano chileno, liderado por José Antonio Kast, sostiene que: “En este marco de incertidumbre, algunas organizaciones y gobiernos están diseñando políticas basadas en datos no tan certeros y de lugares tan remotos como la Antártica. Estas apuntan a reconfigurar sus matrices energéticas con tecnologías que resuelven algunos problemas pero que crean otros similarmente complejos, así como oportunidades de negocio.” La ignorancia es supina cuando científicamente se sabe que, en apenas 100 años, la acción humana ha elevado los niveles de CO₂ mucho más allá de lo que la naturaleza mantuvo durante millones de años, un cambio comparable a la diferencia que existía entre una edad de hielo y un clima “normal”. Lo que la naturaleza tardaba 50 mil años en lograr, nosotros lo hemos hecho en medio siglo.

Declaran su desprecio por la política y por quienes la ejercen; no obstante, opinan y actúan ideológica y violentamente contra todo aquello que huela a progresismo. Niegan su pertenencia al espectro político, tanto de derecha como de izquierda. Quieren hacer creer que representan una tercera vía, pero en su génesis son esencialmente ultraderechistas, anticomunistas, fascistas y neofascistas. En este contexto, cuestionan y relativizan el valor de la democracia, considerándola un sistema incapaz de defender los intereses del pueblo, y están dispuestos a privarse de libertades políticas para recuperar el orden institucional. Lo ulterior es peligrosísimo, especialmente cuando escuchamos a nuestro propio pueblo, desaventurado por la economía y la inestabilidad social y política, decir y pensar lo mismo.

En el libro Mi Lucha, donde Hitler plasmó las bases de la doctrina nazi: la superioridad de la raza aria, el racismo —en particular el antisemitismo—, el rechazo al liberalismo, al socialismo y al comunismo. La Alemania nazi asesinó a millones de personas: 6 millones de judíos. Alrededor de 7 millones de civiles soviéticos (incluidos 1,3 millones de judíos soviéticos que también se contabilizan dentro de los 6 millones de judíos). Aproximadamente 3 millones de civiles polacos no judíos (incluidos unos 50.000 soldados judíos). 312.000 civiles serbios en los territorios de Croacia, Bosnia y Herzegovina. Hasta 250.000 personas con discapacidades que vivían en instituciones. Hasta 250.000 romaníes (gitanos). Alrededor de 1.900 testigos de Jehová. Al menos 70.000 delincuentes reincidentes y denominados “asociales”. Oponentes políticos alemanes y activistas de la resistencia en los países ocupados por el Eje, sin número determinado. Homosexuales, en cientos o posiblemente miles, que pudieron haber sido incluidos en parte dentro de los 70.000 delincuentes y “asociales”. Este registro histórico evidencia la magnitud de la barbarie de estas ideologías, cuya repetición en cualquier contexto debería generar alerta.

En Chile, durante el gobierno legítimamente electo entre 1970 y 1973, el número de atentados terroristas perpetrados por la ultraderecha —portadora de idearios fascistas y nazis— superó a los atentados cometidos por la izquierda contra la violencia del Estado durante la dictadura civil-militar que se extendió por 17 años. Ante la “amenaza” de la Unidad Popular, diversos grupos de derecha se articularon: el Movimiento Alessandrista, los gremialistas liderados por Jaime Guzmán; el Movimiento Alessandrista Democrático, encabezado por Luciano Morgado; un sector del Partido Nacional bajo el liderazgo de Guido Poli; el grupo Tizona, dirigido por Juan Antonio Widow; y el FRI, del cual posteriormente surgió el Movimiento Cívico Patria y Libertad, liderado por el abogado Pablo Rodríguez Grez.

En poco tiempo, Patria y Libertad se transformó en un grupo paramilitar de extrema derecha, de ideología fascista y ultranacionalista, dedicado al choque callejero y conformado con el objetivo de oponerse mediante la violencia a la asunción y gobierno de Salvador Allende. Llevó a cabo sabotajes, actos terroristas y sedición contra las Fuerzas Armadas, recibiendo apoyo logístico y financiamiento que, más tarde, Roberto Thieme (secretario general del Frente Nacionalista Patria y Libertad) confirmaría en entrevistas concedidas a distintos medios nacionales. Incluso antes de que la Unidad Popular asumiera el gobierno, la extrema derecha, en asociación con militares desvinculados, ya había comenzado a perpetrar bombazos, cortes de electricidad y el asesinato del entonces comandante en jefe de las FF.AA., René Schneider.

Patria y Libertad, a través de Roberto Thieme, incursionó en la internación de armas desde Argentina para ser utilizadas en acciones paramilitares contra el gobierno de la Unidad Popular. El medio alternativo Interferencia señala: “Los preparativos finales para el llamado proyecto Sierra Alfa —por la zona de Sierra Nevada, en Argentina— partieron en el fundo de Colonia Dignidad, donde Thieme se sometió durante dos semanas a un intenso curso básico de comando y a un exigente trabajo físico, dirigidos por ex oficiales alemanes que residían en el lugar, bajo el mando de Paul Schäfer (ex militante nazi alemán fundador de colonia dignidad). Al mismo tiempo, fue adiestrado en la navegación aérea con instrumentos. La Colonia Dignidad disponía de equipos de radio con diferentes bandas y frecuencias que permitían comunicarse desde Argentina y desde los aviones en vuelo. Para las salidas nocturnas o con escasa visibilidad existían equipos de radio-ayuda. También se contaba con varios hangares y los dispositivos necesarios para pintar y mantener mecánicamente los aviones, así como con una gran cantidad de combustible”.

