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Discurso de Salvador Allende en el día internacional de los trabajadores (1 de mayo de 1971) y otras columnas sobre el 1 de mayo

Trabajadores de Chile:

Éste no es un día de fiesta; éste es un día de recuerdo, de rememoración. Un día para mirar hacia atrás, más allá y dentro de la frontera de la patria y rendir un homenaje a todos aquellos que, en distintas latitudes, cayeron luchando por hacer más digna la vida del hombre y conquistar la auténtica libertad.

Hoy termina una semana en la que, por mi intermedio, el Gobierno del pueblo ha dialogado con los más diversos sectores nacionales. Hemos conversado con los jóvenes de la Unidad Popular; con los médicos recién graduados para señalares la responsabilidad que implica el ejercicio de su profesión; hemos estado en un organismo de la importancia de la CEPAL para llevar el pensamiento nuestro y destacar la realidad de los países pequeños, en vías de desarrollo, frente a los países industriales, para señalar, una vez más, la dura explotación a la que hemos sido y somos sometidos, y para reclamar el derecho a la autodeterminación y a la no intervención. Y, otra vez, no como político, pero sí como Generalísimo, título que me otorga la Constitución Política, he dialogado con los representantes de las Fuerzas Armadas, en este caso con la guarnición de Santiago. Junto con reafirmar como respetamos el cometido profesional de nuestras Fuerzas Armadas y de Carabineros, como son respetuosos de la Constitución y la ley, destacamos también que ellos no pueden ser una parcela independiente al margen del gran proceso de transformaciones que Chile encara en lo económico, en lo social y en lo cultural, para hacer más digna y justa la vida del hombre de nuestra tierra. Estuve dialogando, además, con la comunidad universitaria en la Universidad Técnica del Estado; con los dirigentes sindicales de Yarur, y con los trabajadores que vinieron de Panguipulli para contarme el drama de los que laboran en la madera y en los aserraderos. Hoy con este acto culmina esta semana; con este 1 de mayo tan distinto a otros primeros de mayo del pasado.

Estamos aquí en este día que tiene una profunda y honda significación; que es trascendente porque están aquí ustedes, trabajadores de Chile, junto con nosotros; porque estamos aquí Gobierno y pueblo, porque el pueblo es Gobierno, y, por serlo, interpreta las ansias y los anhelos de las grandes mayorías. Hemos llegado al Gobierno y avanzamos a la conquista del poder. La diferencia con el pasado es notoria, no sólo por la concentración multitudinaria que desde aquí diviso, que triplica y quizás aumente en cantidad superior a los actos realizados otros años, sino porque veo a miles y miles de mujeres. A ellas les rindo homenaje en dos ancianas que hace más de una hora estoy observando, y que han llegado con su cansancio de siempre a decirnos con su ejemplo cómo sienten y apoyan al Gobierno Popular.

Saludo a los representantes que han venido de otros países en su calidad de dirigentes sindicales, trayendo a los nuestros su palabra solidaria. Saludo a los personeros de países amigos, diplomáticos o jefes de misiones comerciales, y destaco la presencia en esta tribuna del jefe de la Iglesia chilena, cardenal Silva Henríquez. Ella implica un hecho de profundo contenido, porque él tiene conciencia de que en el Gobierno del pueblo han sido y serán respetadas todas las creencias. Siendo mayoritaria la Iglesia Católica chilena, recibe el cariño popular porque cada vez su verbo está más cerca del pensamiento de Cristo.

Y saludo a todos los dirigentes sindicales chilenos, a mis compañeros dirigentes de la CUT. Y rindo homenaje a aquellos que, si bien ya cumplieron con su deber, nunca dejaron de estar junto a los trabajadores, en la persona del primer presidente de la Central Única, mi estimado amigo Clotario Blest.

Hemos venido a hablarle al pueblo; a hablarle de sus derechos, de sus deberes fundamentales, de sus responsabilidades. Yo quiero que ustedes mediten el alcance y el contenido de mis palabras. Algo grande y trascendente ha sucedido en la patria con la victoria del 4 de septiembre. No ha sido un hecho casual; ha sido el esfuerzo sacrificado y anónimo de millares y millares de chilenos que tuvieron fe en ellos mismos, que creyeron en los partidos populares y que entendieron la gran tarea histórica que debemos cumplir. Éste ha sido el fervor de generaciones y generaciones que supieron de la cárcel, del destierro y de la muerte, para darnos la posibilidad de llegar al Gobierno y conquistar el poder. Pero la victoria alcanzada en las urnas implica una gran responsabilidad, y yo quiero que se entienda muy bien, muy claramente. Desde luego, que se sepa, que se aprecie, que se medite lo que significa que un pueblo por vez primera en la historia, dentro de los cauces legales y de las leyes de la democracia burguesa, haya alcanzado el Gobierno para trasformar la sociedad e ir abriendo camino a las profundas transformaciones estructurales que conduzcan al socialismo. Reitero: es la primera vez que esto acontece. Queremos que las libertades políticas así conquistadas se transformen en libertades sociales.

Queremos que cada trabajador comprenda que la teoría revolucionaria establece que no se destruye absoluta y totalmente un régimen o un sistema para construir otro; se toma lo positivo para superarlo, para utilizar esas conquistas y ampliarlas. Es conveniente que eso se entienda y se adentre en la conciencia de cada uno de ustedes. Las conquistas políticas las mantendremos, porque el pueblo las alcanzó en sus luchas y las consagraron las leyes y la Constitución chilenas. Y los logros positivos en el orden económico, derivados del Gobierno Popular de Pedro Aguirre Cerda y expresados en el acero, en el transporte, en energía, combustibles y electricidad, serán puntos de apoyo, para extenderlos y organizar el capital social de que tanto hemos hablado.

En otro sentido, es conveniente no olvidar jamás que tenemos un compromiso y que lo vamos a cumplir: acatar el derecho de opinión, el derecho a crítica. Y de aquí les contesto a los jóvenes de la Universidad Católica -tan inquietos- que el Gobierno del pueblo respetará a los que disientan de él. No nos inquieta la crítica, lo único que exigimos es que ella se realice dentro del contexto jurídico que nosotros estamos observando.

Quiero reiterar que, por primera vez en la historia, un pueblo conscientemente ha buscado el camino de la revolución con el menor costo social. Y ese hecho es indispensable que se entienda: con el respeto a todas las ideas, con el irrestricto respeto a todas las creencias.

Quiero recordarles que tenemos un programa y que vamos a cumplirlo cualesquiera sean las dificultades que tengamos que vencer. Para que Chile rompa el retraso, la cesantía, la inflación, la miseria moral y fisiológica; para que el niño tenga futuro y el anciano tranquilidad, debemos aprovechar los excedentes que producen economías e invertirlos planificadamente en el desarrollo económico y social de nuestro país. Por eso es que son fundamentales las nacionalizaciones para fortalecer el área de la economía social de la que habla nuestro programa. Por eso vamos a nacionalizar las riquezas fundamentales en manos del capital foráneo, así como a los monopolios que actualmente también detenta el capital extranjero o el gran capital nacional.

Queremos hacerlo en función de las necesidades de Chile y su pueblo, de nuestra capacidad técnica para mantener las empresas estratégicas, no en iguales sino en más altos niveles de producción. Es esencial entender esto y también darse cuenta de que es el Gobierno el que debe acelerar o detener este proceso de acuerdo con la realidad. Y yo apelo a la conciencia de los trabajadores para que entiendan que es su Gobierno el que fija la técnica y los métodos de cómo proceder y que deben dispensarle la confianza necesaria para que pueda alcanzar las metas que se ha trazado.

Estamos abriendo en Chile un nuevo horizonte para ustedes. En los sectores social y mixto de la economía los trabajadores dejarán de ser simples asalariados. Óiganlo bien, van a dejar de ser simples asalariados para integrarse, junto a los representantes del Estado -que son ustedes mismos-, a la dirección de esas empresas, respetando la organización sindical, que tiene una actividad diferente. Si planteamos eso respecto del área social y del área mixta, debe entenderse que es fundamental que en las empresas privadas funcionen comités de producción. Hay en el país más de 35.000 empresas, y nosotros, en esta etapa, tan solo vamos a nacionalizar menos del uno por ciento -oigan bien- , y en Chile existen 35.000. Por lo tanto, debe comprenderse que la actividad de las empresas no nacionalizadas, las empresas medianas y pequeñas, es indispensable en el proceso del desarrollo económico. Queremos que en ellas haya comités de producción, porque el trabajador no es una máquina; es un ser humano que piensa, sufre, tiene esperanzas y puede contribuir al mejoramiento de la producción, aun en esas organizaciones.

