Estamos bailando al ritmo de quienes buscan intervenir groseramente el Estado. Sin cuidado y de manera ambigua, hemos transitado desde el recorte fiscal de 6.000 millones para reducir el poder estatal, a propuestas que buscan modificar leyes con el propósito de restringir derechos a niños, niñas y jóvenes que habitan nuestro país.
Elaborar propuestas para aumentar la eficiencia y eficacia del Estado, fortalecer políticas públicas o diseñar proyectos transformadores en materia social, parecen ser desafíos que sobrepasan a varios de los liderazgos políticos que pretenden gobernar este país. Pues, este último tiempo pasó a ser válido y justificable perseguir las prestaciones sociales que recibe la niñez que habita este territorio. Arrebatarles el acceso a la salud, a la educación, no es sólo transgredir derechos humanos, acuerdos internacionales y hasta el sentido común (lo cual ya es bastante), sino que marca un precedente de lo que podría instalarse a futuro: un radical giro ideológico.
Por más que se reniegue de las ideologías, es imposible moverse al margen de ellas, pues hay valores, principios y creencias en la intención de negar derechos fundamentales a la niñez migrante, que es lo que propone el proyecto de ley que actualmente está en discusión. Es absolutamente ideológico actuar de esta manera impidiendo el acceso a la salud a quien lo requiera, más aún si se trata de un niño. Es totalmente ideológico alterar procesos educativos, sistemas formales de educación escolar o derechamente negar su acceso. Es altamente ideológica la disputa que ha comenzado.
Despojar derechos sociales no puede ser una herramienta de control migratorio, es macabro, y además demuestra incompetencia para resolver el problema de fondo. Aumentar la exclusión y profundizar la desigualdad no puede ser un camino lógico que se pueda proponer a una sociedad. De hecho, debiera parecernos absurdo que elementos tan básicos estén en discusión.
Se pretende tener a un Estado promotor de barreras, instalando una siniestra y abstracta frontera, pues ya no basta con levantar un muro o crear una zanja de más de 4.000 kilómetros, como tampoco fue suficiente proponer la inviable expulsión de 330.000 migrantes en situación irregular. No siendo suficiente aquello, se instala la propuesta de contar con un Estado que se enfoque en marginar, segregar y excluir a la niñez que está en este país.
Es preocupante que en tan breve tiempo hayamos pasado de la reducción del Estado, a la propuesta de un Estado excluyente. Debería parecernos insólito y llevar a preguntarnos: ¿Qué viene después?
Claudio Jiménez Rojas
Máster en Migraciones Internacionales
