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Del malestar social a la rebelión popular: perspectivas para entender el 18/O y la configuración de asambleas Territoriales. Por Pilar Veas Gálvez

Este artículo está basado en los resultados de una investigación que rescata los testimonios de 22 miembros de asambleas y coordinadoras territoriales en tres comunas de Santiago: Puente Alto, La Florida y Ñuñoa. A partir de una serie de conversaciones, este estudio devela los procesos causales que desencadenaron la rebelión de 2019 y la forma en que los manifestantes adoptaron las asambleas territoriales como repertorios de organización y resistencia. La cantidad de participantes en estos espacios fluctuó con el paso del tiempo, no obstante lograron agrupar a más de 1.500 personas organizadas en 14 asambleas y coordinadoras.

LA VOZ DE LOS QUE SOBRAN

La imagen de los estudiantes saltando los torniquetes sin lugar a dudas dio la vuelta al mundo. Diversos estudios comenzaron a interrogarse por qué lo que parecía ser un típico anunció sobre el aumento del transporte público, se había traducido en la furia de los manifestantes un 18 de octubre, generando una ola de protestas a lo largo del país nunca antes vistas desde el retorno a la democracia. La idea de malestar social aparece con fuerza en la gran mayoría de los estudios que buscan explicar el fenómeno de las movilizaciones sociales, y coinciden en que el anuncio del alza de la tarifa del metro fue sólo la punta del iceberg de un descontento arraigado en la sociedad chilena. No obstante, la mayoría de estos análisis se enfocan desde una perspectiva macro, destacando los elementos políticos o económicos que evidencian los desajustes en la sociedad chilena. Este estudio, sin embargo, se posiciona desde otra vereda, alzando la voz de los principales protagonistas de esta movilización: los manifestantes.

A partir de una serie de entrevistas con miembros de las asambleas y coordinadoras territoriales, este artículo es el reflejo de una investigación que busca comprender la rebelión “desde adentro”, considerando como actor principal el movimiento asambleario. Actor que ha sido ignorado o disminuido en la gran mayoría de los estudios existentes sobre el estallido social, reduciendo su rol a la participación del actual proceso constituyente. La originalidad de este análisis entonces, se sustenta en los testimonios de personas, entre 24 y 70 años de edad, con diversas trayectorias e ideologías políticas, que permiten la construcción de un relato auténtico sobre la manifestación social que irrumpió en Chile un mes de octubre de 2019.

LO QUE HAY DETRÁS DE LA POPULAR FRASE “NO SON 30 PESOS, SON 30 AÑOS”

De acuerdo a los testimonios recogidos en la investigación, la rebelión responde a una acumulación de problemas e injusticias que se transformaron poco a poco en un descontento generalizado de la sociedad. Esta rebelión revela el cansancio absoluto de la población en todas sus dimensiones, exhausta de una vida llena de abusos. En palabras de Ramiro, miembro de una de las asambleas en Puente Alto, “la movilización es la consecuencia de un cúmulo de frustraciones y situaciones indignas que se fueron dando históricamente sobre todo en los años 90. Todas las promesas que la Concertación mencionó al término de la dictadura, ninguna se cumplió y se gestó una desesperanza”. Daniela, miembro de la Asamblea Territorial WAF de La Florida, concuerda con que es un proceso histórico y enfatiza que tiene su origen en la dictadura cívico-militar: “en las dictaduras latinoamericanas está la fuente de las injusticias de los pueblos de hoy. Los dolores, los resentimientos, la impunidad, viene de allí. Ese es el gran antecedente. No debe reducirse solo a los gobiernos de la Concertación, a Piñera o a la dictadura. Yo creo que es un gran proceso que va a cumplir 50 años.”. A pesar de las diferencias sobre cuál período es más relevante en la historia del país, ningún testimonio cuestionó la legitimidad de la frase No son 30 pesos, son 30 años. De hecho, más allá de las reformas y cambios políticos que hasta la fecha se han producido, todas y todos concuerdan en que los partidos políticos que llegaron al gobierno desde el año 1990 (incluyendo sus coaliciones), son responsables del escenario actual.