El compañero Víctor Díaz, cuyo documentado discurso era necesario para que los obreros tuvieran conciencia de la realidad que confrontamos, ha señalado que el Gobierno, por mi intermedio, ha resuelto entregar el canal de la Radio Balmaceda a la CUT. Al respecto yo les digo: ¿conocían los trabajadores, los periodistas, los comentaristas, los que allí laboran, la realidad de esa empresa? Se lo voy a decir. En primer lugar, hace más de dos años que está caducada la concesión de su frecuencia de onda larga. El Gobierno demócrata - cristiano no le otorgó una nueva concesión y esa Radio Balmaceda, con un capital de 300 millones, debe 3800 millones de pesos. Y 2.800 millones los ha obtenido del Banco de Crédito e Inversiones sin ningún respaldo, y ha conseguido 700 millones más sobre la base de letras para responder a este enorme pasivo. Yo no creo, y lo digo claramente, que haga bien la Democracia Cristiana en querer adquirir esa radio, ya que implica -si no un compromiso- un hecho extraño para un partido político. Esa emisora ha perdido diez veces su capital; esa radio debe ser de los trabajadores, porque yo no la he entregado ni a los trabajadores socialistas ni a los radicales ni a los comunistas: se ha entregado a la Central Única, donde también, y por suerte, hay trabajadores cristianos, hay trabajadores de la Democracia Cristiana.

He dicho que en las empresas privadas y públicas debe haber comités de producción porque nuestra necesidad fundamental, nuestra prioridad básica, es aumentar la producción. Tantas veces lo he dicho y tantas y tantas lo volveré a decir: los pueblos progresan sólo trabajando, produciendo más, estudiando más. pero es muy distinto -y esto lo entienden y lo saben- trabajar para una minoría que producir para Chile y para todos. Por eso yo recalco e insisto que es fundamental el mayor esfuerzo, el mayor sacrificio y el mayor empeño patriótico de ustedes para trabajar y producir más, porque al hacerlo estarán asegurando el futuro de la patria y demostrando a los que conspiran contra ella y el Gobierno que se han dado. Por eso destaco que ha hecho bien el compañero Víctor Díaz en realzar lo que representa el esfuerzo de los obreros del carbón, de Purina, del salitre o de otros sectores textiles nacionalizados. Ello es demostración de una conciencia que es útil destacar y un ejemplo que hay que imitar. También es conveniente saber que el nuevo sentido del trabajo implica nuevas obligaciones. Antes, cuando el Estado estaba al servicio de los capitalistas, los trabajadores del sector público o privado adoptaban necesariamente una actitud requeritiva, postulando aumentos de sueldos y salarios frente al alza del costo de la vida. Es decir, luchaban reivindicativamente. Hoy, tienen que entenderlo, los trabajadores son Gobierno; el pueblo es Gobierno. El sector público no está financiando a una minoría. Está poniendo los excedentes económicos al servicio de ustedes, al servicio del pueblo y de Chile. Por eso es necesario mirar desde otro lado de la barricada, para asumir la responsabilidad, la enorme, la trascendente responsabilidad que implica ser Gobierno.

Una parte del Estado está en manos de los trabajadores a través de los partidos populares y de la Central Única, que representa todos los niveles de la organización sindical. Y si digo una parte del Estado es porque hay otros poderes independientes, como el Judicial o como el Legislativo, donde no tenemos mayoría. Por eso debe entenderse que, junto con las dificultades inherentes a esta realidad, hoy tenemos que fijarnos objetivos distintos. El primero de todos: consolidar el poder político. El segundo, ampliar ese poder político, el poder popular. Y hacer esto en la forma más efectiva y realista, de acuerdo a las condiciones chilenas. Cuando yo hablo de ampliar el poder político, pienso que más allá de los límites de la Unidad Popular hay miles y miles de ciudadanos que pueden estar junto a nosotros; hay cientos y miles sin domicilio político, y hay otros que, teniéndolo, no pueden olvidar ni los principios, ni las ideas, y por eso yo los llamo fraternalmente, limpiamente, a trabajar por el Chile nuevo y por la patria mejor que queremos para todos los chilenos.

Consolidar y ampliar el poder popular supone vitalizar los partidos políticos, sobre loa base de hacer efectiva la unidad, para mantener un diálogo ideológico, polémico, crítico, pero con lealtad y no mirando la parcela partidaria, sino la gran responsabilidad común que enfrentamos.

Fortalecer el poder popular y consolidarlo significa hacer más poderosos los sindicatos con una nueva conciencia, la conciencia de que son un pilar fundamental del Gobierno, pero que no están dominados por él, sino que, conscientemente, participan, apoyan, ayudan y critican su acción.

Significa fortalecer el poder popular, organizar la movilización del pueblo, pero no tan solo para los eventos electorales; movilizarlo diariamente, a todas horas, minuto a minuto. Y hay que tener conciencia de ello.

Un pueblo disciplinado, organizado, consciente, es, junto a la limpia lealtad de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, la mejor defensa del Gobierno Popular y del futuro de la patria.

Fortalecer, ampliar y consolidar el poder popular significa ganar la batalla de la producción. Óiganlo bien, compañeros trabajadores: ganar la batalla de la producción. Tengo aquí para ustedes, a mano, un resumen de un documento publicado en Estados Unidos por un semanario financiero. No reproducen los diarios chilenos lo que aquí se publica. ¿Pero qué dice? ¿Qué señala? ¿Qué se pretende entre líneas? Se afirma que los préstamos del Banco Mundial no están directamente bajo el control de los Estados Unidos, pero que gran parte del capital viene de la Tesorería de ese país, y que, con seguridad Washington puede influir en la decisión. Quieren cerrarnos los créditos, pretenden iniciar ese camino. Dice que cada actividad, y se refiere a los préstamos, parecería ser contraria a la legislación existente, que, interpretada por cualquier criterio sensato, parecería prohibir la ayuda de Estados Unidos a Chile. Y agrega, con la mejor voluntad del mundo, que los Estados Unidos podían hacer poco o nada para salvar a Chile del desastre. ¡Qué piadosos y compasivos están con nosotros! ¿no? Porque, según ellos, los trabajadores chilenos tienen menos y mucho menos que comprar ahora. Y agregan que en Chile no habrá producción. Y dicen: «Los trabajadores tienen poco tiempo para su trabajo». El ausentismo en Valparaíso promedia un 25% al día de las faenas portuarias y agregan con ironía, «salvo el día lunes, que alcanza a un 40%». Esto no se ha publicado aún en Chile, pero refleja un propósito que el pueblo debe atisbar: empezar ya a crearnos dificultades económicas que repercuten sobre las bases políticas en que se afianza el Gobierno. Los diarios nuestros, los diarios que reclaman libertad, mientras tanto publican lo que se les ocurre y reproducen artículos que, por desgracia, en muchas capitales latinoamericanas y de Europa, escriben en contra nuestra, desfigurando lo que somos, lo que queremos y a donde vamos. Pero al lado de eso, que sabíamos iba a ocurrir, está la amplia solidaridad, está la actitud de respeto de Gobiernos que, sin compartir la orientación nuestra, tienen concepciones de principio afines en cuanto a la autodeterminación y a la no intervención; está la presencia de los trabajadores, que han manifestado su adhesión a Chile en los países industriales del capitalismo y en los países industriales del socialismo; está la actitud de los trabajadores latinoamericanos, cuya solidaridad sentimos tan de cerca, porque sabemos que es leal, porque la historia de ayer y la de hoy hará posible la lucha cada vez más intima, más profunda de nuestros pueblos.

Y quiero destacar, como un hecho de gran significación moral y solidaria: la palabra de Cuba. Hace poco se realizó en La Habana una monstruosa concentración, porque era el aniversario de la victoria del pueblo en Playa Girón. Chile estuvo presente en la palabra del senador de la Unidad Popular, compañero y amigo Volodia Teitelbom. Fidel Castro, junto con hacer una síntesis histórica de las luchas de los pueblos latinoamericanos y del pueblo cubano, tuvo frases para Chile que reflejan su amplio y grande espíritu solidario, trasunto del fraternal espíritu del pueblo de Cuba por nosotros. ¿Qué dijo Fidel Castro, cuyo discurso ha sido tan solo publicado parcialmente y tergiversando, extrayendo párrafos de él para comentarlo a su sabor por los sectores reaccionarios? ¿Qué dijo Fidel Castro refiriéndose a nosotros?

