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Cuatro textos del Núcleo de Investigación y Docencia en Ambiente y Sociedad (NIDAS) de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano

Los tiempos para la transformación

Daniela Escalona
Núcleo de Investigación y Docencia en Ambiente y Sociedad
Universidad Academia de Humanismo Cristiano

El proceso de globalización ha configurado cambios en el ritmo productivo y de consumo y las implicancias ambientales de aquello, han significado la aceleración del tiempo geológico frente al tiempo histórico. Mientras las temporalidades de la naturaleza fueron siempre más permanentes frente al tiempo humano, este aumento de velocidad ha implicado cambios transcendentales en cuestiones que siempre fueron estables; como el clima, los ecosistemas o las líneas de costa, que actualmente pueden modificarse en menos de una generación humana.

Esta aceleración del tiempo ha significado que el surgimiento de nuevas situaciones y desafíos también se precipite, no permitiendo producir el conocimiento experiencial necesario para enfrentarlos, de manera que nuestra capacidad para leer estos problemas, analizarlos y diseñar, o disoñar como diría Arturo Escobar, las soluciones, no alcanza el ritmo de su instauración. Consideremos además que estamos -de acuerdo a Kondratieff- en una etapa depresiva o recesiva en términos de la formulación de nuevas tecnologías que implican también nuevas perspectivas y modelos, por tanto, el diseño de soluciones se hace aún más lenta de lo necesario. Desde otra perspectiva Maturana indica que no hemos creado los lenguajes para entender estos recientes problemas, es decir, aun no contamos con las palabras que los hagan existir, por lo que ni siquiera podemos comprenderlos todavía, menos aún resolverlos.

Actualmente vivimos un momento de inflexión, un tiempo en que los valores universales están en cuestión, tal vez estamos a la espera que luego de un período recesivo comience una fase expansiva y este nuevo ciclo traiga nuevos lenguajes para entender y resolver.

Pero, ¿desde donde surgirán estas nuevas ideas, estas nuevas tecnologías? Sin duda esto implica la conjugación de una serie de factores y actores que producen estas revoluciones. Cada uno de los agentes implicados tiene además diferentes temporalidades de reacción y de acción frente a los problemas, tal vez para la transformación que urge se necesite una coordinación entre estos actores y sus tiempos de tal modo que permita acelerar también la resolución de los enormes desafíos que actualmente enfrentamos.

De cierta forma el neoliberalismo pretende acelerar el tiempo en ‘espacios lentos’, vale decir, instala una dinámica vertical que irrumpe en los territorios y a su paso va desestructurando economías regionales, destruyendo biodiversidad y profundizando de modo peligroso el proceso de acaparamiento de tierras, al expulsar o desplazar a comunidades rurales, campesinas o indígenas, violentando procesos de decisión ciudadana.

Es por esta situación que el rol que han adquirido los movimientos sociales de base es fundamental. Los efectos del desarrollo desigual o progreso selectivo han implicado procesos de injusticia social y ambiental que han acelerado su reacción frente a los problemas, de este modo los pobres, indígenas, las mujeres, los pescadores artesanales, los campesinos, nos han advertido sobre la grave tensión entre naturaleza y sociedad, han denunciado, resistido y han producido los conflictos ambientales, que pueden ser vistos como graves problemas de gobernanza pero también como oportunidades de democratización, concientización, participación y sin duda instalación de nuevos valores territoriales.

Estos grupos han estado a la vanguardia de los temas ambientales, porque siendo los más afectados han empujado a otros actores, transformando nuestra sociedad. Por ejemplo en el caso Pascua Lama de Barrick Gold, fueron las comunidades locales quienes al momento de la participación ciudadana obligatoria, preguntaron a la empresa que pasaría con los glaciares de la alta cordillera los que no se habían considerado dentro de las informaciones entregadas, esta observación y el conflicto que provocó, significó una lucha de casi dos décadas, que ha permitido primero, la instalación del tema de los glaciares en la opinión pública, segundo, el Estado debió crear una institucionalidad que reconociera la importancia de estos cuerpos de hielo, realizando una Estrategia Nacional de Glaciares en 2009, que incluía un Catastro Nacional que finalizó recién en 2014 y una propuesta de Política para su protección y conservación. Luego la modificación de la Ley 19.300 y su reglamento para incluirlos en el Sistema de Evaluación Ambiental.

Desde el 2005 han existido 6 proyectos de ley para regular los ecosistemas glaciares, solo 2 de ellos continúan vigentes pero aún no logran sortear el principal obstáculo, la influencia del sector minero. En 2018 se presentó un nuevo catastro donde se declara que los glaciares se han reducido significativamente entre 2002 y 2015 sobre todo los cuerpos mayores como campos de hielo. En junio recién pasado, uno de los proyectos de ley vigentes se aprobó por el Senado, sin embargo aún debe ser evaluado por la Comisión de Minería y Energía, justamente el grupo que es reconocido como su principal amenaza.

