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Discursos en español de Jean-Luc Mélenchon en Bolivia

Discurso en español de Jean-Luc Mélenchon en Bolivia el 23 de abril, en presencia del presidente Luis Arce y del vicepresidente David Choquehuanca

https://melenchon.fr/2021/04/24/je-plaide-pour-la-reconnaissance-des-biens-communs-du-peuple-humain-2/


https://www.facebook.com/watch/?v=835586830367189

Discurso de Jean-Luc Mélenchon en Bolivia el 19 de abril de 2021 en la zona sur de La Paz, en un acto de la Asociación de víctimas de la represión durante el Golpe de Estado de Jeanine Áñez.

Discurso íntegro:

Damas y caballeros

Ante todo, les pido que me disculpen si no hablo un español perfecto. Pero es muy importante para mí hablarles directamente para expresarles lo que siento. Y en primer lugar para agradecerles a todos por su invitación. Y para saludarlos a todos, empiezo saludándolos a ustedes, señora presidenta de la Asociación de Víctimas y autoridades representadas, y a ustedes mis compañeros diputados.

Hoy nos encontramos en un lugar de dolor: la escena del crimen. Quiero ofrecer mis más sentidas condolencias a aquellos que han perdido hermanos, hermanas, amados niños. Para ustedes, las familias, los seres queridos y, más que nada para ustedes, los pueblos de Bolivia que han vuelto a sufrir esta violencia, quiero decirles que los admiro por su infinita paciencia en medio de tanta crueldad.

Tengan la seguridad de que cuando hablo, es el pueblo francés quien habla. Y habla de su solidaridad, de su amor por los humildes, de los que luchan y mueren, a veces, sólo por su dignidad como seres humanos, como ciudadanos. Lo que tanto nos importa a todos. Tengan la certeza de que hablo también en nombre de mi grupo parlamentario en la Asamblea Nacional francesa.

Siempre mi pueblo, siempre mis camaradas, siempre mis amigos aquí, también en Bolivia, han estado juntos en todas las luchas por la dignidad y la soberanía de los pueblos. Y ahora, en este mismo momento, al escucharlos, al comprender vuestro sufrimiento, vuestros dolores, me siento boliviano. Y quiero decir, como testigo venido de afuera, la lección que conocemos en este tipo de casos: el silencio sobre el crimen no borra ninguna herida. No ganamos nada, como sociedad, como comunidad humana, en silencio e impunidad. Porque si no, en las venas del pueblo y del país seguirán corriendo los venenos de la impunidad. Es decir, el resentimiento, el odio que tenemos en nuestros corazones cuando vemos la injusticia de la impunidad. Y también cuando sabemos que los perseguidores que no son castigados continúan su camino con arrogancia, continúan su trabajo sucio.

Guardar silencio no puede ayudar de ninguna manera para perdonar. Nada nos ayuda mientras el mal no sea reconocido públicamente, mientras la justicia no haya cumplido la misión que le ha confiado la sociedad. Pero, al mismo tiempo, ninguna sanción tiene el mínimo efecto útil si no proviene de una justicia plena y completa. De una justicia honesta e imparcial que no sea justicia clasista.

La naturaleza, de la que tanto aprendemos, vive del equilibrio que la mantiene. Pero las sociedades humanas, para lograr su equilibrio, necesitan ley y justicia. Para mantener el marco que elegimos, necesitamos un compromiso total de todos y cada uno de nosotros.

De esto viene la legitimidad del Estado de derecho, que nunca puede confundirse con la ley del más fuerte. La justicia no debe distinguir entre pobres y ricos, entre el que está acostumbrado a dar órdenes y el que debe soportar siempre tener que obedecer. La justicia es el orden humano ideal, y de ese objetivo nosotros somos todos totalmente responsables.