«Lógicamente, nosotros estamos de todo corazón junto al pueblo chileno y estamos dispuestos a mostrar nuestra solidaridad en cualquier campo. Nosotros, por ejemplo, ahora hemos restablecido el comercio con Chile. Le enviamos azúcar, que es un producto importante del consumo popular chileno. Ellos nos mandan frijoles, ajo, cebollas.

Mientras los chilenos puedan retribuirnos nuestra azúcar y nos puedan mandar alimentos y nos puedan mandar madera, recibiremos alimentos y recibiremos maderas; pero si como consecuencia de las maniobras contrarrevolucionarias del imperialismo y de la contrarrevolución interna sabotean la producción de alimentos de Chile y el día de mañana no nos pudieran mandar ni ajos, ni cebollas, ni frijoles, no importa, no por eso dejaremos nosotros de mandar nuestra azúcar al pueblo de Chile.»

Y agrega: «Al pueblo hermano de Chile, al Gobierno de la Unidad Popular, al Presidente Allende le decimos: al pueblo de Chile no le faltará azúcar, haremos lo que sea necesario, con más producción, hasta nuestro propio consumo». Y termina:

«Expreso al pueblo de Chile, desinteresadamente, fraternalmente, con el espíritu de Girón, que cuando lo necesiten pueden contar con nuestra sangre: que cuando lo necesiten pueden contar con nuestras vidas». Ésa es solidaridad, ése es un concepto de la revolución sin fronteras.

Aquí se ha pretendido decir que, a través del ofrecimiento de las vidas de los hombres de Cuba, hubiera pensado Fidel que no tenía Chile en sus Fuerzas Armadas o en Carabineros o en su pueblo la capacidad de resistencia frente a una amenaza. No. Basta recordarles a aquellos que desfiguran la palabra de Fidel Castro que nuestros pueblos nacieron a la independencia política porque hombres nacidos en patrias distintas levantaron la común bandera, y Bolívar y Sucre y San Martín y Martí y O’Higgins fueron latinoamericanos para luchar con las armas por su independencia.

Por eso, no vengan a desfigurar ni la historia ni la raíz del contenido fraterno que tienen que tener los pueblos para nuestro Gobierno y para las luchas nuestras. Pero, reitero, el gran combate, la gran batalla de Chile es ahora y será siempre la producción. La producción, que lo entiendan, que se lo graben aquí y para siempre, que se lo graben aquí en el cerebro y en el corazón, repito, la batalla de ahora y de siempre es la batalla de la producción. Hay que producir más. Y para aumentar la producción a largo plazo necesitamos también aumentar las inversiones, los excedentes, óiganlo bien, los excedentes de las empresas. Las utilidades de las empresas servirán, en parte, para mejorar los sueldos y salarios de los que allí trabajan, pero el más alto porcentaje de esas utilidades y esos excedentes deben ser invertidos para crear nuevas fuentes de trabajo, nuevas empresas, para movilizar la capacidad ociosa de muchas de ellas. Por eso ha hecho muy bien el compañero Víctor Díaz en señalar que no puede haber pliegos de peticiones exagerados. Que no se les vuelva a pasar el tejo, porque no se lo vamos a aceptar. Éste no es un simple juego de rayuela, aquí se esta jugando el destino de Chile; aquí no puede haber sectores privilegiados, aquí no puede haber aristocracia de obreros o empleados o técnicos, aquí todos tenemos que amarrarnos el cinturón. Compañeros, si las empresas del sector público no tienen utilidades, ¡imagínense ustedes!, si todo lo gastáramos en sueldos y salarios, ¿que sucedería, como podríamos avanzar? Las llevaríamos directamente a la quiebra y a la ruina. Y eso deben entenderlo muy claramente las empresas del sector mixto, las del sector social no les pertenecen a ellos. La CAP no es de los trabajadores del acero. Chuquicamata, El Salvador y El Teniente no son de los trabajadores del cobre. Son de los trabajadores de la patria. Y los obreros del cobre y del acero deben estar orgullosos de laborar para ellos, pero, sobre todo, de hacerlo para el resto de sus hermanos de clase, para Chile entero. Por eso, deseo citar dos ejemplos, y quiero que pongan atención. (Es bastante tarde, van a llegar con apetito a sus casas y la mayoría de las viejitas no les van a tener almuerzo) Quiero poner dos ejemplos: cobre y tierra. Y escuchen, compañeros. Cobre: el cobre es el sueldo de Chile. Y deben entenderlo también el Gobierno y el pueblo norteamericanos.

Cuando nosotros planteamos nacionalizar nuestras minas no lo hacemos para agredir a los inversionistas de Estados Unidos. Si fueran japoneses, soviéticos, franceses o españoles, igual lo haríamos. Es que necesitamos el cobre para Chile. Necesitamos lo que sale más allá de nuestras fronteras como utilidad de esas compañías, para poder impulsar el desarrollo de la nación, junto al hierro, el salitre y a las empresas nacionalizadas. Recuerden que en algo más de 50 años han salido del país, por concepto de utilidades del cobre, más de 3000 millones de dólares. Ahora, con la nacionalización, anualmente debemos retener 90 millones adicionales de dólares. Eso significara, en los próximos 20 años, al precio de 50 centavos la libra, 1830 millones de dólares. Si el precio promedio llegara a 55 centavos la libra, serían 2114 millones de dólares. Este excedente, este mayor ingreso, lo necesitamos para poner en marcha los planes de desarrollo económico de Chile, junto a los excedentes de otras empresas o industrias en manos del Estado, junto a los tributos y a los impuestos que pagamos todos, absolutamente todos los chilenos. De allí entonces que sea fundamental que se entienda la importancia que tiene el cobre y por qué nosotros debemos entender y hacer que el pueblo entienda lo que representa de responsabilidad para los obreros, para los técnicos, para los profesionales chilenos.

Se han ido, se van de Chuquicamata 240 técnicos norteamericanos. No los hemos echado pero se van. Tenemos que reemplazarlos por técnicos y obreros nuestros, tenemos que reemplazarlos por nuestros profesionales, tenemos que improvisar la técnica cueste lo que cueste, y tenemos que hacer producir más a Chuquicamata. Tendrán que sudar cobre los chilenos que allí trabajan para defender a Chile. Y tendrán que hacerlo, porque nosotros, el pueblo, se lo estamos pidiendo y exigiendo.

Ayer en la mañana tuve horas amargas, compañeros. Me dijeron que se habían parado en la semana tres secciones de Chuquicamata, sin razón justificada alguna. Y esto ocurre ahora, cuando hay obreros en la dirección de esas empresas. Me dijeron que estaban exigiendo que se pagara indemnización a todos los trabajadores, para ser recontratados después cuando nosotros tomemos definitivamente las compañías. Me golpeaba mi conciencia y me dolía como revolucionario que esto fuera cierto. Esta mañana me llamaron desde Antofagasta y me dijeron que la asamblea gremial rechazó esa proposición que habían hecho, en mala hora, algunos trabajadores, y, lo que es peor, algunos dirigentes políticos que andan a la caza de votos. Eso demuestra la conciencia de los compañeros de Chuquicamata y desde aquí los saludo, porque su actitud también representa un aporte esencial para la patria.

He dicho que, junto al cobre, está el problema de la tierra. Y tienen que entenderlo ustedes. Ustedes que trabajan en Santiago, la mayoría de ustedes que están aquí en esta gran concentración, que no son campesinos. Pero a lo largo de Chile, me oyen, seguramente trabajadores del agro. Éste es un problema muy serio. Si el cobre es el sueldo de Chile, la tierra es el alimento para el hambre, y no puede seguir produciendo lo que hasta ahora ha producido. Por eso se ha impulsado la reforma agraria; por eso se ha modificado la propiedad de la tierra; por eso hay que cambiar los métodos de explotación; por eso hay que poner el crédito, la semilla, el abono y la ayuda técnica junto al campesino, al pequeño y mediado agricultor; por eso hay que terminar con el minifundio, y por eso hay que terminar con el latifundio.