Fuente: fotografía tomada por la autora

Sin lugar a dudas, el mayor episodio de manifestación social desde el retorno a la democracia responde a un gran proceso histórico que se relaciona directamente con lo político, pero ¿de qué manera se fue forjando este gran proceso? ¿Cuáles son sus componentes? Este artículo sostiene que los antecedentes del 18/O se pueden agrupar en tres grandes procesos. En primer lugar, un proceso estructural entendido como las condiciones políticas, sociales y económicas preexistentes en la sociedad que han tenido un impacto significativo en la vida de las personas y en consecuencia, en la aparición y profundización de un malestar. Tal como sugiere la literatura de la política contenciosa las condiciones en las que vive la sociedad son elementos determinantes para comprender la emergencia de movilizaciones (Tarrow, 2011). En el caso chileno, este nivel estructural está compuesto por el legado de la dictadura y la crisis de representación. En segundo lugar, esta investigación plantea que los distintos movimientos sociales y protestas luego de la transición a la democracia, sentaron un precedente histórico en el surgimiento de la rebelión (dada su relevancia en la arena político-social). Este proceso se ha denominado ciclo de contención. Por último, este artículo sostiene que la rebelión es antecedida por un proceso de coyuntura que se refiere a la cadena de eventos sucedida en los meses previos a octubre de 2019.

Proceso estructural: las señales ignoradas en la era post dictadura

A pesar de los cambios introducidos, existen elementos centrales de la dictadura que siguen vigentes. Ejemplo de esto son los sistemas de seguridad social, salud y educación, cuyos resultados distan bastante de un modelo ideal: bajas pensiones, colapso del sistema de salud pública, diferencias en la calidad de los servicios y desigualdades académicas, son solo algunas deficiencias que se han evidenciado con mayor fuerza en el último tiempo. En materia cultural, los espacios de debate público se redujeron al igual que la libertad de expresión en los medios de comunicación (Mönckeberg, 2009). Las reformas introducidas en la dictadura generaron también nuevos comportamientos sociales orientados al consumismo e individualismo. De esta forma, el legado traspasó la esfera económica y configuró una nueva relación entre el Estado y la sociedad. Sobre este tema Marcela, miembro de la Asamblea Rojas-Oriente y del Cordón Cordillera, señala “nos dieron una pastillita por 30 años y nos dejaron esperando por el cambio. Nosotros éramos la carne de cañón, éramos como unas vacas, nos ordeñaban y nos hacían trabajar. Trabajas 10 o 12 horas diarias por una porquería de plata y te hacen creer que eres mejor trabajador, y mientras más trabajas más te endeudas y empiezas a adquirir una vida que no es la tuya. Trabajas solo para pagar cuentas y eso no es vida.”

La continuidad de este modelo, se refugió en la estabilidad y crecimiento económico, no obstante se fue produciendo una creciente desigualdad y segregación económica (Sheahan, 1997). Las asambleas han conversado sobre este tema y añaden que el problema se observa claramente en la segregación territorial, donde la distribución y las condiciones del espacio afectan la calidad de vida de las personas. Este escenario de desigualdad fue generando fuertes críticas sobre todo quienes veían con recelo como las autoridades no habían avanzado lo suficiente para desmantelar el legado de la dictadura (Moulian, 1997). “Para mí no hubo regreso a la democracia. Se continuó con el modelo económico y se hicieron algunos retoques donde los milicos fueron desapareciendo poco a poco”, dice John, ex miembro de la Asamblea Las Mercedes en Puente Alto. En la Asamblea Empart de Ñuñoa se sostiene una idea similar, “no son 30 pesos del alza del metro, sino que son 30 años. No se refiere a los años de dictadura, sino a los 30 años que vinieron después porque el reclamo que había en la calle tiene que ver con esa falacia de la democracia que nunca llegó. La alegría que nunca llegó, la promesa del primer gobierno de la Concertación. Y a decir verdad muchos de nosotros nos sentimos identificados.”, expresa César.

De acuerdo a los testimonios, las señales de disconformidad con la “democracia” eran bastantes claras previo al 18/O: disminución de la participación electoral, baja identificación con los partidos políticos y falta de confianza en las autoridades e instituciones políticas. Al respecto Carolina, miembro de la Coordinadora de Asambleas Territoriales (CAT), considera que hay una crisis de representación que se fue agudizando cada vez más: “nosotros solo ejercemos la democracia para ir a votar, pero ese no es el concepto de democracia y participación que yo deseo. Los representantes no están cumpliendo con proteger nuestros derechos, y el sistema debe cambiar de abajo hacia arriba, desde la base. Debe ser la expresión de la comunidad de base.”. Las asambleas además hacen hincapié en que los mecanismos de negociación a puerta cerrada, como por ejemplo la denominada democracia de los acuerdos, generaron una mayor desconfianza hacia la élite política.