En tanto el mundo científico, que usa las demandas y el conocimiento procedente en los espacios locales, ha contribuido a producir información y con esto mayor concientización. Sus limitantes están en los mecanismos de difusión de los resultados de la investigación científica y en su propia incidencia en los cambios. También el conocimiento científico necesita tener definiciones éticas claras, recordemos lo ocurrido con la contaminación del Santuario Carlos Andwandter por parte de la celulosa Celco Valdivia, donde hubo opiniones científicas diversas e incluso contrastadas para lo ocurrido. Los resultados finales se obtuvieron 8 años después del conflicto confirmando la culpabilidad de la empresa.

El mundo político de cierta forma, es el más lento en reaccionar ya que no logra asimilar la situación de urgencia y de crisis ambiental, así como no consigue hacer los cambios necesarios para que desde las políticas globales, nacionales y locales, se produzcan las transformaciones. Si lo analizamos nuevamente desde la situación de los glaciares, el Estado ha demorado 17 años discutiendo una ley de protección que aún tienen deficiencias enormes, tales como; que protege solamente los glaciares que estén en el registro y que tengan una extensión mayor de 1 hectárea, es decir, desprotege y condena a todos los pequeños glaciares que alimentan los ríos del norte del país. La urgencia climática, su comprensión y las posibilidades que tenemos frente a ella, son una situación completamente nueva, nos enfrentamos a un desafío al que nunca antes nos habíamos enfrentado como humanidad. Es por esto que necesitamos reacciones creativas y novedosas, además de rápidas y concretas, sin desestimar que ellas sean pensadas y consensuadas. En las últimas décadas hemos construido variados y numerosos diagnósticos, por tanto, las acciones a emprender son claras, la cuestión es que debemos tener la convicción suficiente para tomarlas.


Las Nuevas Narrativas de/para la Transformación

Joachim Borner
Núcleo de Investigación y Docencia en Ambiente y Sociedad
Universidad Academia de Humanismo Cristiano

La actual desorientación tiene su origen en el hecho de que, muy repentinamente, aparece un actor en el escenario que hasta la fecha fue considerado accesorio; más bien como escenografía en donde la modernidad globalizada o el capitalismo neoliberal se mueve, actúa y enriquece. Lo que perturba profundamente es la efectividad de este actor, que ya no se presenta como mero ornamento. Interactúa y participa como “sujeto” en la vida pública. Lo fatal es: en su narrativa nos deja en la incertidumbre sobre dónde nos encontramos, en qué época y qué papel jugamos. Bruno Latour llama a este actor: lo terrestre (Latour, 2018: 53).

Antiguamente se podía decir que los seres humanos vivían en la Tierra o en la naturaleza. Pero cómo se puede describir eso, donde este algo nos impone de repente nuevas reglas del juego, donde no solamente cambia la decoración, sino también determina la dramaturgia, y eso debido a nuestra acción y como reacción a ésta. Este algo es parte de la sobrevivencia humana, no solamente porque reacciona, sino también porque este algo en sí cambia debido a nuestras actividades y, por lo tanto, cambia su reacción frente a nosotros. Bueno ¿cuál es el papel que juega el ser humano?. De todos modos, es cierto que ya no puede seguir contando las mismas historias.

Entonces ¿Volver al pasado? ¿Reaprender antiguas recetas? ¿Aprender de las pocas culturas que aún no han sido capitalizadas?. ¡De todos modos! Pero sin ilusiones: ¡Para ellas tampoco existen precedencia! Ninguna cultura humana –cuán sabia, atenta y amante de la naturaleza nos parezca– ha tenido que lidiar hasta ahora con las reacciones del territorio (Buckminster Fuller 1968 y Crutzen, et. al. 2011) ante las acciones de entre 8.000 y 9.000 millones de personas. Aun cuando penetráramos en la sabiduría de los últimos diez mil años, sólo ha debido entregar un manual de acción a unos miles o millones de personas en un medioambiente estable. Es necesario observar con atención. Probablemente sólo así podremos aprender a leer y a ver; sólo así podremos ponernos al día con el atraso que tenemos en la dotación de nuestros afectos políticos.

Esto no introduce en una discusión de los primeros pasos comunicativos. La comunicación sobre el cambio climático facilita normalmente informaciones (científicas) sobre el proceso del cambio climático, sus causas industrial. La comunicación del cambio climático explica, juzga lógicamente y muestra los límites planetarios. Punto.

Implícitamente, la comunicación sobre el cambio climático busca impulsar cambios. Que comience la gran transformación (WBGU, 2011). Desde hace años, mirando el conjunto de pruebas, debería haber comenzado hace años. Pero no quiere tomar vuelo y todavía tiene que enfrentar a los escépticos frente al cambio climático. ¿Entonces más explicación aún?. ¿O una segunda Ilustración? (Club de Roma , ed. 2018). Al parecer, el (la falta de) conocimiento sobre el cambio climático no es el problema principal. La dificultad de una descripción empírica de las consecuencias y los desafíos del cambio climático ya no se debe a la falta de información, sino más bien, a la inversa, al gran volumen de datos que sigue aumentando y que dificulta dibujar una imagen completa de los cambios.