Fíjense, compañeros que me escuchan a lo largo de Chile: todos los años nacen 300.000 o más chilenos. Y a pesar de la alta mortalidad infantil, son muchas nuevas bocas las que hay que alimentar. Si la producción se mantuviera en los niveles que hoy alcanza, y que sólo representa un incremento de 1,8% mientras la población crece en 2,5 a 2,7% al año, nos encontraríamos el año 2000 (año al cual ustedes van a llegar, y yo también, ¿ah?) con que el año 2000 tendríamos que importar, óiganlo bien, 1000 millones de dólares en carne, trigo, grasa, mantequilla y aceite. Hoy importamos 180 a 200 millones de dólares al año. Y el 2000 tendríamos que importar 1000 millones de dólares. Toda la exportación chilena alcanza a 1050 millones de dólares. Calculen ustedes el drama que tenemos por delante y la tremenda responsabilidad que implica la reforma agraria. Por eso les digo muy claro; por eso le he dicho al pueblo de Chile; se lo he dicho a los trabajadores de la tierra; se lo he gritado con pasión para que me entiendan en Cautín y en Valdivia, en Osorno y en Llanquihue, en las provincias agrarias del centro y del norte: vamos a terminar con el latifundio. Este año expropiaremos 1000 predios que están más allá de la reserva legal y terminaremos con el minifundio. Pero no basta expropiar, hay que hacer producir la tierra y tenemos que respetar la ley. No podemos aceptar que se atropelle al propietario que tiene derecho frente a la ley. No podemos crear el caos en la producción. No podemos apropiarnos de tierras y dejarlas sin producir. El Gobierno tiene que respetar la determinación y la planificación del ejecutivo.

Yo les digo a ustedes, y se los digo a los funcionarios de INDAP y de CORA: no pueden traspasar la ley. ¿Qué haría un hombre, que haría yo, si hubiera sido agricultor durante cuarenta o cincuenta años de mi vida, si no tuviera más que mi casa y el pan para mis hijos, si la ley me da un derecho y llegan funcionarios que no respetan la ley? ¿Qué hace ese hombre que no puede a su edad encontrar otro trabajo? ¿Por qué nosotros no vamos a tener un sentido humano y justo? Yo reclamo del pueblo que trabaja en la tierra, yo reclamo de los campesinos, que tengan confianza, que para eso hemos creado el Consejo Campesino. No se salvará ni un latifundio en Chile, pero el propietario mediano y pequeño contará con nuestro apoyo, con nuestra ayuda, con los técnicos necesarios, con la semilla y con el abono para cumplir con los planes de producción indispensables para alimentar al pueblo, camaradas.

Por eso tenemos que tener conciencia: la revolución no se hace en las palabras, compañeros, se hace en los hechos. Y hacer la revolución no es tan fácil, si no ya la habrían realizado otros pueblos, en otras latitudes o en este continente.

Se necesita tener el nivel político, la responsabilidad necesaria para entenderlo; no basta hablar de la revolución. Hay que hacer la revolución interior, que le dé autoridad a uno para poder exigirles a los demás, y por eso les hablo así el día 1º de Mayo, con pasión, frente a la responsabilidad que tenemos nosotros ante Chile y ante la historia: Nuevas metas, más organización, más disciplina, desprendimiento, no egoísmo; superar el horizonte pequeño de cada empresa, industria o de cada cerco para mirar el problema de clases en su conjunto, sean campesinos, obreros, empleados, técnicos o profesionales. Por eso debo decirles a ustedes que he leído con inquietud un documento publicado en el diario La Prensa, el 29 de abril, en que se hace una entrevista a un dirigente campesino, compañero de apellido Fuentes. No ha sido desmentido, por eso lo comento. ¿Qué dice este dirigente? Dice que está con el Gobierno, pero que si el Gobierno se queda a mitad de camino, continuará adelante. Dicen que tienen autonomía para hacer las cosas que quieran, dicen que a pesar de que el Gobierno no expropiará todos los predios, ellos piensan que es necesario y que por eso lo hacen y lo harán, y agregan, «porque hay que pararle el carro al compañero Allende y al compañero Baytelman».

Camaradas, el compañero Víctor Díaz dijo: «compañero Allende, échele para adelante». Yo le voy a echar para adelante; no le voy a poner el pie al freno, camaradas. Pero que lo sepan de una vez por todas, sobre todo los militantes de la Unidad Popular: aquí hay un Gobierno y un Presidente, y si yo le echo para adelante, es porque tengo los pantalones bien amarrados y no acepto... (Y perdón, señor cardenal Silva Henríquez, por esta expresión, pero yo sé que usted me entiende y la comparte.)

Pues bien, he puesto este ejemplo parque si cada cual toma el camino que se le ocurra, aquí se va a producir el caos, compañeros, y eso es lo que ellos quieren: que no se produzca en la tierra; que no se produzca en las industrias; que haya dificultades. El poder de compra que ustedes tienen ahora ha hecho que se venda coma nunca antes. Pero hay que reponer ciertas cosas. Dentro de 15 días o dos meses se acaban los stocks, y si las industrias no producen, Chile no está acostumbrado a racionamientos y no los queremos. Por eso hay que producir en el campo, en las industrias, compañeros. y por eso quiero, también muy tranquilamente, como compañero de ustedes, decirles lo siguiente: traigo un informe del señor Contralor General de la República, hecho a pedido mío. Se estudian en él dos empresas fiscales, sobre todo una de ellas, y aquí están las cifras que marcan el porcentaje de ausentismo de sus trabajadores y empleados. (Esto es lo que publicaba con tanta alegría el semanario americano a que hice referencia.) Y lo que es peor, en este informe de la Contraloría se confirma lo que yo le dije al pueblo allí en la otra plaza, hace muy pocos días. Les dije que por desgracia faltaban a su trabajo empleados y obreros simulando estar enfermos, y agregué que, lamentablemente, también había algunos profesionales médicos que no teniendo sentido de su responsabilidad, que no comprendiendo el juramento hipocrático, se prestaban para dar certificados que en el fondo son falsos. Obreros y empleados que ganan más no trabajando, porque la ley es absurda, y médicos que reciben un porcentaje por cada certificado que den. Ha habido algunos que han obtenido así 50, 60, 80 millones de pesos al mes. Se lo he expresado al Colegio Médico de Chile. yo he sido presidente de ese Colegio durante cinco años, tengo autoridad moral para decirlo, porque esa ley la hice yo, al igual que la que creó el Servicio Nacional de Salud, al igual que el Estatuto del Médico Funcionario: jamás la profesión médica en este país ha podido caer a los niveles morales a que algunos han querido llevarla. No podemos aceptar la colusión entre obreros y empleados y médicos para estafar al Fisco, al pueblo y al propio Chile, camaradas.

Para terminar (es que no me gusta la explotación del hombre por el hombre), ustedes ya saben lo que el Gobierno ha hecho y lo detalló recién el compañero Víctor Díaz. Desde el medio litro de leche hasta controlar el 53 por ciento de las acciones bancarias y hasta entregar a los bancos nacionalizados el mercado del dólar. Desde la nacionalización de empresas monopólicas, hasta la reconquista de las riquezas básicas en manos del capital extranjero. Hemos hecho y haremos todo el esfuerzo necesario para detener la inflación, para disminuir la cesantía. Pero no se detiene la inflación si no se produce más, camaradas. Porque genera mayor demanda y no habiendo como respuesta mayor producción, suben los precios, y las consecuencias ¿las pagan quiénes?, ustedes. Y, sobre todo, los pensionados, los jubilados, las montepiadas, los que viven de ingresos rígidos, sueldos o salarios. El Gobierno hace, cumple, realiza, pero la responsabilidad no la tiene sólo él. La tienen ustedes también.
Fundamentalmente, la tienen los trabajadores. Cuando hablo de trabajadores, hablo de campesinos, obreros, empleados, técnicos, intelectuales, profesionales. Hablo de pequeños, medianos empresarios, industriales y comerciantes. La responsabilidad la tienen los trabajadores. Lo que debilita y divide a los trabajadores, debilita al Gobierno, y tienen que entenderlo. Lo que fortalezca a los trabajadores, fortalece al Gobierno, y tienen que entenderlo. El futuro de la revolución chilena está, hoy más que nunca, en manos de los que trabajan. De ustedes depende que ganemos la gran batalla de la producción. El Gobierno, día a día, muestra lo que es capaz de hacer. Pero no podrá realizar más si no contamos con el apoyo, la voluntad consciente y revolucionaria de ustedes, compañeros trabajadores.