Se comienza así a gestar un malestar social que ya había sido alertado por algunos estudios, como lo fue el caso del informe Las paradojas de la modernización (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 1998), inicialmente denominado Malestar de la modernización, el cual afirmó que en un contexto de importante progreso económico, la sociedad estaba experimentando un malestar social y que ésta apuntaba a las autoridades como los grandes responsables. Para esa época tal vez ese malestar no constituía un elemento central, pero no debió ser ignorado, ya que podría conllevar “una desafiliación afectiva y motivacional que, en un contexto crítico, terminaría por socavar el orden social”. Y esto fue lo ocurrió años más tarde.

Proceso crítico: expresando el malestar mediante el ciclo de contención

De acuerdo a los testimonios, la desconexión entre las autoridades y la sociedad comienza también a reflejarse mediante mecanismos no tradicionales de participación, como lo son las protestas. En ese sentido, esta investigación plantea que otro gran antecedente de la rebelión del 2019 es el ciclo de manifestaciones denominado aquí como el proceso crítico, el cual se inicia en la década de los 2000, principalmente por el Mochilazo de los estudiantes. “Si bien la década de los 90 fue pasiva en términos de organización y manifestación social, desde el 2000 en adelante las organizaciones y las protestas estudiantiles remecieron el escenario político, social e institucional. Este movimiento y los que vinieron después: el movimiento feminista, el movimiento medioambiental, el movimiento No+AFP, y los movimientos regionales como Freirina, generaron las condiciones para que se incubara un descontento organizado y se adquiriera una cultura de protesta masiva.”, explica Daniel, miembro de la Coordinadora de Asambleas de Puente Alto.

Las asambleas territoriales destacan estas manifestaciones por ser el primer gran movimiento desde el retorno a la democracia que se posicionó ideológicamente en contra del modelo neoliberal, alcanzando un punto de inflexión crucial en la agenda pública. “Desde ese momento las personas de todas las generaciones se dieron cuenta que las cosas debían cambiar y comenzaron a participar en política.”, dice Carlos miembro de la Asamblea Latinoamérica Unida de la Florida. Mauricio, miembro de la Asamblea Los Alerces y de la Coordinadora de Asambleas Territoriales de Ñuñoa (CAÑU) señala que las protestas estudiantiles fueron una clara señal que evidenció las fallas del sistema, pero “la elite estaba tan cómoda y se sentía tan segura, que no vieron la fractura en su modelo de dominación. No lo vieron y no quisieron verlo.”.

Las entrevistas revelan que las protestas sociales dejaron de ser hechos aislados y lograron un apoyo transversal de la población. Además contribuyeron a la sensibilización y repolitización de la sociedad, levantando demandas de diversas temáticas a nivel nacional, las cuales irrumpieron fuertemente en la esfera política. Tal es el caso de las demandas sobre el sistema de pensiones, el sistema de la salud o la igualdad de género. ¿Cómo se conectan estos conflictos con el denominado estallido social? Lo ocurrido el 18/O pareciera haber sido un encuentro de demandas y de organizaciones pertenecientes a movilizaciones de años anteriores. Como sintetiza Alejandra, miembro de la Asamblea Las Mercedes: “los círculos comenzaron a encontrarse y se formó un estallido que abarcaba todo, cada segundo de tu vida. Fue como una catarsis colectiva”. ¿Lo nuevo? ver a tantas personas que por primera vez se movilizaban, o que desde hace mucho tiempo no salían a las calles. “Me sorprendió el carácter local del estallido, lo territorial, ver que ocurriera en cada esquina donde tú mirabas y que gente de todas las edades, incluso los adultos mayores llegaban a reunirse”, dice Marcelo, miembro de la Asamblea Latinoamérica Unida.

Proceso de coyuntura: una cadena de eventos desafortunados

¿Por qué los episodios de manifestación ocurren en ciertos periodos y no en otros? Tal como sugiere la literatura académica, no existe una fórmula sencilla para predecir cuándo surge la política contenciosa. Esto se debe a que la especificación de los procesos varía en diferentes perspectivas políticas e históricas, y la multiplicidad de factores que intervienen, fluctúan continuamente (Tarrow, 2011). Sobre este tema, Daniel señala “Si bien, nadie pudo prever la fecha ni el momento exacto, si se dejaba entrever anteriormente que cada vez, habían más desigualdades estructurales y puntuales. Fue un volcán que hizo erupción.”. El proceso estructural y crítico funcionaron como facilitadores en la aparición de este nuevo episodio de contención, pero la cuestión que sigue sin estar clara es ¿cómo el aumento de las tarifas del transporte logró desencadenar tal convulsión social para producir la rebelión popular?

