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De la democracia representativa a la democracia directa. Por Manuel Acuña Asenjo

UNA SEGUNDA MITAD QUE YA NO EXISTE

Como la noche de Jan Valtin, la primera mitad del período presidencial ha quedado atrás. Algo inevitable: la agenda de seguridad invade el quehacer de las autoridades de Gobierno y hace imposible que el programa ofrecido a la ciudadanía se cumpla. Es más: hay investigadores que creen que Gabriel Boric

 

“[…] está en La Moneda por haber ganado con holgura las elecciones presidenciales de diciembre de 2021 sobre la base de un programa de transformaciones estructurales que aún no se cumple para desencanto de las mayorías que ahora reciben con estupor el acercamiento a los que instalaron el modelo neoliberal de abusos y desigualdades que hoy pretenden consolidar”[1].

 

No obstante, es cierto que, en el Consejo de Gabinete del 01 del presente, dijo el presidente a sus ministros:

 

“Quiero pedirles, exigirles a todas y todos los presentes, que los dos años que restan de Gobierno, no son para hacer promesas, es para cumplirlas y que, por lo tanto, son dos años de mucha gestión, dos años donde tenemos que estar en el territorio, en que la gente, nuestro pueblo tiene que notar las mejoras concretas”[2].

 

Dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Lo cierto que cumplir con la palabra empeñada adquiere ya el carácter de imposible. La propia militancia de Convergencia Social CS y Revolución Democrática RD, en su Congreso del 9 y 10 del presente, destinado a aprobar la constitución del Frente Amplio FA como partido, así lo reconocen:

 

“[…] hemos llegado al Gobierno y nos hemos dado cuenta que es muy difícil avanzar en las transformaciones y para eso necesitamos partidos, herramientas mucho más fuertes, mucho más representativas que empujen las transformaciones sociales”[3].

 

La propia Ministra Secretaria General de Gobierno Camila Vallejo, ante un medio de comunicación, no vaciló el sincerarse respecto de uno de los proyectos emblemáticos de su coalición —la Reforma de Pensiones—, diciendo que

 

“Ya no es la propuesta ideal del Gobierno”[4].

 

Es más: hasta puede afirmarse (como ya lo hemos hecho en otros documentos) que ya no es Apruebo Dignidad quien gobierna (mucho menos el FA) sino una coalición —la Concertación de Partidos por la Democracia— que estaba agonizante y que hoy, como el Ave Fénix, resurge con fuerza desde sus cenizas para encarnarse en el que fuera el más exitoso movimiento estudiantil, traduciendo la amargura de un dirigente de RD:

 

“El presidente Boric le entregó las llaves al PS/PPD”[5].

 

No es una mera suposición. Desde hace un tiempo, se han producido profundos cambios en el Segundo Piso que es el lugar que habita el Consejo más cercano al presidente.

 

“[…] el sociólogo Eugenio Tironi se ha convertido en uno de sus orejeros predilectos, desplazando —por ejemplo— al cientista político Juan Pablo Luna, cuyos consejos fueron claves en los inicios del gobierno”[6].

 

La vieja Concertación, como Dorian Gray, aparece rejuvenecida en el cuerpo de los jóvenes dirigentes estudiantiles que un día prometieron un Chile diferente. Hay una razón: la necesidad de poseer un empleo. Todos necesitan ser contratados por el Estado, pero en el carácter de dirigentes. Deben incorporarse a la ‘èlite politica’. Por eso las contiendas eleccionarias ya comienzan a mostrar sus primeras víctimas[7]. Parafraseando a Gabriela Mistral, todos/todas quieren ser reinas o, en su caso, reyes.