Lo que ocurre es que se vuelve más difícil encontrar una orientación sobre el presente y futuro climático, mientras aumenta la descripción cuantitativa de fenómenos, la comprensión de la profundidad del cambio y de la radicalidad de los procesos de transformación parece ir disminuyendo.

Pero junto a este dilema, surge otro: las narrativas de la forma capitalista de vida y producción que se repiten a diario, cubren posibles espacios de resonancia y acción, posibles caminos de innovación y transformación que son necesarios y adecuados a la altura de los desafíos a enfrentar. Simplemente faltan las narrativas y el diseño de transformación para una cultura climática. Y nuevamente, punto.

A diferencia de “todos los demás “, en la comunicación del cambio climático, no importa si es la ciencia, el periodismo, la educación o las tertulias, no tenemos nada que contar. Hablamos mucho de situaciones no adecuadas para el clima o de normas y límites dentro de los cuales se debe desarrollar la cultura climática. Pero no hablamos de cómo sería la vida dentro de los límites planetarios. Nada se habla de las controversias y cómo manejarlas.

Lo que quiero decir es: a la comunicación del cambio climático le falta su propia narración, y esto en dos sentidos. En primer lugar, en el sentido de la narración misma, es decir, el acercamiento a los futuros altamente complejos y dinámicos, y, en segundo lugar, en el sentido de narrativas, de mitos orientadores de culturas climáticas globalmente interconectadas. Son los efectos específicos de comunicación, que recomiendan los cuentos (narraciones).

Pero estas narraciones en sí deben asumir “características” a través de las cuales expliquen lo que llamamos espacios de resonancia y de diseño, que en realidad nos faltan tanto en la imaginación como en la realidad. En breve: (1) Tienen que ser historias del futuro que cuenten lo que habremos hecho, organizado y creado, con o sin éxito, con conflictos y evoluciones, de todos modos, con todo lo que significa el desafío (2) Deben ser historias seriales, que narren las diferentes alternativas de futuro. (3) Si finalmente reconocemos que no tenemos idea de cómo diseñar el camino de la transformación, si entonces, en el proceso mismo “debemos aprender a leer” transformación, entonces nuestros cuentos simplemente no pueden ser concluidos. Son “abiertos” para los demás, que quieran participar en la narración; que puedan reeditarla.

¿Por qué narrar?. Las narraciones, no importa si en texto, imagen o película, nos ayudan a relacionar cambios con nuestra vida directa, con nuestras lógicas de acción individuales racionales y emocionales (primer contexto); colocan los rompecabezas de la ciencia, los medios, las tertulias, entre otros, en un contexto (segundo contexto); los interconectan formando una visión (del mundo) y, si todo resulta bien, desarrollan la relación causal entre ellos (es decir en una mirada histórica sistémica) que no describe solamente la situación, sino, además explica sus causas y trasfondos (tercer contexto). Comprender las causas es un factor para la motivación de emprender cambios, muy al contrario de la gestión de crisis, que solamente trata los síntomas.

Por esta razón, todas nuestras culturas han desarrollado una técnica de cultura narrativa para la organización de su mundo. A través de los cuentos entendemos el sentido de (nuevos) manuales para actuar y conclusiones de la historia desarrollando de este modo confianza/desconfianza respecto a decisiones y explicaciones dentro de desarrollos sociales. ¿Por qué? Porque muestran patrones y no tan sólo informaciones crudas. En las estructuras narrativas siempre encontramos empatía, valores, esperanza, responsabilidad.

La interacción entre el cerebro y las historias nos ha organizado en nuestro condicionamiento histórico de tal manera, que fomenta el recordar cómo, en el pasado, hemos superado crisis, guerras y catástrofes. Si somos capaces de recordar de manera creativa (es decir, adaptiva), entonces podemos acercarnos más fácilmente al futuro de manera creativa. (Borner, 2018).

Sería una tecnología cultural cualitativamente nueva, si nosotros, la humanidad industrializada, capitalista, dedujéramos las actuales decisiones sobre nuestro actuar del futuro (y si fuéramos capaces de hacerlo). Hasta ahora, tomamos las decisiones como un conductor de vehículo que decide su manera de conducir mirando al espejo retrovisor. Esta nueva tecnología de cultura significa, no aprender a leer, en primer lugar, de las experiencias, sino deduciendo desde las imágenes del futuro, es decir, del diseño deseable y de la superación de las tendencias globales/regionales de cambios radicales. Deseable es un sinónimo para sobrevivir y para la soberanía de la supervivencia social.

Este aprender a leer (Schneidewind 2016) es un proceso social intercultural controvertido, en el cual se genera conocimiento robusto en sistemas sociales en competencia que idealmente moviliza el sentido de lo posible como factor de productividad, siendo la comunicación el medio decisivo como acuerdo de negociación y aprendizaje.

¿Por qué narraciones ficticias del futuro?