Para evaluar esta cuestión, el concepto de estructuras de oportunidades políticas es útil. El testimonio de Javier, miembro de la Asamblea Cabildo Plaza Lillo de Ñuñoa, refleja esta situación “en el mes de octubre la cuestión revienta. La chispa que incendió la pradera fue saltar los torniquetes. Los estudiantes rompieron el dique por donde se metió todo este asunto, pero no es que ellos lo hayan causado. El dique estaba, la presión estaba. Lo que hicieron los estudiantes fue abrir las puertas.”. De acuerdo a las conversaciones, el dique se remonta a la “instalación de la ley Aula Segura que da cuenta de una criminalización con respecto a cualquier tipo de movimiento sobre todo pensando en menores de 18 años”, dice Ramiro. Este tema instauró un clima de alta conflictividad, abriendo un debate sobre la violencia y la represión por parte de agentes del Estado. Otros testimonios adoptan una perspectiva más general destacando “la falta de conexión del gobierno con la realidad”. Daniela, miembro de la Asamblea WAF, lo denomina “el efecto Piñera” y explica que fue un elemento totalmente decisivo: “Piñera, una persona absolutamente desconectada, déspota y narcisista que toma esta idea de que somos los mejores. Ya venía de antes. Él toma el exitismo de Chile y lo exacerba, y comienza separarse de lo que el país vivía realmente”. Las desafortunadas declaraciones de algunas autoridades llamando a la población a “levantarse más temprano” para aprovechar la reducción de la tarifa del metro; la afirmación de que algunas personas van temprano a los consultorios para hacer “vida social”, o la sugerencia para que los «románticos» compren flores ante la baja del IPC, evidenciaron una profundo desconexión y falta de sensibilización de la clase política.

En este escenario de tensión se anuncia el aumento del pasaje del transporte, produciendo la reacción de las y los estudiantes mediante la campaña Evade. Para Carlos, la intervención de la policía, jugó un rol clave en el comportamiento de la gente: “el detonante más allá de la rabia fue la crudeza con que la represión enfrentó las movilizaciones contra el alza del pasaje. Movilizaciones contra el aumento de la tarifa se habían repetido hace 10 años o más, el tema es que la policía empezó a criminalizar a los estudiantes a golpearlos, llevarlos detenidos, tirar lacrimógenas dentro de espacios cerrados, por tanto el actuar fue sobredimensionando con lo que estaba pasando y creo yo que la gente al ver eso salió con más rabia.”. El conflicto escaló el 18 de octubre cuando el gobierno cerró la red del metro y las protestas se trasladaron a las calles, sumando más adherentes. Más tarde, los cacerolazos empezaron a oírse por todo Santiago y se extendieron rápidamente a otras ciudades. Para muchos ese día y los próximos que siguieron los situaron en las protestas realizadas en dictadura. Armando, miembro de una asamblea en la comuna de La Florida recuerda: “logré subirme a una micro que se iba por Vicuña Mackenna y a medida que avanzada por la calle y por las estaciones de metro observaba cientos y cientos de personas protestando, gritando, con sus cacerolas. Era muy bonito. Fue muy emocionante porque recordé las protestas del 83. Fue revivir esa experiencia. Llegué a la casa y lo primero que dije fue: hay que salir a cacerolear, no podemos bajar los brazos.”.

EL EMPODERAMIENTO DE LOS ESPACIOS A TRAVÉS DE LAS ASAMBLEAS TERRITORIALES

La gran participación de la población, no solo causó una ola de protestas que se extendieron prontamente a otras regiones, sino un crecimiento explosivo de cabildos y asambleas territoriales en todo el país. Si bien al día de hoy se desconoce el número exacto de asambleas que surgieron en todo el país al calor de las movilizaciones de octubre 2019, según un estudio elaborado por Unidad Social y otras organizaciones e instituciones, entre octubre de 2019 y marzo de 2020 hubo más de 1200 espacios organizativos. Las asambleas se definen como un espacio horizontal, autoconvocado y autónomo de los partidos políticos.

"Por fin nos encontramos, no nos soltemos más”

¿Por qué los reivindicadores adoptaron estos repertorios de acción? Los resultados sugieren que el nacimiento de las asambleas territoriales y cabildos está estrechamente vinculado con el contexto nacional, las dinámicas de las comunas analizadas y las experiencias de los participantes. A nivel nacional, los testimonios concuerdan que ni el gobierno ni la oposición fueron capaces de ofrecer una salida a la crisis originada. “Frente a este vacío de poder, ante esta incapacidad del gobierno, la gente vio la necesidad de reunirse. Necesitan reencontrarse, necesitan cierta seguridad, cierta claridad de qué hacer en este contexto, porque mi vida cotidiana se está viendo afectada, mis hijos, mi labor día a día, el traslado al trabajo, necesito respuestas y la única que me da el Estado es violencia”, dice Ramiro.