 

TIEMPO ESQUIVO

El 27 de octubre de este año se realizarán las elecciones (gobernadores y consejeros regionales y alcaldes y concejales). Los gobernadores a elegir son 16; los consejeros, por su parte, 302. Ambas autoridades durarán en sus cargos cuatro años, es decir, comenzarán a actuar en 2025 y cesarán en sus cargos en 2029; simultáneamente, ese mismo día, han de elegirse 345 alcaldes y 2.252 concejales para llenar las vacantes que dejan quienes van a finalizar sus funciones. Durarán en el ejercicio de su cargo hasta diciembre de 2028. Son cargos remunerados, por lo que desempeñarlos implica resolver problemas de ocupación para los eventuales candidatos; pero, mejor aún, no son mal pagados, por lo que la disputa por conseguirlos puede hacerse bastante encarnizada.

La concurrencia a votar en las elecciones no será libre, como antaño, sino obligatoria por disponerlo así la Ley 21.524, de 27 de diciembre de 2022, que restableció la forma coercitiva de participar en la contienda política. Así, el rechazo que provocaba en ciertas personas concurrir a los recintos de votación a manifestar su apoyo, a través del voto, a candidatos designados por los partidos políticos, es decir, abstenerse de participar en esos comicios, no podrá llevarse a efecto: la única opción para manifestar repudio volverá a ser el voto en blanco o el voto nulo. Los candidatos independientes, si bien no están prohibidos, deberán cumplir exigencias que harán difícil su eventual participación en las justas electorales convocadas para esa ocasión.

Los candidatos, por consiguiente, serán elegidos por los partidos políticos; la participación de candidatos independientes en los comicios sólo será posible a través de esos actores. Sin embargo, también podrán hacerlo los independientes que cumplan ciertos requisitos legales, que no son generosos, en modo alguno, con quienes quieren hacerlo en los márgenes del sistema.

Pero esta circunstancia nos conduce a otra.

 

UNA OPCIÓN OBLIGATORIA

 

Desde que asumiera Patricio Aylwin como presidente de la nación, se puede decir que la ciudadanía ha sido condenada a pronunciarse constantemente aceptando o rechazando candidaturas que son, sin lugar a dudas, representativas de los intereses de los partidos que las apoyan, pero no de quienes deben manifestar su voto. Chile tiene una democracia representativa por determinarlo de esa manera su principal mentor, Jaime Guzmán. Así, constantemente, la comunidad nacional es convocada a votar por personas que dicen representarla y, sin embargo, a menudo no lo hacen. En consecuencia, no son representantes legítimos sino legales. Son representantes por disponerlo así la ley. El juego en donde se presentan candidatos, no elegidos por la comunidad sino por la representación política de la misma, para disputar las más altas magistraturas, es lo que ha pasado a conocerse como ‘política’ u ‘opción del mal menor’ que la experimentan, igualmente en estos meses, Estados Unidos y gran parte de las naciones del orbe.

 

UNA PREGUNTA OSADA

 

Enfrentados a un fatalismo como lo es ‘la opción del mal menor’, ¿resulta osado preguntarse si acaso es posible levantar una alternativa, una forma de enfrentar el futuro de nuestra nación diferente a la actual? ¿Es posible evadir ese fatalismo? ¿Es posible evadir esa irremediable sima a la que, constantemente, se nos empuja? ¿No es posible, acaso, levantar hoy esa bandera que antaño nos indicaba el camino a una sociedad ‘más humana, fraterna y solidaria’? ¿Una sociedad capaz de realizar políticas de Estado? ¿Una sociedad preocupada más del interés de la comunidad que el de los partidos o del Gobierno de turno? ¿Una sociedad más participativa, con personas preocupadas del quehacer social, una comunidad preocupada de resolver por sí misma los problemas del colectivo y de cada uno de sus integrantes? ¿Es posible, en suma, contraponer, a la democracia representativa que nos regula, una democracia directa? ¿Cuáles serían las bases de esa democracia directa? ¿Cómo podría hacerse efectiva?