Por eso -como decía- hay que vitalizar los movimientos, los sindicatos, los partidos populares, y, sobre todo, deben tener conciencia de su responsabilidad los campesinos y los obreros. La revolución, el destino, el futuro de Chile están en manos de ustedes. Si fracasamos en el campo económico, fracasaremos en el campo político, y será la decepción y la amargura para millones de chilenos y para millones de hermanos de otros continentes que nos miran y que nos apoyan. Tenemos que darnos cuenta de que más allá de nuestras fronteras, desde África y de Asia, y aquí en el corazón de América Latina, hombres y mujeres miran, con apasionado y fraterno interés, lo que estamos haciendo nosotros. Piensen, compañeros, que en otras partes se levantaron los pueblos para hacer su revolución y que la contrarrevolución los aplastó. Torrentes de sangre, cárceles y muerte marcan la lucha de muchos pueblos, en muchos continentes, y, aun en aquellos países en donde la revolución triunfó, el costo social ha sido alto, costo social en vidas que no tienen precio, camaradas. Costo social en existencias humanas de niños, hombres y mujeres que no podemos medir por el dinero. Aun en aquellos países en donde la revolución triunfó hubo que superar el caos económico que crearon la lucha y el drama del combate o de la guerra civil .Aquí podemos hacer la revolución por los cauces que Chile ha buscado, con el menor costo social, sin sacrificar vidas y sin desorganizar la producción. Yo los llamo con pasión, los llamo con cariño, los llamo como un hermano mayor a entender nuestra responsabilidad; les hablo como el compañero Presidente para defender el futuro de Chile, que está en manos de ustedes, trabajadores de mi patria.

Salvador Allende 1 de mayo de 1971


COLUMNAS SOBRE EL PRIMERO DE MAYO:


Hacia un ecosindicalismo en clave territorial. Por Andrés Kogan Valderrama

Luego de una nueva conmemoración del Día Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores en el mundo este 1 de mayo, en un contexto actual de emergencia sociosanitaria y de crisis civilizatoria, se hace importante repensar el sindicalismo actual, el cual aún mantiene en muchos casos una mirada productivista, centrada en la contradicción capital-trabajo, la cual invisibiliza otras luchas provenientes de movimientos críticos al extractivismo, androcentrismo y colonialismo imperante.

Un sindicalismo clásico, heredero de la revolución industrial y del movimiento obrero europeo, el cual se consolidó en los países occidentales durante el siglo XX, gracias a la reivindicación de derechos sociales y económicos de los trabajadores, sostenida por miradas de izquierda eurocéntricas, antropocéntricas y patriarcales, que si bien problematizaron los procesos de explotación y de acumulación capitalista, no fueron más allá de los límites de un proyecto moderno fundado en la conquista de millones de indígenas, mujeres y de la propia Madre Tierra.

Si bien es cierto que las luchas de organizaciones obreras han sido fundamentales para democratizar el sistema productivo y garantizar así ciertos derechos para las y los trabajadores en todo el mundo, con la aparición del capitalismo financiero, el movimiento sindical ha sufrido una fuerte fragmentación, como resultado de políticas neoliberales, las cuales le han quitado la centralidad al trabajo como fuente de integración social, derivando en mero empleo y abriendo paso a una sociedad de consumo.

Esto sumado a una fuerte burocratización de muchos sindicatos, tanto en el mundo capitalista como en los llamados socialismos reales, en donde han conformado estructuras verticales, jerárquicas y clientelares, en donde la partidocracia y miradas estadocéntricas no han hecho otra cosa que limitar su democracia interna y su autonomía para generar procesos de trasformación, que sean capaces de integrar nuevas demandas, como las provenientes del feminismo, ecologismo y anticolonialismo

Por lo señalado anteriormente, nos parece que el debilitamiento del sindicalismo en el mundo, no solo responde a la aparición de un capitalismo financiero y de nuevas formas de explotación y flexibilidad laboral, hoy en día en pleno proceso de digitalización, a través del llamado teletrabajo, sino a sus propias estructuras patriarcales y coloniales, incapaces de ir más allá de una mirada economicista del mundo.

La fallida experiencia de los nuevos progresismos latinoamericanos, en donde muchos de ellos nacieron de importantes procesos constituyentes para la región (Venezuela, Ecuador y Bolivia), no responde solamente a un marco imperialista, dominado aún por Estados Unidos, sino por caudillismos autoritarios, sostenido muchas veces por un sindicalismo clásico que no es capaz de ver más allá de los anteojos de una izquierda clasista que aún cree estar por sobre la vida, al profundizar el extractivismo patriarcal en los territorios.

De ahí que no deba sorprender que el sindicalismo clásico siga usando términos impuestos por las elites gobernantes, como los son el progreso, el desarrollo, la lucha contra la pobreza, el cuidado del medioambiente, la equidad del género, y en el mejor de los casos solo tematicen nociones estructurales mucho más amplias, como lo son la plurinacionalidad, el buen vivir, la soberanía alimentaria, la justicia ambiental, las cuales provienen de un pluriverso de experiencias democráticas en el mundo, que van mucho más allá del tradicional discurso de clase de izquierda.

Una tematización desde el mundo sindical clásico como de los gobiernos denominados de izquierda o progresistas, los cuales aún no quieren entender que la lucha de las mujeres, campesinos, indígenas, negros, disidencias sexuales, locos, es algo transversal y están conectadas también con los procesos de acumulación capitalista. En consecuencia, la transversalidad de luchas debe primar por sobre el discurso reduccionista de clase tradicional, el cual aún no concibe el cuerpo como territorio, por ser heredero de la lógica industrial.

En síntesis, se hace necesario superar el sindicalismo clásico, aún fuertemente presente en nuestros países, dando paso a un ecosindicalismo en clave territorial, el cual no anteponga unas luchas por sobre otras, ya que solo así podrá generar alternativas reales a través de la convergencia entre distintos sujetos de transformación.

No es casualidad que aún persista un discurso sindical, que sostenga colonialmente la idea del 1 de mayo como Día Internacional de Las Trabajadoras y Trabajadores a nivel universal, siendo que si bien responde a un homenaje a los mártires de Chicago de 1886, deja fuera otras experiencias de lucha por fuera del Norte Global.

Andrés Kogan Valderrama es sociologo y editor de Observatorio Plurinacional de Aguas www.oplas.org


1º DE MAYO EN PANDEMIA: LA REALIDAD DEL TRABAJO PRECARIO EN CHILE Editorial de la Fundación SOL

Estamos ante una nueva conmemoración del 1° de mayo y esta vez será diferente; no podremos salir a marchar masivamente como lo hemos hecho siempre debido a la pandemia por COVID-19, que tiene a gran parte del mundo en vilo.

Este hito histórico, especialmente en este contexto, nos lleva a preguntarnos sobre el estado del mundo del trabajo asalariado y su valoración. Esto no obsta la necesidad de considerar, en un análisis más profundo, el trabajo en su sentido amplio, es decir, incluyendo el trabajo no remunerado, las labores domésticas, de cuidado y la producción para el autoconsumo.

Nos enfrentamos a una situación turbulenta y a una fisonomía de los ocupados que ha sentido las repercusiones de las medidas de emergencia que han buscado dar más certezas al capital. Así, más de medio millón de trabajadoras y trabajadores se han visto afectados/as por la suspensión de su contrato o la disminución de jornada; otras personas han sido despedidas y la gran mayoría de quienes trabajan en la informalidad o a honorarios no tendrá ingresos suficientes para reproducir su vida en condiciones de seguridad.

Pero además de este impacto inmediato, cabe recordar un escenario estructural de precariedad arrastrada por décadas. Antes de la pandemia y del estallido de octubre de 2019, teníamos un mercado del trabajo que, bajo la apariencia de formalidad, escondía una serie de factores precarizantes que hoy sólo se han agudizado. Por ejemplo, del total de empleos generados entre 2010 y octubre de 2019 un 34,7% fueron por cuenta propia y un 30% de asalariados externos, es decir, por subcontrato o suministro. Cabe considerar que la mayoría de los trabajos por cuenta propia en nuestro país corresponde a categorías no profesionales, de baja remuneración, con jornadas insuficientes y casi nula seguridad social. Por su parte, los empleos externos se asocian a remuneraciones más bajas, mayores riesgos laborales y a dificultades para organizarse colectivamente.