Aquí tenemos el gran desafío. Hasta ahora, las narraciones y argumentaciones se presentan normalmente con la descripción de las consecuencias negativas del cambio climático. Las exigencias normativas que transmiten las imágenes geniales de los límites planetarios (Rockström, 2009) es decir, no son traducidas en orientaciones de cambios radicales de la cultura diaria, con sentido y en relación con las causas. El estado llena este vacío con recomendaciónes para actuar que no tienen una relación adecuada con los escenarios de posibles cambios/consecuencias. Pero el desafío de la supervivencia cultural exige un paradigma de las reglas del juego a nivel mundial y de los patrones de reproducción fundamentalmente diferente al actual. Falta una visión positiva, un: lograremos sobrevivir con cultura. Pero lo que tenemos es una resignación al unísono, aceptamos el mundo tal como es. Pero siguiendo los datos sobre las consecuencias climáticas, los límites planetarios y sociales no son otra cosa que el llamado a un cambio radical.

Con estas pautas de desarrollo tan frustrantes que nos dicta el manual dominante a nivel global ¿no sería recomendable crear cuentos que muestren culturas climáticas (basadas en conocimiento)?. Es decir, abordar las causas y consecuencias del cambio climático de una manera capaz de actuar y diseñar. Cuentos que sean tan transcendentes, coloridos, realistas, controvertidos y visionarios que puedan superponerse a la narrativa chillona de hoy, la utopía del capitalismo. A diferencia de la historia cultural de la humanidad hasta la fecha, son los signos y los relatos del futuro los que nos señalan preferencias para las acciones de hoy. De lo contrario, nos mantendremos en una gestión de crisis permanente.

Narrar desde el futuro es un tremendo esfuerzo creativo. Exige entrenar nuestro sentido de lo posible. El sentido y la capacidad de imaginarse futuros posibles, de diseñarlos. También implica la capacidad de tomar conciencia de la resistencia de los grupos de interés en las actuales estructuras del poder.

Narraciones abiertas, inconclusas. Si sólo podemos aprender a leer el futuro y la transformación diseñándola, entonces las narrativas conclusas y cerradas, como las que predominan en las sociedades jerárquicas y se narran desde arriba hacia abajo, no ayudan mucho. Corren el peligro de describir el futuro como mera prolongación del presente. Las narrativas que incorporan la búsqueda y el aprendizaje son historias abiertas que se pueden modificar, corregir, reparar, re-editar, que soportan cambios de perspectiva y organizan controversias. Permiten narrar historias desde el principio sin anular la narrativa anterior (Borner, 2018)

Aún no existen narrativas que determinen la transformación hacia la cultura del clima y que se compongan de una gran cantidad de narraciones sobre la acción sostenible, de historias de éxito y fracaso. Sin embargo, se vislumbran criterios aptos para describir el marco y la radicalidad del cambio cultural. Siguiendo a Dirk Messner, es una nueva visión del mundo (Messner, 2017). En su libro sobre la metamorfosis del mundo, Ulrich Beck lo llama “el cambio transcendente de la cosmovisión”,acompañado por una “revolución global de los efectos secundarios de la modernidad” (Beck, 2018). Significa un cambio en las estructuras profundas de la sociedad y una reducción de las dependencias culturales y mentales. . Las nuevas narrativas de la cosmovisión se basan en modelos cognitivos de futuros posibles (modo de conocimiento). El factor del corto plazo, es decir, la correlación entre el cambio y la transformación proactiva, juega un papel especial, al igual que una nueva postura fundamental, cultural e histórica, de responsabilidad a largo plazo y responsabilidad por el sistema de la Tierra. De alguna manera, uno podría ver una inversión en las narrativas de tal manera que los hechos blandos y los valores duros se conviertan en el patrón básico de la narrativa.

Son grandes las barreras que hay que superar.

Pero no nos queda otra opción que enfrentarlas si no queremos que, tal como lo observa Hariri, haya un cambio gradual de poder en la toma de decisiones desde nosotros, los seres humanos, hacia los algoritmos (Hariri 2017).

Referencias

Beck, Ulrich (2018), Die metamorphose der Welt. Suhrkamp, Berlin.
Borner, Joachim (2018)

Buckminster Fuller, Richard (1968), Operating Manual for Spaceship Earth. Carbondale, Southern Illinois University Press.

Crutzen P.; J. Davis M.; Mastranddrea M. D; Schneider,S.H.; Sloterdijk P. (2011), Das Raumschiff Erde hat keinen Notausgang. Edition Unseld, Berlin.

Hariri Yuval Noah (2017), Homo Deus, C.H.Beck, München

Latour Bruno (2018), Das terrestrische Manifest. Suhrkamp, Berlin.

Rockström J. et al. (2009), “A safe operating space for humanity”. In: Nature 461, S. 472-475, doi:10.1038/461472a

Schneidewind Uwe (2013), “Wandel verstehen: auf dem Weg zu einer Transformative Literacy”. In: Wege aus der Wachstumsgesellschaft . Hrsg. Harald Welzer und Klaus Wiegandt. Fischer, Frankfurt a.M. 115-140.

WBGU, German Advisory Council on Global Change (2011),World in Transition–A Social Contract for Sustainability. Flagship Report. URL: https://www.wbgu.de/en/flagship-rep... -2011-a-social-contract/, Abruf am 01.08.2018.