Por esos días, la Mesa de Unidad Social —compuesta por más de 200 organizaciones— comenzó a ganar protagonismo en los medios de comunicación. Una de sus acciones claves fue el llamado a realizar cabildos en todos los territorios mediante redes sociales. Al consultar a las asambleas, éstas explican que aunque ya se habían comenzado a reunir algunos vecinos y vecinas en sus barrios, muchas asambleas y coordinadoras se formaron en respuesta a esta convocatoria. Además, los testimonios sugieren que la represión y el toque de queda, conceptos que literatura académica tiende a relacionar con períodos de desmovilización, parecen haber fortalecido la movilización en los territorios. Los barrios brindaron una sensación de seguridad en comparación con las diferentes acciones de movilización en la capital. Eric, miembro de la asamblea Jardín Alto Organizado explica “yo creo que el toque de queda produjo que la protesta se desplazara del centro de Santiago a los territorios. La gente protestaba afuera de sus casas prácticamente y esto se extendió por todo Chile.”.

Por otro lado, este artículo plantea que las dinámicas urbanas y geográficas inciden en la conformación de movilizaciones. En el caso chileno, la dictadura implicó una nueva organización socio-espacial que se reflejó entre otras cosas, en la reubicación o erradicación de tomas de terrenos y campamentos hacia las zonas periféricas. Puente Alto por ejemplo, fue una de las comunas que recibió más pobladores durante la década de los 80. Esta configuración se mantuvo durante el tiempo y generó estructuras de privilegios en ciertos barrios. Esta injusticia espacial que se expresa en la organización de los asentamientos habitacionales, los servicios en los barrios, la conectividad urbana y la calidad de la infraestructura, ha sido acompañada por la ejecución de proyectos de renovación que muchas veces implica la intervención y expropiación de terrenos (Soja, 2016). De acuerdo a los testimonios, ambos componentes han contribuido a la conformación de protestas y manifestaciones en los territorios, tales como el movimiento por una vivienda digna en Ñuñoa y Puente Alto, o la defensa del bosque Panul en la comuna de La Florida, de los cuales han surgido diversos colectivos y organizaciones sociales que se reagruparon para el levantamiento de las asambleas territoriales durante el 18/O. Daniel, miembro de la Coordinadora de Asambleas de Puente Alto y de la Asamblea Agua y Soberanía recuerda que la coordinadora nació por integrantes de esta organización, así como también otros colectivos. “Conversamos con varios compañeros y compañeras que pertenecían a colectivos feministas, con compañeros de mayor edad de No+AFP Puente Alto. Todos dijimos: hay una gran participación, pero también hay mucha dispersión. Generemos instancias y actividades en conjunto para que se vea una demostración de fuerza. Entonces hicimos una primera jornada que agrupó más de 200 personas y ahí nació la coordinadora.”.

Fotografía facilitada por miembros de las asambleas

De acuerdo al análisis efectuado, el auge de las asambleas territoriales fue también resultado de las experiencias y vínculos sociales (anteriores o nuevos) entre los manifestantes. Soledad y Elsa, ambas pertenecientes a la Asamblea Latinoamérica Unida relatan cómo el cacerolazo les permitió conocer a sus vecinos y vecinas: “Para mí fue muy emocionante cuando salí a cacerolear a la esquina y encontrarnos con un montón de vecinos en la misma situación. Yo creo que salir de esa individualidad para después transformarnos en asamblea es lo que más marca a esta y todas las asambleas.”, dice Soledad. Marcela del Cordón Cordillera explica: “cuando nacen las asambleas te das cuenta que pasaron años y no nos saludábamos con los vecinos, no se hablaba. Entonces una de las frases que siempre dice la gente es «por fin nos encontramos, no nos soltemos más, porque logramos hacer barrios» y esa es la idea, hacer barrio, vivir tranquilos, tener nuestras alegrías y no solamente vivir para trabajar.”. Otros testimonios destacan además las ollas comunes como puntos de encuentro para la conformación de asambleas.

Aunque no se puede negar la participación de muchas personas que por primera vez salieron a las calles, esta investigación sugiere que la conformación de asambleas fue principalmente una iniciativa de personas ya comprometidas en la acción colectiva. Al ser entrevistados, los miembros de las asambleas expresaron que no militan ni se relacionan con los partidos políticos, pero la gran mayoría participa en organizaciones de base y colectivos de izquierda o anarquistas. En algunos casos, los testimonios reconocen la presencia de militantes del Frente Amplio o del Partido Comunista en sus asambleas, pero en general estos repertorios parecen trascender del dualismo clásico de izquierda o derecha.