Junto con esto, tenemos que Chile es uno de los países que más trabaja, con 1990 horas al año, según cifras de la OCDE. Este es un fenómeno que combina dos realidades: una parte de la población trabajando en jornada completa o más y un tercio que labora en jornada parcial. Esto último, que ha sido presentado como una buena alternativa de flexibilidad, no ha dejado buenos resultados: la mitad de las personas part-time está disponible para trabajar más, lo que se conoce como subempleo horario. Estas características del trabajo se combinan con bajos salarios para la gran mayoría, donde el 70% gana menos de $550.000 líquidos, según datos de la última Encuesta Suplementaria de Ingresos. Esta situación es aún más crítica para los subempleados ya que la mitad gana menos de $150.000 ($200.000 para los hombres y $120.310 para las mujeres). Estas cifras, unidas a la privatización de los derechos sociales y al costo de la vida en nuestro país (según la Encuesta de Presupuestos Familiares el gasto promedio de los hogares supera el millón 200 mil pesos), hacen que la gran mayoría de los hogares tenga que endeudarse, incluso para la alimentación. Actualmente, la deuda promedio de los hogares equivale a un 75% de su ingreso disponible, llegando a superar el 50% del PIB a fines de 2019.

Por último, la organización de los y las trabajadoras ha sido debilitada en estos 45 años, ya sea por razones sociopolíticas y/o por una estructura normativa que ha promovido su pulverización: hoy existen más de 11 mil sindicatos donde más de la mitad cuenta con 40 o menos socios y gran parte tiene menos de 5 años de vigencia. En vista de estos desafíos, el gobierno ha cerrado filas ideológicamente con la fórmula de trabajo ultra flexible, para que en parte sean los asalariados los que paguen esta desaceleración mundial, que tiene carácter de crisis sistémica. Se promulga una ley sobre teletrabajo y seguramente se continuará con la agenda instalada en mayo de 2019 de “modernización” del empleo que busca modificar 16 materias en torno a la flexibilidad, además de crear nuevos tipos de empleo, como el trabajo en plataforma y el contrato de “formalización”, sin suficiente protección laboral.

Uno de los ataques más frontales al mundo del trabajo será entonces la multiplicación de instancias individuales para negociar condiciones de trabajo incluso desde la casa, desarticulando el derecho del trabajo y las posibilidades de acción colectiva.

Y no es sólo el trabajo asalariado el que está pagando esta crisis, sino que es el conjunto de hogares el que asume estos costos. En contexto de pandemia y con una crisis económica desarrollándose es aún más crucial levantar la bandera de la organización autónoma de los y las trabajadoras, con iniciativa y proponiendo sus propias agendas alternativas para combatir estructuralmente el peso de un sistema que nunca fue pensado para garantizar una vida digna para todos quienes viven del trabajo.

Santiago, 1 de mayo de 2020.


Feministas realizaron más de 10 horas de transmisión online por el 1 de mayo

Fueron más de 4.500 personas las que participaron de manera virtual en la conmemoración del 1 de mayo feminista. La actividad contó con la participación de Camila Moreno, Daniela Millaleo y representantes de agrupaciones nacionales e internacionales.

En una intensa jornada de transmisión en línea, la Coordinadora Feminista 8M conmemoró el 1 de mayo, donde buscó generar instancias de reflexión y discusión en clave feminista sobre la precarización laboral, poniendo al centro la diversidad de trabajos que sostienen la vida.

Con la consigna “Los trabajos serán para sostener la vida y no sus ganancias”, en la transmisión participaron las cantautoras chilenas Daniela Millaleo y Camila Moreno, además de representantes de distintas organizaciones feministas nacionales e internacionales. Más de 4.500 personas vieron la transmisión que fue desarrollada por unas 50 panelistas.

Javiera Manzi, vocera de la Coordinadora Feminista 8M, dedicó la jornada “a las primeras feministas en Chile, las obreras, y es con ellas que estamos hoy aquí y por ellas estamos impulsando esta lucha. Trabajadoras somos todas y vamos a seguir imaginando otra vida, pero, sobre todo, la vamos a hacer posible. La revuelta sigue abierta, su curso es feminista y, como nos gusta decir, es contagiosa”.

La jornada virtual se extendió desde las 10:00 hasta pasadas las 20:00 horas de este viernes, fue transmitido a través de las redes sociales de la CF8M y se compuso de bloques en que se expusieron videos y se realizaron mesas de conversación. Entre otros temas, se abordó la necesidad de un sistema de cuidados, la potencia internacionalista que emerge desde la Huelga General Feminista, la lucha en defensa por el agua y los territorios, la profundización de la crisis social en tiempos de pandemia, entre muchas otras cosas.

Vesna Madariaga, vocera del Comité de trabajadores y Sindicalistas CF8M, hizo un llamado a todas las trabajadoras latinoamericanas: “Queremos que nuestra vida sea en clave de dignidad. Para eso hacemos un llamado a todas las trabajadoras para conformar una gran organización internacionalista y unir nuestras luchas, porque todas somos trabajadoras y nuestros trabajos sostienen la vida”. A este llamado, se sumó también el de Francisca Fernández, vocera del Comité Socioambiental de la coordinadora, quien además nombró a este primero de mayo como uno emblemático. “Es una lucha que mujeres y disidencias estamos articulando con fuerza a nivel latinoamericano, superando las fronteras que históricamente los Estados han hecho. Así es como los pueblos cuidan a los pueblos, apelando al reconocimiento y a una política plurinacional de los cuidados, entendiendo que esta lucha es una transformación radical del capitalismo, el patriarcado y el colonialismo".

En la jornada se realizó el lanzamiento de ¡La Huelga General Feminista VA!, registro audiovisual de la huelga del 8 y 9 de marzo, además se presentó el detalle de la campaña #EnRedNosCuidamos, iniciativa de distintas organizaciones feministas sobre las salidas políticas ante la agudización de la violencia patriarcal durante la crisis Covid-19.

Enfrentar la pandemia desde el feminismo

Durante la jornada se incluyeron espacios de reflexión relacionados al extractivismo, precarización y territorios en sacrificio; Derechos Humanos, la crisis sanitaria, la continuidad de la revuelta, entre otras.

Moreen Ramos de la Confederación de Funcionarios de la Salud Municipal, Internacional de Servicios Públicos, relató lo que están viviendo cientos de personas en el área de la salud a raíz de la crisis por la pandemia: “Se ve un escenario de incertidumbre donde se lleva el peso de ser el héroe, que es una carga psicológica, laboral y emocional”. Ramos indicó que actualmente los insumos sanitarios se están haciendo más escasos: los compran de manera privada, los fabrican artesanalmente o los reciben gracias donaciones. “Todo esto da una sensación de inseguridad constante en el trabajo”, comentó.

Por su parte, Paola Palacios, vocera de Negrocéntricxs, organización que busca generar un espacio de resistencia en el que se rescate y fortalezca la identidad de la mujer negra y/o afrodescediente, explicó que una gran parte de la comunidad migrante -mucha afrodescendiente- no cuenta con contratos de trabajo, son vendedores en la vía pública, trabajan puertas afuera y en espacios precarizados. “Las leyes laborales en Chile relacionadas a las personas migrantes son bastante débiles”, indicó. Según la activista esto tiene que ver con la estimulación de la precarización de la vida de las personas migrantes y que en contexto de pandemia, las condiciones empeoran: “A la persona migrantes no le conviene estar de manera no regular dentro de los espacios de trabajo porque eso significa más violación a los derechos laborales. Tenemos caso de mujeres trabajadoras puertas adentro donde sus jefes no las dejan salir con el discurso que van a estar mejor, pero trabajan lunes a lunes, 14 horas diarias, es una situación de esclavización moderna”.


1º de Mayo en Huelga por la Vida

En tiempos pandémicos con una crisis sanitaria que es también económica, política y social, hemos visto cómo la lógica de precarización de nuestras vidas se han visto intensificada. En los hogares se multiplica el trabajo de cuidados conforme las medidas del gobierno dan pie a que se incrementa la flexibilización laboral, se suspende el pago de salarios, se repiten los despidos masivos y la falta de respuestas para la protección de las, los y les trabajadores informales o independientes, en especial a trabajadoras/es migrantes.

Este gobierno nos ofrece hambre para hoy y para mañana, pero no nos vamos a soltar. No permitiremos que la distancia física sea aislamiento social.