Estimamos que un debate de esa naturaleza no solamente es posible llevarlo a cabo sino requiere imperiosamente de hacerse. Porque no se trata solamente de una idea repentina, sino una convicción largamente acariciada por quienes construyeron esta naciente república, como bien nos lo retratan las palabras de Manuel Rodríguez a Bernardo O’Higgins, dándole su opinión sobre la forma de ejercer el mando:

 

“Ud. ha conocido, señor Director, perfectamente mi genio. Soy de los que creen que en esto de los gobiernos republicanos deben cambiarse cada seis meses o cada año lo más, para que de este modo nos probemos todos, si es posible y es tan arraigada esta idea en mí, que si fuera Director y no encontrase quién me hiciera revolución, me la haría yo mismo. ¿No sabe Ud. que se la traté de hacer a mis amigos los Carrera?”[8]

 

La idea de hacer rotar en los cargos directivos de una sociedad a toda la población del país (en esos años, de unos pocos miles) no era descabellada: constituía el fundamento de ese nuevo modo de gobierno que había de imponerse en todas las nacientes repúblicas latinoamericanas para reemplazar las anquilosadas formas que arrastraban las viejas monarquías. Pero era la forma más diáfana de estatuir la democracia que se imponía: la democracia directa. Un diputado, senador, gobernador, presidente de la República, miembro de la Corte Suprema, del Congreso, que durase seis meses o un año pudo, tal vez, en esos años, parecer exagerado para una sociedad que creía más en las personas que en las instituciones. Se suponía que esa autoridad podía imponer un programa de gobierno y, por lo mismo, su presencia era indispensable: era una ‘autoridad’. En la actualidad, sabemos que eso es una entelequia, que nadie es indispensable, que todos los seres humanos somos esencialmente fungibles.

La democracia directa, pues, era consustancial al concepto mismo de democracia, pero no pudo expresarse en su tiempo; la democracia representativa, si lo hizo pero en defecto de la anterior, porque era lo único que había y no porque era superior; al contrario: fue un obstáculo para el desarrollo de la voluntad colectiva.

 

DEMOCRACIA DIRECTA Y DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

 

No deja de ser la democracia directa tremendamente conveniente, pues representa la voluntad popular y permite el control de los actos que ejecutan quienes están a cargo de servicios, empresas o instituciones del Estado. Por lo mismo, las gestiones de los mandatarios para hacer funcionar la misma se hacen tremendamente transparentes. El control colectivo incita, además, a la cooperación entre todos los miembros de la comunidad y, por ende, promueve el contacto y la solidaridad entre todos ellos. Por el contrario, la democracia representativa, al separar al votante del elegido, despierta tentaciones en este último, fomenta la corrupción, alienta formas competitivas de relación social y, en consecuencia, acentúa el individualismo de las personas, haciendo del aislamiento la forma normal de relación humana.

La democracia directa es la verdadera democracia. Su esencia misma. Su espíritu. Si en el pasado no pudo hacerse efectiva y debió trocarse en representativa fue porque no existían los avances que la sociedad de hoy brinda para ejercerla. Fue una aspiración. Recuperarla es volver a imponer el control colectivo sobre la marcha de la misma sociedad.

 

LAS LEYES QUE GOBIERNAN EL SUFRAGIO

 

Las leyes que gobiernan el sufragio universal son leyes tremendamente anticuadas y equívocas. Por lo pronto, no realizan el ‘sufragio universal’, salvo que se quiera dar un alcance restringido a ese concepto. Una ley no es universal por el hecho de aplicarse a todo un espectro social y hacer intervenir al sufragante en el proceso eleccionario, pues éste debe entregar su voto a una de las alternativas que le indica la papeleta, es decir, marcar su preferencia por las personas inscritas en el SERVEL. Es un participante pasivo: un participante que no participa. Entonces, ¿por qué no abrir la posibilidad que cada votante lo haga por quien le plazca y anote en la papeleta el nombre de esa persona, con la única salvedad que no se trate de un sujeto con antecedentes penales? ¿Por qué no hacerlo así con todas las elecciones, con las de concejales, alcaldes, gobernadores, delegados, diputados, senadores, presidentes? ¿Por qué no limitar todo desempeño público a un año? ¿Por qué no limitar la remuneración de todo desempeño público al salario de un obrero, como se hizo en la Comuna de París? ¿Por qué no recrear el antiguo ‘servicio público’ con sus ‘cargas públicas’, es decir, la obligación de prestar servicios a toda una comunidad sin exigir retribución alguna por ello[9]? ¿Por qué no terminar con las listas que los partidos envían al SERVEL con la nómina de sus candidatos? ¿Por qué no?