Daño, resistencia y socorro mutuo

Bosco Parra, septiembre 2019
Núcleo de Investigación y Docencia en Ambiente y Sociedad
Universidad Academia de Humanismo Cristiano

Daño es el perjuicio moral y biológico que sufre el ser humano a causa de la agresividad competitiva y de las perturbaciones ambientales que desatan una cultura centrada en la obtención voraz de la máxima ganancia. El daño es una situación de la que no escapa nadie. Tampoco las clases en pugna. La lucha de éstas puede llevar al hundimiento de la sociedad entera, si la de los explotados no disciernen entre el trabajo que merece ser hecho y el que le asigna la relación de producción que produce veneno.

Sujeto político es cualquier individuo de la especie humana que decida actuar de inmediato contra el daño (Marx-Engels). La inmediatez distingue a este sujeto político del “ciudadano” que debe esperar la mediación del Estado para actuar, lo que supone demora. Su utilidad y la de sus representantes se manifiestan cuando operan como portavoces del sujeto político en lucha.

La inmediatez es por la gravedad del daño, por la magnitud del peligro. La relación actual entre la especie humana y la naturaleza es la de una sociedad industrial que hiere a la naturaleza, la explota sin límites, con arrogancia y soberbia y la de una naturaleza que responde con desórdenes que ya afectan a la salud misma de la especie (von Wright, 1996). A esta venganza, la sociedad ofrece una defensa débil y desconcertada que se explica, más que por deficiencias técnicas, por la fragilidad moral que sigue a la ausencia de valores solidarios.

El género humano ha dejado de ser una idea abstracta para convertirse en una sociedad concreta, unida, para mal o para bien, por un destino común (Torreti, 1971). Este puede consistir en la aniquilación general por conflagración atómica o por el envenenamiento del ambiente o bien, en nuevas y mejores condiciones materiales de vida para todos. No parece verosímil que la especie humana, por esquivar la primera alternativa, renuncien a toda la civilización industrial que, a su vez, nos tienta con la segunda. Los términos de esta elección no son independientes el uno del otro.

Las nuevas y mejores condiciones materiales, mostrándose apetecibles, tientan a hacer algo que no conviene hacer, a tomar algo que no conviene tomar: a lo excesivo. Asi, lo razonable, que solo puede ser definido por el sujeto, por su propio buen juicio, se degrada en ansia desaforada; en veneno, en basura. Es preciso construir una cultura que, poniendo al centro el deseo, coloca también en el centro el autocontrol (Moulian, 1998) Este debe entenderse como la determinación del límite; por límite, el punto concreto, material, perceptible, en que la producción de cosas acarrea perjuicio.

No basta la percepción acrítica del daño; la comprobación puramente sanitaria por parte de ‘los entendidos’ de una “anormalidad” que es con frecuencia de larga data; las mediciones perezosas rutinarias. El individuo doméstico siente dentro de su propia casa el desperdicio: montones de basura. Los echa fuera, enojo contra la autoridad que no la retira. Pero aguanta, como la mayoría. Se ensaya el reciclaje. Un acto higiénico que ya es una crítica primaria; el sujeto distingue entre lo necesario y el exceso, y elimina el exceso. Pero, también como la mayoría, encarga a un tercero su eliminación. Lo normal es el aguante, soportar con enojo, pero sin oponerse, dejando que las cosas malas, sigan su curso.

Pero hay quienes no: chocan, contra la autoridad, contra la empresa, contra los vecinos, incluso. Generan un conflicto que no tiene un adversario, sino múltiples agresiones simultáneas e innumerables orígenes. Están cercados y deben defender todo el cerco al mismo tiempo. Si la agresión es multiforme, su fuerza propia deber ser también multiforme, plurivalente. Esta es su capacidad o fuerza de trabajo, su cuerpo activo. Puede trabajar como resistencia atravesándose en los caminos del dañador; puede también limpiar, reparar; y cuando la oposición es demasiada, puede pedir socorro a sus iguales. Entre varios, romper resulta posible.

El sujeto, ahora político y transformador, adhiere, consciente o inconscientemente, a la regularidad histórica de que cada vez que los necesitados deben superar carencias inaplazables desentendidas por la sociedad, recurren a la realización autónoma e inmediata de su capacidad de trabajo, reproduciendo así sus vidas, no sólo de manera primaria, sino también con dignidad y belleza: a cada mal, un trabajo asociado; a la enfermedad, asociaciones de socorro mutuo; a la explotación, sociedades y federaciones de resistencia; a la inmoralidad y vicios, su propia educación y crítica a la religión que no entrega moral; a las amarguras, sociedades de recreo. (Recabarren, 2010)

Se trata de una estructura que sostiene todos los primeros movimientos de reivindicación obrera: utopismos, anarquismos, cooperativismos, etc. Pero la multiplicidad de facetas se verá reducida y homogeneizada por el binomio partido-sindicato. Llegado el momento de enfrentar política y socialmente al fascismo, la derrota obrera se explicará en buena medida por la ausencia de las concepciones utopistas del trabajo propuestas por Fourier (Benjamin, 2009). Estas, al concebir el esfuerzo humano como una cooperación con el desarrollo propio de la naturaleza, y no como su explotación ilimitada - sustraían al trabajo de una estructura de supremacía tecnocrática, que resultaría más útil al proyecto bélico fascista que a cualquier esfuerzo democratizador.