Levantamos en todos los territorios con astucia y creatividad, redes de apoyo mutuo y solidaridad entre los pueblos de todas las naciones que habitan este país. Sus políticas auguran el aumento de a desigualdad y la pobreza, sus cuarentena militarizada nos expone a la violencia del Terrorismo de Estado. Las iniciativas impulsadas por este gobierno criminal y racista, responsable impune de la violación a los derechos humanos durante la revuelta, promueven las ganancias de unos pocos por sobre las vidas y cuidados de las mayorías. Lo sabemos bien, una vez más esperan que la crisis la paguen los pueblos.

Ante esto decimos fuerte y claro: los diversos trabajos que día a día realizamos en este territorio serán para sostener la vida o no serán. Nos llaman a volver a una nueva normalidad, cuando sabemos que la normalidad siempre fue el problema y que a su normalidad neoliberal no volvemos más. Si desde octubre que nos encontramos todos los viernes en la Plaza de la Dignidad, durante la pandemia ¡Seguiremos exigiendo CUARENTENA TOTAL CON DIGNIDAD! Por primera vez en 30 años, este 1o de mayo no nos encontraremos en las calles, pero esto no quiere decir que no hemos soltado, ni que hemos cerrado la revuelta, menos aún que olvidamos a quienes están privadas/os de libertad. Nos cuidamos y no callamos porque seguimos en la lucha hasta que valga la pena vivir. Desde los distintos movimientos sociales, sindicatos y territorios construimos alternativas de vida para los pueblos con solidaridad y apoyo mutuo.

En plena pandemia global, solo los pueblos podrán cuidar a los pueblos. Nos cuidamos y resistimos para salir a las calles con más fuerza, para seguir floreciendo, porque el virus nos contagia y la desigualdad nos mata, lucharemos hasta que la dignidad se haga costumbre.

¡ARRIBA LAS, LOS Y LES QUE LUCHAN!

Organizaciones firmantes:

Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) Coordinadora de

Asambleas La Florida

Confederación Nacional de Trabajadores

Coordinadora de Asambleas Territoriales Coordinadora Feminista 8M - RM

Coordinadora Nacional de Inmigrantes Coordinadora Social Shishigang

Fundación Gente de la Calle Movimiento de Salud para Tod@s


Un 1 de mayo en pandemia. Por Miguel Downey Rivera e Irune Martínez Rebolledo sobre el 1 de mayo, ambos son director y directora de la Fundación Defensoría Popular de las y los Trabajadores

Nuevamente, ante las medidas precarizadoras de los gobiernos, la única respuesta es la solidaridad y organización de las y los trabajadores

Con la contingencia sanitaria causada por el Covid-19, el Gobierno, con acuerdo del Congreso, ha implementado una serie de medidas para –supuestamente– proteger el empleo ante la paralización productiva, y sin embargo, al mismo tiempo sostiene la necesidad de avanzar hacia una “nueva normalidad” ¿Por qué se implementan medidas laborales para tiempos de paralización, pero se llama a seguir funcionando? Para responder esta aparente contradicción, hay que volver un poco más atrás. El sistema económico chileno hace años viene mostrando un agotamiento estructural, de acuerdo a cifras del Banco Mundial, el crecimiento en Chile ha ido disminuyendo progresivamente en los últimos años, luego del boom de los commodities (cobre). Si entre los años 1991 a 1998, Chile creció anualmente en promedio un 7,25%; entre los años 2000 y 2008, creció en promedio anual de 4.83%; y entre los años 2009 y 2018 en un 3.25%. Ante esta situación, el Gobierno de Piñera al asumir impulsó una serie de medidas para flexibilizar la jornada y la remuneración laboral, entre ellas el denominado “Estatuto Joven”, revivir el proyecto del “Estatuto del Trabajador Agrícola” (Boletín 7976-13), el proyecto para flexibilizar la jornada de trabajo (Boletín 12618-13), proyecto para regular el trabajo a distancia (Boletín 12008-13) y la propuesta de modificar la indemnización por años de servicio. En general, la agenda no tuvo una implementación efectiva, por la gran resistencia política y social que produjo. Menos aún con el fortalecimiento de las organizaciones sociales, producto del período de movilizaciones de octubre de 2019. Este período afectó las ganancias de los empresarios, tema que produjo más preocupación en el Gobierno que las legítimas y necesarias demandas sociales. Para lo cual, la respuesta del Gobierno fue presentar un proyecto con fecha 06 de enero, una vez que disminuyeron en parte las movilizaciones, que permitía reducir la jornada hasta en un 50%, y que los trabajadores y trabajadoras se pagaran con su seguro de cesantía (Boletín 13175-13); y proponer un ingreso mínimo garantizado a cargo del Estado. Nuevamente, esta agenda no se pudo implementar, pues el movimiento social aún presentaba mucha fuerza. Fue entonces cuando apareció en nuestro país la contingencia sanitaria producida por el Covid-19, generando una debilitamiento el proceso movilizatorio impulsado por las protestas sociales y una profundización de la fragmentación de las organizaciones sindicales. El Gobierno fue ágil y pensó rápidamente una estrategia que le permitiera implementar parte de su agenda. De esta forma, el día 25 de marzo anuncia cuarentena obligatoria en 7 comunas de la Región Metropolitana. El día 26 de marzo publica la Ley de Trabajo a Distancia (Ley 21.220), y luego aparece el dictamen 1283/006 de la Dirección del Trabajo, que permite a los empleadores suspender el pago de remuneraciones en caso de cierres por orden de la autoridad. Esto tornaba sumamente compleja la situación, porque el Gobierno creó un estado de cuarentena y, además, dictaminó que los trabajadores y trabajadoras no recibirían remuneración por ese mismo estado. Sin embargo, el día antes a que se emitiera este dictamen, el Gobierno había ingresado al Senado el proyecto de “protección al empleo” (Boletín 13352-13), que permitía suspender el contrato de trabajo o reducir la jornada, y que los trabajadores y trabajadoras recibieran un subsidio de su seguro de cesantía. En el caso de la trabajadoras de casa particular, que no tienen acceso a dicho fondo, la situación propuesta era aún más precaria, haciéndo que se pagaran con el fondo que les permite tener alguna indeminización al momento del despido, y que no alcanza para cubrir un sueldo digno. Este proyecto, con todas las críticas se se alzaron en su contra de diversos sectores, se presentó como la única solución ante la situación crítica que, sin embargo, el propio Gobierno creó. Ello, pues la comunidad jurídica había calificado de impropio y sin fundamentos jurídicos el dictamen, señalando que con la legislación de ese momento, los empleadores tendrían que haber pagado igualmente la remuneración. De esta forma, la Ley de “protección al empleo”, vino a modificar la situación legal existente y liberar a los empleadores de ser responsables de pagar las remuneraciones. Este proyecto fue aprobado el día 31 de marzo por el Congreso, y fue publicada en el Diario Oficial con fecha 06 de abril (Ley 21.227). Para sorpresa, el Gobierno una semana después, es decir, el lunes 13 de abril, a las 5 de la mañana, levanta la cuarentena en varias comunas de la Región Metropolitana (salvo el caso aparte de Puente Alto), a pesar de haber legislado una ley para una situación de paralización. El resultado fue que grandes empresas, locales e internacionales, se acogieron a dicha ley, no teniendo que pagar un solo peso para las remuneraciones. Y es que a pesar de representar el 1,3% de las empresas que se acogieron a la ley, casi el 30% de los trabajadores y trabajadoras afectadas pertenecen a grandes empresas. Tampoco se puso limitaciones a los despidos (salvo la aplicación de fuerza mayor, que ya se había descartado como causa legal para despedir en la contingencia), lo que se tradujo en que, en marzo, a pesar de que el proyecto ya había sido anunciado, se produjeron casi 300 mil despidos, 100 mil más que en febrero. Y ello tan solo pensando en el trabajo formal, pues el golpe al trabajo informal y la absoluta insuficiencia de un sistema de seguridad social que permita proteger a quienes no tengan fuentes de ingreso. El Gobierno y el Congreso han aprovechado la situación de debilitamiento de las organizaciones sindicales para implementar una agenda de flexibilidad y precarización, que se venía fraguando mucho antes de las contingencias, para hacer frente al agotamiento estructural del sistema económico chileno. Por esto, sostenemos que estas medidas no son para enfrentar la pandemia, son para mantener la tasa de ganancia de las grandes empresas. Este 1 de mayo, si bien es distinto, guarda una similitud con los otros años: por un día el capital se paraliza totalmente, y los trabajadores y trabajadoras puedan reunirse y encontrarse como una sola unidad. Esa unidad que ha sido fragmentada por la contingencia sanitaria como no ocurría hace mucho tiempo, pero se mantiene la certeza que tan solo la solidaridad y la organización de la propia clase trabajadora será la que le permitirá salir de este momento crítico fortalicida. Este 1 de mayo, y más que los otros años, requiere que nos encontremos como trabajadoras y trabajadores, que nos reunamos aunque sea a la distancia, para reflexionar, debatir y generar propuestas para este nuevo momento, que se vienen tiempos en que tendremos que salir a luchar nuevamente por nuestros derechos, y ha quedado demostrado que ante la ofensiva de un Gobierno empresarial y un Congreso cómplice, solo nos tenemos a nosotras y nosotros. Para ello, requerimos fortalecer nuestra organización y unirnos para construir ese camino de mayor dignidad que tanto ha exigido nuestro pueblo


