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¡Defendamos las humanidades! Por Cristián Villalobos

“Un pueblo que sepa más, que lea más, que vaya al teatro o que
se admire ante el arte, es un pueblo que piensa más, y es más
exigente con quién lo gobierna y está más atento a los abusos de
poder y reclama más justicia” (Julio Cesar a Tito Lavieno)
“Maldita Roma, Santiago Posteguillo”

Es válido y razonable pensar que las élites económicas y políticas que nos gobiernan podrían tener un interés en mantener a los ciudadanos lo más manipulables, lo más incultos y menos pensantes posible. Parece existir un esfuerzo sistemático y permanente para reducir la capacidad crítica, el pensamiento independiente y la actitud reflexiva de la gente. Un ejemplo, es el diseño del sistema educativo, donde se observa una reducción en la cantidad de horas dedicadas a las asignaturas humanistas, precisamente son estas las que fomentan el pensamiento crítico y la reflexión profunda en los alumnos.

Las asignaturas humanistas, como filosofía, literatura, historia y las artes, son vitales para el desarrollo de una comprensión crítica del mundo y de nuestro lugar en él. Estas disciplinas no solo enriquecen el conocimiento general las personas, sino que también promueven habilidades de análisis, argumentación y creatividad. Sin embargo, si fuera por ciertos sectores de poder, eliminarían todas estas asignaturas. No lo hacen de manera directa, porque en pleno siglo XXI se vería inapropiado y condenable.

Recordemos que el Ministerio de Propaganda Nazi, el 10 de mayo de 1933, organizó la quema de todos aquellos libros que estuvieran en contra de su ideología. Claro, hoy en día quemar libros sería un acto socialmente condenado, pero se utilizan otras técnicas para alcanzar los mismos objetivos, como recortar el presupuesto en educación humanista, limitar las bibliotecas públicas, e imponer impuestos al libro (no es ético que un pack de cerveza sea más barato que un libro), entre otros.

Esto no significa que solo importen las asignaturas humanistas. Por supuesto que son importantes la ciencia y la tecnología. Pero también sería deseable que un médico, un ingeniero o un científico, entre su lecturas estén libros como “Frankenstein”, para que reflexionen y se hagan preguntan profundas sobre los límites del progreso científico y la búsqueda desmedida del conocimiento, sin tener en cuenta las consecuencias morales de sus investigaciones. Se dice que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Inglaterra estaba en plena lucha contra la Alemania nazi, los ministros de Churchill le informaron que ya no había dinero suficiente para armamento y le propusieron recortar el presupuesto en educación y libros, a lo que El Bulldog Británico les respondió con una pregunta: “¿Y entonces, para qué luchamos?”. Aunque es probable que esta cita sea un mito, de igual forma, devela una verdad fundamental sobre la diferencia entre un político y un estadista. El primero está pensando en las próximas elecciones y el segundo en las próximas generaciones. Este último entiende que la inversión en educación y cultura es fundamental para el desarrollo de un país y para formar ciudadanos críticos e informados.

Todos conocemos la historia de Cleopatra VII, a menudo más por su supuesta belleza y sus relaciones con Julio César y Marco Antonio. Sin embargo, hay un aspecto de la vida de la reina de Egipto que rara vez se comenta: su intelecto y educación. Desde una temprana edad, Cleopatra mostró un gran interés por aprender más de lo que un niño de su edad típicamente sabe. Aprovechó al máximo los miles de recursos de la Biblioteca de Alejandría para estudiar y ampliar sus conocimientos. Siendo muy joven, Cleopatra dominaba la lectura y escritura en griego, latín y hebreo, entre otros idiomas. Esta capacidad intelectual fue uno de los aspectos que maravillaron a Julio César. Cleopatra no tenía problemas para discutir temas no solo políticos, sino también de filosofía, astronomía, matemáticas y retórica.

Esto nos demuestra la importancia de contar con múltiples recursos para el estudio y la educación. Además, recalca la responsabilidad que tenemos los adultos de motivar a los niños y jóvenes a interesarse por la autoeducación. Cuando se fomenta el aprendizaje autónomo y se proveen las herramientas necesarias, se puede garantizar que los individuos no crecerán de manera uniforme, sino que se convertirán en personas más críticas, reflexivas y con la capacidad de influir positivamente en la sociedad.

Para resaltar la importancia del estudio de las humanidades, es fundamental la defensa por un sistema educativo de calidad que exija esfuerzo y dedicación tanto a los docentes como a los alumnos. Es decir, un sistema educativo que nivele hacia arriba y no hacia abajo. Es cierto que nivelar hacia arriba es caro, porque requiere inversión. Nivelar hacia abajo puede parecer más económico, al menos en el corto plazo, ya que aparentemente se evitan los fracasos y se cumplen con los indicadores y los programas educativos. ¿Pero a que costo? El costo de la mediocridad es alto, el costo es tener ciudadanos conformistas, menos pensantes, menos críticos, menos exigentes con las autoridades y manipulables. Nietzsche se refería a estos individuos como “hombre filisteo”, individuos con una mente estrecha, convencional y conformista. Son personas que siguen las normas establecidas, que abrazan valores tradicionales y evitan el riesgo de ser auténticos. Además, son personas con espíritu vulgar, con pocos conocimientos y sin sensibilidad artística y literaria. ¿Queremos ciudadanos así?

Reflexión Final

Necesitamos ciudadanos que sean todo lo contrario al hombre filisteo, es decir, deben ser personas que se eduquen para que vivan una vida libre y auténtica. Ciudadanos que superen las normas convencionales por considerarlas una negación que limitan el aprendizaje y el conocimiento, y restringen los proyectos vitales del individuo.

En este sentido, las humanidades, se presentan como la respuesta y una especie de antídoto ante la mediocridad y conformismo filisteo. Por supuesto, que no solo se trata de acumulación de conocimiento y saberes, sino de la verdadera transformación del individuo, llevándolo a cuestionar y superar las limitaciones impuestas por la sociedad moderna.

Cristián Villalobos
Ingeniero

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