Gabriel Salazar (2012) comprueba que la presencia de la estructura básica antes mencionada logra que sucesos tan diversos como el bandidaje popular y las sociedades mutuales operen como antecedente de identidades de creciente autonomía cultural y fuerte consistencia histórica. Las sociedades mutuales, por ejemplo, no surgieron para inaugurar la lucha sindical, sino “para ir modelando una propuesta construída en su propia vida“. Desarrollan un trabajo creativo que les permite configurar un modelo de acción comunitaria que se fue proyectando hasta devenir, hacia 1918, en un poder social con capacidad de acción constituyente.

El modelo de acción comunitaria, ha sobrevivido a todos los derrumbes. Hoy pueden llamarse neonarodnismo, ecologismo de los pobres, neo-anarquismo, consumismos libertarios, autonomismo, etc. Bajo uno y otro nombre, el principio de resistencia y socorro mutuo.

La forma práctica que toma hoy el modelo comunitario es el experimento: el cambio que expresa la vida cotidiana cuando se introduce en ella el valor de la solidaridad, de la autoayuda y el socorro mutuo, sobre todo “con mucho trabajo manual“. Primero el alimento: ¿qué se va a comer en el invierno? (Mellado, 2009). En un mural se podía leer hace poco: “llegará el día en que te des cuenta que no puedes comer billetes“. Hay que pensar como si ya estuviéramos en ese día - preparados. Atender a la agricultura, ya sea campesina o urbana. Cada día se sabe más de huertos familiares, de barrio, de permacultura, etc. Todas ellas experiencias de solidaridad manual, que sirven, además, para combatir el miedo. Maturana (1994) define el miedo como un espacio de sucesos sin acciones posibles. Hay mil acciones posibles y cada vez son más las que culminan en práctica habitual. A más acciones, menos miedo.

No se puede renunciar de golpe a toda la civilización industrial. Pero sí es posible, juntando las resistencias que ya existen, instalar reflexiones que hasta ahora se evaden. Lo que se logre abrirá caminos hacia una manera distinta de organizarnos. Se pueden considerar fundamentales las siguientes direcciones: una pausa tecnológica, una consideración de la historia natural y la reflexión política.

Una pausa tecnológica. Maturana (1994): “pero no ahora“. A la larga, es bueno conocer todos los problemas relacionados con la fertilización y la implantación del óvulo en la especie humana. Pero no ahora, cuando van a ser usados de manera mercantil. Bunge (1983): “La tecnología tiene que ser más conservadora que la ciencia“. Los escándalos de los medicamentos mutagénicos de los años 60 pueden repetirse si el paso de la investigación pura a la aplicada y de ésta a la producción, se efectúa con la sola regulación de la rapidez, propia de la tecnología.

La historia natural. El problema lo expone Sebald (2007): “Entre Historia e Historia Natural“. Podemos preguntarnos cuándo la historia natural puede predominar sobre la humana. Con seguridad, en los momentos de las más graves catástrofes, cuando seres de nuestra especie son aniquilados. Pero los relatos recopilados por Sebald se refieren a una situación específica: la destrucción total e innecesaria de ciudades alemanas de ninguna importancia, cuando el fin de la II Guerra Mundial era ya inminente. En el momento de la aniquilación, los sobrevivientes no saben de verdad qué ha pasado. Recurren a automatismos patéticos: la encargada del cine destruido sólo atina a pensar en el programa que debe exhibir a las 2 de la tarde, como todos los domingos. En esos instantes no se puede saber aún qué especie resultará la dominante después de la catástrofe: si la humana, estupefacta, que no sabe qué decir o hacer, o alguna de las más repulsivas de la escala de lo vivo, que la historia natural ya ha diseminado.

¿Por qué se destruye lo que ya no tiene importancia? ¿Por qué se mata a quien ya no puede matar?. No por locura. O no, al menos, por una locura corriente. En medio de toda esa sinrazón, operaba en su extremo la racionalidad del capitalismo que fabrica: todo lo producido debe consumirse. Un general estadounidense de brigada aérea dijo: “en definitiva las bombas eran mercancías costosas que no se podían lanzar sobre las montañas o en un campo abierto después de todo el esfuerzo que había costado fabricarlas“. Habría que crear una “commonwealth“ con la Naturaleza, nombrando a la Ciencia Honesta como la persona ficticia que la represente en un contrato en que nuestra especie, procurando su propia preservación, restrinja sus excesos. ¿Sueño, abuso de las palabras? Sí - pero en ningún caso locura.