Mensaje de la Alianza Internacional de Migrantes (IMA)

Día internacional del Trabajo 2020

En esta ocasión del día internacional del Trabajo, la Alianza Internacional de Migrantes (IMA) llama a todos nuestros compañeros migrantes, inmigrantes, refugiados y gente desplazada, para marcar este día con nuestra unidad y solidaridad, para avanzar tras nuestro justo llamado a proteger a nuestra gente y familia contra el virus COVID-19, defender y mantener nuestros derechos como trabajadores y personas, resistir las imposiciones imperialistas neoliberales a la salud y el trabajo, y crear un sistema realmente justo para los muchos que son explotados y oprimidos por el sistema capitalista, obsesionado sólo con los beneficios privados.

Ofrecemos nuestro homenaje más militante a los migrantes e inmigrantes de la primera línea de fuego que han caído - doctores y enfermeras, en muchas partes del mundo- mientras cumplían con su deber. Damos nuestro más alto respeto a todos los otros migrantes de la primera línea, en el sector de salud y también en los servicios esenciales, que desafían el riesgo diario de exposición mientras continúan trabajando.

Como se presenta la situación actual, migrantes, inmigrantes, refugiados y gente desplazada son parte de los más vulnerables durante este tiempo de pandemia que agrava la crisis, que ya giraba fuera de control antes de que explotara el COVID-19 mundialmente.

Esta vulnerabilidad se deriva de las barreras que impiden a los migrantes el acceso gratuito y eficiente al sistema de salud, la precarización extrema del trabajo migrante, y los problemas intensificados de la pobreza, el desempleo y el desarraigo de sus comunidades de origen. Sumado a los cierres de fronteras, que hacen imposible que los migrantes puedan regresar a casa indefinidamente.

Como resultado de la continua aplicación de la doctrina neoliberal fomentada por los imperialistas, el sistema convierte a los migrantes en mano de obra barata, descartable y requerida en los sectores industriales y de servicios, en la ciudad y en el campo. Somos moldeados para ser los esclavos modernos de los países de destino y la mercancía de exportación de nuestros gobiernos.

Peor aún, la pandemia está siendo aprovechada ahora por muchos gobiernos para aumentar la persecución contra migrantes indocumentados, como medida colateral de controlar y monitorear la infección y como resultado, están restringiendo el acceso de los migrantes al desplazamiento y a la compra de equipo de protección personal. Hay ahora aún más restricciones que usan como excusa la pandemia, que otorgan poderes a los estados en esta emergencia, y que elevan el control autoritario sobre las personas que resisten.

En todas partes, vemos el descuido de la salud y bienestar de los migrantes; desde la falta de provisión de Equipos de Protección Personal a los que los necesitan, hasta la falta de acceso a esto mismo -por ser indocumentado o por falta de dinero - y hasta la denegación de la mas simple necesidad de mascarillas o desinfectante. Por ejemplo, la explosión de casos en zonas industriales, campamentos laborales, centros de reclusión y zonas habitacionales en que se concentra la población más pobre ilumina las condiciones graves y precarias en que viven los trabajadores migrantes.

Como trabajadores, muchos migrantes están ahora sin trabajo, sufriendo la pérdida de sus menguados ingresos y precarios empleos, en peligro de caer en la categoría de indocumentados, o han tenido forzosamente que repatriarse y esta repatriación voluntaria solo se ha hecho imperativa cuando regresar a nuestro hogar se presenta como mejor opción, en lugar de quedarse en el extranjero sin medios de apoyo y no queda más que enfrentar la incertidumbre menor del retorno a casa.

Los migrantes somos la obra de mano más prescindible para los capitalistas durante este tiempo de crisis. Como la mayoría de los migrantes están insertos en trabajos informales, en empleos de un nivel bajo de calificación o semi calificado, y además precario, la pandemia al exacerbar la contracción económica y la desaceleración en muchos países, ha puesto los trabajos de los migrantes en riesgo. De hecho, miles de migrantes han quedado varados cuando se implementaron el cierre de frontera de los países por la pandemia y no pudieron regresar a los países donde trabajaban. Los migrantes en los sectores más afectados- que incluyen actividades de entretenimiento, educación, entre otros sectores- han perdido sus trabajos y se ha oscurecido las perspectivas de retomar más adelante su trabajo.

Debido a nuestro estado de residencia temporal y, en muchos casos, indocumentado, los migrantes no estamos siendo considerados dentro de la cobertura de los paquetes de medidas económicas para trabajadores, lo que duplica el problema de la falta de fuente de ingresos, incluso para resolver las necesidades diarias más básicas de alimentación.

Mientras tanto, los gobiernos de los países de origen no están preparados para proteger y cuidar a su propia gente que retorna. Los servicios en el terreno han sido severamente limitados, mientras que el alivio económico para las familias y los migrantes repatriados han estado totalmente ausentes o se han dado solo a muy pocos. No se ha preparado ninguna alternativa de empleo decente para los trabajadores migrantes, varados y repatriados.

Pero en medio de estas dificultades, es importante que sigamos luchando por nuestros derechos como trabajadores y, lo que es más importante, por un cambio en el sistema en el que se nos trate con dignidad, igualdad y justicia.

Es una inspiración que, en todas partes, las organizaciones de migrantes y los defensores de migrantes, a pesar de las dificultades planteadas por la pandemia, continúen respondiendo a los problemas y preocupaciones más urgentes de los migrantes, inmigrantes, refugiados y desplazados.

Los servicios son continuamente provistos a las personas en situaciones de crisis, a pesar de las limitaciones de movilidad. Apoyo y ayuda mutua se ha dado a quienes no tienen alimentos ni otras necesidades. Los aprendizajes se llevan a cabo a través de los medios disponibles, incluidos discusiones y estudios en línea.

Muy importantes son las campañas políticas emprendidas sobre el terreno desde cuestiones de exclusión hasta consideraciones humanitarias para los inmigrantes indocumentados. Se utilizan medios creativos para hacer visibles nuestros problemas y, en muchas áreas, se logran victorias en términos de provisión de servicios, amnistía e incluso extensión legal de la estadía.

Nuestras luchas están siempre presentes y con militancia debemos perseverar, ya que las amenazas para nosotros como trabajadores se intensifican día tras día.

Deberíamos continuar construyendo nuestros movimientos sobre terreno fértil y fortalecer nuestra unidad como migrantes, inmigrantes, refugiados y personas desplazadas. A medida que construimos la solidaridad entre nosotros, también nos unimos con los trabajadores y las personas donde vivimos y trabajamos. Además, fusionamos nuestra fuerza con los movimientos populares en nuestro país de origen que tienen como objetivo abordar las causas profundas de nuestro desplazamiento forzado.

A medida que el imperialismo intensifica su explotación, opresión, ataques a trabajadores y personas a través del neoliberalismo y la guerra, también debemos intensificar nuestra lucha por un sistema que nos libere de la esclavitud moderna y la mercantilización de nuestro trabajo. Nuestra lucha contra la pandemia no es solo contra el virus, sino contra todas las formas de opresión que ponen a la mayoría de la población en la miseria, mientras que unos pocos se guardan los recursos y la riqueza que creamos.

¡Adelante con las luchas de los trabajadores!

¡Resistir los ataques neoliberales contra migrantes y trabajadores!

¡Abajo el imperialismo!

¡Viva la solidaridad internacional de los pueblos!



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