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Del 12 al 18 de octubre sin memoria. Por Claudio Jiménez Rojas

Independiente de las mayorías circunstanciales que tenga un sector político u otro, y de los énfasis que instale la sociedad en determinados temas, en la actualidad existe un factor que no cambia: la diferencia de clases sociales.

En esta sociedad convivimos personas con realidades diversas, con trabajos y profesiones que nos van diferenciando, que nos van ubicando en un conflicto en el cual los sujetos vamos defendiendo intereses que persiguen fines distintos o que derechamente se confrontan. Con esto no me refiero a buscar “buenos” y “malos”, no hay calificativos, hay una realidad: Tenemos un modelo de desarrollo que profundiza diferencias, desde las cuales ordenamos nuestras ideas y que mantienen vigente un relato, casi extinto, respecto a la existencia de la lucha de clases.

Hace unos meses atrás se discutió en los medios de comunicación y la opinión pública respecto a dichos del Presidente Gabriel Boric referidos al derrocamiento del capitalismo, se hicieron análisis sobre su significado, se hizo defensa al modelo, a las convicciones de nuestro mandatario y más. Algo en lo que poco se profundizó es cuánto impacta la actual propuesta capitalista en la segregación del país, en marcar diferencias socioeconómicas e instalar dinámicas que van haciendo evidente el conflicto de la lucha de clases. Es lógico, si tenemos realidades significativamente diferentes, tendremos diferentes intereses que defender.

«Sin» embargo, hemos olvidado este conflicto, perdimos profundidad en las disputas y hoy en día hemos sido capturados por demandas cortoplacistas, un ejemplo claro: buscamos atacar con fuerza la delincuencia, sin hablar de los variados problemas de fondo. Y no es que se trate de trabajar por lo uno o lo otro, sino que, por ambos, pero la profundidad la tendremos si sabemos identificar el conflicto de estar situados en realidades y lugares distintos, en captar aquello que nos excluye, como pueblo, de algunas esferas de decisión. O, derechamente, se trata de no desentendernos de aquello que nos aparta del bienestar, del cumplimiento y la plena satisfacción de nuestras necesidades.

Hace un par de semanas atrás los chilenos gozamos de un bien recibido fin de semana largo, debido al festivo que nos entrega “el encuentro de dos mundos”, básicamente: la conmemoración al inicio del durísimo (y en momentos descarnado) proceso de colonización que fue el arribo de Cristóbal Colón en este continente. Luego de aquel hito no fueron “clases” las que estaban en disputa, más bien se sometieron distintas “castas”, lo que fue dando origen a una sociedad altamente desigual. Se instalaron jerarquías que se defendían por norma, donde las mismas leyes fijaban ciertas barreras para diferentes “categorías” de seres humanos, se omitieron diversos saberes culturales, privando la convivencia; limitando la posibilidad de construir juntos. Se nos marcó en el calendario el 12 de octubre, pero olvidamos el sentido: la huella que nos dejó un proceso de colonización del cual aún quedan resabios y consecuencias.

Y hace unos años atrás, tuvimos un nivel de manifestaciones que evidenciaron una serie de desigualdades sociales, el malestar se hizo notar, marcó a fuego y enrostró una serie de injusticias al mundo. Se protestaba por mayor igualdad en el trato, por la equidad en la distribución de las riquezas y muchas otras demandas que movilizaron a más de un millón y medio de personas en la ciudad capital, y miles de miles por las diferentes regiones del país.

Sin embargo, pese a las marcas que aún vemos en pavimentos debido a las protestas, olvidamos las motivaciones de aquella sublevación social. Olvidamos el sentido profundo del 18 de octubre.

Pasamos del 12 al 18 de octubre sin mayor reflexión, quedó atrás aquello de disputar las desigualdades heredadas de los diferentes procesos de colonización que repercuten desde hace más de quinientos años, como también pareciera que olvidamos las motivaciones que nos volcaron a las calles aquel 2019. En algún momento vimos cómo se profundizaba la desigualdad frente a nuestros ojos y quisimos generar cambios; mientras que hoy, asombra la indiferencia cuando se instalan propuestas políticas y constitucionales que nos harían retroceder décadas.

La memoria es clave, no sólo para pedir un nunca más, sino que también para movilizarnos por aquellas convicciones que en un momento levantaron grandes proyectos, motivaciones consecuentes con el espíritu de construir con un país más justo.

Claudio Jiménez Rojas
Profesor.

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