El impacto de los resultados de la última elección presidencial relativizó una serie de consideraciones provenientes de diversos sectores del arco político, incluidas las derechas. En nuestro caso, la brecha entre el análisis previo y los resultados electorales obliga a decodificar los factores explicativos del desenlace, particularmente aquellos que no fueron considerados —o que, eventualmente, no se quisieron considerar— con suficiente atención.
Una primera hipótesis, confirmada, se vincula con el ‘efecto de contagio global’ asociado a la consolidación de proyectos políticos de derecha, que van desde expresiones conservadoras hasta variantes de carácter ultraconservador (liberales, mediante). Este fenómeno resulta visible en el hemisferio americano, con casos recientes en Estados Unidos, El Salvador, Argentina, Ecuador, Bolivia y, más recientemente, Honduras. Dicho contexto configura un marco referencial significativo, siendo el caso salvadoreño uno de los más emblemáticos al combinar de manera eficaz los discursos sobre delincuencia y seguridad pública. La denominada “bukelemanía” permeó el escenario político chileno y fue asumida, sin ambigüedades, por José Antonio Kast.
A ello se suma la explícita cercanía con el proyecto político de Javier Milei en Argentina, materializada tanto en gestos simbólicos —como la utilización de la “motosierra” como emblema— como en la narrativa de un ataque frontal contra la corrupción estatal, presentado como condición necesaria para el desarrollo individual. Este discurso, más allá de las adscripciones ideológicas, logra resonar en amplios segmentos del electorado chileno, reforzado, además, por la impronta discursiva y electoral de Johannes Kaiser.
La figura de Kaiser resulta particularmente relevante en la medida en que interpela a un electorado que revaloriza el golpe militar de 1973, lo que se expresa en declaraciones como: “sin duda, apoyaría un golpe de Estado si las circunstancias fuesen como en 1973”. A ello se agregan propuestas orientadas a proscribir al Partido Comunista o a eliminar el Ministerio de la Mujer, consolidando posiciones en un sector del electorado que, hasta 2021, no participaba activamente en procesos electorales voluntarios y que hoy, bajo el régimen de voto obligatorio, se ve compelido a concurrir a las urnas. Se trata, en consecuencia, de un segmento que manifiesta una relación instrumental, cuando no abiertamente crítica, con la democracia representativa en Chile.
En este contexto global y regional, mediado de manera creciente y asertiva por las redes sociales, se fue esculpiendo la idea de que “Chile se cae a pedazos”, asociada a fenómenos como la corrupción —ejemplificada en los casos de fundaciones y otras denuncias—, la delincuencia, la migración irregular y los delitos violentos. Esta narrativa terminó por configurar una suerte de “joya arquetípica” sobre la cual se construyó una retórica de “sentidos comunes”, en términos del propio discurso del presidente electo durante su fase electoral reciente, agregándosele las anteriores y el desempeño del partido republicano en el congreso. Desde esta perspectiva, la apelación al Estado de Emergencia se instala como una solución de sentido común, cuyos alcances ejecutivos y legislativos deberán ser observados con atención.
La noción de “joya arquetípica” logró anclarse eficazmente en procesos sociopolíticos recientes, tales como el estallido social —redefinido discursivamente como fenómeno delictual— y el proceso constitucional, particularmente el plebiscito de 2022. Estos hitos contribuyeron a sedimentar una voluntad popular que, pese a beneficiarse de avances en materias como pensiones, reducción de la jornada laboral, copago cero en salud y mejoras en indicadores de delincuencia —incluida la macrozona sur—, no reconoció plenamente dichos logros del actual gobierno.
Este escenario puede ser analizado a la luz de la teoría de los clivajes sociopolíticos de Seymour Martin Lipset y Stein Rokkan, según la cual los ordenamientos políticos nacionales se estructuran en torno a grandes fracturas sociales, políticas y económicas. En el caso chileno, el clivaje dictadura v/s democracia, que durante décadas organizó buena parte del campo político, aparece hoy relativizado o tensionado por nuevas dicotomías, como orden v/s estallido social u orden v/s delincuencia, crimen organizado y migración. Estos clivajes, lejos de operar de manera aislada, se combinan y refuerzan mutuamente, proyectándose con fuerza en el ciclo político que se abre.
Otro elemento central corresponde a la dimensión territorial del fenómeno político. La penetración ideológica y electoral ha estado históricamente vinculada al territorio, entendido no solo como espacio físico, sino también como construcción social y cultural. A mayor inserción territorial, mayores son las posibilidades de influencia y persuasión política. Sin embargo, esta relación se complejiza en la actualidad por la interacción entre el territorio material y el territorio virtual, configurado por las redes sociales. En este cruce, discursos falsos —como la idea de un país en colapso total— conviven con problemáticas reales, tales como la corrupción, los privilegios y la inseguridad. En la elección presidencial reciente, marcada por el voto obligatorio, las derechas —en particular las corrientes republicanas y libertarias— lograron apropiarse de este dispositivo territorial, tanto en su dimensión física como digital, imponiendo a las fuerzas oficialistas el desafío de una futura reconquista del espacio político mediante estrategias innovadoras.
Finalmente, el diseño de campaña del candidato vencedor, aunque austero, resultó eficaz al concentrarse en un número acotado de clivajes, especialmente aquellos vinculados al orden, la delincuencia, la migración, el estallido social y crisis económica. La decisión de limitar las intervenciones públicas del abanderado redujo los riesgos de inconsistencias argumentativas, evidentes en instancias como los debates de ARCHI y ANATEL, particularmente frente a las interpelaciones de Jeannette Jara. Las responsabilidades del oficialismo, tanto a nivel de coalición como de gobierno, constituyen un análisis aparte, aunque no cabe duda, algunas, ya se encuentran en esta opinión.
Hernán García Moresco. Magíster en Ingeniería Informática, USACH. Diplomado en Big Data, Pontificia Universidad Católica de Chile. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública, Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación, USACH.
José Orellana Yáñez. Doctor en Estudios Americanos, Instituto IDEA‑USACH. Magíster en Ciencia Política, Universidad de Chile. Geógrafo y Licenciado en Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile. Integrante del Centro para el Desarrollo Comunal Padre Hurtado.