Todo contra un gobierno legítimamente elegido por los chilenos y chilenas. Años después, Roberto Thieme declararía en CNN: “Esta es mi pesadilla, ha sido mi tortura durante 50 años, pero la tengo que asumir y la entiendo. Soy el primero en reconocer mi error e ignorancia política histórica del proceso chileno, y si viviera todo eso de nuevo estaría apoyando a Allende”. No obstante, la historia terrorista y anticomunista de Thieme evidencia que, durante sus 28 años, albergaba una profunda pulsión fascista al dirigir a más de 500 militantes enardecidos contra la Unidad Popular, quienes con el tiempo se convirtieron en el brazo clandestino de la Armada de Chile. Según declaraciones al diario La Tercera: “El 18 de julio de 1973, en un departamento en Vitacura, Thieme y su jefe de operaciones, Miguel Cessa, se reunieron con el capitán de navío Hugo Castro y el oficial retirado Vicente Gutiérrez, quienes requerían su participación en dos planes: un gran paro del transporte que se iniciaría el día 25, al que se sumarían luego los gremios del comercio y los profesionales; y algunas acciones de provocación al gobierno que se realizarían en Santiago”. Tras este encuentro, Patria y Libertad, bajo el mando operativo de Roberto Thieme, llevó a cabo diversas acciones violentas: dinamitó una sección del oleoducto ENAP Talcahuano-Santiago; atacó una torre de alta tensión que suministraba energía a la Central de Cerro Navia, provocando cortes entre Coquimbo y Rancagua; y ejecutó un ataque dinamitero en un puente de entrada a Concepción. El gobierno de Salvador Allende reportó 320 acciones violentas, ocho muertos y un centenar de heridos, además de actos de sabotaje y amedrentamiento contra camioneros que no se adhirieron al paro de transportistas. Según las propias declaraciones de Thieme, las armas utilizadas por Patria y Libertad para distraer y permitir el asesinato del edecán comandante Araya Peters fueron proporcionadas por el ex oficial de la Marina Jorge Elhers.

Tras el golpe civil-militar de 1973, velar por el orden interno también tenía un carácter recuperativo de la moral nacional, transgredida por jóvenes revolucionarios, barbudos y de cabellos largos. A cientos de estos hombres, con cuchillos en mano, los militares les cortaban el pelo al ser interceptados en cualquier lugar u hora inoportuna para el estado de sitio. Tal como le ocurrió a Gato Alquinta del Grupo Los Jaivas que, aterrorizado después de aquel acto, salió del país.

La conjetura derechista de la “crisis moral” de aquellos jóvenes, el “caos” del proyecto socialista y sus “ideas extranjeras”, fueron la coartada ideológica para torturar, asesinar, exiliar hacer desaparecer a una generación de adherentes de la Unidad Popular. Según estadísticas, cerca del 80 por ciento de víctimas de la Dictadura civil-militar fueron jóvenes, hombres y mujeres entre 19 y 30 años, sin contar a los pre adolescentes y mujeres embarazadas. Exterminio dirigido y represión masiva sostenida impusieron el terror, e instalaron el fervor patriótico, nacionalista y anticomunista. Asumido el dictador se promulga el Decreto Ley N°1, del 11 de septiembre de 1973. Señala que la Junta de Gobierno “asume el Mando Supremo de la Nación, con el patriótico compromiso de restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad quebrantadas, conscientes de que ésta es la única forma de ser fieles a las tradiciones nacionales”.

¿Les parece conocido esto del orden, la seguridad, la patria y las tradiciones nacionales?

Un escenario sin certezas políticas, sociales y económicas facilita el avance de las extremas derechas, provocando un retroceso que en muchos casos resulta irreparable para la sociedad. Comprender la nueva morfología neofascista, nacionalista y conservadora exige desarrollar herramientas de análisis e interpretación capaces de dar cuenta no solo de su pensamiento, de sus acciones y de los medios virtuales que utilizan, sino también del pueblo que vota por la derecha nacionalista y neofascista. Conocer su actuar, sus demandas y necesidades materiales es indispensable para construir una alternativa, pero también es urgente comprender sus necesidades simbólicas y subjetivas, aquellas que permitan enunciar un proyecto que concilie la migración con el chilenismo de las clases populares. La necesidad de seguridad, con seguridad humana.

Hoy, el crimen organizado afecta gravemente a nuestros jóvenes e impone una cultura narco de anomia, donde las normas, valores y reglas que orientaban la vida en común pierden fuerza. Frente a ello, la izquierda debe levantar un proyecto alternativo: la memoria de los caídos no puede prescindir del deber de reconstruir un mundo simbólico e identitario que recupere el respeto por el otro/otra/otre y que impulse sociedades de paz.

La patria es nuestra: creyente o no, disfruta de la cueca y las empanadas, es diversa, no es tonta ni ignorante, y también iza la bandera nacional. Para hablar de orden y transformación social, se requiere tanto la deconstrucción de los revolucionarios/as, como la reinvención de experiencias y saberes en el espacio social. Ello debe conducirnos al análisis sociológico de los fenómenos sociales, alejándonos de interpretaciones meramente psicológicas que distorsionan lo que quiere el pueblo y cómo lo quiere; del yo personal.

No hay revolución o transformación posible sin pueblo. Y para que esa revolución o cambio ocurra, no basta con ofrecer condiciones materiales de vida: también son necesarias condiciones simbólicas de identidad, amor y tranquilidad, que permitan alcanzar la felicidad. La patria es una comunidad política, y no odiosas tradiciones de control y muerte ultraderechistas y fascistas.

Soledad Romero Donoso
Periodista.
Cientista Política.

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