Ante todo, reconocer la urgencia, establecer una correspondencia sensata entre los ritmos de cada historia. Todavía en 1949, Jaspers podía decir que la historia de la naturaleza es infinitamente lenta si se la mide por la escala humana. Los cambios de la humanidad son, por el contrario “rápidos y conscientes“(Jaspers, 1953). Ya no. Hoy los científicos serios señalan que las decisiones políticas son exasperantemente lentas frente a la rapidez insólita de los cambios naturales. Ahora sí que hacen falta cambios “rápidos y conscientes“ (Dörr, 2015)

La reflexión política. Hay que volver a examinar cuestiones viejas. El Estado, por ejemplo, al que secularmente se mira con prevención: desde el relato bíblico de Samuel hasta las teorías que piensan cómo se extinguirá. ¿Por qué Estado hoy?.

Porque así como el ciudadano y sus representantes pueden operar como altavoces del sujeto político preocupado del problema esencial de hoy - la supervivencia de la especie - es factible que el Estado sirva de multiplicador del esfuerzo autónomo. No es difícil encontrar agentes y subsistemas que, con diversos grados de verdadero interés, acepten dar importancia al problema esencial y puedan entender que el Estado se legitima cuando se asigna prioridades correspondientes a los peligros de hoy.

Si tales prioridades se establecen, el Estado puede dejar de ser un obstáculo para el desenvolvimiento del proceso de preguntas-y-respuestas que conducen hasta la verdadera raíz de la inhabilidad colectiva: el dominio del capital sobre los intercambios necesarios del mercado. Podría ser útil la proposición que sigue para la Constitución Política, artículo primero.

La finalidad primordial del Estado de NN y la justificación actual de su existencia consisten en adecuar la sociedad a los graves cambios naturales ya producidos en el planeta y en asegurar la subsistencia igualitaria y solidaria de sus habitantes tras las desgracias colectivas que puedan afectarlos. La Primera Magistratura asegurará que las políticas públicas se atengan rigurosamente a tal prioridad y, asimismo, promoverá el desarrollo de un sector de la economía que integre a las asociaciones de trabajo autónomo y artesanal, orientadas a producir para el consumo directo, y al progreso cultural de sus miembros.

Referencias

1. Marx-Engels. Manifiesto del Partido Comunista. “lucha (de clases) que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna

2. von Wright, G. (1996) Vetenskapen och förnuftet (Ciencia y Razón)

3. Torretti, R. 1971. Filosofía de la Naturaleza. Introducción.

4. Moulian, T. 1998. El consumo me consume

5. Recabarren, L. E. 2010. Ricos y pobres. LOM (25)

6. Benjamin, W. 2009. La dialéctica en suspenso. LOM. Traducción, introducción, Pablo Oyarzún Robles.

7. Salazar, G. 2012 Movimientos sociales en Chile - Trayectoria histórica y proyección política.

8. Mellado, M. 2009. Micropolíticas. Punto Final No 684.

9. Maturana, H. Entrevistado en Todos Queríamos Ser Verdes. 1994.

10. Bunge, M. 1983. La investigación científica. (709)

11. Sebald, N. G. 2007. Campo Santo. (64-91)

12. Jaspers, K. 1953. Origen y meta de la Historia.

13. Dörr, O. Catástrofe Ecológica en Marcha. El Mercurio, 25/5/2015: A2.


NUEVE SUGERENCIAS PARA UN MOVIMIENTO AMBIENTALISTA AMPLIO

Raúl González Meyer
Núcleo de Investigación y Docencia en Ambiente y Sociedad
Universidad Academia de Humanismo Cristiano

1. Sugerencia uno: combinar: i) el cambio de las estructuras o del sistema con ii) el cambio personal. Estos cambios suelen ser puestos en contradicción afirmando que uno de ellos es el primero; el otro, según la visión que se tenga, solo puede provenir como consecuencia del otro. Sin embargo, ambos planos deben ser vistos en relación metabólica. Un cambio de estructuras promovido sin sostén en nuevos principios de conducta personal parecerá retórica, no dará lugar a ejemplos, disociará el hacer con el decir. A la vez, un cambio de las estructuras, gradual o más intenso, generá nuevas condiciones de posibilidad para el cambio personal. La ampliación de las fronteras en uno de esos planos genera condiciones para la ampliación de las fronteras del otro.

2. Sugerencia dos: combinar: i) las acciones locales, ii) nacionales y iii) globales. Los cambios generales, de gran escala, no son la pura sumatoria de acciones y cambios locales. Pero esas acciones de gran escala apuntando a cambios globales carecerían de sostén, de solidez, sino expresan lo que también ocurre en múltiples puntos o territorios locales. A la vez, las iniciativas y cambios locales tendrán mayores profundidades y facilidades si hay escenarios globales y nacionales que generan mejores entornos y condiciones para procesos transformadores a esa escala local.