Pacto por la paz: un arma de doble filo

La política de los acuerdos apareció el 15 de noviembre de 2019, dando lugar a un acuerdo nacional denominado Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución. “Se dio luego del paro más grande que ha tenido Chile en los últimos 40 años. Los poderes del Estado se asustaron y respondieron con una lógica de la cocina, de decidir por debajo de la gente. Se cambió el rumbo de lo que estaba pasando y el proceso constituyente se llevó todo y todo lo que tenía que ver con demandas inmediatas como las pensiones, el sueldo, entre otras cosas, quedaron de lado.”, dice Carlos.

El acuerdo provocó gran controversia en las asambleas por la forma en que se llevó a cabo y también por no incluir la opción de Asamblea Constituyente. Los testimonios expresan, en menor o mayor medida, un discurso de rechazo hacia “el pacto por la paz”, pues lo definen como un proceso ilegítimo y viciado en su origen. No obstante, difirieron en la forma de afrontar este episodio. Una primera postura sugería que el acuerdo sólo pretendía proteger el marco institucional y que todo lo que surgiera de esa «cocina constituyente» debiese ser rechazado enérgicamente. La segunda posición sostenía que si bien ese camino fue impuesto por la institucionalidad, el plebiscito representaba una oportunidad única para expresar el rechazo a la actual Constitución y daría nuevas fuerzas al movimiento social.

¿El resultado? El acuerdo político dividió a las asambleas en dos caminos diferentes: quienes apoyaron el proceso constituyente mediante campañas e incluso la participación de candidatos, y quienes decidieron dar un paso al costado y continuar enfocándose en el trabajo territorial.

Alejandra, miembro de la Asamblea Las Mercedes comparte su reflexión: “La gente creía que una revolución socialista se podía lograr a través del voto y sabemos cómo terminó eso. Después la gente creía que se podía derrocar a un dictador, a un tirano, por medio del voto y sabemos cómo terminó eso. Y ahora la gente cree que podrá cambiar la constitución y transformar su vida a través del cambio de la Constitución a través del voto y no hay señales de que el final sea diferente.”. Independientemente de la postura adoptada, los testimonios comentan que disminuyó la participación en las asambleas y muchas de ellas dejaron de funcionar.

¿Un reflejo de poder popular?

Las asambleas territoriales modificaron el espacio hacia un escenario de resistencia y comunidad vecinal. Si bien en una primera etapa, estos espacios realizaron acciones directas para desafiar a las autoridades tales como cacerolazos, barricadas o marchas, la movilización se fue desplazando hacia otras formas de expresión y actividades. El rumor de la escasez de alimento o la suspensión del suministro de agua en algunas zonas causó que las asambleas se centraran en las necesidades de los vecinos. A medida que la asistencia a las asambleas aumentó, los vecinos y vecinas se organizaron internamente para su buen funcionamiento.

En consecuencia, los testimonios señalan que la movilización, no solo abrió una ventana para generar presión y producir cambios a nivel nacional, sino que también a nivel local. En este sentido, son varios los testimonios que plantean la necesidad de reconstruir el tejido social en los territorios y crear poder popular para promover cambios en el sistema actual. Otros testimonios —cercanos a corrientes anarquistas —destacan la importancia del trabajo en los barrios.

Actualmente, no existe una definición formal de poder popular o tejido social, no obstante la literatura académica identifica la presencia de ellos en diversos movimientos sociales y acontecimientos en la historia de Chile. Por ejemplo, Salazar señala que podemos encontrar ejercicios de poder popular en la búsqueda de un proceso constituyente en los congresos nacionales de trabajadores y en las mancomunales que promovieron la movilización de los trabajadores a comienzos del siglo XX (Salazar, 2012). Otras experiencias se encuentran durante el gobierno de Salvador Allende que se caracterizó por la creación de diversas organizaciones en las fábricas y en los barrios, como lo fue el caso de los cordones industriales o los comandos comunales. En esa época, cercanos al gobierno de la UP veían el poder popular como parte del gobierno y del programa de Salvador Allende. Otros, en cambio situaban el poder popular desde una perspectiva independiente y alternativa al Estado (Gaudichaud, 2009). El concepto de tejido social por su parte se ha asociado a una red de estructuras sociales que se construye en los territorios (Garcés, 2017).