Aún cuando los tiempos actuales no son los mismos de antaño, las respuestas a esas preguntas no dejarán de ser negativas. El tremendo acervo cultural que nos legara la dictadura pinochetista sigue penando en la sociedad chilena. E impide mirar a nuestro alrededor en busca de nuevas formas de actuar que vayan de la mano con el impresionante despliegue que presenta el desarrollo de las fuerzas productivas.

 

FUERZAS PRODUCTIVAS (FP) Y RELACIONES DE PRODUCCIÓN (RP)

 

El modo de producción capitalista (MPK) es una estructura social en cuya conformación participan, en estricta correspondencia, relaciones de producción (Rp) y fuerzas productivas (Fp). En términos sociales se acostumbra a describir esa unidad con una especie de fórmula que es

 

MPK = (Rp + Fp)

 

Las fuerzas productivas constituyen un conjunto que, a su vez, integra una serie de factores entre los cuales es posible señalar el espacio en donde se realiza la producción, las instalaciones, las maquinarias destinadas a aquello, las materias primas, los conocimientos, las herramientas, en fin. Es un conjunto que, a veces, se define como ‘tecnologia’, palabra que, en verdad, no significa lo mismo, pero que sirve, en todo caso, para entender el sentido del concepto.

Las fuerzas productivas están siempre en movimiento. Jamás cesan de actuar. Se presentan, algunas veces, en forma de categorías, de algoritmos, de aparatos, de estructuras que muestran el avance de una sociedad. Forman parte del moderno concepto que se conoce bajo el nombre de ‘I+D’ (‘Investigación y Desarrollo’). Son la causa eficiente de los grandes cambios que experimenta la humanidad en su conjunto. Y guardan estrecho vínculo con las relaciones de producción (Rp) que son, a su vez, las relaciones que entablan entre sí los agentes de la producción con ocasión de la misma.

Esta armonía, puede romperse.

 

“Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social”[10].

 

LAS FP COMO IMPULSORAS DEL CAMBIO

 

Las Fp son, pues, impulsoras del cambio. Nos brindan permanentemente, a diario, innovaciones en forma de instrumentos o artilugios que dan cuenta de un progreso. De éstos, nos interesan principalmente tres que guardan estrecha relación entre sí: el teléfono móvil, INTERNET y la inteligencia artificial.

El teléfono móvil (como lo hace el computador) es el instrumento por excelencia para ejercer la democracia directa. Nos vincula con todo el mundo; y, por supuesto, con las estructuras del Estado. Una simple aplicación puede convertirlo en el principal artefacto para enfrentar las contiendas electorales y servir de complemento a un nuevo sistema de votación.

INTERNET, por su parte, es la cabalgadura sobre la cual opera el teléfono móvil y el ordenador; permite, a la vez, la organización de un sistema óptimo de votación.

La Inteligencia Artificial IA, por su parte, es la herramienta indispensable para dar vida y continuidad a un nuevo sistema de elección y de votación como, asimismo, la selección de quien pueden ser elegido, la oportuna y certera entrega de resultados al organismo encargado del proceso electoral para que pueda éste llegar a feliz término.

“Ciudadanos digitales plenos ayudarán a proteger nuestra democracia, aumentar la participación y mejorar la toma de decisiones gubernamentales. Esto es responsabilidad de todos, incluyendo del Estado, empresas y sociedad civil. Y es, sin duda, uno de los grandes desafíos de la ciudadanía digital y de nuestra época”[11].

