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Democracia, la búsqueda de una causa perdida. Por Cristopher Ferreira Escobar

En nuestro país ha surgido la más curiosa paradoja, convicción y pensamiento Occidental moderno: la democracia es lo que siempre hay que buscar y mantener. Así es, las circunstancias han constatado cierta insuficiencia del régimen democrático para expresarse en algunos casos centrales, en donde la disputa se consagra como un elemento para detener expresiones avasalladoras hacia una comunidad indefensa, la que está latentemente en peligro y expuesta a condiciones adversas para hacer viable la vida de un nosotros. ¿Qué hace que esta democracia sea menos que nada para enfrentar una maquinaria tan brutal como el capitalismo, expresada en las multinacionales, grandes empresas y el capital financiero, las cuales tiene un solo objetivo: lograr la mayor obtención de beneficios capitales?

Como dije, hay algo curioso, pero a la vez problemático, perverso, ingenuo y oscuro en esta idea de que la democracia deba buscarse y mantenerse, en donde una tesis implícita recorre la operacionalización moderna de este régimen, y es que: la democracia es la más formal estructura del paradigma representacional de la mayoría. Lo cual supone la idea más radical contenida en ella, y aquí lo paradójico, ingenuo, perverso y oscuro, a saber: la democracia es, y sólo puede ser —y acá mi hipótesis— un mecanismo representacional de algo que, en primer lugar, no puede presentar poder, no puede ejercer poder, es decir, su forma de instrumentación se consagra en representación de una deficiencia primera, y por eso, a la democracia no le queda otra forma de ser que un fracaso, o dicho de otra forma, la representación democrática es el efecto simbólico de un poder ausente. La democracia como tal, entonces, es el resultado de una deficiencia, la compensación de lo simbólico por asumir un rol que no asumió de entrada. Y lo simbólico tiene un problema, sólo atañe a lo intersubjetivo. En palabras claras: la democracia moderna no tiene y no tendrá poder, por eso su búsqueda es una causa perdida. Veámoslo, pero antes, consignaré algunas cosas. La primera tiene que ver con un dato anecdótico, es que la democracia moderna surge en y desde el capitalismo y el liberalismo, entre otras cosas propias del proyecto de la Modernidad. Lo segundo es preguntarse ¿por qué una corriente de pensamiento individual, basada en la propiedad privada, gesta algo así como la participación democrática, cuando los intereses en esa época era conservar la posición? Ya responderemos. Sigamos.

Hoy en día, y bajo la democracia liberal, como indiqué, esta pesa menos que nada o se encuentra en la defensa de causas perdidas. Y eso se debe a que su saber y poder constatan exclusivamente lo simbólico. Saber y verdad consignan el poder, permiten su ejercicio. Hay algunos poderes que territorializan desde lo material y otros desde lo simbólico. No es que el poder se tome o se vacíe y se pierda, sino que el poder se ejerce, y ejercerlo depende de los sistemas de valores, es decir el ethos, y me refiero a todos, incluso los saberes más periféricos pueden, y de hecho constituyen algunos espacios de verdad del sistema político. Nada nuevo digo si el mercado es —en términos superlativos— el espacio de verdad y legitimidad hoy en día, considerado por muchos como natural, que se expresa en y por sí mismo. Es por eso que las personas, las subjetividades de la población encarnan y expresan estas lógicas del mercado actual, un sujeto emprendedor, que se capitaliza, que se ponen en riesgo, es decir, sujetos-empresas: una parte sustantiva quiere emprender. Por otra parte, la democracia es un espacio que sólo genera legitimidad en la actualidad, pero no ejerce poder fáctico, y eso se debe al tipo de espacio donde emerge: uno es material y fáctico; el otro es simbólico y subjetivo. Mientras que el mercado es ya un ejercicio del poder material, la democracia es un ejercicio de algo que no ejerce este tipo de poder. Por eso el liberalismo y su democracia pueden consignar e introducir todos los valores que se quieran —y con esto respondemos la pregunta—, ya que solo tiene relación con un proceso simbólico de acumulación de cualidades.

Es tanto el componente simbólico de la democracia moderna en el caso chileno, que no ha sido capaz de detener procesos altamente dañinos para la mayoría, para los intereses de las mayorías, incluso de minorías que están en razón de causa, como la lucha por el agua en la localidad de Petorca, La Ligua, o como la lucha por la contaminación de grandes empresas en distintos lagos (recuerden el informe de una empresa que modificó los resultados negativos para seguir con su función), en el ecosistema, en los niños (caso norte y el plomo de las mineras), pero también de las acciones empresariales como el efecto invernadero, en donde del Banco Central indicó que un 63% corresponde a empresas privadas, y las zonas de sacrificio en Concón, Quintero y Puchuncaví, las que fueron tratadas por la Cámara de Diputados. La lista suma y sigue con un enorme etcétera de casos que evidencian el daño como la insuficiencia de la expresión democrática para frenar avances perjudiciales.

Quien manda dentro y fuera del país no es la democracia, sino las grandes empresas, empresas multinacionales. Lo ocurrido en 2008 en la crisis subprime (recomiendo el documental trabajo confidencial en Netflix) es muestra del poder empresarial incluso por sobre el Estado Norteamericano, pero también en la crisis del 29. ¿Qué ha pasado con el calentamiento global? ¿quién ha sido el responsable de las diversas externalidades negativas en el mundo a causa de una producción que no tiene límites, que no conoce y no conocerá ética ni moral?

Por todos estos motivos expuestos, es que la democracia no consigue frutos de la mayoría. El fracaso rotundo de la democracia es que representa el ejercicio de un poder no fundante, existente exclusivamente como algo simbólico. Bajo estos argumentos y puntos de vistas, habría que tomarse con mayor reflexión la idea de que esta democracia liberal es algo necesario a buscar y mantener en nuestro país. Los hechos son claros: la democracia no puede contra el poder económico.

Cristopher Ferreira Escobar. Cientista Político. Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales UAHC. Director de la Fundación Politología Centro de Estudios. Diplomado en Estudios Griegos de la U. de Chile.

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