3. Sugerencia tres: combinar: i) la necesidad de la acción urgente con ii) procesos crecientemente democráticos y masivos. Debe existir habilidad y destreza para fundar un tiempo humano desafiado en asumir la velocidad amenazante de los cambios geológicos en curso –por el impacto de la humanidad capitalista y productivista- y que, a la vez, no se presente o sea experimentado como un “orden ecológico” impuesto. El tiempo histórico-social debe ser “apurado” para situarse en correspondencia con el tiempo y la urgencia ambiental, invirtiendo la forma clásica en que nos hemos representado ambos tiempos. Ni dictadura ecológica ni suicidio colectivo. Esto obliga a combinar: i) las acciones ejemplares que visibilicen la magnitud de catástrofes existentes y los caminos de alternatividad, con procesos democráticos que construyan nuevas convicciones morales colectivas.

4. Sugerencia cuatro: combinar i) iniciativas, procesos, experiencias, construcción de poder “en” y “desde” la sociedad civil con ii) avances, procesos, construcción de institucionalidad en las esferas de los Estados. Lo primero debe disputar las orientaciones culturales y prácticas de la sociedad, densificando a ésta de iniciativas socio-ambientales; pero también esa acción social debe constituir antecedentes y circunstancias para que el carácter del Estado y la política representativa sea facilitadora de esos procesos. A la inversa, los cambios institucionales, estatales deben sustentarse en procesos, expresiones y organizaciones sociales y, a la vez, ser un factor de su empoderamiento.

5. Sugerencia cinco: combinar i) la defensa de la naturaleza, de sus equilibrios, de la conexión espiritual y estética con ella, con ii) una renovada valorización de lo humano. Lo humano debe encontrar un engrandecimiento y una referencia ética, en el re-conocimiento de la naturaleza como algo irreductible a mero factor productivo o materia prima. A la vez, reconocerse como humanos en esa nueva (y antigua) sensibilidad y relación con la naturaleza debe ser comprendida como un sustento y un resultado de nuevas relaciones entre los humanos.

6. Sugerencia seis: combinar i) las fuerzas provenientes de la razón y ii) de la emoción. La idea que “la razón” ha sido la base de la modernidad que justamente ha avasallado la naturaleza lleva a su descalificación y a elevar el mundo de lo sensible, de la emoción, de lo espiritual, como las bases de una fuerza transformadora. Esto último es clave; pero también es clave distinguir que esa “razón” criticada ha sido una de tipo instrumental al servicio de fines y horizontes, como el dominio de la naturaleza, y que terminaron por transformarla, en fines en sí mismo. Frente a ello, se debe reponer una razón sustantiva, no reductible a la sola mecánica de la eficiencia medios-fines, que es abierta a las expresiones de la emoción, la celebración, lo místico, no como realidades “inferiores” a las que impone el solo imperio de la razón productiva. Pero una nueva experiencia estética, espiritual, lúdica con la naturaleza necesita también fundarse en una nueva ética, en una nueva razón que es capaz de comprender y subjetivizar el significado de ello.

7. Sugerencia siete: combinar fuerzas: i) entre aquellos que parten desde una crítica fundamental a la modernidad, ii) aquellos que critican el orden de cosas actual desde valores de la propia modernidad pero negados o no concretados en su expresión capitalista, o iii) quienes se posicionan desde valores postmodernos. Significa el dialogo no reductible a verdades únicas entre vertientes ideológicas, culturales y cosmovisiones que teniendo diferencias pueden constituir una corriente y una fuerza amplia y diversa en la dirección de una defensa planetaria y de transformación social. Entre quienes lo hacen desde una superación del antropoceno o quienes plantean que hemos vivido, más bien una era del capitoloceno; entre quienes plantean la necesidad de un ecocentrismo o quienes se ubican desde un antropocentrismo ecológico radical.

8. Sugerencia ocho: combinar i) la idea de que para que haya un cambio real y una inflexión histórica debe haber una mayoría con ii) el reconocer que quienes están hoy por ese cambio profundo y de manera activa, constituyen aun una minoría. Más allá de quienes tienen intereses directos en el sistema actual, detrás de ello hay a veces déficit de información; pero, sobre todo, dificultades de imaginar y construir imágenes de situaciones y trayectorias futuras. Ello supone acciones diversas que hagan de las catástrofes ya comenzadas, actos de conciencia que empujen formas de distintas de habitar. También, avanzar desde una pedagogía de las catástrofes, que sabe mostrar las injusticias ambientales en sus orígenes y consecuencias e ir escribiendo trayectos históricos diferentes desde las prácticas que imaginen y narren otros finales posibles.

9. Sugerencia nueve: i) combinar las críticas a lo que ocurre y sigue ocurriendo con ii) aquellas victorias que se van obteniendo en distintos espacios. Estas victorias pueden ocurrir y ocurren dentro de la sociedad y en las políticas públicas; en la cultura y el sentido común; en la fuerza de las manifestaciones, en el desplazamiento de los límites de lo que se considera inaceptable y de lo necesario; en regulaciones sobre el uso de “recursos”. Solo mostrar los poderes que ponen límites y enmarcan el presente; mostrar solo las estructuras que oponen resistencia a los cambios o mostrar todo logro de un movimiento (por parcial que sea), cooptado por los poderes y estructuras dominantes; etc. pueden invisibilizar las fuerzas, logros, victorias, construcciones, experiencias, que hacen parte de todo movimiento.

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