Sin embargo, la cuestión que importa en este artículo es: ¿cómo se relacionan estos conceptos con la rebelión en Chile y especialmente las asambleas territoriales? Marcela, miembro del Cordón Cordillera comenta su experiencia sobre el poder popular cuando trabajaba en las ollas comunes de Lo Hermida y lo define como “la organización en los territorios, una forma básica de organización en la cual todo tiene que ser horizontal y justo para todos”. En la actualidad, agrega: “nos dimos cuenta que existe la necesidad de organización. Es una necesidad transversal: la naturaleza, la plaza, que tengamos un lugar de esparcimiento, que exista un buen consultorio, que los colegios sean decentes y que los cabros no tengan que cruzar todo Santiago por un buen colegio. Todo. Por eso yo creo que debemos avanzar hacia el poder popular. Hoy en día te han hecho creer que ese concepto es netamente político pero es una forma básica de organización en la cual todo tiene que ser horizontal y justo para todos.”. Javier, miembro de la Asamblea Territorial Plaza Lillo de Ñuñoa, tiene una visión similar al referirse a las asambleas territoriales como “una forma de organización nueva parecida a la forma de poder popular incipiente que se desarrolló durante la UP con los cordones, la junta de abastecimiento de precios y otras coordinadoras.”. Incluso existen asambleas y coordinadoras, que integran estos conceptos a su declaración de principios. Es el caso de la Coordinadora de Asambleas Territoriales (CAT) que descansa en el principio de poder local, entendido como “espacio para coordinar a las asambleas territoriales y avanzar hacia la construcción del poder popular”.

Otros espacios, no utilizan estos conceptos en sus definiciones. Sin embargo, destacan la importancia del trabajo territorial, tal como la asamblea Jardín Alto Organizado que explica que su objetivo es “fortalecer el barrio y crear comunidad”. Daniela, miembro de la Asamblea WAF, reconoce la existencia de poder popular en algunas experiencias asamblearias, pero no está segura de que sea el concepto más apropiado hoy en día: “el término poder está en tela de juicio en muchos espacios organizativos. Los mismos candidatos constitucionales no se arrogan un poder por sobre nada ni nadie. Yo creo que el concepto ya está desmerecido y que las mismas experiencias de organización horizontal y patriarcal nos alejan del poder y nos orientan más hacia la idea de organización popular y de transformación. El poder es malo, siempre será malo, popular o no.”.

Aunque el debate sobre el poder popular en las asambleas territoriales sigue abierto, todos los testimonios destacan el trabajo territorial. En una primera etapa, las asambleas se organizaron internamente para mejorar su funcionamiento. Como resultado, crearon comisiones para ordenar sus actividades, siendo las más recurrentes la comisión de articulación encargada de generar vínculos con otras asambleas y organizaciones, y la comisión de comunicación para transmitir información entre sus participantes y a la comunidad. Una de las primeras actividades desarrolladas en los barrios fueron las instancias de autoeducación donde las personas se reunían en espacios públicos para conversar sobre un tema relevante de forma detallada. Estas abordaron el tema constitucional, pero el espectro de discusión se fue abriendo progresivamente a temas que incluyen feminismo, derechos humanos, defensa personal y autonomía territorial. De acuerdo a los miembros de las asambleas, esta orientación educativa ha contribuido a construir una práctica alternativa que no es posible encontrar en las instituciones educativas tradicionales. Además de las actividades educativas, las asambleas han efectuado diversas actividades culturales como ciclos de cine, exposiciones de fotografías, lecturas de poesía, música en vivo, con el objetivo de reflexionar sobre la situación del país, pero también estrechar lazos con las personas que habitan en esos barrios mediante el uso de los espacios públicos.

Durante la pandemia diversas asambleas implementaron redes de abastecimiento, las cuales consistían en comprar alimentos en grandes cantidades en la Vega o cooperativas, para luego distribuirlos a las y los vecinos. Por otro lado, el testimonio de Alejandra, miembro de la Asamblea Las Mercedes de Puente Alto cuenta como la cuarentena evidenció la violencia contra las mujeres en su barrio: “se armó una agrupación feminista en la villa las Caletas que se llama “Brazos de Caletana” y nació en pandemia debido a la violencia contra la mujer. Era algo horrible estar encerrado ahí, escuchar los gritos de tus vecinas porque les estaban pegando y claro, lo primero que uno hace es llamar a la policía, pero la policía no llega acá, menos van a defender a una vecina. Entonces, se hizo acción directa, se prescindió de la necesidad de llamar a la policía y nosotros nos organizamos, fuimos a las casas a sacar a los idiotas y defender a las vecinas. Siempre hubo una red de apoyo importante, acá hay vecinas que son enfermeras, abogadas, otras que pueden apoyar cuidando a los hijos. Se armó una red de apoyo bien bonita en ese sentido”.

