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Dictadura, democracia y otras palabras. Por Carmen Gloria Garrido y René Valdés

El profesor Jean Château señalaba que no existe sociedad que no ejerza la acción educativa; la colectividad humana se trata, por lo tanto, de enseñanza, de transmisión y de memoria. En este escenario, las palabras son fundamentales. Se nos presentan como patrimonio común para hacer valer una herencia colectiva; tienen un papel fundante en el tipo de sociedad que hemos construido.

¿Pero qué pasa cuando a veces las palabras parecen no significar nada? Cuando ese patrimonio común está bajo amenaza. Es lo que parece estar ocurriendo en la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado. Con toda magnitud se pone en duda la palabra democracia, aquella que cuesta construir; se pone en duda la palabra dictadura, aquella que se vivió y se padeció. Es lo que parece ocurrir: que no hay acuerdo en nada y que solo se observan posiciones rígidas, visiones parciales, donde lo prioritario es ganarle a otro. Se reescribe la historia con una escritura de ganadores y perdedores. Cuando con el golpe de Estado perdemos todos. Es una lesión a la colectividad humana que merece, como dice el profesor Château, de un ejercicio educativo.

Negar el golpe de Estado, justificarlo, defenderlo, admirarlo, es renunciar a la herencia colectiva, es herir el consenso más mínimo como habitantes de las palabras, como sujetos de memoria. Relativizar la masacre es renunciar no solo al pasado, sino al presente y al futuro. ¿Cómo enseñar lo relevante de lo irrelevante? ¿Cómo lograr traspasar los limites individualistas que cierran filas, que están llenos de automiradas y reafirmaciones sin considerar una visión común frente a cuestiones esenciales para nuestra sociedad? ¿Cómo enseñar un pensar crítico que por definición no se trata de aniquilar la posición del otro sino de reconocer esos caminos que no se pueden volver a transitar?

No confundamos a niños, niñas y jóvenes que se están formando, que hay cosas que sí son prioritarias, como el ejercicio de memoria, como la pronunciación inequívoca de las palabras, que la dictadura es dictadura, que la democracia es democracia, que la aniquilación es aniquilación y que la tortura es tortura. Que pueden coexistir visiones distintas desde las distintas posiciones de cada uno, pero no puede haber duda en el cuidado de la democracia, ese cuidado que es también el cuidado de las palabras esenciales, aquellas que deben pronunciarse sin sospecha.

No confundamos a niños, niñas y jóvenes que van a las escuelas; que son de los pocos lugares donde se ejerce el espacio de la democracia, donde se celebran las diferencias, donde conviven visiones de futuro, posiciones e itinerarios diversos, trayectorias disímiles. Que el ejercicio de la memoria es un acto humano, la conciliación de lo fundamental y que pervive a través de la pronunciación de las palabras correctas, palabras genuinas; democracia, dictadura, golpe de Estado, aniquilación.

Dra. Carmen Gloria Garrido y Dr. René Valdés
Escuela de Educación, Universidad Andrés Bello

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