 

EL RECURSO DE LA DESLEGITIMACIÓN

 

La idea de concurrir a las urnas para votar por el mal menor no es solamente un problema nuestro sino de la actual sociedad. Preguntémonos hoy, cuando aún es tiempo de reflexionar acerca del tema, qué haríamos los chilenos si, como sucede en Estados Unidos, debiéramos pronunciarnos para votar por Biden o por Trump. ¿No deberíamos consultar si, acaso, existe otra alternativa? ¿Estamos constreñidos a aceptar que se nos impongan determinados candidatos? Creemos que no. Creemos que esa idea debe rechazarse de plano. Contraría el espíritu mismo de la democracia, su más íntima esencia. No hay que aceptarla. Y, sin embargo, es lo hemos venido haciendo a lo largo de 34 años. De no encontrar una pronta solución, seguiremos en esa práctica por otros 34 más (si es que no fallecemos antes), porque las sociedades se reproducen y lo hacen sobre sí mismas arrastrando todas sus falencias. El comportamiento gregario de un grupo social se hace costumbre y, por lo mismo, pasa a ser norma de vida. Y, sin embargo, no es más que la campanilla de la ‘madrina’ anunciando al resto del rebaño hacia donde hay que dirigirse. Es la ‘opción del mal menor’.

Mostrar caminos alternativos. Elaborar proposiciones que permitan construir políticas de Estado y, a la vez, ser capaces de defenderlas. Pensar que si, en elecciones obligatorias anteriores, la opción de anular alcanzó niveles espectaculares pese a no existir propaganda alguna, bien puede ser ese un medio de deslegitimar las convocatorias a sufragar e instalar una nueva forma de realizar esos procesos. Un recurso al cual se puede echar mano en todo momento y en todo lugar. Y a partir del mismo, reiniciar un camino…

Pero no somos los analistas quienes tenemos la palabra en ello. Para eso están las organizaciones sociales, ella deben decidirlo. Como siempre lo han hecho y es su costumbre: citando a sus bases y consultando sobre el camino a seguir. Porque se trata de profundizar la democracia y no de abolirla. Es cierto que no todas esas organizaciones se encuentran exentas de pecado, pero la gravedad de sus faltas es menor a las que han cometido las organizaciones políticas. Podemos confiar aún en ellas.

 

Santiago, marzo de 2024

 

 


 

[1] Alcayaga Brisso, Hugo: “Boric: Peligroso acercamiento a la derecha”, ‘El Clarín’, 04 de marzo de 2024

[2]Redaccción: “Presidente Boric: ‘Los dos años que restan no son para hacer promesas, son para cumplirlas’”, RUCH, 01 de marzo de 2024

[3] Redacción: “Unificación del FA: líderes reconocen que ‘es muy difícil avanzar en las transformaciones’”, ‘Nuevo Poder’, 09 de marzo de 2024.

[4]Paillal, Bárbara: “Renuncia al ideal de las reformas para relevar os acuerdos: Cómo el Gobierno se posiciona en un año legislativo clave”, RUCH, 04 de marzo de 2024. Con negrita en el original.

[5] Montalva, Juan Diego: “El segundo año de gobierno: ‘El Presidente le pasó las llaves al PS/PPD’”, ‘El Mostrador’, 10 de marzo de 2024.Con negrita en el original.

[6] Ojeda, José Manuel; Browne, Martín, y Faúndez, Gloria: “’Habitar el cargo’: los cargos de Boric a dos años de su desembarco en La Moneda”, ‘La Tercera’, 10 de marzo de 2024. Con negrita en el original.

[7] Esta es una situación que afecta a todo el espectro político partidario del país, no a un solo sector.

[8] Latcham, Ricardo: “Vida de Manuel Rodríguez, el guerrillero”, Editorial Nascimento, Santiago, 1932, pág, 221.

[9] El autor de este trabajo fue director del Banco Central de Chile durante la Unidad Popular; su remuneración mensual equivalía a 5.000 pesos de hoy; para hacerse acreedor al pago pero debía asistir a las 4 sesiones del Consejo en el mes.

[10] Marx, Karl: “Prologo a la Contribución a la Crítica de la Economía Poltica”, FLACSO, http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

[11] Soto Cifuentes, Cynthia: “Inteligencia artificial y democracia: un gran desafío de nuestro tiempo”, ‘El Mostrador’, 11 de marzo de 2024.

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