TERRITORIOS: NUEVOS PROTAGONISTAS

La coyuntura de octubre 2019 evidenció que ciertos eventos en cadena son un ingrediente necesario para el surgimiento de la movilización, sin embargo no son suficientes. Así, el estallido social y posterior rebelión, responden también a un contexto histórico conformado por la herencia de la dictadura y la restauración a la democracia (proceso estructural). Este escenario no solo provocó un distanciamiento entre la élite política y la población, sino también un profundo malestar que se comenzó a expresar en las calles mediante una ola de movilizaciones, especialmente desde la década de los 2000 (proceso crítico). Estos tres grandes procesos dieron origen al episodio de contienda política más grande desde el retorno a la democracia. Pero lo interesante, es la reaparición de un nuevo fenómeno: las asambleas territoriales.

La pandemia fue uno de los elementos adversos que impactó de lleno a estas organizaciones, pues tuvieron que abandonar por completo el espacio público y transitar hacia nuevos mecanismos de encuentro como lo fue el uso de las tecnologías. Sin embargo, el golpe más fuerte que recibieron las asambleas territoriales fue el acuerdo político del 15 de noviembre que causó un quiebre en estos espacios.

A pesar de estas dificultades, los testimonios coinciden en que la “lucha” no termina con el cambio de una constitución y es necesario generar cambios estructurales a nivel nacional y local, abarcando una visión a largo plazo. Una de las fortalezas de la rebelión es precisamente la organización en los territorios, dicen. “Todo lo que nos ha pasado nos ha hecho entender lo que es un territorio y lo que significa pertenecer a éste.”, cuenta Daniela. De hecho, algunas asambleas continúan funcionando en la actualidad, o incluso se han reactivado para responder a la coyuntura. En otros casos, se fusionaron o crearon nuevos espacios como lo es la Asamblea de organizaciones sociales y territoriales del Distrito 12 que incluye 5 comunas de Santiago y sigue funcionando activamente.

¿Cuál será el futuro de estos repertorios? Queda por ver si estas organizaciones podrán mantenerse más allá del proceso constitucional.

Sobre la autora, Pilar Veas Gálvez

Magíster en Políticas Públicas del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po). Diplomada en Estrategias Políticas para las Políticas Públicas de la Universidad de Chile. Pilar realizó sus estudios de pregrado en Contabilidad y Auditoría en la Universidad de Santiago de Chile. Durante ese período su interés se enfocó principalmente en las movilizaciones estudiantiles.

En el año 2012 formo parte del Centro de Estudiantes de su carrera, y dos años más tarde se desempeñó como Consejera Académica en la Federación de Estudiantes. Su interés por el acontecer nacional la incentivó a realizar su tesis de pregrado sobre el modelo de financiamiento estudiantil en Chile y su impacto en la universidad, trabajo que se publicó en una revista nacional.

Pilar, ha trabajado en diversas instituciones, entre las que destaca la Corporación de Fomento de la Producción y el Servicio Local de Educación Pública de Barrancas. En este último trabajo, Pilar fue parte de la implementación de una política pública a nivel nacional y sus labores se enfocaron en la investigación del sistema educativo, proporcionando importantes lineamientos para la toma de decisiones. Recientemente, acaba de finalizar un Magíster en Políticas Públicas en la Universidad de Sciences Po, programa del que obtuvo sólidos conocimientos y herramientas sobre los sistemas, procesos e instituciones políticas con una mirada internacional. Su trabajo de investigación se enfocó en el evento político-social ocurrido en Chile en el año 2019, y se llevó a cabo mediante una metodología cualitativa, donde la etnografía y las entrevistas a más de 20 actores sociales cobraron gran relevancia.

BIBLIOGRAFÍA

Garcés, M. (2017). Los pobladores y la política en los años ochenta: Reconstrucción de tejido social y protestas nacionales. Historia 396, 7(1), 119–148.

Gaudichaud, F. (2009). Popular Power, Oral History, and Collective Memory in Contemporary Chile. Latin American Perspectives, 36(5), 58–71. https://doi.org/10.1177/0094582X09341976

Mönckeberg, M. O. (2009). Los Magnates de la Prensa: Concentración de los medios de Comunicación en Chile. Ramdom House Mondadori, Sello Debate.

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