Les agradezco a ustedes, las familias de las víctimas, por estar aquí y por testificar con valentía. Me dirijo a ustedes con la experiencia de un hombre de edad y un testigo comprometido con los argentinos, nuestros hermanos, que nos han dado un ejemplo esencial. Al liberarse de una dictadura cruel y salvaje, el pueblo argentino renunció a la venganza, porque eligió la justicia. Una justicia que pudiera parecernos insoportable, porque los asesinos, tan sádicos y crueles como eran, tuvieron derecho a defenderse. A tener los abogados que ninguna de las víctimas hubiera podido tener, o incluso tener derecho a defenderse. Sí, parecía insoportable. Fui uno de los testigos de este juicio. Y quiero, en este momento en el que tantas veces hemos denunciado a los culpables y somos capaces de decir sus nombres, quiero, para la gloria de su memoria, mencionar al fiscal Strassera, que estuvo en esta sala durante tantas horas, escuchando la defensa de estos asesinos, demostrando el crimen, llamando a los testigos uno por uno, y escuchándolos a todos, durante horas y horas.

En ese momento, Argentina superó el crimen, superó la muerte de los suyos, superó la barbarie de los asesinos. Los argentinos dieron vida, sobre todo, a sus valores, en los que todos creían juntos como pueblo. Sus valores de su mayor fortaleza, los valores en cuyo nombre habían luchado hasta el punto del sacrificio, y por los cuales muchos de ellos perdieron la vida tan cruelmente. De esta manera, la nación argentina se ha fortalecido. No se debilitó, contrariamente a lo que algunos dijeron, algunos de los cuales exigieron que no hubiera juicio. La nación argentina se ha fortalecido, sus hijos se han educado y se han preparado más, sus principios se han fortalecido.

Los estamos mirando, pueblos de Bolivia. Desde tan lejos que estuvimos en los momentos de noviembre, deben saber que hemos sufrido con ustedes, que nuestros pensamientos fueron dirigidos hacia ustedes, ante el sufrimiento que se observaba. Ahora lloramos con ustedes. Y quiero decir lo importante que es que ustedes hayan testimoniado. Como usted, señor, que lloró. Como usted, señora, yo lloré mientras la escuchaba. Y en este momento, me siento como tu hermano. Y también el tuyo.

Sabemos que la historia continúa. Sabemos que los pueblos de Bolivia ya han demostrado su grandeza en el pasado reciente. Han contribuido a la historia de la humanidad entera. Cuando hicieron adoptar el derecho al agua por las Naciones Unidas. Cuando propusieron la creación de un Tribunal Internacional del Clima, cosa que propuse también a mi pueblo, diciendo que la iniciativa venía de Bolivia.

Frente a los golpes de Estado, lamentablemente tan frecuentes, frente a la violencia ejercida contra los pueblos por parte de aquellos cuyo deber es servirlos y obedecerlos, sabemos su respuesta -como usted lo ha dicho, compañero, como usted lo ha dicho, señora- «No pedimos venganza - por difícil que sea no pedirlo - ¡no pedimos venganza! Exigimos que se acabe la injusticia y la impunidad». De modo que sabemos que, una vez más, ustedes nos enseñarán algo nuevo en este mundo: desear justicia. Y así pronto veremos, de nuevo, la gloria de los pueblos de Bolivia. Nosotros, los franceses, encontraremos una fuente de inspiración. Y de antemano, les agradezco, les doy gracias a sus familias, agradezco a sus jueces que van a tener que conocer estos casos. Les agradezco porque el mundo aprenderá de los pueblos de Bolivia, de esta manera tan brillante de convertirse en un ser humano. No hay perdón sin justicia. Y cuando progresamos en la justicia, progresamos en la humanización de la sociedad. Y de nosotros mismos, de todos nosotros. Por lo tanto, la justicia nos lleva por este camino tan luminoso de ser humanos, más humanos, cada vez más humanos. Este es el proyecto político que Bolivia y sus pueblos han elegido.

Gracias a todos.

Más información: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10159551577966057&id=733666056

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